PIO X, MAGISTERIO
Venerables hermanos: Salud y bendición apostolica
Al dirigirnos por primera vez a vosotros desde la suprema catedra apostolica a la que hemos sido elevados por el inescrutable designio de Dios, no es necesario recordar con cuantas lagrimas y ora ciones he m o s intentado rechazar esta enorme carga del Pontificado. Podriamos, aunque Nuestro mérito es absolutamente inferior, aplicar a Nuestra situación la queja de aquel gran santo, Anselmo, cuando a pesar de su oposicion, incluso de su aversion, fue obligado a aceptar el honor del episcopado. Porque Nos tenemos que recurrir a las mis mas muestras de desconsuelo que él profirio para exponer con qué animo, con qué actitud hemos aceptado la pesadisima carga del oficio de apacentar la grey de Cristo. Mis lagrimas són testimonio -esto dice-, asi como mis quejas y los suspiros de lamento de mi coraz6n; cuales en ninguna ocasión y por ningun dolor recuerdo haber derramado hasta el dia en que cayo sobre mi la pesada suerte del arzobispado de Canterbury. No pudierón dejar de advertirlo todos aquellos que en aquel dia contemplarón mi rostro... Yo con un color mas propio de un muerto que de una persona viva, pali decia con doloroso estupor. A decir verdad, hasta ese momento hice todo lo posible por rechazar lejos de mi esa eleccion, o por mejor decir esa extorsion. Pero ya, de grado o por fuerza, tengo que confesar que a diario los designios de Dios resisten mas y mas a mis planes, de modo que comprendo que es absolutamente imposible oponerme a ello. De ahi que, vencido por la fuerza no de los hombres sino de Dios, contra la que no hay defensa posible, entendi que mi deber era adoptar una unica decision: después de haber orado cuanto pude y haber intentado que, si era posible, ese caliz pasara de mi sin beberlo... entregueme por completo al sentir ya la voluntad de Dios, dejando de lado mi propio sentir y mi voluntad1(1)
Y efectivamente no Nos faltarón multiples y graves motivos para rehusar el Pontificado. Ante todo el que de ningun modo, por nuestra insignificancia, nos considerabamos dignos del honor del pontifica do; ¿a quién no le conmoveria ser designado sucesor de aquel que goberno la Iglesia con extrema prudencia durante casi veintiséis anos, sobresalio en tanta agudeza de ingenio, tanto resplandor de virtudes que convirtio incluso a sus enemigos en admiradores y consagro la memoria de su nombre con hechos extraordinarios? Luego, dejando aparte otros motivos, Nos llenaba de temor sobre todo la tristísimo situación en que se encuentra la humanidad. Quién ignora, efectivamente, que la sociedad actual, mas que en épocas anteriores, esta afligida por un intimo y gravisimo mal que, agravandose por dias, la devora hasta la raiz y la lleva a la muerte? Comprendéis, Venerables Hermanos, cual es el mal; la defección y la separación de Dios: nada mas unido ala muerte que esto, según lo dicho por el Profeta 2(2): Pues he aqui que quienes se alejan de ti, pereceran. Detras de la misión pontificia que se me ofrecía, Nos veiamos el deber de salir al paso de tan gran mal: Nos parecía que recaía en Nos el mandato del Señor: Hoy te doy sobre pueblos y reinos poder de destruir y arrancar, de edificar y plantar (3); pero, conocedor de Nuestra propia debilidad, Nos espantaba tener que hacer frente a un problema que no admitia ninguna dilación y si tenia muchas dificultades.
Sin embargo, puesto que agrado a la divina voluntad elevar nuestra humildad a este supremo poder, descansamos el espíritu en aquel que N os conforta y poniendo manos a la obra, apoyados en )a fuerza de Dios, manifestamos que en la gestión de Nuestro pontificado tenemos un solo propósito, instaurarlo todo en Cristo (4), para que efectivamente todo y en todos sea Cristo 5(5).
Habra indudablemente quienes, porque miden a Dios con categorias humanas, intentaran escudrinar Nuestras intenciones y achacarlas a intereses y afanes de parte.
Para salirles al paso, aseguramos con toda firmeza que Nos nada queremos ser, y con la gracia de Dios nada seremos ante la humanidad sino Ministro de Dios, de cuya autoridad somos instrumentos. Los intereses de Dios són Nuestros intereses; a ellos hemos decidido consagrar nuestras fuerzas y la vida misma. De ahi que si alguno Nos pide una frase simbolica, que exprese Nuestro proposito, siempre le daremos solo esta: ¡instaurar todas las cosas en Cristo!
Ciertamente, al hacernos cargo de una empresa de tal envergadura y al intentar sacarla adelante Nos proporciona, Venerables Hermanos, una extra ordinaria alegria el hecho de tener la certeza de que todos vosotros seréis unos esforzados aliados para llevarla a cabo. Pues si lo dudaramos os calificariamos de ignorantes, cosa que ciertamente no sois, o de negligentes ante este funesto ataque que ahora en todo el mundo se promueve y se fomenta contra Dios; puesto que verdaderamente contra su Autor se han amotinado las gentes y traman las naciones planes vanos (6); parece que de todas partes se eleva la voz de quienes atacan a Dios: Apartate de nos otros (7). Por eso, en la mayoria se ha extinguido el temor al Dios eterno y no se tiene en cuenta la ley de su poder supremo en las costumbres ni en publico ni en privado: aun mas, se lucha con denodado esfuerzo y con todo tipo de maquinaciones para arrancar de raiz incluso el mismo recuerdo y nocion de Dios.
Es indudable que quien considere todo esto tendra que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como el prologo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensara que ya habita en este mundo el hijo de la perdición (8) de quien habla el Apóstol. En verdad, con semejante osadia, con este desafuero de la virtud de la religion, se cuartea por doquier la piedad, los documentos de la fe revelada són impugnados y se pretende directa y obstinadamente apartar, destruir cualquier relación que medie entre Dios y el hombre. Por el contrario -esta es la senal propia del Anticristo según el mismo Apóstol-, el hombre mismo con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltandose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios; hasta tal punto que -aunque no es capaz de borrar dentro de si la noción que de Dios tiene-, tras el rechazo de Su majestad, se ha consagrado a si mismo este mundo visible como si fuera su templo, para que todos lo adoren. Se sentara en el templo de Dios, mostrandose como si fuera Dios 9(9).
Efectivamente, nadie en su sano juicio puede dudar de cual es la batalla que esta librando la humanidad contra Dios. Se permite ciertamente el hombre, en abuso de su libertad, violar el derecho y el poder del Creador; sin embargo, la victoria siempre esta de la parte de Dios; incluso tanto mas inminente es la derrota, cuanto Con mayor osadia se alza el hombre esperando el triunfo. Estas advertencias nos hace el mismo Dios en las Escrituras Santas. Pasa por alto, en efecto, los pecados de los hombres (10), como olvidado de su poder y majestad: pero luego, tras simulada indiferencia, irritado como un borracho lleno de fuerza (11), rompera la cabeza a sus enemigos (12) para que todos reconozcan que el rey de toda la tierra es Dios (13) y sepan las gentes que no són mas que hombres (14).
Todo esto, Venerables Hermanos, lo mantenemos y lo esperamos con fe cierta. Lo cual, sin embargo, no es impedimento para que, cada uno por su parte, también procure hacer madurar la obra de Dios: y eso, no solo pidiendo Con asiduidad: Alzate, Señor , no prevalezca al hombre (15), sino -lo que es mas importante- con hechos y palabras, abiertamente a la luz del dia, afirmando y reivindicando para Dios el supremo dominio sobre los hombres y las demas criaturas, de modo que Su derecho a gobernar y su poder reciba culto y sea fielmente observado por todos.
Esto es no solo una exigencia natural, sino un beneficio para todo el género humano. ¿Como no van a sentirse los espiritus invadidos, Hermanos Venerables, por el temor y la tristeza al ver que la mayor parte de la humanidad, al mismo tiempo que se enorgullece, con razon, de sus progresos, se hace la guerra tan atrozmente que es casi una lucha de to- dos contra todos? El deseo de paz conmueve sin duda el corazón de todos y no hay nadie que no la reclame con vehemencia. Sin embargo, una vez rechaza do Dios, se busca la paz inutilmente porque la justicia esta desterrada de alli donde Dios esta ausente; y quitada la .justicia, en vano se espera la paz. La paz es obra de la justicia (16).
Sabemos que no són pocos los que, llevados por sus ansias de paz, de tranquilidad y de orden, se unen en grupos y facciones que llaman "de orden". ¡Oh, esperanza y preocupaciones vanas! El partido del orden que realmente puede traer una situación de paz después del desorden es uno solo: el de quienes estan de parte de Dios. Asi pues, éste es necesario promover ya él habra que atraer a todos, si són impulsados por su amor a la paz.
Y verdaderamente, Venerables Hermanos, esta vuelta de todas las naciones del mundo a la majestad y el imperio de Dios, nunca se producira, sean cuales fueren nuestros esfuerzos, si no es por Jesús el Cristo. Pues advierte el Apóstol: Nadie puede po ner otro fundamento, fuera del que esta ya puesto, que es Cristo Jesús (17). Evidentemente es el mismo a quien el Padre santifico y envio al mundo (18); el esplendor del Padre y la imagen de su sustancia 19(19), Dios verdadero y verdadero hombre: sin el cual nadie podria conocer a Dios como se debe; pues nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revelarselo (20).
De lo cual se concluye que instaurar todas las cosas en Cristo y hacer que )os hombres vuelvan a someterse a Dios es la misma cosa. Asi, pues, es ahi a donde conviene dirigir nuestros cuidados para someter al género humano al poder de Cristo: con El al frente, pronto volvera la humanidad al mismo Dios. A un Dios, que no es aquel despiadado, despectivo para los humanos que han imaginado en sus delirios los materialistas, sino el Dios vivo y verdadero, uno en naturaleza, trino en personas, creador del mundo, que todo lo prevé con suma sabiduria, y también legislador justisimo que castiga a los pecadores y tiene dispuesto el premio a los virtuosos.
Por lo demas, tenemos ante los ojos el camino por el que llegar a Cristo: la Iglesia. Por eso, con razon, dice el Crisostomo: Tu esperanza la Iglesia, tu salvación la Iglesia, tu :efugio la Iglesia (21): Pues para eso la ha fundado Cristo, y la ha conquistado al precio de su sangre; y a ella encomendo su doctrina y los preceptos de sus leyes, al tiempo que la enriquecia con los generosisimos dones de su divina gracia para la santidad y la salvación de los hombres.
Ya veis, Venerables Hermanos, cual es el oficio que en definitiva se confia tanto a Nos como a vosotros: que hagamos volver a la sociedad humana, alejada de la sabiduria de Cristo, a la doctrina de la Iglesia. Verdaderamente la Iglesia es de Cristo y Cristo es de Dios. Y si, con la ayuda de Dios, lo logramos, nos alegraremos porque la iniquidad habra cedido ante la justicia y escucharemos gozosos una gran voz del cielo que dira: Ahora llega la salvacion, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo (22).
Ahora bien, para que el éxito responda a los de- seos, es preciso intentar por todos los medios y con todo esfuerzo arrancar de raiz ese crimen cruel y detestable, caracteristico de esta época: el afan que el hombre tiene por colocarse en el lugar de Dios; habra que devolver su antigua dignidad a los preceptos y consejos evangélicos; habra que proclamar con mas firmeza las verdades transmitidas por la Iglesia. toda su doctrina sobre la santidad del matrimonio. la educación doctrinal de los ninos, la propiedad de bienes y su uso. los deberes para y con quienes administran el Estado; en fin, debera restablecerse el equilibrio entre los distintos ordenes de la sociedad, la ley y las costumbres cristianas.
Nos, por supuesto, secundando la voluntad de Dios, nos proponemos intentarlo en nuestro pontificado y lo seguiremos haciendo en la medida de nuestras fuerzas. A vosotros, Venerables Herma nos, os corresponde secundar Nuestros afanes con vuestra santidad, vuestra ciencia, vuestras vidas y vuestros anhelos, ante todo por la gloria de Dios; sin esperar ningun otro premio sino el hecho de que en todos se forme Cristo (23).
Y ya apenas es necesario hablar de los medios que nos pueden ayudar en semejante empresa, puesto que estan tomados de la doctrina comun. De vuestras preocupaciones, sea la primera formar a Cristo en aquellos que por razón de su oficio estan destinados a formar a Cristo en los demas. Pienso en los sacerdotes, Venerables Hermanos. Que todos aquellos que se han iniciado en las ordenes sagradas sean conscientes de que, en las gentes con quienes conviven, tienen asignada la provincia que Pablo declaro haber recibido con aquellas palabras llenas de carino: Hijitos mios, por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vos otros (24). Pues, ¿quiénes seran capaces de cumplir su misión si antes no se han revestido de Cristo? y revestido de tal manera que puedan hacer suyo lo que también decia el Apóstol: ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi (25). Para mi la vida es Cristo (26). Por eso, si bien a todos los fieles se dirige la exhortación que lleguemos a varones perfectos, a la medida de la plenitud de Cristo 27(27), sin embargo se refiere sobre todo a aquel que desempena el sacerdocio; pues se le denomina otro Cristo no solo por la participación de su potestad, sino porque imita sus hechos, y de este modo lleva impresa en si mismo la imagen de Cristo.
En esta situacion, ¡qué cuidado debéis poner, Venerables Hermanos, en la formación del clero para que sean santos! Es necesario que todas las demas tareas que se os presentan, sean cuales fueren, cedan ante ésta. Por eso, la parte mejor de vuestro celo debe emplearse en la organización y el régimen de los seminarios sagrados de modo que florezcan por la integridad de su doctrina y por la santidad de sus costumbres. Cada uno de vosotros tenga en el Seminario las delicias de su corazon, sin omitir para su buena marcha nada de lo que establecio con suma prudencia el Concilio de Trento.
Cuando llegue el momento de tener que iniciar a los candidatos en las ordenes sagradas, por favor no olvidéis la prescripción de Pablo a Timoteo: A nadie impongas las manos precipitadamente 28(28); considerad con atención que de ordinario los fieles seran tal cual sean aquellos a quienes destinéis al sacerdocio. Por tanto no tengais la mira puesta en vuestra propia utilidad, mirad unicamente a Dios, a la Iglesia y la felicidad eterna de las almas, no sea que, como advierte el Apóstol, tengais parte en los pecados de otros (29).
Otra cosa: que los sacerdotes principiantes y los recién salidos del seminario no echen de menos vuestros cuidados. A éstos -os lo pedimos con toda el alma-, atraedlos con frecuencia hasta vuestro corazon, que debe alimentarse del fuego celestial, encendedlos, inflamad los de manera que anhelen solo a Dios y el bien de las almas. Nos ciertamente, Venerables Hermanos, proveeremos con la mayor diligencia para que estos hombres sagrados no sean atrapados por las insidias de esta ciencia nueva y enganosa que no tiene el buen olor de Cristo y que, con falsos y astutos argumentos, pretende impulsar los errores del racionalismo y el semirracionalismo; contra esto ya el Apóstol precavia a Timoteo cuando le escribia: Guarda el deposito que se te ha confiado, evitando las novedades profanas y las contradicciones de la falsa ciencia que algunos profesan extraviandose de la fe (30). Esto no impide que Nos estimemos dignos de alabanza los sacerdotes jóvenes, que siguen estudios de ciencias utiles en cualquier campo de la sabiduria, para hacerse mas instruid os en la guarda de la verdad y rechazar mejor las calumnias de los odiadores de la fe. Sin embargo, no podemos ocultar, antes al contrario lo manifestamos abiertamente, que seran siempre Nuestros predilectos quienes, sin menospreciar las disciplinas sagradas y profanas, se dedican ante todo al bien de las almas buscando para si los dones que con vienen a un sacerdote celoso por la gloria de Dios. Nos tenemos una gran tristeza y un dolor continuo en el corazón ( 31), al comprobar que es aplicable a nuestra época aquella lamentación de Jeremias: Los pequenos pidierón pan y no habia quien se lo repartiera (32). No faltan en el clero quienes, de acuerdo con sus propias cualidades, se afanan en cosas de una utilidad quiza no muy definida, mientras, por el contrario, no són tan numerosos los que, a ejemplo de Cristo, aceptan la voz del Profeta: El Espiritu me ungio, me envio para evangelizar a los pobres, para sanar a los contritos de corazon, para predicar a los cautivos la libertad y a los ciegos la recuperación de la vista (33).
¿A quién se le oculta, Venerables Hermanos, ahora que los hombres se rigen sobre todo por la razón y la libertad, que la enseñanza de la religión es el camino mas importante para replantar el reino de Dios en las almas de los hombres? ¡Cuantos són los que odian a Cristo, los que aborrecen a la Iglesia y al Evangelio por ignorancia mas que por maldad! De ellos podria decirse con razon: Blasfeman de todo lo que desconocen 34(34). y este hecho se da no solo entre el pueblo o en la gente sin formación que, por eso, es arrastrada facilmente al error, sino también en las clases mas cultas, e incluso en quienes sobresalen en otros campos por su erudicion. Precisamente de aqui procede la falta de fe de muchos. Pues no hay que atribuir la falta de fe a los progresos de la ciencia, sino mas bien a la falta de ciencia; de manera que donde mayor es la ignorancia, mas evidente es la falta de fe. Por eso Cristo mando a los Apostoles: Id y ensenad a todas las gentes 35(35).
y ahora, para que el trabajo y los desvelos de la enseñanza produzcan los esperados frutos y en todos se forme Cristo, quede bien grabado en la memoria, Venerables Hermanos, que nada es mas eficaz que la caridad. Pues el Señor no esta en la agitación (36). Es un error esperar atraer las almas a Dios con un celo amargo: es mas, increpar con acritud los errores, reprender con vehemencia los vicios, a veces es mas danoso que util. Ciertamente el Apóstol exhortaba a Timoteo: Arguye, exige, increpa, pero anadia, con toda paciencia (37).
También en esto Cristo nos dio ejemplo: Venid, asi leemos que El dijo, venid a mi todos los que trabajais y estais cargados y Yo os aliviaré (38)4. Entendia por los que trabajaban y estaban cargados no a otros sino a quienes estan dominados por el pecado y por el error. ¡Cuanta mansedumbre en aquel divino Maestro! ¡Qué suavidad, qué misericordia con los atormentados! Describio exactamente Su corazón Isaias con estas palabras: Pondré mi espiritu sobre él; no gritara, no hablara fuerte; no rompera la cana cascada, ni apagara la mecha que todavia humea (39).
Y es preciso que esta caridad, paciente y benigna (40) se extienda hasta aquellos que nos són hostiles o nos siguen con animosidad. Somos maldecidos y bendecimos, asi hablaba Pablo de si mismo, padecemos persecución y la soportamos; difamados, con- solamos (41)215. Quiza parecen peores de lo que son. Pues con el trato, con los prejuicios, con los consejos y ejemplos de los demas, y en fin con el mal consejero amor propio se han pasado al campo de los impios: sin embargo, su voluntad no es tan depravada como incluso ellos pretenden parecer. ¿ Como no vamos a esperar que el fuego de la caridad cristiana disipe la oscuridad de las almas y lleve consigo la luz y la paz de Dios ? Quizas tarde algun tiempo el fruto de nuestro trabajo: pero la caridad nunca desfallece, consciente de que Dios no ha pro metido el premio a los frutos del trabajo, sino a la voluntad con que éste se realiza.
Pero, Venerables Hermanos, no es mi intención que, en todo este esfuerzo tan arduo para restituir en Cristo a todas las gentes, no contéis vosotros y vuestro clero con ninguna ayuda. Sabemos que Dios ha dado mandatos a cada uno referentes al projimo (42). Asi que trabajar por los intereses de Dios y de las almas es propio no solo de quienes se han dedicado a las funciones sagradas, sino también de todos los fieles: y ciertamente cada uno no de acuerdo con su iniciativa y su talante, sino siempre bajo la guia y las indicaciones de los Obispos; pues presidir, enseñar, gobernar la Iglesia a nadie ha concedido sino a vosotros, a quienes el Espiritu Santo puso para regir la Iglesia de Dios (43).
Que los católicos formen asociaciones, con diversos propositos pero siempre para bien de la religion. Nuestros Predecesores desde ya hace tiempo las aprobarón y las sancionarón dandoles gran impulso. y Nos no dudamos de honrar esa egregia institución con nuestra alabanza y deseamos ardientemente que se difunda y florezca en las cuida- des y en los medios rurales. Sin embargo, de semejantes asociaciones Nos esperamos ante todo y sobre todo que cuantos se unen a ellas vivan siempre cristianamente. De poco sirve discutir con sutilezas acerca de muchas cuestiones y disertar con elocuencia sobre derechos y deberes, si todo eso se separa de la accion. Pues acción piden los tiempos; pero una acción que se apoye en la observancia santa e integra de las leyes divinas y los preceptos de la Iglesia, en la profesión libre y abierta de la religion, en el ejercicio de toda clase de obras de caridad, sin apetencias de provecho propio o de ventajas terrenas. Muchos ejemplos luminosos de éstos por parte de los soldados de Cristo, tendran mas valor para conmover y arrebatar las almas que las exquisitas disquisiciones verbales: y sera facil que, rechazado el miedo y libres de prejuicios y de dudas, muchos vuelvan a Cristo y difundan por doquier su doctrina y su amor; todo esto es camino para una felicidad auténtica y solida.
Por supuesto, si en las ciudades, si en cualquier aldea se observan fielmente los mandamientos de Dios si se honran las cosas sagradas, si es frecuente el uso de los sacramentos, si se vive de acuerdo con las normas de vida cristiana, Venerables Hermanos, ya no habra que hacer ningun esfuerzo para que todo se instaure en Cristo.
Y no se piense que con esto buscamos solo la consecución de los bienes celestiales; también ayudara todo ello, y en grado maximo, a los intereses publicos de las naciones. Pues, una vez logrados esos objetivos, los proceres y los ricos asistiran a los mas débiles con justicia y con caridad, y éstos a su vez llevaran en calma y pacientemente las angustias. de su desigual fortuna; los ciudadanos no obedeceran a su ambición sino a las leyes; se aceptara el respeto y el amor a los principes y a cuantos gobiernan el Estado, cuyo poder no procede sino de Dios (44). ¿ Qué mas ? Entonces, finalmente, todos tendran la persuasión de que la Iglesia, por cuanto fue fundada por Cristo, su creador, debe gozar de una libertad plena e integra y no estar sometida a un poder ajeno; y Nos al reivindicar esta misma libertad, no solo defendemos los derechos sacrosantos de la religion, sino que velamos por el bien comun y la seguridad de los pueblos. Es evidente que la piedad es util para todo (45): con ella incolume y vigorosa el pueblo habitara en morada llena de paz (46).
Que Dios, rico en misericordia 47(47), acelere benigno esta instauración de la humanidad en Cristo Jesús; porque ésta es una tarea no del que quiere ni del que corre sino de Dios que tiene misericordia (48) y nosotros, Venerables Hermanos, con espiritu humilde (49), con una oración continua y apremiante, pidamoslo por los méritos de Jesucristo. Utilicemos ante todo la intercesión poderosisima de la Madre de Dios: Nos queremos lograrla al fechar esta carta en el dia establecido para conmemorar el Santo Rosario; todo lo que Nuestro Antecesor dispuso con la dedicación del mes de octubre a la Virgen augusta mediante el rezo publico de Su rosario en todos los templos, Nos igualmente lo disponemos y lo confirmamos; y animamos también a tomar como intercesores al castisimo Esposo de la Madre de Dios, patrono de la Iglesia católica, ya San Pedro y San Pablo, principes de los apostoles.
Para que todos estos propositos se cumplan cabal mente y todo salga según vuestros deseos, imploramos la generosa ayuda de la divina gracia. y en testimonio del muy tierno amor de que os hago objeto a vosotros ya todos los fieles que la providencia divina ha querido encomendarnos, os impartimos con todo carino en el Señor la bendición apostolica a vosotros, Venerables Hermanos, al clero y a vuestro pueblo.
Dado en Roma junto a San Pedro, el dia 4 de octubre de 1903, primer ano de Nuestro Pontificado.
PIO PAPA X
(1) Epp. 1. III. ep. 1
(2) Ps 72, 26.
(3) Jr 1, 10
(4) Ep 1, 10
(5) Col 3, 11
(6) Ps 2, 1
(7) Jb 21, 14
(8) 2Th 2,3
(9) 2Th 2, 4
(10) Sg 11, 24
(11) Ps 77, 65
(12) Ps 67, 22
(13) Ps 46, 7
(14) Ps 9, 20.
(15) Ps 9, 19
(16) Is. 32, 17
(17) 1Co 3, 11
(18) Jn. 10, 36
(19) He 1, 3
(20) Mt. 11, 27
(21) Hom. de capto Eutropio, n. 6
(22) Ap 12, 10
(23) Ga 4, 19
(24) Ga 4, 19 ge
(25) Ga 2, 20
(26) Ph 1, 21
(27) Ep 4, 13
(28) 1Tm 5, 22
(29) 1Tm 5, 22
(30) 1Tm 6, 20 s.
(31) Rm 9, 2
(32) Tren 4, 4
(33) Lc. 4, 18-19
(34) Jud. 10
(35) Mt. 28, 19
(36) 3 Rey 19, 11
(37) 2Tm 4, 2
(38) Mt. 11, 28
(39) Is. 42, 1 s.
(40) 1Co 13, 4
(41) 1Co 4, 12 s.
(42) Ecli. 17, 12
(43) Ac 20, 28
(44) Rm 13, 1
(45) 1Tm 4, 8
(46) Is. 32, 18
(47) Ep 2, 4
(48) Rm 9, 16
(49) Dam. 3, 39
San Pio X
Sobre la devoción a la Sma. Virgen
Venerables hermanos: Salud y bendición apostolica
El paso del tiempo, en el transcurso de unos meses, nos llevara a aquel dia venturosisimo en el que, hace cincuenta anos, Nuestro antecesor Pio IX, pontifice de santisima memoria, cenido con una numerosisima corona de padres purpurados y obispos consagrados, con la autoridad del magisterio infalible, proclamo y promulgo como cosa revelada por Dios que la bienaventurada Virgen Maria estuvo inmune de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepcion. Nadie ignora con
qué espiritu, con qué muestras de alegria y de agradecimiento publicos acogierón aquella promulgación los fieles de todo el mundo; verdaderamente nadie recuerda una adhesión semejante tanto a la augusta Madre de Dios como al Vicario de Jesucristo o que tuviera eco tan amplio o que haya sido recibida con unanimidad tan absoluta.
Y ahora, Venerables Hermanos, después de transcurrido medio siglo, la renovación del recuerdo de la Virgen Inmaculada, necesariamente hace que resuene en nuestras almas el eco de aquella alegria santa y que se repitan aquellos espectaculos famosos de antano, expresiones de fe y de amor a la augusta Madre de Dios. Nos impulsa con ardor a alentar todo esto la piedad con la que Nos, durante toda nuestra vida, hemos tratado a la Santisima Virgen, por la gracia extraordinaria de su proteccion; esperamos con toda seguridad que asi sera, por el deseo de todos los católicos, que siempre estan dispuestos a manifestar una y otra vez a la gran Madre de Dios sus testimonios de amor y de honra. Ademas tenemos que decir que este deseo Nuestro surge sobre todo de que, por una especie de moción oculta, Nos parece apreciar que estan a punto de cumplirse aquellas esperanzas que impulsarón prudentemente a Nuestro antecesor Pio ya todos los obispos del mundo a proclamar solemnemente la concepción inmaculada de la Madre de Dios.
No són pocos los que se quejan de que hasta el dia de hoy esas esperanzas no se han colmado y utilizan las palabras de Jeremias: Esperabamos la paz y no hubo bien alguno: el tiempo del consuelo y he aqui el temor (1). Pero, ¿quién podria no entranarse de esta clase de poca fe por parte de quienes no miran por dentro o desde la perspectiva de la verdad las obras de Dios? Pues, ¿quién seria capaz de llevar la cuenta del número de los regalos ocultos de gracia que Dios ha volcado durante este tiempo sobre la Iglesia, por la intervención conciliadora de la Virgen? y si hay quienes pasan esto por alto, ¿qué decir del Concilio Vaticano, celebrado en momento tan acertado?; ¿qué del magisterio infalible de los Pontifices proclamado tan oportunamente, contra los errores que surjan en el futuro?; ¿qué, en fin, de la nueva e inaudita oleada de piedad que ya desde hace tiempo hace venir hasta el Vicario de Cristo, para hacerlo objeto de su piedad, a toda clase de fieles desde todas las latitudes? ¿Acaso no es de admirar la prudencia divina con que cada uno de Nuestros dos predecesores, Pio y Leon, sacarón adelante con gran santidad a la Iglesia en un tiempo lleno de tribulaciones, en un pontificado como nadie habia tenido? Ademas, apenas Pio habia proclamado que debia creerse con fe católica que Maria, desde su origen habia desconocido el pecado, cuando en la ciudad de Lourdes comenzarón a tener lugar las maravillosas apariciones de la Virgen; a raiz de ellas, alli edifico en honor de Maria Inmaculada un grande y magnifico santuario; todos los prodigios que cada dia se realizan alli, por la oración de la Madre de Dios, són argumentos contundentes para combatir la incredulidad de los hombres de hoy.
Testigos de tantos y tan grandes beneficios como Dios, mediante la imploración benigna de la Virgen, nos ha conferido en el transcurso de estos cincuenta anos, ¿como no vamos a tener la esperanza de que nuestra salvación esta mas cercana que cuando creimos?; quiza mas, porque por experiencia sabemos que es propio de la divina Providencia no distanciar demasiado los males peores de la liberación de los mismos. Esta a punto de llegar su hora, y sus dias no se haran esperar. Pues el Señor se compadecera de Jacob escogera todavia a Israel (2); para que la esperanza se siga manteniendo, dentro de poco clamaremos: Trituro el Señor el baculo de los impios. Se apaciguo y enmudecio toda la tierra, se alegro y exulto (3).
La razón por la que el quincuagésimo aniversario de la proclamación de la inmaculada concepción de la Madre de Dios debe provocar un singular fervor en el pueblo cristiano, radica para Nos sobre todo en lo que ya Nos propusimos en la anterior carta encíclica: instaurar todas las cosas en Cristo. Pues ¿quién no ha experimentado que no hay un camino mas seguro y mas expedito para unir a todos con Cristo que el que pasa a través de Maria, y que por ese camino podemos lograr la perfecta adopción de hijos, hasta llegar a ser santos e inmaculados en la presencia de Dios? En efecto, si verdaderamente a Maria le fue dicho: Bienaventurada tu que has creido, porque se cumplira todo lo que el Señor te ha dicho (4), de manera que verdaderamente concibio y pario al Hijo de Dios; si realmente recibio en su vientre a aquel que es la Verdad por naturaleza, de manera que engendrado en un nuevo orden, con un nuevo nacimiento se hizo invisible en sus categorias, visible en las nuestras (5); puesto que el Hijo de Dios hecho hombre es autor y consumador de nuestra fe, es de todo punto necesario reconocer como participe y como guardiana de los divinos misterios a su Santisima Madre en la cual, como el fundamento mas noble después de Cristo, se apoya el edificio de la fe de todos los siglos.
¿Es que acaso no habria podido Dios proporcionarnos al restaurador del género humano y al fundador de la fe por otro camino distinto de la Virgen? Sin embargo, puesto que parecio a la divina providencia oportuno que recibiéramos al Dios-Hombre a través de Maria, que lo engendro en su vientre fecundada por el Espiritu Santo, a nosotros no nos resta sino recibir a Cristo de manos de Maria. De ahi que claramente en las Sagradas Escrituras; cuantas veces se nos anuncia la gracia futura, se une al Salvador del mundo su Santisima Madre. Surgira el cordero dominador de la tierra, pero de la piedra del desierto; surgira una flor, pero de la raiz de Jesé. Adan atisbaba a Maria aplastando la cabeza de la serpiente y contuvo las lagrimas que le provocaba la maldicion. En ella penso Noé, recluido en el arca acogedora; Abraham cuando se le impidio la muerte de su hijo; Jacob cuando veia la escala y los angeles que subian y bajaban por ella; Moisés admirado por la zarza que ardia y no se consumia; David cuando danzaba y cantaba mientras conducia el arca de Dios; Elias mientras miraba a la nubecilla que subia del mar. Por ultimo -¿y para qué mas?- encontramos en Maria, después de Cristo, el cumplimiento de la ley y la realización de los simbolos y de las profecias.
Pero nadie dudara que a través de la Virgen, y por ella en grado sumo, se nos da un camino para conocer a Cristo, simplemente con pensar que ella fue la unica con la que Jesús, como conviene a un hijo con su madre, estuvo unido durante treinta anos por una relación familiar y un trato intimo. Los admirables misterios del nacimiento y la infancia de Cristo, y, sobre todo, el de la asunción de la naturaleza humana que es el inicio y el fundamento de la fe ¿a quién le fuerón mas patentes que a la Madre? La cual ciertamente, no solo conservaba ponderandolos en su corazón los sucesos de Belén y los de Jerusalén en el templo del Señor, sino que, participando de las decisiones y los misteriosos designios de Cristo, debe decirse que vivio la misma vida que su Hijo. Asi pues, nadie conocio a Cristo tan profundamente como Ella; nadie mas apta que ella como guia y maestra para conocer a Cristo.
De aqui que, como ya hemos apuntado, nadie sea mas eficaz para unir a los hombres con Cristo que esta Virgen. Pues si, según la palabra de Cristo, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, solo Dios verdadero y al que tu enviaste, Jesucristo (6), una vez recibida por medio de Maria la noticia salvadora de Cristo, por Maria también logramos mas facilmente aquella vida cuya fuente e inicio es Cristo.
PIO X, MAGISTERIO