
PIO X, MAGISTERIO - Maria es el camino mas seguro hacia Jesús
¡Cuantos dones excelsos y por cuantos motivos desea esta santisima Madre proporcionarnoslos, con tal que tengamos una pequena esperanza, y cuan grandes logros seguiran a nuestra esperanza!
¿No es Maria Madre de Cristo? Por tanto, también es madre nuestra. Pues cada uno debe estar convencido de que Jesús, el Verbo que se hizo carne, es también el salvador del género humano. y en cuanto Dios-Hombre, fue dotado, como todos los hombres, de un cuerpo concreto; en cuanto restaurador de nuestro linaje, tiene un cuerpo espiritual, al que se llama mistico, que es la sociedad de quienes creen en Cristo. Siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo (7). Por consiguiente, la Virgen no concibio tan solo al Hijo de Dios para que se hiciera hombre tomando de ella la naturaleza humana, sino también para que, a través de la naturaleza tomada de ella, se convirtiera en salvador de los mortales. Por eso el Angel dijo a los pastores: Os ha nacido hoy el Salvador, que es el Señor Cristo 8(8). Por tanto en ese uno y mismo seno de su castisima Madre Cristo tomo carne y al mismo tiempo unio a esa carne su cuerpo espiritual compuesto efectivamente por todos aquellos que habian de creer en El. De manera que cuando Maria tenia en su vientre al Salvador puede decirse que gestaba también a todos aquellos cuya vida estaba contenida en la vida del Salvador. Asi pues, todos cuantos estamos unidos con Cristo y los que, como dice el Apóstol, somos miembros de su cuerpo, participes de su carne y de sus huesos 9(9) , hemos salido del vientre de Maria, como partes del cuerpo que permanece unido a la cabeza. De donde, de un modo ciertamente espiritual y mistico, también nosotros nos llamamos hijos de Maria y ella es la madre de todos nosotros. Madre en espiritu... pero evidentemente madre de los miembros de Cristo que somos nosotros (10). En efecto, si la bienaventurada Virgen es al mismo tiempo Madre de Dios y de los hombres ¿quién es capaz de dudar de que ella procurara con todas sus fuerzas que Cristo, cabeza del cuerpo de la Iglesia (11), infunda en nosotros, sus miembros, todos sus dones, y en primer lugar que le conozcamos y que vivamos por él? 12(12).
A todo esto hay que anadir, en alabanzas de la santisima Madre de Dios, no solamente el haber proporcionado, al Dios Unigénito que iba a nacer con miembros humanos, la materia de su carne (13) con la que se lograria una hostia admirable para la salvación de los hombres; sino también el papel de custodiar y alimentar esa hostia e incluso, en el momento oportuno, colocarla ante el ara. De ahi que nunca són separables el tenor de la vida y de los trabajos de la Madre y del Hijo, de manera que igualmente recaen en uno y otro las palabras del Profeta 14(14): mi vida transcurrio en dolor y entre gemidos mis anos. Efectivamente cuando llego .la ultima hora del Hijo, estaba en pie junto a la cruz de Jesús, su Madre, no limitandose a contemplar el cruel espectaculo, sino gozandose de que su Unigénito se inmolara para la salvación del género humano, y tanto se compadecio que, si hubiera sido posible, ella misma habria soportado gustosisima todos .los tormentos que padecio su Hijo (15).
Y por esta comunión de voluntad y de dolores entre Maria y Cristo, ella merecio convertirse con toda dignidad en reparadora del orbe perdido (16), y por tanto en dispensadora de todos los bienes que Jesús nos gano con su muerte y con su sangre.
Cierto que no queremos negar que la erogación de estos bienes corresponde por exclusivo y propio derecho a Cristo; puesto que se nos han originado a partir de su muerte y El por su propio poder es el mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, por esa comunion, de la que ya hemos hablado, de dolores y bienes de la Madre con el Hijo, se le ha concedido a la Virgen augusta ser poderosisima mediadora y conciliadora de todo el orbe de la tierra ante su Hijo Unigénito (17). Asi pues, la fuente es Cristo y de su plenitud todos hemos recibido (18); por quien el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo nutren... va obrando su crecimiento en orden a su conformación en la caridad 19(19). A su vez Maria, como senala Bernardo, es el acueducto (20); o también el cuello, a través del cual el cuerpo se une con la cabeza y la cabeza envia al cuerpo la fuerza y las ideas. Pues ella es el cuello de nuestra Cabeza, a través del cual se transmiten a su cuerpo mistico todos los dones espirituales (21). Asi pues es evidente que lejos de nosotros esta el atribuir ala Madre de Dios el poder de producir eficazmente la gracia sobrenatural, que es exclusivamente de Dios. Ella, sin embargo, al aventajar a todos en santidad y en unión con Cristo y al ser llamada por Cristo a la obra de la salvación de los hombres, nos merece de congruo, como se dice, lo que Cristo merecio de condigno y es Ella ministro principal en .la concesión de gracias. Cristo esta sentado a la derecha de la majestad en los cielos (22); Maria a su vez esta como reina a su derecha, refugio segurisimo de todos los que estan en peligro y fidelisima auxiliadora, de modo que nada hay que temer y por nada desesperar con ella como guia, bajo su auspicio, con ella como propiciadora y protectora (23).
Con estos presupuestos, volvemos a nuestro proposito: ¿a quién le parecera que no tenemos derecho a afirmar que Maria, que desde la casa de Nazaret hasta el lugar de la Calavera estuvo acompanando a Jesús, que conocio los secretos de su corazón como nadie y que administra los tesoros de sus méritos con derecho, por asi decir, materno, es el mayor y el mas seguro apoyo para conocer y amar a Cristo? Esto es comprobable por la dolorosa situación de quienes, enganados por el demonio o por doctrinas falsas, pretenden poder prescindir de la intercesión de la Virgen. ¡Desgraciados infelices! Traman prescindir de la Virgen para honrar a Cristo: e ignoran que no es posible encontrar al nino sino con Maria, su Madre.
Siendo esto asi, Venerables Hermanos, queremos detener nuestra mirada en las solemnidades que se preparan en todas partes en honor de Santa Maria, Inmaculada desde su origen. y ciertamente ningun honor es mas deseado por Maria, ninguno mas agradable que el que nosotros conozcamos bien a Jesús y le amemos. Haya por tanto celebraciones de los fieles en los templos, haya aparato de fiestas, haya regocijos en las ciudades; todos estos medios contribuyen no poco a encender la piedad. Pero si a ellos no se une la voluntad interior, tendremos simplemente formas que no seran mas que un simulacro de religion. y al verlas, la Virgen, como justa reprension, empleara con nosotros las palabras de Cristo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón esta lejos de mi 24(24).
En definitiva, es auténtica la piedad hacia la Madre de Dios cuando nace del alma; y en este punto no tiene valor ni utilidad alguna la acción corporal, si esta separada de la actitud del espiritu. Actitud que necesariamente se refiere a la obediencia rendida a los mandamientos del Hijo divino de Maria. Pues si solo es amor verdadero el que es capaz de unir las voluntades, es conveniente que nuestra voluntad y la de su santisima Madre se unan en el servicio a Cristo Señor. Lo que la Virgen prudentisima decia a los siervos en las bodas de Cana, eso mismo nos dice a nosotros: Haced lo que El os diga (25). y lo que Cristo dice es: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos 26(26).
Por eso, cada uno debe estar persuadido de que, si la piedad que declara hacia la Santisima Virgen no le aparta del pecado o no le estimula a la decisión de enmendar las malas costumbres, su piedad es artificial y falsa, por cuanto carece de su fruto propio y genuino.
Si alguno pareciera necesitar confirmación de todo esto, puede facilmente encontrarla en el dogma de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios. Pues, dejando a un lado la tradición católica, que es fuente de verdad como la Sagrada Escritura, ¿de donde surge la persuasión de que la Inmaculada Concepción de la Virgen estaba tan de acuerdo con el sentido cristiano que podia tenerse como depositada e innata en las almas de los fieles? Rechazamos -asi explico brillantemente Dionisio el Cartujano las causas de esta persuasion-, rechazamos creer que la mujer que habia de pisar la cabeza de la serpiente, haya sido pisada por ella en algun momento y que la Madre del Señor haya sido hija del diablo (27). Es evidente que no podia caber en la mente del pueblo cristiano que la carne de Cristo, santa, impoluta e inocente hubiera sido oscurecida en el vientre de la Virgen por una carne en la que, ni por un instante, hubiera estado introducido el pecado. Y esto ¿por qué, sino porque el pecado y Dios estan separados por una oposición infinita? De ahi que con razón por todas partes los pueblos católicos han estado siempre persuadidos de que el Hijo de Dios, con vistas a que, asumiendo la naturaleza humana, nos iba a lavar de nuestros pecados con su sangre, por singular gracia y privilegio, preservo inmune a su Madre la Virgen de toda mancha de pecado original, ya desde el primer instante de su concepcion. y Dios aborrece tanto cualquier pecado, que no solo no consintio que la futura Madre de su Hijo experimentara ninguna mancha recibida por propia voluntad; sino que, por privilegio singularisimo, atendiendo a los méritos de Cristo, incluso la libro de la mancha con la que estamos marcados, como por una mala herencia, todos los hijos de Adan. ¿Quién puede dudar de que el primer deber que se propone a quien pretende obsequiar a Maria es la enmienda de sus costumbres viciosas y corrompidas, y el dominio de los deseos que impulsan a lo prohibido?
Y, por otra parte, si uno quiere -nadie debe dejar de quererlo- que su piedad a la Virgen sea justa y consecuente, es necesario avanzar mas y procurar con esfuerzo imitar su ejemplo.
Es ley divina que quienes desean lograr la eterna bienaventuranza experimenten en si mismos, por imitación de Cristo, Su paciencia y Su santidad. Porque a los que de antes conocio, a esos los predestino a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito entre muchos hermanos (28). Pero puesto que nuestra debilidad es tal que facilmente nos asustamos ante la grandeza de tan gran modelo, el poder providente de Dios nos ha propuesto otro modelo que, estando todo lo cercano a Cristo que permite la naturaleza humana, se adapta con mas propiedad a nuestra limitacion. Y ese modelo no es otro que la Madre de Dios. Maria fue tal -dice a este respecto San Ambrosio- que su vida es modelo para todos. De lo cual él mismo deduce correctamente: Asi pues, sea para vosotros la vida de Maria como el modelo de la virginidad. En ella, como en un espejo, resplandece la imagen de la castidad y el modelo de la virtud (29).
Y aunque es conveniente que los hijos no pasen por alto nada digno de alabanza de su santisima Madre sin imitarlo, deseamos que los fieles imiten sobre todas, aquellas virtudes Suyas que són las principales y como los nervios y las articulaciones de la sabiduria cristiana: nos referimos a la fe, a la esperanza y a la caridad con Dios y con los hombres. Aunque ningun instante de la vida de la Virgen carecio del resplandor de estas virtudes, sin embargo sobresalierón en ese momento en que estuvo presente a la muerte de su Hijo.
Jesús es. conducido a la cruz y se le reprocha entre maldiciones que se ha hecho Hijo de Dios (30). Pero ella reconoce y rinde culto constantemente en El a la divinidad. Deposita en el sepulcro al cuerpo muerto y sin embargo no duda de que resucitara. La caridad inconmovible con la que vibra respecto a Dios la convierte en participe y companera de los padecimientos de Cristo. Y con él, como olvidada de su dolor, pide perdón para sus verdugos, aunque éstos obstinadamente exclaman: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos (31)
Mas, para que no parezca que hemos dejado el analisis de la concepción inmaculada de la Virgen, que es la razón de Nuestra carta, ¡qué gran ayuda y qué apropiada la de este dogma para mantener y cultivar fielmente estas mismas virtudes!
Efectivamente, ¿qué fundamentos a la fe ponen estos osados que esparcen tantos errores por doquier, con los que la fe misma queda vacilante en muchos? Niegan en primer lugar que el hombre haya caido en pecado y que en algun tiempo haya permanecido derrocado de su situacion. De ahi que interpreten el pecado original y los males que de él surgierón como una ficción mentirosa; para ellos la humanidad esta corrompida en su origen y toda la naturaleza humana esta viciada; asi es como se introdujo el mal entre los mortales y fue impuesta la necesidad de una reparacion. Con estos presupuestos, es facil imaginar que no hay ningun lugar para Cristo ni para la Iglesia ni para la gracia ni para ningun orden que trascienda a la naturaleza; con una sola palabra se desploma radicalmente todo el edificio de la fe.
Pero si las gentes creen y confiesan que la Virgen Maria, desde el primer momento de su concepcion, estuvo inmune de todo pecado, entonces también es necesario que admitan el pecado original, la reparación de la humanidad por medio de Cristo, el evangelio, la Iglesia, en fin la misma ley de la reparacion. Con todo ello desaparece y se corta de raiz cualquier tipo de racionalismo y de materialismo y se mantiene intacta la sabiduria cristiana en la custodia y defensa de la verdad.
A esto se añade la actividad comun a todos los enemigos de la fe, sobre todo en este momento, para desarraigar mas facilmente la fe de las almas: rechazan, y proclaman que debe rechazarse, la obediencia reverente a la autoridad no solo de la Iglesia sino de cualquier poder civil. De aqui surge el anarquismo: nada mas funesto y mas nocivo tanto para el orden natural como para el sobrenatural. Por supuesto este azote, funestisimo tanto para la sociedad civil como para la cristiandad, también destruye el dogma de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios; porque con él nos obligamos a atribuir a la Iglesia tal poder que es necesario someterle no solamente la voluntad, sino también la inteligencia; asi, por esta sujeción de la razón el pueblo cristiano canta a la Madre de Dios: Toda hermosa eres Marta y no hay en ti pecado original (32). Y asi se logra el que la Iglesia diga merecidamente a la Virgen soberana que ella sola hizo desaparecer todas las herejiqs del mundo universo.
Y si la fe, como dice el Apóstol, no es otra cosa que la garantia de lo que se espera (33), cualquiera comprendera facilmente que con la concepción inmaculada de la Virgen se confirma la fe y al mismo tiempo se alienta nuestra esperanza. y esto sobre todo porque la Virgen desconocio el pecado original, en virtud de que iba a ser Madre de Cristo; y fue Madre de Cristo para devolvernos la esperanza de los bienes eternos.
Dejando aun lado ahora el amor a Dios, ¿quién, con la contemplación de la Virgen Inmaculada, no se siente movido a observar fielmente el precepto que Jesús hizo suyo por antonomasia: que nos amemos unos a otros como él nos amo?
Una senal grande, asi describe el. apóstol Juan la visión que le fue enviada por Dios, una senal grande aparecio en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas (34). Nadie ignora que aquella mujer simbolizaba a la Virgen Maria que, sin dejar de serlo, dio a luz nuestra cabeza. y sigue el Apóstol: y estando encinta, gritaba con los dolores del parto y las ansias de parir 35(35). Asi pues, Juan vio a la Santisima Madre de Dios gozando ya de la eterna bienaventuranza y sin embargo con las ansias de un misterioso parto. ¿De qué parto? Sin duda del nuestro, porque nosotros, detenidos todavia en el destierro, tenemos que ser aun engendrados a la perfecta caridad de Dios y la felicidad eterna. Los trabajos de la parturienta indican interés y amor; con ellos la Virgen, desde su trono celestial, vigila y procura con su asidua oración que se engrose el número de los elegidos.
Deseamos ardientemente que todos cuantos se llaman cristianos se esfuercen por lograr esta misma caridad, sobre todo aprovechando de estas solemnes celebraciones de la inmaculada concepción de la Madre de Dios. ¡Con qué acritud, con qué violencia se combate a Cristo ya la santisima religión por El fundada! Se esta poniendo a muchos en peligro de que se aparten de la fe, arrastrados por errores que les enganan: Asi pues, quien piensa que se mantiene en pie, mire no caiga (36). y al mismo tiempo pidan todos a Dios con ruegos y peticiones humildes que, por la intercesión de la Madre, vuelvan los que se han apartado de la verdad. Sabemos por experiencia que tal oracion, nacida de la caridad y apoyada por la imploración a la Virgen santa, nunca ha sido inutil. Ciertamente en ningun momento, ni siquiera en el futuro, se dejara de atacar a la Iglesia: pues es preciso que haya escisiones a fin de que se destaquen los de probada virtud entre vosotros 37(37). Pero nunca dejara la Virgen en persona de asistir a nuestros problemas, por dificiles que sean, y de proseguir la lucha que comenzo a mantener ya desde su concepcion, de manera que se pueda repetir cada dia: Hoy ella ha pisado la cabeza de la serpiente antigua (38).
Para que los bienes de las gracias celestiales, mas abundantes que de ordinario, nos ayuden a unir la imitación de la santisima Virgen con los honores que le tributaremos con mayor generosidad a lo largo de todo este ano; y para lograr asi mas facilmente el proposito de instaurar todas las cosas en Cristo, siguiendo el ejemplo de nuestros Antecesores al comienzo de sus Pontificados, hemos decidido impartir al orbe católico una indulgencia extraordinaria, a modo de Jubileo.
Por lo cual, confiando en la misericordia de Dios omnipotente y en la autoridad de los Santos Apostoles Pedro y Pablo, por la potestad de atar y desatar que a Nos, aunque indignos, nos ha conferido el Señor, concedemos e impartimos indulgencia plenisima de todos los pecados: a todos y cada uno de los fieles cristianos de uno y otro sexo que viven en esta Nuestra ciudad o vengan a ella y que visiten por tres veces una de las cuatro basilicas patriarcales desde el Primer Domingo de Cuaresma, es decir desde el dia 21 de febrero hasta el dia 2 de junio inclusive, solemnidad del Santisimo Corpus Christi, con tal que alli durante un rato dirijan su piadosa oración a Dios según nuestra mente por la libertad y exaltación de la Iglesia católica y de esta Sede Apostolica, por la extirpación de las herejias y la conversión de todos los equivocados, por la concordia de los Principes cristianos y por la paz y la unidad de todo el pueblo fiel; y que, por una vez, dentro del tiempo antedicho, ayunen, utilizando solo los alimentos apropiados, fuera de los dias no comprendidos en el indulto de la Cuaresma; y que una vez confesados sus pecados, reciban el santisimo sacramento de la Eucaristia. Lo mismo concedemos a todos los que viven en cualquier parte, fuera de la citada Urbe, y visiten por tres veces la Iglesia Catedral, si alli existe, la parroquial o, si falta la parroquial, la iglesia principal dentro del plazo antedicho o en el plazo de tres meses -aunque no sean seguidos- a designar por el criterio de los ordinarios teniendo en cuenta la comodidad de los fieles y siempre antes del ocho de diciembre, con tal de que cumplan con devoción los requisitos antes enumerados. Admitimos además que esta indulgencia, que debe lucrarse solamente una vez, pueda aplicarse a modo de sufragio y sea valida para las almas que unidas a Dios por la caridad salgan de esta vida.
Concedemos también que puedan conseguir la misma indulgencia los navegantes y los viajeros en cuanto lleguen a sus domicilios siempre que cumplan las obras arriba citadas.
Y damos potestad a los confesores aprobados de hecho por los propios Ordinarios para que puedan conmutar las antedichas obras por Nos prescritas por otras obras piadosas a los Regulares de uno y otro sexo y a todos aquellos otros que no puedan ponerlas en practica, también con la facultad de dispensar de la comunión a los ninos que todavia no hayan sido admitidos a recibirla.
Ademas concedemos a todos y cada uno de los fieles cristianos, tanto laicos como eclesiasticos seculares o regulares de cualquier orden o instituto, aunque deba ser nombrado de un modo especial, licencia y facultad para que a este efecto puedan escoger a cualquier presbitero tanto regular como secular de entre los aprobados de hecho (de esta facultad también pueden hacer uso de las monjas novicias y otras mujeres que vivan dentro del claustro, con tal que el confesor esté aprobado para las monjas) para que los pueda absolver -a todos aquellos o aquellas que en el infradicho espacio de tiempo se acerquen a confesarse con él con intención de conseguir el presente Jubileo y de cumplir con todas las demas obras necesarias para lucrarlo, por esa sola vez y en el fuero de la conciencia-, de las sentencias eclesiasticas o censuras a iure o ab homine, latae o ya infligidas por cualquier causa. También de las reservadas a los Ordinarios de los lugares y a Nos o a la Sede Apostolica y de las reservadas a cualquiera, también las reservadas de especial modo al Sumo Pontifice y a la Sede Apostolica y de todos los pecados y excesos, incluso los reservados a los mismos Ordinarios a Nos y a la Sede Apostolica, después de imponer una penitencia saludable y las demas medidas de derecho y, si se trata de una herejia, después de la abjuración y de la retractación de los errores, como es de derecho. Asimismo podra conmutar cualquier tipo de votos, incluso los hechos con juramento y reservados a la Sede Apostolica -excepto los de castidad, religión y obligación que haya sido aceptada por un tercero- por otras obras piadosas y saludables. y podra del mismo modo dispensar, cuando se trate de penitentes constituidos en las ordenes sagradas, incluso regulares, de irregularidad oculta para el ejercicio de esas ordenes o para la consecución de ordenes superiores, solamente cuando esté contraida por violación de censuras.
No pretendemos por la presente dispensar de cualquier otra irregularidad por delito o por defecto, publica u oculta o de otra incapacidad o inhabilidad, cualquiera que haya sido el modo de contraerla; ni tampoco derogar la constitución y subsiguientes declaraciones publicadas por Benedicto XIV y que empieza: Sacramentum poenitentiae. Ni, por ultimo, puede ni debe esta carta favorecer en modo alguno a aquellos que nominalmente por Nos y la Sede Apostolica o por algun Prelado, o por un Juez eclesiastico hayan sido excomulgados, suspendidos, declarados en entredicho o hayan caido en otras sentencias o censuras o hayan sido denunciados, a no ser que hayan satisfecho dentro del tiempo fijado y, cuando sea preciso, se hayan puesto de acuerdo con la otra parte.
A todo esto Nos es grato anadir que deseamos y concedemos que permanezca, también en este tiempo de Jubileo, integro para cualquiera el privilegio de lucrar todas las indulgencias, sin exceptuar las plenarias, que han sido concedidas por Nos o por Nuestros Antecesores.
Ponemos fin a esta carta, Venerables Hermanos, expresando de nuevo una gran esperanza, que efectivamente nos impulsa: ojala por la concesión de este medio extraordinario del Jubileo, bajo los auspicios de la Virgen Inmaculada, muchos de los que desgraciadamente estan separados de Jesucristo vuelvan a El, y florezca de nuevo en el pueblo cristiano el amor a las virtudes y el gusto por la piedad. Hace cincuenta anos, cuando nuestro antecesor Pio declaro que la fe católica debia mantener que la bienaventurada Madre de Cristo habia desconocido el pecado desde su origen, parecio, como ya hemos dicho, que una gran cantidad de gracias celestiales se derramo sobre la tierra. Y, una vez robustecida la esperanza en la Virgen Madre de Dios, por todas partes se produjo un gran acercamiento a la vieja religiosidad de las naciones. ¿Qué impide pues el que esperemos cosas mas grandes para el futuro? Es claro que hemos llegado a un momento funesto, de modo que con razón podriamos quejarnos con las palabras del profeta: Porque no hay en la tierra verdad, ni misericordia ni conocimiento de Dios. Han inundado la tierra el perjurio, la mentira, el homicidio, el hurto y el adulterio (39). Sin embargo, en medio de este diluvio de males, como un arco iris, se presenta a nuestros ojos la Virgen clementisima, como un arbitro para firmar la paz entre Dios y los hombres. Pondré un arco en las nubes para senal de mi pacto con la tierra 40(40). Aunque se recrudezca la tempestad y la negra noche se enseñoree del cielo, nadie se desconcierte. A la vista de Maria, Dios se aplacara y perdonara. Estara el arco en las nubes y yo le veré y me acordaré de mi pacto eterno (41). y no volveran mas las aguas del diluvio a destruir toda la tierra (42). Si, como es justo, confiamos en Maria, sobre todo ahora que vamos a celebrar con mayor interés su concepción inmaculada, entonces sentiremos también que ella es Virgen poderosisima que aplasto con pie virginal la cabeza de la serpiente (43).
Como prenda de estos bienes, Venerables Hermanos, con todo carino impartimos en el Señor la bendición Apostolica a vosotros ya vuestros pueblos.
Dado en Roma junto a San Pedro, el dia 2 de febrero de 1904, primer ano de Nuestro Pontificado.
PIO PAPA X
(1) Jr 8, 15.
(2) Is. 14, 1.
(3) Is. 14, 1 y 7
(4) Lc. 1, 45.
(5) San León Magno, Serm. 2 de Nativ. Domini. c. 2.
(6) Jn., 17, 3.
(7) Rm 12, 5.
(8) Lc. 2, 11.
(9) Ep 5, 30
(10) San Agustin, de S. Virginitate, c. 6
(11) Col 1, 18. volver)
(12) 1Jn. 4, 9.
(13) San Beda, L. 4, in Luc. XI.
(14) Ps 30, 11.
(15) San Buenaventura, I Sant. d. 48, ad Litt. dub. 4.
(16) Eadmerio, De Excelentia Virg. Mariae, c. 9
(17) Pio IX, Bula Ineffabilis.
(18) Jn. 1, 16
(19) Ep 4, 16.
(20) Serm de temp., in Nativ. B. V. de Aquaeductu. n. 4.
(21) San Bernardino. Quadrag. de Evangelio aeterno, Serm. X, a. 3, c. 3..
(22) He 1, 3.
(23) Pio IX, Bula Ineffabilis.
(24) Mt. 15, 8.
(25) Jn. 2, 5.
(26) Mt. 19, 17.
(27) 5 Sent. d. 3, q. 1.
(28) Rm 8, 29.
(29) De Virginib., 1. 2, c. 2.
(30) Jn. 19, 7.
(31) Mt. 27, 25.
(32) Gradual de la Misa de la Inmaculada
(33) He 11, 1.
(34) Ap 12, 1.
(35) Ap 12, 2.
(36) 1 Cor. 10, 12.
(37) 1 Cor. 11, 19.
(38) Oficio de la Inmaculada, ad Magnificat..
(39) Os. 4, 1 y 2.
(40) Gn 9, 13.
(41) Gn 9, 16.
(42) Gn 9, 15..
(43) Oficio de la Inmaculada.
Venerables hermanos: Salud y bendición apostolica
Nos viene a la memoria, Venerables Hermanos, el gozoso recuerdo de aquel grande e incomparable varón (1), el Pontifice Gregorio, primero que utilizo ese nombre, del que vamos a celebrar el décimo tercer centenario de su muerte. No sin una especial providencia de Dios, que da la muerte y la vida..., que humilla y ensalza (2), hemos de volver los ojos a este santo e ilustre predecesor, ornato y gala de la Iglesia, para que, también vosotros, Venerables Hermanos, llamados a participar en Nuestro apostolado, y todos los fieles que nos han sido encomendados, saquemos adelante cumplidamente nuestra mision, a pesar de las innumerables preocupaciones de Nuestro ministerio apostolico, en medio de tantas y tan profundas ansiedades en que hemos de gobernar la Iglesia universal y de las inquietudes que nos agobian. El animo ciertamente se eleva para tener confianza en su poderosa intercesión ante Dios, y es un gozo recordar todo lo que dispuso con sublime magisterio y lo que tan santamente realizo. Porque si con su firme gobierno y con la fecundidad de sus virtudes dejo en la Iglesia una huella tan amplia, tan profunda, tan clara que merecio ser llamado el Grande por sus contemporaneos y por la posteridad -y aun hoy, a pesar del tiempo transcurrido, es actual la alabanza escrita en su sepulcro: vivio siempre lleno de bondades (3)-, no podemos menos que seguir su admirabIe ejemplo y, con la ayuda de Dios y a pesar de la fragilidad humana, cumplir con nuestros deberes.
Apenas es necesario recordar lo que ya es conocido por los datos de la historia. Cuando Gregorio asumio el supremo pontificado, era grande la perturbación de la sociedad; casi extinguida la vieja cultura, el imperio romano decaia dominado e invadido por toda suerte de barbarie. Italia, abandonada por los emperadores de Bizancio, era presa de los Longobardos que, sin asentarse, devastaban todo a hierro y a fuego en sus correrias, dejando todo sumido en luto y muerte. La misma Roma, asediada exteriormente por los enemigos, y afligida desde dentro por la peste, las inundaciones y el hambre, habia llegado a tal extremo de miseria, que parecia no tener medio de salvar a sus habitantes ni a los que se refugiaban en ella. Hombres de toda clase y condicion, obispos, sacerdotes que llevaban consigo los vasos sagrados para librarlos del pillaje, los religiosos y las esposas sin mancilla de Cristo: todos huian de la espada enemiga o de la inicua violencia de gente impia. El mismo Gregorio nos describe la Iglesia de Roma (4): una vieja nave, deshecha por la violencia... que hace agua por todas partes rota a diario por los embates de la tempestad y cuyas tablas carcomidas anuncian el naufragio. Sin embargo, Dios envio para salvarla el piloto que hacia falta, y éste, empunando el timon, llevarla a puerto entre aquel oleaje proceloso, guardandola de futuras tormentas.
Es de admirar todo lo que hizo en poco mas de trece anos de pontificado. Sobresalio en la restauración de la vida cristiana en general: reanimo la piedad de los fieles, la observancia de los religiosos; la disciplina del clero y el celo pastoral de los sagrados obispos. Fue como un prudentisimo padre en Cristo (5), custodio del patrimonio eclesiastico, que atendio liberalmente y con abundancia las necesidades del pueblo, de la sociedad cristiana y de cada iglesia en particular. Como verdadero enviado de Dios (6), llevo sus energías de organizador mas alla de los limites de Roma, y se empleo en el bien de toda la sociedad. Hizo frente a las injustas exigencias de los emperadores de Bizancio, puso limite a la insolencia de los exarcas y funcionarios imperiales, y, como ; paladin de la justicia social, freno su execrable avaricia. Aplaco la ferocidad de los Longobardos, no temiendo salir a las mismas puertas de Roma para enfrentarse con Agilulfo, lo mismo que León Magno hiciera con Atila; no desistio en su empeño y ruegos amables hasta ver a aquellas temibles gentes finalmente pacificadas y organizadas con un gobierno y convertidas a la fe católica, cosa que consiguió con la ayuda de la piadosa reina Teodolinda, hija suya en Cristo. Por eso, se le aplica justamente el calificativo de defensor y libertador de Italia, tierra a la que él llama carinosamente suya (7). Gracias a sus inagotables atenciones pastorales, acabo con los errores que subsistian en Italia y Africa organizando la Iglesia en Francia, e impulso la reciente conversión de los visigodos en España. También convirtió a la verdadera fe de Cristo al noble pueblo britanico, que en los remotos confines del mundo, permanece todavia infiel, adorando idolos de madera y piedra (8), Al enterarse de tan preciosa adquisicion, Gregorio tuvo un gozo similar al del padre que abraza a su hijo queridisimo, ofreciéndoselo a Jesús Salvador, por cuyo amor -como él mismo dijo- nos encontramos en Bretana con unos hermanos a quienes no conociamos; por cuya mediación encontramos a quiei nes, sin saberlo buscabamos (9), Esas gentes estaban tan agradecidos al santo Pontifice, que le llamaban nuestro maestro, nuestro Apóstol, nuestro Papa, nuestro Gregorio, como si fuese el resello de su apostolado. En fin, fue tanto lo que hizo, que el recuerdo de sus hechos se grabo profundamente en las generaciones posteriores, sobre todo en la Edad Media, hasta el punto de poder decirse que su espiritu las informaba, sus palabras eran como el alimento espiritual, y procuraban imitar su vida y sus costumbres; felizmente, una sociedad inspirada en el cristianismo sustituia a la romana que, con el transcurso del tiempo, habia dejado de existir.
PIO X, MAGISTERIO - Maria es el camino mas seguro hacia Jesús