COMPENDIO DE TEOLOGIA 514

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CAPITULO VIII

De la primera peticion, en la que se nos ensena a desear que el conocimiento de Dios, que ya tiene principio en nosotros, llegue a hacerse perfecto, y que es posible que lo sea.

Conviene examinar ahora el orden del deseo que procede de la caridad, a fin de poder determinar, segun este orden, las cosas que debemos, esperar y pedir a Dios: es asi que el orden de la caridad exige que Dios sea amado sobre todas las cosas; luego la caridad dirige nuestros primeros deseos hacia las cosas de Dios; pero como el deseo tiene siempre por objeto el bien futuro, y como Dios, considerado en si mismo, nada puede adquirir, sino que permanece eternamente inmutable, nuestro deseo no puede dirigirse hacia las cosas de Dios consideradas en si mismas, es decir, en el sentido de que Dios pueda adquirir bienes que no tiene, y por lo mismo nuestro amor se dirige hacia estas cosas como hacia un objeto actualmente existente.

Sin embargo, podemos, desear respecto a Dios que su gloria, que es permanente en l, se extienda por la estimacion y el respeto de todos, lo cual no debe ser reputado como imposible. En efecto: habiendo sido el hombre creado para conocer la grandeza de Dios, si no pudiera llegar a conocerla, pareceria que su existencia no tenia fin, y esto esta en oposicion :con lo que se dice en el salmo LXXXVIII: "¿Acaso habéis dado al hombre una existencia inutil?" Tampoco habria objeto en los deseos de la naturaleza, que mueven naturalmente a todos los hombres a desear conocer alguna cosa de las perfecciones divinas, y de ahi procede que nadie esté totalmente privado del conocimiento de Dios, segun estas palabras de Job, XXXVI: "Todos los hombres le ven"; lo cual es en verdad dificil y muy superior a toda facultad humana, segun este pasaje de Job, XXXVI: "Ciertamente Dios es grande, que sobrepuja nuestro saber". Esta es la razon por qué el conocimiento de la grandeza y bondad divina, no pueden ser adquiridos por el hombre mas que por la gracia de la revelacion divina, segun estas palabras de San Mateo, XI: Y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni conoce ninguno al Padre sino el Hijo, y aquel a quien lo quisiere, revelar el Hijo. Esto obligo a decir a, San Agustin, comentando a San Juan: Nadie conoce a Dios, si l mismo no se lo revela. En efecto: Dios da a los hombres cierto conocimiento natural de si mismo, concediendo a todos las luces de la razon, y creando como creo criaturas en las que brillan ciertos reflejos de su bondad y de su sabiduria, segun estas palabras de la epistola a los Romanos, I: Puesto que lo que se puede conocer de Dios (naturalmente) les es manifiesto a ellos (a saber, a los gentiles). Dios se les ha revelado por la luz de la razon y por las criaturas que son obras suyas, y por esto anade el Apostol: Porque las cosas de l invisibles se ven después de la creacion del mundo, considerandolas por las cosas criadas, aun su virtud eterna y su divinidad. Sin embargo, este conocimiento es imperfecto, porque el hombre no puede aun ver a una criatura perfecta, porque una criatura nunca representa perfectamente a Dios, en atencion a que la virtud de semejante causa excede al efecto de una manera infinita. En consideracion a esto se lee en el cap. XI de Job: ¿Daras acaso alcance a las huellas de Dios y encontraras perfectamente al Todopoderoso? Y en el XXXVI, después de haber dicho: Todos los hombres le ven, anade: Cada uno le ve de lejos. Es, pues, un resultado de la imperfeccion de este conocimiento, el que los hombres, apartandose de la verdad, hayan caido en varios errores sobre el conocimiento de Dios, porque, como dice el Apostol a los Romanos, I: Se desvanecieron en sus pensamientos, y se oscurecio su corazon insensato. Porque teniéndose ellos por sabios, se hicieron necios. Fundaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de figura de hombre corruptible, y de aves, y de cuadrupedos, y de sierpes.

Por consiguiente, para sacar a los, hombres de este error, Dios en la ley antigua se dio a conocer de una manera mas explicita, y los hombres, en virtud de esta ley, fueron atraidos al culto de un Dios unico, segun estas Palabras del Deuteronomio, VI: Escucha, Israel: el Senor, tu Dios, es uno. Este conocimiento de Dios estaba oscurecido por las tinieblas de las figuras y circunscripto a la nacion judia, segun estas palabras del salmo LXXV: Dios es conocido en Judea, y su nombre es grande en Israel. Para que todo el género humano pudiera disfrutar de este verdadero conocimiento de Dios, Dios Padre envio al mundo al Verbo, generacion unica de su poder, y por medio del cual iniciaba al mundo entero en el verdadero conocimiento de Dios Nuestro Senor; principio esta obra por medio de sus discipulos, segun estas palabras de San Juan, XVII: He manifestado tu nombre a los hombres que me diste del mundo. Su intencion no se limitaba a ellos solos en esta difusion de la luz; queria también que la difundiesen por todo el universo, y por esto anade: Para que el mundo crea que Vos sois el que me habéis enviado. Esto es precisamente lo que hace por el ministerio de los Apostoles y sucesores suyos, atrayendo a todos los hombres al conocimiento de Dios, para que sea honrado y glorificado el santo nombre de Dios en todo el universo, segun lo predijo el profeta Malaquias, I: Porque desde donde nace el sol hasta donde se pone, grande es mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se sacrifica y ofrece a mi nombre ofrenda pura. Para consumar lo que ya esta principiado hacemos esta peticion: Santificado sea tu nombre. "No hacemos esta peticion, dice San Agustin, porque el nombre de Dios no sea santo, sino para que todos los hombres le reconozcan por tal, y tengan a Dios por sumamente santo". Entre otros medios de que Dios se vale para manifestar su santidad a los hombres, el mas evidente es la santidad de los hombres, que son santificados al habitar Dios en ellos; porque como dice San Gregorio Niseno, ¿Quién es tan estupido que viendo en los creyentes una vida pura, no glorifique el nombre que invocan los que tienen semejante vida? Segun lo que dice el Apostol en la primera Epistola a los Corintios, XIV: Pero si todos profetizaren, y entrare algun infiel o idiota, de todos sera convencido, de todos sera juzgado. Y después anade: Y asi postrado sobre el rostro adorara a Dios, declarando que Dios verdaderamente esta en nosotros. Por consiguiente, como dice San Juan Crisostomo por medio de estas palabras: Santificado sea tu nombre, ordena al que ora, pida que sea glorificado por medio vida, como si dijera, haced que vivamos de tal suerte, que seamos causa de que todos los hombres os glorifiquen. Dios es, pues, por nuestro medio glorificado en los espiritus de los demas, en proporcion que nosotros somos santificados por l; y por esta razon, al decir Santificado sea tu nombre, deseamos, como dice San Cipriano, que su nombre sea santificado en nosotros, porque efectivamente Cristo dijo: Sed santos, porque yo soy santo. Pedimos perseverar en el estado de santidad en que fuimos constituidos por el bautismo; pedimos también todos los dias ser santificados y borrar con una expiacion incesante las faltas que diariamente cometemos. Esta es la razon por que esta peticion es la primera, porque, como dice San Juan Crisostomo: Digno es que el que pide a Dios, nada pida antes de pedir la gloria del Padre, posponiéndolo todo a su alabanza y gloria.



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CAPITULO IX

Segunda peticion, por la que pedimos ser participantes de la gloria.

Después del deseo y peticion de la gloria de Dios, natural es que el hombre desee y pida llegar a ser participante de esta gloria. Por consiguiente, la segunda peticion esta formulada asi: Venga a nos el tu reino. En cuanto a esta peticion, como en cuanto a la precedente, es necesario considerar que conviene desear el reino de Dios; en segundo lugar, que el hombre puede adquirir esta dicha; en tercer lugar, que no puede conseguirla por su propia virtud, sino solo con el auxilio de la divina gracia, y por lo mismo es necesario considerar, en cuarto lugar, como pedimos que el reino de Dios venga a nosotros. En cuanto a lo primero, conviene observar que cada cosa encierra un bien propio, naturalmente, apetecible, y por esto se define justamente el bien, diciendo que es lo que todo el mundo desea: es asi que el bien propio de cada cosa es lo que le da su perfeccion, porque decimos que una cosa es buena cuando recibio su perfeccion propia, pues carece de bondad en proporcion el que carece de proporcion propia; luego naturalmente se deduce que cada cosa aspira a su perfeccion propia; luego el hombre naturalmente suspira por la perfeccion; y como hay muchos grados de perfeccion humana, claro es que el apetito del hombre tiene naturalmente por principal objeto aquello que contribuye a su suprema perfeccion. Indicio es de este bien que el deseo natural del hombre repose en su consecucion.

En efecto: no dirigiéndose el deseo natural del hombre mas que hacia el bien propio, que consiste en alguna perfeccion, se sigue que, en tanto que una cosa sea objeto de su deseo, el hombre no llegue a su perfeccion suma. De dos modos puede ser una cosa objeto de los deseos. Primero, cuando lo que se desea, se desea por alguna otra cosa, y esta es la razon por qué después de haberla obtenido, no se aquieta el deseo, y se dirige hacia la otra cosa. Segundo, cuando la cosa que se desea no basta para colmar el deseo del hombre, a la manera que un poco de comida no es bastante para la nutricion de la naturaleza, y por lo mismo no satisface el apetito natural. El bien que es el principal deseo del hombre, debe ser tal, que no sea solamente un medio de llegar a otro bien, sino que sea un bien suficiente para el hombre. Este bien se llama comunmente felicidad, porque es el principal bien del hombre. En efecto: llamamos felices a aquellos que creemos que estan bien. Este bien se llama también beatitud, en cuanto designa cierta excelencia, y puede también ser llamado paz, en cuanto que pone al apetito en reposo, porque el reposo del apetito parece es la paz interior, y por esto se dice en el salmo CXLVII: El que puso por tus términos la paz. De lo dicho aparece claramente que la felicidad del hombre o la beatitud, no pueden consistir en los bienes corporales: primero, porque éstos no son buscados por si mismos, sino como medio de conseguir otra cosa, y convienen al hombre bajo el aspecto del cuerpo: es asi que el cuerpo del hombre esta subordinado al alma como a su fin, ya porque el cuerpo es el instrumento del alma que le da movimiento, y todo instrumento esta hecho para el arte que de él hace uso, ya porque el cuerpo es comparado al alma, como la materia a la forma, y la forma es el fin de la materia, como el acto es el fin de la potencia; luego la felicidad suprema del hombre no consiste ni en las riquezas, ni en los honores, ni en la salud, ni en la hermosura, ni en otras cosas semejantes. Segundo, porque es imposible que los bienes corporales basten al hombre, por muchas razones:

Primera, porque existiendo en el hombre una doble fuerza apetitiva, a saber, la fuerza intelectual y la fuerza sensitiva, y, por consiguiente, un doble deseo, el deseo del apetito intelectual se dirige principalmente a los bienes intelectuales, a los cuales no pueden llegar los bienes corporales.

Segunda, porque los bienes corporales, en cuanto infimos en el orden de las cosas, no reciben una bondad colectiva, sino diseminada; de tal modo, que uno posee una especie de bondad, a saber, el placer; otro la salud corporal, y asi todos los demas; y en virtud de esto, el apetito humano, que naturalmente se dirige al bien universal, no puede encontrar en ellas nada que le satisfaga. Tampoco puede conseguirlo en un gran numero, por mas multiplicado que sea, porque los bienes corporales estan privados del infinito del bien universal. Por esta razon se lee en el cap. V del Eclesiastés: El avaro nunca se sacia con el dinero.

Tercera, porque comprendiendo el hombre por medio de su inteligencia el bien universal, que no admite ni limite, ni tiempo, ni lugar, claro es que el apetito humano desea el bien del modo que conviene a la accion del entendimiento; esto es, que no esté circunscrito por el tiempo; y asi es natural en el hombre desear la estabilidad perpetua, la cual no puede encontrarse en las cosas corporales sujetas a la corrupcion y a variaciones innumerables. Es, pues, conveniente que el apetito humano no pueda encontrar en las cosas, corporales la satisfaccion que busca, y por lo mismo no puede consistir en ésta la suprema felicidad del hombre. Pero como las fuerzas sensitivas tienen operaciones corporales, supuesto que obran por medio de organos corporales que ejercen su accion sobre las cosas corporales, se sigue que la felicidad suprema del hombre tampoco puede encontrarse en las operaciones de la parte sensitiva, es decir, en los placeres corporales, sean los que fueren.

El entendimiento humano ejerce también cierta accion sobre las cosas corporales; porque el hombre conoce los cuerpos por medio del entendimiento especulativo, y pone en obra las cosas corporales por medio del entendimiento practico. De aqui resulta que no puede consistir la suprema felicidad y perfeccion del hombre en la operacion propia del entendimiento especulativo o practico, que tiene por fin las cosas corporales. No puede consistir tampoco en la operacion del entendimiento humano, mediante la cual el alma se refleja en si misma; y esto por dos razones. Primera, porque el alma, considerada en si misma, no es feliz, porque de otro modo no tendria necesidad de trabajar para conseguir la bienaventuranza; no alcanza, pues, la beatitud contemplandose solamente a si misma. Segunda, porque, como ya se ha dicho, la felicidad es la perfeccion suprema del hombre; y como la perfeccion del alma consiste en su propia operacion, se sigue que su perfeccion suma esta determinada por la bondad de su operacion, la cual es relativa a la bondad de su objeto, porque las operaciones estan especificadas por sus objetos. El alma no es el objeto mas perfecto de sus operaciones, porque comprende que hay alguna cosa que vale mas que ella, y, por consiguiente, es imposible que la beatitud suprema del hombre consista en la operacion que tiene por objeto, o a él mismo o a otras substancias superiores, siempre que haya alguna cosa mejor que ellas que pueda ser objeto de la operacion del alma humana. La operacion del hombre se dirige hacia toda clase de bien, porque el bien universal es lo que el hombre desea, puesto que por el entendimiento abarca el bien universal. Esta es la razon por qué en cualquier grado que se presente el bien, la operacion del entendimiento humano, y por consiguiente de la voluntad, se extiende hasta él. Es asi que el bien se encuentra eminentemente en Dios, que es bueno por esencia y principio de toda bondad; luego la perfeccion ultima del hombre y su bien final es unirse a Dios, segun estas palabras del salmo LXXII: Bueno, es para mi unirme a Dios. Esta verdad se hace evidente si se considera el modo de participacion de las otras cosas. En efecto: cada hombre recibe la realidad de esta calificacion, por lo mismo que participa de la esencia misma de la especie. De nadie se dice que es hombre porque se parezca a otro hombre, sino solamente porque participa de la esencia de la especie, participacion a la que los hombres estan asociados uno a otro por la via de la generacion, como, por ejemplo, el padre y el hijo. La beatitud o la felicidad no es otra cosa que el bien perfecto; luego necesario es que solo por la participacion de la beatitud divina, que es la bondad esencial del hombre, sean felices todos los, que participan de esta beatitud, aun cuando sean ayudados los unos por los otros en la inquisicion de esta beatitud. Por esto dice San Agustin, en su libro De la verdadera Religion: "Que no somos felices viendo a los angeles, sino viendo la verdad que hace que los amemos y nos congratulemos con ellos". Sucede que el espiritu humano se dirige a Dios de dos modos: primero, por si mismo; segundo, por otra cosa. Por si mismo, como, cuando, es en si mismo visto, y por si mismo amado; segundo, por otra cosa, como cuando el espiritu se eleva a Dios por medio de sus criaturas, segun estas palabras de la epistola a los Romanos, I: Las cosas invisibles de Dios son comprendidas y vistas por medio de las cosas creadas. No es posible que la beatitud perfecta consista en dirigirse a Dios por medio de otra cosa; en primer lugar, porque significando la beatitud el fin de todos los actos humanos, la verdadera y perfecta beatitud no puede consistir en lo que no tiene la cualidad de término, sino mas bien la cualidad de mutacion que conduce al fin. El conocimiento y el amor de Dios, obrados de una manera mediata, se producen por cierto movimiento del espiritu humano, en cuanto que. se va a una cosa por medio de otra. La verdadera y perfecta beatitud no puede encontrarse en esto.

En segundo lugar, si la beatitud del espiritu humano consiste en unirse a Dios, se sigue que la beatitud perfecta exige una adhesion perfecta a Dios. No es posible que el espiritu humano se una perfectamente a Dios por medio de una criatura cualquiera, ni por el conocimiento, ni por el amor, porque toda forma creada esta en una incapacidad infinita de representar la esencia divina; luego asi como no es posible que las cosas de un orden superior sean conocidas por una forma de un orden inferior, verbi gracia, una, substancia espiritual por un cuerpo, o un cuerpo celeste por un elemento, mucho menos posible es aun que la esencia de Dios sea conocida por una forma creada, cualquiera que sea. Pero como nosotros percibimos de un modo negativo la naturaleza de los cuerpos superiores, considerando los inferiores, por ejemplo, que no son ni pesados ni ligeros; y como observando a los cuerpos concebimos la idea negativa de que son inmateriales o incorporales, de este modo también lo que nosotros conocemos de Dios por medio de las criaturas, no es lo que Dios es, sino lo que no es. Ademas, la bondad de una criatura, sea la que fuere, es una cosa minima respecto a la bondad divina, que es una bondad infinita. Esta es la razon por qué las buenas cualidades de las cosas que proceden de Dios, y que son beneficios de Dios, no elevan la mente hasta el amor perfecto de Dios. Por consiguiente, no es posible que la beatitud verdadera y perfecta consista en la union del espiritu a Dios por medio de otra cosa.

En tercer lugar, la verdadera beatitud no consiste en dirigirse a Dios mediatamente, porque las cosas menos conocidas llegan a ser conocidas por aquellas que lo son mas, y del mismo modo las cosas que no son mejores se hacen amar por las que lo son mas. Como Dios es la verdad misma, la suma bondad, eminentemente susceptible de ser conocido y amado en si mismo, el orden natural exige que todo sea conocido y amado por l. Si es necesario dirigir el espiritu de alguno al conocimiento y amor de Dios por medio de las criaturas, es porque esto procede de su imperfeccion, pues no ha llegado aun a conseguir la beatitud perfecta, que es la que excluye toda imperfeccion.

Réstanos, pues, deducir que la beatitud perfecta consiste en la union del alma a Dios por si mismo, conociéndole y amandole. Como pertenece al rey gobernar a sus subditos, se dice que reina en el hombre, o que rige y gobierna aquello que rige y gobierna lo demas. En virtud de esto, el Apostol nos amonesta en la epistola a los Romanos, VI: Que el pecado no reine en vuestro cuerpo mortal.

Por lo mismo que se requiere para la beatitud perfecta que Dios sea conocido y amado por si mismo, para que por medio de l el espiritu se eleve a las cosas superiores, por lo mismo Dios reina perfecta y verdaderamente en los buenos. Asi se lee en Isaias, XLIX: Porque el que de ellos se apiada, los gobernara y los abrevara en las fuentes de las aguas; es decir, que por l estan llenos de todos los bienes mas excelentes. En efecto: es necesario observar que concibiendo el entendimiento todo lo que conoce por medio de una especie cualquiera, o de una forma, como la vista exterior ve una piedra por medio de la forma de la piedra, no es posible que el entendimiento vea a Dios en su esencia, por medio de una especie creada, o de una forma que sea como representante de la esencia divina. En efecto: vemos que una cosa de un orden superior no puede ser representada en cuanto a su esencia, por la especie de las cosas de un orden inferior. Como Dios aventaja y sobrepuja a todo orden de la criatura, mucho mas que una substancia espiritual aventaja al orden de las cosas corporales, es imposible que Dios sea visto en su esencia por medio de alguna especie corporal. Asi aparece con evidencia, considerando lo que es ver una cosa cualquiera en su esencia. No es ver la esencia del hombre ver alguna cosa de lo que conviene esencialmente al hombre, asi como no conoce la esencia del hombre el que conozca al animal, y no la cualidad de racional Todo lo que se dice de Dios le conviene esencialmente; pero no es posible que una especie creada represente a Dios, segun todo lo que de l se dice; porque en el entendimiento creado hay otra especie, por medio de la cual concibe la vida, la sabiduria, la justicia y todas, las demas cosas semejantes, que son la esencia de Dios. No es posible, pues, que el entendimiento creado reciba la forma de una especie cualquiera que represente la esencia divina, de tal suerte que Dios pueda ser visto en ella en su esencia.

Si se quisiera admitir muchas, sufriria menoscabo la unidad, que no es otra cosa que la esencia de Dios. No es, por consiguiente, posible que el entendimiento creado se eleve a la vista de Dios en si mismo y en su esencia, ni por medio de una especie creada, ni por medio de muchas. De todo debemos deducir, que para que Dios sea visto en su esencia por el entendimiento creado, es necesario que la esencia divina sea igualmente vista por si misma, y no por otra especie, y esto en virtud de cierta union del entendimiento creado con Dios. Por esto dice Dionisio, en el CAPITULO I: De los nombres de Dios, que cuando lleguemos a la beatitud suma por la manifestacion de Dios, estaremos completamente satisfechos por cierto conocimiento sobrenatural de Dios. Es asi que es un privilegio particular de la esencia divina que el entendimiento pueda estar unido a ella sin semejanza alguna, porque la esencia divina es su propio ser, lo cual no conviene a ninguna otra forma; luego necesario es que toda forma esté en el entendimiento.

Por consiguiente, si una forma cualquiera existente por si misma no puede ser informativa del entendimiento, v. gr., la substancia de un angel, que debe ser conocida por el entendimiento de otro, necesario es que esto se verifique por medio de alguna semejanza de ella misma que sea informativa del entendimiento, lo cual no se requiere en la esencia divina, que es su propio ser. Asi, pues, el espiritu llega a ser feliz con la vision misma de Dios por medio de la asociacion a la inteligencia divina. Es necesario que el ser que comprende y el ser comprendido estén en cierto modo unificados, y esta es la razon por qué estando establecido el reino de Dios en los Santos, sucedera que los Santos estaran asociados a su reino. En efecto: de ellos se dice en el cap. V del Apocalipsis: Nos habéis hecho reyes y sacerdotes con nuestro Dios, y reinaremos sobre la tierra. Se llama, a la verdad, reino de los cielos al reino de Dios en los Santos, y al de los Santos en Dios, segun estas palabas de San Mateo, IV: Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos, en el sentido de que Dios esta en el cielo; no porque esté contenido en cielos materiales, sino para designar su elevacion sobre toda criatura, a la manera que decimos que los cielos estan sobre toda criatura material, segun este pasaje del salmo CXII: El Senor excelso sobre todas las naciones, y sobre los cielos su gloria. En este sentido se llama reino de los cielos a la beatitud de los Santos, no porque su recompensa esté en cielos materiales, sino porque su recompensa consiste en la contemplacion de la naturaleza sobrecelestial. Por esto se dice de los angeles en el cap. XVIII de San Mateo: Sus angeles en el cielo ven siempre la faz de mi Padre que esta en el cielo. Y por esto dice San Agustin, en el libro sobre el sermon de la montana, exponiendo estas palabras del CAPITULO V de San Mateo: Abundante es vuestra recompensa en el cielo. "Yo no creo, dice el Santo, que sea necesario entender por cielo en este pasaje las regiones superiores del mundo visible, porque nuestra recompensa no debe consistir en cosas sujetas a mutacion, y si creo que es necesario entender por cielos el firmamento espiritual en que habita la Justicia eterna". Se llama también vida eterna al bien final que reside en Dios, en el sentido en que se llama vida a la accion del alma que vivifica, y por lo mismo son tantos los modos de vida, cuantos son los géneros de acciones del alma, entre las cuales es accion suprema la operacion del entendimiento, y, segun el Filosofo, la accion del entendimiento es la vida. Por lo mismo que el acto recibe la especie de su objeto, por lo mismo se llama a la vision de Dios vida eterna, segun estas palabras de San Juan, XVII: La vida eterna consiste en conoceros a Vos, que sois el unico Dios verdadero.

Este bien final es también llamado comprehension, segun estas palabras de la epistola a los Filipenses, III: Mas voy siguiendo por si de algun modo podré alcanzar aquello para lo que fui tomado de Jesucristo, lo cual no debe entenderse en el sentido de que en la comprehension vaya incluida la inclusion. En efecto: lo que esta incluido en una cosa esta todo entero y en totalidad contenido en ella. No es posible que el entendimiento creado vea en totalidad la esencia divina, de tal modo, que llegue a conseguir el modo completo y perfecto de la vision divina, es decir, a ver a Dios todo cuanto es visible; porque Dios es visible, segun el esplendor de su verdad, que es infinita; y como en virtud de esto es infinitamente visible, no puede convenir esta vision completa a un entendimiento creado, cuya potencia inteligente es limitada. Por consiguiente, Dios solo, que se concibe a si mismo de una manera infinita por la virtud infinita de su inteligencia, se comprende en totalidad por su concepcion. Empero la comprehension esta prometida a los Santos, en cuanto que por esta palabra se concibe cierta posesion. En efecto: cuando perseguimos a alguno creemos haberle cogido cuando ya le hemos echado la mano. Asi, pues, mientras que estemos en nuestro cuerpo, como se dice en la segunda epistola a los Corintios, V: Estamos alejados de Dios, porque nosotros caminamos por la fe y no por la especie, y asi vamos a l como a una cosa distante; luego que su presencia se haga sensible a nosotros por la especie, nosotros le poseeremos en nosotros, y por eso vemos en el Cantico de los Canticos, III, que la esposa, buscando al amado de su alma, después de haberle encontrado, dice: "Ya le tengo, y no le dejaré". En efecto: la esposa posee el bien final eterno y la alegria completa de que hemos hablado. En consideracion a esto dice Nuestro Senor por San Juan, XVI: Pedid y recibiréis, para que sea plena vuestra alegria. La alegria completa no puede proceder de criatura alguna, sino de Dios solo, en quien reside la plenitud de la bondad: por esto Nuestro Senor dice también al siervo fiel: Entra en la alegria de tu Senor, para que goces de tu Senor, segun estas palabras de Job, XXII: Encontraréis vuestras delicias en el Todopoderoso. Como Dios saca principalmente su alegria de si mismo, se dice que el siervo fiel entra en la alegria de su Senor, porque participa de la alegria de su Senor, segun las promesas que Nuestro Senor hizo a sus discipulos, San Lucas, XXII: y por esto dispongo yo del reino para vosotros, como, mi, Padre dispuso de él para mi. Para que comais y bebais a mi mesa en mi reino. No debe entenderse este pasaje en el sentido de que los Santos, gozando de este bien material, y estando ya en posesion de la incorruptibilidad, hagan uso de alimentos :corporales, porque la palabra festin esta empleada para significar que seran saciados de la alegria que Dios encuentra en si mismo, y los Santos en Dios solo. Debemos considerar la plenitud de la alegria, no solo en cuanto e. su objeto, sino también relativamente a la disposicion del sujeto que goza ;de la alegria, que debe tener presente al objeto de su alegria, y que todo el efecto del que goza de la alegria se refiera y cifre en la causa de esta alegria. Ya hemos demostrado que un espiritu creado goza de la presencia de Dios por la vision de la esencia divina, y esta vision inflama completamente el afecto en el fuego del amor divino. En efecto: si una cosa es amable en razon directa de su bondad y de su belleza, es imposible, segun dice Dionisio, cap. IV De los nombres divinos, "ver a Dios sin amarle, porque Dios es la, esencia misma de la bondad y de la belleza". Por consiguiente, la vision perfecta de Dios produce el amor perfecto; y en atencion a esto, dice San Gregorio sobre Ezequiel: La llama del amor divino que empieza a arder en la tierra, llegara a ser hoguera inmensa por la vision de su objeto. La alegria que uno experimenta a la vista del ser a quien ama es tanto mas grande, cuanto mayor es el amor que le profesa, y por esta razon esta alegria recibe su perfeccion, no solo de su objeto, sino también de su sujeto. Esta alegria es la consumacion de la bienaventuranza humana; porque, como dice San Agustin en el libro X de sus Confesiones, la beatitud es la alegria producida por la verdad.

Debemos considerar, ademas, que siendo Dios la esencia misma de la bondad, es por lo mismo el bien de todo bien, y de ahi se sigue que, viendo a Dios, se ve todo lo que es bueno, segun estas palabras que el Senor dirigio a Moisés, Exodo, XXXIII: Yo te, mostraré todo lo bueno. Poseyendo, pues, a Dios, se poseo todo lo bueno, segun estas palabras del libro de la Sabiduria, (Sg 7): Y me vinieron todos los bienes juntamente con ella. En la posesion de este bien final, mediante la vision de Dios, poseeremos plenamente todos los bienes, por cuya razon promete el Senor al siervo fiel, San Mateo, XXIV, que le constituira sobre todos sus bienes. Como el mal es opuesto al bien, la presencia del bien universal y absoluto excluira necesariamente al mal; porque se dice en la segunda epistola a los Corintios, VI: Entre la justicia y la iniquidad no hay participacion, ni sociedad entre la luz y las tinieblas. Asi, pues, en este bien final quedara la posesion de todo bien, no habra solamente una satisfaccion perfecta, habra también un reposo completo y la plena seguridad de estar exento de todo mal, como leemos en los Proverbios, I: El que me oiga descansara sin terror y gozara de la abundancia sin temor alguno a los males. Es también una consecuencia de esta posesion el disfrutar de una paz absoluta y universal. En efecto: obstaculo son para la paz del hombre, o los cuidados interiores cuando desea alguna cosa que no tiene, o la molestia que le causan los males que espera o teme; pero en el estado de que hablamos, nada tendra que temer. La inquietud de los deseos cesara por la posesion completa de todo bien, y la molestia exterior por el alejamiento de todo mal, no resultando mas que una tranquilidad pacifica y perfecta. Con alusion a esto dice Isaias, XXXIII: Mi pueblo reposara en la hermosura de la paz; palabras que expresan la perfeccion de la paz. Para demostrar la causa de esta paz, anade: Bajo las tiendas de la confianza; confianza que sera el resultado del alejamiento del temor de los males en una tranquilidad opulenta, parte integrante de la afluencia plena de todo bien. La perfeccion de este bien final tendra una duracion perpetua, que no sera alterada por defecto de los bienes de que gozara el hombre, porque son eternos e incorruptibles, por cuya razon dice Isaias(Is 33): Tus ojos veran a Jerusalén, ciudad opulenta, tabernaculo que no podra ser trasladado. Y en seguida da la razon, diciendo: Porque sera la morada especial de nuestro gran Rey y Dios nuestro. Toda la perfeccion de este estado consistira en el goce de la eternidad divina. Este estado tampoco puede ser alterado por la corrupcion de los que de él gocen, porque, o seran naturalmente incorruptibles como los angeles, o habran obtenido la incorruptibilidad como los hombres. En efecto: el Apostol dice en la 1 epistola a los Corintios, XV: Es necesario que nuestra naturaleza corruptible esté revestida de la incorruptibilidad. En el Apocalipsis, III, leemos también: Al que venza le haré columna en el templo de mi Dios, y jamas saldra de él. Tampoco podra cesar este estado por disgusto de la voluntad humana, porque cuanto mas se ve a Dios, que es la esencia de la bondad, tanto mas es uno impulsado a amarle, y tanto mas se desea gozar de l, segun estas palabras del Eclesiastico, (Qo 24): Los que me comen a mi tendran hambre, y los que me beben aun tendran sed. En consideracion a esto, se dice en la epistola primera de San Pedro, I, de los angeles que ven a Dios: En quien desean mirar los angeles. Este estado no sera destruido por los ataques de un enemigo cualquiera, porque en él cesara la molestia de todo mal, segun estas palabras de Isaias, (Is 35): No habra alli leon (esto es, diablo que acometa), y bestia feroz (esto es, hombre malo), no subira por él ni sera hallada alli. Por esta razon dice Nuestro Senor Jesucristo, en San Juan, X, hablando de sus ovejas: Que no pereceran jamas, y que nadie las arrebatara de su mano. Tampoco cesara este estado porque Dios excluya de él a algunos. En efecto: no los excluira por falta alguna, porque no puede haber falta en un lugar en que no puede haber mal, y por esto dice Isaias, (Is 60): Tu pueblo todos los justos. Tampoco sucedera por la elevacion a un bien superior, como sucede algunas veces en este mundo, en que Dios priva a los justos de los consuelos espirituales y de otros beneficios suyos, para que los busquen con mas avidez y reconozcan su debilidad, porque este estado no es un estado de enmienda o progreso sino de perfeccion final, y por esto dice Nuestro Senor en el cap. VI de San Juan: Yo no rechazaré al que venga a mi. Este estado pondra en posesion perpetua de todos estos bienes, segun las siguientes palabras del salmo V: Exaltados seran eternamente, y habitaras en ellos. El reino de que hablamos es, por consiguiente, la beatitud perfecta, supuesto que comunica el goce inmutable de todos los bienes; y como los hombres desean naturalmente la felicidad, es una consecuencia necesaria que todos deseen el reino de Dios.




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