CATESISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
AÑO A
COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS SUBCOMISIÓN EPISCOPAL PARA LA CATEQUESIS
INDICE
ADVIENTO
NAVIDAD
Cuaresma
Santo Triduo Pascual
Tiempo Pascual
Tiempo Ordinario
Solemnidades
Gozosamente los Obispos de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, particularmente los que tenemos encomendado el campo primordial de la Catequesis "Subcomisión Episcopal de Catequesis"_ ofrecemos este libro a los sacerdotes y a todos los que colaboran en la preparación de las liturgias dominicales en el servicio de las comunidades cristianas. Lo titulamos "Catecismo de la Iglesia Católica. Guía para su lectura litúrgica y la predicación". Corresponde al Año A, del ciclo litúrgico. Responde a un encargo que nos hicieron todos los Obispos, como un servicio a la renovación de la predicación, relacionado también con la recepción cordial y honda del Catecismo de la Iglesia Católica, que los Obispos deseamos sea una realidad cada día mas perceptible y operativa.
La concepción de la presente Guía se explica amplia y claramente en la introducción. La obra se ha beneficiado de la experiencia adquirida a partir de la Guía para el Año C, que publicamos el pasado año. Hemos tenido presente asimismo los acontecimientos sociales y eclesiales que están afectando más intensamente a nuestra iglesia. En este sentido, procuramos estar muy a la escucha del llamamiento que el 10 de Noviembre de 1994 nos dirigió Juan Pablo II, con su Carta "Tertio Millennio Adveniente", convocándonos a una preparación espiritual en orden a disponernos para entrar en el umbral del tercer milenio del acontecimiento de la salvación en Jesucristo.
Para Juan Pablo II, el año 1996 es considerado clave para una adecuada sensibilización que nos capacite para la etapa de tres años (1997- 1999) decisivamente preparatoria de la celebración del Gran Jubileo.
Los Obispos agradecemos fraternalmente a quienes han echado sobre sí la carga de elaborar, generosamente, este instrumento pastoral. Mons. José María Eguaras, de la diócesis de Málaga; el P. José Antonio Goenaga S.J., de la Facultad de Deusto; Rafael Zornoza, rector del Seminario de Getafe; Luis García Gutiérrez, canónigo y profesor de Alcalá de Henares; Manuel del Campo Guilarte, profesor y Director del Secretariado Nacional de Catequesis han compuesto el equipo; la redacción principalmente ha estado encomendada a los dos últimos citados.
A todos ellos nuestro agradecimiento.
14 de Septiembre de 1995
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
José Manuel Estepa Llaurens
Arzobispo Presidente de la
Subcomisión Episcopal de Catequesis
INTRODUCCIÓN (inicio)
Al hacer la presentación de esta obra, puesta al servicio de la predicación, nada mejor que hacernos eco de algunos textos significativos del Magisterio de la Iglesia sobre la importancia del anuncio de la fe, para ofrecer el sentido y la finalidad de este libro que forma parte del plan de publicaciones de los tres años del ciclo litúrgico.
El Papa Juan Pablo II en la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica afirma:
* "Pido... a los pastores de la Iglesia y a los fieles, que reciban este Catecismo con un espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica" (Const. Apost., Fidei Depositum, 4).
Por su parte el Concilio Vaticano II hablando sobre la homilía en la celebración litúrgica expresa con palabras llenas de precisión y claridad lo siguiente:
* "En la homilía se exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana" (Sacrosantum Concilium, 52).
Finalmente el Papa Juan Pablo II dirigiéndose a los sacerdotes como ministros de la Palabra expone las características de su misión y las responsabilidades propias de quien tiene la misión de anunciar el Evangelio a los fieles:
* "El sacerdote debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios; no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con una conexión dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos, y engendrae dentro de sí una mentalidad nueva: la mente de Cristo (l Co 2,16), de modo que sus palabras, sus opciones y sus actitudes sean cada vez más una transparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio... El no es el dueño de esta Palabra: es su servidor. El no es el único poseedor de esta palabra: es deudor ante el Pueblo de Dios. El anuncia la Palabra en su calidad de ministro, partícipe de la autoridad profética de Cristo y de la Iglesia. Por esto, por tener en sí mismo y ofrecer a los fieles la garantía de que transmite el Evangelio en su integridad, el sacerdote ha de cultivar una sensibilidad, un amor y una disponibilidad particulares hacia la Tradición viva de la Iglesia y de su Magisterio, que no son extraños a la Palabra, sino que sirven para su recta interpretación y para custodiar su sentido auténtico" (Pastores dabo vobis, 26).
Estos tres textos presentan el objetivo de esta obra. Se trata de una ayuda a los sacerdotes para la preparación de las homilías de los domingos y solemnidades.
Pretende ser un instrumento útil para el anuncio de la fe y la llamada a la vida evangélica que se realiza en la homilía, lugar propio de la liturgia. Un auxilio que quiere ser garantía de un recto ejercicio del ministerio de la Palabra, ya que ofrece el Catecismo de la Iglesia Católica que "es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico" (FD, 4).
Por su parte, el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española Para que el mundo crea (l994-l997) insiste en la necesidad de que la catequesis y la predicación sean considerados como dos de los sectores más importantes de la pastoral de evangelización propuesta por el Episcopado español para este trienio.
A la vez se subraya en dicho Plan que tanto en la catequesis como en la predicación se "asuma cada vez más hondamente el Catecismo de la Iglesia Católica, tanto en sus contenidos como en sus criterios inspiradores, en todos los procesos de formación cristiana" (Para que el mundo crea, pág. 32).
Ciertamente asumir el Catecismo de la Iglesia Católica posibilita y garantiza que la acción catequética y la predicación sean verdaderamente evangelizadoras y busquen "por encima de todo la verdadera conversión de las personas a Dios, a Jesucristo, a la vida cristiana en todas sus exigencias de seguimiento, vida espiritual, testimonio y responsabilidades apostólicas y sociales" (Ibidem, pág. 32).
Con esta convicción ofrecemos este servicio pastoral. Creemos que es un buen instrumento para renovar y potenciar la predicación homilética, e "impulsar una predicación más adecuada a las exigencias actuales del servicio a la fe de nuestro pueblo y de una verdadera evangelización" (Ibidem, pág. 32).
1. Homilía y Catequesis
La Exhortación Apostólica del Papa Juan Pablo II Catechesi Tradendae (n. 48) trata de la homilía como una realidad estrechamente vinculada a la catequesis y casi como una continuación de la misma en el sentido amplio del término:
* "La homilía vuelve a recorrer el itinerario de fe propuesto por la catequesis y la conduce a su perfeccionamiento natural"
* La catequesis se realiza en una comunidad cristiana en lugares y ámbitos distintos, y utiliza diversos métodos, pero siempre tiende a la celebración litúrgica. La homilía interviene fortaleciendo y potenciando el itinerario de fe que se viene recorriendo y también permite vincular la acción catequética con la liturgia que se celebra, porque señala la fuente y la plenitud del que hacer catequético, que es la Eucaristía. Y así podemos decir que la homilía postula la catequesis en sí misma y ésta, a su vez, se orienta objetivamente a la homilía, que es "el lugar privilegiado" del ministerio de la Palabra (cf DV, 24).
* "La homilía impulsa a los discípulos del Señor a emprender cada día su itinerario espiritual en la verdad, en la adoración y en la acción de gracias. En este sentido, se puede decir que la pedagogía catequética encuentra, a su vez, su fuente y su plenitud en la Eucaristía dentro del horizonte completo del año litúrgico"
Ahora bien, la homilía no es sólo un nexo para que la acción evangelizadora de la catequesis culmine en la liturgia, sino que lo es también para que la liturgia celebrada sea fuente de la vida cristiana.
* "La predicación centrada en los textos bíblicos debe facilitar entonces, a su manera, que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana"
La homilía es una forma de catequesis sistemática, en la medida en que sigue el año litúrgico y se desarrolla a partir de la Palabra de Dios proclamada en la celebración. Es una forma peculiar _litúrgica_ de educar en la fe. Su nota más sobresaliente es "que hace de ella un acto sacramental que pertenece por entero a la misma dinámica de la presencia de la Palabra de Dios en la liturgia. La homilía no cumple únicamente la función de anunciar a Cristo, explicar las Escrituras o instruir al pueblo, sino que hace todo esto en el ámbito propio del culto litúrgico y de los signos sacramentales" (Comisión Episcopal de Liturgia, Partir el pan de la palabra, no 10).
Esta descripción de la función que tiene la homilía en la educación de la fe del pueblo cristiano queda iluminada por la experiencia histórica del Catecumenado.
El Catecumenado para la iniciación cristiana fue en los primeros siglos de la Iglesia un tiempo de catequesis enmarcado en el año litúrgico. Ciertamente los hitos y las celebraciones litúrgicas incidían en el programa catequético, sin embargo no lo suplían, y la catequesis culminaba en celebración y así desde los primeros momentos de la Iglesia entre catequesis y liturgía se estableció una profunda y esencial relación. No podía ser de otra manera tratándose de la tarea de iniciar a la fe y a la vida cristiana como misión propia y básica de la Iglesia.
De los cuatro caminos que componen el catecumenado: la catequesis o enseñanza, el ejercicio en la práctica de la vida cristiana, la liturgia y el aprendizaje en el apostolado, señala el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos en sus observaciones previas: "Por una catequesis apropiada, dirigida por sacerdotes, diáconos o catequistas y otros seglares, dispuesta por grados, pero presentada íntegramente, acomodada al año litúrgico y basada en las celebraciones de la palabra, se va conduciendo a los catecúmenos no sólo el connveniente conocimiento de losdogmas y de los preceptos sino también del misterio de la salvación, cuya aplicación desean" (R.I.C.A., Observaciones previas, 19, 1).
Esta obra, preparada por la Subcomisión Episcopal de Catequesis parte de la convicción de que catequesis y liturgia han de estar íntimamente relacionadas en la misión pastoral de la Iglesia, y que la homilía es la actividad principal del ministerio pastoral de los sacerdotes para establecer ese nexo.
2. Homilia y Catecismo
Como es sabido el Catecismo Romano del Concilio de Trento constituyó un instrumento privilegiado para la catequización del pueblo y m s concretamente para la formación
teológica de los parrocos en su misión de
instruir al pueblo. En este sentido puede entenderse la intencionalidad del
anexo a dicho Catecismo Romano que
lleva como titulo: Practica del Catecismo, o sea, el Catecismo
distribuido entre todas las dominicas del año,
algunas ferias y fiestas del Señor, y acomodado a los evangelios.
Hoy al encontrarnos con el Catecismo de la Iglesia Católica nos hemos de
preguntar si es un catecismo destinado
exclusivamente a los pastores o es necesario hacerle llegar tambien al
pueblo cristiano. Es decir existe hoy la
necesidad de hacer llegar a todos los católicos el Catecismo de la Iglesia
Católica para que se eduquen en la fe?.
Creemos que sí y son muchas las razones que lo avalan. El texto ya citado
de la Constitución Fidei Depositum
pone el Catecismo en manos de los pastores para que lo utilicen
constantemente cuando realizan su misión de
anunciar la fe y llamar a la vida evangelica, no sólo para su
formación teológico-pastoral, ni sólo para elaborar
otros catecismos menores. El anuncio de la fe y de la vocación cristiana
debe llegar a todas las personas y en
concreto a todos los bautizados. He aquí el objeto propio e irrenunciable
del empeño evangelizador. En el marco
de la liturgía, la homilía es una acción evangelizadora
privilegiada. Habráemos de tener en cuenta que hoy estamos
obligados, tal vez m s que en otros momentos, a cuidar este servicio de la
homilia en favor de nuestro pueblo
cristiano, una homilía que en España es escuchada semanalmente por casi
un tercio de la población católica.
2.1. La Tradición viva en la Iglesia
Las Constituciones del Concilio Vaticano II Dei Verbum y Sacrosantum
Concilium nos sugieren el modo como
podemos incorporar el Catecismo de la Iglesia Católica a la predicación
homilética.
Nos acercamos, pues, a las enseñanzas del Concilio Vaticano II. En la
Constitución Sacrosantum Concilium se
dice que la predicación homiletica ha de hacerse a partir de los textos
sagrados (cf SC, 52), y conforme al
Espíritu que inspiró los textos. A su vez en la Constitución Dei
Verbum el Concilio señala tres criterios para una
interpretación de la Sagrada Escritura conforme al Espíritu que la
inspiró (cf DV, 12c). Así los recoge el
Catecismo de la Iglesia Católica:
* Prestar una gran atención al contenido y a la unidad de toda la
Escritura. En efecto, por muy diferentes que
sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad
del designio de Dios, del que Cristo
Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua (112).
* Leer la Escritura en la Tradición viva de toda la Iglesia. Según
un adagio de los Padres..., la Sagrada Escritura
est m s en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los
libros escritos. En efecto, la Iglesia encierra en
su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo
le da la interpretación espiritual de la
Escritura (113).
* Estar atento a la analogía de la fe. Por analogía de la fe
entendemos la cohesión de las verdades de la fe
entre sí y en el proyecto total de la Revelación (114).
Muchos son los motivos por los que se ha considerado el Catecismo de la
Iglesia Católica como un gran regalo
para los sacerdotes; no es el menor el de servir para enraízar la
homilía en la Tradición viva de la Iglesia y poder
descubrir esta riqueza al Pueblo de Dios con el humilde servicio de la
predicación. El Catecismo de la Iglesia
Católica presenta fiel y organicamente la enseñanza de la Sagrada
Escritura, de la Tradición viva en la Iglesia y
del Magisterio entero, así como la herencia espiritual de los Padres, de
los santos y santas de la Iglesia, para
permitir conocer mejor el misterio cristiano y reavivar la fe del Pueblo de
Dios...(Tiene en cuenta) las
explicitaciones de la doctrina que el Espíritu Santo ha sugerido a la
Iglesia a lo largo de los siglos... e iluminar
con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en el pasado
aun no se habían planteado (FD, 3).
En los esquemas homileticos que se proponen en esta obra, se ofrecen
citas literales y referencias del Catecismo
bajo el epígrafe: La fe de la Iglesia. Todo ello quiere ser una
ayuda para comprender los textos sagrados
recogidos en el Leccionario, en el Espíritu que los inspiró, y según
los criterios señalados por la Constitución Dei
Verbum del Concilio Vaticano II. Una orientación y guía (como
dice su título) para hallar las sugerencias
catequeticas propias de la homilía.
2.2. La confesión de la fe en lo sustancial
Las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe y para la Catequesis
han señalado en un documento
reciente Algunos aspectos de la Catequesis hoy, relacionados con el tema
de la revelación cristiana y su
transmisión, las claves fundamentales de la catequesis que tambien
pueden afirmarse de la predicación
homiletica.
Insistir en la catequesis como transmisión de la Sagrada Escritura y
de los principales documentos de la
Tradición y del Magisterio; insistir, asimismo... como memoria _en
conexión vital con la anamnesis eucarística_
o en la fe como inserción y participación en la corriente viva de la
Tradición y de su lenguaje; o insistir en la
necesidad de unas expresiones inalterables que salvaguarden la unidad,
homología (confesión) de la fe en lo
sustancial, se compadece mal con una de las tendencias de la modernidad: la
emancipación respecto de toda
instancia ajena a la razón autónoma, de toda tradición, de todo lo
dado... A partir de esta exigencia de
reinventar la autentica fe y la comunidad cristiana, pues
parece que no se est‚ seguro de que la larga
tradición de la Iglesia no la haya corrompido, no es extraño, por un
lado que el discurso catequetico se haya
fragmentado y parcializado en bastantes casos, y por otro lado, haya perdido
sustantividad, referencia a la
realidad, y regla de la fe, y se haya convertido en instrumento para
suscitar experiencias, actitudes y
compromisos pretendidamente cristianos (cf 14-15). La preocupación,
pues, por la unidad y la confesión de la fe
en lo sustancial, que es una constante en la vida de la Iglesia a lo largo de
todos los siglos es, si cabe, hoy m s
necesaria.
Los esquemas homileticos que ofrecemos expresan tambien esta
preocupación. Para responder a ella se presentan
algunos textos del Catecismo con objeto de que, de alguna manera, se formulen
en la homilía con un lenguaje
común al que se utiliza en otras actividades del ministerio de la Palabra.
2.3. Exposición organica
Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica, en cuanto exposición
de la fe de la Iglesia de un modo organico
constituye por lo mismo una valiosísima ayuda para superar la tendencia a
la fragmentación. Este Catecismo esta
concebido como una exposición organica de toda la fe católica. Es
preciso, por tanto, leerlo como una unidad.
Numerosas referencias en el interior del texto y el índice analítico al
final del volumen permiten ver en cada tema
su vinculación con el conjunto de la fe (18).
Por su parte, la homilía, debe exhortar a celebrar, orar y vivir lo que
la fe proclama, y debe relacionar
armónicamente el primer anuncio (kerigma), la exposición sistematica
(la catequesis), la exhortación a la
perseverancia en la vida cristiana (parenesis), y la comunicación con
el misterio de la presencia del Señor
(mystagogia). La homilía est destinada preferentemente a aquellos
que y an han sido llamados a la conversión y
a la fe, que la suponen al mismo tiempo que la alimentan, la robustecen y la
expresan por medio de palabras y
obras (Comisión Episcopal de Liturgia, DC, 10). Si esta es la
función de la homilía, habráíamos de saludar la
oportunidad y aún la necesidad de un instrumento que relacione
organicamente la fe profesada con la liturgia, la
vida cristiana y la oración. Este instrumento, y ciertamente de toda
garantía, es el Catecismo de la Iglesia
Católica.
En los esquemas homiléticos, se ofrece esta relación orgánica
mediante citas literales y referencias del Catecismo.
En el epígrafe: La fe, con referencias sobre todo a la primera y
segunda parte del Catecismo; y en los epígrafes
La respuesta y El testimonio cristiano con referencias también
a la tercera y cuarta parte del mismo
Catecismo, a fin de que se pueda establecer esa relación orgánica entre
lo que creemos, celebramos, vivimos y
oramos. En cada año litúrgico se contiene la sustancia viva del
Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. En el
conjunto de los tres años litúrgicos se habrá recorrido
extensivamente todo el Catecismo.
2.4. Adaptación necesaria
Finalmente, no se debe olvidar que por su misma naturaleza este
Catecismo no se propone dar una respuesta
adaptada, tanto en el contenido como en el m‚todo, a las exigencias que
dimanan de las diferentes culturas, de
edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de
aquellos a quienes se dirige la catequesis.
Estas indispensables adaptaciones corresponden a Catecismos propios de cada
lugar, y, m s aún, a aquellos que
toman a su cargo instruir a los fieles (24).
El Catecismo de la Iglesia Católica exige leerlo adaptado a los fieles
por parte de los encargados en educarles en
la fe. Esta exigencia es mayor cuando se utiliza en la predicación
homilética.
La predicación homilética que en las circunstancias actuales
resulta no raras veces dificilísima, para que mejor
mueva a las almas de los oyentes no debe exponer la Palabra de Dios sólo
de modo general y abstracto, sino
aplicar a las circunstancias concretas de la vida la verdad perenne del
Evangelio (C. Vaticano II, Presbyterorum
Ordinis, 4).
La Palabra de Dios, leída y comentada en la Tradición viva de la
Iglesia ha de realizar en el hoy-aquí-para
nosotros lo que se proclama. Esta acción es obra del Espíritu Santo.
El que predica colabora con El en cuanto
traduce y aplica a la situación y vida concreta del oyente la Palabra de
Dios proclamada.
La Palabra de Dios proclamada y concretada por la Iglesia es la Luz que
ilumina la vida personal y la comunidad
humana social donde el creyente, en comunión con la Iglesia, peregrina
hacia el encuentro con Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica, convenientemente adaptado, es un
buen instrumento para que los pastores
puedan ofrecer a los fieles la mayor de las cualidades de una predicación:
la sustancia viva de la fe de la Iglesia.
El esfuerzo de adaptación a los oyentes concretos nadie puede suplirlo.
Cada ministro de la predicación ha de
preparar gozosa y concienzudamente la homilía. En estos esquemas se
ofrecen algunas sugerencias, dentro de este
estudio de la homilía, que hacen referencia a las situaciones
humanas y a las posibles conexiones entre estas,
los textos bíblicos y el Catecismo.
La mejor preparación homilética, la m s concreta y adaptada a las
circunstancias sociales y a los destinatarios es
aquella que se gesta conducida por el Espíritu de Dios, tacitamente
o a grandes gritos, pero siempre con fuerza,
se nos pregunta ¨cre‚is verdaderamente en lo que anunciáis?
¨Vivís lo que cre‚is? ¨Predic is verdaderamente lo
que vivís? Hoy m s que nunca el testimonio de vida se ha convertido en
una condición esencial con vistas a una
eficacia real de la predicación (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 76).
EL DOMINGO (inicio)
El Domingo sólo, sin m s adjetivos ni adiciones, es la celebración
cristiana por excelencia. La fiesta primera en la
historia del cristianismo y la primera también en la valoración que la
fe y la teología hacen de las celebraciones
cristianas. Por esto, debiera renovar y desarrollar constantemente nuestra
vida en Cristo. Y tiene fuerza de gracia
para ello. Por esto, el Domingo se ha de hacer presente en la homilía.
Qué es el Domingo y Qué aporta a la homilía?
El Domingo es el condensado de la creación y de la redención en el
tiempo humano.
El Catecismo de la Iglesia Católica desarrolla con profundidad esta
verdad de la fe y la teología. En el Domingo
se recogen, como los rayos del sol en una lente, las riquezas infinitas de la
comunicación de Dios a la humanidad.
Por un lado, el Sabbat [es] la culminación de la obra de los seis
días (345), expresión literaria de la creación. Y
Dios descansó en ese día, en versión humana, se sintió
feliz, y lo santificó y bendijo, lo hizo su Día y lo llenó
de sus dones, hasta de sí mismo, por esto, lo bendijo. Así se comprende
que todo en la creación est hecho con
miras al Sabbat y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios (347),
en definitiva al descanso y a la felicidad, a
la contemplación del culto y a la adoración.
Pero... ha surgido un nuevo día: el día de la resurrección de
Cristo. El septimo día acaba la primera creación. Y
el octavo día comienza la nueva creación. Así la obra de la
creación culmina en otra todavía m s grande: la
Redención. La primera creación encuentra su sentido y cumbre en la
nueva creación en Cristo, cuyo esplendor
sobrepasa a la primera (cf MR, Vigilia pascual 24, oración despues de
la primera lectura) (349).
Cómo prescindir del Domingo al explicar y aplicar la Palabra que hizo
la creación y la nueva creación? El
Domingo da a la homilía los acentos vivos y profundos en los que resuena
toda la obra de Dios por nosotros.
Cada perícopa evangélica est situada en el gran marco de la obra de
Dios. Las verdades de la fe dejan de ser
meras afirmaciones dogm ticas y los imperativos evangélicos meras
exigencias, para convertirse en momentos de la
inmensa armonía de la creación y de la nueva creación, cuyo
primog‚nito es nuestro Señor Jesucristo, muerto por
nosotros y resucitado para nosotros, inicio de la nueva creación.
En dos páginas no se puede agotar el Domingo. Pero lo expuesto es la
base que sustenta todo desarrollo de la fe
y la teología del Día del Señor. Así, por ejemplo, la asamblea de
la Iglesia reunida por todo el mundo (1167.
1343s. 2177ss) para la celebración de la Eucaristía dominical se
explica desde el primer Domingo, el de la
Resurrección, el Día Primero de la nueva creación, que se prolonga
en los sucesivos Domingos, hasta que Cristo
vuelva visiblemente.
Condiciones para celebrar el Domingo
Para que el Domingo cale en celebrantes y fieles, como para que cale en el
pueblo cristiano la vida sacramental
de la Iglesia, son imprescidibles: un elemental sentido de oración y un
también elemental sentido simbólico.
Quien no ora no puede entrar en el Domingo, lo soportar como una
obligación. Cuando algunos fieles dicen que
les aburre la Misa, y se les pregunta por el tiempo que dedican a orar en su
vida, la respuesta bastante negativa
explica que no entren, que no les diga nada, un acto que es oración.
Quien no cae en la cuenta de los valores humanos decisivos de los
símbolos, que son los sacramentos, podrá orar
en Misa pero no orar la Misa. Los símbolos sacramentales son la
aproximación a nosotros de los grandes valores
de la vida, que superan lo cotidiano, y aun los momentos m s densos que se
agotan en este mundo. Los símbolos
sacramentales, y entre ellos el Domingo, nos acercan las realidades que ni
el ojo vió ni el oído oyó ni humano
entendimiento puede comprender lo que Dios ha preparado a los que le aman
(1Co 2,9).
Para una profundización de la fe y la teología sobre el Domingo,
veanse Conferencia Episcopal Española, El
domingo, fiesta primordial de los cristianos (1981) y Domingo y Sociedad
(1995).
ESQUEMA GENERAL DEL AÑO A (inicio)
Tiempo litúrgico
Enfoque
Objetivo
1. ADVIENTO
La esperanza se apoya en la fe.
Preparar los caminos del Señor porque es fiel a sus promesas.
2. NAVIDAD
Un Niño nos ha nacido (Navidad); un Hijo se nos ha dado (Maternidad de
María); Dios se nos ha manifestado
(Epifanía).
El asombro ante el Misterio de la Palabra hecha carne no descarta la ternura
ante un Niño.
3. CUARESMA
Catecumenado para renovar nuestro Bautismo y sus exigencias.
La Cruz ilumina el camino hacia la Pascua.
4. SANTO TRIDUO PASCUAL
La entrega de Cristo en el amor, el Pan y la Cruz.
Contemplar el Misterio de la Cruz y dejarse invadir por el Crucificado
y el Resucitado.
5. TIEMPO PASCUAL
El Resucitado, fundamento de nuestra Resurrección.
Predicar a Jesús, vencedor de la Muerte para proclamar la vida de su
Iglesia.
6. TIEMPO ORDINARIO
El Reino de Dios y sus compromisos.
Presentar el Reino de Dios:
* En su dimensión salvadora.
* Como raíz de la ‚tica cristiana.
* Como espeanza de plenitud.
INTRODUCCION AL ADVIENTO (inicio)
Para ser del todo fieles al propósito de este trabajo, hemos de mirar al
Adviento desde una doble perspectiva: la
de la liturgia y la del pensamiento de la Iglesia expresado en el Catecismo.
El contenido de los cuatro domingos
previos a la Navidad es suficientemente explícito para que de ellos
saquemos la conclusión de que la Iglesia nos
invita a una espera y a una esperanza. A una espera porque se anuncia la
venida al fin de los tiempos, algo así
como una tensión permanente entre el ya y el todavía no.
Eso se llama dar sentido verdaderamente
escatológico a la vida cristiana. El ya nos convence de que Jesús
ha venido ya, que est entre nosotros, que la
Redención objetiva est ya realizada, pero que todavía no se
ha consumado. Y por eso estamos a la espera.
Pero este ya nos invita a algo m s. A que la presencia de Jesús
en medio del mundo, muchas de cuyas
estructuras aún est n alejadas del Evangelio, sea m s notoria por
medio de sus testigos. Si el creyente est
convencido de que el Reino de Dios ha venido, y que est en medio de
nosotros, que la Iglesia es la verdadera
portadora de los signos que lo anuncian y lo hacen presente, entonces est
en tensión para descubrir los signos
de los tiempos.
Es precisamente en este punto donde se tocan la venida histórica de
Cristo hace 20 siglos y el saber aguardar su
presencia de salvación, hoy como ayer y como siempre. La primera no la
repetimos, porque ya ha venido; la de
hoy la actualizamos en una liturgia que nos invita a despertar de nuestro
sueño, a estar en vela, a levantar
la cabeza porque se acerca nuestra liberación.
Y es que el anuncio de Cristo de que el Reino de Dios est cerca
podráíamos entenderlo como que nos esta
dando siempre alcance. Porque lo que así sucede ha llegado, pero no del
todo.
Anticipar la Parusía de Cristo (Domingo XXXIII y I Adviento) es
descubrir entre nosotros las señales de
salvación. Es sentir sobre nosotros el Juicio salvador, pero que nos hace
mirar a lo íntimo de nuestras vidas, para
descubrir en ellas los espacios aún vacíos de Dios, las esferas de
nuestra existencia aún no inundadas por la
conversión cristiana.
La perenne actualidad de la salvación traida por Cristo nos es
presentada precisamente así por la liturgia: Hoy
sabr‚is que viene el Señor y mañana ver‚is su gloria (Vigilia
de Navidad).
Y todo teniendo por delante unas semanas inmediatamente previas a la
Navidad. Es de temer que haya sido esto
precisamente lo que en nuestro tiempo haya restado importancia al Adviento.
La inminente Navidad y lo que
lleva consigo tienen la suficiente fuerza como para oscurecer este tiempo.
Sobre todo en España, donde no
contamos con signos externos propios, como sucede, por ejemplo, en Alemania
(el Adventskranz) con la Corona
y las velas que son una forma muy pl stica de crear clima de
espectación ante lo que se aproxima.
La esperanza a la que se nos convoca tiene un horizonte m s amplio.
Abarca realmente toda nuestra existencia;
pero se hace m s patente en estas fechas.
La esperanza, apoyada en la fe, afirma que el mismo Cristo, cuya venida en
carne conmemoramos ahora, vendra a
en Majestad al fin de los tiempos. Es como una invitación a mirar el
presente desde el futuro de Dios. Es afirmar
rotunda e incuestionablemente que el futuro es de El y no del hombre. Que es
El el dueño de la historia. Pero
que nos la ha entregado en nuestras manos para que nos salvemos desde ella
pero no en ella. Porque la salvación
plena no es ni est en este mundo. La salvación meramente intramundana,
tan apreciada desde los filósofos de la
sospecha, es, desde la óptica cristiana, una pretensión vana. Pero,
lejos de nosotros cualquier desentendimiento de
la realidad creada o cualquier genero de alienación, estamos llamados a
trabajar, a esforzarnos, a hacer presente
la gratuidad del Dios que nos envía a su Hijo en nuestra condición
humana para participar de nuestra peripecia
humana, pero para hacerla salvadora solamente por El y desde El.
El creyente cristiano, la Iglesia entera, se esfuerza, evangeliza, promueve
al hombre nuevo, desde la esperanza y
por ella. Desde ella porque sabe que es misión encomendada y que Dios
dar el incremento; por ella porque
sólo ella puede impulsar y ayudar a superar las dificultades de un mundo
para el que la venida de Cristo no es
en gran medida noticia. Sentir hambre de Dios y advertir los vacíos que
hay en la vida y que sólo Dios puede
llenar, es precisamente la misión de quien vive de la esperanza.
Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (524) que al celebrar
anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia
actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación
de la primera venida del Salvador, los fieles
renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida. Concisa y exacta manera
de resumir cuanto venimos diciendo.
Hay una serie de personajes, aludidos constantemente por la liturgia de
estas semanas, y cuya cooperación a la
venida del Salvador queda verdaderamente resaltada: Isaías, Juan Bautista
y la Santísima Virgen. Cada uno con
un papel distinto y todos llamados a preparar los caminos del Señor,
m s de lejos o m s de cerca. Desde el
anuncio, cuyo asombroso contenido habráía dejado verdaderamente atónito
al Profeta de haber penetrado hasta su
hondísima significación: La Virgen est en encinta y da a luz un
hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que
significa Dios-con-nosotros), hasta la invitación del Precursor, a que
se allanen los senderos, se eleven los valles
y desciendan los montes y colinas para que toda carne vea la
salvación de Dios, todo nos habla de un futuro
interpretado y leído sólo desde Dios, autor de toda esperanza de
salvación.
Y la figura de María, recogiendo en sí misma toda la esperanza del
pueblo de la Antigua Alianza, como parte del
resto de Israel y del nuevo Pueblo de Dios, pronosticando la novedad en
el canto del Magníficat. La
solemnidad de la Inmaculada, actualización de la preparación por parte
de Dios de la digna morada de su
Hijo, y, sobre todo, los días de las antífonas O (desde el 17 de
Diciembre), días marianos por excelencia en
toda la liturgia anual, nos traen a la memoria el papel primordial de quien
fue fiel a la Palabra y pronunció el
fiat que abrió las puertas de nuestro mundo al Salvador de todos los
pueblos. Como se dice en la Constitución
Gaudium et Spes, 55: María sobresale entre los humildes y los pobres
del Señor, que esperan de ‚l con
confianza la salvación y la acogen. Finalmente con ella, excelsa hija de
Sión, despues de la larga espera de la
promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación
(489).
ESQUEMA DE ADVIENTO (inicio)
Domingos y
Solemnidades
Lecturas
Catecismo de la Iglesia
Católica
I
Esperar al Señor y preparar sus caminos
Is 2,1-5: El Señor reúne a todos los pueblos...
Rm 13,11-14: Nuestra salvación est cerca
Mt 24,33-44: Estad en vela para estar preparados
Esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva: 1042. 1044. 1045
Vigilancia ante el Reino: 1001. 2612
II
El Señor nos llama a la conversión
Is 11,1-10: Con equidad dar sentencia al pobre
Rm 15,4-9: Cristo salvó a todos los hombres
Mt 3,1-2: Se acerca el Reino de Dios
Cada cristiano ejerce unas funciones: 1884. 1885
Preparativos de la venida de Cristo: 522. 523
III
Nuestro futuro es de Dios
Is 35,1-6.10: Dios vendra y nos salvar
St 5,7-10: Manteneos firmes
Mt 11,2-11: ¨Eres tú el que ha de venir...?
La Transformación del mundo: 1047. 1048
Dios tiene casa entre nosotros: 1044
IV
Las grandes maravillas de la salvación sólo pueden venir de Dios
Is 7,10-14: La Virgen concebir
Rm 1,1-7: Jesucristo, de la estirpe de David...
Mt 1,18-24: Jesús nacer de la casa de David
Estamos llamados a la santidad: 2012. 2013
María, siempre Virgen: 499. 450
INMACULADA CONCEPCIóN
!Salve! Llena de gracia, el Señor est contigo
Gn 3,9-15.20: Establezco hostilidades entre ti y la mujer
Ef 1,3-6.11-12: Dios nos eligió en la persona de Cristo
Lc 1,26-38: Al‚grate, llena de gracia
La Inmaculada Concepción: 590-593
Anunciación: 494
Lucha contra el pecado: 40
DOMINGO I DE ADVIENTO (inicio)
Esperar al que viene a hacer nuevas todas las cosas es empezar a sentirse
renovado
I. LA PALABRA DE DIOS
* Is 2,1-15: El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna del
Reino de Dios
* Sal 121,1-2.3-4a(4b-5.6-7).8-9: Vamos a la casa del Señor
* Rm 13,11-14: Nuestra salvación est cerca
* Mt 24,37-44: Estad en vela para estar preparados
II. APUNTE BIBLICO-LITÚRGICO
* Isaías contempla desde Sión la ciudad santa abriendo una nueva
esperanza por la próxima intervención
salvadora de Yav‚.
* Dios ser el centro de atención de todos los pueblos, centro de
instrucción sobre la Ley.
* Yav‚ inaugura una nueva etapa de salvación.
* Lo viejo est pasado; lo nuevo se nos echa encima. La vigilancia
cristiana _actitud tan destacada en la lectura
evangélica_ no es mirar en todas direcciones adivinando dónde pueda
estar el enemigo, sino mantenerse alerta
para descubrir los signos del Reino de Dios en el mundo.
III. SITUACION HUMANA
* Lo cristiano no es esperar a que nos den hecha la historia. Cuando el
creyente se compromete con ella est
haciendo presente la salvación de Dios, no la que ‚l fabrique. Lo
alienante es quedarse quieto; lo evangélico es
trabajar por el Reino de Dios. Cuando alguien sabe que el Reino de Dios viene
de l, no est afirmando lo
obvio: est dando muestras de no inventarse el Reino de Dios. No nos
faltan ocasiones para tomar el pulso a la
realidad circundante. Pero el reto cristiano es que ahí precisamente se
hace la salvación por Dios y su Reino.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe
_La esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva:
Al fin de los tiempos el Reino de Dios llegar a su plenitud.
Despues del juicio final, los justos reinar n para
siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo
ser renovado (1042).
En este ``universo nuevo'' (Ap 21,5), la Jerusal‚n celestial, Dios
tendra su morada entre los hombres. ``Y
enjugar toda l grima de su ojos, y no habrá ya muerte ni habrá
llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo
ha pasado'' (Ap 21,4) (1044; cf 1045).
_ El juicio suceder cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre
conoce el día y la hora en que tendra lugar,
sólo l decidir su advenimiento. Entonces, l pronunciar por
medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva
sobre toda la historia (1040; cf 1038. 1039. 1040).
* La respuesta
_ La vigilancia ante el Reino de Dios:
Mirado positivamente, el combate contra el yo posesivo y dominador
consiste en la vigilancia. Cuando Jesús
insiste en la vigilancia, es siempre en relación a l, a su Venida, al
último día y al ``hoy''. El esposo viene en
mitad de la noche; la luz que no debe apagarse es la de la fe: ``Dice de ti
mi corazón: busca su rostro'' (Sal
27,8) (2730; cf 1001).
* El testimonio cristiano
_ La espera de una tierra nueva no debe amortiguar sino m s bien
avivar la preocupación de perfeccionar esta
tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de
alguna manera anticipar un vislumbre
del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso
temporal y crecimiento del Reino
de Cristo, sin embargo, el primero en cuanto puede contribuir a ordenar mejor
la sociedad humana, interesa en
gran medida al Reino de Dios (GS 39) (1049).
Vivir el Adviento es vivir de y para la esperanza. De ella en cuanto apoyo;
para ella en cuanto preparación de los
caminos del Señor.
DOMINGO II DE ADVIENTO (inicio)
El que viene a cambiar todo, nos llama a convertirnos a El
I. LA PALABRA DE DIOS
* Is 11,1-10: Con equidad dar sentencia al pobre
* Sal 71,2.7-8.12-13.17: Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente
* Rm 15,4-9: Cristo salvó a todos los hombres
* Mt 3,1-12: Haced penitencia, porque se acerca el Reino de Dios
II. APUNTE BIBLICO-LITÚRGICO
* La situación del pueblo de Israel no condiciona para nada los proyectos
de salvación de Dios. Por encima de
todo brotar un renuevo del tronco de Jes‚, un v stago
florecer de su raíz.
* Las im genes pastoriles son la prueba de que hasta del realismo m s
contundente Dios hace nacer la utopía.
* ¨Y que son todas esas promesas comparadas con la fidelidad de Dios en
Cristo que se hizo servidor de los
judíos precisamente para probarla?
* Dos reproches de Juan a los fariseos: que son inaccesibles al juicio de
Dios y que viven de la seguridad que les
proporciona el ser hijos de Abraham. El juicio va a llegar ya, y lo que
desde ahora cuenta es la actitud de
conversión ante el Reino que nos est dando alcance.
III. SITUACIÓN HUMANA
* La decepción ante lo que tenía que cambiar y sigue igual es propia de
quienes hacen poco por la novedad. La
novedad en sí misma no es nada. La novedad es siempre obra de
hombres nuevos. El Hombre-Nuevo por
excelencia, Jesucristo, es el primer renovador.
* Los que sueñen con un mundo renovado con la sola fuerza de la propia
inmanencia del hombre, tienen aquí
una gran oportunidad de reconocer su error.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe
_ Dios entrega a cada cristiano las funciones que es capaz de ejercer:
Dios no ha querido retener para ‚l solo el ejercicio de todos los
poderes. Entrega a cada criatura las funciones
que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza.
Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social (1884; cf 1885.
1888).
_ El sacramento de la Penitencia como anticipo del Juicio Final: 1470.
_ Preparativos de la venida de Cristo al mundo:
Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta
espera del Mesías: participando en la
larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan
el ardiente deseo de su segunda venida.
Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al
deseo de ‚ste: ``Es preciso que l crezca
y que yo disminuya'' (Jn 3,30) (524; cf 522. 523).
* La respuesta
_ El Reino de Dios est cerca; convertíos:
Jesús llama a la conversión. Esta llamada es una parte esencial del
anuncio del Reino:
``El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est cerca; convertíos y
creed en la Buena Nueva'' (Mc 1,15)
(1427; cf 1428).
* El testimonio cristiano
_ La Iglesia ... sólo llegar a su perfección en la gloria del
cielo ... cuando llegue el tiempo de la restauración
universal y cuando, con la humanidad, también el universo entero, que
est íntimamente unido al hombre y que
alcanza su meta a trav‚s del hombre, quede perfectamente renovado en
Cristo (LG 48) (1042).
_ No hay cosa a Dios m s contraria que el corazón que bien se
parece porque no tiene vaso en que Dios eche
las riquezas de su misericordia, y Quédase en su propia bajeza y sequedad
por no quererse abajar, para que
corran en ‚l las aguas de la gracia de Dios (San Juan de µvila,
Epist. 85).
La conversión cristiana tiene como punto de partida al Señor que viene
y como punto de llegada al Señor que
resucitar .
DOMINGO III DE ADVIENTO (inicio)
Los que han puesto en Cristo su esperanza no conocen el miedo porque Cristo es la garantia de nuestro presente y de nuestro mañana
I. LA PALABRA DE DIOS
* Is 35,1-6a.10: Dios vendra y nos salvará
* Sal 145,6-10: Ven, Señor, a salvarnos
* St 5,7-10: Manteneos firmes porque la venida del Señor est
cerca
* Mt 11,2-11: ¨Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a
otro?
II. APUNTE BIBLICO-LITÚRGICO
* Las calamidades y el dolor habían sumido a Israel en la pesadumbre y el
des nimo. El Profeta anuncia que el
poder de Yav‚ traer un nuevo estado de cosas. Mucho de lo que
Isaías anuncia lo realizó Jesús. Pero lo que
importaba entonces es que el ansia de un futuro nuevo mantuviera la
ilusión del mañana.
* Santiago ha afirmado: No sab‚is Qué ser vuestra vida mañana
y va a fiar al si Dios quiere el futuro de los
cristianos (única vez en toda la Biblia que se usa la fórmula tan
popular entre nosotros, si Dios quiere). Y con
el anuncio de que el Señor est cerca invitar a la esperanza y a la
fortaleza a los que sufren.
* Al elogiar a Juan, Jesús quiere dirigir su mirada m s lejos: a pesar
de todo, el Bautista est en la antesala
del Reino; los que creemos en Jesucristo estamos dentro del todo. Y por eso
somos m s importantes.
III. SITUACIÓN HUMANA
* Nuestra sociedad puede ser calificada de lo inmediato, es decir, de
lo que se tiene a mano, porque del futuro
nadie se fía.
* Vivir el día a día se opone a la mirada hacia el mañana, porque se
le teme. No se sabe muy bien por Qué;
pero se tiene miedo al futuro. Este miedo conoce muchas formas de ser
combatido. Una de ellas es la creciente
afición por el esoterismo y las ciencias ocultas. La vieja tentación
del G‚nesis sigue en pie.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe
_ El destino del mundo es ser transformado:
Así pues, el universo visible también est destinado a ser
transformado, a fin de que el mundo mismo restaurado
a su primitivo estado, ya sin ningún obst culo est‚ al servicio de
los justos, participando en su glorificación en
Jesucristo resucitado (1047; cf 1048. 1050).
_ En este universo nuevo, Dios tendra su casa entre los hombres: 1044.
1045.
* La respuesta
_ Dios da a los suyos el tiempo de salvación para que se
conviertan:
El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a
los hombres todavía ``el tiempo favorable, el
tiempo de salvación'' (2 Co 6,2). Inspira el santo temor de Dios.
Compromete para la justicia del Reino de Dios.
Anuncia la ``bienaventurada esperanza'' (Tt 2,13) de la vuelta del Señor
que ``vendra para ser glorificado en sus
santos y admirado en todos los que hayan creido'' (2 Ts 1,10) (1041; cf
2854).
_ Conversión de la sociedad a la jerarquía de valores: 1886. 1887.
1888. 1889.
* El testimonio cristiano
_ Juan era en todo parecido a Cristo. La voz o la palabra es la
representación de la idea. Juan representaba en
todo a Cristo. Le anunciaron los ngeles, nació de una mujer est‚ril
.... Así deben ser los predicadores cristianos.
Libres de toda preocupación, han de predicar no sólo con su palabra,
sino con su vida, luz del mundo y sal de la
tierra (San Roberto Belarmino, Sermón sobre el Bautista).
_ Líbranos de todos los males, Señor, y conc‚denos la paz en
nuestros días, para que, ayudados por tu
misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda
perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo (Misal Romano, Embolismo) (2854).
Cuando el hombre se cree dueño del futuro, este se vuelve contra ‚l;
cuando la fe le convence de que es Dios, se
convierte en salvación.
DOMINGO IV DE ADVIENTO (inicio)
"
La maternidad virginal de María y la salvación sólo pueden venir deDios"
I. LA PALABRA DE DIOS
* Is 7,10-14: "La Virgen concebirá"
* Sal 23,1-6: "Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la Gloria"
* Rm 1,1-7: "Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios"
* Mt 1,18-24: "Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo
de David"
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
* La permanencia del pueblo de Dios está apoyada en la promesa de venida
del Dios del pueblo. Una cosa es
que Dios se haga historia con el hombre y otra que el hombre deshaga o
destruya la historia de Dios con Él.
* La virginal gravidez de la Virgen será signo de salvación porque de
ella nacerá el "Dios-con-nosotros". Como si
hasta María, Dios fuera "simplemente" Dios, y desde María,
"Dios-con-nosotros".
* San José es el ejemplo de quienes saben que hay situaciones vitales que
exigen una decisión fundamental desde
una "lectura" de fe; que no pueden ser tomadas desde la desnuda voluntad
humana, sino desde la que se decide
desde Dios.
III. SITUACIÓN HUMANA
* Las muestras de prepotencia de las que hace gala el hombre de hoy se ven
muchas veces frenadas por la
frustración. La sensación de fracaso no suele ser para muchos
ocasión de buscar soluciones por otro camino,
incluído el de la trascendencia, sino para insistir una y otra vez en la
oferta de soluciones para la historia
creyéndose salvadores de todo.
* A veces ocurre que los grandes pensamientos o proyectos humanos son
sometidos a prueba por el Evangelio,
cuando es leído desde la fe; sin embargo ha de animarnos la convicción
de que la fe, lejos de destruir la iniciativa
del hombre, le ayuda a descubrir caminos nuevos e insospechados.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe
_ Cristo, concebido por obra del Espíritu Santo:
"Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una
obra divina que sobrepasa toda comprensión y
toda posibilidad humanas: ``Lo concebido en ella viene del Espíritu
Santo'', dice el ángel a José a propósito de
María, su desposada (Mt 1,20)" (497; cf 496).
_ María, siempre Virgen: 499. 500. 501. 503.
* La respuesta
_ La oración en comunión con la Santa Madre de Dios:
"A partir de esta cooperación singular de María a la acción del
Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la
oración a la santa Madre de Dios, centrándola sobre la persona de
Cristo manifestada en sus misterios. En los
innumerables himnos y antífonas que expresan esta oración, se alternan
habitualmente dos movimientos: uno
``engrandece'' al Señor por las ``maravillas'' que ha hecho en su humilde
esclava, y por medio de ella, en todos
los seres humanos; el segundo confía a la Madre de Jesús las
súplicas y alabanzas de los hijos de Dios ya que ella
conoce ahora la humanidad que en ella ha sido desposada por el Hijo de
Dios" (2675; cf 2673. 2674).
_ Todos los fieles estamos llamados a la santidad: 2012. 2013.
* El testimonio cristiano
_ "Merced a este vínculo especial que une a Cristo con la Iglesia, se
aclara mejor el misterio de aquella mujer
que, desde los primeros capítulos del libro del Génesis hasta el
Apocalipsis, acompaña la revelación del designio
salvífico de Dios respecto a la humanidad. Pues María, presente en la
Iglesia como Madre del Redentor, participa
maternalmente en aquella dura batalla contra el poder de las tinieblas que se
desarrolla a lo largo de toda la
historia humana" (Juan Pablo II, RM, 47).
El creyente no puede "acostumbrarse" nunca a las maravillas de Dios. El
asombro forma parte de la fe porque
certifica que la salvación y sus manifestaciones sólo pueden tener a
Dios por autor.
LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (inicio)
(8 de Diciembre)
"
Salve, llena de gracia, el Señor está contigo"
I. LA PALABRA DE DIOS
* Gn 3,9-15.20: "Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre su
estirpe y la tuya"
* Sal 97,1.2-3ab.3c-4: "Cantad al Señor una cántico nuevo, porque ha
hecho maravillas"
* Ef 1,3-6.11-12: "Dios nos eligió en la persona de Cristo antes de
crear el mundo"
* Lc 1,26-38: "Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo"
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
* El relato de la Anunciación a María pertenece al género
"midráshico", ya que S. Lucas confronta los textos
antiguos con la propia venida de Cristo.
Y vemos cómo la Virgen es la nueva Hija de Sión a la que Yavé
renueva con su amor, según Sofonías; es la llena
de gracia (Isaías); el resto que regresa de la cautividad y sobre el que
ha brillado la luz divina (Isaías); el templo
que rebosa de la gloria de Dios, según Ageo.....
* Sin dejar de pensar en el Adviento, marco en el que se celebra esta gran
festividad, hacemos notar que en
María tiene lugar el gran encuentro de Dios con la humanidad.
* Aunque la humanidad cometa el primer pecado, Dios no se olvida de su
misericordia. Pero ya se plantea
entonces una batalla contra el mal, en la que a María le tocan las
primicias de la victoria. Por eso, el misterio de
la Inmaculada nos anuncia que hay un plan de regeneración total, que ha
comenzado en María.
III. SITUACIÓN HUMANA
* El hombre sabe de su propia grandeza. Pero, siendo consciente de lo que
vale, no lo es tanto de sus
limitaciones y le cuesta mucho reconocerlas. Y aunque sepa que es el autor de
sus propios éxitos, no es tan
consciente de sus fracasos. Y suele buscar un culpable. Y casi siempre acaba
echando las culpas a quien le ha
hecho grande.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe
_ La Iglesia confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción:
"...La Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha
del pecado original en el primer
instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios
omnipotente, en atención a los méritos de
Jesucristo, Salvador del género humano (Pío IX)" (491; cf 490. 492.
493).
_ La Anunciación: "Hágase en mí....": 494.
* La respuesta
_ Ella es nuestra Madre en el orden de la gracia:
"Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de
su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo,
la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por
eso es ``miembro muy eminente y del
todo singular de la Iglesia'', incluso constituye la figura (``typus'') de la
Iglesia (LG 63)" (967; cf 968. 969. 970).
_ El culto a la Santísima Virgen: 971.
_ Lucha contra el pecado...un duro combate: 40.
* El testimonio cristiano
_ "Ella, en efecto, como dice san Ireneo, ``por su obediencia fue causa
de la salvación propia y la del todo
género humano''. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación,
coincidieron con él en afirmar ``el nudo
de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que
ató la virgen Eva por su falta de fe lo
desató la Virgen María por su fe''. Comparándola con Eva, llaman a
María ``Madre de los vivientes'' y afirman
con mayor frecuencia: ``la muerte vino por Eva, la vida por María'' (LG
56)" (494).
La Iglesia contempla y celebra gozosa a la Virgen Inmaculada porque ve en
ella la imagen que Jesucristo quiere
de ella misma: limpia, pura, sin mancha ni arruga, preparada para el Esposo
que llega.
INTRODUCCIÓN A LA NAVIDAD (inicio)
El paso del Adviento a la Navidad es, desde el punto de vista litúrgico,
tan extraordinariamente rápido, que
apenas da tiempo a tomar conciencia de la situación totalmente distinta
que se crea a la luz de los textos y del
clima de las celebraciones. Acaso haya que decir que nos damos cuenta
demasiado pronto. Se ha sobrepuesto el
clima exterior de tal manera a la liturgia, que difícilmente podemos
soslayarlo.
No obstante, hemos de fijar perfectamente la frontera entre unas
celebraciones y otras.
Toda la liturgia de estos días gira en torno a la gran noticia: "La
Palabra se ha hecho carne y ha puesto su
tienda entre nosotros". La misma noticia, pero más sobria y menos
solemnemente enunciada es la del comienzo
de la Carta a los Hebreos: "En estos días nos ha hablado por su Hijo".
Este primer núcleo encierra a su vez otros aspectos que las distintas
fechas se encargan de subrayar: Hijo de Dios
e Hijo del Hombre, Encarnado en el seno de María Virgen y manifestado al
mundo.
La condición humana, hermanada con la de Dios a través de Cristo, es
la consecuencia que las Misas de la
Navidad destacan, especialmente las de "Aurora" y del día de Navidad.
Junto a eso, y como encadenado con lo
anterior, la luz que ha irrumpido en el mundo rompiendo la tiniebla es otra
noticia que invita a la alegría
navideña (Ambas ideas se enlazan perfectamente en el Prefacio I de la
Navidad).
En el prólogo del IV Evangelio, San Juan usa el siguiente método:
resalta la condición divina del Verbo, "por
quien han sido hechas todas las cosas" y desciende luego haciéndole
presente como Palabra que ha puesto su
casa entre nosotros.
La liturgia de Navidad procede de modo parecido. El gran Dios nacido en
Belén es el Hijo del Hombre venido a
través de María, Madre de Dios, mostrándonos a sí el amor del
Padre enviando al Hijo "pereciéndose a nosotros
en todo, menos en el pecado".
Que la Virgen Santísima aparezca venerada como Madre de Dios, y mediante
la cual ha hecho su entrada en el
mundo, es lo que provoca en el creyente otra sensación de
estupefacción. Y conste que la liturgia, así vivida,
nunca deja de surtir sus efectos, porque jamás aburre, por muy repetida
que la hallemos.
El misterio de la profunda vinculación entre la Madre y el Hijo y el
profundo amor del Padre, que para salvar a
la humanidad ha elegido a una Mujer de entre nosotros para traer la
salvación por Jesucristo, hace de la
Solemnidad de la Madre de Dios, la fiesta de la Encarnación en cuanto tal,
es decir, el misterio de la Palabra
hecha carne por medio de María.
Si en la Navidad se celebraba fundamentalmente el nacimiento, el día 1
de Enero se actualiza la donación. No
estaría mal recuperar, ahora en lengua vernácula para que sean
entendidas por el pueblo, las palabras que en
otro tiempo acompañaban a la adoración del Niño en nuestros templos
tras las misas navideñas. En Navidad,
"Christus natus est nobis, Venite adoremus"; y el día de la
Maternidad, "Christus datus est nobis".
El tercero de los momentos señalados se encuentra en la Epifanía. Es
la manifestación ostensible y pública,
universal de Cristo a todas las naciones. España es uno de los pocos
lugares que concede caracter festivo a este
día, pero no por eso se destaca la condición que señalamos. Es este
un día en que la predicación va por
derroteros muy distintos de los que la gente vive. Es el día de los
regalos y resulta difícil la celebración por falta
de sintonía. Tal vez sea el final del ciclo, la fiesta del Bautismo del
Señor, la ocasión de subrayar lo que no se
haya podido en Epifanía.
Queda, sin embargo, un dato de gran relevancia en estos días y de cuya
trascendencia es preciso hacernos eco en
nuestra predicación: El Nombre de Jesús y el Emmanuel
"el-Dios-con-nosotros". El Catecismo de la Iglesia
Católica, entre los números 430 y 435, expone la doctrina acerca del
mismo. Desde la apelación a la "salvación"
como contenido fundamental de tal denominación, hasta la constante
invocación en la oración de la Iglesia, el
Catecismo va desgranando la gran riqueza de contenido de este
"Nombre-sobre-todo-nombre", ya que "no hay
bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos
salvarnos".
Tradicionalmente se ha celebrado el primero de Enero la fiesta del
Emmanuel. Y, sin salirse para nada de la
gran solemnidad de la Maternidad divina, es bueno poner de relieve este
acercamiento de Dios hacia nosotros.
Presentando la Navidad como la culminación de las promesas de Dios,
mediante las que se iba haciendo presente
en medio del pueblo elegido y prometía a la vez una presencia mayor y
definitiva que sólo con la venida de
Cristo el mundo ha entendido del todo, puede hacerse alusión a esta venida
y esta presencia que deja
verdaderamente pálidas las promesas, porque jamás podía mente humana
imaginar semejante muestra de vecindad
de Dios para con su pueblo: "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a
su Hijo Unigénito".
ESQUEMA DE NAVIDAD NAVIDAD (inicio)
Solemnidades
y domingos
Lecturas
Catecismo de la Iglesia Católica
NAVIDAD. (Vigilia)
"
Veréis la gloria del Señor"
Is 62,1-5: "El Señor te prefiere a ti"
Hch 3,16-17.22-25: "Pablo da testimonio de Cristo"
Mt 1,1-25: "Genealogía de Jesucristo, hijo de David"
Consecuencias del pecado en el hombre: 402-406
Dios no abandona: 410. 441
NAVIDAD. (Misa de medianoche)
"
Hemos visto la Luz del Señor"
Is 9,2-7: "Un Hijo se nos ha dado"
Tit 2,11-14: "Ha aparecido la gracia de Dios"
Lc 2,1-14: "Hoy os ha nacido un Salvador"
El Misterio de la Navidad: 525. 526
Los cristianos hijos de la luz: 736
NAVIDAD. (Misa del día)
La Palabra se ha hecho carne
Is 52,7-10: "La tierra verá la victoria de Dios"
"Hb 1,1-6: "Dios ha hablado por su Hijo"
Jn 1,1-18: "La
Palabra se ha hecho carne"
Para qué se ha hecho carne el Verbo: 456-460
Hijos de Dios por la gracia: 1996
SAGRADA FAMILIA
"
La familia, obra de Dios"
Eclo 3,3-7.14-17a: "El que teme al Señor honra a sus padres"
Col 3,12-21: "La vida de familia vivida en el Señor"
Mt 2,13-15.19-23: "Toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto"
La Familia en el plan de Dios: 2201-2203
La familia, célula original de la vida social: 2207
Familia y sociedad: 2209-2211
Solemnidades y domingos
Lecturas
Catecismo de la Iglesia Católica
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
!Salve, tú que diste a luz al Rey!
Num 6,22-27: "Invocarán mi nombre... y los bendeciré"
Gal 4,4-7: "Dios envió a su Hijo nacido de una Mujer"
Lc 2,16-21: "... le pusieron por nombre Jesús"
María, escogida para Madre de Dios: 488
Jesús, "Dios salva": 430
DOMINGO II DE NAVIDAD
Dios nos habla y nos salva por Jesucristo
Eclo 24,1-4.12-16: "La sabiduría habita en el pueblo"
Ef 1,3-6.15-18: "Nos predestinó a ser hijos de Dios"
Jn 1,1-18: "La Palabra se ha hecho carne..."
Jesucristo, Dios y Hombre: 464. 465
Jesucristo, manifestación de la verdad de Dios: 2466
EPIFANÍA DEL SEÑOR
"
Los pueblos caminan a la luz del Señor"
Is 60,1-6: "La gloria del Señor amanece sobre tí"
Ef 3,2a.5-6: "Los gentiles son también herederos"
Mt 2,1-12: "Venimos de Oriente a adorar al Rey"
Epifanía: 528
La salvación viene de Cristo por la Iglesia: 846
BAUTISMO DEL SEÑOR
"
Éste es mi Hijo muy amado. Escuchadlo"
Is 42,1-4.6-7: "Mirad a mi Siervo a quien prefiero"
Hech 10,34-48: "Dios ungió a Jesús mediante el Espíritu"
Mt 3,13-17: "Apenas se bautizó Jesús, descendió el Espíritu"
El Bautismo de Jesús: 535
La vida de Cristo, ofrenda al Padre: 606
El Bautismo, incorporación a la Iglesia: 1267
NATIVIDAD DEL SEÑOR (inicio) (Misa de la Vigilia)
"Mañana veréis la gloria del Señor"
I. LA PALABRA DE DIOS
* Is 62,1-5: "El Señor te prefiere a ti"
* Sal 88,4-5.16-17.27.29: "Cantaré eternamente las misericordias del
Señor"
* Hch 13,16-17.22-25: "Pablo da testimonio de Cristo, Hijo de David"
* Mt 1,1-25: "Genealogía de Jesucristo, Hijo de David"
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
* Consciente el Profeta de que únicamente Dios puede ser quien imponga el
nombre nuevo a Jerusalén, le deja a
Él la iniciativa para los calificativos con que será conocida en
adelante. Porque solamente será Él quien podráá
renovar su Alianza y llamarla otra vez su Esposa.
* Quiere San Mateo dejar bien sentado el linaje de Jesús desde David.
Pero también de Abraham; y cambia el
orden cronológico. Pero la atenta lectura de las genealogías nos hace
ver la identificación de Cristo con lo más
auténtico de la humanidad. En sus orígenes humanos, la mezcla de la luz
y las tinieblas, el pecado y la fidelidad,
le hacen ser como nosotros. Pero la palabra definitiva será suya:
"Dios-con-nosotros" será lo que note y
experimente la humanidad como intervención divina.
III. SITUACIÓN HUMANA
* Cuando el hombre mira a su alrededor y ve el resultado del pecado en medio
de la humanidad, siente de un
lado la vergüenza y de otro la incapacidad del remedio. La mirada de Dios
es distinta y la única que devuelve a
la esperanza. Lejos de apartar sus ojos de la miseria humana, la asume para
vencerla desde Jesucristo. Los que
sueñen con el remedio medicinal de sólo origen humano, alguna vez se
sentirán desengañados. ¿Acabarán por
aceptar la acción divina como la exclusivamente salvadora, cuando el
hombre es capaz de secundar la iniciativa de
Dios?
IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe
_ Jesús, "Hijo de David":
"Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su
esperanza reconocieron en Jesús los rasgos
fundamentales del mesiánico ``hijo de David'' prometido por Dios a Israel.
Jesús aceptó el título de Mesías al
cual tenía derecho, pero no sin reservas porque una parte de sus
contemporáneos lo comprendían según una
concepción demasiado humana, esencialmente política" (539; cf 457.
458. 469).
* La respuesta
_ Cristiano, reconoce tu dignidad:
"Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la
naturaleza divina, no degeneres volviendo a la
bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué Cabeza perteneces y de qué
Cuerpo eres miembro. Acuérdate de que
has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz
del Reino de Dios" (1691).
* El testimonio cristiano
_ "Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al
consentimiento, las castas entrañas al Creador. Mira
que el deseado de todas las gentes está llamando a la puerta. Si te
demoras en abrirle, pasará adelante, y
después volverá con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate,
corre, abre. Levántate por la fe, corre por la
devoción, abre por el consentimiento.
Aquí está _dice la Virgen_ la esclava del Señor; hágase en mi
según tu palabra". (San Bernardo, Homilía 4
sobre la Virgen).
_ "Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, el Hijo
de Dios, Hijo del hombre: para que el
hombre, al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la
filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios (S.
Ireneo, Haer, 3,19)" (460).
!Admirable grandeza la de un Dios que, al acercarse al hombre ha atravesado
las sombras! Pero para destruirlas
llenándolas de su luz. Y cuanto más cerca, más luz. Por eso brilla
más la viginidad de María.
NATIVIDAD DEL SEÑOR (Misa de Medianoche) (inicio)
"
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande"
I. LA PALABRA DE DIOS
* Is 9,2-7: "Un hijo se nos ha dado"
* Sal 95,1-3.11-13: "Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el
Señor"
* Tt 2,11-14: "Ha aparecido la gracia de Dios para los hombres"
* Lc 2,1-14: "Hoy os ha nacido un Salvador"
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
* El profeta pasa de la descripción de una ruina total del pueblo a la de
la una ocasión de esperanza y
restauración. Probablemente Isaías aprovecha una pieza de la liturgia
de entronización real, no para decirnos
nada de un rey histórico, sino para realzar la entrada del rey ideal,
mesiánico. De otro modo, no se hubiera
atrevido a usar la expresión "Dios guerrero" (Dios fuerte)
atribuyéndosela al Rey que viene.
* Como intentando separar el sentido del poder humano, y otorgar a Cristo el
título de "Señor" puesto en boca
de los ángeles, San Lucas comienza su relato llevando al lector al
"mundo entero" primero; luego a Siria, después
a Judea y Belén. El poder humano, tan amplio, tan extenso, ahora
contrastado en el Mesías en el pesebre.
* Todo el que recibe la luz de Cristo, se siente hijo de Dios y portador de
esta luz. Y no solamente puede llenar
de luz los caminos de los hombres, sino decirles dónde está la luz
verdadera. La Iglesia es hoy la luz que alumbra
a todo hombre, porque es el sacramento de Cristo ante el mundo.
III. SITUACIÓN HUMANA
* El hombre ha intentado conquistar siempre cotas de mayor bienestar. La
historia está repleta de ejemplos de
quienes han intentado _siempre con buena voluntad_ ganar en dignidad, en
capacidad de convivencia, en afán
de paz, en búsqueda de la justicia. Otra cosa es que hayan acertado en el
método.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
* La fe
_ El Misterio de la Navidad:
"Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre;
unos sencillos pastores son los primeros testigos
del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo. La
Iglesia no se cansa de cantar la gloria de
esta noche" (525; cf 526).
_ Se encarnó para hacernos partícipes de su naturaleza divina:
"Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de
Dios, Hijo del hombre: Para que el
hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la
filiación divina, se conviertiera en hijo de Dios.
Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios" (460).
* La respuesta
_ "``Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el
cual, siendo de condición divina, no retuvo
ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo
tomando condición de siervo, haciéndose
semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se
humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la
muerte y muerte de cruz'' (Flp 2,5-8)" (461).
* El testimonio cristiano
_ "O admirabile commercium! El Creador del género humano, tomando
cuerpo y alma, nace de una Virgen, y
hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad (Liturgia
de las Horas, antífona de la octava
de Navidad)" (526).
¦m "Hoy los pastores le conocieron por medio de un ángel, y a los que
presiden la grey del Señor se les enseñó
la manera de anunciar la Buena Nueva, para que nosotros también digamos
con el ejército de la milicia celeste:
``Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena
voluntad''" (San León Magno, Sermón
22, 2.o de Navidad)
Los llamados a ser portadores de la luz son los que más de cerca la
reciben. El cristiano es luz porque lleva la de
Cristo.
NATIVIDAD DEL SEÑOR (Misa del día) (inicio)
"
La Palabra se ha hecho carne, y ha puesto su casa entre nosotros"
I. LA PALABRA DE DIOS
* Is 52,7-10: "Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro
Dios"
* Sal 97,1.2-6: "Los confines de la tierra han contemplado la victoria de
nuestro Dios"
* Hb 1,1-6: "Dios nos ha hablado por su Hijo"
* Jn 1,1-18: "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros"
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
* La alegría que se anunciaba al pueblo cuando era proclamado un nuevo rey
en Sión, la usa ahora el Profeta
para anunciar la inauguración de un nuevo reinado de Dios. La inminencia
del retorno de los exiliados, y el
anuncio de paz subsiguiente, serán los signos perceptibles de la acción
divina.
* La Palabra de Dios, que había hecho surgir el mundo y el hombre, acampa
en el mundo y se hace hombre
para dar a los hombres el poder ser y llamarse "hijos de Dios". Percibida
"en otro tiempo" (2.a Lect.) como una
revelación del proyecto de Dios sobre el mundo y el hombre, acontece ahora
entre nosotros como salvación.
* La Palabra se ha hecho carne precisamente en este mundo. Que este mundo sea
aceptado como es y no
desdeñado como morada del Hijo, es un modo de convencer al hombre de que
Dios, a pesar de todo, le sigue
amando.
III. SITUACIÓN HUMANA
* La celebración meramente costumbrista de la Navidad la reduce.
Cristianos y no cristianos, los que celebran de
corazón y "los que se apuntan", todos necesitamos abandonar cualquier
vestigio de frivolidad en estos días.