
PIO X, MAGISTERIO - Exhortación final
Carta encíclica
San Pio X Sobre la enseñanza del catecismo 15 de abril de 1905
Los secretos designios de Dios Nos han levantado de Nuestra pequenez al cargo de Supremo Pastor de toda la grey de Cristo en dias bien criticos y amargos, pues el enemigo de antiguo anda alrededor de este rebano y le tiende lazos con tan pérfida astucia, que ahora, principalmente, parece haberse cumplido aquélla profecia del Apóstol a los ancianos de la Iglesia de Efeso: Sé que... os han asaltado lobos voraces que destrozan el rebano (Hechos. 20, 29). De este mal que padece la religión no hay nadie, animado del celo de la gloria divina, que no investigue las causas y razones, sucediendo que, como cada cual las halla diferentes, propone diferentes medios conforme a su personal opinión para defender y restaurar el reinado de Dios en la tierra. No proscribimos, Venerables Hermanos, los otros juicios, mas estamos con los que piensan que la actual depresión y debilidad de las almas, de que resultan los mayores males, provienen, principalmente, de la ignorancia de las cosas divinas. Esta opinión concuerda enteramente con lo que Dios mismo declaro por su profeta Oseas: No hay conocimiento de Dios en la tierra. La maldicion, y la mentira, y el homicidio, y el robo, y el adulterio lo han inundado todo; la sangre se añade a la sangre por cuya causa se cubrira de luto la tierra y desfalleceran todos sus moradores (Os 4,1 ss).
¡Cuan comunes y fundados son, por desgracia, estos lamentos de que existe hoy un crecido número de personas, en el pueblo cristiano, que viven en suma ignorancia de las cosas que se han de conocer para conseguir la salvación eterna! -Al decir "pueblo cristiano", no Nos referimos solamente a la plebe, esto es, a aquellos hombres de las clases inferiores a quienes excusa con frecuencia el hecho de hallarse sometidos a duenos exigentes, y que apenas si pueden ocuparse de si mismos y de su descanso; sino que también y, principalmente, hablamos de aquellos a quienes no falta entendimiento ni cultura y hasta se hallan adornados de una gran erudición profana, pero que, en lo tocante a la religion, viven temeraria e imprudentemente.
¡Dificil seria ponderar lo espeso de las tinieblas que con frecuencia los envuelven y -lo que es mas triste- la tranquilidad con que permanecen en ellas! De Dios, soberano autor y moderador de todas las cosas, y de la sabiduria de la fe cristiana para nada se preocupan; y asi nada saben de la Encarnación del Verbo de Dios, ni de la redención por El llevada a cabo; nada saben de la gracia, el principal medio para la eterna salvacion; nada del sacrificio augusto ni de los sacramentos, por los cuales conseguimos y conservamos la gracia. En cuanto al pecado, ni conocen su malicia ni su fealdad, de suerte que no ponen el menor cuidado en evitarlo, ni en lograr su perdon; y asi llegan a los ultimos momentos de su vida, en que el sacerdote -por no perder la esperanza de su salvacion- les ensena sumariamente la religion, en vez de emplearlos principalmente, según convendria, en moverles a actos de caridad; y esto, si no ocurre -por desgracia, con harta frecuencia- que el moribundo sea de tan culpable ignorancia que tenga por inutil el auxilio del sacerdote y juzgue que pueda traspasar tranquilamente los umbrales de la eternidad sin haber satisfecho a Dios por sus pecados. Por lo cual Nuestro predecesor Benedicto XIV escribio justamente: Afirmamos que la mayor parte de los condenados a las penas eternas padecen su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben saber y creer para ser contados entre los elegidos (Instit. 27, 18).
Siendo esto asi, Venerables Hermanos, ¿qué tiene de sorprendente, preguntamos, que la corrupción de las costumbres y su depravación sean tan grandes y crezcan diariamente, no solo en las naciones barbaras, sino aun en los mismos pueblos que llevan el nombre de cristianos? Con razón decia el apóstol San Pablo escribiendo a los de Efeso: La fornicación y toda especie de impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como corresponde a santos, ni tampoco palabras torpes, ni truhanerias (Ep 5,3 ss). Como fundamento de este pudor y santidad, con que se moderan las pasiones, puso la ciencia de las cosas divinas: Y asi, mirad, hermanos, que andéis con gran circunspeccion; no como necios sino como prudentes... Por lo tanto, no seais indiscretos, sino atentos sobre cual es la voluntad de Dios (5 Ibid. vv. 15 ss).
Sentencia justa; porque la voluntad humana apenas conserva algun resto de aquel amor a la honestidad y la rectitud, puesto en el hombre por Dios creador suyo, amor que le impulsaba hacia un bien, no entre sombras, sino claramente visto. Mas, depravada por la corrupción del pecado original y olvidada casi de Dios, su Hacedor, la voluntad humana convierte toda su inclinación a amar la vanidad y a buscar la mentira. Extraviada y ciega por las malas pasiones, necesita un guia que le muestre el camino para que se restituya a la via de la justicia que desgraciadamente abandono. Este guia, que no ha de buscarse fuera del hombre, y del que la misma naturaleza le ha provisto, es la propia razon; mas si a la razón le falta su verdadera luz, que es la ciencia de las cosas divinas, sucedera que, al guiar un ciego a otro ciego, ambos caeran en el hoyo. El santo Rey David, glorificando a Dios por esta luz de la verdad que le habia infundido en la razón humana, decia: Impresa esta, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro. Y senalaba el efecto de esta comunicación de la luz, anadiendo: Tu has infundido la alegria en mi corazón (Ps 4,7), alegria con la que, ensanchado el corazon, corre por la senda de los mandatos divinos.
Facilmente se descubre que es asi, porque, en efecto, la doctrina cristiana nos hace conocer a Dios y lo que llamamos sus infinitas perfecciones, harto mas hondamente que las fuerzas naturales. ¿Y como esto? Mandandonos a un mismo tiempo reverenciar a Dios por obligaciones de fe, que se refiere a la razon; por deber de esperanza, que se refiere a la voluntad; y por deber de caridad, que se refiere al corazon, con la cual deja al hombre enteramente sometido a Dios, su Creador y Moderador. De la misma manera, solo la doctrina cristiana pone al hombre en posesión de su eminente dignidad natural en cuanto hijo del Padre celestial, que esta en los cielos, que le hizo a su imagen y semejanza para vivir con l eternamente dichoso. Pero de esta misma dignidad y del conocimiento que de ella se ha de tener infiere Cristo que los hombres deben amarse como hermanos y vivir en la tierra como conviene a los hijos de la luz, no en comilonas y borracheras, no en deshonestidades y disoluciones, no en contiendas y envidias (Rm 13,13); mandanos asimismo que nos entreguemos en manos de Dios, que es quien cuida de nosotros; que socorramos al pobre, hagamos bien a nuestros enemigos y prefiramos los bienes eternos del alma a los perecederos del tiempo.
Y sin tocar menudamente a todo, ¿no es la doctrina de Cristo la que recomienda y prescribe al hombre soberbio aquella humildad que es manantial verdadero de su gloria? Cualquiera que se humillare sera el mayor en el reino de los cielos (Mateo, 28, 4). Esta celestial doctrina nos ensena igualmente la prudencia del espiritu, que nos sirve para guardarnos de la carne; la justicia, que nos hace darle lo suyo a cada cual; la fortaleza que nos hace capaces de sufrir y padecer todo generosamente por Dios y por la eterna bienaventuranza; en fin, la templanza, que hace para nosotros amable la pobreza por amor de Dios y que en medio de nuestras humillaciones nos gloriemos en la cruz. De manera que por la sabiduria cristiana, no solamente nuestra inteligencia recibe la luz que nos permite alcanzar la verdad, pero la misma voluntad queda presa de aquel amor que nos conduce a Dios y nos une a l mediante el ejercicio de la virtud.
Lejos estamos de afirmar que la malicia del alma y la corrupción de las costumbres no pueden existir con la ciencia de la Religion. Pluguiese a Dios que los hechos demostrasen lo contrario. Pero entendemos que cuando al espiritu lo envuelven las espesas tinieblas de la ignorancia, no pueden darse ni la rectitud de la voluntad ni las buenas costumbres, pues si caminando con los ojos abiertos puede apartarse el hombre del buen camino, el que padece de ceguera esta en peligro cierto de desviarse. Anadase que en quien no esta enteramente apagada la antorcha de la fe, todavia queda esperanza de que se enmiende y sane la corrupción de costumbres; mas cuando la ignorancia se junta a la depravacion, ya no queda espacio para el remedio, sino abierto el camino de la ruina.
20 de diciembre de 1905
El Sagrado Concilio de Trento, teniendo en cuenta las inefables gracias que provienen a los fieles cristianos de recibir la Santisima Eucaristia, dice: "Desea en verdad el Santo Concilio que en cada una de las misas comulguen los fieles asistentes, no solo espiritual, sino también sacramentalmente" (1). Estas palabras dan a entender con bastantes claridad el deseo de la Iglesia de que todos los fieles diariamente tomen parte en el celestial banquete, para sacar de él mas abundantes frutos de santificacion.
Estos deseos coinciden con los en que se abrasaba nuestro Señor Jesucristo al instituir este divino Sacramento. Pues El mismo indico repetidas veces, con claridad suma, la necesidad de comer a menudo su carne y beber su sangre, especialmente con estas palabras: "Este es el pan que descendio del Cielo; no como el mana que comierón vuestros padres y murieron: quien come este pan vivira eternamente" (2). De la comparación del Pan de los Angeles con el pan y con el mana facilmente podian los discipulos deducir que, asi como el cuerpo se alimenta de pan diariamente, y cada dia eran recreados los hebreos con el mana en el desierto, del mismo modo el alma cristiana podria diariamente comer y regalarse con el Pan del Cielo. A mas de que casi todos los Santos Padres de la Iglesia enseñan que el pan de cada dia (3), que se manda pedir en la oración dominical, no tanto se ha de entender del pan material, alimento del cuerpo, cuanto de la recepción diaria del Pan Eucaristico.
Mas Jesucristo y la Iglesia desean que todos los fieles cristianos se acerquen diariamente al sagrado convite, principalmente para que, unidos con Dios por medio del Sacramento, en él tomen fuerza para refrenar las pasiones, purificarse de las culpas leves cotidianas e impedir los pecados graves a que esta expuesta la debilidad humana; pero no precisamente para honra y veneración de Dios, ni como recompensa o premio a las virtudes de los que le reciben (4). Por ello el Sagrado Concilio de Trento llama a la Eucaristia antidoto con el que somos liberados de las culpas cotidianas y somos preservados de los pecados mortales (5)
Los primeros fieles cristianos, entendiendo bien esta voluntad de Dios, todos los dias
se acercaban a esta mesa de vida y fortaleza. Ellos perseveraban en la doctrina de los Apostoles y en la comunicación de la fracción del Pan (6). Y que esto se hizo también durante los siglos siguientes, no sin gran fruto de la perfección y santidad, lo enseñan los Santos Padres y escritores eclesiasticos.
Pero cuando poco a poco hubo disminuido la piedad, y principalmente cuando mas
tarde se hallo por doquier extendida la herejia jansenista, se comenzo a disputar acerca de las disposiciones necesarias para la frecuente y diaria comunion, y, como a porfia, cada cual las exigia mayores y mas dificiles como absolutamente necesarias. Estas disputas dierón por resultado que solo a poquisimos se tuviera por dignos de recibir diariamente la Santisima Eucaristia y sacar de este saludable Sacramento sus mas abundantes frutos, contentandose los demas con alimentarse de él una vez al ano, al mes, o, a lo sumo, a la semana. Es mas, se llego a tal exigencia que quedaban excluidas de frecuentar la Mesa celestial clases sociales enteras, como los comerciantes y las personas casadas.
Otros, a su vez, abrazarón la opinión contraria. Considerando éstos como mandada por derecho divino la Comunión diaria, para que no pasase un solo dia sin comulgar, sostenian, a mas de otras cosas fuera de la practica ordinaria de la Iglesia, que debia recibirse la Eucaristia aun el dia de Viernes Santo, y de hecho la administraban.
No dejo la Santa Sede de cumplir su deber en cuanto a esto. Pues un decreto de
esta Sagrada Congregacion, que empieza Cum ad aures, del dia 12 de febrero de 1679, aprobado por Inocencio XI (7), condeno estos errores y refreno los abusos, declarando al mismo tiempo que todas las personas, de cualquier clase social, sin exceptuar en modo alguno a los comerciantes y casados, fueran admitidas a la Comunión frecuente, según la piedad de cada uno y el juicio de su confesor. El dia 7 de diciembre de 1690 fue condenada por el decreto Sanctissimus Dominus noster, de Alejandro VIII (8), una proposición de Bayo que pedia de aquellos que quisieran acercarse a la sagrada Mesa, un amor de Dios purisimo sin mezcla de defecto alguno.
Con todo, no desaparecio por completo el veneno jansenista, que habia inficionado hasta las almas piadosas so pretexto del honor y veneración debidos a la Eucaristia. La discusión de las disposiciones para comulgar bien y con frecuencia, sobrevivio a las declaraciones de la Santa Sede; y asi hasta teologos de gran nombre juzgarón que solo pocas veces, y cumplidas muchas condiciones, podia permitirse a los fieles la Comunión cotidiana.
No faltaron, por otra parte, hombres dotados de ciencia y piedad que abrieran facil entrada a esta practica tan saludable y acepta a Dios, enseñando, fundados en la autoridad de los Padres, que nunca la Iglesia habia preceptuado mayores disposiciones para la Comunión diaria que para la semanal o mensual; y que eran muchisimo mas abundantes los frutos de la Comunión diaria que los de la semanal o mensual.
Las discusiones sobre este punto han aumentado y se han agriado en nuestros dias;
en consecuencia, se inquieta la mente de los Confesores y la conciencia de los fieles, con no pequeno dano de la piedad y fervor cristianos. Por esto, hombres muy preclaros y Pastores de almas han suplicado rendidamente a nuestro Santisimo Señor, Pio Papa X, que resuelva con su autoridad suprema la cuestión acerca de las disposiciones para recibir diariamente la Eucaristia, para que esta costumbre tan saludable y tan acepta a Dios, no solo no disminuya entre los fieles, sino mas bien aumente y se propague por todas partes, precisamente en estos tiempos en que la Religión y la fe católica són combatidas por todos lados, y se echa tanto de menos el verdadero amor de Dios y la piedad. Y por ello, Su Santidad, deseando sobre todo, dado su celo y solicitud que el pueblo cristiano sea llamado al sagrado convite con muchisima frecuencia y hasta diariamente, y disfrute de sus grandisimos frutos, encomendo el examen y resolución de la predicha cuestión a esta Sagrada Congregacion.
La Sagrada Congregación del Concilio, en la sesión plenaria del dia 16 de diciembre de 1905, examino detenidamente este asunto, y, ponderadas seriamente las razones en pro y en contra de una y otra opinion, determino y declaro lo que sigue:
1º - Dése amplia libertad a todos los fieles cristianos, de cualquier clase y condición que sean, para comulgar frecuente y diariamente, pues asi lo desean
ardientemente Cristo nuestro Señor y la Iglesia Catolica: de tal manera que a nadie se le niegue, si se halla en estado de gracia y tiene recta y piadosa intencion.
2º - La rectitud de intención consiste en que el que comulga no lo haga por rutina,
vanidad o respetos humanos, sino por agradar a Dios, unirse mas y mas con El
por el amor y aplicar esta medicina divina a sus debilidades y defectos.
3º - Aunque convenga en gran manera que los que comulgan frecuente o diariamente estén libres de pecados veniales, al menos de los completamente voluntarios, y de su afecto, basta, sin embargo, que estén limpios de pecados mortales y tengan proposito de nunca mas pecar; y con este sincero proposito no puede menos de suceder que los que comulgan diariamente se vean poco a poco libres hasta de los pecados veniales y de la afición a ellos.
4º - Como los Sacramentos de la Ley Nueva, aunque produzcan su efecto ex opere operato, lo causan, sin embargo, mas abundante cuanto mejores són las disposiciones de los que los reciben, por eso se ha de procurar que preceda a la Sagrada Comunión una preparación cuidadosa y le siga la conveniente acción de gracias, conforme a las fuerzas, condición y deberes de cada uno.
5º - Para que la Comunión frecuente y diaria se haga con mas prudencia y tenga mas mérito, conviene que sea con consejo del Confesor. Tengan, sin embargo, los Confesores mucho cuidado de no alejar de la Comunión frecuente o diaria a los que se hallen en estado de gracia y se acerquen con rectitud de intencion.
6º - Y como es claro que por la frecuente o diaria Comunión se estrecha la union con Cristo, resulta una vida espiritual mas exuberante, se enriquece el alma con mas efusión de virtudes y se le da una prenda muchisimo mas segura de felicidad, exhorten, por esto, al pueblo cristiano a esta tan piadosa y saludable costumbre con repetidas instancias y gran celo los Parrocos, los Confesores y predicadores, conforme a la sana doctrina del Catecismo Romano.
7º - Promuévase la Comunión frecuente y diaria principalmente en los Institutos religiosos, de cualquier clase que sean, para los cuales, sin embargo, queda en vigor el decreto Quemadmodum, del 17 de diciembre de 1890 (10), dado por la S. Congregación de Obispos y Regulares; promuévase también cuanto sea posible en los Seminarios, cuyos alumnos anhelan por servir al altar; e igualmente en los demas colegios cristianos de la juventud.
8º - Si hay algunos Institutos, de votos simples o solemnes, cuyas reglas, constituciones o calendarios senalen y manden algunos dias de Comunion, estas
normas se han de tener como meramente directivas y no como preceptivas. Y para que todos los religiosos de uno y otro sexo puedan enterarse bien de las disposiciones de este decreto, los superiores de cada una de las casas tendran cuidado de que todos los anos en la infraoctava del Corpus Christi sea leido a la comunidad en lengua vulgar.
9º - Finalmente absténganse todos los escritores eclesiasticos, desde la promulgación de este decreto, de toda disputa o discusión acerca de las disposiciones para la frecuente y diaria Comunion.
Habiendo dado cuenta de todo esto a Nuestro Santisimo Señor Papa Pio X, el infrascrito Secretario de la Sagrada Congregacion, en audiencia del 17 de diciembre de 1905, Su Santidad ratifico este decreto de los Padres Eminentisimos, lo confirmo y mando publicar, no obstando en nada cosa en contrario (11). Mando además que se enviase a todos los Ordinarios y Prelados regulares para que lo comunicaran a sus seminarios, parrocos, institutos religiosos y sacerdotes respectivamente, y dieran cuenta a la Santa Sede en sus relaciones del estado de la diocesis o instituto, de la ejecución de lo que en él se establece.
Dado en Roma, a 20 de Diciembre de 1905.
Vicente, Card. Ob. de Palestrina, Prefecto
C. de Lai, Secretario
NOTAS
(1) Trid. Sess. 22, cap. 6.
(2) Juan, 6, 59.
(3) Luc., 11, 3.
(4) S. Aug. Serm. 57 in Mt De orat. Dom. v. 7.
(5) Trid. Sess. 13, c. 2.
(6) Act. 2, 42.
(7) Véase Inocencio XI el decreto de la Sagr. Congregación del Concilio sobre la frecuente y diaria recepción de la Santa Comunion. 12-2-1679 (Denzinger-Umb. ns. 1147-1150)
(8) Véase Alejandro VIII, Decreto del Santo Oficio sobre los errores ansenistas, del 7-12-1690 (Denz.-Umb. n. 1313.
(9) Catec. Rm, parte II, c. 4, 58.
(10) Véase León XIII, Decreto de la Sagr. Congregación de los Obispos y Regulares, del 17-12-1890.
(11) Pio XII introdujo substanciales reformas en la ley del ayuno, para facilitar la celebración de la Misa tardia y vespertina de los sacerdotes y la frecuente recepción de la S. Eucaristia. Véase Constitución Apostolica "Christus Dominus", del 6-1-1953, con la respectiva Instrucción de la Sagrada Congregación del Concilio, Constitutio Apostolica, 5-1-1953.
SAN PIO X
Decreto sobre los errores del "Modernismo"
(3/7/1907)
Son lamentables los resultados con que los tiempos actuales, refractarios a toda mesura, van tras las novedades que la investigación de las supremas razones de las cosas ofrece, y caen en gravisimos errores al mismo tiempo que desprecian lo que es la herencia del género humano. Estos errores són mucho mas graves cuando se trata de la ciencia sagrada, o de la interpretación de la Sagrada Escritura, o de los mas importantes misterios de la fe. Es muy doloroso encontrar incluso no pocos escritores católicos que traspasan los limites puestos por los Santos Padres y por la Iglesia misma, y se dedican a desarrollar los dogmas de una manera que en realidad no es mas que deformarlos; y esto con el pretexto de ofrecer una mas profunda comprensión de los mismos y en nombre de la critica historica.
Estos errores se estan difundiendo cada vez mas entre los files; para que no arraiguen en ellos corrompiendo la pureza de su fe, nuestro Santisimo Padre el Papa Pio X ha encomendado a este Tribunal de la Santa Inquisición Romana y Universal que senale y condene los principales de esos errores.
En consecuencia, después de un detenido examen, y con el voto de los Consultores, los Eminentisimos Cardenales, Inquisidores Generales en cuestiones de fe y de costumbres, creyerón conveniente condenar y proscribir las proposiciones siguientes, tal y como se reprueban y proscriben en este Decreto.
Son lamentables los resultados con que los tiempos actuales, refractarios a toda mesura, van tras las novedades que la investigación de las supremas razones de las cosas ofrece, y caen en gravisimos errores al mismo tiempo que desprecian lo que es la herencia del género humano. Estos errores son mucho mas graves cuando se trata de la ciencia sagrada, o de la interpretación de la Sagrada Escritura, o de los mas importantes misterios de la fe. Es muy doloroso encontrar incluso no pocos escritores católicos que traspasan los limites puestos por los Santos Padres y por la Iglesia misma, y se dedican a desarrollar los dogmas de una manera que en realidad no es mas que deformarlos; y esto con el pretexto de ofrecer una mas profunda comprensión de los mismos y en nombre de la critica historica.
Estos errores se estan difundiendo cada vez mas entre los files; para que no arraiguen en ellos corrompiendo la pureza de su fe, nuestro Santisimo Padre el Papa Pio X ha encomendado a este Tribunal de la Santa Inquisición Romana y Universal que senale y condene los principales de esos errores.
En consecuencia, después de un detenido examen, y con el voto de los Consultores, los Eminentisimos Cardenales, Inquisidores Generales en cuestiones de fe y de costumbres, creyerón conveniente condenar y proscribir las proposiciones siguientes, tal y como se reprueban y proscriben en este Decreto.
1. La ley eclesiastica, que ordena someter a la censura previa los libros que tratan de las sagrada Escritura, no afecta a los escritores que se dedican a la critica o a la exégesis cientifica de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.
2. No se debe menospreciar la interpretación que la Iglesia hace de los Libros Sagrados; sin embargo, debe estar sometida al juicio y corrección mas profundos de los exegetas.
3. Los juicios y censuras de la Iglesia contra una exégesis libre y mas cientifica hacen pensar que la fe propuesta por la Iglesia contradice a la historia, y que los dogmas católicos no pueden compaginarse con los verdaderos origenes de la religión cristiana.
4. El magisterio de la Iglesia no puede determinar ni siquiera por medio de definiciones dogmaticas, el genuino sentido de las Sagradas Escrituras.
5. Dado que el deposito de la fe solamente contiene verdades reveladas, bajo ningun concepto corresponde a la Iglesia juzgar acerca de las afirmaciones de la ciencia humana.
6. Es de tal indole la colaboración entre la Iglesia discente y la Iglesia docente para definir las verdades, que la Iglesia docente se limita a aprobar las opiniones comunes de la discente.
7. Cuando la Iglesia condena errores, no puede exigir a los fieles un asentimiento interno, por el que se adhieran a los juicios por ella emitidos.
8. Se han de considerar libres de culpa a quienes no tienen en cuenta las condenas emanadas de las Sagradas Congregaciones Romanas.(1)
9. Quienes creen que Dios es el verdadero autor de la Sagrada Escritura demuestran ser exageradamente simples o ignorantes.
10. La inspiración de los libros del Antiguo Testamento consiste en que los escritores israelitas transmitierón las doctrinas religiosas bajo un aspecto poco conocido o ignorado por los paganos.
11. La inspiración divina no abarca a toda la Sagrada Escritura, de manera que todas y cada una de sus partes carezcan de error.
12. Si el exegeta quiere dedicarse con provecho a los estudios biblicos, lo primero que ha de hacer es rechazar cualquier ides preconcebida acerca del origen sobrenatural de la Sagrada Escritura y proceder a interpretarla el mismo modo que cualesquiera otros documentos puramente humanos(2).
13. Los mismos evangelistas y los cristianos de la segunda y tercera generación fuerón quienes elaborarón las parabolas del Evangelio; de esta forma justificaban los exiguos frutos qie produjo la predicación de Cristo a los judios.
14. En muchas narraciones, los Evangelistas contarón no tanto lo que es verdad, cuanto lo que juzgarón mas provechoso para sus lectores, aunque fuera falso.
15. Los Evangelistas contarón en muchos de los relatos lo que era verdad como lo que, aun siendo falso, juzgaban que era mas provechoso para los lectores.
16. Las narraciones de San Juan no son propiamente historia, sino una contemplación mistica del Evangelio; los discursos qie el citado Evangelio contiene, son meditaciones teologicas sobre el misterio de la salvacion, desprovistas de verdad historica.
17. El cuarto Evangelio exagero los milagros, no solo para que pareciesen mas extraordinarios, sino también con el fin de que fuesen mas adecuados para simbolizar la obra y la gloria del Verbo Encarnado.
18. San Juan se arroga la condición de testigo de Cristo; pero en realidad no fue mas que un testigo de la vida cristiana, o de la vida de Cristo en la Iglesia, durante los ultimos anos del primer siglo.
19. Los exegetas heterodoxos han expresado el sentido verdadero de las Escrituras con myor fidelidad que los exegetas católicos.
20. La revelación no ha podido ser otra cosa mas que la conciencia que el hombre adquiere de su relación con Dios(3).
21. La revelacion, que constituye el objeto de la fe católica, no quedo cerrada con los Apostoles.
22. Los dogmas que la Iglesia presenta como revelados no son verdades venidas del Cielo, sino solo una interpretación de hechos religiosos que la mente humana se ha proporcionado por medio de un esfuerzo laborioso .
23. Puede existir, y de hecho existe, oposición entre los hechos que la Sagrada Escritura narra y los dogmas de la Iglesia que en ellos se apoyan; por consiguiente, el critico puede rechazar como falsos hechos que la Iglesia cree absolutamente ciertos.
24. No hay por qué condenar al exegeta que sienta unas premisas de las cuales se sigue que los dogmas son historicamente falsos o dudosos, con tal de que directamente no niegue directamente esos dogmas.
25. El asentimiento de la fe se apoya, en ultimo término, en el número de probabilidades.
26. Los dogmas de la fe se han de admitir solamente según su sentido practico; es decir, como normas preceptivas de conducta, no como normas de lo que hay que creer.
27. La divinidad de Jesucristo no se prueba por medio de los Evangelios; pero es un dogma que la conciencia cristiana deduce de la noción del Mesias(4).
28. En el ejercicio de su ministerio, Jesús no hablaba con la finalidad de enseñar que El era el Mesias, ni sus milagros iban encaminados a demostrarlo.
29. Se puede admitir que el Cristo, que nos muestra la historia, es muy inferior al Cristo que es objeto de la fe.
30. En todos los textos evangélicos el nombre de Hijo de Dios esequivalente solo al nombre de Mesias, pero de ningun modo significa que Cristo es verdadero y natural Hijo de Dios.
31. La doctrina que acerca de Cristo, nos han transmitido Pablo, Juan y los Concilios de Nicea, de Efeso y Calcedonia, no es la que Jesús enseno, sino la que acerca Jesús concibio la conciencia cristiana.
32. El sentido natural de los textos evangélicos no puede compaginarse con lo que nuestros teologos enseñan acerca de la conciencia de Jesucristo y de su ciencia infalible.
33. Es evidente para cualquiera que no se deja llevar por ideas preconcebidas que, o bien Jesús estaba equivocado acerca del proximo advenimiento del Mesias, o bien la mayor parte de Su doctrina contenida en los Evangelios Sinopticos no es auténtica.
34. El critico no puede atribuir a Cristo una ciencia ciencia sin limites, a no ser que se apoye en una hipotesis historicamente concebible y que repugna al sentido moral: que Cristo, en cuanto hombre, poseia la ciencia de Dios y, no obstante, no quiso comunicar ese conocimiento acerca de tantas cosas ni a los discipulos ni a la posteridad.
35. No siempre tuvo Cristo conciencia de su dignidad mesianica.
36. La Resurrección del Salvador no es propiamente un hecho historico, sino de orden meramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, que la conciencia cristiana fue poco a poco derivando a partir de otros hechos.
37. En un comienzo, la fe en la Resurrección de Cristo no verso tanto tanto sobre el mismo hecho de la Resurrección como sobre la vida inmortal de Cristo junto a Dios.
38. La doctrina acerca de la muerte expiatoria de Cristo no es evangélica, sino solamente paulina.
39. Las opiniones acercad el origen de los Sacramentos, de que estaban imbuidos los Padres de Trento y que indudablemente influyerón en sus canones dogmaticos, estan muy lejos de las que ahora mantiene con razón la investigación historica sobre el cristianismo.
40. Los sacramentos tuvierón su origen en la idea que los Apostoles y sus sucesores, movidos y convencidos por determinados acontecimientos y circunstancias, se formarón acerca de Cristo y de su intencion.
41. Los sacramentos no tienen mas finalidad que la de mantener viva en el espiritu la presencia siempre benficiosa del Creador.
42. Fue la comunidad cristiana la que introdujo la necesidad del bautismo, al adoptarlo como un rito necesario y anadiéndole las obligaciones de la profesión cristiana.
43. La costumbre de bautizar a los ninos fue una evolución de la disciplina, y fue una de las causas de que el sacramento se dividiera en dos: el Bautismo y la Penitencia.
44. Nada prueba que los Apostoles practicasen el rito del sacramento de la Confirmacion; la distinción formal entre Bautismo y Confirmacion, es ajena a la historia del cristianismo primitivo.
45. No todo lo que San Pablo relata acerca de la institución de la Eucaristia (1Co 11,23-25), ha de ser considerado como historico(5).
46. En la Iglesia primitiva no existia el concepto de pecador cristiano reconciliado por la autoridad de la Iglesia; ésta fue asimilando con gran lentitud el citado concepto; es mas, después de ser conocida la penitencia como una institución de la Iglesia, no se le daba el nombre de Sacramento, pues era considerado como un sacramento infamante.
47. Las palabras del Señor: Recibid el Espiritu Santo; a quienes perdonareis los pecados les sseran perdonados, y a quienes se los retuviereis les seran retenidos (Juan, 20, 22. 23), n se refieren en absoluto al sacramento de la Penitencia, por mas que lo afirmaran asi los Padres de Trento.
48. Santiago, en su epistola (5, 14. 15) no tuvo intención de promulgar un Sacramento de Cristo, sino recomendar una practica piadosa. Si acaso ve en ello algun medio para obtener la gracia, no lo entiende con el rigor con que lo han interpretado los teologos que fijarón el concepto y el número de los sacramentos(6).
49. A medida que la Cena cristiana fue poco a poco convirtiéndose en acción liturgica, quienes solian presidir la Cena adquirierón caracter sacerdotal.
50. Los ancianos que tenian la misión de atender a los grupos de cristianos fuerón instituidos como presbiteros u obispos por los Apostoles, con el fin de que se ocuparan de la necesaria organización de las comunidades en auge, pero no con el fin de perpetuar la misión y potestad apostolica.
51. El matrimonio no pudo convertirse en Sacramento de la nueva ley, sino hasta muy tarde en la Iglesia; puesto que para que el matrimonio se considerase como Sacramento, era necesario que previamente se llegara a un pleno desarrollo teologico de la doctrina sobre la gracia y sobre los Sacramentos.
PIO X, MAGISTERIO - Exhortación final