
ES 1990-REDEMPTORIS MISSION 87
87
87. La actividad misionera exige una espiritualidad específica, que concierne particularmente a quienes Dios ha llamado a ser misioneros.
Esta espiritualidad se expresa, ante todo , viviendo con plena docilidad al Espíritu; ella compromete a dejarse plasmar interiormente por él, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo. No se puede dar testimonio de Cristo sin reflejar su imagen, la cual se hace viva en nosotros por la gracia y por obra del Espíritu. La docilidad al Espíritu compromete además a acoger los dones de fortaleza y discernimiento, que son rasgos esenciales de la espiritualidad misionera.
Es emblemático el caso de los Apóstoles , quienes durante la vida pública del Maestro, no obstante su amor por él y la generosidad de la respuesta a su llamada, se mostraron incapaces de comprender sus palabras y fueron reacios a seguirle en el camino del sufrimiento y de la humillación. El Espíritu los transformará en testigos valientes de Cristo y preclaros anunciadores de su palabra: será el Espíritu quien los conducirá por los caminos arduos y nuevos de la misión, siguiendo sus decisiones.
También la misión sigue siendo difícil y compleja como en el pasado y exige igualmente la valentía y la luz del Espíritu. Vivimos frecuentemente el drama de la primera comunidad cristiana, que veía cómo fuerzas incrédulas y hostiles se aliaban « contra el Señor y contra su Ungido » (Act 4, 26). Como entonces, hoy conviene orar para que Dios nos conceda la libertad de proclamar el Evangelio; conviene escrutar las vías misteriosas del Espíritu y dejarse guiar por él hasta la verdad completa (cf. Jn 16, 13) .
88
88. Nota esencial de la espiritualidad misionera es la comunión íntima con Cristo: no se puede comprender y vivir la misión si no es con referencia a Cristo, en cuanto enviado a evangelizar. Pablo describe sus actitudes: « Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de si mismo tomando la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como un hombre; y se humilló a si mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz » (Flp 2, 5-8).
Se describe aquí el misterio de la Encarnación y de la Redención, como despojamiento total de sí, que lleva a Cristo a vivir plenamente la condición humana y a obedecer hasta el final el designio del Padre. Se trata de un anonadamiento que, no obstante, está impregnado de amor y expresa el amor. La misión recorre este mismo camino y tiene su punto de llegada a los pies de la cruz.
Al misionero se le pide « renunciarse a sí mismo y a todo lo que tuvo hasta entonces y a hacerse todo para todos »: 172 en la pobreza que lo deja libre para el Evangelio; en el desapego de personas y bienes del propio ambiente, para hacerse así hermano de aquellos a quienes es enviado y llevarles a Cristo Salvador. A esto se orienta la espiritualidad del misionero: « Me he hecho débil con los débiles ... Me he hecho todo para todos, para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio » (1 Cor 9, 22-23).
Precisamente porque es « enviado », el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompaña en todo momento de su vida. « No tengas miedo ... porque yo estoy contigo » (Act 18, 9-10). Cristo lo espera en el corazón de cada hombre.
89
89. La espiritualidad misionera se caracteriza además, por la caridad apostólica; la de Cristo que vino « para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos » (Jn 11, 52); Cristo, Buen Pastor que conoce sus ovejas, las busca y ofrece su vida por ellas (cf. Jn 10). Quien tiene espíritu misionero siente el ardor de Cristo por las almas y ama a la Iglesia, como Cristo.
El misionero se mueve a impulsos del « celo por las almas », que se inspira en la caridad misma de Cristo y que está hecha de atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad, interés por los problemas de la gente. El amor de Jesús es muy profundo: él, que « conocía lo que hay en el hombre » (Jn 2, 25), amaba a todos ofreciéndoles la redención, y sufría cuando ésta era rechazada.
El misionero es el hombre de la caridad: para poder anunciar a todo hombre que es amado por Dios y que él mismo puede amar, debe dar testimonio de caridad para con todos, gastando la vida por el prójimo. EL misionero es el « hermano universal »; lleva consigo el espíritu de la Iglesia, su apertura y atención a todos los pueblos y a todos los hombres, particularmente a los más pequeños y pobres. En cuanto tal, supera las fronteras y las divisiones de raza, casta e ideología: es signo del amor de Dios en el mundo, que es amor sin exclusión ni preferencia.
Por último, lo mismo que Cristo, él debe amar a la Iglesia: « Cristo amó a la Iglesia y se entregó a si mismo por ella » (Ef 5, 25). Este amor, hasta dar la vida, es para el misionero un punto de referencia. Sólo un amor profundo por la Iglesia puede sostener el celo del misionero; su preocupación cotidiana —como dice san Pablo— es « la solicitud por todas las Iglesias » (2 Cor 11, 28). Para todo misionero y toda comunidad « la fidelidad a Cristo no puede separarse de la fidelidad a la Iglesia ».173

90
90. La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad: « La santidad es un presupuesto fundamental y una condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia ».174
La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión. Todo fiel está llamado a la santidad y a la misión. Esta ha sido la ferviente voluntad del Concilio al desear, « con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia, iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura ».175 La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad.
El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos. No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo « anhelo de santidad » entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores más íntimos de los misioneros.176
Pensemos, queridos hermanos y hermanas, en el empuje misionero de las primeras comunidades cristianas. A pesar de la escasez de medios de transporte y de comunicación de entonces, el anuncio evangélico llegó en breve tiempo a los confines del mundo. Y se trataba de la religión de un hombre muerto en cruz, « escándalo para los judíos, necedad para los gentiles » (1 Cor 1, 23). En la base de este dinamismo misionero estaba la santidad de los primeros cristianos y de las primeras comunidades.
91
91. Me dirijo, por tanto, a los bautizados de las comunidades jóvenes y de las Iglesias jóvenes. Hoy sois vosotros la esperanza de nuestra Iglesia, que tiene dos mil años: siendo jóvenes en la fe, debéis ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valentía, con generosa entrega a Dios y al prójimo; en una palabra, debéis tomar el camino de la santidad. Sólo de esta manera podréis ser signos de Dios en el mundo y revivir en vuestros países la epopeya misionera de la Iglesia primitiva. Y seréis también fermento de espíritu misionero para las Iglesias más antiguas.
Por su parte, los misioneros reflexionen sobre el deber de ser santos, que el don de la vocación les pide, renovando constantemente su espíritu y actualizando también su formación doctrinal y pastoral. El misionero ha de ser un « contemplativo en acción ». El halla respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios y con la oración personal y comunitaria. El contacto con los representantes de las tradiciones espirituales no cristianas, en particular, las de Asia, me ha corroborado que el futuro de la misión depende en gran parte de la contemplación. El misionero, sino es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creíble. El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir como los Apóstoles: « Lo que contemplamos ... acerca de la Palabra de vida ..., os lo anunciamos » (1 Jn 1, 1-3).
El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad; es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (cf. Mt 5, 1-12). Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la « Buena Nueva » ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza.

92
92. Nunca como hoy la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer llegar el Evangelio, con el testimonio y la palabra, a todos los hombres y a todos los pueblos. Veo amanecer una nueva época misionera, que llegará a ser un día radiante y rica en frutos, si todos los cristianos y, en particular, los misioneros y las jóvenes Iglesias responden con generosidad y santidad a las solicitaciones y desafíos de nuestro tiempo. Como los Apóstoles después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con « María, la madre de Jesús » (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. También nosotros, mucho más que los Apóstoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu.
En vísperas del tercer milenio, toda la Iglesia es invitada a vivir más profundamente el misterio de Cristo, colaborando con gratitud en la obra de la salvación. Esto lo hace con María y como María, su madre y modelo: es ella, María, el ejemplo de aquel amor maternal que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres. Por esto, « la Iglesia, confortada por la presencia de Cristo, camina en el tiempo hacia la consumación de los siglos y va al encuentro del Señor que llega. Pero en este camino ... procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María ».177
A la « mediación de María, orientada plenamente hacia Cristo y encaminada a la revelación de su poder salvífico »,178 confío la Iglesia y, en particular, aquellos que se dedican a cumplir el mandato misionero en el mundo de hoy. Como Cristo envió a sus Apóstoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, así, mientras renuevo el mismo mandato, imparto a todos vosotros la Bendición Apostólica, en el nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 7 de diciembre, XXV aniversario del Decreto conciliar Ad gentes, del año 1990, decimotercero de mi Pontificado.
(1) Cf. Pablo VI, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 72: " ¡Cuantas tensiones internas, que debilitan y desgarran a algunas Iglesias e Instituciones locales , se desvanecerian ante la conviccion firme de que la salvacion de las comunidades locales se logra con la cooperacion a la obra misionera en la universalidad del mundo! " Insegnamenti X (1972),522.
(2) Cf. Benedicto XV, Cart. Ap. Maximum illud (30 de noviembre de 1919): AAS 11 (1919), pp. 440-445; Pio XI, Enc. Rerum Ecclesiae (28 de febrero de 1926): AAS 18 (1926), pp. 65-83; Pio XII , Enc. Evangelii praecones (2 de junio de 1951): AAS 43 (1951) pp. 497-528; Enc. Fidei donum (21 de abril de 1957): AAS 49 (1957): pp. 225-248; Juan XXIII, Enc. Princeps Pastorum (28 de noviembre de 1959) AAS 5l (1959),833-864.
(3) Enc. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), n. 10: AAS 71 (1979),274 s.
(4) Ibid., l.c.,275.
(5) Credo niceno-constantinopolitano: Ds 150.
(6) Enc. Redemptor hominis, n. 13: l.c.,283.
(7) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual,2.
(8) Ibid.,22.
(9) Enc. Dives in misericordia (30 de noviernbre 1980),7: AAS 72 (1980),1202.
(10) Homilia de la celebracion eucaristica en Cracovia, (10 de junio de 1919): AAS 71 (1979),873.
(11) Cf. Juan XXIII, Enc. Mater et magistra (15 de mayo de 1961), IV: AAS 53 (1961),451-453.
(12) Declar. Dignitatis humamae ,sobre la libertad religiosa,2
(13) Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975),53: AAS 68 (1976),42.
(14) Declar. Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa,2.
(15) Cf. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,14-17; Decr. Ad gentes, sobre la Actividad misionera de la Iglesia,3.
(16) Cf. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,48, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo Actual,43; Decr. Ad gentes, sobre la Actividad misionera de la Iglesia,7. 21.
(17) Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,13.
(18) Ibid.,9.
(19) Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual,22.
(20) Conc. Ecum. Vat. II. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,14.
(21) Enc. Dives in misericordia,1: l.c.,1177.
(22) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,5.
(23) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual,22.
(24) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium , sobre la Iglesia,4.
(25) Ibid.,5.
(26) Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,16. l.c.,15.
(27) Discurso en la apertura de la III sesion del Conc. Ecum. Vat. II,14 de septiembre de 1964: AAS 56 (1964),810.
(28) Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,34: l.c,28.
(29) Cf. Comision Teologica Internacional, Temas selectos de eclesiologia en el XX aniversario de la clausura del Conc. Ecum. Vat. II (7 de octubre de 1985),10: " Indole escatologica de la Iglesia: Reino de Dios e Iglesia ".
(30) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual,39.
(31) Enc. Dominum et Vivificantem (18 de mayo de 1986),42: AAS 78 (1986),857.
(32) Ibid.,64: l.c.,892.
(33) Este término corresponde al griego " parresia " que significa también entusiasmo, vigor; cf. Ac 2,29; 4,13. 29. 31; 9,27. 28; 13,46; 14,3; 18,26; 19,8. 26; 28,31.
(34) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,41-42: l.c.,31-33.
(35) Cf. Enc. Dominum et Vivificantem,53: l.c.,874 s.
(36) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,3. 11. 15; Const. past. Gudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual,10-11. 22. 26. 38. 41. 92-93.
(37) Conc Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual,10. 15. 22.
(38) Ibid.,41.
(39) Cf. Enc. Dominum et Vivificantem,54: l.c.,875-876 s.
(40) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual,26.
(41) Ibid.,38; cf. 93.
(42) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,17; Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,3. 15.
(43) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,4.
(44) Cf. Enc. Dominum et Vivificantern,53: l.c.,874.
(45) Discurso a los representantes de las religiones no cristianas en Madras,5 de febrero de 1986: AAS 78 (1986),767; cf. Mensaje a los Pueblos de Asia en Manila,21 de febrero de 1981,2-4: AAS 73 (1981),392 s.; Discurso a los representantes de las religiones no cristianas en Tokyo,24 de febrero de 1981,3-4: Insegnamenti IV/1 (1981),507 s.
(46) Discurso a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana,22 de diciembre de 1986,11: AAS 79 (1987),1089.
(47) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,16.
(48) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual,45; cf. Enc. Dominum et Vivificantem,54: l.c.,876.
(49) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,10.
(50) Exh. Ap. postsinodal Christifideles laici (30 de diciembre de1988,35: AAS 81 (1989),457.
(51) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,6
(52) Cf. ibid.
(53) Ibid.,6. 23. 27.
(54) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,18-20: l.c.,17-19.
(55) Exh. Ap. postsinodal Christifideles laci,35: l.c.,457.
(56) Exh. ap. Evangelii nuntindi,80: l.c.,73.
(57) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,6.
(58) Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,80: l.c.,73.
(59) Cf. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,6.
(60) Cf. ibid.,20.
(61) Cf. Discurso a los miembros del Simposio del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa,11de octubrede1985: AAS 78 (1986),178-189.
(62) Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,20: l.c.,19.
(63) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,5: cf. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,8.
(64) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Dignitatis humanae, sobre La libertad religiosa,3-4; Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,79-80: l.c.,71-75; Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis,12: l.c.,278-281.
(65) Cart. Ap. Maximum illud: l.c.,446.
(66) Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,62: l.c.,52.
(67) Cf. De praescriptione haereticorum, XX: CCL I,201 s.
(68) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,9; cf. nn. 10-18.
(69) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,41: l.c.,31-32.
(70) Cf. Conc Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,28. 35. 38; Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual,43; Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,11-12
(71) Cf. Pablo VI, Enc. Populorum progressio (26 de marzo de 1967),21. 42: AAS 59 (1967), pp. 267 s.,278.
(72) Pablo VI, Exh. Ap. Evagelii nuntiandi,27: l.c.,23.
(73) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,13.
(74) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,15: l.c.,13-15; Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,13-14.
(75) Cf. Enc. Dominum et Vivificantem,42. 64: l.c.,857-859,892-894.
(76) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,60: l.c.,50-51.
(77) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,6-9.
(78) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad. gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,2; cf. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,9.
(79) Cf. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,19-22.
(80) Conc. ecum . Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,15.
(81) Ibid.,6.
(82) Ibid.,15; cf. Decr. Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo,3.
(83) Cf. Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,58: l.c.,46-49.
(84) Asamblea extraordinaria del 1985, Relacion final, II, C,6.
(85) Ibid. II, D,4.
(86) Cf. Exh. Ap. Catechesi tradendae (16 de octubre 1979),53: AAS 71 (1979),1320; Ep. Enc. Slavorum apostoli (2 de junio de 1985),21: AAS 77 (1985), pp. 802 s.
(87) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,20: l.c.,18.
(88) Cf. Discurso a los Obispos delZaire en Kinsasa,3 de mayo de 1980,4-6: AAS 72 (1980),432-435; Discurso a los Obispos de Kenya en Nairobi,7 de rnayo de 1980,6: AAS 72 (1980),497; Discurso a los Obispos de la India en Delhi,1 de febrero de 1986,5: AAS 78 (1986),748 s.; Homilia en Cartagena (Colombia),6 de julio de 1986,7-8: AAS 79 (1987),105 s.; cf. también Ep. Enc. Slavorum apostoli,21-22: l.c. 802-804.
(89) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,22.
(90) Cf. ibid.
(91) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,64: l.c.,55.
(92) Las Iglesias particulares " tienen la funcion de asimilar lo esencial del mensaje evangélico, de trasvasarlo, sin la menor traicion a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden, y, después, de anunciarlo con ese mismo lenguaje... El lenguaje debe entenderse aqui no tanto a nivel semantico o literario cuanto al que podria llamarse antropologico y cultural " (, l.c.,53)
(93) Cf. Discurso en la Audiencia general del 13 abril de 1988: Insegnamenti XI/1 (1988),877-881.
(94) Exh. Ap. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981),10, en la que se trata de la inculturacion " en el ambito del matrimonio y de la familia ": AAS 74 (1982),91.
(95) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandii,63-65: l.c.,53-56.
(96) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,17.
(97) Discurso a los participantes en el Simposio de los Obispos de Africa, en Kampala,31 de julio de 1969,2: AAS 61 (1969),577.
(98) Pablo VI, Discurso en la apertura de la II sesion del Conc. Ecum. Vat. II,29 de septiembre de 1963: AAS 55 (1963),858; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas,2; Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,16; Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la lglesia,9; Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,53: l.c.,41 s.
(99) Cf. Pablo VI, Enc. Ecclesiam suam (6 de agosto de 1964) AAS 56 (1964),609-659; Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,11. 41; Secretariado para los no cristianos. La actitud de la Iglesia frente a los seguidores de otras religiones. Reflexion y orientaciones sobre dialogo y mision (4 de septiembre de l954): AAS 76 (1984),816-828.
(100) Carta a los Obispos de Asia con ocasion de la V Asamblea Plenaria de la Federacion de sus Conferencias Episcopales (23 de junio de 1990),4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espanola,19 de agosto de 1990.
(101) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,14; cf. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,7.
(102) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo,3; Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,7.
(103) Cf. Enc. Redemptor hominis,12: l.c.,279.
(104) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,11. 15.
(105) Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas,2.
(106) Exh. Ap. postsinodal Christifideles laici 35: l.c.,458.
(107) Cf. Conc. Ecum. Vat. II. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,41.
(108) Enc. Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987),41: AAS 80 (1988),570 s.
(109) Documentos de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México, (1979),3760 (1145).
(110) Discurso a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, en Yakartas, Indonesia,10 de octubre de 1989,5: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espanola,22 de octubre de 1989.
(111) Cf. Pablo VI, Enc. Populorum progressio,14-21; 40-42: l.c.,264-268,277 s.; Juan Pablo II, Enc. Sollicitudo rei socialis,27-41: l.c.,547-572.
(112) Cf. Enc. Sollicitudo rei socialis,28 : l.c.,548-550.
(113) Cf. ibid., cap. IV,27-34: l.c.,547-560; Pablo VI, Enc. Populorum progressio,19-21. 41-42: l.c.,266-268,277 s.
(114) Discurso a los habitantes de la " Favela Vidigal " era Rio de Janeiro,2 de julio de 1980,4: AAS 72 (1980),854.
(115) Documentos de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México,3757 (1142).
(116) Isaac de Stella, Sermon 31: PL 194,1793.
(117) Conc. Ecum. Vat II. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia. 20.
(118) Exh. Ap. postsinodal Christifideles laici ,35: l.c.,458.
(119) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,38.
(120) Discurso a los Cardenales y a los colaboradores de la Curia Romana, de la Ciudad del Vaticano y del Vicariato de Roma,28 de junio de 1980, Insegnamenti III/1 (1980),1887.
(121) Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,23.
(122) Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,38.
(123) Ibid.,29.
(124) Cf. ibid.,38.
(125) Ibid.,30.
(126) Documentos de la Conferenda General delEpiscopado Latinoamericano en Puebla, México,2941 (368).
(127) Cf. Normas directivas para la colaboradon de las Iglesias particulares y especialmente para una mejor distribucion del clero en el mundo, Postquam Apostoli (25 de marzo de 1980): AAS 72 (1980),343-364.
(128) Cf. Decr. Ad gentes, sobre la acuvidad misionera de la Iglesia,23-27.
(129) Ibid.,23.
(130) Ibid.
(131) Cf. ibid.,23. 27.
(132) Cf. S. Congregacion para los Religiosos y los Institutos Seculares y S. Congregacion para los Obispos, Criterios para la relacion entre los Obispos y los Religiosos en la Iglesia, Mutuae relationes (14 de mayo de 1978),14 b: AAS 70 (1978),482; cf. 28: l.c.,490.
(133) Conc . Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,27.
(134) Conc. Ecum. Vat. II. Decr. Presbyterorum ordinis,10; cf. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,39.
(135) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Optatam totius, sobre la forrnacion sacerdotal,20; cf. " Guide de vie pastoral pour les prêtres diocésains des Eglises qui dépendent de la Congrégation pour l'Evangélisation des Peuples ", Roma,1989.
(136) Discurso a los participantes en la Plenaria de la Congregacion para la Evangelizadon de los Pueblos,14 de abril de 1989,4: AAS 81 (1989),1140.
(137) Mensaje para la Jornada Misionera Mundial de 1982: Insegnamenti V/2 (1982),1879.
(138) Cf. Conc. Ecum. Vat. II. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,38; S. Congregacion para el Clero, Normas directivas Postquam Apostoli,24-25: l.c.,361.
(139) Cf. S. Congregacion para el Clero, Normas directivas Postquam Apostoli,29: l.c.,362 s.; Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia,20.
(140) C.I.C., can. 783.
(141) Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,40.
(142) Cf. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,69: l.c.,58 s.
(143) Cart. Ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988),20: AAS 80 (1988),1703.
(144) Cf. Pio XII, Enc. Evangelii praecones: l.c.,510 s.; Enc. Fidei donum: l.c.,228 ss.; Juan XXIII, Enc. Princeps Pastorum: l.c.,855 ss.; Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,70-73: l.c.,59-63.
(145) Exh. Ap. postsinodal Chistifideles laici,35: l.c.,457.
(146) Cf. Enc. Evangelii praecones: l.c.,510-514.
(147) Cf. Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,17. 33 ss.
(148) Cf. Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,35-36. 41.
(149) Exh. Ap. postsinodal Christifideles laici,14: l.c. ,410.
(150) C.I.C., can. 225,1; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los seglares,6. 13.
(151) Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,31; cf. C.I.C., can. 225,2.
(152) Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii nuntiandi,70: l.c. 60.
(153) Exh. Ap. postsinodal Christifideles laici,35: l.c.,458.
(154) Conc. Ecum. Vat II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,17.
(155) Exh. Ap. Catechesi tradendae,66: l.c.,1331.
(156) Cf. can 785,1.
(157) Decr. Ad gentes, sobre la actividad rnisionera de la Iglesia,17.
(158) Cf. Asamblea Plenaria de la S. Congregacion para la Evangelizacion de los Pueblos de 1969, sobre los catequistas y la relativa " Instruccion " de abril de 1970 Bibliografia misionera 34 (1970),197-212, y S.C. de Propaganda Fide Memoria Rerum, III/2 (1976),821-831.
(159) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,28.
(160) Const. Ap. Pastor Bonus, sobre la Curia Romana (28 de junio de 1988),85: AAS 80 (1988),881; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,29.
(161) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,29; cf. Juan Pablo II, Const. Ap. Pastor Bonus, sobre la Curia Romana,86: l.c.,882.
(162) Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,31.
(163) Cf. ibid.,33.
(164) Cf. Pablo VI, Cart. Ap. motu proprio data Ecclesiae Sanctae (6 de agosto de 1966), II,43: AAS 58 (1966),782.
(165) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,34; Pablo Vl, Motu proprio Ecclesiae sanctae, III, n. 22: l.c.,787.
(166) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,35; cf. C.I.C. cann. 211. 781.
(167) Exh. Ap.Familiaris consortio,54: l.c.,147.
(168) Cf. Pablo VI, Cart. Ap. Graves et increscentes (5 de septiembre de 1966): AAS 58 (1966),750-756.
(169) P. Manna, Le nostre " Chiese " e la propagazione del Vangelo, Trentola Ducenta,1952(2) p. 35.
(170) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,38.
(171) Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,13.
(172) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia,24.
(173) Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterotum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbiteros,14.
(174) Exh. Ap. postsinodal Christifideles laici,17: l.c.,419.
(175) Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia.
(176) Cf. Discurso a la Asamblea del CELAM en Puerto Principe, Haiti,9 marzo de 1983: AAS 75 (1983),771-779; Homilia en Santo Domingo, Republica Dominicana, para la apertura de la " novena de anos ", promovida por el CELAM,12 de octubre de 1984: Insegnamenti VII/2 (1984),885-897.
(177) Enc. Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987),2: AAS 79 (1987),362 s.
(178) Ibid.,22: l.c.,390.
ES 1990-REDEMPTORIS MISSION 87