COMPENDIO DE TEOLOGIA 441

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CAPITULO CLXXXVII

Este estado del hombre era llamado justicia original del lugar en que fue colocado el hombre.

Este estado tan bien ordenado del hombre era llamado justicia original. En virtud de ella estaba sometido a su superior, y al mismo tiempo estaban sometidos a él todos los seres inferiores, segun estas palabras referentes a él: "Para que mande a los peces de la mar y a las aves del cielo". Entre las mismas partes del hombre, la inferior estaba sometida a la superior sin repugnancia alguna. Este estado fué concedido al primer hombre, no como a cierta persona singular, sino como al primer principio de la naturaleza humana, para que por medio de él fuera trasmitido con la naturaleza humana a todos sus descendientes. Como cada uno debe tener un lugar correspondiente a su condicion, el hombre constituido en este hermoso orden fué colocado en un lugar de dicha y de delicias, en el que no fuera molestado por ninguna pena interior ni por ninguna contrariedad exterior.



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CAPITULO CLXXXVIII

Del arbol de la ciencia del bien y del mal, y del primer precepto impuesto al hombre.

Como este estado del hombre dependia de que su voluntad estuviera sometida a Dios, a fin de que el hombre se acostumbrara desde el primer momento a seguir la voluntad de Dios, Dios le propuso ciertos preceptos, tales como el de comer el fruto de todos los arboles del Paraiso, prohibiéndole con pena de muerte comer el fruto del arbol de la ciencia del bien y del mal; y esto, no porque fuera malo en si mismo el uso de este fruto, sino para que el hombre observase un precepto tan llevadero, solo porque Dios lo habia mandado. El uso del fruto prohibido llego a ser un mal, porque fué prohibido. Este arbol era llamado el arbol de la ciencia del bien y del mal, no porque tuviera virtud para producir la ciencia, sino por el acontecimiento subsiguiente, es decir, porque el hombre, al comer su fruto, supo por experiencia la diferencia que hay entre el bien de la obediencia y el mal de la desobediencia.



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CAPITULO CLXXXIX

De la seduccion de Eva por el demonio.

El demonio, que ya habia pecado, viendo al hombre constituido de tal suerte que podia conseguir la felicidad eterna que aquél habia perdido, y viendo que podia pecar, se propuso separarlo de la via recta de la justicia, atacando al hombre en su parte mas débil, y tentando a la mujer, en la que era menor el don o la luz de la sabiduria. Para conseguir con mas facilidad la trasgresion del precepto, excluyo mentidamente el temor de la muerte, y le prometio aquello que el hombre desea naturalmente, a saber: la exencion de la ignorancia, diciendo: "Se abriran vuestros ojos"; la excelencia de la dignidad, anadiendo: "Seréis como dioses", y la perfeccion de la ciencia, por estas palabras: "Conoceréis el bien y el mal". El hombre, respecto de su inteligencia, aborrece la ignorancia y apetece la ciencia; y respecto de su voluntad, que es naturalmente libre, desea la elevacion y la perfeccion, de modo que no esté sujeto a superioridad alguna, o sufra la menos posible.



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CAPITULO CXC

Cuales fueron los motivos que indujeron a la mujer.

La mujer deseo la elevacion y la perfeccion de la ciencia prometidas, y a esto se unieron la bondad y la hermosura del fruto, que la incitaron a comer de él, de suerte que, despreciando el temor de la muerte, traspaso el precepto de Dios, prevaricacion que encierra una culpabilidad multiple. En primer lugar, es pecado de soberbia, porque la mujer deseo la elevacion de una manera desordenada; en segundo lugar, es pecado de curiosidad, porque mediante ella aspiro a la ciencia mas alla de los limites que la estaban marcados; en tercer lugar, es pecado de gula, porque fué incitada a comer el fruto a vista de su suavidad; en cuarto lugar, es pecado de infidelidad, porque desconfio de Dios y confio en las palabras del demonio; en quinto lugar, es pecado de desobediencia, porque infringio el precepto de Dios.



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CAPITULO CXCI

De qué modo se extendio el pecado al hombre.

La persuasion de la mujer hizo extensivo, su pecado al hombre, el cual, sin embargo, como dice el Apostol, no fué seducido como la mujer hasta llegar a creer en las palabras del demonio contra las palabras de Dios. En efecto: no podia comprender que Dios le hubiese amenazado falsamente y prohibido sin razon una cosa util. El hombre fué seducido por la promesa del demonio, aspirando indebidamente a la elevacion y a la ciencia. Su voluntad fué extraviada por este medio de la rectitud de la justicia, y queriendo mostrarse complaciente con su mujer, la imito en la transgresion del precepto divino comiendo del fruto vedado.



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CAPITULO CXCII

Del efecto que siguio a la culpa en cuanto a la rebelion de las cosas inferiores a la razon.

Como toda la integridad del armonico estado de que acabamos de hablar era producida por la sumision de la voluntad humana a Dios, de la sustraccion de la voluntad humana a esta sumision divina resulto una alteracion de la sumision perfecta de las fuerzas inferiores a la razon, y del cuerpo al alma; y por consiguiente, el hombre sintio en el apetito sensitivo inferior los, movimientos desordenados de la concupiscencia, de la colera y de las otras pasiones extranas al orden de la razon, y contrarias a la razon misma, envolviéndola en las tinieblas la mayor parte de las veces y perturbandola en sus facultades. Esta hostilidad de la carne contra el espiritu es de la que hablan las Santas Escrituras. Como el apetito sensitivo, del mismo modo que las demas fuerzas sensitivas, obran por medio de un instrumento corporal, en tanto que la razon no tiene necesidad de organo corporal, con razon se imputa a la carne lo que pertenece al apetito sensitivo, y al espiritu lo que pertenece a la razon; y en este sentido se llaman espirituales las substancias que estan separadas de: los cuerpos.



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CAPITULO CXCIII

De qué modo fue impuesta la pena en cuanto a la necesidad de morir.

Fué también consiguiente que la corrupcion se hiciera sentir en el cuerpo, y que por esta razon el hombre incurriera en la necesidad de morir, como si el alma no hubiera podido ya mantener al cuerpo en la permanencia de la existencia infundiéndole la vida. De aqui provino que el hombre se hiciera pasible y mortal, no solo porque pudiera sufrir y morir como antes, sino porque tenia necesidad de sufrir y de morir.



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CAPITULO CXCIV

De otros efectos que sobrevinieron al entendimiento y a la voluntad.

Otros muchos defectos fueron en el hombre la consecuencia de esta perturbacion. Haciéndose sentir frecuentemente los movimientos desordenados de las pasiones en el apetito inferior, desfalleciendo al mismo tiempo en la razon la luz de la sabiduria que la alumbraba divinamente cuando la voluntad estaba sometida a Dios, el apetito del hombre fué arrastrado a someterse a las cosas sensibles, por cuyo medio se alejo de Dios, cometio numerosas faltas, y fué después, avasallado por los espiritus inmundos, de los que espero grandes auxilios para la adquisicion de los objetos de su codicia. De este modo fué como se produjeron en el género humano la idolatria y los demas pecados. Cuanto mas se corrompio el hombre sometiéndose a ellos, tanto mas se alejo del deseo y del conocimiento de los bienes espirituales y divinos.



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CAPITULO CXCV

De qué modo se han transmitido estos defectos a la posteridad.

Como el bien de la justicia original fué concedido al género humano en nuestro primer padre para que por medio de éste pasase a sus descendientes, y como el efecto cesa por la destruccion de la causa, claro es que, habiendo sido privado el hombre de este bien por su propio pecado, todos sus descendientes lo quedaron igualmente; y asi, después del pecado de nuestro primer padre, todos los hombres nacen privados de la justicia original y con los defectos propios de esta falta. No es contrario al orden de la Justicia el que aparezca que Dios castigara en los hijos la falta del primer padre, porque esta pena no fué otra cosa que la substraccion de los bienes sobrenaturalmente concedidos al hombre para que fueran transmitidos a su posteridad. Por esta razon no eran estos bienes debidos a los demas, sino en cuanto se comunicarian a ellos por nuestro primer padre. A la manera que un Rey, concediendo a un soldado un titulo feudal transmisible a sus herederos, este titulo no pasa a ellos, si el soldado comete una falta que merezca la pérdida de su titulo, asi también los hijos son justamente privados de un bien por la falta de su padre.



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CAPITULO CXCVI

La falta de la justicia original, ¿tienen en los descendientes un caracter de culpabilidad?

Aun hay que resolver una cuestion mas importante, y consiste en saber si la falta de justicia original puede tener un caracter de culpabilidad en los descendientes del primer hombre. En efecto: parece que para cometer una accion culpable es necesario que el mal que se llama culpable esté en la potestad de aquel a quien se imputa la culpa, porque a nadie se le inculpa una accion que no estaba en sus facultades hacer o no hacer: es asi que no depende del que nace tener o no tener la justicia original; luego parece que esta falta no tiene caracter de culpabilidad. Esta cuestion se resuelve facilmente, distinguiendo entre la persona y la naturaleza. Asi como en una persona hay muchos miembros, asi también en la naturaleza humana hay muchas personas; de suerte que por la participacion de la especie muchos hombres son considerados como un solo hombre, segun dijo Porfirio. Es muy de notar en el pecado de un solo hombre, que los diferentes pecados son cometidos por los diferentes miembros, y que no es necesario, para que haya culpabilidad, que cada pecado sea un acto de la voluntad de los miembros, que son instrumento del pecado, sino un acto de la voluntad de aquello que hay mas principal en el hombre; a saber: la Parte intelectual. En efecto, la mano no puede dejar de herir, ni el pie de marchar, cuando la voluntad lo manda.

En virtud de esto la falta de justicia original es un pecado de la naturaleza, en cuanto proviene de la voluntad desordenada del primer principio en la naturaleza humana; es decir, del primer padre, y de este modo es pecado voluntario, habida consideracion a la naturaleza, este, es por la voluntad del primer principio de la naturaleza; y asi pasa a todos los que reciben la naturaleza del primer padre, como a miembros suyos. Este pecado es llamado pecado original porque se transmite a los descendientes por el origen del padre. He aqui por qué este pecado afecta directamente a la naturaleza, en tanto que los pecados actuales afectan solo a la persona. El primer padre, en efecto, corrompio la naturaleza con su pecado, y la naturaleza, corrompida a su vez, comunica el mal a la persona de sus hijos, que reciben la naturaleza del primer padre.



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CAPITULO CXCVII

No todos los pecados pasan por transmision a la descendencia.

No todos los demas pecados, ya del primer padre, ya de los demas individuos, se transmiten a la posteridad porque el pecado del primer padre haya destruido completamente el don que de una manera sobrenatural fué concedido a la naturaleza, humana en la persona del primer padre; y en virtud de esto se dice que ha infestado o corrompido a la naturaleza; y esto es asi, porque los pecados subsiguientes no encuentran nada que sustraer a la naturaleza entera, si bien arrebatan al hombre o disminuyen en él algun bien particular, es decir, personal, corrompiendo solamente a la naturaleza, en cuanto pertenece a ésta o a la otra persona. Es asi que el hombre no engendra a sus semejantes en persona, sino en naturaleza; luego el pecado que vicia la persona no se trasmite del padre a los hijos, como se trasmite el primer pecado que vicio la naturaleza.



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CAPITULO CXCVIII

Los méritos de Adan no sirvieron de nada para la reparacion de sus descendientes.

Aunque el pecado del primer padre haya corrompido a toda la naturaleza humana, sin embargo, no ha podido ser rehabilitada, ni por la penitencia, ni por los méritos del primer padre, cualesquiera que hayan sido. En efecto: es, evidente que la penitencia de Adan y sus demas méritos han sido un acto de la persona particular. El acto de un individuo cualquiera no puede influir sobre toda la naturaleza de la especie, porque las causas que obran sobre toda la especie son equivocas y no univocas. El sol es la causa de la generacion en toda la especie humana; pero el hombre es la causa de la generacion en un hombre determinado. Por consiguiente, los méritos particulares de Adan o de cualquier otro hombre puro no pueden bastar para la rehabilitacion de toda la naturaleza. Si toda la naturaleza ha sido viciada por un acto particular del primer hombre, lo fué como una consecuencia accidental, porque estando privado del estado de la inocencia, no pudo ser transmitido a los otros por él. Aun cuando Adan haya recobrado el estado de gracia por la penitencia, no ha podido, sin embargo, recobrar su inocencia primitiva, a la que Dios otorgo el don de justicia original, de que hemos hablado. Es igualmente cierto que este estado de justicia original fué un don especial de la gracia: es asi que la gracia no se adquiere con méritos, porque es un don gratuito de Dios; luego asi como en el principio el primer hombre no tuvo la justicia original en virtud de sus méritos, sino por un don de Dios, asi también, y aun mucho menos después de su pecado, puede merecerla por la penitencia o cualquiera otra obra buena.



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CAPITULO CXCIX

De la reparacion de la naturaleza humana por Cristo.

Necesario era que la naturaleza humana, corrompida de la manera que hemos dicho, fuese reparada por la divina Providencia. En efecto: la naturaleza humana no podia conseguir la beatitud perfecta sin que desapareciera esta corrupcion, porque siendo la beatitud el bien perfecto, no sufre defecto alguno, y mucho menos la deformidad del pecado, el cual es en cierto modo opuesto a la virtud, que es la via que conduce a la felicidad suma, como ya se ha dicho. Habiendo sido creado el hombre para la felicidad suma, que es su fin ultimo, no siendo reparado se seguiria que la obra de Dios no produciria efecto, o se frustraria en una criatura tan noble. El salmista juzga esto poco conveniente, cuando dice, en el salmo LXXXVIII: ¿Acaso habéis creado en vano a los hijos de los hombres? La restauracion de la naturaleza humana era, por consiguiente, una necesidad. Ademas de esto, la bondad divina sobrepuja al poder de la criatura para obrar el bien: es asi, segun hemos dicho antes, que la condicion del hombre es tal mientras vive vida mortal, que del mismo modo que no esta confirmado en el bien de una manera permanente, tampoco esta tan obstinado en el mal que de él no pueda salir; luego es esencial a la condicion de la naturaleza humana poder purificarse de la corrupcion del pecado, y por lo mismo no hubiera sido conveniente que la bondad divina dejase este poder sin efecto, lo que se hubiera verificado a no haberle proporcionado un medio de rehabilitacion.



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CAPITULO CC

Solo por Dios, y por un Dios encarnado, ha debido ser reparada la naturaleza humana.

Hemos demostrado antes que la naturaleza humana no podia ser reparada ni por Adan ni por ningun otro hombre puro, ya porque ningun individuo tenia en la naturaleza una existencia preeminente, ya porque ningun hombre, por mas santo que fuera, podia ser causa de la gracia. Por esta misma razon no ha podido ser tampoco un angel el autor de esta restauracion, porque un angel no puede ser tampoco causa de la gracia, ni aun la recompensa del hombre en cuanto a la ultima bienaventuranza perfecta, a la cual era necesario volver a traer al hombre, porque hay en ella partes. Resulta, pues, que solo por Dios podia verificarse esta reparacion. Si Dios hubiera reparado al hombre solo con su voluntad y su poder, no se hubiera observado el orden de la justicia divina que exige una satisfaccion por el pecado. Dios no podia ser sujeto de satisfaccion ni de mérito, porque esto pertenece a un ser sometido a otro. Por consiguiente, no convenia a Dios satisfacer por el pecado de toda la naturaleza humana, y como ni tampoco podia hacerlo un hombre puro, fué necesario que un Dios se hiciera hombre para que asi pudiese a la vez reparar y satisfacer. Esta es la causa de la encarnacion divina indicada por el Apostol, cuando en su epistola a Tito, I, 1, dice: Jesucristo vino a este mundo para salvar a los pecadores.



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CAPITULO CCI

De las otras causas de la encarnacion del Hijo de Dios.

Hay ademas otras razones de la Encarnacion del Hijo de Dios. Como el hombre se habia alejado de las cosas espirituales y se habia entregado enteramente a las corporales, de las cuales no podia desprenderse por si mismo para volver a Dios, la sabiduria divina, que crio al hombre tomando la naturaleza corporal, le visito cuando estaba adherido a las cosas corporales para atraerle a las cosas espirituales por el misterio de su cuerpo. Fué, pues, necesario al género humano que Dios se hiciera hombre para demostrar la dignidad de la naturaleza humana, y para que de este modo el hombre no estuviese sometido, ni a los demonios ni a las cosas corporales. Haciéndose Dios hombre demostro al mismo tiempo la inmensidad de su amor hacia los hombres, a fin de que en lo sucesivo estuviesen sometidos a Dios, no por el temor de la muerte, que el primer hombre habia despreciado, sino por los efectos de la caridad. Ademas, Dios por este medio dio al hombre una especie de ejemplo de aquella venturosa union, que por la operacion de la inteligencia existira entre el entendimiento criado y el espiritu increado. No es ya increible que el entendimiento de la criatura pueda estar unido a Dios por la vision de su esencia, después que Dios se ha unido al hombre revistiéndose con su naturaleza. Por la Encarnacion, en fin, la obra de Dios esta en cierto modo acabada en su universalidad, en razon a que el hombre, que es. el ultimo que fué creado, vuelve por una especie de circulo a su principio, mediante su union con el principio de todas las cosas por la obra de la encarnacion.



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CAPITULO CCII

Error de Fotino sobre la encarnacion del Hijo de Dios.

Este misterio de la Encarnacion fué combatido y aun destruido por Fotino, en cuanto pudo hacerlo. Este heresiarca, siguiendo el ejemplo de Ebion, de Cerinto y de Pablo de Samosata, enseno que Nuestro Senor Jesucristo habia sido puro hombre, que no habia existido antes de la Virgen Maria, pero que mediante sus méritos, la excelencia de su vida y los sufrimientos de su pasion y muerte, merecio la deificacion; habiendo sido llamado Dios, no porque lo fuera por naturaleza, sino por una gracia de adopcion. Si de este modo fuera, no habria habido union de la divinidad con el hombre; habria habido una deificacion del hombre por la gracia, lo cual no es una cosa singular en Cristo, porque en esto conviene con todos los Santos, aun cuando en esta gracia unos sean mas excelentes que otros.

Este error es contrario a la Sagrada Escritura. En el cap. 1 de San Juan se lee: En el principio era el Verbo; y después anade: El Verbo se hizo carne; luego el Verbo, que era al principio un Dios, tomo carne, y no la tomo el hombre que antes no habia sido deificado por una gracia de adopcion. En el cap. VI de San Juan, dice el Senor: Bajé del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para hacer la voluntad del que me envio. Segun el error de Fotino, no podria decirse de Cristo que descendio, sino que ascendio, diciendo el Apostol, como dice en su carta a los de Efeso: Y que subio, ¿qué es sino que antes habia descendido a los lugares mas bajos de la tierra?. De donde claramente se deduce que Cristo no hubiera ascendido si antes no hubiera descendido.



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CAPITULO CCIII

Error de Nestorio sobre la encarnacion: su refutacion.

Nestorio, queriendo evitar estas consecuencias, se separo en parte del error de Fotino, afirmando que Cristo era hijo de Dios, no solo por una gracia de adopcion, sino por la naturaleza divina, en la cual era coeterno al Padre. Sin embargo, incurrio también en el error de Fotino, diciendo que el Hijo de Dios no estaba de tal modo unido al hombre que hubiese en él una sola persona divina y humana, sino que en l no habia union mas que por la habitacion en l. Asi, pues, este hombre, que segun Fotino es llamado Dios solo por gracia, segun Nestorio es llamado Dios, no porque lo sea verdaderamente, sino porque el Hijo de Dios habita en l, lo cual es una pura gracia. Este error es contrario a la autoridad de las Sagradas Escrituras. En efecto: el Apostol, en su Epistola a los filipenses, dice lo siguiente: Que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpacion el ser l igual a Dios, sino que se anonado a si mismo tomando forma de siervo.

No es, empero, un anonadamiento para Dios habitar por la gracia en una criatura racional, porque de otro modo el Padre y el Espiritu Santo quedarian también anonadados, habitando como habitan también por la gracia en la criatura racional. Por esto el Senor, hablando de si y del Padre, dice por San Juan, cap. XIV: Vendremos a l y habitaremos en l. Y el Apostol, hablando del Espiritu Santo en la Epistola 1 a los Corintios, cap. III, dice: El espiritu de Dios habita en vosotros. Ademas, no convenia a aquel hombre hablar como Dios, si no fuera Dios personalmente, razon por la que hubiera dicho con infinita presuncion: El Padre y yo somos uno, y en otra parte: Yo existia antes de que Abraham existiera. El pronombre yo demuestra la persona del que habla: es asi que era el hombre el que hablaba; luego no hay mas que una sola persona, Dios y hombre todo junto. Para destruir estos errores, después de haberse hablado en el Simbolo de los Apostoles y en el de los Padres de la persona del Hijo, se anade: Que, fué concebido por el Espiritu Santo: que nacio, sufrio, murio y resucito. No se atribuiria al Hijo de Dios lo que concierne al hombre, si no hubiera sido la misma la persona de Dios y del hombre, porque lo que conviene a una persona no conviene por lo mismo a otra, a la manera que lo que conviene a Pablo no es por esto mismo predicado de Pedro.




CAPITULO CCIV

Error de Arrio sobre la encarnacion: su refutacion.

Ciertos herejes, para Confesar la unidad de Dios y del hombre, han incurrido en un error contrario, diciendo que en Cristo habia no solo una misma persona divina y humana, sino una sola naturaleza. Arrio fué el autor de este error, a fin de que lo que en la Sagrada Escritura se dice de Cristo cuando se afirma que es menor que el Padre, no pudiera referirse al Hijo mas que en cuanto tomo la naturaleza humana; supuso que en Cristo no habia otra alma que el Verbo de Dios, el cual, segun dicho hereje, sirvio de alma para el cuerpo de Cristo. De aqui deducia que cuando Cristo dice: Mi Padre es mayor que yo, o cuando se lee que oro, que se entristecio, todo esto debe referirse a la naturaleza propia del Hijo de Dios. Esto supuesto, se sigue que la union del Hijo de Dios con el hombre se obro no solamente en la persona, sino también en la naturaleza. En efecto: es evidente que la unidad de la naturaleza humana se compone de alma y cuerpo. La falsedad de esta suposicion en lo concerniente a la asercion de la inferioridad del Hijo con respecto al Padre, ha sido ya demostrada cuando probamos que el Hijo es igual al Padre.

En cuanto a lo que se dice de que el Verbo de Dios habia servido de alma a Cristo, es una falsedad, que se prueba también con lo que dijimos antes. En efecto: hemos demostrado que el alma estaba unida al cuerpo como una forma, y es imposible que Dios sea forma de un cuerpo, segun se dijo antes. Para evitar que Arrio dijera que esto debia entenderse del Sumo Dios Padre, puede demostrarse que lo mismo sucede con los angeles, los cuales en su naturaleza no pueden estar unidos a un cuerpo por modo de forma, siendo como son por su naturaleza extranos a los cuerpos. Con mucha mas razon el Hijo de Dios, que ha criado a los angeles, como también afirma Arrio, no puede ser la forma de un cuerpo. Ademas de esto, el Hijo de Dios, aun cuando fuera una criatura, como falsamente afirma Arrio, es superior por si mismo en beatitud a todos los espiritus creados. La felicidad de los angeles es tan grande, que no pueden experimentar tristeza, y claro es que su felicidad no seria ni verdadera ni plena si faltara alguna cosa para la satisfaccion de sus deseos: porque la naturaleza de la beatitud consiste en ser final, y un bien perfecto que constituye el apetito en un reposo completo. El Hijo de Dios, con mas razon que los angeles, no puede experimentar tristeza o temor en su naturaleza: es asi que experimento tristeza, puesto que se dice: Empezo Jesus a temer y a entristecerse; es asi que l mismo confiesa su tristeza cuando dice: Mi alma esta triste hasta la muerte; luego es evidente que la tristeza no era del cuerpo, sino de alguna sustancia aprehensiva. Necesario es, pues, que entre el Verbo y el cuerpo haya habido en Cristo otra substancia susceptible de experimentar tristeza; y esta substancia es a la que llamamos alma. Ademas, si Cristo se ha revestido de lo que nos pertenece para purificarnos de nuestros pecados, aun teniamos mas necesidad de ser purificados en nuestra alma, que habia sido origen y que es sujeto del pecado. Por consiguiente, Cristo no tomo un cuerpo sin alma, sino que tomo un cuerpo con un alma, porque mas particularmente debia tomar un alma.



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CAPITULO CCV

Error de Apolinario y su refutacion.

Las mismas razones anteriores sirven para refutar el error de Apolinario, quien, después de haber adoptado primero la herejia de Arrio, admite después en Cristo una alma diferente del Verbo. Como Apolinario no seguia la opinion de Arrio, que decia que el hijo de Dios era una criatura, y como se dicen de Cristo muchas cosas que ni pueden ser atribuidas al cuerpo, ni convienen al Criador, tales como la tristeza, el temor y otras sensaciones semejantes, se vio obligado por ultimo a suponer en Cristo cierta alma que hiciera al cuerpo sensible, y sujeto de estas sensaciones, pero privada de razon y de inteligencia; y en este concepto el Verbo, segun su opinion, hacia las veces de inteligencia y razon en Cristo hombre. Esta doctrina es falsa por muchos conceptos. Primero, porque es contra naturaleza que un alma no racional sea la forma de un hombre, aun cuando tenga la forma de un cuerpo. En la Encarnacion de Cristo hemos de creer que no hubo nada que fuera monstruoso, ni contra naturaleza. En segundo lugar, es falsa aquella asercion, porque es contra el fin de la Encarnacion, que consiste en la restauracion de la naturaleza humana, cuya rehabilitacion empieza especialmente por la parte intelectual, que puede ser participe del pecado. ¿Esta es la razon por qué convenia principalmente que Cristo tomase la parte intelectual del hombre. Se dice también que Cristo experimento admiracion: es asi que la admiracion solo puede convenir a un alma racional, y no en modo alguno a Dios; luego asi como la tristeza nos obliga a admitir en Cristo un alma sensitiva, asi la admiracion nos obliga a suponer una parte intelectual del alma.



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CAPITULO CCVI

Error de Eutiques, que supone la union en naturaleza.

Eutiques ha seguido a estos heresiarcas en ciertos puntos. En efecto: sostiene que después de la Encarnacion hubo unidad de naturaleza divina y humana, pero no afirma que Cristo careciera de alma, de inteligencia, ni de nada de lo que es necesario para la integridad de la naturaleza. No es menos evidente, sin embargo, la falsedad de esta proposicion. La naturaleza divina es en si perfecta e inconmutable. Una naturaleza que es perfecta en si, no puede confundirse con otra en una unidad de naturaleza, sino convirtiéndose ella misma en esta otra naturaleza, como sucede con el alimento en el que le toma, o transformandola en su esencia, como el fuego transforma la lena, o transformando a ambas, en una tercer naturaleza, como se transforman los elementos en un cuerpo mixto: es asi que la inmutabilidad divina rechaza todas estas suposiciones, porque lo que se transforma o amalgama no es inmutable; luego no es posible que la naturaleza divina, perfecta en si, se confunda al mismo tiempo con una naturaleza cualquiera. Ademas de esto, segun el orden de las cosas, la adicion de una perfeccion mayor cambia la especie de la naturaleza, porque lo que es y vive, como la planta, es de una naturaleza diferente de lo que existe solamente; asi como lo que es, vive y siente, como el animal, es de una especie diferente de lo que no tiene mas que el ser y la vida, como la planta. Por ultimo, lo que tiene ser, vida, sentimiento e inteligencia, como el hombre, es de una especie diferente de lo que no tiene mas que ser, vida y sensacion, como el bruto; luego si aquella una naturaleza que se supone en Cristo tiene, ademas de estas cualidades, alguna cosa de divino, esta naturaleza es de una especie diferente de la naturaleza humana, del mismo modo que la naturaleza humana es diferente de la del bruto. Cristo no era un hombre de la misma naturaleza que los demas, lo cual se ha demostrado ser falso, porque Cristo tuvo su origen en los hombres, segun la carne, como lo expone San Mateo al principio de su Evangelio cuando dice: Libro de la generacion de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham".



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CAPITULO CCVII

Contra el error de Maniqueo, que decia que Cristo no habia tenido un cuerpo verdadero, sino un cuerpo fantastico.

Asi como Fotino destruia la Encarnacion quitando a Cristo la naturaleza divina, asi también la destruia Maniqueo quitandole la naturaleza humana. Suponia que toda criatura corporal era obra del demonio, y que no era conveniente que el hijo de un Dios bueno tomase la criatura del demonio. En su consecuencia, pretendia que Cristo no tenia carne verdadera, sino fantastica, y que todo cuanto en el Evangelio se refiere de Cristo relativo a la naturaleza humana, era una cosa ilusoria y no real. Esta suposicion es evidentemente contraria a la Escritura, donde se afirma que Cristo nacio de una Virgen, que fué circuncidado, que tuvo hambre, que comio, y que estuvo sometido a otras necesidades propias de la naturaleza humana. Era, por consiguiente, necesario que fuera falso el texto de los Evangelios que refiere de Cristo todas estas cosas. Ademas, Cristo dice de si mismo: Yo he nacido y he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Es asi que Cristo no hubiera sido testimonio de la verdad, y si de la falsedad, si hubiera demostrado en si lo que en l no era, sobre todo cuando predijo que sufriria, lo cual no podria suceder sin tener verdadera carne, que seria entregado en manos de los hombres, escupido, azotado y crucificado; luego decir que Cristo no tuvo verdadera carne, y que por lo mismo no habia sufrido en realidad, sino en apariencia, es tratar a Cristo de falsario. Ademas, destruir en los hombres la opinion verdadera, es cometer una falacia: es asi que Cristo cuando se aparecio a sus discipulos después de su resurreccion, creyendo éstos que era un espiritu o un fantasma, les dijo, para alejar sus dudas: Tocadme, y veréis que un espiritu no tiene carne ni huesos, como véis que yo los tengo; y en otro sitio dice a sus discipulos, que viéndole andar sobre las olas creian que era un fantasma: Yo soy, no temais; luego si la opinion que combatimos es verdadera, necesario es decir que Cristo fué falaz. Es asi que Cristo es la verdad; luego es falsa dicha opinion.



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CAPITULO CCVIII

Cristo tuvo un cuerpo verdadero, y no un cuerpo venido del cielo, como pretende Valentin.

Aunque Valentin confesaba que Cristo habia tenido un cuerpo verdadero, decia, sin embargo, que no habia tomado carne de una virgen, sino que habia traido del cielo un cuerpo formado, que paso por la Santa Virgen sin recibir nada de ella, como el agua pasa por un canal. Esta asercion es igualmente contraria a la Sagrada Escritura, porque el Apostol dice a los Romanos, cap. I: De su hijo, que le fué hecho del linaje de David segun la carne; y en la epistola a los Galatas cap. IV: Envio a su hijo hecho de mujer. San Mateo dice también: Y Jacob engendro a José, esposo de Maria, de la que nacio Jesus, llamado Cristo; en seguida hace mencion de su Madre, anadiendo: Habiéndose casado su Madre con José: es asi que estas cosas no serian verdaderas si Cristo no hubiera tomado carne de una virgen; luego es falso que tomara un cuerpo celestial. Lo que dice el Apostol en la primera carta a los Corintios, cap. XV, debe entenderse en el sentido de que vino del cielo segun la divinidad, no segun la substancia de un cuerpo. Ademas, no habia razon alguna para que el Hijo de Dios, trayendo su cuerpo del cielo, entrase en el seno de la Virgen, si nada debia tomar de su substancia; y hubiera sido una ficcion aparente el salir del seno de una virgen, y que de ella habia recibido carne, siendo asi que nada habia recibido. Toda falsedad es ajena a Cristo; luego necesario es confesar que Cristo salio del seno de su Madre, tomando su carne de su propia substancia.




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