Ad Gentes 18


CAPITULO III

LAS IGLESIAS PARTICULARES

Incremento de las Iglesias jovenes

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La obra de implantacion de la Iglesia en un determinado grupo de hombres consigue su objetivo determinado cuando la congregacion de los fieles, arraigada ya en la vida social y conformada de alguna manera a la cultura del ambiente, disfruta de cierta estabilidad y firmeza; es decir, esta provista de cierto numero, aunque insuficiente, de sacerdotes nativos, de religiosos y seglares, se ve dotada de los ministerios e instituciones necesarias para vivir, y dilatar la vida del Pueblo de Dios bajo la guia del Obispo propio.

En estas Iglesias jovenes la vida del Pueblo de Dios debe ir madurando por todos los campos de la vida cristiana, que hay que renovar segun las normas de este Concilio: las congregaciones de fieles, con mayor conciencia cada dia, se hacen comunidades vivas de la fe, de la liturgia y de la caridad; los laicos, con su actuacion civil y apostolica, se esfuerzan en establecer en la sociedad el orden de la caridad y de la justicia; se aplican oportuna y prudentemente los medios de comunicacion social; las familias, por su vida verdaderamente cristiana, se convierten en semilleros de apostolado seglar y de vocaciones sacerdotales y religiosas. Finalmente, la fe se ensena mediante una catequesis apropiada, se manifiesta en la liturgia desarrollada conforme al caracter del pueblo y por una legislacion canonica oportuna se introduce en las buenas instituciones y costumbres locales.

Los Obispos, juntamente con su presbiterio, imbuidos mas y mas del sentir de Cristo y de la Iglesia, procuran sentir y vivir con toda la Iglesia. Consérvese la intima union de las Iglesias jovenes con toda la Iglesia, cuyos elementos tradicionales deben asociar a la propia cultura, para aumentar con efluvio mutuo de fuerzas de vida del Cuerpo mistico. Por ello, cultivense los elementos teologicos, psicologicos y humanos que puedan conducir al fomento de este sentido de comunion con la Iglesia universal.

Pero estas Iglesias, situadas con frecuencia en las regiones mas pobres del orbe, se ven todavia muchas veces en gravisima penuria de sacerdotes y en la escasez de recursos materiales. Por ello, tienen suma necesidad de que la continua accion misional de toda la Iglesia les suministre los socorros que sirvan, sobre todo, para el desarrollo de la Iglesia local y para la madurez de la vida cristiana. Ayude también la accion misional a las Iglesias, fundadas hace tiempo, que se encuentran en cierto estado de retroceso o debilitamiento.

Estas Iglesias, con todo, organicen un plan comun de accion pastoral y las obras oportunas, para aumentar en numero, juzgar con mayor seguridad y cultivar con mas eficacia las vocaciones para el clero diocesano y los institutos religiosos, de forma que puedan proveerse a si mismas, poco a poco, y ayudar a otras.

Actividad misionera de las Iglesias particulares

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Como la Iglesia particular debe representar lo mejor que pueda a la Iglesia universal, conozca muy bien que ha sido enviada también a aquellos que no creen en Cristo y que viven en el mismo territorio, para servirles de orientacion hacia Cristo con el testimonio de la vida de cada uno de los fieles y de toda la comunidad.

Se requiere, ademas, el ministerio de la palabra, para que llegue a todos el Evangelio, El Obispo, en primer lugar, debe ser el heraldo de la fe que lleve nuevos discipulos a Cristo. para cumplir debidamente este sublime encargo, conozca integramente las condiciones de su grey y las intimas opiniones de sus conciudadanos acerca de Dios, advirtiendo también cuidadosamente los cambios que han introducido las urbanizaciones, las migraciones y el indiferentismo religioso.

Emprendan fervorosamente los sacerdotes nativos la obra de la evangelizacion en las Iglesias jovenes, trabajando a una son los misioneros extranjeros, con los que forman un presbiterio aunando bajo la autoridad del Obispo, no solo para apacentar a los fieles y celebrar el culto divino, sino también para predicar el Evangelio a los infieles. Estén dispuestos y cuando se presente la ocasion ofrézcanse con valentia a su Obispo para emprender la obra misionera en las regiones apartadas o abandonadas de la propia diocesis o en otras diocesis.

Inflamense en el mismo celo los religiosos y religiosas e incluso los laicos para con sus conciudadanos, sobre todo los mas pobres.

Preocupense las Conferencias Episcopales de que en tiempos determinados se organicen cursos de renovacion biblica, teologica, espiritual y pastoral, para que el clero, entre las variedades y cambios de vida, adquiera un conocimiento mas completo de la teologia y de los métodos pastorales.

Por lo demas, obsérvese reverentemente todo lo que ha establecido este Concilio, sobre todo en el Decreto del "ministerio y de la vida de los presbiteros".

Para llevar a cabo esta obra misional de la Iglesia particular se requieren ministros idoneos, que hay que preparar a su tiempo de modo conveniente a las condiciones de cada Iglesia. pero como los hombres tienden, cada vez mas, a reunirse en Episcopales establezcan las normas comunes para entablar dialogo con estos grupos. Y si en algunas regiones se hallan grupos de hombres que se resisten a abrazar la fe catolica porque no pueden acomodarse a la forma especial que haya tomado alli la Iglesia, se desea que se les atienda particularmente, hasta que puedan juntarse en una comunidad todos los cristianos. cada Obispo llame a su diocesis a los misioneros que la Sede Apostolica pueda tener preparados para este fin o recibalos de buen grado y promueva eficazmente sus empresas.

Para que este celo misional florezca entre los nativos del lugar es muy conveniente que las Iglesias jovenes participen cuanto antes activamente en la mision universal de la Iglesia, enviando también ellos misioneros que anuncien el Evangelio por toda la tierra, aunque sufran escasez de clero. Porque la comunion con la Iglesia universal se completara de alguna forma cuando también ellas participen activamente del esfuerzo misional para con otros pueblos.

Fomento del apostolado seglar

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La Iglesia no esta verdaderamente fundada, ni vive plenamente, ni es signo perfecto de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquia un laicado propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en la mentalidad, en la vida y en el trabajo de un pueblo sin la presencia activa de los laicos. Por tanto, desde la fundacion de la Iglesia hay que atender, sobre todo, a la constitucion de un laicado cristiano maduro.

Pues los fieles seglares pertenecen plenamente al mismo tiempo, al Pueblo de Dios y a la sociedad civil: pertenecen al pueblo en que han nacido, de cuyos tesoros culturales empezaron a participar por la educacion, a cuya vida estan unidos por variados vinculos sociales, a cuyo progreso cooperan con su esfuerzo en sus profesiones, cuyos problemas sienten ellos como propios y trabajan por solucionar, y pertenecen también a Cristo, porque han sido regenerados en la Iglesia por la fe y por el bautismo, para ser de Cristo por la renovacion de la vida y de las obras, para que todo se someta a Dios en Cristo y, por fin, sea Dios todo en todas las cosas.

La obligacion principal de éstos, hombres y mujeres, es el testimonio de Cristo, que deben dar con la vida y con la palabra en la familia, en el grupo social y en el ambito de su profesion. Debe manifestarse en ellos el hombre nuevo creado segun Dios en justicia y santidad verdaderas. Han de reflejar esta renovacion de la vida en el ambiente de la sociedad y de la cultura patria, segun las tradiciones de su nacion. Ellos tienen que conocer esta cultura, restaurarla y conservarla, desarrollarla segun las nuevas condiciones y, por fin perfeccionarla en Cristo, para que la fe de Cristo y la vida de la Iglesia no sea ya extrana a la sociedad en que viven, sino que empiece a penetrarla y transformarla.

Unanse a sus conciudadanos con verdadera caridad, a fin de que en su trato aparezca el nuevo vinculo de unidad y de solidaridad universal, que fluye del misterio de Cristo. Siembren también la fe de Cristo entre sus companeros de vida y de trabajo, obligacion que urge mas, porque muchos hombres no pueden oir hablar del Evangelio ni conocer a Cristo mas que por sus vecinos seglares. Mas aun, donde sea posible, estén preparados los laicos a cumplir la mision especial de anunciar el Evangelio y de comunicar la doctrina cristiana, en una cooperacion mas inmediata con la Jerarquia para dar vigor a la Iglesia naciente.

Los ministros de la Iglesia, por su parte, aprecien grandemente el laborioso apostolado activo de los laicos. Formenlos para que, como miembros de Cristo, sean conscientes de su responsabilidad en favor de todos los hombres; intruyanlos profundamente en el misterio de Cristo, inicienlos en métodos practicos y asistanles en las dificultades, segun la constitucion Lumen Gentium y el decreto Apostolicam actuositatem.

Observando, pues, las funciones y responsabilidades propias de los pastores y de los laicos, toda Iglesia joven dé testimonio vivo y firme de Cristo para convertirse en signo brillante de la salvacion, que nos vino a través de El.

Diversidad en la unidad

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La semilla, que es la palabra de Dios, al germinar absorbe el jugo de la tierra buena, regada con el rocio celestial, y lo transforma y lo asimila para dar al fin fruto abundante. Ciertamente, a semejanza del plan de la Encarnacion, las Iglesias jovenes, radicadas en Cristo y edificadas sobre el fundamento de los Apostoles, toman, en intercambio admirable, todas las riquezas de las naciones que han sido dadas a Cristo en herencia (
Ps 2,8). Ellas reciben de las costumbres y tradiciones, de la sabiduria y doctrina, de las artes e instituciones de los pueblos todo lo que puede servir para expresar la gloria del Creador, para explicar la gracia del Salvador y para ordenar debidamente la vida cristiana.

Para conseguir este proposito es necesario que en cada gran territorio socio-cultural se promuevan los estudios teologicos por los que se sometan a nueva investigacion, a la luz de la tradicion de la Iglesia universal, los hechos y las palabras reveladas por Dios, consignadas en las Sagradas Escrituras y explicadas por los Padres y el Magisterio de la Iglesia. Asi aparecera mas claramente por qué caminos puede llegar la fe a la inteligencia, teniendo en cuenta la filosofia y la sabiduria de los pueblos, y de qué forma pueden compaginarse las costumbres, el sentido de la vida y el orden social con las costumbres manifestadas por la divina revelacion.

Con ello se descubriran los caminos para una acomodacion mas profunda en todo el ambito de la vida cristiana. Con este modo de proceder se excluira toda clase de sincretismo y de falso particularismo, se acomodaran la vida cristiana a la indole y al caracter de cualquier cultura, y seran asumidas en la unidad catolica las tradiciones particulares, con las cualidades propias de cada raza, ilustradas con la luz del Evangelio. Por fin, las Iglesias particulares jovenes, adornadas con sus tradiciones, tendran su lugar en la comunion eclesiastica, permaneciendo integro el primado de la catedra de Pedro, que preside a la asamblea universal de la caridad.

Es, por tanto, conveniente que las Conferencias Episcopales se unan entre si dentro de los limites de cada uno de los grandes territorios socio-culturales, de suerte que puedan conseguir de comun cuerdo este objetivo de la adaptacion.


CAPITULO IV

LOS MISIONEROS

La vocacion misionera

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Aunque a todo discipulo de Cristo incumbe el deber de propagar la fe segun su condicion, Cristo Senor, de entre los discipulos, llama siempre a los que quiere para que lo acompanen y los envia a predicar a las gentes. Por lo cual, por medio del Espiritu Santo, que distribuye los carismas segun quiere para comun utilidad, inspira la vocacion misionera en el corazon de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos, que reciben como mision propia el deber de la evangelizacion, que pertenece a toda la Iglesia.

Porque son sellados con una vocacion especial los que, dotados de un caracter natural conveniente, idoneos por sus buenas dotes e ingenio, estan dispuestos a emprender la obra misional, sean nativos del lugar o extranjeros: sacerdotes, religiosos o laicos. Enviados por la autoridad legitima, se dirigen con fe y obediencia a los que estan lejos de Cristo, segregados para la obra a que han sido llamados (
Ac 13,2), como ministros del Evangelio, "para que la oblacion de los gentiles sea aceptada y santificada por el Espiritu Santo" (Rm 15,16).

Espiritualidad misionera

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El hombre debe responder al llamamiento de Dios, de suerte que no asintiendo a la carne ni a la sangre, se entregue totalmente a la obra del Evangelio. pero no puede dar esta respuesta, si no le mueve y fortalece el Espiritu Santo. El enviado entra en la vida y en la mision de Aquel que "se anonado tomando la forma de siervo". Por eso debe estar dispuesto a permanecer durante toda su vida en la vocacion, a renunciarse a si mismo y a todo lo que poseia y a "hacerse todo a todos".

El que anuncia el Evangelio entre los gentiles dé a conocer con confianza el misterio de Cristo, cuyo legado es, de suerte que se atreva a hablar de El como conviene, no avergonzandose del escandalo de la cruz. Siguiendo las huellas de su Maestro, manso y humilde de corazon, manifieste que su yugo es suave y su carga ligera. Dé testimonio de su Senor con su vida enteramente evangélica, con mucha paciencia, con longanimidad, con suavidad, con caridad sincera, y si es necesario, hasta con la propia sangre.

Dios le concedera valor y fortaleza para que vea la abundancia de gozo que se encierra en la experiencia intensa de la tribulacion y de la absoluta pobreza. Esté convencido de que la obediencia es la virtud caracteristica del ministro de Cristo, que redimio al mundo con su obediencia.

A fin de no descuidar la gracia que poseen, los heraldos del Evangelio han de renovar su espiritu constantemente. Los ordinarios y superiores reunan en tiempos determinados a los misioneros para que se tonifiquen en la esperanza de la vocacion y se renueven en el ministerio apostolico, estableciendo incluso algunas casas apropiadas para ello.

Formacion espiritual y moral

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El futuro misionero ha de prepararse con una especial formacion espiritual y moral para un empeno tan elevado. Debe ser capaz de iniciativas constantes para continuar los trabajos hasta el fin, perseverante en las dificultades, paciente y fuerte en sobrellevar la soledad, el cansancio y el trabajo infructuoso. Se presentara a los hombres con mente abierta y corazon dilatado; recibiran con gusto los cargos que se le confien; se acomodara generosamente a las costumbres ajenas y a las cambiantes condiciones de los pueblos, ayudara a sus hermanos y a todos los que se dedican a la misma obra con espiritu de concordia y de caridad mutua, de suerte que imitando, juntamente con los fieles, la comunidad apostolica, constituyan un solo corazon y una sola alma (
Ac 2,42 Ac 4,32).

Ejercitense, cultivense y nutranse cuidadosamente de vida espiritual estas disposiciones de alma ya desde el tiempo de la formacion. Lleno de fe viva y de esperanza firme, el misionero sea hombre de oracion: inflamese en el espiritu de fortaleza, de amor y de templanza; aprenda a contentarse con lo que tiene; lleve en si mismo con espiritu de sacrificio la muerte de Jesus, para que la vida de Jesus obre en aquellos a los que es enviado; llevado del celo por las almas gastelo todo y sacrifiquese a si mismo por ellas, de forma que crezca " en el amor de Dios y del projimo con el cumplimiento diario de su ministerio". Cumpliendo asi con Cristo la voluntad del Padre continuara su mision bajo la autoridad jerarquica de la Iglesia y cooperara al misterio de la salvacion.

Formacion doctrinal y apostolica

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Los que hayan de ser enviados a los diversos pueblos como buenos ministros de Jesucristo, estén nutridos "con las palabras de la fe y de la buena doctrina", que tomaran ante todo, de la Sagrada Escritura, estudiando a fondo el Misterio de Cristo, cuyos heraldos y testigos han de ser.

por lo cual todos los misioneros -sacerdotes, hermanos, hermanas, laicos, cada uno segun su condicion- han de prepararse y formarse para que no se vean incapaces ante las exigencias de su labor futura. Dispongase ya desde el principio su formacion doctrinal de suerte que abarque la universalidad de la Iglesia y la diversidad de los pueblos. Esto se refiere a todas las disciplinas, con las que se preparan para el cumplimiento de su ministerio, y las otras ciencias, que aprenden utilmente para alcanzar los conocimientos ordinarios sobre pueblos, culturas y religiones, con miras no solo al pasado, sino también a la época actual. El que haya de ir a un pueblo extranjero aprecie debidamente su patrimonio, su lengua y sus costumbres. Es necesario, sobre todo, al futuro misionero dedicarse a los estudios misionologicos; es decir, conocer la doctrina y las disposiciones de la Iglesia sobre la actividad misional, saber qué cambios han recorrido los mensajeros. del Evangelio en el decurso de los siglos, la situacion actual de las misiones y también los métodos considerados hoy como mas eficaces.

Aunque toda esta formacion ha de estar llena de solicitud pastoral, ha de darse, sin embargo, una especial y ordenada formacion apostolica, teorica y practica.

Aprendan bien y preparense en catequética el mayor numero posible de hermanos y de hermanas para que puedan colaborar mejor en el apostolado.

Es necesario también que los que se dedican por un tiempo determinado a la actividad misionera adquieran una formacion apropiada a su condicion.

Pero esta diversa formacion ha de completarse en la region a la que seran enviados, de suerte que los misioneros conozcan ampliamente la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los pueblos, estén bien enterados del orden moral, de los preceptos religiosos y de su mentalidad acerca de Dios, del mundo y del hombre, conforme a sus sagradas tradiciones. Aprendan las lenguas hasta el punto de poder usarlas con soltura y elegancia, y encontrar en ello una mas facil penetracion en las mentes y en los corazones de los hombres. Han de ser iniciados, como es debido, en las necesidades pastorales caracteristicas de cada pueblo.

Algunos han de prepararse también de un modo mas profundo en los Institutos misionologicos u otras Facultades o Universidades para desempenar mas eficazmente cargos especiales y poder ayudar con sus conocimientos a los demas misioneros en la realizacion de su labor, que presenta tantas dificultades y oportunidades, sobre todo en nuestro tiempo. Es muy de desear, ademas que las Conferencias regionales de los Obispos tengan a su disposicion buen numero de peritos y usen de su saber y experiencia en las necesidades de su cargo. Y no falten tampoco quienes sepan usar perfectamente los instrumentos técnicos y de comunicacion social, cuya importancia han de apreciar todos.

Institutos que trabajan en las misiones

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Aunque todo esto es enteramente necesario para cada uno de los misioneros, sin embargo, es dificil que puedan conseguirlo aisladamente. No pudiéndose satisfacer la obra misional individualmente, como demuestra la experiencia, la vocacion comun congrego a los individuos en Institutos, en los que, reunidas las fuerzas, se formen convenientemente y cumplan esa obra en nombre de la Iglesia y a disposicion de la autoridad jerarquica. Estos Institutos sobrellevaron desde hace muchos siglos el peso del dia y del calor, entregados a la obra misional ya enteramente, ya solo en parte.

Muchas veces la Santa Sede les ha confiado evangelizar vastos territorios en que reunieron un pueblo nuevo para Dios, una iglesia local unida y sus pastores. Fundadas las iglesias con su sudor y a veces con su sangre, serviran con celo y experiencia, en fraterna cooperacion, o ejerciendo la cura de almas, o cumpliendo cargos especiales para el bien comun.

A veces asumiran trabajos mas urgentes en todo el ambito de alguna region; por ejemplo, la evangelizacion de grupos o de pueblos que quiza no recibieron el mensaje del Evangelio por razones especiales o lo rechazaron hasta el momento.

Si es necesario, estan dispuestos a formar y a ayudar con su experiencia a los que se ofrecen por tiempo determinado a la labor misional.

Por estas causas y porque aun hay que llevar muchas gentes a Cristo, continuan siendo muy necesarios los Institutos.


CAPITULO V

ORDENACION DE LA ACTIVAD MISIONAL

Introduccion

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Puesto que los fieles cristianos tienen dones diferentes, deben colaborar en el Evangelio cada uno segun su oportunidad, facultad, carisma y ministerio; todos, por consiguiente, los que siembran y los que siegan, los que plantan y los que riegan, es necesario que sean una sola cosa, a fin de que "buscando unidos el tiempo fin" dediquen sus esfuerzos unanimes a la edificacion de la Iglesia.

Por lo cual los trabajos de los heraldos del Evangelio y los auxilios de los demas cristianos hay que dirigirlos y aunarlos de forma que "todo se haga con orden", en todos los campos de la actividad y de la cooperacion misional.

Ordenacion general

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Perteneciendo, ante todo, al cuerpo de los Obispos la preocupacion de anunciar el Evangelio en todo el mundo, el sinodo de los Obispos, o sea "el Consejo estable de Obispos para la Iglesia universal", entre los negocios de importancia general, considere especialmente la actividad misional deber supremo y santisimo de la Iglesia.

Es necesario que haya un solo dicasterio competente, a saber: "De propaganda Fide", para todas las misiones y para toda la actividad misional, salvo, sin embargo, el derecho de las Iglesias orientales.

Aunque el Espiritu Santo suscita de muchas maneras el espiritu misional en la Iglesia de Dios, y no pocas veces se anticipa a la accion de quienes gobiernan la vida de la Iglesia, con todo, este dicasterio, en cuanto le corresponde, promueva también la vocacion y la espiritualidad misionera, el celo y la oracion por las misiones y difunda las noticias auténticas y convenientes sobre las misiones; suscite y distribuya los misioneros segun las necesidades mas urgentes de los paises. A ella compete dictar normas directivas y principios acomodados a la evangelizacion y darles impulsos. Promueva y coordine eficazmente la colecta de ayudas materiales, que ha de distribuirse a razon de la necesidad o de la utilidad, y de la extension del territorio, del numero de fieles y de infieles, de las obras y de las Instituciones, de los auxiliares y de los misioneros.

Juntamente con el Secretario, para promover la union de los cristianos, busque las formas y los medios de procurar y orientar la colaboracion fraterna y la pacifica convivencia con las empresas misionales de otras comunidades cristianas para evitar en lo posible el escandalo de la division.

Asi, pues, es necesario que este dicasterio sea a la vez instrumento de administracion y organo de direccion dinamica que emplee medios cientificos e instrumentos acomodados a las condiciones de este tiempo, teniendo en cuenta las investigaciones actuales de la teologia, de la metodologia y de la pastoral misionera.

Tengan parte activa y voto deliberativo en la direccion de este dicasterio representantes elegidos de entre todos los que colaboran en la Obra misional: Obispos de todo el orbe, segun el parecer de las Conferencias Episcopales, y superiores de los institutos y directores de las Obras Pontificias, segun normas y criterios que tenga a bien establecer el Romano Pontifice. Todos ellos, que han de ser convocados periodicamente, ejerzan, bajo la autoridad del Sumo Pontifice, la direccion suprema de toda la obra misional.

Tenga a su disposicion este dicasterio un Cuerpo permanente de consultores peritos, de ciencia o experiencia comprobada, a los que competira, entre otras cosas, el recoger la necesaria informacion, tanto sobre la situacion local de los diversos paises y de la mentalidad, modo de pensar de los diferentes grupos humanos, como sobre los métodos de evangelizar que hay que emplear, y proponer conclusiones cientificamente documentadas para la obra y la cooperacion misional.

Han de verse representados convenientemente los Institutos de religiosas, las obras regionales en favor de las misiones y las organizaciones de seglares, sobre todo internacionales.

Ordenacion local de las misiones

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para que en el ejercicio de la obra misional se consigan los fines y los efectos propuestos, tengan todos los misioneros "un solo corazon y una sola alma".

Es deber del Obispo, como rector y centro de unidad en el apostolado diocesano, promover, dirigir y coordinar la actividad misionera, pero de modo que se respete y favorezca la actividad espontanea de quienes toman parte en la obra. Todos los misioneros, incluso los religiosos exentos, estan sometidos al Obispo en las diversas obras que se refieren al ejercicio del sagrado apostolado. para lograr una coordinacion mejor, establezca el Obispo, en cuanto le sea posible, un Consejo pastoral en que tomen parte clérigos, religiosos y seglares por medio de delegados escogidos. Procure, ademas, que la actividad apostolica no se limite tan solo a los convertidos, sino que ha de destinar una parte conveniente de operarios y de recursos a la evangelizacion de los no cristianos.

Coordinacion regional

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Traten las Conferencias Episcopales de comun acuerdo los puntos y los problemas mas urgentes, sin descuidar las diferencias locales. Para que no se malogren los escasos recursos de personas y de medios materiales, ni se multipliquen los trabajos sin necesidad, se recomiendo que, uniendo las fuerzas, establezcan obras que sirvan para el bien de todos, como, por ejemplo, seminarios, escuelas superiores y técnicas, centros pastorales, catequisticos, liturgicos y de medios de comunicacion social.

Establézcase también una cooperacion semejante, si es oportuno, entre las diversas Conferencias Episcopales.

Ordenacion de la actividad de los Institutos

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Es también conveniente coordinar las actividades que desarrollan los Institutos o Asociaciones eclesiasticas. Todos ellos, de cualquier condicion que sean, secunden al ordinario del lugar en todo lo que se refiere a la actividad misional. Por lo cual sera muy provechoso establecer bases particulares que regulen las relaciones entre los ordinarios del lugar y el superior del Instituto.

Cuando a un Instituto se le ha encomendado un territorio, el superior eclesiastico y el Instituto procuren, de corazon, dirigirlo todo para que la comunidad cristiana se desarrolle en iglesia local, que a su debido tiempo sea dirigida por su propio pastor con su clero.

Al cesar la encomienda del territorio se crea una nueva situacion. Establezcan entonces, de comun acuerdo, las Conferencias Episcopales y los Institutos, normas que regulen las relaciones entre los ordinarios del lugar y los Institutos. La Santa Sede establecera los principios generales que han de regular las bases de los contratos regionales o particulares.

Si bien los Institutos estan preparados para continuar la obra empezada, colaborando en el ministerio ordinario de la cura de las almas, sin embargo, al aumentar el clero nativo, habra que procurar que los mismos Institutos, de acuerdo con su propio fin, permanezcan fieles a la misma diocesis encargandose generosamente en obras particulares o de alguna region.

Coordinacion entre Institutos

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Los Institutos que se dedican a la actividad misional en el mismo territorio conviene que encuentren un buen sistema de coordinar sus trabajos. para ello son muy utiles las Conferencias de religiosos y las reuniones de religiosas, en que tomen parte todos los Institutos de la misma nacion o region. Examinen estas Conferencias qué puede hacerse con el esfuerzo comun y mantengan estrechas relaciones con las Conferencias Episcopales.

Todo lo cual, y por idéntico motivo, conviene extenderlo a la colaboracion de los Institutos misioneros en la tierra patria, de suerte que puedan resolverse los problemas y empresas comunes con mas facilidad y menores gastos, como, por ejemplo, la formacion doctrinal de los futuros misioneros, los cursos para los mismos, las relaciones con las autoridades publicas o con los organos internacionales o supranacionales.

Coordinacion entre los Institutos cientificos

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Requiriendo el recto y ordenado ejercicio de la actividad misionera que los operarios evangélicos se preparen cientificamente para su trabajos, sobre todo para el dialogo con las religiones y culturas no cristianas, y reciban ayuda eficaz en su ejecucion, se desea que colaboren entre si fraternal y generosamente en favor de las misiones todos los Institutos cientificos que cultivan la misionologia y otras ciencias o artes utiles a las misiones, como la etnologia y la lingüistica, la historia y la ciencia de las religiones, la sociologia, el arte pastoral y otras semejantes.


CAPITULO VI

LA COOPERACION

Introduccion

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Puesto que toda la Iglesia es misionera y la obra de la evangelizacion es deber fundamental del Pueblo de Dios, el Santo Concilio invita a todos a una profunda renovacion interior a fin de que, teniendo viva conciencia de la propia responsabilidad en la difusion del Evangelio, acepten su cometido en la obra misional entre los gentiles.

Deber misionero de todo el Pueblo de Dios

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Todos los fieles, como miembros de Cristo viviente, incorporados y asemejados a El por el bautismo, por la confirmacion y por la Eucaristia, tienen el deber de cooperar a la expansion y dilatacion de su Cuerpo para llevarlo cuanto antes a la plenitud (
Ep 4,13).

Por lo cual todos los hijos de la Iglesia han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo, han de fomentar en si mismos el espiritu verdaderamente catolico y consagrar sus fuerzas a la obra de la evangelizacion. Conozcan todos, sin embargo, que su primera y principal obligacion por la difusion de la fe es vivir profundamente la vida cristiana. Pues su fervor en el servicio de Dios y su caridad para con los demas aportaran nuevo aliento espiritual a toda la Iglesia, que aparecera como estandarte levantado entre las naciones (Is 11,12) "luz del mundo" (Mt 5,14) y "sal de la tierra" (Mt 5,13). Este testimonio de la vida producira mas facilmente su efecto si se da juntamente con otros grupos cristianos segun las normas del decreto sobre el ecumenismo.

De la renovacion de este espiritu se elevaran espontaneamente hacia Dios plegarias y obras de penitencia para que fecunde con su gracia la obra de los misioneros, surgiran vocaciones misioneras y brotaran los recursos necesarios para las misiones.

Pero para que todos y cada uno de los fieles cristianos conozcan puntualmente el estado actual de la Iglesia en el mundo y escuchen la voz de los que claman : "ayudanos" (Ac 16,9), facilitense noticias misionales, incluso sirviéndose de los medios modernos de comunicacion social, que los cristianos, haciéndose cargo de su responsabilidad en la actividad misional, abran los corazones a las inmensas y profundas necesidades de los hombres y puedan socorrerlos.

Se impone también la coordinacion de noticias y la cooperacion con los organos nacionales e internacionales.

Deber misionero de las comunidades cristianas

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Viviendo el Pueblo de Dios en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las que de algun modo se hace visible, a ellas pertenece también dar testimonio de Cristo delante de las gentes.

La gracia de la renovacion en las comunidades no puede crecer si no expande cada una los campos de la caridad hasta los confines de la tierra, y no tiene, de los que estan lejos, una preocupacion semejante a la que siente por sus propios miembros.

De esta forma, toda la comunidad ruega, coopera y actua entre las gentes por medio de sus hijos, que Dios elige para esta empresa altisima.

Sera muy util, a condicion de no olvidar la obra misional universal, mantener comunicacion con los misioneros salidos de la misma comunidad, o con alguna parroquia o diocesis de las misiones para que se haga visible la union entre las comunidades y redunde en edificacion mutua.

Deber misionero de los Obispos


Ad Gentes 18