PIOXII, MAGISTERIO PONTIFICIO
Discurso
Pio XII
24 de junio de 1939
Singular alegria y maximo deleite Nos proporciona esta solemne reunion en que habéis querido, hijos carisimos, ofrecer el testimonio de vuestra piedad y de vuestro amor al Vicario de Jesucristo en la tierra. Vemos ante Nuestro ojos esta gran asamblea en la que es dado contemplar tanto toda clase de perfecciones como la mas grande abundancia de ingenios. Nos conforta la selecta pléyade de sacros doctores tan insignes en las letras divinas y el admirable conjunto de superiores dedicados con toda su actividad a formar santamente los alumnos a ellos confiados, para que lleguen a ser optimos sacerdotes; mas, sobre todo, Nos arrebata la contemplacion de esta magnifica juventud, integrada por clérigos no solo de Roma o de Italia, sino de Europa y de todo el mundo. Y cuando los contemplamos tan aunados en identificacion de voluntades y en semejanza de obras para hacerse capaces -bajo la guia y magisterio del Sucesor de San Pedro- de difundir en los corazones de todos los hombres la doctrina y gracia de Jesucristo, no podemos menos de dar las gracias al Dios Omnipotente por esa plenitud de la vocacion divina; y ello tanto mas cuanto que los jovenes, aqui presentes, representan también a su vez a todos los demas que, contandose por millares, desean consagrarse al sacerdocio en la redondez de la tierra.
Cristo Senor, bien lo sabéis todos, dijo a sus Apostoles: Vosotros sois la luz del mundo(1). La luz brilla, el sol caldea. Tal es vuestro fin, ésa la meta senalada al sacerdocio catolico; ser sol sobrenatural que ilumine con la verdad de Cristo las mentes de los hombres, inflamando a la vez sus corazones en el amor de Cristo. Luego es necesario que a tal fin y a tal intencion responda toda la preparacion y formacion para el sacerdocio.
Si todos vosotros queréis ser luz de la verdad, que viene de Cristo, ante todo tenéis que ser ilustrados vosotros mismos por esa verdad. Por ello os dedicais con ahinco a los estudios de las sagradas ciencias.
Si ansiais encender los animos de los hombres en la caridad de Cristo, vosotros mismos debéis arder antes en esa caridad. A ello responde vuestra educacion religioso-ascética.
Bien sabéis, dilectisimos hijos, que los estudios eclesiasticos se regulan por aquella excelente Constitucion Deus scientiarum Dominus, publicada por Nuestro Predecesor, de f. m., Pio XI. Y en aquélla Constitucion se establece cuidadosamente -y hay que llevarla con diligencia a la practica- la diferencia entre las disciplinas principales (completadas por las auxiliares) y las otras que se denominan especiales. Aquéllas -cuiden de ello bien los profesores tanto en las ensenanzas como en los examenes- han de ocupar el lugar principal, siendo como el centro de los estudios; éstas han de ensenarse y practicarse, para acompanar y completar convenientemente las principales, pero nunca se les dedique la aficion y el esfuerzo de tal suerte que por ello el estudio diligente y preeminente de las principales pueda recibir ni el mas minimo detrimento.
Sabiamente se ha instituido y rigurosamente ha de cumplirse, que los profesores ensenen totalmente la filosofia racional y la teologia y formen en ellas a los alumnos segun el método, doctrina y principios del Angélico Doctor, y los sigan rigurosamente(2). Es tal la sabiduria del Aquinatense, que recoge en apretado haz y en maravillosa unidas las verdades de la razon iluminadas por luz superior; es tal, que se adapta perfectamente a la declaracion y defensa de los dogmas de la fe; por ultimo, es tal, que sirve para derrotar y deshacer victoriosamente cualesquiera errores, en cualquier época que aparezcan. Por lo tanto, hijos dilectisimos, que vuestro animo esté lleno de amor y devocion a Santo Tomas; dedicaos con todas vuestras fuerzas a entender totalmente su luminosa doctrina; y abrazad de buen grado cuanto claramente le pertenece y con plena seguridad es fundamental en ella.
Hemos creido deber Nuestro recordar estos preceptos dados hace ya tiempo por Nuestros Antecesores e instaurarlos integramente donde todavia no se hubieren cumplido; a la vez que hacemos Nuestras las normas y avisos de los mismos Predecesores Nuestros, con que quisieron defender el progreso en la ciencia verdaderamente tal y la legitima libertad en los estudios. Aprobamos y recomendamos ciertamente que se adapte la antigua sabiduria a los nuevos intentos de las ciencias, en la medida necesaria; que se disputen libremente aquellas cuestiones sobre que suelen discutir los buenos intérpretes del Angélico Doctor; y que, para entender en su total plenitud los textos del Aquinatense, se empleen todos los recursos que ofrece la historia. Que nadie, por su sola autoridad, se erija como maestro en la Iglesia(3); que no exijan unos de otros mas de lo que a todos exige la Iglesia, maestra y madre de todos(4); que, finalmente, no se fomenten las vanas discusiones.
Si, segun confiamos, se realizan todas estas cosas, habran de esperarse grandes provechos para los estudios. Pues la recta emulacion en buscar y propagar la verdad no queda suprimida por la recomendacion de la doctrina de Santo Tomas; crece mas bien y siempre dirigida con toda seguridad.
Mas, para que vuestra formacion intelectual, dilectisimos jovenes, se vea coronada por los mas preciosos frutos, es necesario, y os exhortamos a ello con todo ahinco, que los torrentes de sabiduria que recibis durante el curso de los estudios, no se dirijan tan solo a vencer las pruebas escolares, sino mas bien a imprimir en vuestras almas una especie de caracter firme que nunca se borre, y del cual, cuando haya necesidad, podais derivar cuanto necesitéis, en cada momento, ya de palabra, ya por escrito, para propagar la verdad catolica y para llevar sin cesar los hombres a Cristo.
Cuanto os decimos sirve tanto para la verdad fundada en la fuentes divinas, cuanto para la que se apoya en los principios racionales; esto es, para ilustrar o defender los principios de la filosofia cristiana. A aquel relativismo que Nuestro Predecesor, de i. m., Pio XI, al igualarlo plenamente al modernismo dogmatico y reprobarlo con todas sus fuerzas, llamo modernismo moral, juridico y social(5) -por cuanto ni admite ya una norma supremma de la verdad y del error, ni como inmutables las leyes del bien y del mal, de la rectitud y de la justicia, sino que mantiene que han de ser tales solo segun la conveniencia de cada uno de los hombres, clases sociales, naciones y gentes-, a ese modernismo, decimos, debéis oponer impavidamente, cual cumple a los heraldos del Evangelio, las verdades perfectas, inmutables y absolutisimas, que provienen de Dios, y de las que se derivan necesariamente los derechos y deberes de los individuos, de la familia y de las naciones, sin los cuales no pueden subsistir la dignidad y la felicidad de la sociedad civil; y lograréis esto magnificamente, si estas verdades dominaren vuestras inteligencias de tal suerte que estéis dispuestos a no rehusar molestia alguna por ellas, como lo estais a no rehuir ningun sufrimiento por los misterios de la santa fe.
Habéis de procurar también exponer la verdad en forma tal que sea rectamente entendida y asimilada, empleando siempre un lenguaje claro que nunca es ambiguo, evitando los vanos y nocivos cambios que tan facilmente inficionan la sustancia de la verdad. Tal fue siempre la practica, y tal la costumbre, de la Iglesia Catolica. Cuadra también con esto aquella frase de San Pablo, de que Jesucristo... no fue "si" y "no", sino que todo en El es un "si" invariable(6).
Si volvemos nuestra mirada al orden de la verdad revelada y de los misterios de la fe catolica, es cierto que los grandes progresos de los adelantos naturales, y mas aun el estrépito con que se propaga la cultura tocante a las cosas terrenas, han perturbado de tal suerte las mentes de muchos, que apenas si pueden ya percibir lo sobrenatural; pero no es menos cierto que sacerdotes muy activos, e intimamente imbuidos en las verdades de la fe y repletos del Espiritu de Dios, reportan hoy, en la conquista de almas para Cristo, los mayores éxitos, tan admirables que nunca se lograron tales. Para que os forméis y seais siempre como esos sacerdotes, a imitacion y ejemplo de S. Pablo, nada tengais en tanta estima como el estudio de la Teologia, ya biblico-positiva, ya especulativa. Pensad bien que los fieles de hoy exigen tener buenos pastores de almas y eruditos confesores. ¡Dedicaos, pues, con piadoso fervor al estudio de la teologia moral y del derecho canonico! Que también la ciencia del derecho canonico se dirige a la salud de las almas, pues sus normas y leyes tienden ante todo a que los hombres vivan y mueran santos por la gracia de Dios.
Las disciplinas historicas, en la parte que toca a los cursos ordinarios, ocupense no tanto de cuestiones criticas y apologéticas, que ciertamente tienen también su importancia, sino mas bien insistan principalmente en mostrar la grande y perenne actividad de la Iglesia; esto es, cuanto ha trabajado la Iglesia; cuanto ha padecido; por qué medios y con qué éxito ha cumplido el divino mandato de su mision; como ha desarrollado y practicado la caridad; donde se esconden los peligros que se oponen al actual florecer de la Iglesia; en qué condiciones fueron magnificas las relaciones entre la Iglesias y las Naciones, y en cuales no; hasta donde puede la Iglesia ceder en favor del poder civil, y en qué circunstancias ha de permanecer inconmovible; finalmente, un juicio maduro acerca de la naturaleza de la Iglesia, y un sincero amor a ella. Ved las materias que la clase de Historia Eclesiastica ha de suministrar y fomentar en los alumnos, y principalmente en vosotros, mis dilectisimos hijos, que os hallais en esta Ciudad, en la que los antiguos monumentos, las riquisimas bibliotecas y los archivos abiertos al estudio e investigacion, ponen bien a la vista la vida de la Iglesia Catolica a través de todos los siglos.
Y para que vuestra constancia y vuestra virtud no desmayen, bebed diariamente, cuanto posible os sea, en las inexhaustas fuentes de los libros sagrados, principalmente del N. Testamento, el genuino espiritu de Jesucristo y de los Apostoles, y que brille siempre en vuestras mentes, en vuestras palabras, en vuestras obras. Sed infatigables en el trabajo, aun en los periodos de vacaciones, de suerte que vuestros superiores puedan decir confiados: Que vuestra luz alumbre delante de los hombres, de suerte que vean vuestras obras buenas, y den gloria a vuestro Padre, que esta en los cielos(7).
A vuestra divina vocacion corresponde allanar el camino, en las almas de los hombres, para el amor y gracia de Jesucristo. Para ello es necesario que antes ardais vosotros mismos en aquel amor. Pero ese amor de Jesucristo lo encenderéis en vosotros por la union con Cristo mediante la oracion y el sacrificio.
Union, decimos, en la oracion; pues si Nos preguntais qué divisa promulgamos, al comenzar Nuestro Pontificado, para todos los sacerdotes, respondemos: ¡Orad, orad mas y mas, orad con mayor instancia!
Y luego por la union en el sacrificio: en el Sacrificio Eucaristico. Pero no solo en la Eucaristia, sino también con el sacrificio en cierto modo propio de cada uno. Pues bien sabeis que uno de los efectos de la Santisima Eucaristia es que da a los que la reciben fuerza para la abnegacion y el sacrificio propios. Cierto es que son distintas y especiales las diversas formas de la ascética cristiana y que se diferencian grandemente en cosas secundarias; pero ninguna de ellas conoce el camino hacia el amor de Dios fuera del sacrificio propio. Asi lo pide Cristo a sus seguidores, al decir: Si alguno quiere venir en pos de Mi, niéguese a si mismo y tome a cuestas su cruz cada dia y sigame(8); al definir el camino para el amor de Dios expresamente en la observancia de los divinos mandamientos(9), y finalmente, al pronunciar, dirigida sobre todo a sus Apostoles, aquella sentencia tan admirable: En verdad, en verdad os digo, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda él solo; mas si muere, lleva mucho fruto(10).
La vocacion sacerdotal y su dignidad os exigen singulares sacrificios -permitid que os lo digamos asi-, entre los cuales el principal ha de ser el sacrificio lleno de consagracion a Cristo, que consiste en el celibato. ¡Probaos bien! Y si algunos se encontraren débiles para observarlo, les rogamos que, marchando del Seminario, vaya a otra profesion, en la que pasen con honor y fruto sus anos, mas bien que continuar en el Santuario tal vez no sin peligro de su eterna salvacion y de la deshonra de la Iglesia. A los que ya viven en estado sacerdotal o van a entrar en él, les exhortamos a que se consagren plenamente y con toda el alma. Cuidad, no sea que en esta entrega y liberalidad hacia el Senor seais superados por tantos hijos fieles, que hoy por la gloria de Dios y de la fe de Jesucristo sufren con paciencia las mayores privaciones; antes bien, cuidad de brillar con vuestro ejemplo para todos en esta lucha, y con vuestro trabajo y con vuestra devocion, procuradles, a ellos y a todos, la divina gracia en la vida y en la muerte.
Ahora bien: y este mandamiento tenemos de Dios: que quien ama a Dios ame también a su hermano(11). Jesucristo mismo declaro que tal amor al projimo es la senal y como el distintivo de todo hombre cristiano(12); por lo tanto, con mayor razon ha de tenerse como distintivo del sacerdote catolico; amor que, por lo demas, no puede separarse de la caridad de Dios, segun claramente ensena el apostol San Pablo cuando, ensalzando la caridad con grandilocuente elogio, ralaciona intimamente el amor de Dios y el de los projimos(13). Pero esta caridad del projimo, ignorando los limites, se extiende a todos los hombres, lenguas, naciones y razas. Asi, pues, carisimos hijos, usad la deseadisima y singular oportunidad, que os ofrece vuestra estancia en Roma, de ejercer vuestra caridad con una multitud tan grande de jovenes que, aunque procedan de las naciones mas diversas y mas alejadas, son, sin embargo, todos del mismo tiempo, de la misma fe, de la misma vocacion, del mismo amor a Jesucristo, y, sobre todo, del mismo derecho, absolutamente igual para todos, en la Iglesia. Aprovechad, os instamos, esta ocasion para fomentar esa caridad; que nada digais y nada hagais que pueda herirla lo mas minimo. Dejad a los demas las disputas de los partidos politicos: que no os pertenece a vosotros tratar esas cosas. Vosotros, por lo contrario, comunicad mutuamente todo cuanto conduzca y pueda servir para ayudar al apostolado y al cuidado de las almas, al estado actual de la Iglesia y a su futuro desarrollo.
Finalmente, si queréis crecer en el amor de Cristo, conviene que cada vez crezcais mas en la obediencia, confianza y amor que, como hijos, debéis al Vicario de Jesucristo. En El prestais obediencia y reverencia al mismo Cristo; para vosotros Cristo esta presente en El. Absurda es la distincion que algunos intentan hacer, al separar la Iglesia juridica de la Iglesia de la caridad. La Iglesia fundada en el derecho, cuya cabeza es el Pontifice, es la misma Iglesia de Cristo, Iglesia de la caridad, y toda la familia de los cristianos. Que reinen siempre entre vosotros y Nos aquellos sentimientos que en la familia verdaderamente cristiana unen al padre con los hijos, y a los hijos con el padre. Vosotros, que vivis en esta Ciudad, sois testigos bien calificados de como esta Sede Apostolica, sin tener en cuenta consideracion humana alguna, nada piensa, nada busca sino el bien, la felicidad, la salvacion finalmente, de todos los fieles y de todo el género humano; comunicad con vuestros hermanos por todo el orbe de la tierra aquella confianza que vosotros habéis llegado a adquirir aqui por propia experiencia, de suerte que todos seais una sola cosa con el Sumo Pontifice en la caridad de Cristo.
Vuestro apostolado sacerdotal, iluminado por la divina verdad, e improntado por el amor a Jesucristo, aun entre las horrendas tempestades de un mundo alejado de la verdad y del amor, y no obstante tantas dificultades y tristezas -que son como el privilegio de todos los que trabajan en el apostolado y los acompanan como consecuencia casi natural-, no carecera, con la gracia de Dios, ni de abundantisimo fruto para la salvacion de las almas, ni de aquel consuelo, causa de felicidad, repleto del cual exclamaba el santisimo Doctor de las Gentes: Por medio de Cristo rebosa nuestra consolacion(14).
Solo Dios sabe por qué caminos os conducira su Providencia a cada uno de vosotros, qué subidas y qué bajadas, qué penascales y qué zarzales os esperan. Pero una cosa fija ha de mantenerse con toda certeza en la vida de cada sacerdote que esté imbuido en la verdad y amor de Cristo: esto es, la esperanza en aquel que nos dio la victoria por nuestro Senor Jesucristo(15).
Y esta certeza de la victoria sobrenatural, ¿en quién podra echar raices mas profundas, sino en vosotros, pues habéis bebido, junto a los sepulcros de los Apostoles y a las catacumbas de los martires, aquel espiritu que en tiempos pasados renovo al género humano, y que hoy hace esperar también el mayor vigor para las promesas de Jesucristo? Por lo tanto a vosotros, hijos dilectisimos, os reiteramos gravemente lo que el beatisimo San Pablo dice alegre y seguro acerca del fruto del trabajo apostolico: Asi que, hermanos mios amados, procurad estar firmes, inconmovibles, aventanjandoos en la obra del Senor continuamente, sabiendo que vuestra fatiga no es vana en el Senor(16).
Fundados en esta gran esperanza, e invocando sobre todos y cada uno de vosotros abundantisimas gracias del eterno Pontifice, de todo corazon os damos, prenda de esa gracia que ilumina y corrobora, Nuestra Bendicion Apostolica.
Notas
(1) Mt 5,14.
(2) C.I.C. c. 1366 2.
(3) Bened. XV: A.A.S. 6 (1914),576.
(4) Pius XI: A.A.S. 15 (1923),324.
(5) Enc. Ubi arcano: A.A.S. 14 (1922) 696.
(6) 2Co 1,19.
(7) Mt 5,16.
(8) Lc 9,23.
(9) Jn 15,10.
(10) Jn 12,24-25.
(11) 1Jn 4,21. volver)
(12) Jn 13,35.
(13) 1Co 13.
(14) 2Co 1,5.
(15) 1Co 15,57.
(16) 1Co 15,58.
PIO XII Solidaridad humana y estado totalitario Sobre los errores y verdades de hoy 20/10/1939
1 Dios, en su secreto designio, nos ha confiado, sin mérito alguno nuestro, la dignidad y las graves preocupaciones del supremo pontificado precisamente en el ano en que se cumple el cuadragésimo aniversario de la consagracion del género humano al Sacratisimo Corazon del Redentor, que nuestro inmortal predecesor Leon XIII intimo a todo el orbe, al declinar el pasado siglo, en los umbrales del Ano Santo.
2. Con suma alegria e intimo gozo acogimos entonces como mensaje del cielo la enciclica Annum Sacrum (1) , precisamente cuando recién ordenados de sacerdote, habiamos podido recitar el Introibo ad altare Dei 3 . Y ¡con qué ardiente entusiasmo unimos nuestro corazon a los pensamientos y a las intenciones que animaban y guiaban aquel acto, llevado a cabo, no sin una especial providencia, por un Pontifice que con tan profunda agudeza conocia las necesidades y los males manifiestos y ocultos de su tiempo! Por esto, no podemos dejar de manifestar nuestro agradecimiento a la divina Providencia, que ha querido hacer coincidir nuestro primer ano de pontificado con un recuerdo tan trascendental y querido de nuestro primer ano de sacerdocio. Aprovechando de buena gana esta oportunidad, Nos queremos que el culto debido al Rey de reyes y al Senor de los senores 4 sea como la plegaria introductoria de nuestro pontificado, cumpliendo asi los deseos de nuestro santo predecesor. Sea este culto también el fundamento en que se apoyan y el proposito que pretenden tanto nuestra voluntad esperanzada como nuestra ensenanza y pastoral actividad, y, finalmente, el sufrimiento de los trabajos y penas, que consagramos exclusivamente a la difusion del reino de Cristo.
3. Si contemplamos a la luz de la eternidad los acontecimientos externos y el crecimiento de vida interior logrado durante los ultimos cuarenta anos y medimos, por una parte, sus grandezas y, por otra, sus deficiencias, aquella consagracion del género humano a Jesucristo Rey revela cada vez mas a nuestro espiritu su hondo significado sagrado, su simbolismo exhortador, su fuerza purificadora, elevante, defensora y consolidadora de las almas, y al mismo tiempo, con no menor evidencia, observan nuestros ojos con cuanta sabiduria procura esa consagracion restablecer por completo la salud de toda la sociedad humana y promover la verdadera prosperidad de ésta. Esta consagracion nos parece como un mensaje de exhortacion y de gracia divina no solo para la Iglesia, sino también para toda la humanidad, que, necesitada de estimulo y de guia, se apartaba del camino recto y, hundiéndose en las cosas de la tierra y poniendo en ellas de manera exclusiva su deseo, perecia miserablemente; mensaje para todos los hombres que, en numero cada dia mayor, se alejaban de la fe en Cristo e incluso también del reconocimiento y de la observancia de su ley; mensaje, finalmente, que se alzaba contra una concepcion de la vida, muy extendida, para la cual el precepto del amor y la doctrina de la renuncia de si mismo promulgada en el sermon evangélico de la montana, e igualmente la divina gesta de amor realizada en la cruz, parecian un escandalo y una locura. De la misma manera que en otro tiempo el Precursor del Redentor, para responder a los que le preguntaban con deseo de instruirse, proclamaba: He aqui el Cordero de Dios 5 , para avisarles que el Deseado de los pueblos 6 , si bien todavia desconocido, vivia ya en medio de ellos, asi también el Vicario de Jesucristo a todos aquellos que -renegados, dudosos, fluctuantes- se negaban a seguir al Redentor glorioso, viviente y operante siempre en su Iglesia, o le seguian con descuido y flojedad, con poderosa voz les conjuraba diciendo: He aqui vuestro Rey 7 .
4. De la propagacion y del arraigo cada dia mayor del culto al Sagrado Corazon de Jesus -derivados no solo de la consagracion del género humano, hecha al declinar el pasado siglo, sino también de la institucion de la fiesta de Jesucristo Rey, creada por nuestro inmediato predecesor, de feliz memoria 8 - han brotado innumerables bienes para los fieles como un impetuoso rio que alegra la ciudad de Dios 9 ¿Qué época ha tenido mayor necesidad de estos bienes que la nuestra? ¿Qué época mas que la nuestra, a pesar de los progresos de toda clase que ha producido en el orden técnico y puramente exterior, ha sufrido un vacio interior tan crecido y una indigencia espiritual tan intima? Se le puede aplicar con exactitud la palabra aleccionadora del Apocalipsis: Dices: Rico soy y opulento y de nada necesito, y no sabes que eres misero, miserable, pobre, ciego y desnudo 10 .
5. No hay necesidad mas urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo 11 a los hombres de nuestra época. No hay empresa mas noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no ardera en caridad y dejara de prestar gustosamente su ayuda? Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa mas enérgica de nuestra causa viendo como ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina enganosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que ésta se lleve a la practica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que estan desterrados los principios morales de la revelacion del Sinai y el divino espiritu que ha brotado del sermon de la montana y de la cruz de Cristo? Todos, sin duda, saben muy bien, no sin hondo dolor, que los gérmenes de estos e rrores producen una tragica cosecha en aquellos que, si bien en los dias de calma y seguridad se confesaban seguidores de Cristo, sin embargo, cuando es necesario resistir con energia, luchar, padecer y soportar persecuciones ocultas y abiertas, cristianos solo de nombre, se muestran vacilantes, débiles, impotentes, y, rechazando los sacrificios que la profesion de su religion implica, no son capaces de seguir los pasos sangrientos del divino Redentor.
6. Que en esta situacion, venerables hermanos, la ya proxima fiesta de Cristo Rey, en cuya fecha os llegara esta nuestra enciclica, os conceda los dones de la divina gracia, con los cuales puedan renovarse los hambres en las virtudes evangélicas y pueda renacer el reino de Cristo por todas partes. Que la consagracion del género humano al Sagrado Corazon de Jesus, que en este dia se celebrara de modo solemne y con especial devocion, reuna junto al altar del eterno Rey a los fieles de todos los pueblos y de todas las naciones en adoracion y en reparacion, para renovarle a l y a su ley de verdad y de amor, ahora y siempre, el juramento de fidelidad. Beban en ese dia la gracia divina todos los cristianos, para que en ellos el fuego que el Senor vino a traer a la tierra se convierta en llama cada vez mas luminosa y pura. Sea dia de gracia también para los tibios, los cansados, los hastiados, y renueven asi todos ellos la integridad y la fortaleza de su espiritu. Sea también, por ultimo, dia de gracia para los que no han conocido a Cristo o lo han abandonado miserablemente, y la multitud de los fieles, muchos millones de hambres, rueguen juntos a Dios en ese solemne dia que la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo 12 les ilumine y senale el camino de la salvacion, y su divina gracia suscite en el inquieto espiritu de los extraviados la nostalgia de los bienes eternos, nostalgia que los impela a volver a Aquel que desde el doloroso trono de la cruz tiene sed de sus almas y ardiente deseo de ser también para ellos camino, verdad y vida 13 .
7. Al poner esta primera enciclica de nuestro pontificado, con el corazon rebosante de confiada esperanza, bajo la bandera de Cristo Rey, Nos estamos absolutamente seguros de la unanime y entusiasta aprobacion de toda la grey del Senor. Las experiencias y las ansiedades de la época presente despiertan la solidaridad entre todos los miembros de la familia catolica y agudizan y purifican el sentimiento de esta solidaridad en grado raras veces conseguido. E igualmente excitan en todos los que crecen en Dios y siguen a Cristo como guia y maestro el reconocimiento de un peligro comun que esta amenazando sobre todos sin excepcion.
8. Este espiritu de mutua solidaridad entre los catolicos, que, como hemos dicho, se ha visto aumentado por la peligrosa situacion presente, y que confirma a los espiritus haciéndoles entrar dentro de si y alimenta al mismo tiempo el proposito de futuras victorias, nos produjo un suave deleite y un sumo consuelo en aquellos dias en que con trémulo paso, pero confiando en Dios, tomamos posesion de la Catedra que la muerte de nuestro gran predecesor habia dejado vacante.
9. Hoy, recordando el sinnumero de testimonios de estrecha adhesion filial a la Iglesia y al Vicario de Cristo que libre y espontaneamente llegaron a Nos con motivo de nuestra eleccion y coronacion, no podemos dejar de daros a vosotros, venerables hermanos, y a todos cuantos pertenecen a la familia catolica, las gracias mas conmovidas por los testimonios de amor reverente y de inquebrantable fidelidad al Papado enviados de todas partes al Pontifice, en el cual se reconocia la mision providencial del Sumo Sacerdote y del Pastor Supremo. Porque estas manifestaciones no estaban dirigidas a nuestra humilde persona, sino unicamente al alto y grave oficio a cuyo cumplimiento el Senor nos llamaba. Y si ya entonces experimentabamos la extraordinaria gravedad de la carga recibida que nos habia impuesto la suma potestad que nos conferia la Providencia divina, sin embargo, sentiamos el gran consuelo de ver aquella grandiosa y palpable demostracion de la indivisible unidad de la Iglesia catolica, que, levantada como muralla y baluarte, con tanta mayor firmeza y energia se une a la roca invicta de Pedro cuanto mayor aparece la jactancia de los enemigos de Cristo.
10. Este universal plebiscito de la unidad catolica y de la fraterna y divina solidaridad de los pueblos ofrecido al Padre comun nos parecia dar una esperanza tanto mas feliz y mas fecunda cuanto mas tragicas eran las circunstancias materiales y espirituales del momento. Y su gozoso recuerdo nos siguio confortando durante los primeros meses de nuestro pontificado, cuando debimos padecer las fatigas, las ansiedades, y soportar las pruebas de que esta sembrado el camino de la Esposa de Cristo.
11. No queremos tampoco pasar en silencio el reconocimiento que suscito en nuestro corazon la felicitacion de aquellos que, sin pertenecer al cuerpo visible de la Iglesia catolica, en su nobleza y sinceridad, no han querido olvidar todo aquello que, en el amor a la persona de Cristo o en la fe en Dios, les une con Nos. Vaya a todos ellos la expresion de nuestra gratitud. Nos los encomendamos a todos y a cada uno a la proteccion y a la direccion del Senor, y aseguramos solemnemente que solo un pensamiento domina nuestra mente: imitar cuidadosamente el ejemplo del Buen Pastor, para conducir a todos a la verdadera felicidad y para que tengan vida, y la tengan mas abundante 14 .
12. Pero de manera particular Nos deseamos mostrar aqui nuestro agradecimiento a los soberanos, a los jefes de Estado y a las autoridades publicas que, en nombre de sus respectivas naciones, con las cuales la Santa Sede se halla en amigables relaciones, han querido ofrecernos en aquella ocasion el homenaje de su reverencia. En este numero y con ocasion de esta primera enciclica, dirigida a todos los pueblos del universo, con particular alegria nos es permitido incluir a Italia; Italia, que, como fecundo jardin de la fe catolica, plantada por el Principe de los Apostoles, después de los providenciales pactos lateranenses , ocupa un puesto de honor entre aquellos Estados que oficialmente se hallan representados cerca del Romano Pontifice. De estos pactos volvio a lucir como una aurora feliz la "paz de Cristo devuelta a Italia", anunciando una tranquila y fraterna union de espiritus tanto en la vida religiosa como en los asuntos civiles; paz que, aportando siempre tiempos serenos, como pedimos al Senor, penetre, consuele, dilate y corrobore profundamente el alma del pueblo italiano, tan cercano a Nos y que goza del mismo ambiente de vida que Nos. Con ruegos suplicantes deseamos de todo corazon que este pueblo, tan querido a nuestros predecesores y a Nos, fiel a sus gloriosas tradiciones catolicas y asegurado por el divino auxilio, experimente cada dia mas la divina verdad de las palabras del salmista: Bienaventurado el pueblo que tiene al Senor por su Dios 15 .
13. Este nuevo y deseado orden juridico y espiritual que para Italia y para todo el orbe catolico creo y sello aquel hecho, digno de memoria indeleble para toda la historia, jamas nos parecio demostrar una tan grandiosa union de espiritus como cuando desde la alta loggia de la Basilica Vaticana abrimos y levantamos por primera vez nuestros brazos y nuestra mano para bendecir a Roma, sede del Papado y nuestra amadisima ciudad natal; a Italia, reconciliada con la Iglesia catolica, y a los pueblos del mundo entero.
I - El agnosticismo moral y religioso
14. Como Vicario de Aquel que, en una hora decisiva, delante del representante de la mas alta autoridad de aquel tiempo, pronuncio la augusta palabra: Yo para esto naci y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, oye mi voz 16 , declaramos que el principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es "dar testimonio de la verdad". Este deber, que debemos cumplir con firmeza apostolica, exige necesariamente la exposicion y la refutacion de los errores y de los pecados de los hombres, para que, vistos y conocidos a fondo, sea posible el tratamiento médico y la cura: Conoceréis la verdad, y la verdad os hara libres 17 . En el cumplimiento de este oficio no nos dejaremos influ ir por consideraciones humanas o terrenas, del mismo modo, no cejaremos en el proposito emprendido ni por las desconfianzas, ni por las contradicciones, ni por las repulsas, no nos apartara tampoco de esta determinacion el temor de que nuestra accion sea incomprendida o falsamente interpretada 18 . Sin embargo, aun trabajando con cuidadosa diligencia para este fin, nuestra conducta estara animada por aquella caridad paterna que mientras nos ordena trabajar con suma tristeza a causa de los males que atormentan a los hijos, nos manda también senalar estos mismos hijos los oportunos remedios, imitando asi al divino modelo de los pastores, Cristo, Senor nuestro, que nos da al mismo tiempo luz y amor: Practicando la verdad con amor 19 .
15. Ahora bien, el nefasto esfuerzo con que no pocos pretenden arrojar a Cristo de su reino, niegan la ley de la verdad por l revelada y rechazan el precepto de aquella caridad que abriga y corrobora su imperio como con un vivificante y divino soplo, es la raiz de los males que precipitan a nuestra época por un camino resbaladizo hacia la indigencia espiritual y la carencia de virtudes en las almas 20 . Por lo cual, la reverencia a la realeza de Cristo, el reconocimiento de los derechos de su regia potestad y el procurar la vuelta de los particulares y de toda la sociedad humana a la ley de su verdad y de su amor, son los unicos medios que pueden hacer volver a los hombres al camino de la salvacion.
16. Mientras escribimos estas lineas, venerables hermanos nos llega la terrible noticia de que, por desgracia, a pesar de todos nuestros esfuerzos por evitarlo, el terrible incendio de la guerra se ha desencadenado ya. Nuestra pluma casi se detiene cuando pensamos en las innumerables calamidades de aquellos que hasta ayer se gozaban con la modesta prosperidad de su propio hogar familiar. Nuestro corazon paterno se siente lleno de angustia al prever todos los males que podran brotar de la tenebrosa semilla de la violencia y del odio, a los que la espada esta abriendo ya sangrientos surcos. Sin embargo, cuando consideramos este diluvio de males presentes y tememos calamidades aun mayores para el futuro, juzgamos deber nuestro dirigir con creciente insistencia los ojos y los corazones de cuantos conservan todavia una voluntad recta hacia Aquel de quien unicamente viene la salvacion del mundo, hacia Aquel cuya mano omnipotente y misericordiosa es la unica que puede poner fin a esta tempestad; hacia Aquel, finalmente, cuya verdad y amor son los unicos que pueden iluminar las inteligencias y encender los espiritus de tantos hombres que, combatidos por las olas del error y por el ansia de un egoismo inmoderado y casi sumergidos por las ondas de las contiendas, deben ser reformados nuevamente y devueltos al gobierno y al espiritu de Jesucristo.
17. Tal vez se puede esperar -y pedimos a Dios que asi sea- que esta época de maximas calamidades mejore la manera de pensar y de sentir de muchos que, ciegamente confiados hasta ahora en las enganosas opiniones tan difundidas hoy dia, despreocupados e imprudentes, pisaban un camino incierto lleno de peligros. Y muchos que no apreciaban la importancia y el valor de la mision pastoral de la Iglesia para la recta educacion de los espiritus, comprenderan tal vez ahora mejor y estimaran mas las amonestaciones de la Iglesia que ellos desatendieron en un tiempo mas facil y seguro. Las angustias presentes y la calamitosa situacion actual constituyen una apologia tan definitiva de la doctrina cristiana, que es tal vez esta situacion la que puede mover a los hombres mas que cualquier otro argumento. Porque de este ingente cumulo de errores y de este diluvio de movimientos anticristianos se han cosechado frutos tan envenenados, que constituyen una reprobacion y una condenacion de esos errores, cuya fuerza probativa supera a toda refutacion racional.
18. Porque, mientras las esperanzas fallan y desilusionan, la gracia divina sonrie a las almas temblorosas: se percibe el paso del Senor 21 y a la palabra del Redentor: He aqui que estoy a la puerta y llamo 22 , se abren con frecuencia puertas que, de otro modo, nunca se abririan. Dios es testigo de la ardorosa compasion, del santo gozo con que se vuelve nuestro corazon a aquellos que, experimentando tan dolorosas pruebas, sienten nacer en su interior el deseo impelente y saludable de la verdad, de la justicia y de la paz cristiana. Pero, incluso hacia aquellos para quienes no ha sonado todavia la hora de la iluminacion celeste, nuestro corazon no conoce sino amor, y nuestros labios pronuncian plegarias a Dios para que en sus almas, indif erentes o enemigas de Cristo, haga brillar un rayo de aquella luz que un dia transformo a Saulo en Pablo, y que ha demostrado su fuerza misteriosa precisamente en los tiempos mas dificiles de la Iglesia.
19. En la hora presente, en que las calamitosas perturbaciones ocupan la mente de todos, no es nuestro proposito exponer una refutacion completa de los errores de esta época -refutacion que haremos cuando se presente ocasion oportuna-, sino desarrollar por escrito solamente algunas observaciones fundamentales sobre este tema.
20. Hoy dia los hombres, venerables hermanos, anadiendo a las desviaciones doctrinales del pasado nuevos errores, han impulsado todos estos principios por un camino tan equivocado que no se podia seguir de ello otra cosa que perturbacion y ruina. Y en primer lugar es cosa averiguada que la fuente primaria y mas profunda de los males que hoy afligen a la sociedad moderna brota de la negacion, del rechazo de una norma universal de rectitud moral, tanto en la vida privada de los individuos como en la vida politica y en las mutuas relaciones internacionales; la misma ley natural queda sepultada bajo la detraccion y el olvido 23 .
21. Esta ley natural tiene su fundamento en Dios, creador omnipotente y padre de todos, supremo y absoluto legislador, omnisciente y justo juez de las acciones humanas. Cuando temerariamente se niega a Dios, todo principio de moralidad queda vacilando y perece, la voz de la naturaleza calla o al menos se debilita paulatinamente, voz que ensena también a los ignorantes y aun a las tribus no civilizadas lo que es bueno y lo que es malo, lo licito y lo ilicito, y les hace sentir que daran cuenta alguna vez de sus propias acciones buenas y malas ante un Juez supremo.
22. Como bien sabéis, venerables hermanos, el fundamento de toda la moralidad comenzo a ser rechazado en Europa, porque muchos hombres se separaron de la doctrina de Cristo, de la que es depositaria y maestra la Catedra de San Pedro. Esta doctrina dio durante siglos tal cohesion y tal formacion cristiana a los pueblos de Europa, que éstos, educados, ennoblecidos y civilizados por la cruz, llegaron a tal grado de progreso politico y civil, que fueron para los restantes pueblos y continentes maestros de todas las disciplinas. Pero desde que muchos hermanos, separados ya de Nos, abandonaron el magisterio infalible de la Iglesia, llegaron, por desgracia, hasta negar la misma divinidad del Salvador, dogma capital y centro del cristianismo, ace lerando asi el proceso de disolucion religiosa.
23. Narra el sagrado Evangelio que, cuando Jesus fue crucificado, las tinieblas invadieron toda la superficie de la tierra;24 simbolo luctuoso de lo que ha sucedido, y sigue sucediendo, cuando la incredulidad religiosa, ciega y demasiado orgullosa de si misma, excluye a Cristo de la vida moderna, y especialmente de la publica y, junto con la fe en Cristo, debilita también la fe en Dios. De aqui se sigue que todas las normas y principios morales segun los cuales eran juzgadas en otros tiempos las acciones de la vida privada y de la vida publica, hayan caido en desuso, y se sigue también que donde el Estado se ajusta por completo a los prejuicios del llamado laicismo -fenomeno que cada dia adquiere mas rapidos progresos y obtiene mayores al abanzas- y donde el laicismo logra substraer al hombre, a la familia y al Estado del influjo benéfico y regenerador de Dios y de la Iglesia, aparezcan senales cada vez mas evidentes y terribles de la corruptora falsedad del viejo paganismo. Cosa que sucede también en aquellas regiones en las que durante tantos siglos brillaron los fulgores de la civilizacion cristiana: las tinieblas se extendieron mientras crucificaban a Jesus 25 .
24. Pero muchos, tal vez, al separarse de la doctrina de Cristo, no advertian que eran enganados por el falso espejismo de unas frases brillantes, que presentaban esta separacion del cristianismo como liberacion de una servidumbre impuesta; ni preveian las amargas consecuencias que se seguirian del cambio que venia a substituir la verdad, que libera, con el error, que esclaviza; ni pensaban, finalmente, que, renunciando a la ley de Dios, infinitamente sabia y paterna, y a la amorosa, unificante y ennoblecedora doctrina de amor de Cristo, se entregaban al arbitrio de una prudencia humana labil y pobre. Alardeaban de un progreso en todos los campos, siendo asi que retrocedian a cosas peores; pensaban; elevarse a las mas altas cimas, siendo asi que se apartaban de su propia dignidad; afirmaban que este siglo nuestro habia de traer una perfecta madurez, mientras estaban volviendo precisamente a la antigua esclavitud. No percibian que todo esfuerzo humano para sustituir la ley de Cristo por algo semejante esta condenado al fracaso: Se entontecieron en sus razonamientos 26 .
25. Asi debilitada y perdida la fe en Dios y en el divino Redentor y apagada en las almas la luz que brota de los principios universales de moralidad, queda inmediatamente destruido el unico e insustituible fundamento de estable tranquilidad en que se apoya el orden interno y externo de la vida privada y publica, que es el unico que puede engendrar y salvaguardar la prosperidad de los Estados.
26. Es cierto que, cuando los pueblos de Europa estaban vinculados por una fraterna union, alimentada por las instituciones y los preceptos del cristianismo, no faltaban disensiones, ni trastornos, ni guerras asoladoras; pero tal vez jamas como en el presente los hombres se han encontrado con un animo tan quebrantado y afligido, porque ven con temor indecible la extraordinaria dificultad para curar sus propios males. Mientras que, por el contrario, en los siglos anteriores estaba presente en los espiritus de todos la nocion de lo justo y de lo injusto, de lo licito y de lo ilicito; lo cual facilita los acuerdos, refrena las pasiones desordenadas y deja abierta la via a una honesta inteligencia mutua. En nuestros dias, sin embargo, las disensiones no provienen unicamente del impetu vehemente de un espiritu destemplado, sino mas bien de una profunda perturbacion e la conciencia interior, que ha trastornado temerariamente los sanos principios de la moral privada y publica.
II - Dos errores capitales en el orden politico
27. Entre los multiples errores que brotan, como de fuente envenenada, del agnosticismo religioso y moral, hay dos principales que queremos proponer de manera particular a vuestra diligente consideracion, venerables hermanos, porque hacen casi imposible, o al menos precaria e incierta, la tranquila y pacifica convivencia de los pueblos. Olvido de la solidaridad humana
28. El primero de estos dos errores, en la actualidad enormemente extendido por desgracia, consiste en el olvido de aquella ley de mutua solidaridad y caridad humana impuesta por el origen comun y por la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, sea cual fuere el pueblo a que pertenecen, y por el sacrificio de la redencion, ofrecido por Jesucristo en el ara de la cruz a su Padre celestial en favor de la humanidad pecadora.
29. La primera pagina de la Sagrada Escritura refiere con grandiosa simplicidad que Dios, para coronar su obra creadora hizo al hombre a su imagen y semejanza 27 ; y la misma Escritura ensena que el hombre, enriquecido con dones y privilegios sobrenaturales, fue destinado a una eterna e inefable felicidad. Refiere, ademas, que de la primera union matrimonial proceden todos los demas hombres, los cuales, como ensena la Escritura con extraordinaria viveza y plasticidad de lenguaje, se dividieron después en varias tribus y pueblos, diseminandose por las diversas partes del mundo. Y ensena también que, aunque se alejaron miserablemente de su Creador, Dios no dejo de considerarlos como hijos, a los cuales, segun sus misericordiosos designios, habia de traer de nuevo un dia al seno de su amistad 28 .
30. El Apostol de las Gentes, como heraldo de esta verdad que hermana a los hombres en una gran familia, anuncia estas realidades al mundo griego: Saco (Dios) de un mismo tronco todo el linaje de los hombres, para que habitase la vasta extension de la tierra, fijando el orden de los tiempos y los limites de la habitacion de cada pueblo para que buscasen a Dios 29 . Razon por la cual podemos contemplar con admiracion del espiritu al género humano unificado por la unidad de su origen comun en Dios, segun aquel texto: Uno el Dios y Padre de todos, el cual esta sobre todos y habita en todos nosotros 30 ; por la unidad de naturaleza, que consta de cuerpo material y de alma espiritual e inmortal; por la unidad del fin proximo de todos y por la mision comun que todos tienen que realizar en esta vida presente; por la unidad de habitacion, la tierra, de cuyos bienes todos los hombres pueden disfrutar por derecho natural, para sustentarse y adquirir la propia perfeccion; por la unidad del fin supremo, Dios mismo, al cual todos deben tender, y por la unidad de los medios para poder conseguir este supremo fin.
31. Y el mismo Apostol de las Gentes demuestra la unidad de la familia humana con aquellas razones por medio de las cuales estamos unidos con el Hijo de Dios, imagen eterna de Dios invisible, en quien todas las cosas han sido creadas 31 ; e igualmente con la unidad de la redencion, que Cristo dono a todos los hombres por medio de su acerbisima pasion, cuando restablecio la destruida amistad originaria con Dios y se constituyo mediador celestial entre Dios y los hombres: porque uno es Dios y uno también el mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hecho hombre 32 .
32. Y para hacer mas intima y firme esta amistad entre Dios y la humanidad, el Mediador universal de la salvacion y de la paz, en el silencio del cenaculo, cuando iba ya a realizar el sacrificio supremo de si mismo, pronuncio aquellas profundas palabras que resuenan a través de los siglos, y que a las almas carentes de amor y destrozadas por el odio muestran los heroismos mas altos de la caridad: Este es mi precepto, que os améis los unos a los otros, como yo os he amado 33 .
33. Estos puntos capitales de la verdad revelada constituyen el fundamento y el vinculo mas estrecho de la unidad comun de todos los hombres, reforzados por el amor de Dios y del Redentor divino, de quien todos reciben la salud para la edificacion del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe, al conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto segun la medida de la plenitud de Cristo 34 .
34. Por lo cual, si consideramos atentamente esta unidad de derecho y de hecho de toda la humanidad, los ciudadanos de cada Estado no se nos muestran desligados entre si, como granos de arena, sino mas bien unidos entre si en un conjunto organicamente ordenado, con relaciones variadas, segun la diversidad de los tiempos, en virtud del impulso y del destino natural y sobrenatural. Y si bien los pueblos van desarrollando formas mas perfectas de civilizacion y, de acuerdo con las condiciones de vida y de medio se van diferenciando unos de otros, no por esto deben romper la unidad de la familia humana, sino mas bien enriquecerla con la comunicacion mutua de sus peculiares dotes espirituales y con el reciproco intercambio de bienes, que solamente puede ser eficaz cuando una viva y ardiente caridad cohesiona fraternalmente a todos los hijos de un mismo Padre y a todos los hombres redimidos por una misma sangre divina.
35. La Iglesia de Jesucristo, como fidelisima depositaria de la vivificante sabiduria divina, no pretende menoscabar o menospreciar las caracteristicas particulares que constituyen el modo de ser de cada pueblo; caracteristicas que con razon defienden los pueblos religiosa y celosamente como sagrada herencia. La Iglesia busca la profunda unidad, configurada por un amor sobrenatural en el que todos los pueblos se ejerciten intensamente, no busca una uniformidad absoluta, exclusivamente externa, que debilite las fuerzas naturales propias. Todas las normas y disposiciones que sirven para el desenvolvimiento prudente y para el aumento equilibrado de las propias energias y facultades -que nacen de las mas reconditas entranas de toda estirpe-, la Iglesia las aprueba y las secunda con amor de madre, con tal que no se opongan a las obligaciones que impone el origen comun y el comun destino de todos los hombres. Proceder demostrado repetidas veces por el inmenso esfuerzo que realizan los predicadores en los territorios de misiones. La Iglesia confiesa que esta finalidad es como la estrella polar, a la cual dirige su vista en el camino de su apostolado universal. Estos predicadores de la palabra divina, con un sinnumero de investigaciones realizadas a lo largo de los siglos con ingente trabajo y suma consagracion, procuraron conocer a fondo la civilizacion y las instituciones de los pueblos mas diversos y cultivar y favorecer sus cualidades espirituales para que el Evangelio de Cristo obtuviere alli con mayor facilidad frutos mas abundantes. Todo lo que en las costumbres de un pueblo no se halla indisolublemente ligado a errores y supersticiones, encuentra siempre un examen benévolo, y, en cuanto es posible, es conservado y favorecido por la Iglesia. Nuestro inmediato predecesor, de santa memoria, en una cuestion de este género que requeria mucha prudencia y consejo, adopto una noble decision que constituye una perenne alabanza de su aguda inteligencia y del ardor de su espiritu apostolico. No es necesario declararos, venerables hermanos, que Nos continuaremos sin vacilacion por este mismo camino. Todos aquellos que ingresan en la Iglesia catolica, sean cuales sean su origen y su lengua, deben tener por seguro que todos ellos disfrutan de los mismos derechos de hijos en la casa del Padre, donde todos gozan de la ley y de la paz de Cristo. Para realizar progresivamente estas normas de igualdad, la Iglesia selecciona de entre los pueblos indigenas algunos hombres escogidos que aumenten gradualmente el sacerdocio y el episcopado en su propia nacion. Y por esta causa, es decir, para dar a nuestras intenciones una demostracion palpable, hemos escogido la proxima fiesta de Cristo Rey para elevar a la dignidad episcopal, sobre el sepulcro del Principe de los Apostoles, a doce sacerdotes representantes de sus propios pueblos y estirpes.
36. De esta manera, mientras una dura contienda hace sufrir a las almas y divide la unidad de la familia humana, este rito solemne dara a entender a todos nuestros hijos, diseminados por el mundo, que la doctrina, la accion y la v
37. Juzgamos necesaria aqui una advertencia: la conciencia de una universal solidaridad fraterna, que la doctrina cristiana despierta y favorece, no se opone al amor, a la tradicion y a las glorias de la propia patria, ni prohibe el fomento de una creciente prosperidad y la legitima produccion de los bienes necesarios, porque la misma doctrina nos ensena que en el ejercicio de la caridad existe un orden establecido por Dios, segun el cual se debe amar mas intensamente y se debe ayudar preferentemente a aquellos que estan unidos a nosotros con especiales vinculos. El divino Maestro en persona dio ejemplo de esta manera de obrar, amando con especial amor a su tierra y a su patria y llorando tristemente a causa de la inminente ruina de la C iudad Santa. Pero el amor a la propia patria, que con razon debe ser fomentado, no debe impedir, no debe ser obstaculo al precepto cristiano de la caridad universal, precepto que coloca igualmente a todos los demas y su personal prosperidad en la luz pacificadora del amor.
38. Esta maravillosa doctrina ha contribuido de muchas maneras al progreso civil y religioso de la humanidad. Porque los heraldos de esta doctrina, animados de una ardorosa caridad sobrenatural, no solo roturaron terrenos e intentaron curar toda clase de enfermedades, sino que principalmente procuraron levantar las almas de aquellos que estaban a ellos confiados a las realidades divinas, conformarlos a éstas y elevarlos hasta las cumbres mas altas de la santidad, donde todo se ve en la claridad de la mirada simplicisima de Dios. Levantaron monumentos y templos, que demuestran a que alturas tan grandes eleva el ideal de la perfeccion cristiana; pero sobre todo, hicieron de los hombres, sabios e ignorantes, poderosos o débiles, templos vivos de Dios y sarmientos de aquélla vid que es Cristo. Transmitieron a las generaciones venideras los tesoros del arte y de la sabiduria antiguos, pero su principal proposito fue éste: hacer a estas generaciones participes de aquel inefable don de la sabiduria eterna, que une a los hombres, hijos de Dios por la gracia, con los vinculos de una fraterna amistad. Concepcion totalitaria del poder politico
39. Pero si el olvido de la ley, venerables hermanos, que manda amar a todos los hombres y que, apagando los odios y disminuyendo desavenencias, es la unica que puede consolidar la paz, es fuente de tantos y tan gravisimos males para la pacifica convivencia de los pueblos, sin embargo, no menos nocivo para el bienestar de las naciones y de toda la sociedad humana es el error de aquellos que con intento temerario pretenden separar el poder politico de toda relacion con Dios, del cual dependen, como de causa primera y de supremo senor, tanto los individuos como las sociedades humanas; tanto mas cuanto que desligan el poder politico de todas aquellas normas superiores que brotan de Dios como fuente primaria y atribuyen a ese mismo poder una facultad ilimitada de accion entregandola exclusivamente al labil y fluctuante capricho o a las meras exigencias configuradas por las circunstancias historicas y por el logro de ciertos bienes particulares.
40. Despreciada de esta manera la autoridad de Dios y el imperio de su ley, se sigue forzosamente la usurpacion por el poder politico de aquella absoluta autonomia que es propia exclusivamente del supremo Hacedor, y la elevacion del Estado o de la comunidad social, puesta en el lugar del mismo Creador, como fin supremo de la vida humana y como norma suprema del orden juridico y moral; prohibiendo asi toda apelacion a los principios de la razon natural y de la conciencia cristiana.
41. No ignoramos, es verdad, que los principios erroneos de esta concepcion no siempre ejercen absolutamente su influjo en a vida moral; cosa que sucede principalmente cuando la tradicion de una vida cristiana, de la que se han nutrido durante siglos los pueblos, ha echado, aunque no se advierta, hondas raices en las almas. A pesar de lo cual, hay que advertir con insistente diligencia a esencial insuficiencia y fragilidad de toda norma de vida social que se apoye sobre un fundamento exclusivamente humano, se inspire en motivos meramente terrenos y haga consistir toda su fuerza eficaz en la sancion de una autoridad puramente externa.
42. Donde se rechaza la dependencia del derecho humano respecto del derecho divino, donde no se apela mas que a una apariencia incierta y ficticia de autoridad terrena y se reivindica una autonomia juridica regido unicamente por razones utilitarias, no por una recta moral, alli el mismo derecho humano pierde necesariamente, en el agitado quehacer de la vida diaria, su fuerza interior sobre los espiritus; fuerza sin la cual el derecho no puede exigir de los ciudadanos el reconocimiento debido ni los sacrificios necesarios.
43. Bien es verdad que a veces el poder publico, aunque apoyado sobre fundamentos tan débiles y vacilantes, puede conseguir por casualidad y por la fuerza de las circunstancias, ciertos éxitos materiales que provocan la admiracion de los observadores superficiales; pero llega necesariamente el momento en que aparece triunfante aquella ineluctable ley que tira por tierra todo cuanto se ha construido velada o manifiestamente sobre una razon totalmente desproporcionada, esto es, cuando la grandeza del éxito externo alcanzado no responde en su vigor interior a las normas de una sana moral. Desproporcion que aparece por fuerza siempre que la autoridad politica desconoce o niega el dominio del Legislador supremo, que, al dar a los gobernantes el poder, les ha senalado también los limites de este mismo poder. Refutacion de esta concepcion
44. Porque el poder politico, como sabiamente ensena en la enciclica Immortale Dei 36 nuestro predecesor Leon XIII, de piadosa memoria, ha sido establecido por el supremo Creador para regular la vida publica segun las prescripciones de aquel orden inmutable que se apoya y es regido por principios universales; para facilitar a la persona humana, en esta vida presente, la consecucion de la perfeccion fisica, intelectual y moral, y para ayudar a los ciudadanos a conseguir el fin sobrenatural, que constituye su destino supremo.
45. El Estado, por tanto, tiene esta noble mision: reconocer, regular y promover en la vida nacional las actividades y las iniciativas privadas de los individuos; dirigir convenientemente estas actividades al bien comun, el cual no puede quedar determinado por el capricho de nadie ni por la exclusiva prosperidad temporal de la sociedad civil, sino que debe ser definido de acuerdo con la perfeccion natural del hombre, a la cual esta destinado el Estado por el Creador como medio y como garantia.
46. El que considera el Estado como fin al que hay que dirigirlo todo y al que hay que subordinarlo todo, no puede dejar de danar y de impedir la auténtica y estable prosperidad de las naciones. Esto sucede lo mismo en el supuesto de que esta soberania ilimitada se atribuya al Estado como mandatario de la nacion, del pueblo o de una clase social, que en el supuesto de que el Estado se apropie por si mismo esa soberania, como dueno absoluto y totalmente independiente.
47. Porque, si el Estado se atribuye y apropia las iniciativas privadas, estas iniciativas -que se rigen por multiples normas peculiares y propias, que garantizan la segura consecucion del fin que les es propio- pueden recibir dano, con detrimento del mismo bien publico, por quedar arrancadas de su recta ordenacion natural, que es la actividad privada responsable. El Estado y la familia
48. De esta concepcion teorica y practica puede surgir un peligro: considerar la familia, fuente primera y necesaria de la sociedad humana, y su bienestar y crecimiento, como institucion destinada exclusivamente al dominio politico de la nacion, y se corre también el peligro de olvidar que el hombre y la familia son, por su propia naturaleza, anteriores al Estado, y que el Criador dio al hombre y a la familia peculiares derechos y facultades y les senalo una mision, que responde a inequivocas exigencias naturales.
49. Segun esta concepcion politica, la educacion de las nuevas generaciones no pretende un desarrollo equilibrado y armonico de las fuerzas fisicas, intelectuales y morales, sino la formacion unilateral y el fomento excesivo de aquella virtud civica que se considera necesaria para el logro del éxito politico, por lo cual son menos cultivadas las virtudes de la nobleza, de la humanidad y del respeto, como si éstas deprimiesen la gallarda fortaleza de los temperamentos jovenes.
50. Por todo lo cual se alzan ante nuestra vista los tremendos peligros que tememos puedan venir sobre la actual y las futuras generaciones, de la disminucion y de la progresiva abolicion de los derechos de la familia. Juzgamos, por tanto, obligacion nuestra, impuesta por la conciencia del deber exigido por nuestro grave ministerio apostolico, defender religiosa y abiertamente estos derechos de la familia; porque nadie, sin duda, padece tan amargamente como la familia las angustias de nuestro tiempo, tanto materiales como espirituales, y los multiples errores con sus dolorosas consecuencias. Hasta tal punto es esto asi, que el paso diario de las desgracias y la indigencia creciente por todas partes, tan luctuosa que tal vez ningun siglo a nterior la experimento mayor, y cuya razon o necesidad verdadera son consecuencia imposibles de discernir, resultan hoy intolerables sin una firmeza y una grandeza de alma capaz de despertar la admiracion universal. Los que, por el ministerio pastoral que desempenan, ven los repliegues intimos de la conciencia y pueden conocer las lagrimas ocultas de las madres, el callado dolor de los padres y las innumerables -amarguras de las que ninguna estadistica publica habla ni puede hablar-, ven con mirada hondamente preocupada el crecimiento cada dia mayor de este cumulo de sufrimientos, y saben muy bien que las tenebrosas fuerzas de la impiedad, cuya unica finalidad es, abusando de la dura situacion, la revolucion y el trastorno social, estan al acecho buscando la oportunidad que les permita realizar sus impios propositos.
51. ¿Qué hombre sensato, prudente, en esta grave situacion, negara al Estado unos derechos mas amplios que los ordinarios, que respondan a la situacion y con los que se pueda atender a las necesidades del pueblo? Sin embargo, el orden moral establecido por Dios exige que se determine con todo cuidado, segun la norma del bien comun, la licitud o ilicitud de las medidas que aconsejen los tiempos como también la verdadera necesidad de estas medidas.
52. De todos modos, cuanto mas gravosos son los sacrificios materiales exigidos por el Estado a los ciudadanos y a la familia tanto mas sagrados e inviolables deben ser para el Estado los derechos de las conciencias. El Estado puede exigir los bienes y la sangre pero nunca el alma redimida por Dios. Por esta razon, la mision que Dios ha encomendado a los padres de proveer al bien temporal y al bien eterno de la prole y de procurar a los hijos una adecuada formacion religiosa, nadie puede arrebatarla a los padres sin una grave lesion del derecho. Esta adecuada formacion debe tener también como finalidad preparar la juventud para la aceptacion de aquellos deberes de noble patriotismo, con cuyo cumplimiento inteligente, voluntario y alegre s e demuestre practicamente el amor a la tierra patria. Pero, por otra parte, una educacion de la juventud que se despreocupe, con olvido voluntario, de orientar la mirada de la juventud también a la patria sobrenatural, sera totalmente injusta tanto contra la propia juventud como contra los deberes y los derechos totalmente inalienables de la familia cristiana; y, consiguientemente, por haberse incurrido en una extralimitacion, el mismo bien del pueblo y del Estado exige que se pongan los remedios necesarios. Una educacion semejante podra, tal vez parecer a los gobernantes responsables de ella una fuente de aumento de fuerza y de vigor; pero las tristes consecuencias que de aquélla se deriven demostraran su radical falacia. El crimen de les o majestad contra el Rey de los reyes y Senor de los que dominan 37 cometido con una educacion de los ninos indiferente y contraria al espiritu y a sentimiento cristianos, al estorbar e impedir el precepto de Jesucristo: Dejad que los ninos vengan a mi 38 , producira, sin duda alguna, frutos amarguisimos. Por el contrario, el Estado que libera estas preocupaciones a las madres y a los padres cristianos, entristecidos por esta clase de peligros, y mantiene enteros los derechos de la familia, fomenta la paz interna del Estado y asienta el fundamento firme sobre el cual podra levantarse la futura prosperidad de la patria. Las almas de los hijos que Dios entrego a los padres, purificadas con el bautismo y senaladas con el sello real de Jesucri sto, son como un tesoro sagrado, sobre el que vigila con amor solicito el mismo Dios. El divino Redentor, que dijo a los apostoles: Dejad que los ninos vengan a mi 39 , no obstante su misericordiosa bondad, ha amenazado con terribles castigos a los que escandalizan a los ninos, objeto predilecto de su corazon. Y ¿qué escandalo puede haber mas danoso, qué escandalo puede haber mas criminal y duradero que una educacion moral de la juventud dirigida equivocadamente hacia una meta que, totalmente alejada de Cristo, camino, verdad y vida 40 , conduce a una apostasia oculta o manifiesta del divino Redentor? Este divino Redentor que se le roba criminalmente a las nuevas generaciones presentes y futuras es el mismo que ha recibido de su Eterno Pad re todo poder y tiene en sus manos el destino de los Estados, de los pueblos y de las naciones. El cese o la prolongacion de la vida de los Estados, el crecimiento y la grandeza de los pueblos, todo depende exclusivamente de Cristo. De todo cuanto existe en la tierra, solo el alma es inmortal. Por esto, un sistema educativo que no respete el recinto sagrado de la familia cristiana, protegido por la ley de Dios; que tire por tierra sus bases y cierre a la juventud el camino hacia Cristo, para impedirle beber el agua en las fuentes del Salvador 41 , y que, finalmente, proclame la apostasia de Cristo y de la Iglesia como senal de fidelidad a la nacion o a una clase determinada, este sistema, sin duda alguna al obrar asi, pronunciara contra si mismo la sentencia de condenacion y experimentara a su tiempo la ineluctable verdad del aviso del profeta: Los que se apartan de ti seran escritos en la tierra 42 .
El Estado y el orden internacional
53. La concepcion que atribuye al Estado un poder casi infinito, no solo es, venerables hermanos, un error pernicioso para la vida interna de las naciones y para el logro armonico de una prosperidad creciente, sino que es ademas danosa para las mutuas relaciones internacionales, porque rompe la unidad que vincula entre si a todos los Estados, despoja al derecho de gentes de todo firme valor, abre camino a la violacion de los derechos ajenos y hace muy dificil la inteligencia y la convivencia pacifica.
54. Porque el género humano, aunque, por disposicion del orden natural establecido por Dios, esta dividido en grupos sociales, naciones y Estados, independientes mutuamente en lo que respecta a la organizacion de su régimen politico interno, esta ligado, sin embargo, con vinculos mutuos en el orden juridico y en el orden moral y constituye una universal comunidad de pueblos, destinada a lograr el bien de todas las gentes y regulada por leyes propias que mantienen su unidad y promueven una prosperidad siempre creciente.
55. Ahora bien, todos ven facilmente que aquellos supuestos derechos del Estado, absolutos y enteramente independientes, son totalmente contrarios a esta inmanente ley natural; mas aun, la niegan radicalmente, es igualmente evidente que esos derechos absolutos entregan al capricho de los gobernantes del Estado las legitimas relaciones internacionales e impiden al mismo tiempo la posibilidad de una union verdadera y de una colaboracion fecunda en el orden de los intereses generales. Porque, venerables hermanos, las relaciones internacionales normales y estables, la amistad internacional fructuosa exigen que los pueblos reconozcan y observen los principios normativos del derecho natural regulador de la convivencia internacional. Igualmente estos principios exigen el respeto integro de la libertad de todos y la concesion a todos de aquellos derechos que son necesarios para la vida y para el desenvolvimiento progresivo de una prosperidad por el camino del sano progreso civil; exigen por ultimo, la fidelidad integra e inviolable a los pactos estipulados y sancionados de acuerdo con las normas del derecho de gentes.
56. No cabe duda que el presupuesto indispensable de toda pacifica convivencia entre los pueblos y la condicion indispensable de las relaciones juridicas del derecho publico vigentes entre los pueblos es la mutua confianza, la general persuasion de que todas las partes deben ser fieles a la palabra empenada; la admision, finalmente, por todos de la verdad de este principio: Es mejor la sabiduria que las armas bélicas 43 ; y, ademas, la disposicion de animo para discutir e investigar los propios intereses y no para solucionar las diferencias con la amenaza de la fuerza cuando surjan demoras, controversias, dificultades y cambios, cosas todas que pueden nacer no solamente de mala voluntad, sino también del cambio de las circunstancias y del cruce de intereses opuestos.
57. Pero separar el derecho de gentes del derecho divino para apoyarlo en la voluntad autonoma del Estado como fundamento exclusivo, equivale a destronar ese derecho del solio de su honor y de su firmeza y entregarlo a la apresurada y destemplada ambicion del interés privado y del egoismo colectivo, que solo buscan la afirmacion de sus derechos propios y la negacion de los derechos ajenos.
58. Hay que afirmar, es cierto, que, con el transcurso del tiempo y el cambio substancial de las circunstancias -no previstas y tal vez imprevisibles al tiempo de la estipulacion-, un tratado entero o alguna de sus clausulas pueden resultar o pueden parecer injustas, o demasiado gravosas, o incluso inaplicables para alguna de las partes contratantes. Si esto llega a suceder, es necesario recurrir a tiempo a una leal discusion para modificar en lo que sea conveniente o sustituir por completo el pacto establecido. Pero considerar los convenios ratificados como cosa efimera y caduca y atribuirse la tacita facultad de rescindirlos cuando la propia utilidad parezca aconsejarlo, o atribuirse la facultad de quebrantarlos unilateralmente, sin con sultar a la otra parte contratante, es un proceder que echa por tierra la seguridad de la confianza reciproca entre los Estados, de esta manera queda totalmente derribado el orden natural y los pueblos quedan separados por un inmenso vacio, imposible de salvar 44 .
59. Hoy dia, venerables hermanos, todos miran con espanto el cumulo de males al que han llevado los errores y el falso derecho de que hemos hablado y sus consecuencias practicas. Se ha desvanecido el espejismo de un falso e indefinido progreso, que enganaba a muchos; la tragica actualidad de las ruinas presentes parece despertar de su sueno a los que seguian dormidos, repitiendo la sentencia del profeta: Sordos, oid, y, ciegos, mirad 45 . Lo que externamente parecia ordenado, en realidad no era otra cosa que una perturbacion general invasora de todo; perturbacion que ha alcanzado a las mismas normas de la vida moral, una vez que éstas, separadas de la majestad de la ley divina, han contaminado todos los campos de la actividad humana. Pero dejemos ahora el pasado y volvamos los ojos hacia ese porvenir que, segun las promesas de aquellos que tienen en sus manos los destinos de los pueblos -cuando cesen los sangrientos conflictos presentes-, traera consigo una nueva organizacion, fundada en la justicia y en la prosperidad. Pero ¿es que acaso ese porvenir sera en realidad diverso, y, lo que es mas importante, llegara a ser mejor y mas feliz? Los nuevos tratados de paz y el establecimiento de un nuevo orden internacional que surgiran cuando termine la guerra, ¿estaran acaso animados de la Justicia y de la equidad hacia todos y de un espiritu pacifico y restaurador o constituiran mas bien una luctuosa repeticion de los errores antiguos y de los errores recientes? Es totalmente v ano, es enganoso, y la experiencia lo demuestra, poner la esperanza de un nuevo orden exclusivamente en la conflagracion bélica y en el desenlace final de ésta. El dia de la victoria es un dia de triunfo para quien tiene la fortuna de conseguirla; pero es al mismo tiempo una hora de peligro mientras el angel de la justicia lucha con el demonio de la violencia. Porque, con demasiada frecuencia, el corazon del vencedor se endurece, y la moderacion y la prudencia sagaz y previsora se le antojan enfermiza debilidad de animo. Y, ademas, la excitacion de las pasiones populares, exacerbadas por los innumerables y enormes sacrificios y sufrimientos soportados, muchas veces parece anublar la vista de los hombres responsables de las determinaciones, y les hace cerrar sus oidos a la amonestadora voz de la equidad humana que parece vencida o extinguida por el inhumano clamor de ¡Ay de los vencidos! Por este motivo, si en tales circunstancias se adoptan resoluciones y se toman decisiones judiciales sobre las cuestiones planteadas, puede suceder que auténticos hechos injustos tengan la mera apariencia de una externa justicia 46 .
III - La reeducacion religiosa y espiritual de los pueblos
60. La salvacion de los pueblos, venerables hermanos, no nace de los medios externos, no nace de la espada, que puede imponer condiciones de paz, pero no puede crear la paz. Las energias que han de renovar la faz de la tierra tienen que proceder del interior de las almas. El orden nuevo del mundo que regira la vida nacional y dirigira las relaciones internacionales -cuando cesen las crueles atrocidades de esta guerra sin precedentes-, no debera en adelante apoyarse sobre la movediza e incierta arena de normas efimeras, inventadas por el arbitrio de un egoismo utilitario, colectivo o individual, sino que debera levantarse sobre el inconcluso y firme fundamento del derecho natural y de la revelacion divina. Es aqui donde debe buscar el legi slador el espiritu de equilibrio y la conciencia de su responsabilidad, sin los cuales facilmente se desconocen los limites exactos que separan el uso legitimo del uso ilegitimo del poder. Unicamente asi tendran sus determinaciones consistencia interna, noble dignidad y sancion religiosa, y no servir meramente para satisfacer las exigencias del egoismo y de las pasiones humanas. Porque, si bien es verdad que los males que aquejan actualmente a la humanidad provienen de una perturbada y desequilibrada economia y de la enconada lucha por una mas equitativa distribucion de los bienes que Dios ha concedido a los hombres para el sustento y progreso de éstos, sin embargo, es un hecho evidente que la raiz de estos males es mas profunda, pues toca a la creencia religiosa y a los principios normativos del orden moral, corrompidos y destruidos por haberse separado progresivamente los pueblos de la moral verdadera, de la unidad de la fe y de la ensenanza cristiana que en otro tiempo procuro y logro con su infatigable y benéfica labor la Iglesia. La reeducacion de la humanidad, si quiere ser efectiva, ha de quedar saturada de un espiritu principalmente religioso; ha de partir de Cristo como fundamento indispensable, ha de tener como ejecutor eficaz una integra justicia y como corona la caridad.
61. Llevar a cabo esta obra de renovacion espiritual, que debera adaptar sus medios al cambio de los tiempos y al cambio de las necesidades del género humano, es deber principalmente de la materna mision de la Iglesia. La predicacion del Evangelio, que le ha confiado su divino Fundador, con la cual se inculcan a los hombres los preceptos de la verdad, de la justicia y de la caridad, e igualmente el esfuerzo por arraigar solida y profundamente estos preceptos en las almas, son medios tan idoneos para el logro de la paz, es una labor tan noble y eficaz, que no hay ni puede haber otros que se les igualen. Esta mision, por su amplitud y su gravedad, deberia, a primera vista, desalentar los corazones de los miembros de la Iglesia militante; si n embargo, el procurar con todas las fuerzas posibles la difusion del reino de Dios -mision realizada por la Iglesia a lo llargo de los siglos de modos muy diversos, no sin graves y duras dificultades- es un deber al que estan obligados todos cuantos, liberados por la gracia del Senor de la esclavitud de Satanas, han sido llamados por medio del santo bautismo a formar parte del reino de Dios. Y si el formar parte de este reino, y el vivir conforme a su espiritu, y el trabajar por su difusion y por hacer asequibles sus bienes espirituales a un numero cada vez mayor de hombres, exigen en nuestros dias tener que luchar con toda clase de oposiciones y de dificultades perfectamente organizadas y tan serias como tal vez jamas lo han sido en tiemp os anteriores, esto no dispensa a los fieles de la franca y valerosa profesion de la fe catolica, sino que mas bien los estimula incesantemente a mantenerse firmes en la defensa de su causa, aun a costa de la pérdida de los propios bienes y del sacrificio de la propia vida. El que vive del espiritu de Cristo no se abate por las dificultades que surgen, sino que, totalmente confiado en Dios, soporta con animo esforzado toda clase de trabajos; no huye las angustias ni las necesidades de la hora presente, sino que sale a su encuentro, dispuesto siempre a ayudar con aquel amor que, mas fuerte que la muerte, no rehuye el sacrificio ni se deja ahogar por el oleaje de las tribulaciones 47 .
62. Nos sentimos, venerables hermanos, un intimo consuelo y un gozo sobrenatural, y diariamente damos a Dios gracias por ello, al contemplar en todas las regiones del mundo catolico evidentes y heroicos ejemplos de un encendido espiritu cristiano, que valerosamente se enfrenta con todas las exigencias de nuestra época y que con noble esfuerzo procura alcanzar la propia santificacion -que es lo primero y lo esencial- y desarrolla una labor de iniciativas apostolicas para aumentar el reino de Dios. De los frecuentes congresos eucaristicos, promovidos sin descanso por nuestros predecesores con suma solicitud, y de la colaboracion de los seglares, formados eficazmente por la Accion Catolica en el profundo convencimiento de su mision, brotan fuentes de gracia y de virtudes tan abundantes, que en un siglo como el presente, que parece multiplicar las amenazas y provocar necesidades cada vez mayores, y mientras el cristianismo se ve atacado con virulencia cada dia mayor por las fuerzas de la impiedad, tienen tanta importancia y oportunidad, que dificilmente pueden ser estimados en su verdadero valor.
63. Hoy dia, en que, por desgracia, el numero de sacerdotes es inferior al numero de necesidades que deben cubrir, y en que se aplica también la palabra del Salvador: La mies es mucha y los operarios pocos 48 , la colaboracion de los seglares prestada a la Jerarquia eclesiastica, y cada dia creciente y animada de un ardiente celo y de una total entrega, ofrece a los ministros sagrados una valiosa fuerza auxiliar y promete tales frutos que justifican las mas bellas esperanzas. La suplica de la Iglesia dirigida al Senor de la mies para que envie operarios a su vina parece haber sido oida de la manera que convenia a las necesidades de la hora presente, supliendo felizmente y completando el trabajo, muchas veces insuficiente y obstaculizado, del apostolado sacerdotal. Grupos fervorosos de hombres y mujeres, de jovenes de ambos sexos, obedientes a la voz del Sumo Pontifice y a las normas de sus respectivos obispos, se consagran con todo el ardor de su espiritu a las obras del apostolado, para devolver a Cristo las masas populares, que, por desgracia, se habian alejado de l. A ellos vayan dirigidos, gn este momento tan grave para la Iglesia y para la humanidad, nuestro saludo paterno, nuestro sentido agradecimiento, y sepan que Nos les seguimos con paterna y confiada esperanza. Ellos, que siguen con amor la bandera de Cristo Rey y le han consagrado su persona su vida y su obra, pueden apropiarse justamente las palabras del salmista: Yo consagro mis obras al Rey 49 ; y no solo con la oracion sino también con las obras procuran realizar la venida del reino de Dios. En todas las clases y categorias sociales, esta colaboracion de los seglares con el sacerdocio encierra valiosas energias, a las que esta confiada una mision, que los corazones nobles y fieles no pueden desear mas alta y consoladora. Este trabajo apostolico, realizado segun el espiritu y las normas de la Iglesia, consagra al seglar como ministro de Cristo, en el sentido que San Agustin explica de esta manera: "Cuando ois, hermanos, decir al Senor: Donde estoy yo, alli estara también mi ministro, no penséis unicamente en los obispos y clérigos santos. También vosotros, a vuestra manera, sed ministros de Cristo, viviendo bien, haciendo limosna, predicando a cuantos podais su nombre y su doctrina, para que cada uno, aun el padre de familia reconozca en este nombre que debe un amor paterno a su familia. Por Cristo y por la vida eterna, a todos los suyos debe amonestar, ensenar, exhortar, corregir, usar con ellos de benevolencia, ejercitar la disciplina; de esta manera desempenara en su casa un oficio eclesiastico y en cierto modo episcopal, sirviendo a Cristo para vivir eternamente con l" 50 .
64. Hay que advertir aqui que la familia tiene una parte muy principal en el fomento de esta colaboracion de los seglares, tan importante, como hemos dicho, en nuestros tiempos, porque el gobierno equilibrado de la familia ejerce un influjo extraordinario en la formacion espiritual de los hijos. Mientras en el hogar doméstico brille la llama sagrada de la fe cristiana y los padres imbuyan con esta fe las almas de los hijos, no hay duda alguna que nuestra juventud estara siempre dispuesta a reconocer practicamente la realeza de Jesucristo y a oponerse valiente y virilmente a todos cuantos intenten desterrar al Redentor de la sociedad humana y profanar sacrilegamente sus sagrados derechos. Donde se cierran las iglesias, donde se quitan de l as escuelas y de la ensenanza la imagen de Jesus crucificado, queda el hogar familiar como el unico refugio impenetrable de la vida cristiana, preparado providencialmente por la benignidad divina. Damos infinitas gracias a Dios al ver el numero innumerable de familias que cumplen esta mision con una fidelidad que no se deja amedrentar ni por los ataques ni por los sacrificios. Un poderoso ejército de jovenes de ambos sexos, aun en aquellas regiones en las que la fe en Cristo implica una persecucion inicua y toda clase de sufrimientos, permanece impavido junto al trono del Redentor con una fortaleza tan segura que hace recordar los heroicos ejemplos del martirologio cristiano. Si en todas partes se diera a la Iglesia, maestra de la justicia y de la caridad, la libertad de accion a la que tiene un sagrado e incontrovertible derecho en virtud del mandato divino, brotarian por todas partes riquisimas fuentes de bienes, naceria la luz para las almas y un orden tranquilo para los Estados, se tendrian fuerzas necesariamente valiosas para promover la auténtica prosperidad del género humano. Y si los esfuerzos que tienden a establecer una paz definitiva en el interior de los Estados y en la vida internacional se dejasen regular por las normas del Evangelio -que predican y subrayan el amor cristiano frente al inmoderado afan de los intereses propios que sacude a los individuos y a las masas-, se evitarian, sin duda alguna, muchas y graves desdichas y se concederia a la humanidad una tranquila felicidad.
65. Porque entre las leyes reguladoras de la vida cristiana y los postulados de una auténtica humanidad fraterna no existe oposicion, sino consonancia reciproca y mutuo apoyo. Nos, por consiguiente, que tanto deseamos procurar el bien de la humanidad doliente y perturbada en el orden material y en el orden espiritual, no tenemos mayor deseo que el de que las actuales angustias abran los ojos de muchos para que consideren atentamente en su verdadera luz a Jesucristo, Senor nuestro, y la mision de su Iglesia sobre la tierra, y que todos cuantos rigen el timon del Estado dejen libre el camino a la Iglesia para que ésta pueda asi trabajar en la formacion de una nueva época, segun los principios de la justicia y de la paz. Esta obra de paz exi ge que no se pongan obstaculos al ejercicio de la mision confiada por Dios a la Iglesia; que no se limite injustamente el campo de su actividad; que no se substraigan, por ultimo, las masas, y especialmente la juventud, a su benéfico influjo. Por lo cual Nos, como representante en la tierra de Aquel que fue llamado por el profeta Principe de la Paz 51 , exhortamos y conjuramos a los gobernantes y a todos los que de alguna manera tienen influencia en la vida politica para que la Iglesia goce siempre de la plena libertad debida, y pueda asi realizar su obra educadora, comunicar a las mentes la verdad, inculcar en los espiritus la justicia y enfervorizar los corazones con la caridad divina de Cristo.
66. Porque, asi como la Iglesia no puede renunciar al ejercicio de su mision, que consiste en realizar en la tierra el plan divino de restaurar en Cristo todas las cosas de los cielos y de la tierra 52 , asi también su obra resulta hoy dia mas necesaria que nunca, pues la experiencia nos ensena que los medios puramente externos, las precauciones humanas y los expedientes politicos no pueden dar lenitivo alguno eficaz a los gravisimos males que aquejan a la humanidad.
67. Aleccionados por el doloroso fracaso de los esfuerzos humanos dirigidos a impedir y frenar las tempestades que amenazan destruir la civilizacion humana, muchos dirigen su mirada, con renovada esperanza, a la Iglesia, ciudadela de la verdad y del amor y a esta Catedra de San Pedro, que saben puede restituir al género humano aquella unidad de doctrina religiosa y moral que en los siglos pasados dio consistente seguridad a una tranquila relacion de convivencia entre los pueblos. A esta unidad miran con encendida nostalgia tantos hombres, responsables del destino de las naciones, que experimentan diariamente la falsia de aquellas realidades en las que un dia cifraron su gran confianza; unidad que innumerables multitudes de hijos nuestros ansian ardientemente, los cuales invocan a diario al Dios de la paz y del amor 53 , unidad que anhelan, finalmente, tantos espiritus nobles separados de Nos, que en su hambre y sed de justicia y de paz, vuelven sus ojos a la Sede de Pedro, esperando de ésta la luz y el consejo.
68. Todos ellos reconocen la inconmovida firmeza dos voces milenaria de la Iglesia catolica en la profesion de la fe y en la defensa de la moral cristiana, reconocen también la estrecha unidad de la jerarquia eclesiastica, que, ligada al sucesor del Principe de los Apostoles, ilumina las mentes con la doctrina del Evangelio dirige a los hombres a la santidad y, mientras es maternalmente condescendiente con todos, se mantiene firme, soportando incluso los tormentos mas duros y el mismo martirio, cuando hay que decidir un asunto con aquellas palabras: Non licet! 54
69. No obstante, venerables hermanos, la doctrina de Cristo, que es la unica que puede dar al hombre las verdades fundamentales de la fe, y es la que aguza las inteligencias, y enriquece las almas con la gracia sobrenatural, y propone remedios idoneos para las graves dificultades actuales, e igualmente la actividad apostolica de la Iglesia, que ensena a la humanidad esa misma doctrina propagada por todo el mundo y que modela a los hombres segun los principios del Evangelio, son a veces objeto de hostiles sospechas, como si sacudieran los quicios de la autoridad politica y usurpasen los derechos de ésta.
70. Contra estos recelos, Nos -manteniendo en todo su vigor las ensenanzas expuestas por nuestro predecesor, de inmortal memoria, Pio XI , en su enciclica Quas primas, de 11 de diciembre de 1925, sobre el poder de Cristo Rey y el poder de la Iglesia 55 - declaramos con sinceridad apostolica que la Iglesia es totalmente ajena a semejantes propositos, porque la Iglesia abre sus maternales brazos a todos los hombres, no para dominarlos politicamente, sino para prestarles toda la ayuda que le es posible 56 . Ni tampoco pretende la Iglesia invadir la esfera de competencia propia de las restantes autoridades legitimas, sino que mas bien les ofrece su ayuda, penetrada del espiritu de su divino Fundador y siguiendo el ejemplo de Aquel que paso ha ciendo el bien 57 .
71. La Iglesia predica e inculca el deber de obedecer y de respetar a la autoridad terrena, que recibe de Dios su noble origen y se atiene a la ensenanza del divino Maestro, que dice: Dad a César lo que es del César 58 . No pretende usurpar los derechos ajenos aquélla que canta en su sagrada liturgia: No arrebata reinos mortales quien da los celestiales 59 . La Iglesia no menoscaba las energias humanas, sino que las levanta a las cimas mas altas y nobles, formando caracteres firmes, que nunca traicionen los deberes de su conciencia. La Iglesia, que ha civilizado tantos pueblos y naciones nunca ha retardado el progreso de la humanidad, sino que, por el contrario con materno orgullo se complace en ese progreso. El fin que la Iglesia pretende ha sido declarado de modo admirable por los angeles sobre la cuna del Verbo encarnado cuando cantaron gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad 60 . Esta paz, que el mundo no puede dar, el divino Redentor la ha dejado a sus discipulos como herencia: Os dejo la paz, os doy mi paz 61 ; esta paz la han conseguido, la consiguen y la conseguiran innumerables hombres que han abrazado amorosamente la doctrina de Cristo, compendiada por l mismo en el doble precepto del amor a Dios y el amor al projimo. La historia de casi veinte siglos, la historia llamada sabiamente por el gran orador maestra de la vida 62 . demuestra la verdad de aquella sentencia de la Sagrada Escritura: No tiene paz el que resiste a Dio s 63 , porque la unica piedra angular 64 sobre la que tanto el Estado como el individuo pueden hallar salvacion segura es Cristo.
72. Ahora bien, como la Iglesia esta fundada sobre esta piedra angular, por esto las potencias adversarias nunca podran destruirla, nunca podran debilitarla: Portae inferi non praevalebunt 65 ; las luchas internas y externas contribuyen mas bien a acrecentar su fuerza sus virtudes y, al mismo tiempo, le proporcionan la corona gloriosa de nuevas victorias. Por el contrario, todo otro edificio que no tenga como fundamento la doctrina de Cristo, esta levantado sobre una arena movediza, y su destino es, mas pronto o mas tarde, una inevitable caida 66 .
IV - El azote de la guerra mundial
73. Mientras os escribimos, venerables hermanos, esta nuestra primera enciclica nos parece, por muchas causas, que una hora de tinieblas 67 esta cayendo sobre la humanidad, hora en que las tormentas de una violenta discordia derraman la copa sangrienta de innumerables dolores y lutos. ¿Es acaso necesario que os declaremos que nuestro corazon de Padre, lleno de amor compasivo, esta al lado de todos sus hijos, y de modo especial al lado de los atribulados y perseguidos? Porque, aunque los pueblos arrastrados por el tragico torbellino de la guerra hasta ahora solo sufren tal vez los comienzos de los dolores 68 , sin embargo, reina ya en innumerables familias la muerte y la desolacion, el lamento y la miseria. La sangre de tantos hombres, incluso de no combatientes, que han perecido levanta un funebre llanto, sobre todo desde una amada nacion, Polonia, que por su tenaz fidelidad a la Iglesia y por sus méritos en la defensa de la civilizacion cristiana, escritos con caracteres indelebles en los fastos de la historia, tiene derecho a la compasion humana y fraterna de todo el mundo, y, confiando en la Virgen Madre de Dios, Auxilium Christianorum, espera el dia deseado en que pueda salir salva de la tormenta presente, de acuerdo con los principios, de una paz solida y justa.
74. Lo que ha sucedido hace poco y esta sucediendo también en estos dias, se presentaba ya a nuestros ojos como una vision anticipada cuando, no habiendo desaparecido todavia la ultima esperanza de conciliacion, hicimos todo lo posible, en la medida que nos sugerian nuestro ministerio apostolico y los medios de que disponiamos, para impedir el recurso a las armas y mantener abierto el camino de una solucion honrosa para las dos partes 69 . Convencidos como estabamos de que al uso de la fuerza por una parte se responderia con el recurso a las armas por la otra, consideramos entonces obligacion de nuestro apostolico ministerio y del amor cristiano hacer todas las gestiones posibles para evitar a la humanidad entera y a la cristiandad los horrores que se seguirian de una conflagracion mundial, aun temiendo que la manifestacion de nuestras intenciones y nuestros fines fuese mal interpretada. Pero nuestras amonestaciones, si bien fueron escuchadas con respetuosa atencion no fueron, sin embargo, obedecidas. Y mientras nuestro corazon de pastor mira dolorido y preocupado la gravedad de la situacion, se presenta ante nuestra vista la imagen del Buen Pastor, y, tomando sus propias palabras, nos juzgamos obligados a repetir en su nombre a la humanidad entera aquel lamento: ¡Si hubieses conocido... lo que te conducia a la paz, pero ahora esta oculto a tus ojos! 70 .
75. En medio de un mundo que actualmente es tan contrario a la paz de Cristo en el reino de Cristo, la Iglesia y sus fieles experimentan unas dificultades que rara vez conocieron en su larga historia de luchas y contradicciones. Pero los que precisamente en tiempos tan dificiles permanecen firmes en su fe y tienen un corazon inquebrantable, saben que Cristo Rey esta en la hora de la prueba, que es la hora de la fidelidad, mas cerca que nunca de nosotros. Consumida por la tristeza de tantos hijos suyos que sufren males innumerables, pero sostenida por la firme fortaleza que proviene de las promesas divinas, la Esposa de Cristo, en medio de sus sufrimientos, avanza al encuentro de amenazadoras tempestades. Sabe la Iglesia que la verdad que ella anuncia y el amor que ella ensena y pone en practica seran los mejores estimulos y los mejores medios que tendran a su alcance los hombres de buena voluntad en la reconstruccion de un nuevo orden nacional e internacional establecido segun la justicia y el amor, una vez que la humanidad, cansada del camino del error, haya saboreado hasta la saciedad los amargos frutos del odio y de la violencia.
76. Entretanto, venerables hermanos, hay que esforzarse por que todos, y principalmente los que sufren la calamidad de la guerra, experimenten que el deber de la caridad cristiana, quicio fundamental del reino de Cristo, no es palabra vacia, sino practica realidad viviente. Un vasto campo de ocasiones se abre hoy dia a la caridad cristiana en todas sus formas. Confiamos plenamente en que todos nuestros hijos, especialmente aquellos que se ven libres del azote de la guerra, imitando al divino Samaritano, aliviaran en la medida de sus fuerzas a todos los que, por ser victimas de la guerra, tienen derecho especial no solo a la compasion, sino también al socorro.
77. La Iglesia catolica, civitas Dei, "cuyo rey es la verdad, cuya ley la caridad, cuya medida la eternidad" 71 , predicando la verdad cristiana, exenta de errores y de contemporizaciones, y consagrandose con amor de madre a las obras de la caridad cristiana destaca sobre el oleaje de los errores y de las pasiones como una bienaventurada vision de paz y espera el dia en que la omnipotente mano de Cristo, su Rey, calme el tumulto de las tempestades y destierre el espiritu de la discordia que las ha provocado. Todo cuanto esta a nuestro alcance para acelerar el dia en que la paloma de la paz halle donde reposar su pie sobre esta tierra sumergida en el diluvio de la discordia, todo ello lo utilizaremos, confiando tanto en los hombres de Esta do que antes de desencadenarse la guerra trabajaron noblemente por alejar de los pueblos tan terrible azote como también en los millones de hombres de todos los paises y de todas las clases sociales que piden a gritos no solo la justicia, sino también la caridad y la misericordia, y confiando, finalmente y sobre todo, en Dios omnipotente, a quien diariamente dirigimos esta plegaria: A la sombra de tus alas esperaré hasta que pase la iniquidad 72 .
78. Dios tiene un poder infinito; tiene en sus manos lo mismo la felicidad y el destino de los pueblos que las intenciones de cada hombre, y dulcemente inclina a unos y otros en la direccion que El quiere; y hasta tal punto es esto verdad, que incluso los mismos obstaculos que se le ponen quedan convertidos por su omnipotencia en medios idoneos para modelar el curso de los acontecimientos y para enderezar las mentes y las voluntades de los hombres a sus altisimos fines.
79. Orad, pues, a Dios, venerables hermanos; orad sin interrupcion, orad sobre todo cuando ofrecéis la Hostia divina del amor. Orad a Dios vosotros, a quienes la valiente profesion de vuestra fe impone duros, penosos y, no raras voces, sobrehumanos sacrificios; orad a Jesucristo vosotros, miembros pacientes y dolientes de la Iglesia, cuando Jesus viene a consolar y aliviar vuestras penas.
80. Y con un recto espiritu de mortificacion y con el ejercicio de dignas obras de penitencia, no dejéis de hacer vuestras plegarias mas agradables a Aquel que levanta a los que caen y anima a los deprimidos 73 , para que el Redentor misericordioso abrevie los dias de la prueba y se cumplan asi las palabras del Salmo: Clamaron al Senor en sus tribulaciones y los libro de sus necesidades 74 .
81. Y vosotros, candidas legiones de ninos, en quienes Jesus tiene puestas sus delicias, cuando os alimentais con el Pan de los angeles, alzad vuestras ingenuas y puras plegarias unidas a las de toda la Iglesia. El Corazon Sacratisimo de Jesus, que tanto os ama, no puede en modo alguno rechazar la oracion de vuestras almas inocentes. Orad todos, orad sin interrupcion: sine intermissione orate 75 .
82. Asi practicaréis el precepto del divino Maestro, el testamento sagrado de su corazon, ut omnes unum sint 76 : que todos vivan en aquélla unidad de fe y de amor, a través de la cual el mundo pueda reconocer la potencia y la eficacia de la redencion de Cristo y de la obra de la Iglesia, por l establecida.
83. La Iglesia primitiva, que comprendio y practico este divino precepto, lo resumio en una significativa oracion; unidos con ella, expresad también vosotros en vuestra oracion aquellos sentimientos que tan bien responden a las necesidades de nuestra época: "Acuérdate, Senor, de tu Iglesia, para que la libres de todo mal y la perfecciones en tu caridad, y de los cuatro vientos reunela santificada en tu reino, que preparaste para ella; pues tuya es la virtud y la gloria por los siglos de los siglos" 77 .
Finalmente, deseando con ardor que Dios, autor y amante de la paz, escuche benigno las suplicas de su Iglesia, como prenda de las gracias divinas y testimonio de nuestra benévola voluntad os damos a todos paternalmente la bendicion apostolica.
Dado en Castelgandolfo, cerca de Roma, el 20 de octubre de 1939, ano primero de nuestro pontificado.
Pius pp. XII
PIOXII, MAGISTERIO PONTIFICIO