Tertio millenio adveniente ES - c) En vista de la celebracion

c) En vista de la celebracion








Un capitulo particular es la celebracion misma del Gran Jubileo, que tendra lugar contemporaneamente en Tierra Santa, en Roma y en las Iglesias locales del mundo entero. Sobre todo en esta fase, la fase celebrativa, el objetivo sera la glorificacion de la Trinidad, de la que todo procede y a la que todo se dirige, en el mundo y en la historia. A este misterio miran los tres anos de preparacion inmediata: desde Cristo y por Cristo, en el Espiritu Santo, al Padre. En este sentido la celebracion jubilar actualiza y al mismo tiempo anticipa la meta y el cumplimiento de la vida del cristiano y de la Iglesia en Dios uno y trino.

Siendo Cristo el unico camino al Padre, para destacar su presencia viva y salvifica en la Iglesia y en el mundo, se celebrara en Roma, con ocasion del Gran Jubileo, el Congreso eucaristico internacional. El Dos mil sera un ano intensamente eucaristico: en el sacramento de la Eucaristia el Salvador, encarnado en el seno de Maria hace veinte siglos, continua ofreciéndose a la humanidad como fuente de vida divina.

La dimension ecuménica y universal del Sagrado Jubileo, se podra evidenciar oportunamente en un significativo encuentro pancristiano. Se trata de un gesto de gran valor y por esto, para evitar equivocos, se debe proponer correctamente y preparar con cuidado, en una actitud de fraterna colaboracion con los cristianos de otras confesiones y tradiciones, asi como de afectuosa apertura a las religiones cuyos representantes manifiesten interés por la alegria comun de todos los discipulos de Cristo.

Una cosa es cierta: cada uno es invitado a hacer cuanto esté en su mano para que no se desaproveche el gran reto del Ano 2000, al que esta seguramente unida una particular gracia del Senor para la Iglesia y para la humanidad entera.


V

" JESUCRISTO ES EL MISMO (...) SIEMPRE "

(He 13,8)








La Iglesia perdura desde hace 2000 anos. Como el evangélico grano de mostaza, ella crece hasta llegar a ser un gran arbol, capaz de cubrir con sus ramas la humanidad entera (Mt 13,31-32). El Concilio Vaticano II en la Constitucion dogmatica sobre la Iglesia, considerando la cuestion de la pertenencia a la Iglesia y de la ordenacion al Pueblo de Dios, dice asi: " Todos los hombres estan invitados a esta unidad catolica del Pueblo de Dios (...). A esta unidad pertenecen de diversas maneras o a ella estan destinados los catolicos, los demas cristianos e incluso todos los hombres en general llamados a la salvacion por la gracia de Dios ".(35) Pablo VI, por su parte, en la Enciclica Ecclesiam suam explica la universal participacion de los hombres en el proyecto de Dios, senalando los distintos circulos del dialogo de salvacion.(36)

A la luz de este planteamiento se puede comprender aun mejor el significado de la parabola de la levadura (Mt 13,33): Cristo, como levadura divina, penetra siempre mas profundamente en el presente de la vida de la humanidad difundiendo la obra de la salvacion realizada en el Misterio pascual. El envuelve ademas en su dominio salvifico todo el pasado del género humano, comenzando desde el primer Adan.(37) A El pertenece el futuro: " Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre " (Hb 13, 8). La Iglesia por su parte " solo desea una cosa: continuar, bajo la guia del Espiritu, la obra misma de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido ".(38)








Por esto, desde los tiempos apostolicos, continua sin interrupcion la mision de la Iglesia dentro de la universal familia humana. La primera evangelizacion se ocupo especialmente de la region del Mar Mediterraneo. A lo largo del primer milenio los misioneros partiendo de Roma y Constantinopla, llevaron el cristianismo al interior del continente europeo. Al mismo tiempo se dirigieron hacia el corazon de Asia, hasta la India y China. El final del siglo XV, junto con el descubrimiento de América, marco el comienzo de la evangelizacion en este gran continente, en el sur y en el norte. Contemporaneamente, mientras las costas sudsaharianas de Africa acogian la luz de Cristo, san Francisco Javier, patron de las misiones, llego hasta el Japon. A caballo de los siglos XVIII y XIX, un laico, Andrés Kim llevo el cristianismo a Corea; en aquella época el anuncio evangélico alcanzo la Peninsula Indochina, como también Australia y las islas del Pacifico.

El siglo XIX registro una gran actividad misionera entre los pueblos de Africa. Todas estas obras han dado frutos que perduran hasta hoy. El Concilio Vaticano II da cuenta de ello en el Decreto Ad Gentes sobre la actividad misionera. Después del Concilio el tema misionero ha sido tratado por la Enciclica Redemptoris missio, relativa a los problemas de las misiones en esta ultima parte de nuestro siglo. La Iglesia también en el futuro seguira siendo misionera: el caracter misionero forma parte de su naturaleza. Con la caida de los grandes sistemas anticristianos del continente europeo, del nazismo primero y después del comunismo, se impone la urgente tarea de ofrecer nuevamente a los hombres y mujeres de Europa el mensaje liberador del Evangelio.(39) Ademas, como afirma la Enciclica Redemptoris missio, se repite en el mundo la situacion del Areopago de Atenas, donde hablo san Pablo.(40) Hoy son muchos los " areopagos ", y bastante diversos: son los grandes campos de la civilizacion contemporanea y de la cultura, de la politica y de la economia. Cuanto mas se aleja Occidente de sus raices cristianas, mas se convierte en terreno de mision, en la forma de variados " areopagos ".








El futuro del mundo y de la Iglesia pertenece a las jovenes generaciones que, nacidas en este siglo, seran maduras en el proximo, el primero del nuevo milenio. Cristo escucha a los jovenes, como escucho al joven que le hizo la pregunta: " ¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna? " (Mt 19,16). A la magnifica respuesta que Jesus le dio he hecho referencia en la reciente Enciclica Veritatis splendor, como, anteriormente, en la " Carta a los jovenes y a las jovenes del mundo " de 1985. Los jovenes, en cada situacion, en cada region de la tierra no dejan de preguntar a Cristo: lo encuentran y lo buscan para interrogarlo a continuacion. Si saben seguir el camino que El indica, tendran la alegria de aportar su propia contribucion para su presencia en el proximo siglo y en los sucesivos, hasta la consumacion de los tiempos. " Jesus es el mismo ayer, hoy y siempre ".








Para concluir, son oportunas las palabras de la Constitucion pastoral Gaudium et spes: " La Iglesia cree que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre luz y fuerzas por su Espiritu, para que pueda responder a su maxima vocacion; y que no ha sido dado a los hombres bajo el cielo ningun otro nombre en el que haya que salvarse. Igualmente, cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se encuentra en su Senor y Maestro. Afirma ademas la Iglesia que, en todos los cambios, subsisten muchas cosas que no cambian y que tienen su fundamento ultimo en Cristo, que es El mismo ayer, hoy y por los siglos. Por consiguiente, a la luz de Cristo, Imagen del Dios invisible, Primogénito de toda criatura, el Concilio pretende hablar a todos para iluminar el misterio del hombre y para cooperar en el descubrimiento de la solucion de los principales problemas de nuestro tiempo ".(41)

Mientras invito a los fieles a elevar al Senor insistentes oraciones para obtener luces y ayudas necesarias para la preparacion y celebracion del Jubileo ya proximo, exhorto a los venerables Hermanos en el Episcopado y a las comunidades eclesiales a ellos confiadas a que abran el corazon a las inspiraciones del Espiritu. El no dejara de mover los corazones para que se dispongan a celebrar con renovada fe y generosa participacion el gran acontecimiento jubilar.

Confio esta tarea de toda la Iglesia a la materna intercesion de Maria, Madre del Redentor. Ella, la Madre del amor hermoso, sera para los cristianos que se encaminan hacia el gran Jubileo del tercer milenio la Estrella que guia con seguridad sus pasos al encuentro del Senor. La humilde muchacha de Nazaret, que hace dos mil anos ofrecio al mundo el Verbo encarnado, oriente hoy a la humanidad hacia Aquel que es " la luz verdadera, aquella que ilumina a todo hombre " (Jn 1,9).

Con estos sentimientos imparto a todos mi Bendicion.

Vaticano, 10 de noviembre del ano 1994, decimoséptimo de mi Pontificado.

[1] Cf. S. BERNARDO, In laudibus Virginis Matris, Homilia IV, 8: Opera omnia, Ed. Cisterc. (1966), 53.
[2] Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.
[3] Ibidem.
[4] Cf. Antiquitates Iudaicae, 20, 200; como también el conocido y debatido pasaje de 18, 63-64.
[5] Annales 15, 44, 3.
[6] Vita Claudii, 25, 4.
[7] Epistolae, 10, 96.
[8] Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. sobre la Divina Revelacion Dei Verbum, 15.
[9] Carta Enc. Redemptor hominis (4 Marzo 1979), 1: AAS 71 (1979), 258.
[10] Cf. Carta Enc. Dominum et vivificantem (18 Mayo 1986), nn. 49 ss: AAS 78 (1986), 868 ss.
[11] Cf. Carta Ap. Euntes in mundum (25 Enero 1988): AAS 80 (1988), 935-956.
[12] Cf. Carta Enc. Centesimus annus (1 Mayo 1991), 12: AAS 83 (1991), 807-809.
[13] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 47-52.
[14] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 1.
[15] Cf. Exhortacion Apost. Reconciliatio et paenitentia (2 Diciembre 1984): AAS 77 (1985), 185-275.
[16] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 8.
[17] Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio, 3.
[18] Cf. Ibidem, 1.
[19] Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, 1.
[20] Con. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 19.
[21] Tertuliano, Apol., 50, 13: CCL I, 171.
[22] Cf. AAS 56 (1964), 906.
[23] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la relacion de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 2.
[24] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Divina Revelacion Dei Verbum, 25.
[25] Cf. Ibidem, 2.
[26] Catecismo de la Iglesia Catolica, n. 1271.
[27] Const. Ap. Fidei depositum (11 octubre 1992), 3: AAS 86 (1994), 116.
[28] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 62.
[29] Ibidem, 65.
[30] Carta Enc. Dominum et vivificantem (18 Mayo 1986), 50: AAS 78 (1986), 869-870.
[31] Ibidem, 51: AAS 78 (1986), 871.
[32] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 7.
[33] Cf. Ibidem, 37.
[34] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.
[35] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 13.
[36] Cf. Pablo VI, Carta Enc. Ecclesiam suam (6 agosto 1964), III: AAS 56 (1964), 650-657.
[37]. Cf. Ibidem, 2.
[38] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 3.
[39] Cf. Declaracion de la Asamblea especial para Europa del Sinodo de Obispos, n. 3.
[40] Cf. Carta Enc. Redemptoris missio (7 diciembre 1990), 37, C: AAS 83 (1991), 284-286.
[41] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 10.






Tertio millenio adveniente ES - c) En vista de la celebracion