Congregacion para la Doctrina de la Fe - II. Algunos puntos criticos en el actual debate cultural y politico

II. Algunos puntos criticos en el actual debate cultural y politico


2. La sociedad civil se encuentra hoy dentro de un complejo proceso cultural que marca el fin de una época y la incertidumbre por la nueva que emerge al horizonte. Las grandes conquistas de las que somos espectadores nos impulsan a comprobar el camino positivo que la humanidad ha realizado en el progreso y la adquisicion de condiciones de vida mas humanas. La mayor responsabilidad hacia Paises en vias de desarrollo es ciertamente una senal de gran relieve, que muestra la creciente sensibilidad por el bien comun. Junto a ello, no es posible callar, por otra parte, sobre los graves peligros hacia los que algunas tendencias culturales tratan de orientar las legislaciones y, por consiguiente, los comportamientos de las futuras generaciones.

Se puede verificar hoy un cierto relativismo cultural, que se hace evidente en la teorizacion y defensa del pluralismo ético, que determina la decadencia y disolucion de la razon y los principios de la ley moral natural. Desafortunadamente, como consecuencia de esta tendencia, no es extrano hallar en declaraciones publicas afirmaciones segun las cuales tal pluralismo ético es la condicion de posibilidad de la democracia12. Ocurre asi que, por una parte, los ciudadanos reivindican la mas completa autonomia para sus propias preferencias morales, mientras que, por otra parte, los legisladores creen que respetan esa libertad formulando leyes que prescinden de los principios de la ética natural, limitandose a la condescendencia con ciertas orientaciones culturales o morales transitorias13, como si todas las posibles concepciones de la vida tuvieran igual valor. Al mismo tiempo, invocando enganosamente la tolerancia, se pide a una buena parte de los ciudadanos - incluidos los catolicos - que renuncien a contribuir a la vida social y politica de sus propios Paises, segun la concepcion de la persona y del bien comun que consideran humanamente verdadera y justa, a través de los medios licitos que el orden juridico democratico pone a disposicion de todos los miembros de la comunidad politica. La historia del siglo XX es prueba suficiente de que la razon esta de la parte de aquellos ciudadanos que consideran falsa la tesis relativista, segun la cual no existe una norma moral, arraigada en la naturaleza misma del ser humano, a cuyo juicio se tiene que someter toda concepcion del hombre, del bien comun y del Estado.


3. Esta concepcion relativista del pluralismo no tiene nada que ver con la legitima libertad de los ciudadanos catolicos de elegir, entre las opiniones politicas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquella que, segun el propio criterio, se conforma mejor a las exigencias del bien comun. La libertad politica no esta ni puede estar basada en la idea relativista segun la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas y tienen el mismo valor, sino sobre el hecho de que las actividades politicas apuntan caso por caso hacia la realizacion extremadamente concreta del verdadero bien humano y social en un contexto historico, geografico, economico, tecnologico y cultural bien determinado. La pluralidad de las orientaciones y soluciones, que deben ser en todo caso moralmente aceptables, surge precisamente de la concrecion de los hechos particulares y de la diversidad de las circunstancias. No es tarea de la Iglesia formular soluciones concretas - y menos todavia soluciones unicas - para cuestiones temporales, que Dios ha dejado al juicio libre y responsable de cada uno. Sin embargo, la Iglesia tiene el derecho y el deber de pronunciar juicios morales sobre realidades temporales cuando lo exija la fe o la ley moral14. Si el cristiano debe "reconocer la legitima pluralidad de opiniones temporales"15, también esta llamado a disentir de una concepcion del pluralismo en clave de relativismo moral, nociva para la misma vida democratica, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y solidos, esto es, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida social, no son "negociables".

En el plano de la militancia politica concreta, es importante hacer notar que el caracter contingente de algunas opciones en materia social, el hecho de que a menudo sean moralmente posibles diversas estrategias para realizar o garantizar un mismo valor sustancial de fondo, la posibilidad de interpretar de manera diferente algunos principios basicos de la teoria politica, y la complejidad técnica de buena parte de los problemas politicos, explican el hecho de que generalmente pueda darse una pluralidad de partidos en los cuales puedan militar los catolicos para ejercitar - particularmente por la representacion parlamentaria - su derecho-deber de participar en la construccion de la vida civil de su Pais16. Esta obvia constatacion no puede ser confundida, sin embargo, con un indistinto pluralismo en la eleccion de los principios morales y los valores sustanciales a los cuales se hace referencia. La legitima pluralidad de opciones temporales mantiene integra la matriz de la que proviene el compromiso de los catolicos en la politica, que hace referencia directa a la doctrina moral y social cristiana. Sobre esta ensenanza los laicos catolicos estan obligados a confrontarse siempre para tener la certeza de que la propia participacion en la vida politica esté caracterizada por una coherente responsabilidad hacia las realidades temporales.

La Iglesia es consciente de que la via de la democracia, aunque sin duda expresa mejor la participacion directa de los ciudadanos en las opciones politicas, solo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepcion de la persona17. Se trata de un principio sobre el que los catolicos no pueden admitir componendas, pues de lo contrario se menoscabaria el testimonio de la fe cristiana en el mundo y la unidad y coherencia interior de los mismos fieles. La estructura democratica sobre la cual un Estado moderno pretende construirse seria sumamente fragil si no pusiera como fundamento propio la centralidad de la persona. El respeto de la persona es, por lo demas, lo que hace posible la participacion democratica. Como ensena el Concilio Vaticano II, la tutela "de los derechos de la persona es condicion necesaria para que los ciudadanos, como individuos o como miembros de asociaciones, puedan participar activamente en la vida y en el gobierno de la cosa publica"18.


4. A partir de aqui se extiende la compleja red de problematicas actuales, que no pueden compararse con las tematicas tratadas en siglos pasados. La conquista cientifica, en efecto, ha permitido alcanzar objetivos que sacuden la conciencia e imponen la necesidad de encontrar soluciones capaces de respetar, de manera coherente y solida, los principios éticos. Se asiste, en cambio, a tentativos legislativos que, sin preocuparse de las consecuencias que se derivan para la existencia y el futuro de los pueblos en la formacion de la cultura y los comportamientos sociales, se proponen destruir el principio de la intangibilidad de la vida humana. Los catolicos, en esta grave circunstancia, tienen el derecho y el deber de intervenir para recordar el sentido mas profundo de la vida y la responsabilidad que todos tienen ante ella. Juan Pablo II, en linea con la ensenanza constante de la Iglesia, ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en la accion legislativa tienen la "precisa obligacion de oponerse" a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo catolico, vale la imposibilidad de participar en campanas de opinion a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les esta permitido apoyarlas con el propio voto19. Esto no impide, como ensena Juan Pablo II en la Enciclica Evangelium vitae a proposito del caso en que no fuera posible evitar o abrogar completamente una ley abortista en vigor o que esta por ser sometida a votacion, que "un parlamentario, cuya absoluta oposicion personal al aborto sea clara y notoria a todos, pueda licitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los danos de esa ley y disminuir asi los efectos negativos en el ambito de la cultura y de la moralidad publica"20.

En tal contexto, hay que anadir que la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realizacion de un programa politico o la aprobacion de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral. Ya que las verdades de fe constituyen una unidad inseparable, no es logico el aislamiento de uno solo de sus contenidos en detrimento de la totalidad de la doctrina catolica. El compromiso politico a favor de un aspecto aislado de la doctrina social de la Iglesia no basta para satisfacer la responsabilidad de la busqueda del bien comun en su totalidad. Ni tampoco el catolico puede delegar en otros el compromiso cristiano que proviene del evangelio de Jesucristo, para que la verdad sobre el hombre y el mundo pueda ser anunciada y realizada.

Cuando la accion politica tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeno de los catolicos se hace mas evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que esta en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona. Este es el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia (que no hay que confundir con la renuncia al ensanamiento terapéutico, que es moralmente legitima), que deben tutelar el derecho primario a la vida desde de su concepcion hasta su término natural. Del mismo modo, hay que insistir en el deber de respetar y proteger los derechos del embrion humano. Analogamente, debe ser salvaguardada la tutela y la promocion de la familia, fundada en el matrimonio monogamico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser juridicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuanto tales, reconocimiento legal. Asi también, la libertad de los padres en la educacion de sus hijos es un derecho inalienable, reconocido ademas en las Declaraciones internacionales de los derechos humanos. Del mismo modo, se debe pensar en la tutela social de los menores y en la liberacion de las victimas de las modernas formas de esclavitud (piénsese, por ejemplo, en la droga y la explotacion de la prostitucion). No puede quedar fuera de este elenco el derecho a la libertad religiosa y el desarrollo de una economia que esté al servicio de la persona y del bien comun, en el respeto de la justicia social, del principio de solidaridad humana y de subsidiariedad, segun el cual deben ser reconocidos, respetados y promovidos "los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, asi como su ejercicio"21. Finalmente, como no contemplar entre los citados ejemplos el gran tema de la paz. Una vision irenista e ideologica tiende a veces a secularizar el valor de la paz mientras, en otros casos, se cede a un juicio ético sumario, olvidando la complejidad de las razones en cuestion. La paz es siempre "obra de la justicia y efecto de la caridad"22; exige el rechazo radical y absoluto de la violencia y el terrorismo, y requiere un compromiso constante y vigilante por parte de los que tienen la responsabilidad politica.

III. Principios de la doctrina catolica acerca del laicismo y el pluralismo


5. Ante estas problematicas, si bien es licito pensar en la utilizacion de una pluralidad de metodologias que reflejen sensibilidades y culturas diferentes, ningun fiel puede, sin embargo, apelar al principio del pluralismo y autonomia de los laicos en politica, para favorecer soluciones que comprometan o menoscaben la salvaguardia de las exigencias éticas fundamentales para el bien comun de la sociedad. No se trata en si de "valores confesionales", pues tales exigencias éticas estan radicadas en el ser humano y pertenecen a la ley moral natural. stas no exigen de suyo en quien las defiende una profesion de fe cristiana, si bien la doctrina de la Iglesia las confirma y tutela siempre y en todas partes, como servicio desinteresado a la verdad sobre el hombre y el bien comun de la sociedad civil. Por lo demas, no se puede negar que la politica debe hacer también referencia a principios dotados de valor absoluto, precisamente porque estan al servicio de la dignidad de la persona y del verdadero progreso humano.


6. La frecuentemente referencia a la "laicidad", que deberia guiar el compromiso de los catolicos, requiere una clarificacion no solamente terminologica. La promocion en conciencia del bien comun de la sociedad politica no tiene nada qué ver con la "confesionalidad" o la intolerancia religiosa. Para la doctrina moral catolica, la laicidad, entendida como autonomia de la esfera civil y politica de la esfera religiosa y eclesiastica - nunca de la esfera moral -, es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilizacion alcanzado23. Juan Pablo II ha puesto varias veces en guardia contra los peligros derivados de cualquier tipo de confusion entre la esfera religiosa y la esfera politica. "Son particularmente delicadas las situaciones en las que una norma especificamente religiosa se convierte o tiende a convertirse en ley del Estado, sin que se tenga en debida cuenta la distincion entre las competencias de la religion y las de la sociedad politica. Identificar la ley religiosa con la civil puede, de hecho, sofocar la libertad religiosa e incluso limitar o negar otros derechos humanos inalienables"24. Todos los fieles son bien conscientes de que los actos especificamente religiosos (profesion de fe, cumplimiento de actos de culto y sacramentos, doctrinas teologicas, comunicacion reciproca entre las autoridades religiosas y los fieles, etc.) quedan fuera de la competencia del Estado, el cual no debe entrometerse ni para exigirlos o para impedirlos, salvo por razones de orden publico. El reconocimiento de los derechos civiles y politicos, y la administracion de servicios publicos no pueden ser condicionados por convicciones o prestaciones de naturaleza religiosa por parte de los ciudadanos.

Una cuestion completamente diferente es el derecho-deber que tienen los ciudadanos catolicos, como todos los demas, de buscar sinceramente la verdad y promover y defender, con medios licitos, las verdades morales sobre la vida social, la justicia, la libertad, el respeto a la vida y todos los demas derechos de la persona. El hecho de que algunas de estas verdades también sean ensenadas por la Iglesia, no disminuye la legitimidad civil y la "laicidad" del compromiso de quienes se identifican con ellas, independientemente del papel que la busqueda racional y la confirmacion procedente de la fe hayan desarrollado en la adquisicion de tales convicciones. En efecto, la "laicidad" indica en primer lugar la actitud de quien respeta las verdades que emanan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, aunque tales verdades sean ensenadas al mismo tiempo por una religion especifica, pues la verdad es una. Seria un error confundir la justa autonomia que los catolicos deben asumir en politica, con la reivindicacion de un principio que prescinda de la ensenanza moral y social de la Iglesia.

Con su intervencion en este ambito, el Magisterio de la Iglesia no quiere ejercer un poder politico ni eliminar la libertad de opinion de los catolicos sobre cuestiones contingentes. Busca, en cambio -en cumplimiento de su deber- instruir e iluminar la conciencia de los fieles, sobre todo de los que estan comprometidos en la vida politica, para que su accion esté siempre al servicio de la promocion integral de la persona y del bien comun. La ensenanza social de la Iglesia no es una intromision en el gobierno de los diferentes Paises. Plantea ciertamente, en la conciencia unica y unitaria de los fieles laicos, un deber moral de coherencia. "En su existencia no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida "espiritual", con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida "secular", esto es, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso politico y de la cultura. El sarmiento, arraigado en la vid que es Cristo, da fruto en cada sector de la accion y de la existencia. En efecto, todos los campos de la vida laical entran en el designio de Dios, que los quiere como el "lugar historico" de la manifestacion y realizacion de la caridad de Jesucristo para gloria del Padre y servicio a los hermanos. Toda actividad, situacion, esfuerzo concreto -como por ejemplo la competencia profesional y la solidaridad en el trabajo, el amor y la entrega a la familia y a la educacion de los hijos, el servicio social y politico, la propuesta de la verdad en el ambito de la cultura- constituye una ocasion providencial para un "continuo ejercicio de la fe, de la esperanza y de la caridad""25. Vivir y actuar politicamente en conformidad con la propia conciencia no es un acomodarse en posiciones extranas al compromiso politico o en una forma de confesionalidad, sino expresion de la aportacion de los cristianos para que, a través de la politica, se instaure un ordenamiento social mas justo y coherente con la dignidad de la persona humana.

En las sociedades democraticas todas las propuestas son discutidas y examinadas libremente. Aquellos que, en nombre del respeto de la conciencia individual, pretendieran ver en el deber moral de los cristianos de ser coherentes con la propia conciencia un motivo para descalificarlos politicamente, negandoles la legitimidad de actuar en politica de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien comun, incurririan en una forma de laicismo intolerante. En esta perspectiva, en efecto, se quiere negar no solo la relevancia politica y cultural de la fe cristiana, sino hasta la misma posibilidad de una ética natural. Si asi fuera, se abriria el camino a una anarquia moral, que no podria identificarse nunca con forma alguna de legitimo pluralismo. El abuso del mas fuerte sobre el débil seria la consecuencia obvia de esta actitud. La marginalizacion del Cristianismo, por otra parte, no favoreceria ciertamente el futuro de proyecto alguno de sociedad ni la concordia entre los pueblos, sino que pondria mas bien en peligro los mismos fundamentos espirituales y culturales de la civilizacion26.

IV. Consideraciones sobre aspectos particulares


7. En circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiracion catolica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos politicos que han expresado posiciones contrarias a la ensenanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales. Tales opciones y posiciones, siendo contradictorios con los principios basicos de la conciencia cristiana, son incompatibles con la pertenencia a asociaciones u organizaciones que se definen catolicas. Analogamente, hay que hacer notar que en ciertos paises algunas revistas y periodicos catolicos, en ocasion de toma de decisiones politicas, han orientado a los lectores de manera ambigua e incoherente, induciendo a error acerca del sentido de la autonomia de los catolicos en politica y sin tener en consideracion los principios a los que se ha hecho referencia.

La fe en Jesucristo, que se ha definido a si mismo "camino, verdad y vida" (Jn 14,6), exige a los cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la construccion de una cultura que, inspirada en el Evangelio, reproponga el patrimonio de valores y contenidos de la Tradicion catolica. La necesidad de presentar en términos culturales modernos el fruto de la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo se presenta hoy con urgencia impostergable, para evitar ademas, entre otras cosas, una diaspora cultural de los catolicos. Por otra parte, el espesor cultural alcanzado y la madura experiencia de compromiso politico que los catolicos han sabido desarrollar en distintos paises, especialmente en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no deben provocar complejo alguno de inferioridad frente a otras propuestas que la historia reciente ha demostrado débiles o radicalmente fallidas. Es insuficiente y reductivo pensar que el compromiso social de los catolicos se deba limitar a una simple transformacion de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyaran siempre sobre fundamentos fragiles.

La fe nunca ha pretendido encerrar los contenidos socio-politicos en un esquema rigido, conciente de que la dimension historica en la que el hombre vive impone verificar la presencia de situaciones imperfectas y a menudo rapidamente mutables. Bajo este aspecto deben ser rechazadas las posiciones politicas y los comportamientos que se inspiran en una vision utopica, la cual, cambiando la tradicion de la fe biblica en una especie de profetismo sin Dios, instrumentaliza el mensaje religioso, dirigiendo la conciencia hacia una esperanza solamente terrena, que anula o redimensiona la tension cristiana hacia la vida eterna.

Al mismo tiempo, la Iglesia ensena que la auténtica libertad no existe sin la verdad. "Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente", ha escrito Juan Pablo II27. En una sociedad donde no se llama la atencion sobre la verdad ni se la trata de alcanzar, se debilita toda forma de ejercicio auténtico de la libertad, abriendo el camino al libertinaje y al individualismo, perjudiciales para la tutela del bien de la persona y de la entera sociedad.


8. En tal sentido, es bueno recordar una verdad que hoy la opinion publica corriente no siempre percibe o formula con exactitud: El derecho a la libertad de conciencia, y en especial a la libertad religiosa, proclamada por la Declaracion Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II, se basa en la dignidad ontologica de la persona humana, y de ningun modo en una inexistente igualdad entre las religiones y los sistemas culturales28. En esta linea, el Papa Pablo VI ha afirmado que "el Concilio de ningun modo funda este derecho a la libertad religiosa sobre el supuesto hecho de que todas las religiones y todas las doctrinas, incluso erroneas, tendrian un valor mas o menos igual; lo funda en cambio sobre la dignidad de la persona humana, la cual exige no ser sometida a contradicciones externas, que tienden a oprimir la conciencia en la busqueda de la verdadera religion y en la adhesion a ella"29. La afirmacion de la libertad de conciencia y de la libertad religiosa, por lo tanto, no contradice en nada la condena del indiferentisimo y del relativismo religioso por parte de la doctrina catolica30, sino que le es plenamente coherente.

V. Conclusion


9. Las orientaciones contenidas en la presente Nota quieren iluminar uno de los aspectos mas importantes de la unidad de vida que caracteriza al cristiano: La coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II. ste exhorta a los fieles a "cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espiritu evangélico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aqui ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta de que la propia fe es un motivo que les obliga al mas perfecto cumplimiento de todas ellas, segun la vocacion personal de cada uno". Alégrense los fieles cristianos"de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una sintesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, cientifico o técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altisima jerarquia todo coopera a la gloria de Dios"31.

El Sumo Pontifice Juan Pablo II, en la audiencia del 21 de noviembre de 2002, ha aprobado la presente Nota, decidida en la Sesion Ordinaria de esta Congregacion, y ha ordenado que sea publicada.

Dado en Roma, en la sede de la Congregacion por la Doctrina de la Fe, el 24 de noviembre de 2002, Solemnidad de N. S Jesús Cristo, Rey del universo.

+ JOSEPH CARD. RATZINGER

Prefecto

+ TARCISIO BERTONE, S.D.B.

Arzobispo emérito de Vercelli

Secretario

Notas

[1] CARTA A DIOGNETO,5,5, Cfr. Ver también Catecismo de la Iglesia Catolica, n. 2240.

[2] JUAN PABLO II, Carta Enciclica Motu Proprio dada para la proclamacion de Santo Tomas Moro Patron de los Gobernantes y Politicos, n. 1, AAS 93 (2001) 76-80.

[3] JUAN PABLO II, Carta Enciclica Motu Proprio dada para la proclamacion de Santo Tomas Moro Patron de los Gobernantes y Politicos, n. 4.

[4] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 31; Catecismo de la Iglesia Catolica, n. 1915.

[5] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 75.

[6] JUAN PABLO II, Exhortacion Apostolica Christifideles laici, n. 42, AAS 81 (1989) 393-521. Esta nota doctrinal se refiere obviamente al compromiso politico de los fieles laicos. Los Pastores tienen el derecho y el deber de proponer los principios morales también en el orden social; "sin embargo, la participacion activa en los partidos politicos esta reservada a los laicos" (JUAN PABLO II, Exhortacion Apostolica Christifideles laici, n. 69). Cfr. Ver también CONGREGACION PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbiteros,31-I-1994, n. 33.

[7] CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 76.

[8] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 36.

[9] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decreto Apostolicam actuositatem,7; Constitucion Dogmatica Lumen gentium, n. 36 y Constitucion Pastoral Gaudium et spes, nn. 31 y 43.

[10] JUAN PABLO II, Exhortacion Apostolica Christifideles laici, n. 42.

[11] En los ultimos dos siglos, muchas veces el Magisterio Pontificio se ha ocupado de las cuestiones principales acerca del orden social y politico. Cfr. LEON XIII, Carta Enciclica Diuturnum illud, ASS 20 (1881/82) 4ss; Carta Enciclica Immortale Dei, ASS 18 (1885/86) 162ss, Carta Enciclica Libertas praestantissimum, ASS 20 (1887/88) 593ss; Carta Enciclica Rerum novarum, ASS 23 (1890/91) 643ss; BENEDICTO XV, Carta Enciclica Pacem Dei munus pulcherrimum, AAS 12 (1920) 209ss; PIO XI, Carta Enciclica Quadragesimo anno, AAS 23 (1931) 190ss; Carta Enciclica Mit brennender Sorge, AAS 29 (1937) 145-167; Carta Enciclica Divini Redemptoris, AAS 29 (1937) 78ss; PIO XII, Carta Enciclica Summi Pontificatus, AAS 31 (1939) 423ss; Radiomessaggi natalizi 1941-1944; JUAN XXIII, Carta Enciclica Mater et magistra, AAS 53 (1961) 401-464; Carta Enciclica Pacem in terris AAS 55 (1963) 257-304; PABLO VI, Carta Enciclica Populorum progressio, AAS 59 (1967) 257-299; Carta Apostolica Octogesima adveniens, AAS 63 (1971) 401-441.

[12] Cfr. JUAN PABLO II, Carta Enciclica Centesimus annus, n. 46, AAS 83 (1991) 793-867; Carta Enciclica Veritatis splendor, n. 101, AAS 85 (1993) 1133-1228; Discurso al Parlamento Italiano en sesion publica conjunta, en L'Osservatore Romano, n. 5,14-XI-2002.

[13] Cfr. JUAN PABLO II, Carta Enciclica Evangelium vitae, n. 22, AAS 87 (1995) 401-522.

[14] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 76.

[15] CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 75.

[16] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, nn. 43 y 75.

[17] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 25.

[18] CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 73.

[19] Cfr. JUAN PABLO II, Carta Enciclica Evangelium vitae, n. 73.

[20] JUAN PABLO II, Carta Enciclica Evangelium vitae, n. 73.

[21] CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 75.

[22] Catecismo de la Iglesia Catolica, n. 2304

[23] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 76.

[24] JUAN PABLO II, Mensaje para la celebracion de la Jornada Mundial de la Paz 1991: "Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre", IV, AAS 83 (1991) 410-421.

[25] JUAN PABLO II, Exhortacion Apostolica Christifideles laici, n. 59. La citacion interna proviene del Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, n. 4

[26] Cfr. JUAN PABLO II, Discurso al Cuerpo Diplomatico acreditado ante la Santa Sede, en L'Osservatore Romano,11 de enero de 2002.

[27] JUAN PABLO II, Carta Enciclica Fides et ratio, n. 90, AAS 91 (1999) 5-88.

[28] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Declaracion Dignitatis humanae, n. 1: "En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifesto al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta unica y verdadera religion subsiste en la Iglesia Catolica". Eso no quita que la Iglesia considere con sincero respeto las varias tradiciones religiosas, mas bien reconoce "todo lo bueno y verdadero" presentes en ellas. Cfr. CONCILIO VATICANO II,Constitucion Dogmatica Lumen gentium, n. 16; Decreto Ad gentes, n. 11; Declaracion Nostra aetate, n. 2; JUAN PABLOII, Carta Enciclica Redemptoris missio, n. 55, AAS 83 (1991) 249-340; CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, DeclaracionDominus Iesus, nn. 2; 8; 21, AAS 92 (2000) 742-765.

[29] PABLO VI, Discurso al Sacro Colegio y a la Prelatura Romana, en "Insegnamenti di Paolo VI" 14 (1976),1088-1089).

[30] Cfr. PIO IX, Carta Enciclica Quanta cura, ASS 3 (1867) 162; LEON XIII, Carta Enciclica Immortale Dei, ASS 18 (1885) 170-171; PIO XI, Carta Enciclica Quas primas, AAS 17 (1925) 604-605; Catecismo de la Iglesia Catolica, n. 2108; CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaracion Dominus Iesus, n. 22.

[31] CONCILIO VATICANO II, Constitucion Pastoral Gaudium et spes, n 43. Cfr. también JUAN PABLO II, Exhortacion Apostolica Christifideles laici, n. 59.


LIBERTATIS NUNTIUS

Instruccion sobre algunos aspectos de la "TEOLOGIA DE LA LIBERACION"

Congregacion para la Doctrina de la Fe


6 de agosto de 1984

INTRODUCCION

El Evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberacion. En los ultimos anos esta verdad esencial ha sido objeto de reflexion por parte de los teologos, con una nueva atencion rica de promesas.

La liberacion es ante todo y principalmente liberacion de la esclavitud radical del pecado. Su fin y su término es la libertad de los hijos de Dios, don de la gracia. Logicamente reclama la liberacion de multiples esclavitudes de orden cultural, economico social y politico, que, en definitiva, derivan del pecado, y constituyen tantos obstaculos que impiden a los hombres vivir segun su dignidad. Discernir claramente lo que es fundamental y lo que pertenece a las consecuencias es una condicion indispensable para una reflexion teologica sobre la liberacion.

En efecto, ante la urgencia de los problemas, algunos se sienten tentados a poner el acento de modo unilateral sobre la liberacion de las esclavitudes de orden terrenal y temporal, de tal manera que parecen hacer pasar a un segundo plano la liberacion del pecado, y por ello no se le atribuye practicamente la importancia primaria que le es propia. La presentacion que proponen de los problemas resulta asi confusa y ambigua. Ademas, con la intencion de adquirir un conocimiento mas exacto de las causas de las esclavitudes que quieren suprimir, se sirven, sin suficiente precaucion critica, de instrumentos de pensamiento que es dificil, e incluso imposible, purificar de una inspiracion ideologica incompatible con la fe cristiana y con las exigencias éticas que de ella derivan.

La Congregacion para la Doctrina de la Fe no se propone tratar aqui el vasto tema de la libertad cristiana y de la liberacion. Lo hara en un documento posterior que pondra en evidencia, de modo positivo, todas sus riquezas tanto doctrinales como practicas. La presente Instruccion tiene un fin mas preciso y limitado: atraer la atencion de los pastores, de los teologos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviacion, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teologia de la liberacion que recurren, de modo insuficientemente critico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista.

Esta llamada de atencion de ninguna manera debe interpretarse como una desautorizacion de todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espiritu evangélico a "la opcion preferencial por los pobres". De ninguna manera podra servir de pretexto para quienes se atrincheran en una actitud de neutralidad y de indiferencia ante los tragicos y urgentes problemas de la miseria y de la injusticia. Al contrario, obedece a la certeza de que las graves desviaciones ideologicas que senala conducen inevitablemente a traicionar la causa de los pobres. Hoy mas que nunca, es necesario que la fe de numerosos cristianos sea iluminada y que éstos estén resueltos a vivir la vida cristiana integralmente, comprometiéndose en la lucha por la justicia, la libertad y la dignidad humana, por amor a sus hermanos desheredados, oprimidos o perseguidos. Mas que nunca, la Iglesia se propone condenar los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad, donde se registren y de donde provengan, y luchar, con sus propios medios, por la defensa y promocion de los derechos del hombre, especialmente en la persona de los pobres.


Congregacion para la Doctrina de la Fe - II. Algunos puntos criticos en el actual debate cultural y politico