
PIO XI, MAGISTERIO PONTIFICIO 340
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El primer ambiente natural y necesario de la educación es la familia, destinada precisamente para esto por el Creador. De modo que, regularmente, la educación mas eficaz y duradera es la que se recibe en la familia cristiana bien ordenada y disciplinada, tanto mas eficaz cuanto mas claro y constante resplandezca en ella el buen ejemplo de los padres, sobre todo, y de los demás miembros de la familia.
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No es Nuestra intención querer tratar aqui de proposito, ni tocando solo los puntos principales, de la educación doméstica, tan amplia es la materia, acerca de la cual, por lo demás, no faltan tratados especiales, antiguos y modernos de autores de sana doctrina catolica, entre los que merece especial mención el ya citado aureo libro de Antoniano: "De la educación cristiana de los hijos", que san Carlos Borromeo hacia leer publicamente a los padres, reunidos en la iglesia.
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Queremos con todo llamar de manera especial vuestra atención, Venerables Hermanos y amados Hijos, sobre el deplorable decaimiento actual de la educación familiar. A los oficios y profesiones de la vida temporal y terrena, ciertamente de menor importancia, preceden largos estudios y cuidadosa preparación, mientras que para el oficio y deber fundamental de la educación de los hijos estan hoy poco o nada preparados muchos de los padres, demasiado metidos en los cuidados temporales. A debilitar el influjo del ambiente familiar contribuye hoy el hecho de que, casi en todas partes, se tiende a alejar cada vez mas de la Familia a los niños desde sus mas tiernos anos, con varios pretextos, ora economicos, de la industria o del comercio, ora politicos; y hay pais donde se arranca a los niños del seno de la familia para formarlos (o para decirlo con mas verdad, para deformarlos y depravarlos), en asociaciones y escuelas sin Dios, en la irreligiosidad y en el ocio, según las teorias socialistas extremas, renovandose una verdadera y mas horrenda matanza de niños inocentes.
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Conjuramos, pues, por las entranas de Jesucristo, a los Pastores de almas que empleen toda clase de medios, en las instrucciones y catequesis, de palabra y por escritos profusamente divulgados, a fin de recordar a los padres cristianos sus gravisimos deberes, y no tanto teorica o genéricamente cuanto practicamente y en particular cada uno de sus deberes en materia de educación religiosa, moral y civil de los hijos y de los métodos mas convenientes para realizarla eficazmente, además del ejemplo de su vida. A semejantes instrucciones practicas no se desdeno de bajar el Apostol de las gentes, en sus epistolas, particularmente en la dirigida a los Efesios donde, entre otros, da este consejo: "Padres, no irritéis a vuestros hijos" (Nic. Tommaseo Pensieri sull'educazione 1, 3, 6.) lo cual es efecto, no tanto de la excesiva severidad, cuanto principalmente de la imprudencia, de la ignorancia de los medios mas aptos para la corrección fructuosa, y aun de la relajación hoy dia demasiado comun, de la disciplina familiar, en medio de la cual crecen en los jóvenes las pasiones indomitas. Atiendan, pues, los padres y con ellos todos los educadores a usar rectamente de la autoridad que Dios les ha dado y de quien son con toda propiedad vicarios, no para su propio provecho, sino para la recta institución de los hijos en el santo y filial "temor de Dios, principio de la sabiduria", en el cual solamente se apoya con solidez el respeto a la autoridad, sin la cual no puede subsistir ni orden, ni tranquilidad, ni bienestar alguno en la familia y en la sociedad.
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23. A la debilidad de las fuerzas de la naturaleza humana decaida ha provisto la divina bondad con los abundantes auxilios de su gracia y los multiples medios, de que esta enriquecida la Iglesia, la gran familia de Cristo, que es por lo mismo el ambiente educativo mas estrecha y armoniosamente unido con el de la familia cristiana.
Este ambiente educativo de la Iglesia no comprende solamente sus Sacramentos, medios divinamente eficaces de la Gracia y sus ritos todos de manera maravillosa educativos, ni solo el recinto material del templo cristiano asimismo admirablemente educativo en el lenguaje de la liturgia y del arte, sino también la gran abundancia y variedad de escuelas, asociaciones y toda clase de instituciones dedicadas a formar a la juventud en la piedad religiosa junto con el estudio de la literatura y de las ciencias, y con la misma recreación y cultura fisica. En esta inagotable fecundidad de obras educativas como es admirable al mismo tiempo que insuperable, la maternal providencia de la Iglesia, asimismo admirable es la armonia antes indicada, que ella sabe mantener con la familia cristiana hasta el punto de que se puede, con verdad, decir que la Iglesia y la familia constituyen un solo templo de la educación cristiana.
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24. Por ser menester que las nuevas generaciones sean instruidas en las artes y disciplinas con que se aventaja y prospera la sociedad civil, y siendo para este trabajo, por si sola, insuficiente la familia, nacio la institución social de la escuela, ya en un principio, notese bien, por iniciativa de la familia y de la Iglesia, mucho tiempo antes que por obra del Estado, de suerte que la escuela, considerada aun en sus origenes historicos, es por su naturaleza institución subsidiaria y complementaria de la familia y de la Iglesia; y asi por logica necesidad moral, debe no solamente no contradecir, sino positivamente armonizarse con los otros dos ambientes en la unidad moral la mas perfecta que sea posible, hasta poder constituir, junto con la familia y la Iglesia, un solo santuario, consagrado a la educación cristiana, bajo pena de faltar a su cometido, y de trocarse en obra de destruccion.
Esto lo ha reconocido manifiestamente aun un hombre seglar, tan celebrado por sus escritos pedagogicos (no del todo laudables porque estan tocados de liberalismo) el cual profirio esta sentencia: "La escuela, si no es templo, es guarida", y aun esta otra: "Cuando la educación literaria, social, doméstica y religiosa no van todas de acuerdo, el hombre es infeliz, impotente" (Pius IX, E. Quum non sine 14 iul. 1864.)
25. De aqui precisamente se sigue que es contraria a los principios fundamentales de la educación la escuela llamada "neutra" o "laica", de la que esta excluida la religion. Tal escuela, además, no es practicamente posible porque de hecho viene a hacerse irreligiosa. No es menester repetir cuanto acerca de este asunto han declarado Nuestros Predecesores, senaladamente Pio IX y Leon XIII, en cuyos tiempos particularmente comenzo a embravecerse el laicismo en la escuela publica. Nos renovamos y confirmamos sus declaraciones(C.I.C. c. 1374.) y al mismo tiempo las prescripciones de los Sagrados Canones en que la asistencia a las escuelas acatolicas, neutras o mixtas, es decir, las abiertas indiferentemente a catolicos y no catolicos sin distinción, esta prohibida a los niños catolicos, y solo puede tolerarse, unicamente a juicio del Ordinario en determinadas circunstancias de lugar y tiempo y con especiales cautelas(Enc. Militantis Ecclesiae 1 aug. 1897) Y no puede ni siquiera admitirse para los catolicos la escuela mixta (peor, si es unica y obligatoria para todos), en la cual, aun proveyéndoseles aparte de la instrucción religiosa, reciben el resto de la ensenanza de maestros no catolicos junto con los alumnos acatolicos.
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26. No basta el solo hecho de que en ella se dé instrucción religiosa (frecuentemente con excesiva parsimonia), para que una escuela resulte conforme a los derechos de la Iglesia y de la familia cristiana y digna de ser frecuentada por alumnos catolicos. Para ello es necesario que toda la ensenanza y toda la organización de la escuela: maestros, programas y libros, en cada disciplina, estén imbuidos de espiritu cristiano bajo la dirección y vigilancia materna de la Iglesia, de suerte que la religión sea verdaderamente fundamento y corona de toda la instrucción, en todos los grados, no solo en el elemental, sino también en el medio y superior. "Es necesario -para emplear las palabras de Leon XIII- que no solo en horas determinadas se ensene a los jóvenes la religión, sino que toda la formación restante exhale fragancia de piedad cristiana. Que si esto falta, si este halito sagrado no penetra y no calienta las almas de maestros y discipulos, bien poca utilidad podra sacarse de cualquiera doctrina; frecuentemente se seguiran mas bien danos no leves" (PG 31, 570.)
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Y no se diga que es imposible al Estado en una nación dividida en varias creencias, proveer a la instrucción publica, si no es con escuela neutra y con la escuela mixta; entonces debe el Estado mas racionalmente e incluso mas facilmente puede proveer al caso dejando libre y favoreciendo con justos subsidios la iniciativa y la obra de la Iglesia y de las familias. Que esto sea factible con gozo de las familias, y con provecho de la instrucción y de la paz y tranquilidad publica, lo demuestra el hecho de naciones divididas en varias confesiones religiosas, en las cuales el plan escolar corresponde al derecho educativo de las familias, no solo en cuanto a la ensenanza total -particularmente con la escuela enteramente catolica para los catolicos- sino también en cuanto a la justicia distributiva, con subsidio pecuniario por parte del Estado, a cada una de las escuelas escogidas por las familias.
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27. En otros paises de religión mixta se hace de otra manera, con no ligera carga de los catolicos, que bajo el auspicio y guia del Episcopado y con el empeno incesante del Clero secular y regular, sostienen totalmente a sus expensas la escuela catolica para sus hijos, cual su gravisima obligación de conciencia la requiere, y con generosidad y constancia laudable perseveran en el proposito de asegurar enteramente, como ellos a manera de santo y sena los proclama, "la educación catolica, para toda la juventud catolica, en las escuelas catolicas". Lo cual, aunque no esté subvencionado por el erario, a pesar de que por si lo exige la justicia distributiva, no puede ser impedido por la potestad civil, que tiene conciencia de los derechos de la Familia y de las condiciones indispensables de la libertad legitima.
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Y donde aun esta libertad elemental se halla impedida o de diversas maneras dificultada, los catolicos no trabajaran nunca lo bastante aun a precio de grandes sacrificios, en sostener y defender sus escuelas y en procurar que se establezcan leyes escolares justas.
28. Todo cuanto hacen los fieles promoviendo y defendiendo la escuela catolica para sus hijos es obra genuinamente religiosa, y por lo mismo tarea principalisima de la "Acción Catolica"; por lo cual son particularmente amadas de Nuestro corazon paterno y digno de gran alabanza todas las asociaciones especiales, que en varias naciones trabajan con tanto celo en obra tan necesaria.
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Asi que, al procurar la escuela catolica para sus hijos, sea proclamado bien alto y de todos sea entendido y reconocido, los catolicos de cualquier nación del mundo no hacen obra politica de partido, sino obra religiosa indispensable a su conciencia; y no pretenden ya separar a sus hijos del cuerpo ni del espiritu nacional, sino antes bien educarlos en el modo mas perfecto y mas conducente a la prosperidad de la nación, puesto que el buen católico, precisamente, en virtud de la doctrina catolica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria y lealmente sometido a la autoridad civil constituida, en cualquier forma legitima de Gobierno.
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En esta escuela, en armonia con la Iglesia y con la familia cristiana, no sucedera que en las varias ensenanzas se contradiga, con evidente dano de la educación, a lo que los alumnos aprenden en la instrucción, religiosa; y si hay necesidad de hacerles conocer por escrupulosa responsabilidad de magisterio, las obras erroneas a confutar, esto se hara con tal preparación y con tal antidoto de sana doctrina que la formación cristiana de la juventud no reciba de ello dano, antes provecho.
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Asimismo en esta escuela, el estudio de la lengua patria y de la literatura clasica jamas sera con menoscabo de la santidad de las costumbres; ya que el maestro cristiano seguira el ejemplo de las abejas, las cuales toman la parte mas pura de las flores y dejan lo demás, como ensena san Basilio en su homilia a los jóvenes acerca de la lectura de los clasicos(Inst. Or. 1, 8.) Esta necesaria cautela -sugerida por el mismo pagano Quintiliano(1Th 5,21) - no impide de ninguna manera que el maestro cristiano tome y aproveche cuanto de verdaderamente bueno, en las disciplinas y métodos, ofrecen nuestros tiempos, acordandose de lo que dice el Apostol: "Examinad, si, todas las cosas, y ateneos a lo bueno" (Seneca Epist. 45.) Por esto al tomar lo nuevo, él se guardara de abandonar facilmente lo antiguo, que la experiencia de varios siglos ha comprobado ser bueno y eficaz, senaladamente en los estudios de latinidad, que en nuestros dias estamos viendo como sin cesar decaen, precisamente por el injustificado abandono de los métodos tan fructuosamente empleados por el sano humanismo que tanto florecio sobre todo en las escuelas de la Iglesia. Estas nobles tradiciones reclaman que la juventud confiada a la escuela catolica sea si instruida en las letras y en las ciencias plenamente según las exigencias de nuestros tiempos, pero a la vez solida y profundamente, de manera especial en la sana filosofia, lejos de la farragosa superficialidad de aquellos que "hubieran tal vez encontrado lo necesario si no hubiesen buscado lo superfluo" (Leo XIII, Enc. Inscrutabili 21 april. 1878.) Por lo cual, todo maestro cristiano debe tener presente cuanto dice Leon XIII en compendiosa sentencia "...con mayor empeno conviene esforzarse en que no solo se aplique un método de ensenanza apto y solido, sino, mas aun, en todo conforme a la fe catolica, especialmente por cuanto a la filosofia se refiere, pues de ella en gran parte depende la recta ordenación de las demás ciencias" (Oratio 2 PG 35, 426.)
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29. Las buenas escuelas son fruto, no tanto de las buenas ordenaciones, cuanto principalmente de los buenos maestros, que, egregiamente preparados e instruidos, cada uno en la disciplina que debe ensenar, y adornados de las cualidades intelectuales y morales que su importantísimo oficio reclama, ardan en puro y divino amor de los jóvenes a ellos confiados, precisamente porque aman a Jesucristo y su Iglesia, de quien aquellos son hijos predilectos, y por lo mismo buscan con todo empeno el verdadero bien de las familias y de su patria. Por esto, Nos llena el alma de consolación y de gratitud hacia la Bondad Divina, el ver como juntamente con religiosos y religiosas dedicados a la ensenanza, un tan grande numero de maestros y maestras excelentes -aun unidos a veces en congregaciones y asociaciones especiales para cultivar mucho mejor su espiritu, las cuales por esto son de alabar y promover como nobilisimos y potentes auxiliares de la "Acción Catolica"- trabajan con desinterés, celo y constancia, en la que san Gregorio Nacianceno llama "arte de las artes y ciencia de las ciencias" (Mt 9,37) de regir y formar a la juventud. Y con todo, también a ellos se aplica el dicho del Divino Maestro: "La mies es verdaderamente mucha; mas los obreros pocos" (Horat. Art. poet. 163.) Supliquemos, pues, al Señor de la mies que mande aun muchos mas de tales operarios de la educación cristiana, cuya formación deben tener muy en el corazon los Pastores de las almas y los supremos moderadores de las Ordenes Religiosas.
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Es también necesario dirigir y vigilar la educación del joven "blando como cera para doblegarse al vicio" (1Co 15,33) en cualquier otro ambiente en que venga a encontrarse, apartandolo de las malas ocasiones y procurandole la oportunidad de las buenas, en las recreaciones y reuniones; ya que "las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres" (Conf. 6, 8.)
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30. Además, en nuestros tiempos, hay que tener una vigilancia tanto mas general y cuidadosa, cuanto mas han aumentado las ocasiones de naufragio moral y religioso que la juventud inexperta encuentra, particularmente en los libros impios o licenciosos, muchos de ellos diabolicamente difundidos a vil precio; en los espectaculos del cinematografo, y ahora aun en las audiciones radiofonicas, que multiplican y facilitan, por decirlo asi, toda clase de lecturas, como el cinematografo toda clase de espectaculos. Estos medios potentisimos de divulgación, que pueden servir, si van recogidos por sanos principios, de grande utilidad para la instrucción y educación, se subordinan desgraciadamente muchas veces al incentivo de las malas pasiones y a la avidez de la ganancia. San Agustin se lamentaba al ver la pasión que arrastraba aun a los cristianos de su tiempo a los espectaculos del circo y cuenta con viveza dramatica la perversión, felizmente pasajera, de su alumno y amigo Alipio(1Jn 2,16) ¡Cuantos extravios juveniles, a causa de los espectaculos de hoy dia, sin contar las malvadas lecturas, tienen que llorar ahora, los padres y educadores!
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Por esto hay que alabar y promover todas las obras educativas, que, con espiritu sinceramente cristiano de celo por las almas de los jóvenes, atienden, con oportunos libros y publicaciones periodicas, a dar a conocer particularmente a los padres y a los educadores, los peligros morales y religiosos, con frecuencia fraudulentamente insinuados, en libros y espectaculos, y se industrian para difundir las buenas lecturas y promover espectaculos verdaderamente educativos, creando aun con grandes sacrificios teatros y cinematografos, en los cuales la virtud no solo no tenga nada que perder, antes mucho que ganar.
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De esta necesaria vigilancia nadie deduzca, sin embargo, que la juventud tenga que estar segregada de la sociedad, en la que debe vivir y salvar su alma, sino que hoy, mas que nunca, debe estar armada y fortalecida cristianamente contra las seducciones y los errores del mundo, el cual, como advierte una sentencia divina, es todo "concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida" (De Idololatria 14.) de manera que, como decia Tertuliano de los primeros fieles, sean cual deben ser los verdaderos cristianos de todos los tiempos, "copropietarios del mundo, no del error" (Ga 4,19)
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Con esta sentencia de Tertuliano hemos venido a tocar lo que Nos hemos propuesto tratar en ultimo término, aunque de grandisima importancia, como que es la verdadera sustancia de la educación cristiana, cual se desprende de su fin propio, en cuya consideración brilla mucho mas clara, como en pleno mediodia, la supereminente misión educativa de la Iglesia.
31. Fin propio e inmediato de la educación cristiana es cooperar con la Gracia divina a formar al verdadero y perfecto cristiano: es decir, al mismo Cristo en los regenerados con el Bautismo, o según la viva expresión del Apostol: "Hijitos mios, que yo nuevamente llevo en el seno hasta tanto Cristo sea formado en vosotros" (Col 3,4) Ya que el verdadero cristiano debe vivir vida sobrenatural en Cristo: "Cristo, que es vuestra vida" (2Co 4,11) y manifestarla en todas sus operaciones, "para que la vida de Jesús se manifieste asimismo en nuestra carne mortal" (Horacio, Od. 1.III, od. 3, v. 1: "Iustum et tenacem propositi virum".)
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Por esto precisamente la educación cristiana comprende todo el ambito de la vida humana, sensible y espiritual, intelectual y moral, doméstica y social, no para menoscabarla en manera alguna, sino para elevarla, regularla y perfeccionarla según los ejemplos y la doctrina de Cristo.
De suerte que el verdadero cristiano, fruto de la educación cristiana, es el hombre sobrenatural, que piensa, juzga y obra constantemente y coherentemente, según la recta razon iluminada por la luz sobrenatural de los ejemplos y de la doctrina de Cristo: o, por decirlo con el lenguaje ahora en uso, el verdadero y cumplido hombre de caracter. Pues no constituye cualquiera coherencia y tenacidad de conducta, según principios subjetivos, el verdadero caracter, sino solamente la constancia en seguir los principios eternos de la justicia, como lo reconoce hasta el poeta pagano, cuando alaba, inseparablemente, al hombre justo y constante en su proposito(Tertuliano, Apol. 42) y por otra parte, no puede existir completa justicia sino dando a Dios lo que se debe a Dios, como lo hace el verdadero cristiano.
Tal meta y término de la educación cristiana parece a los profanos como una abstracción, o mas bien como cosa irrealizable sin arrancar o menoscabar las facultades naturales y sin renunciar a las obras de la vida terrena, por tanto ajena a la vida social y a la prosperidad temporal, contraria a todo progreso en las letras, en las ciencias, en las artes y en toda obra de civilizacion. A semejante objeción, movida por la ignorancia y el prejuicio de los paganos, aun eruditos, de otro tiempo -repetida, desgraciadamente, con mas frecuencia e insistencia en los tiempos modernos- habia ya respondido Tertuliano: "No vivimos fuera de este mundo. Bien nos acordamos de que debemos agradecimiento a Dios Señor Creador; no rechazamos fruto alguno de sus obras; solamente nos refrenamos, para no usar de ellas desmesurada o viciosamente. Asi que no habitamos en este mundo sin foro, sin mercado, sin banos, casas, tiendas, cuadras, sin vuestra feria y demás trafico. También nosotros navegamos y militamos con vosotros, cultivamos los campos y negociamos, y por eso además intercambiamos los oficios y ponemos a vuestra disposición nuestros productos. Como podamos pareceros inutiles para vuestros negocios, con los cuales vivimos, francamente no lo veo" (San Agust. De moribus Ecclesiae Catholicae, i. I, C. 30.) Por tanto, el verdadero cristiano, lejos de renunciar a las obras de la vida terrena o amenguar sus facultades naturales, mas bien las desarrolla y perfecciona coordinandolas con la vida sobrenatural hasta el punto de ennoblecer la misma vida natural y de procurarle un auxilio mas eficaz, no solo de orden espiritual y eterno, sino también material y temporal.
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32. Lo dicho se ve claro en toda la historia del Cristianismo y de sus instituciones, que se identifica con la historia de la verdadera civilización y del genuino progreso hasta nuestros dias; y particularmente en los Santos de que es fecundisima la Iglesia y solamente ella, los cuales han alcanzado en grado perfectísimo, la meta de la educación cristiana, y han ennoblecido y aprovechado a la sociedad civil en todo género de bienes. Efectivamente, los Santos han sido, son y seran siempre los mas grandes bienhechores de la sociedad humana, como también los mas perfectos modelos en toda clase y profesión, en todo estado y condición de vida, desde el campesino sencillo y rustico hasta el hombre de ciencia y letras, desde el humilde artesano hasta el que capitanea ejércitos, desde el oscuro padre de familia hasta el monarca que gobierna pueblos y naciones, desde las sencillas niñas y mujeres del hogar doméstico hasta las reinas y emperatrices. ¿Y qué decir de la inmensa labor, aun en pro del bienestar temporal, de los misioneros evangélicos, que junto con la luz de la Fe han llevado y llevan a los pueblos barbaros los bienes de la civilizacion: de los fundadores de multiples obras de caridad y asistencia social, y de la interminable falange de santos educadores y santas educadoras, que han perpetuado y multiplicado su propia obra con sus fecundas instituciones de educación cristiana para bien de las familias y con inestimable beneficio de las naciones?
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33. Estos son los frutos del todo benéficos de la educación cristiana, precisamente a causa de la vida y virtud sobrenatural en Cristo, que ella desarrolla y forma en el hombre; ya que Cristo Nuestro Señor, Maestro Divino es también fuente y dador de tal vida y virtud, y a la vez modelo universal y accesible, con su ejemplo, a todas las condiciones de la vida humana, particularmente a la juventud, en el periodo de su vida escondida, laboriosa, obediente, adornada de todas las virtudes individuales, domésticas y sociales, delante de Dios y delante de los hombres.
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Todo el cumulo de tesoros educativos de infinito valor, que hasta ahora hemos venido apenas y en parte indicando, es de tal modo propio de la Iglesia, que constituye su misma sustancia, siendo ella el Cuerpo mistico de Cristo, la Esposa inmaculada de Cristo, y por esto mismo Madre fecundisima y educadora soberana y perfecta. Por eso el grande y genial san Agustin -de cuya dichosa muerte vamos a celebrar el decimoquinto centenario- prorrumpia lleno de santo afecto para con tal Madre, en estos acentos: "¡Oh Iglesia Catolica, Madre verdadera de los Cristianos! Con razon no solamente predicas que hay que honrar purisima y castisimamente al mismo Dios, cuya posesión es dichosisima vida, sino que también haces de tal manera tuyo el amor y la caridad del projimo, que en ti hallamos toda medicina potentemente eficaz para los muchos males que, por causa de los pecados, aquejan a las almas. Tu adiestras y amaestras con ternura a los niños, con fortaleza a los jóvenes, con delicadeza a los ancianos, conforme a la edad de cada uno, en su cuerpo y en su espiritu. Tu con una, estoy por decir, libre servidumbre, sometes los hijos a sus padres, y pones a los padres delante de los hijos con dominio de piedad. Tu, con vinculo de religión mas fuerte y mas estrecho que el de la sangre, unes a hermanos con hermanos... Tu, no solo con vinculos de sociedad, sino también de una cierta fraternidad, ligas a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con naciones; en una palabra, a todos los hombres, con el recuerdo de los primeros padres. A los reyes ensenas a mirar por los pueblos; a los pueblos amonestas que obedezcan a los reyes. Ensenas con diligencia a quién se debe honor, a quién afecto, a quién respeto, a quién temor, a quién consuelo, a quién amonestación, a quién exhortación, a quién corrección, a quién reprensión, a quién castigo; mostrando como no se debe todo a todos, pero si a todos la caridad, a ninguno la ofensa" (1P 2,25)
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Levantemos al cielo, oh Venerables Hermanos y amados hijos, los corazones y manos suplicantes, "al Pastor y al Obispo de nuestras almas", al Rey Divino "que da leyes a los gobernantes"$(69), para que l con su virtud omnipotente, haga de modo que estos sabrosos frutos de la educación cristiana se recojan y multipliquen "en todo el mundo" con provecho siempre creciente de los individuos y de las naciones.
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Como prenda de estas gracias celestiales, con afecto paterno, a Vosotros, oh venerables hermanos, a Vuestro Clero y a vuestro pueblo damos la Bendición Apostolica.
Dado en Roma, junto a san Pedro, el dia 31 de diciembre de 1929, ano octavo de Nuestro Pontificado.
Pio XI
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atendidas las actuales circunstancias, necesidades, errores y vicios de la familia y de la sociedad
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Venerables Hermanos, salud y bendición apostolica
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Cuan grande sea la dignidad del casto matrimonio, principalmente puede colegirse, Venerables Hermanos, de que habiendo Cristo, Se?or nuestro e Hijo del Eterno Padre, tomado la carne del hombre caido, no solamente quiso incluir de un modo peculiar este principio y fundamento de la sociedad doméstica y hasta del humano consorcio en aquel su amantísimo designio de redimir, como lo hizo, a nuestro linaje, sino que también lo elevo a verdadero y gran(Ep 5,32) sacramento de la Nueva Ley, restituyéndolo antes a la primitiva pureza de la divina institución y encomendando toda su disciplina y cuidado a su Esposa la Iglesia.
Para que de tal renovación del matrimonio se recojan los frutos anhelados, en todos los lugares del mundo y en todos los tiempos, es necesario primeramente iluminar las inteligencias de los hombres con la genuina doctrina de Cristo sobre el matrimonio; es necesario, además, que los conyuges cristianos, robustecidas sus flacas voluntades con la gracia interior de Dios, se conduzcan en todos sus pensamientos y en todas sus obras en consonancia con la purisima ley de Cristo, a fin de obtener para si y para sus familias la verdadera paz y felicidad.
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Ocurre, sin embargo, que no solamente Nos, observando con paternales miradas el mundo entero desde esta como apostolica atalaya, sino también vosotros, Venerables Hermanos, contemplais y sentidamente os condoléis con Nos de que muchos hombres, dando al olvido la divina obra de dicha restauración, o desconocen por completo la santidad excelsa del matrimonio cristiano, o la niegan descaradamente, o la conculcan, apoyandose en falsos principios de una nueva y perversisima moralidad. Contra estos perniciosos errores y depravadas costumbres, que ya han comenzado a cundir entre los fieles, haciendo esfuerzos solapados por introducirse mas profundamente, creemos que es Nuestro deber, en razon de Nuestro oficio de Vicario de Cristo en la tierra y de supremo Pastor y Maestro, levantar la voz, a fin de alejar de los emponzonados pastos y, en cuanto esta de Nuestra parte, conservar inmunes a las ovejas que nos han sido encomendadas.
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Por eso, Venerables Hermanos, Nos hemos determinado a dirigir la palabra primeramente a vosotros, y por medio de vosotros a toda la Iglesia catolica, mas aun, a todo el género humano, para hablaros acerca de la naturaleza del matrimonio cristiano, de su dignidad y de las utilidades y beneficios que de él se derivan para la familia y la misma sociedad humana, de los errores contrarios a este importantísimo capitulo de la doctrina evangélica, de los vicios que se oponen a la vida conyugal y, ultimamente, de los principales remedios que es preciso poner en practica, siguiendo asi las huellas de Nuestro Predecesor Leon XIII, de s. m., cuya enciclica Arcanum(Enc. Leon XIII: ARCANUM DIVINAE SAPIENTIAE, 10 febr. 1880).
Y comenzando por esa misma Enciclica, encaminada casi totalmente a vindicar la divina institución del matrimonio, su dignidad sacramental y su perpetua estabilidad, quede asentado, en primer lugar, como fundamento firme e inviolable, que el matrimonio no fue instituido ni restaurado por obra de los hombres, sino por obra divina; que no fue protegido, confirmado ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de Cristo Señor, Redentor de la misma, y que, por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningun hombre, ni siquiera al acuerdo contrario de los mismos conyuges. Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura(Gn 1,27-28 Gn 2,22-23 Mt 19,3 ss.; Ep 5,23 ss) ésta la constante tradición de la Iglesia universal, ésta la definición solemne del santo Concilio de Trento, el cual, con las mismas palabras del texto sagrado, expone y confirma que el perpetuo e indisoluble vinculo del matrimonio, su unidad y su estabilidad tienen por autor a Dios(Conc. Trid. sess. 24).
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Mas aunque el matrimonio sea de institución divina por su misma naturaleza, con todo, la voluntad humana tiene también en él su parte, y por cierto nobilisima, porque todo matrimonio, en cuanto que es unión conyugal entre un determinado hombre y una determinada mujer, no se realiza sin el libre consentimiento de ambos esposos, y este acto libre de la voluntad, por el cual una y otra parte entrega y acepta el derecho propio del matrimonio(Cf. C.I.C. c. 1081, n.2) es tan necesario para la constitución del verdadero matrimonio, que ninguna potestad humana lo puede suplir(Ibid. c. 1081, n.1. ) Es cierto que esta libertad no da mas atribuciones a los conyuges que la de determinarse o no a contraer matrimonio y a contraerlo precisamente con tal o cual persona, pero esta totalmente fuera de los limites de la libertad del hombre la naturaleza del matrimonio, de tal suerte que si alguien ha contraido ya matrimonio se halla sujeto a sus leyes y propiedades esenciales. Y asi el Angélico Doctor, tratando de la fidelidad y de la prole, dice: Estas nacen en el matrimonio en virtud del mismo pacto conyugal, de tal manera que si se llegase a expresar en el consentimiento, causa del matrimonio, algo que les fuera contrario, no habria verdadero matrimonio(S. Thom. Aquin. Summa Theol. III, Suplem q. 49, a. 3. ) Por obra, pues, del matrimonio, se juntan y se funden las almas aun antes y mas estrechamente que los cuerpos, y esto no con un afecto pasajero de los sentidos o del espiritu, sino con una determinación firme y deliberada de las voluntades; y de esta unión de las almas surge, porque asi Dios lo ha establecido, un vinculo sagrado e inviolable.
Tal es y tan singular la naturaleza propia de este contrato, que en virtud de ella se distingue totalmente, asi de los ayuntamientos propios de las bestias, que, privadas de razon y voluntad libre, se gobiernan unicamente por el instinto ciego de su naturaleza, como de aquellas uniones libres de los hombres que carecen de todo vinculo verdadero y honesto de la voluntad, y estan destituidas de todo derecho para la vida doméstica.
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