PIO XI, MAGISTERIO PONTIFICIO 758

26. Pérdidas en la educación y la religion.

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Deciamos que los ultimos acontecimientos han acabado de demostrar, sin duda alguna, todo cuanto ha sido imposible salvar, y se ha perdido y destruido en pocos anos en materia de religiosidad y de educacion. No decimos solamente de educación cristiana, sino sencillamente moral y civica.

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Efectivamente: hemos visto en acción una religiosidad que se rebela contra las disposiciones de las superiores autoridades religiosas, y que impone o alienta la rebeldia; hemos visto una religiosidad que se convierte en persecución y que pretende destruir lo que el Jefe supremo de la religión aprecia mas intimamente y tiene mas en el corazon; una religiosidad que permite y que deja estallar insultos de palabras y acciones contra la persona del Padre de todos los fieles hasta lanzar contra él los gritos de "abajo" y "muera", verdadero aprendizaje de parricidio. Semejante religiosidad no puede conciliarse de ninguna manera con la doctrina y con las practicas catolicas; mejor pudiéramos decir que es lo mas contrario a la una y a la otra.

27. La oposición ataca a los mismos principios de la Iglesia.

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La oposición es tanto mas grave en si misma y mas funesta en sus efectos, cuanto que no se traduce solamente en hechos exteriormente perpetrados y consumados, sino también abarca los principios y las maximas proclamadas como constitutivos esenciales de un programa.

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Una concepción que hace pertenecer al Estado las generaciones juveniles enteramente y sin excepción, desde la edad primera hasta la edad adulta, es inconciliable para un católico con la verdadera doctrina catolica; y no es menos inconciliable con el derecho natural de la familia; para un católico es inconciliable con la doctrina catolica el pretender que la Iglesia, el Papa, deban limitarse a las practicas exteriores de la religión (la Misa y los Sacramentos) y todo lo restante de la educación pertenezca al Estado...

28. Estas doctrinas erroneas ya han sido senaladas en anteriores ocasiones.

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Las doctrinas erroneas que acabamos de senalar y deplorar se han presentado mas de una vez durante los ultimos anos, y como es notorio Nos no hemos faltado jamas, con la ayuda de Dios, a Nuestro deber apostolico de examinarlas y oponer las debidas observaciones y llamamientos a las verdaderas doctrinas catolicas y a los inviolables derechos de la Iglesia de JESUCRISTO y de las almas redimidas con su sangre divina.

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Pero no obstante los juicios, las previsiones y sugestiones que de diversas partes y muy dignas de consideración llegaban a Nos, siempre Nos abstuvimos de llegar a condenaciones formales y explicitas; hasta hemos llegado a creer posible y a favorecer por Nuestra parte compatibilidades y cooperaciones que a otros parecieron inadmisibles. Hemos obrado de este modo porque pensamos, o mas bien, porque deseamos que hubiese siempre una posibilidad de poder a lo menos dudar de que Nos teniamos que vernos con afirmaciones y acciones exageradas, esporadicas, de elementos insuficientemente representativos, en suma, con informaciones y acciones imputables, en sus partes censurables, mas a las personas y a las circunstancias que a un programa propiamente dicho.

29. Los ultimos acontecimientos Nos obligan a hablar.

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Los ultimos acontecimientos y las afirmaciones que los han precedido, acompanado y comentado, Nos quitan la posibilidad que habiamos deseado, y debemos decir y decimos que esos catolicos solamente lo son por el bautismo y por el nombre, en contradicción con las exigencias del nombre y las mismas promesas del bautismo, puesto que adoptan y desenvuelven un programa que hace suyas doctrinas y maximas tan contrarias a los derechos de la Iglesia de Jesucristo y de las almas, que desconocen, combaten y persiguen a la Acción Catolica, es decir, todo lo que la Iglesia y su Jefe tienen notoriamente de mas querido y precioso. Nos preguntais, Venerables Hermanos, lo que se debe pensar a la luz de lo que precede, de una formula de juramento que impone a los niños mismos ejecutar sin discusión ordenes que, como hemos visto, pueden mandar contra toda verdad y toda justicia la violación de los derechos de la Iglesia y de las almas, por si mismos sagrados e inviolables, y servir con todas sus fuerzas, hasta con su sangre, a la causa de una revolución que arranca a la Iglesia las almas de la juventud, que inculca a sus fuerzas jóvenes el odio, las violencias, las irreverencias, sin excluir la persona misma del Papa, como los ultimos sucesos lo han abundantemente demostrado.

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Cuando la pregunta debe ponerse en estos términos, la respuesta, desde el punto de vista católico y aun puramente humano, es unica y Nos no hacemos otra cosa, Venerables Hermanos, que confirmar la respuesta que vosotros habéis dado ya: Tal juramento, en cuanto tal, no es licito.

IV

30. Graves preocupaciones de la hora presente.

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Y henos aqui ante muy graves preocupaciones. Comprendemos que son las vuestras, Venerables Hermanos, las vuestras especialmente, obispos de Italia. Nos nos preocupamos sobre todo de un gran numero de Nuestros hijos jóvenes de ambos sexos inscritos como miembros efectivos con ese juramento. Nos compadecemos profundamente de tantas conciencias atormentadas por dudas, tormentos y dudas de las cuales llegan a Nos indudables testimonios, precisamente respecto a este juramento, y sobre todo, después de los hechos sucedidos.

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Conociendo las multiples dificultades de la hora presente y sabiendo que la inscripción en el partido y el juramento son para un gran numero la condición misma de su carrera, de su pan y de su sustento, Nos hemos buscado un medio que diese la paz a las conciencias, reduciendo al minimum posible las dificultades exteriores. os parece que este medio para los que estan ya inscritos en el partido podria ser hacer delante de Dios y de su propia conciencia esta reserva: Salvo las leyes de Dios y de la Iglesia, o también: Salvo los deberes del buen cristiano, con el firme proposito de declarar exteriormente esta reserva si la necesidad se presentase.

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Quisiéramos, además, hacer llegar Nuestro ruego al lugar de donde parten las disposiciones y las ordenes, ruego de un Padre que quiere cuidar las conciencias de tan gran numero de hijos suyos en Jesucristo, a fin de que esta reserva fuese introducida en la formula del juramento, a no ser que se haga todavia cosa mejor, mucho mejor, es decir, que se omita el juramento, que es siempre un acto de religión y que no esta ciertamente en su lugar, en la cédula de inscripción de un partido.

31. Debemos mostrar claridad y firmeza en Nuestro hablar.

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Hemos procurado hablar con calma y serenidad y al mismo tiempo con claridad total. Sin embargo, no podemos menos de preocuparnos de las incomprensiones posibles. No Nos referimos, Venerables Hermanos, a vosotros, unidos siempre y ahora mas que nunca a Nos por el pensamiento y el sentimiento, sino a quienquiera que sea. Por todo lo que acabamos de decir, Nos no entendemos condenar el partido y el régimen como tales.

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Hemos querido senalar y condenar todo lo que en el programa y acción del partido hemos visto y comprobado ser contrario a la doctrina y a la practica catolica, y, por lo tanto, inconciliable con el nombre y la profesión de catolicos. Nos hemos cumplido un deber preciso del ministerio apostolico para con todos aquellos de Nuestros hijos que pertenecen al partido, a fin de que puedan ponerse en regla con su conciencia de catolicos.

32. Hemos hecho una obra util.

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Nos creemos, por otra parte, que hemos hecho una obra util a la vez al partido mismo y al régimen. ¿Qué interés puede tener, en efecto, el partido en un pais católico como Italia en mantener en su programa ideas, maximas y practicas inconciliables con la conciencia catolica? La conciencia de los pueblos, como la de los individuos, acaba siempre por volver a si misma y buscar las vias perdidas de vista y abandonadas por un tiempo mas o menos largo.

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Y que no se diga que Italia es catolica, pero anticlerical, aunque lo entendemos solamente en una medida digna de particular atencion. Vosotros, Venerables Hermanos, que vivis en las grandes y pequeñas diocesis de Italia en contacto continuo con las buenas poblaciones de todo el pais, sabéis y veis todos los dias de qué manera son, si no se las engana y no se las extravia, y cuan lejos estan de todo anticlericalismo. Todo el que conoce un poco intimamente la historia de la Nación sabe que el anticlericalismo ha tenido en Italia la importancia y la fuerza que le confirieron la masoneria y el liberalismo que la gobernaban. En nuestros dias, por lo demás, el entusiasmo unanime que unio y transporto de alegria a todo el pais hasta un extremo jamas conocido en los dias de los convenios de Letran, no hubiera dejado al anticlericalismo medios de levantar la cabeza, si al dia siguiente de estos convenios no se le hubiera evocado y alentado. En los ultimos acontecimientos, disposiciones y ordenes se le ha hecho entrar en acción y se le ha hecho cesar, como todos han podido ver y comprobar. Y sin duda alguna hubiera bastado y bastaria siempre para conservarle la centésima o la milésima parte de las medidas aplicadas a la Acción Catolica y coronadas recientemente de la manera que todo el mundo sabe.

33. El porvenir Nos inspira graves preocupaciones.

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Mas graves preocupaciones nos inspira el porvenir proximo. En una asamblea oficial y solemne, después de los ultimos acontecimientos tan dolorosos para Nos y para los catolicos de toda Italia y del mundo entero, se hizo oir esta protesta: "Respeto inalterado para la Religión, su Jefe supremo, etc.". ¡Respeto inalterado, ese mismo respeto sin cambio que hemos experimentado!, es decir, ese respeto que se manifestaba por medidas de policia aplicadas de una manera tan fulminante, precisamente la vispera de Nuestro cumpleanos, ocasión de grandes manifestaciones de simpatia por parte del mundo católico y también del mundo no católico; es decir, ese mismo respeto que se traia por violencias e irreverencias que se perpetraban sin dificultad alguna! ¿Qué podemos, pues, esperar o, mejor dicho, que es lo que no hemos de temer? Algunos se han preguntado si esa extrana manera de hablar y de escribir en tales circunstancias, inmediatamente después de tales hechos, ha estado enteramente exenta de ironia, de una bien triste ironia; por lo que a Nos toca, preferimos excluir esta hipotesis.

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En el mismo contexto y en inmediata relación con el respeto inalterado, por consiguiente dirigido a la misma persona, se hacia alusión a refugios y protecciones otorgadas al resto de los adversarios del partido y se ordenaba a los dirigentes de los 9.000 fascios de Italia que se inspirasen para su acción en estas normas directivas. Mas de uno de vosotros ha experimentado ya, y de ello Nos ha enviado lamentables noticias, el efecto de tales insinuaciones y de tales ordenes en la reincidencia de odiosas vigilancias, delaciones, amenazas y vejamenes. ¿Qué nos prepara, pues, el porvenir? ¿Qué es lo que Nos no hemos de esperar (y no decimos temer, porque el temor de Dios elimina el temor de los hombres), si, como tenemos motivo para creerlo, existe el designio de no permitir que nuestros jóvenes catolicos se reunan, ni aun silenciosamente, bajo pena de severas sanciones para los que los dirigen?

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¿Que nos prepara y con qué nos amenaza el porvenir, Nos preguntamos de nuevo?

V 34. Exhortación a los Obispos italianos.

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En este extremo de dudas y de previsiones, a las cuales los hombres Nos han reducido, es precisamente donde toda preocupación se desvanece y Nuestro espiritu se abre a las mas confiadas y consoladoras esperanzas, porque el porvenir esta en las manos de Dios, y Dios esta con nosotros. Si Dios esta con nosotros ¿quién estara contra nosotros?(
Rm 8,31)

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Un signo y una prueba sensible de la asistencia y el favor divino lo vemos ya y lo experimentamos en vuestra asistencia y vuestra cooperación, Venerables Hermanos. Si estamos bien informados, se ha dicho recientemente que ahora que la Acción Catolica esta en manos de los obispos, no hay nada que temer. Y hasta aqui todo va bien, muy bien, como si antes hubiera alguna cosa que temer y como si antes, desde el principio, no hubiese sido la Acción Catolica esencialmente diocesana y dependiente de los obispos, como lo hemos indicado mas arriba. También por esto principalmente. Nos hemos tenido siempre la mas absoluta confianza de que Nuestras normas directivas se seguian y se secundaban. Por este motivo, además de la promesa infalible del socorro divino, estamos y estaremos siempre confiados y tranquilos aun cuando la tribulación, y digamos la verdadera palabra: la persecución, deba continuar e intensificarse. Sabemos que vosotros sois, y vosotros lo sabéis también, Hermanos Nuestros en el episcopado y en el apostolado. Nos sabemos, y vosotros sabéis, Venerables Hermanos, que sois los sucesores de los apostoles, que SAN PABLO llamaba en términos de una vertiginosa sublimidad, "gloria Christi" la gloria de Cristo (
2Co 8,23) vosotros sabéis que no ha sido un hombre mortal, ni siquiera un jefe de Estado o de un Gobierno, sino el Espiritu Santo quien os ha colocado entre la porción del rebano que PEDRO os asigna para que le dirijais la Iglesia de Dios. Estas santas y sublimes cosas y otras mas que a vosotros se refieren, Venerables Hermanos, evidentemente las ignora o las olvida el que os llama a vosotros, obispos de Italia, funcionarios del Estado; porque de los funcionarios del Estado os distinguis claramente y separais por la formula del juramento que debéis prestar al Monarca y que se precisa previamente con estas palabras: Como corresponde a un obispo católico.

35. Agradecimiento por las oraciones y sacrificios de la Iglesia Universal.

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Y es también para Nos un grande, un infinito motivo de esperanza que el inmenso coro de plegarias que la Iglesia de Cristo eleva desde todos los puntos del mundo hacia su Divino Fundador y hacia su Santa Madre por su Jefe visible, el sucesor de los Apostoles, exactamente como cuando hace veinte siglos la persecución heria la persona misma de PEDRO, oraciones de pastores y de pueblos, del Clero y de los fieles, de los religiosos y de las religiosas, de los adultos y de los jóvenes, de los niños y de las niñas, oraciones en todas las formas mas perfectas y eficaces, santos sacrificios y comuniones eucaristicas, suplicas, adoraciones, reparaciones, inmolaciones espontaneas, sufrimientos cristianamente padecidos de los cuales todos estos dias e inmediatamente después de los tristes acontecimientos Nos llegaban los ecos consoladores de todas partes, nunca tan consoladores como en este dia solemne consagrado a la memoria de los Principes de los Apostoles, en que la divina bondad ha querido que pudiésemos acabar esta Enciclica.

36. La oración lo puede todo.

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A la oración todo le es divinamente prometido; si ella no Nos obtiene la serenidad y la tranquilidad del orden, obtendra para todos la paciencia cristiana, el valor santo, la alegria inefable de sufrir algo con Jesús y por Jesús, con la juventud y por la juventud que le es tan querida, hasta la hora oculta en el misterio del Corazon divino, infaliblemente la mas oportuna para la causa de la verdad y del bien. Y puesto que de tantas oraciones debemos esperarlo todo, y puesto que todo es posible a este Dios que todo ha prometido a la oración, Nos tenemos la segura esperanza que l iluminara a los espiritus con la luz de la verdad y volvera las voluntades hacia el bien. Y asi a la Iglesia de Dios, que no disputa nada al Estado de lo que al Estado pertenece, se le dejara de discutir lo que le corresponde, la educación y la formación cristiana de la juventud, no por concesión humana, sino por mandato divino, y que ella, por consiguiente, debe siempre reclamar y reclamara siempre con una insistencia y una intransigencia que no pueden cesar ni doblarse, porque no proviene de ninguna concesión, porque no proviene de un concepto humano o de un calculo humano o de humanas ideologias, que cambian con los tiempos y los lugares, sino de una disposición divina e inviolable.

37. Bienes que se seguiran si se obedece a esta Enciclica.

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Lo que también Nos inspira gran confianza es el bien que provendra incontestablemente del reconocimiento de esta verdad y de este derecho. Padre de todos los hombres redimidos con la sangre de Cristo, el Vicario de este Redentor que después de haber ensenado y ordenado a todos el amor de los enemigos moria perdonando a los que le crucificaban, no es ni sera jamas enemigo de nadie; asi haran sus verdaderos hijos los catolicos que quieran permanecer dignos de tan grande nombre; pero no podran jamas adoptar o favorecer maximas y reglas de pensamiento y de acción contrarias a los derechos de la Iglesia y al bien de las almas, y por el mismo hecho contrarias a los derechos de Dios.

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¡Cuan preferible seria en vez de esta irreductible división de los espiritus y de las voluntades, la pacifica y tranquila unión de las ideas y de los sentimientos! Esta no podria menos de traducirse en una fecunda cooperación de todos para el verdadero bien a todos comun; seria acogida con el aplauso simpatico de los catolicos del mundo entero, en lugar de su censura y del descontento universal que ahora se manifiesta. Nos pedimos al Dios de las misericordias, por intercesión de su Santa Madre, que recientemente nos sonreia entre los esplendores de su conmemoración muchas veces centenaria, y de los santos Apostoles SAN PEDRO y SAN PABLO, que Nos conceda a todos ver lo que Nos conviene hacer y que a todos Nos dé la fuerza para ejecutarlo.

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Roma, en el Vaticano, en la solemnidad de los Santos Apostoles San Pedro y San Pablo, 29 de junio de 1931.

Pius pp. XI

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VOS ARGENTINAE EPISCOPOS: Carta al Episcopado Argentino

PIO XI



4 de diciembre de 1931

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1. Con suma satisfacción Nuestra hemos sabido que vosotros, los Obispos argentinos, siguiendo las insinuaciones de Nuestro Nuncio en esa noble nación, habéis determinado organizar, de nueva manera y con suma diligencia, la asi llamada Acción Catolica. Conocedores de vuestra eximia prudencia, abrigamos la cierta esperanza de que por medio de una decidida Acción Catolica habran de recogerse en esa grande y floreciente Republica optimos frutos de bienestar, tanto mas cuanto que os habéis propuesto en todo ello seguir las normas que en mas de una ocasión hemos prescrito.

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2. Y puesto que en diversas ocasiones hemos tratado ya acerca de la naturaleza, la finalidad y la necesidad de la Acción Catolica, tan digna de promoverse singularmente en estos tiempos, no Nos parece necesario insistir mas en ese particular, porque no ignoramos que todo ello os es enteramente conocido. Permitasenos, con todo, recordar que la Acción Catolica no es otra cosa sino la ayuda que prestan los seglares a la Jerarquia eclesiastica en el ejercicio del apostolado, y que esa Acción Catolica ha nacido junto con la Iglesia, y ha asumido recientemente nuevas maneras y formas nuevas, para responder mas cumplidamente a las necesidades de los tiempos presentes. Y precisamente porque es apostolado, no se contenta tan solo con la santificación propia, bien que ésta es el fundamento necesario, sino que atiende a la mayor santificación de los demás por medio de la acción organizada de los catolicos, quienes, siguiendo en todo la dirección impuesta por la Jerarquia, ayudan valiosamente a dilatar en las naciones el reinado de Cristo. Nobilísimo, por lo tanto, es el fin de la Acción Catolica, puesto que coincide con la finalidad misma de la Iglesia, según aquello: La paz de Cristo en el reino de Cristo.

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3. Y aunque la Acción Catolica se extiende a todos los fieles y abarca toda suerte de iniciativas buenas de los mismos, de ninguna manera siguese de ahi que hayan de suprimirse aquellas asociaciones religiosas, que en todo tiempo fueron tan beneméritas en la causa catolica, en especial las que de antiguo se dedican a la educación y piedad de los jóvenes. Aun mas, puesto que dichas asociaciones cooperan intensamente a que los espiritus se formen en la virtud y moral cristianas, no hay duda de que la Acción Catolica ha de reportar de estas asociaciones valiosa ayuda y acrecentamiento. No menor utilidad se ha de seguir para ella de las asociaciones economico-sociales; y, para quitar todo motivo de dudas, conviene advertir que tales agrupaciones -aunque ajusten su actividad a las normas y principios de la Acción Catolica- tienen su verdadero caracter en el ayudar a los hombres, ora en sus problemas economicos, ora en los profesionales, y de esto solo ellas responden. En lo que toca a la religión y moral, dichas sociedades dependen por completo de la Acción Catolica, a la cual han de obedecer como las demás instituciones de apostolado, si es que desean cooperar.

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4. Todavia ha de cuidarse mas aun de que la Acción Catolica no actue en los partidos politicos, pues por su misma naturaleza ha de mantenerse ajena del todo a las disensiones que originan. Pero con esta norma y prescripción no pretendemos en modo alguno el impedir a los catolicos el que particularmente puedan intervenir en los asuntos politicos, con tal que sus programas y actuación no repugnen a las normas de la Iglesia y a la doctrina catolica: mas aun, nada prohibe el que los catolicos pertenezcan de hecho a partidos politicos, con tal que ni sus doctrinas, ni su actuación se opongan a las santas leyes de Dios. Por otra parte, aunque la Acción Catolica, según ya hemos manifestado otras veces, ha de mantenerse al margen de los partidos politicos, contribuira, no obstante, grandemente al bien comun de la sociedad, ya logrando el mas amplio cumplimiento de los mandatos de la religión catolica -fundamento de la prosperidad publica-, yaa excitando animosamente a sus socios hacia una perfección tal de la vida cotidiana que, formando como una sagrada falange, promuevan y defiendan los intereses no solo de la Iglesia sino también de la misma sociedad civil. Y si las actuaciones politicas fueren alguna vez contrarias a la doctrina y moral catolica, la Acción Catolica no solo puede sino que esta obligada a actuar, y ello, sin tener en cuenta interés alguno particular, y dirigiendo la actividad de los catolicos al mejor bien de la Iglesia y al de las almas, que tanta relación tienen con el aumento del bienestar publico.

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5. Después de haber tratado brevemente hasta aqui acerca de la naturaleza y el fin de la Acción Catolica, queremos hablaros con mas detalle sobre la necesidad de preparar lo mejor posible al clero y a los hombres escogidos dentro de los catolicos para que por medio de esta vuestra actuación tan noble la Acción Catolica pueda quedar firmemente constituida, y ello según un plan tan nuevo como excelente.

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6. Ante todo, es de suma necesidad que tanto el clero como los fieles conozcan muy bien no solo la naturaleza, actuaciones y métodos de la Acción Catolica, sino también el deber que tienen -bien que en forma distinta- los sacerdotes y seglares de promover esta forma de apostolado, que en realidad comenzo, según ya dijimos, aun en los primeros tiempos de la Iglesia; deben conocer, asimismo, la necesidad de la Acción Catolica, sus muchisimos beneficios, tanto en el orden sobrenatural como en el natural, con gran provecho asi para la Iglesia como para el Estado.

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Y en lo que toca al clero, ha de tenerse muy en cuenta, en esta cuestión tan santa, que la Acción Catolica, aunque sea acción de seglares, por su propia naturaleza no puede comenzar, ni adelantar, ni dar sus frutos peculiares sin el trabajo constante y diligente de los sacerdotes. A éstos corresponde el vigilar para que aquéllos, en sus actividades, no se aparten del recto camino que deben seguir, cumpliendo siempre con la plena fidelidad debida las norms de la Jerarquia eclesiastica. Corresponde, además, a los sacerdotes la integra formación de los miembros de la Acción Catolica, singularmente de los que en su dia habran de llegar a ser dirigentes, pues tan solo los sacerdotes, que son ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios(
1Co 4,1) reciben tanto el divino mandato como las gracias necesarias para su accion.

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Pero nadie puede ser apostol si antes no tuviere las debidas virtudes cristianas, pues bien sabido es que no podra imbuir a los demás con el espiritu de Cristo el que no arda en ese mismo espiritu según el principio: "Nadie da lo que no tiene". Esta formación cristiana de las almas, confiada en primer lugar a la actividad sacerdotal, es tan necesaria que, si ella falta, el apostolado no podria ni durar largo tiempo ni ser fructifero.

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7. Sabemos muy bien cuanto trabajo y entusiasmo ha de poner el clero para lograr esta empresa a la que con tanto carino se consagra. Pero, ¿no es llena de trabajo y de sufrimiento como ha de ser la vida misma del Sacerdote? Trabajos y sufrimientos, que iran seguidos de no pocos beneficios, porque los sacerdotes, en los miembros de la Acción Catolica, no solo encontraran colaboradores activos y fieles que multiplicaran extraordinariamente su propio apostolado, sino que ellos [los seglares] llegaran a donde los mismos sacerdotes no podrian llegar.

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8. Anadase a todo esto el que no pocos jóvenes, encuadrados en la Acción Catolica, llegaran a sentirse llamados a la herencia del Señor, según por la experiencia se ha comprobado ya en otras partes; y asi se vera aumentado en numero el clero, tan exiguo en algunas de vuestras diocesis.

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9. No ignoramos, Venerables Hermanos, la gran solicitud pastoral con que procurais que vuestro clero se haga cada dia mas apto para ejercer lo que de ellos requiere la Acción Catolica. Y a esa vuestra solicitud se debe el que algunos de vuestros sacerdotes o seminaristas hayan sido enviados ya por vosotros a esta Ciudad Eterna, sede de San Pedro, para que de mas cerca puedan conocer Nuestros criterios en esta materia. Nos congratulamos de ello, y aplaudimos vuestra determinación, como cumplidamente se merece.

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10. Por lo que toca a la preparación de los seglares que han de ser miembros de la Acción Catolica, juzgamos que es muy util recordaros lo que manifestamos desde el mismo comienzo de Nuestro Pontificado, a fin de que aquéllos entren en la Acción Catolica en gran numero y dignos de ella -esto es- que la Acción Catolica, como apostolado, es obligación tanto de los sacerdotes como de los fieles, pues surge del mandato mismo universal de amar a Dios sobre todas las cosas y de amar a los demás como a nosotros mismos. Quien ama a Dios no puede menos de querer que todos le amen, y quien verdaderamente ama a su projimo, no puede menos de desear la salvación eterna del mismo, y trabajar en ese sentido. En este principio, como en su fundamento, radica el apostolado, porque el apostolado no es sino el ejercicio de la caridad cristiana, que obliga a todos los hombres. Pero, además de ser un deber de caridad, el apostolado es como una obligada acción de gracias a Jesucristo, porque, ciertamente, cuando hacemos coparticipes a los demás de los dones espirituales que nosotros hemos recibido de la divina largueza, satisfacemos el deseo del Corazon dulcísimo de Jesús, que no anhela otra cosa sino ser conocido y amado, según El mismo lo proclama en su Evangelio: Fuego vine a traer a la tierra, y ¿qué otra cosa ansio sino que se inflame? (
Lc 12,49) .

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11. A mas de ello, las necesidades de los tiempos exigen que según varian la vida, las costumbres y demás cosas con ellas relacionadas, se ejerciten también el clero y los seglares en las nuevas formas de apostolado cristiano, que fueren oportunas. De buen grado, pues, aprobamos la Acción Catolica, tal como la queréis renovar ahi, pues esta forma de apostolado responde mejor que ninguna otra a las necesidades de nuestros tiempos, según Nos consta por la experiencia de Nuestro ya largo pontificado.

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12. Los parrocos y los demás sacerdotes, por muy afanosa y constante que sea su actividad, son insuficientes para poder acudir a todas las grandes necesidades a que en estos tiempos debe atender el apostolado.

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13. Conviene, pues, que el clero tenga muchos y escogidos colaboradores, que propaguen doquier la verdad y los beneficios de la religion: estos colaboradores son las asociaciones de la Acción Catolica. Por ello, Nos ha llenado de alegria el saber -por las consultas que habéis dirigido- que deseais, ajustandoos a Nuestros deseos, constituir en la Argentina una muy vasta organización de los catolicos en un solo cuerpo, de tal suerte que comprenda las cuatro ramas de la Acción Catolica -Hombres, Mujeres, Juventud masculina y Juventud femenina-, asociación que bajo la prudente dirección de los Obispos y de los consiliarios o representantes de aquellos, al ejercitar su apostolado auxiliar de la Iglesia en cualquier campo que exija su actividad, instaurara cumplidamente entre vosotros el reino de Cristo.

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14. Para que mas intimamente se unan entre si las diversas sociedades, habéis constituido Juntas -según laudablemente se ha hecho ya en otras partes-, esto es, el Consejo que ha de ser como el centro y la cabeza de toda la nación, las Juntas diocesanas y las Juntas parroquiales; Juntas que, además de conducir a la unidad de toda la Acción Catolica (y en ello esta la fuerza de cada una de las asociaciones), contribuira a confirmar la obediencia a la Jerarquia eclesiastica, lo que constituye un magnifico privilegio y la garantia de una vida fecunda y duradera de apostolado.

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15. Además de esta magna institución, que bien podra llamarse la Acción Catolica oficial, hay entre vosotros también otras asociaciones, cuyo fin es promover la piedad y la formación religiosa o la caridad y la beneficencia, asociaciones que no ha mucho denominamos Nos, en cierta ocasión, auxiliares de la Acción Catolica, pues llevan a la practica, por si mismas, algunos de los fines de la Acción Catolica, y, además, pueden y deben traer hacia ésta otros elementos muy bien preparados y activos.

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Os felicitamos, pues, vivamente porque vosotros, Venerables Hermanos, pensais serviros de tan beneméritas asociaciones para incrementar la Acción Catolica. Ello se lograra con mayor facilidad si, como esperamos, las asociais a la Acción Catolica, disponiendo oportunamente las modalidades de su incorporación de tal suerte que, conservando cada una sus propios fines y las formas peculiares de su organización, se apreste a cooperar por su parte, en la actividad de la Acción Catolica.

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Finalmente, no Nos resta sino daros las gracias mas cumplidas por cuanto hasta ahora habéis hecho para implantar la Acción Catolica. Y sabiendo perfectamente que ningun bien pueden hacer los hombres si Dios no bendice a tiempo su crecimiento, en senal de Nuestra paternal benevolencia, y con el deseo de todos los dones celestiales, a vosotros, Venerables Hermanos, y a todos cuantos os ayudan en vuestros trabajos por la Acción Catolica, concedemos de todo corazon en el Señor la Bendición Apostolica.

Dado en Roma junto a San Pedro, bajo el dia 4 de diciembre de 1931, ano noveno de Nuestro Pontificado.

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Pio XI

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OBSERVANTISSIMAS LITTERAS

PIO XI



Carta al Exmo. Sr. Arzobispo Primmado de Colombia sobre la Acción Catolica

14 de febrero de 1934

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1. Observantissimas litteras Carta de S.S. Pio XI al Episcopado de Colombia 14 de Febrero de 1934 Hemos recibido la carta llena de filial devoción con que quisiste hacernos saber, en nombre también de los demás Obispos de la Republica colombiana, lo que alla se debatio en comun y se decreto en la Conferencia Episcopal celebrada en el mes anterior. Esa carta Nos muestra la profunda voluntad que os une con animo obediente a esta Sede Apostolica, voluntad de la cual da testimonio la solicitud con que prometéis obedecer a las normas que os hemos dado, por medio del Nuncio apostolico que reside en medio de vosotros, respecto a las medidas que juzgamos mas oportunas para el bien de la Iglesia colombiana.

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2. Reservamos para otro tiempo manifestaros Nuestra mente, si fuere necesario, acerca de las demás determinaciones que acordasteis, y que habéis sometido al juicio de la Santa Sede. Ahora queremos, sobre todo, felicitaros por el proposito que abrigais de promover, por medio de la ensenanza religiosa, y principalmente por el establecimiento -en todas partes- de la Acción Catolica, la recta formación y educación de los fieles, asi como el desarrollo del espiritu cristiano en la sociedad civil.

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3. Ahora bien: atendidas las exhortaciones y las admoniciones que acerca de este asunto hemos hecho en repetidas ocasiones, a partir de la enciclica Ubi arcano, no dudamos que los Obispos de Colombia, cuyo celo apostolico e intensas labores en pro de las almas Nos son harto conocidos, estaran absolutamente persuadidos de que la Acción Catolica, dadas las condiciones que le han creado dondequiera a la Iglesia, no tanto es util como necesaria. Mientras los enemigos de la fe no omiten, en efecto, en nuestros dias esfuerzo ninguno para procurar con habilidad multiple e infatigable los mayores desastres en el pueblo y de una manera especial en la multitud obrera y en las filas de la juventud, los ministros de la Iglesia Catolica no alcanzan a resistir y repeler a los fautores del mal, cuyo numero aumenta cada dia y cuyos recursos crecen sin cesar. Además: la acción de los sacerdotes no puede extenderse a todas las capas de la sociedad, porque no faltan personas que la impiden, impulsadas a ello por el propio interés, o que rechazan la sagrada autoridad del clero movidas por el propio género de vida, aunque estan muy necesitadas de la solicitud de los pastores de almas. De aqui nace la necesidad de esa colaboración de los fieles que, no son inspiración divina, hemos llamado "participacion" de los seglares en el apostolado jerarquico de la Iglesia.

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4. A los seglares, en verdad, debe mover también el mismo precepto de la caridad para impedir, por todos los medios posibles, las injurias a Dios asi como la ruina espiritual de los projimos; porque no solo a los sacerdotes, sino a todos, ha encomendado Dios el cuidado de su projimo (
Si 17,12). Mas todavia: constituye esto una especie de necesidad noble e ingénita en el animo de quienes, por haber recibido el don precioso de la fe, sientan, llevados por un sentimiento de gratitud para con Dios, el deseo ardiente de propagar esa fe y de suscitarla en los demás, conforme a aquello de que "el bien es difusivo de lo suyo". Y con mas razon que nunca en este ano, santo por la memoria de la Divina Redención, deben todos los buenos moverse a formar parte de esta milicia sagrada que se llama Acción Catolica, a la cual esta encomendada la misión de hacer que las aguas saludables de la Redención se extiendan mas y mas, y también la de consolidar en todas partes el reino tan deseado de la paz establecida por Jesucristo. Porque no se trata de una novedad, ya que, como lo hemos advertido en varias ocasiones, la Acción Catolica, en cuanto a la sustancia, existio desde los primeros siglos de la Iglesia y se recomienda, en la Sagrada Escritura, ya desde el comienzo del cristianismo, y en todo tiempo ha contribuido en gran manera a la propagación de la fe catolica.

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5. La Acción Catolica ha adoptado en la actualidad nuevos métodos y nuevas finalidades, propios de las necesidades presentes; ha sido establecida en muchas naciones y aun en las mismas regiones en donde trabajan los misioneros; y dondequiera que ha sido organizada, dondequiera que ha podido procurar la consecución de sus objetivos y llevarlos libremente a la practica, ha producido los mejores y mas saludables frutos. En ella caben todos los fieles, de cualquier edad y de cualquier condición, ya que a nadie se niega trabajo en la mistica vina del Señor; y asi como ella reune a los jóvenes de uno y otro sexo, también debe agrupar y congregar acertadamente a los hombres y a las mujeres ya formados; pero conforme a las peculiares condiciones de los obreros, de los patronos, de los que se consagran al estudio de las artes o al cultivo de las letras, de los que han obtenido ya un titulo, debe, para ser util, seguir distintos caminos y valerse de distintos métodos.

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6. Y no creemos que sean del todo superfluas estas advertencias; porque como no pueden prestar su ayuda a las empresas del apostolado jerarquico de un modo digno y eficaz, los que no muestran una manera cristiana de vivir, los que no estan bien formados en la doctrina cristiana, los que no estan inflamados por el amor de Jesucristo y de las almas, que El redimio con su sangre preciosisima, el fin que debe proponerse como primero la Acción Catolica sera, sin duda, el de que el alma de todos los congregados en las asociaciones de los jóvenes y, si fuere necesario, en las de los hombres y en las de las mujeres, se forme en la religión, en la pureza de costumbres y en el cumplimiento de la verdadera doctrina "social" bajo la inspiración de la piedad y de la virtud, unidas con una solicita devoción a la Iglesia y a su Jefe supremo, el Romano Pontifice.

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7. No dudamos, por lo tanto, que vosotros, Venerables Hermanos, persuadidos de que el conveniente y apropiado conocimiento de las verdades religiosas es el fundamento y base de la formación espiritual de las almas y de toda la vida cristiana, cuidaréis con todo empeno y por todos los medios de que la instrucción religiosa se extienda convenientemente a todas partes y pueda darse a todos. Porque ella, asi como es necesaria a los hombres en todas las clases sociales, ya se trate de ricos, ya de pobres, también comprende a todas las edades: a los niños, a los jóvenes y a los adultos. La ensenanza del Catecismo, como hace pocos anos en cierta ocasión advertiamos, abarca todas aquellas cosas que son necesarias a todos los cristianos para que puedan servir fielmente a Dios, conservar la dignidad humana y, finalmente, cumplir con sus propios deberes, entre los cuales se cuentan también los deberes civicos.

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Al crecer los hombres en edad y en conocimientos, esta instrucción catequistica se hace mas vasta, y las verdades que estaban contenidas en un diminuto volumen, estudiadas con mayor detenimiento, las desarrolla y explica en forma cada vez mas detallada y mas clara, ajustandose a los diversos estados, necesidades y profesiones de cada uno. Sin embargo, como el espiritu de los jóvenes, aunque puede recibir y asimilar mas facilmente las verdades de la fe, con todo esta mas expuesto que el de cualquier otra clase de personas a sucumbir a los errores que hoy por dondequiera se insinuan, a las dudas y aun a la misma pérdida de la fe, es muy conveniente, Venerables Hermanos, que vosotros dirijais con preferencia vuestro principal cuidado y solicitud a la juventud, y en especial a los estudiantes, procurando que ellos sean benévolamente acogidos por los sacerdotes y por los catequistas, quienes, bien formados en las humanas y divinas disciplinas, con todas las fuerzas y por todos los medios que les sugiera el celo de las almas, les ensenen la doctrina de la religión catolica, los ilustren y los confirmen.

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8. Para esta tarea de formar a los jóvenes en la sana doctrina, es absolutamente indispensable preparar, ya desde los ultimos anos del seminario, sacerdotes que conozcan a fondo la naturaleza propia de la Acción Catolica y sus fines peculiares; sacerdotes, que estén bien dispuestos a trabajar abnegadamente, que tengan celo por la educación de los adolescentes, que se distingan por su devoción a la Iglesia Santa de Dios y al Sumo Pontifice. De estos sacerdotes los Obispos cuidaran de entresacar con madura reflexión los mejores, los seguiran con paternal solicitud, y les encomendaran el cuidado de aquellos que, ofreciendo su ayuda a la Jerarquia eclesiastica, miran animosos la causa de la Iglesia como suya propia. Tales sacerdotes seran, sin duda, como el fundamento de las asociaciones y los promotores del celo apostolico; y de tal modo representaran a los Obispos en esta obra, que, dejando a los seglares el régimen externo y la administración de las asociaciones, lograran que sean fielmente llevados a la practica los principios y las normas que la Jerarquia eclesiastica haya establecido.

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Este oficio, que implica la voluntad decidida de abnegación y sacrificio, si es cierto que no carece de dificultad, es, sin embargo, muy propio de los sacerdotes, que han sido llamados a la heredad del Señor, y, además, con la gracia de Dios les proporcionara dulces consuelos, puesto que de cuando en cuando veran como fruto de sus generosos esfuerzos surgir para Cristo valientes soldados totalmente dispuestos a librar los combates del Señor. Y los mismos ministros de Dios sentiran que reciben un premio indudablemente mayor y una gracia mas suave del cielo cuando vean que algunos de aquellos a quienes ellos han unido tan intimamente con Cristo Jesús reciben la ordenación sacerdotal o hacen votos como religiosos.

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9. Y no se debe temer que las asociaciones religiosas, beneméritas sin duda, y que hacen labor tan fructuosa en la formación de la juventud de uno y otro sexo, poco a poco vayan a ser abolidas o padecer disminución a causa de la Acción Catolica. Por lo contrario, estas asociaciones que trabajan parcialmente con el mismo fin de establecer el Reino de Cristo, seran muy estimables auxiliares de la Acción Catolica, a la cual procuraran estar unidas en colaboración fraternal y armonica.

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La Acción Catolica tampoco se sustituye a las asociaciones economicas o profesionales, que se proponen como fin directo el obtener los bienes temporales para quienes se dedican al trabajo fabril o a las artes liberales. Conviene que estas asociaciones se rijan por sus leyes propias y tengan ellas mismas la responsabilidad de sus asuntos, como es indispensble también que los partidos politicos, aunque estén formados por catolicos, tengan absoluta independencia en toda su propia actividad. Debiendo la Acción Catolica mantenerse alejada de toda actuación politica, tampoco puede asumir ni aceptar la carga o gestión de asunto alguno en lo politico y en lo economico. A estas asociaciones les sera, no obstante, sumamente util la Acción Catolica; ella les suministrara personas probas, formadas y educadas por ella; ellas les proporcionara y les explicara los principios que han de servir como norma para procurar el bien de los asociados; y, finalmente, la Acción Catolica hara que se coadunen las fuerzas de todos siempre que se trate de defender o promover los intereses de la religión o de la moral: todo lo cual contribuira, sin duda, mas que ninguna otra causa, a la prosperidad y a la paz.

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10. De todo esto se colige que la Acción Catolica, como la Iglesia, a la cual se ocupa en prestar ayuda, tiende solamente a las cosas espirituales y sobrenaturales, es decir, a la conquista de las almas y a la propagación del reinado de Cristo; por consiguiente, debera extender su actividad cuanto mas pueda. Y asi, no solamente busca el bien privado de los individuos formando a todos los fieles de acuerdo con la voluntad de Cristo, sino que también procura el bien de la sociedad entera, puest que se esfuerza en formar y suscitar apostoles que pongan todo su empeno en cumplir el mandato, que les ha dado la Iglesia, entre toda clase de hombres, asi privada como publicamente.

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No dudamos, por lo tanto, que también en esa Republica, o mejor, en cada una de sus diocesis, surgiran numerosos los catolicos que, obedeciendo al llamamiento de los Prelados, miraran como titulo de honor el ejercitar -en las filas de la Acción Catolica- toda su capacidad, poder e influencia. Y como toda la esperanza de lo futuro esta en los jóvenes, y en primer lugar en la juventud estudiosa, a ellos ante todo hay que dirigir la mayor solicitud, de modo que por el conocimiento perfecto de las verdades que deben informar sus vidas, se despierte su fe y el deseo de promover la causa santisima del nombre cristiano. Sin duda, ese celo ardiente les proporcionara un auxilio contra el fuego de las pasiones y sera prenda de salvación y, además, hara que ellos vengan a ser mas tarde muy buenos soldados y dirigentes de la Acción Catolica, dandole asi los mayores progresos. Por esta razon conviene que la Acción Catolica llegue a florecer no solo en las Universidades y en las escuelas secundarias, sino también en toda clase de escuelas para que, ya en ellas, los adolescentes se vayan instruyendo, encaminando y preparando, para la Acción Catolica, a la cual mas tarde daran su nombre en las Asociaciones superiores; todo lo cual, en verdad, contribuira grandemente a su mejor formación cristiana.

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Y, entre tanto, Venerables Hermanos, fundados en la esperanza cierta de que seguiréis con animo pronto y decidido las normas dadas por Nos, persuadidos de que la grey que a cada uno de vosotros os ha sido encomendada y los ministros sagrados seran también dociles a vuestros mandatos, impartimos amorosamente en el Señor la Bendición Apostolica, prenda de Nuestra paternal benevolencia y auspicio de celestiales favores, tanto a vosotros todos, como a cada uno de aquellos que tenéis a vuestro cuidado.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 14 de febrero de 1934, ano décimotercero de Nuestro Pontificado.

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PIO XI, MAGISTERIO PONTIFICIO 758