PIO XI, MAGISTERIO PONTIFICIO 346

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24. Por ser menester que las nuevas generaciones sean instruidas en las artes y disciplinas con que se aventaja y prospera la sociedad civil, y siendo para este trabajo, por si sola, insuficiente la familia, nacio la institución social de la escuela, ya en un principio, notese bien, por iniciativa de la familia y de la Iglesia, mucho tiempo antes que por obra del Estado, de suerte que la escuela, considerada aun en sus origenes historicos, es por su naturaleza institución subsidiaria y complementaria de la familia y de la Iglesia; y asi por logica necesidad moral, debe no solamente no contradecir, sino positivamente armonizarse con los otros dos ambientes en la unidad moral la mas perfecta que sea posible, hasta poder constituir, junto con la familia y la Iglesia, un solo santuario, consagrado a la educación cristiana, bajo pena de faltar a su cometido, y de trocarse en obra de destruccion.

Esto lo ha reconocido manifiestamente aun un hombre seglar, tan celebrado por sus escritos pedagogicos (no del todo laudables porque estan tocados de liberalismo) el cual profirio esta sentencia: "La escuela, si no es templo, es guarida", y aun esta otra: "Cuando la educación literaria, social, doméstica y religiosa no van todas de acuerdo, el hombre es infeliz, impotente" (Pius IX, E. Quum non sine 14 iul. 1864.)

d) Neutra, laica, mixta, unica

25. De aqui precisamente se sigue que es contraria a los principios fundamentales de la educación la escuela llamada "neutra" o "laica", de la que esta excluida la religion. Tal escuela, además, no es practicamente posible porque de hecho viene a hacerse irreligiosa. No es menester repetir cuanto acerca de este asunto han declarado Nuestros Predecesores, senaladamente Pio IX y Leon XIII, en cuyos tiempos particularmente comenzo a embravecerse el laicismo en la escuela publica. Nos renovamos y confirmamos sus declaraciones(C.I.C. c. 1374.) y al mismo tiempo las prescripciones de los Sagrados Canones en que la asistencia a las escuelas acatolicas, neutras o mixtas, es decir, las abiertas indiferentemente a catolicos y no catolicos sin distinción, esta prohibida a los niños catolicos, y solo puede tolerarse, unicamente a juicio del Ordinario en determinadas circunstancias de lugar y tiempo y con especiales cautelas(Enc. Militantis Ecclesiae 1 aug. 1897) Y no puede ni siquiera admitirse para los catolicos la escuela mixta (peor, si es unica y obligatoria para todos), en la cual, aun proveyéndoseles aparte de la instrucción religiosa, reciben el resto de la ensenanza de maestros no catolicos junto con los alumnos acatolicos.

e) Escuela catolica

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26. No basta el solo hecho de que en ella se dé instrucción religiosa (frecuentemente con excesiva parsimonia), para que una escuela resulte conforme a los derechos de la Iglesia y de la familia cristiana y digna de ser frecuentada por alumnos catolicos. Para ello es necesario que toda la ensenanza y toda la organización de la escuela: maestros, programas y libros, en cada disciplina, estén imbuidos de espiritu cristiano bajo la dirección y vigilancia materna de la Iglesia, de suerte que la religión sea verdaderamente fundamento y corona de toda la instrucción, en todos los grados, no solo en el elemental, sino también en el medio y superior. "Es necesario -para emplear las palabras de Leon XIII- que no solo en horas determinadas se ensene a los jóvenes la religión, sino que toda la formación restante exhale fragancia de piedad cristiana. Que si esto falta, si este halito sagrado no penetra y no calienta las almas de maestros y discipulos, bien poca utilidad podra sacarse de cualquiera doctrina; frecuentemente se seguiran mas bien danos no leves" (PG 31, 570.)

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Y no se diga que es imposible al Estado en una nación dividida en varias creencias, proveer a la instrucción publica, si no es con escuela neutra y con la escuela mixta; entonces debe el Estado mas racionalmente e incluso mas facilmente puede proveer al caso dejando libre y favoreciendo con justos subsidios la iniciativa y la obra de la Iglesia y de las familias. Que esto sea factible con gozo de las familias, y con provecho de la instrucción y de la paz y tranquilidad publica, lo demuestra el hecho de naciones divididas en varias confesiones religiosas, en las cuales el plan escolar corresponde al derecho educativo de las familias, no solo en cuanto a la ensenanza total -particularmente con la escuela enteramente catolica para los catolicos- sino también en cuanto a la justicia distributiva, con subsidio pecuniario por parte del Estado, a cada una de las escuelas escogidas por las familias.

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27. En otros paises de religión mixta se hace de otra manera, con no ligera carga de los catolicos, que bajo el auspicio y guia del Episcopado y con el empeno incesante del Clero secular y regular, sostienen totalmente a sus expensas la escuela catolica para sus hijos, cual su gravisima obligación de conciencia la requiere, y con generosidad y constancia laudable perseveran en el proposito de asegurar enteramente, como ellos a manera de santo y sena los proclama, "la educación catolica, para toda la juventud catolica, en las escuelas catolicas". Lo cual, aunque no esté subvencionado por el erario, a pesar de que por si lo exige la justicia distributiva, no puede ser impedido por la potestad civil, que tiene conciencia de los derechos de la Familia y de las condiciones indispensables de la libertad legitima.

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Y donde aun esta libertad elemental se halla impedida o de diversas maneras dificultada, los catolicos no trabajaran nunca lo bastante aun a precio de grandes sacrificios, en sostener y defender sus escuelas y en procurar que se establezcan leyes escolares justas.

IV. ACCIÓN CATOLICA PARA LA ESCUELA

28. Todo cuanto hacen los fieles promoviendo y defendiendo la escuela catolica para sus hijos es obra genuinamente religiosa, y por lo mismo tarea principalisima de la "Acción Catolica"; por lo cual son particularmente amadas de Nuestro corazon paterno y digno de gran alabanza todas las asociaciones especiales, que en varias naciones trabajan con tanto celo en obra tan necesaria.

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Asi que, al procurar la escuela catolica para sus hijos, sea proclamado bien alto y de todos sea entendido y reconocido, los catolicos de cualquier nación del mundo no hacen obra politica de partido, sino obra religiosa indispensable a su conciencia; y no pretenden ya separar a sus hijos del cuerpo ni del espiritu nacional, sino antes bien educarlos en el modo mas perfecto y mas conducente a la prosperidad de la nación, puesto que el buen católico, precisamente, en virtud de la doctrina catolica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria y lealmente sometido a la autoridad civil constituida, en cualquier forma legitima de Gobierno.

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En esta escuela, en armonia con la Iglesia y con la familia cristiana, no sucedera que en las varias ensenanzas se contradiga, con evidente dano de la educación, a lo que los alumnos aprenden en la instrucción, religiosa; y si hay necesidad de hacerles conocer por escrupulosa responsabilidad de magisterio, las obras erroneas a confutar, esto se hara con tal preparación y con tal antidoto de sana doctrina que la formación cristiana de la juventud no reciba de ello dano, antes provecho.

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Asimismo en esta escuela, el estudio de la lengua patria y de la literatura clasica jamas sera con menoscabo de la santidad de las costumbres; ya que el maestro cristiano seguira el ejemplo de las abejas, las cuales toman la parte mas pura de las flores y dejan lo demás, como ensena san Basilio en su homilia a los jóvenes acerca de la lectura de los clasicos(Inst. Or. 1, 8.) Esta necesaria cautela -sugerida por el mismo pagano Quintiliano(
1Th 5,21) - no impide de ninguna manera que el maestro cristiano tome y aproveche cuanto de verdaderamente bueno, en las disciplinas y métodos, ofrecen nuestros tiempos, acordandose de lo que dice el Apostol: "Examinad, si, todas las cosas, y ateneos a lo bueno" (Seneca Epist. 45.) Por esto al tomar lo nuevo, él se guardara de abandonar facilmente lo antiguo, que la experiencia de varios siglos ha comprobado ser bueno y eficaz, senaladamente en los estudios de latinidad, que en nuestros dias estamos viendo como sin cesar decaen, precisamente por el injustificado abandono de los métodos tan fructuosamente empleados por el sano humanismo que tanto florecio sobre todo en las escuelas de la Iglesia. Estas nobles tradiciones reclaman que la juventud confiada a la escuela catolica sea si instruida en las letras y en las ciencias plenamente según las exigencias de nuestros tiempos, pero a la vez solida y profundamente, de manera especial en la sana filosofia, lejos de la farragosa superficialidad de aquellos que "hubieran tal vez encontrado lo necesario si no hubiesen buscado lo superfluo" (Leo XIII, Enc. Inscrutabili 21 april. 1878.) Por lo cual, todo maestro cristiano debe tener presente cuanto dice Leon XIII en compendiosa sentencia "...con mayor empeno conviene esforzarse en que no solo se aplique un método de ensenanza apto y solido, sino, mas aun, en todo conforme a la fe catolica, especialmente por cuanto a la filosofia se refiere, pues de ella en gran parte depende la recta ordenación de las demás ciencias" (Oratio 2 PG 35, 426.)

a) Buenos maestros

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29. Las buenas escuelas son fruto, no tanto de las buenas ordenaciones, cuanto principalmente de los buenos maestros, que, egregiamente preparados e instruidos, cada uno en la disciplina que debe ensenar, y adornados de las cualidades intelectuales y morales que su importantísimo oficio reclama, ardan en puro y divino amor de los jóvenes a ellos confiados, precisamente porque aman a Jesucristo y su Iglesia, de quien aquellos son hijos predilectos, y por lo mismo buscan con todo empeno el verdadero bien de las familias y de su patria. Por esto, Nos llena el alma de consolación y de gratitud hacia la Bondad Divina, el ver como juntamente con religiosos y religiosas dedicados a la ensenanza, un tan grande numero de maestros y maestras excelentes -aun unidos a veces en congregaciones y asociaciones especiales para cultivar mucho mejor su espiritu, las cuales por esto son de alabar y promover como nobilisimos y potentes auxiliares de la "Acción Catolica"- trabajan con desinterés, celo y constancia, en la que san Gregorio Nacianceno llama "arte de las artes y ciencia de las ciencias" (
Mt 9,37) de regir y formar a la juventud. Y con todo, también a ellos se aplica el dicho del Divino Maestro: "La mies es verdaderamente mucha; mas los obreros pocos" (Horat. Art. poet. 163.) Supliquemos, pues, al Señor de la mies que mande aun muchos mas de tales operarios de la educación cristiana, cuya formación deben tener muy en el corazon los Pastores de las almas y los supremos moderadores de las Ordenes Religiosas.

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Es también necesario dirigir y vigilar la educación del joven "blando como cera para doblegarse al vicio" (
1Co 15,33) en cualquier otro ambiente en que venga a encontrarse, apartandolo de las malas ocasiones y procurandole la oportunidad de las buenas, en las recreaciones y reuniones; ya que "las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres" (Conf. 6, 8.)

b) El mundo y sus peligros

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30. Además, en nuestros tiempos, hay que tener una vigilancia tanto mas general y cuidadosa, cuanto mas han aumentado las ocasiones de naufragio moral y religioso que la juventud inexperta encuentra, particularmente en los libros impios o licenciosos, muchos de ellos diabolicamente difundidos a vil precio; en los espectaculos del cinematografo, y ahora aun en las audiciones radiofonicas, que multiplican y facilitan, por decirlo asi, toda clase de lecturas, como el cinematografo toda clase de espectaculos. Estos medios potentisimos de divulgación, que pueden servir, si van recogidos por sanos principios, de grande utilidad para la instrucción y educación, se subordinan desgraciadamente muchas veces al incentivo de las malas pasiones y a la avidez de la ganancia. San Agustin se lamentaba al ver la pasión que arrastraba aun a los cristianos de su tiempo a los espectaculos del circo y cuenta con viveza dramatica la perversión, felizmente pasajera, de su alumno y amigo Alipio (
1Jn 2,16) ¡Cuantos extravios juveniles, a causa de los espectaculos de hoy dia, sin contar las malvadas lecturas, tienen que llorar ahora, los padres y educadores!

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Por esto hay que alabar y promover todas las obras educativas, que, con espiritu sinceramente cristiano de celo por las almas de los jóvenes, atienden, con oportunos libros y publicaciones periodicas, a dar a conocer particularmente a los padres y a los educadores, los peligros morales y religiosos, con frecuencia fraudulentamente insinuados, en libros y espectaculos, y se industrian para difundir las buenas lecturas y promover espectaculos verdaderamente educativos, creando aun con grandes sacrificios teatros y cinematografos, en los cuales la virtud no solo no tenga nada que perder, antes mucho que ganar.

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De esta necesaria vigilancia nadie deduzca, sin embargo, que la juventud tenga que estar segregada de la sociedad, en la que debe vivir y salvar su alma, sino que hoy, mas que nunca, debe estar armada y fortalecida cristianamente contra las seducciones y los errores del mundo, el cual, como advierte una sentencia divina, es todo "concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida" (De Idololatria 14.) de manera que, como decia Tertuliano de los primeros fieles, sean cual deben ser los verdaderos cristianos de todos los tiempos, "copropietarios del mundo, no del error" (
Ga 4,19)

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Con esta sentencia de Tertuliano hemos venido a tocar lo que Nos hemos propuesto tratar en ultimo término, aunque de grandisima importancia, como que es la verdadera sustancia de la educación cristiana, cual se desprende de su fin propio, en cuya consideración brilla mucho mas clara, como en pleno mediodia, la supereminente misión educativa de la Iglesia.

V. FIN Y FORMA DE LA EDUCACIÓN CRISTIANA

31. Fin propio e inmediato de la educación cristiana es cooperar con la Gracia divina a formar al verdadero y perfecto cristiano: es decir, al mismo Cristo en los regenerados con el Bautismo, o según la viva expresión del Apostol: "Hijitos mios, que yo nuevamente llevo en el seno hasta tanto Cristo sea formado en vosotros" (Col 3,4) Ya que el verdadero cristiano debe vivir vida sobrenatural en Cristo: "Cristo, que es vuestra vida" (2Co 4,11) y manifestarla en todas sus operaciones, "para que la vida de Jesús se manifieste asimismo en nuestra carne mortal" (Horacio, Od. 1.III, od. 3, v. 1: "Iustum et tenacem propositi virum".)

a) Forma el verdadero cristiano

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Por esto precisamente la educación cristiana comprende todo el ambito de la vida humana, sensible y espiritual, intelectual y moral, doméstica y social, no para menoscabarla en manera alguna, sino para elevarla, regularla y perfeccionarla según los ejemplos y la doctrina de Cristo.

De suerte que el verdadero cristiano, fruto de la educación cristiana, es el hombre sobrenatural, que piensa, juzga y obra constantemente y coherentemente, según la recta razon iluminada por la luz sobrenatural de los ejemplos y de la doctrina de Cristo: o, por decirlo con el lenguaje ahora en uso, el verdadero y cumplido hombre de caracter. Pues no constituye cualquiera coherencia y tenacidad de conducta, según principios subjetivos, el verdadero caracter, sino solamente la constancia en seguir los principios eternos de la justicia, como lo reconoce hasta el poeta pagano, cuando alaba, inseparablemente, al hombre justo y constante en su proposito(Tertuliano, Apol. 42) y por otra parte, no puede existir completa justicia sino dando a Dios lo que se debe a Dios, como lo hace el verdadero cristiano.

Tal meta y término de la educación cristiana parece a los profanos como una abstracción, o mas bien como cosa irrealizable sin arrancar o menoscabar las facultades naturales y sin renunciar a las obras de la vida terrena, por tanto ajena a la vida social y a la prosperidad temporal, contraria a todo progreso en las letras, en las ciencias, en las artes y en toda obra de civilizacion. A semejante objeción, movida por la ignorancia y el prejuicio de los paganos, aun eruditos, de otro tiempo -repetida, desgraciadamente, con mas frecuencia e insistencia en los tiempos modernos- habia ya respondido Tertuliano: "No vivimos fuera de este mundo. Bien nos acordamos de que debemos agradecimiento a Dios Señor Creador; no rechazamos fruto alguno de sus obras; solamente nos refrenamos, para no usar de ellas desmesurada o viciosamente. Asi que no habitamos en este mundo sin foro, sin mercado, sin banos, casas, tiendas, cuadras, sin vuestra feria y demás trafico. También nosotros navegamos y militamos con vosotros, cultivamos los campos y negociamos, y por eso además intercambiamos los oficios y ponemos a vuestra disposición nuestros productos. Como podamos pareceros inutiles para vuestros negocios, con los cuales vivimos, francamente no lo veo" (San Agust. De moribus Ecclesiae Catholicae, i. I, C. 30.) Por tanto, el verdadero cristiano, lejos de renunciar a las obras de la vida terrena o amenguar sus facultades naturales, mas bien las desarrolla y perfecciona coordinandolas con la vida sobrenatural hasta el punto de ennoblecer la misma vida natural y de procurarle un auxilio mas eficaz, no solo de orden espiritual y eterno, sino también material y temporal.

b) Prepara el mas noble y provechoso ciudadano

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32. Lo dicho se ve claro en toda la historia del Cristianismo y de sus instituciones, que se identifica con la historia de la verdadera civilización y del genuino progreso hasta nuestros dias; y particularmente en los Santos de que es fecundisima la Iglesia y solamente ella, los cuales han alcanzado en grado perfectísimo, la meta de la educación cristiana, y han ennoblecido y aprovechado a la sociedad civil en todo género de bienes. Efectivamente, los Santos han sido, son y seran siempre los mas grandes bienhechores de la sociedad humana, como también los mas perfectos modelos en toda clase y profesión, en todo estado y condición de vida, desde el campesino sencillo y rustico hasta el hombre de ciencia y letras, desde el humilde artesano hasta el que capitanea ejércitos, desde el oscuro padre de familia hasta el monarca que gobierna pueblos y naciones, desde las sencillas niñas y mujeres del hogar doméstico hasta las reinas y emperatrices. ¿Y qué decir de la inmensa labor, aun en pro del bienestar temporal, de los misioneros evangélicos, que junto con la luz de la Fe han llevado y llevan a los pueblos barbaros los bienes de la civilizacion: de los fundadores de multiples obras de caridad y asistencia social, y de la interminable falange de santos educadores y santas educadoras, que han perpetuado y multiplicado su propia obra con sus fecundas instituciones de educación cristiana para bien de las familias y con inestimable beneficio de las naciones?

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33. Estos son los frutos del todo benéficos de la educación cristiana, precisamente a causa de la vida y virtud sobrenatural en Cristo, que ella desarrolla y forma en el hombre; ya que Cristo Nuestro Señor, Maestro Divino es también fuente y dador de tal vida y virtud, y a la vez modelo universal y accesible, con su ejemplo, a todas las condiciones de la vida humana, particularmente a la juventud, en el periodo de su vida escondida, laboriosa, obediente, adornada de todas las virtudes individuales, domésticas y sociales, delante de Dios y delante de los hombres.

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CONCLUSION

Todo el cumulo de tesoros educativos de infinito valor, que hasta ahora hemos venido apenas y en parte indicando, es de tal modo propio de la Iglesia, que constituye su misma sustancia, siendo ella el Cuerpo mistico de Cristo, la Esposa inmaculada de Cristo, y por esto mismo Madre fecundisima y educadora soberana y perfecta. Por eso el grande y genial san Agustin -de cuya dichosa muerte vamos a celebrar el decimoquinto centenario- prorrumpia lleno de santo afecto para con tal Madre, en estos acentos: "¡Oh Iglesia Catolica, Madre verdadera de los Cristianos! Con razon no solamente predicas que hay que honrar purisima y castisimamente al mismo Dios, cuya posesión es dichosisima vida, sino que también haces de tal manera tuyo el amor y la caridad del projimo, que en ti hallamos toda medicina potentemente eficaz para los muchos males que, por causa de los pecados, aquejan a las almas. Tu adiestras y amaestras con ternura a los niños, con fortaleza a los jóvenes, con delicadeza a los ancianos, conforme a la edad de cada uno, en su cuerpo y en su espiritu. Tu con una, estoy por decir, libre servidumbre, sometes los hijos a sus padres, y pones a los padres delante de los hijos con dominio de piedad. Tu, con vinculo de religión mas fuerte y mas estrecho que el de la sangre, unes a hermanos con hermanos... Tu, no solo con vinculos de sociedad, sino también de una cierta fraternidad, ligas a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con naciones; en una palabra, a todos los hombres, con el recuerdo de los primeros padres. A los reyes ensenas a mirar por los pueblos; a los pueblos amonestas que obedezcan a los reyes. Ensenas con diligencia a quién se debe honor, a quién afecto, a quién respeto, a quién temor, a quién consuelo, a quién amonestación, a quién exhortación, a quién corrección, a quién reprensión, a quién castigo; mostrando como no se debe todo a todos, pero si a todos la caridad, a ninguno la ofensa" (1P 2,25)

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Levantemos al cielo, oh Venerables Hermanos y amados hijos, los corazones y manos suplicantes, "al Pastor y al Obispo de nuestras almas", al Rey Divino "que da leyes a los gobernantes"$(69), para que l con su virtud omnipotente, haga de modo que estos sabrosos frutos de la educación cristiana se recojan y multipliquen "en todo el mundo" con provecho siempre creciente de los individuos y de las naciones.

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Como prenda de estas gracias celestiales, con afecto paterno, a Vosotros, oh venerables hermanos, a Vuestro Clero y a vuestro pueblo damos la Bendición Apostolica.

Dado en Roma, junto a san Pedro, el dia 31 de diciembre de 1929, ano octavo de Nuestro Pontificado.

Pio XI

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QUADRAGESIMO ANNO: al celebrarse el 40º aniversario de la Enciclica "Rerum Novarum"

Sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica

PIO XI, 15 de mayo de 1931

Venerables Hermanos salud y Bendición Apostolica

1. Introduccion

Cuarenta anos han transcurrido desde la publicación de la magistral enciclica "Rerum Novarum", de Leon XIII, y todo el orbe católico se apresta a conmemorarla con la brillantez que se merece tan excelso documento.

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A tan insigne testimonio de su solicitud pastoral Nuestro Predecesor habia preparado el camino con otras Enciclicas, sobre el fundamento de la sociedad humana, o sea la familia y el venerado Sacramento del matrimonio (Leon XIII, Arcanum Divinae Sapientiae, 10/11/1880) sobre el origen del poder civil (Leon XIII, Diuturnum illud, 29/6/1881) y su coordinación con la Iglesia (Leon XIII, Immortale Dei miserentis opuus, 1/11/1885.) sobre los principales deberes de los ciudadanos cristianos (Leon XIII, Spientiae Christianae, 10/1/1890.) contra los errores socialistas (Leon XIII, Quod Apostolici Muneris, 28/12/1878.) y la perniciosa doctrina acerca de la libertad humana (Leon XIII, Libertas, 20/6/1888.) y otras de esta clase, que expresaban abundantemente el pensamiento de Leon XIII. Pero la enciclica "Rerum Novarum" se distingue particularmente entre las otras, por haber trazado, cuando era mas oportuno y aun necesario, normas segurisimas a todo el género humano para resolver los arduos problemas de la sociedad humana, comprendidos bajo el nombre de "cuestión social".

Ocasion

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Cuando el siglo XIX llegaba a su término, el nuevo sistema economico y los nuevos incrementos de la industria en la mayor parte de las naciones hicieron que la sociedad humana apareciera cada vez mas claramente dividida en dos clases: la una, con ser la menos numerosa gozaba de casi todas las ventajas que los inventos modernos proporcionan tan abundantemente; mientras la otra, compuesta de ingente muchedumbre de obreros, reducida a angustiosa miseria, luchaba en vano por salir de las estrecheces en que vivia.

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Era un estado de cosas, al cual con facilidad se avenian quienes, abundando en riquezas, lo creian producido por leyes economicas necesarias; de ahi que todo el cuidado para aliviar esas miserias lo encomendaran tan solo a la caridad, como si la caridad debiera encubrir la violación de la justicia, que los legisladores humanos no solo toleraban, sino aun a veces sancionaban. Al contrario, los obreros, afligidos por su angustiosa situación, la sufrian con grandisima dificultad y se resistian a sobrellevar por mas tiempo tan duro yugo. Algunos de ellos, impulsados por la fuerza de los malos consejos, deseaban la resolución total, mientras otros, que en su formación cristiana encontraban obstaculo a tan perversos intentos, eran de parecer que en esta materia muchas cosas necesitaban reforma profunda y rapida.

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Asi también pensaban muchos catolicos, sacerdotes y seglares que, impulsados ya hacia tiempo por su admirable caridad, a buscar remedio a la inmerecida indigencia de los proletarios, no podian persuadirse en manera alguna que tan grande y tan inicua diferencia en la distribución de los bienes temporales pudiera en realidad ajustarse a los consejos del Creador Sapientisimo.

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En tan doloroso desorden de la sociedad buscaban éstos sinceramente un remedio urgente y una firme defensa contra mayores peligros; pero por la debilidad de la mente humana, aun en los mejores, sucedio que unas veces fueron rechazados como peligrosos innovadores, otras encontraron obstaculos en sus mismas filas de parte de los defensores de pareceres contrarios, y que, sin encontrar un camino despejado entre tan diversas opiniones, dudaron hacia donde se habian de orientar.

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En tan grave lucha de pareceres, mientras por una y otra parte ardia la controversia, y no siempre pacificamente, los ojos se todos se volvian a la Catedra de Pedro, que es deposito sagrado de toda verdad y esparce por el orbe la palabra de salvacion. Hasta los pies del Vicario de Cristo en la tierra acudian con desacostumbrada frecuencia los entendidos en materias sociales, los patronos, los mismos obreros y con voz unanime suplicaban que por fin se les indicara el camino seguro.

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Largo tiempo medito delante del Señor aquel prudente Pontifice este estado de cosas, llamo a consejo a varones sabios, considero atentamente y en todos sus aspectos la importancia del asunto, y por fin, urgido por la "conciencia de su oficio Apostolico" (Leon XIII, Rerum Novarum, 15/5/1891.) y para que su silencio no pareciera abandono de su deber (Leon XIII, Rerum Novarum, 15/5/1891.) determino hablar a toda la Iglesia de Cristo y a todo el género humano con la autoridad del divino magisterio a él confiado.

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La palabra tanto tiempo esperada resono el dia 15 de mayo de 1891, y ella fue la que, sin miedo a la dificultad del asunto, ni debilitada por la ancianidad, antes bien con nuevo vigor, senalo a la familia humana nuevos caminos para solucionar la cuestión social.

Puntos capitales

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Os es, Venerables Hermanos y amados Hijos, conocida y muy familiar la admirable doctrina que hizo célebre para siempre la Enciclica "Rerum Novarum". En ella el venerable Pastor, doliéndose de que tan gran parte de los hombres "se hallara sumida inicuamente en condición misera y calamitosa", habia tomado sobre si el empeno de defender la causa de los obreros, "que el tiempo habia entregado solos e indefensos a la inhumanidad de los duenos y a la desenfrenada codicia de los competidores" (Leon XIII, Rerum Novarum, 15/5/1891.) No pidio auxilio ni al liberalismo ni al socialismo; el primero se habia mostrado completamente impotente para dirigir legitimamente la cuestión social, y el segúndo proponia un remedio que, siendo mucho peor que el mismo mal, arrojaria a la sociedad humana a mayores peligros.

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El Pontifice, en el uso de su pleno derecho y consciente de que se le habian encomendado de un modo especial la guarda de la religión y la administración de los intereses estrechamente unidos con ella, puesto que se trataba de una causa "en la que no podia esperarse éxito probable ninguno sino con la intervención de la religión y de la Iglesia" (Leon XIII, Rerum Novarum, 15/5/1891.) fundado en los inmutables principios derivados de la recta razon y del tesoro de la revelación divina, con toda confianza y "seguro de su poder" (
Mt 7,29) senalo y proclamo "los derechos y las obligaciones que regulan las relaciones de los ricos y proletarios, de los que aportan el capital y el trabajo" (Leon XIII, Rerum Novarum, 15/5/1891.) la parte asimismo que toca a la Iglesia, a los gobiernos de los Estados y a los mismos interesados.

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No en vano resono la apostolica voz. La oyeron con estupefacción y la acogieron con el mayor favor no solo los hijos obedientes de la Iglesia sino también muchos que estaban lejos de la verdad y de la unidad de la fe, y casi todos los que en adelante se preocuparon, en sus estudios privados o al hacer las leyes, de los problemas sociales y economicos.

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Pero quienes con mayor alegria recibieron aquella Enciclica fueron los obreros cristianos, que ya se sentian defendidos y vinculados por la suprema Autoridad de la tierra, y no menor gozo cupo a todos aquellos varones generosos que, preocupados hacia tiempo por aliviar la condición de los obreros, apenas habian encontrado hasta entonces otra cosa que indiferencia en muchos, y odiosas sospechas, cuando no abierta hostilidad, en no pocos. Con razon, pues, éstos han ido acumulando tan grandes honores sobre aquella Carta apostolica, y suelen renovar todos los anos su recuerdo con manifestaciones de gratitud, que varian según los diversos lugares.

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No faltaron, sin embargo, quienes en medio de tanta concordia experimentaron alguna conmocion; de donde provino que algunos, aun catolicos, recibiesen con recelo y algunos hasta con ofensa de doctrina de Leon XIII, tan noble y profunda, y para los oidos mundanos totalmente nueva. Los idolos del liberalismo, atacados por ella sin temor, se venian a tierra, no se hacia caso de prejuicios inveterados, era un cambio de cosas que no se esperaba; de suerte, que los aferrados en demasia a lo antiguo desdenaron de aprender esta nueva filosofia social, y los de espiritu apocado temieron subir hasta aquellas cumbres. Tampoco faltaron quienes admiraron aquella claridad, pero la juzgaron como un ensueno de perfección, deseable mas que realizable.

Objeto de la presente Enciclica

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En todas partes se va a celebrar con fervoroso espiritu la solemne conmemoración del cuadragésimo aniversario de la Enciclica "Rerum Novarum", principalmente en Roma, en donde se reunen obreros catolicos de todo el mundo. Creemos oportuno, Venerables Hermanos y amados Hijos, aprovechar la ocasión para recordar los grandes bienes que de ella brotaron en favor de la Iglesia Catolica y aun de la sociedad humana, para defender la doctrina social y economica de tan gran Maestro contra algunas dudas y desarrollarla mas en algunos puntos; por fin, para descubrir, tras un diligente examen del moderno régimen economico y del socialismo, la raiz de la presente perturbación social, y mostrar al mismo tiempo el unico camino de salvadora restauración, o sea, la reforma cristiana de las costumbres. Todas estas cosas, que nos proponemos tratar, constituiran los tres puntos, cuyo desarrollo ocupara toda la presente Enciclica.I - FRUTOS DE LA ENCICLICA "RERUM NOVARUM"

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Al dar principio al punto propuesto en primer lugar, nos vienen a la mente aquellas palabras de San Ambrosio: "No hay deber mayor que el agradecimiento", (San Ambrosio, De excessu fratris sui Satyri, lib. 1, 44.) y sin podernos contener, damos a Dios Omnipotente las mas rendidas gracias por los inmensos beneficios que la Enciclica de Leon XIII ha traido a la Iglesia y a la sociedad humana. Si quisiéramos recordar, aunque fuera de corrida, estos beneficios, tendriamos que traer a la memoria casi toda la historia de estos ultimos cuarenta anos en lo que se refiere a la vida social. Con todo, pueden facilmente reducirse a tres puntos principales, siguiendo las tres clases de intervención, que Nuestro Predecesor anhelaba para realizar su gran obra restauradora.


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