CATESISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

AÑO A

COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS SUBCOMISIÓN EPISCOPAL PARA LA CATEQUESIS

INDICE

ADVIENTO

NAVIDAD

Cuaresma

Santo Triduo Pascual

Tiempo Pascual

Tiempo Ordinario

Solemnidades

PRESENTACIÓN (inicio)

 

Gozosamente los Obispos de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, particularmente los que tenemos encomendado el campo primordial de la Catequesis "Subcomisión Episcopal de Catequesis"_ ofrecemos este libro a los sacerdotes y a todos los que colaboran en la preparación de las liturgias dominicales en el servicio de las comunidades cristianas. Lo titulamos "Catecismo de la Iglesia Católica. Guía para su lectura litúrgica y la predicación". Corresponde al Año A, del ciclo litúrgico. Responde a un encargo que nos hicieron todos los Obispos, como un servicio a la renovación de la predicación, relacionado también con la recepción cordial y honda del Catecismo de la Iglesia Católica, que los Obispos deseamos sea una realidad cada día mas perceptible y operativa.

La concepción de la presente Guía se explica amplia y claramente en la introducción. La obra se ha beneficiado de la experiencia adquirida a partir de la Guía para el Año C, que publicamos el pasado año. Hemos tenido presente asimismo los acontecimientos sociales y eclesiales que están afectando más intensamente a nuestra iglesia. En este sentido, procuramos estar muy a la escucha del llamamiento que el 10 de Noviembre de 1994 nos dirigió Juan Pablo II, con su Carta "Tertio Millennio Adveniente", convocándonos a una preparación espiritual en orden a disponernos para entrar en el umbral del tercer milenio del acontecimiento de la salvación en Jesucristo.

Para Juan Pablo II, el año 1996 es considerado clave para una adecuada sensibilización que nos capacite para la etapa de tres años (1997- 1999) decisivamente preparatoria de la celebración del Gran Jubileo.

Los Obispos agradecemos fraternalmente a quienes han echado sobre sí la carga de elaborar, generosamente, este instrumento pastoral. Mons. José María Eguaras, de la diócesis de Málaga; el P. José Antonio Goenaga S.J., de la Facultad de Deusto; Rafael Zornoza, rector del Seminario de Getafe; Luis García Gutiérrez, canónigo y profesor de Alcalá de Henares; Manuel del Campo Guilarte, profesor y Director del Secretariado Nacional de Catequesis han compuesto el equipo; la redacción principalmente ha estado encomendada a los dos últimos citados.

 

A todos ellos nuestro agradecimiento.

14 de Septiembre de 1995

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

 

José Manuel Estepa Llaurens

Arzobispo Presidente de la

Subcomisión Episcopal de Catequesis

 

 

INTRODUCCIÓN (inicio)

 

Al hacer la presentación de esta obra, puesta al servicio de la predicación, nada mejor que hacernos eco de algunos textos significativos del Magisterio de la Iglesia sobre la importancia del anuncio de la fe, para ofrecer el sentido y la finalidad de este libro que forma parte del plan de publicaciones de los tres años del ciclo litúrgico.

 

El Papa Juan Pablo II en la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica afirma:

 

* "Pido... a los pastores de la Iglesia y a los fieles, que reciban este Catecismo con un espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica" (Const. Apost., Fidei Depositum, 4).

 

Por su parte el Concilio Vaticano II hablando sobre la homilía en la celebración litúrgica expresa con palabras llenas de precisión y claridad lo siguiente:

 

* "En la homilía se exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana" (Sacrosantum Concilium, 52).

 

Finalmente el Papa Juan Pablo II dirigiéndose a los sacerdotes como ministros de la Palabra expone las características de su misión y las responsabilidades propias de quien tiene la misión de anunciar el Evangelio a los fieles:

 

* "El sacerdote debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios; no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con una conexión dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos, y engendrae dentro de sí una mentalidad nueva: la mente de Cristo (l Co 2,16), de modo que sus palabras, sus opciones y sus actitudes sean cada vez más una transparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio... El no es el dueño de esta Palabra: es su servidor. El no es el único poseedor de esta palabra: es deudor ante el Pueblo de Dios. El anuncia la Palabra en su calidad de ministro, partícipe de la autoridad profética de Cristo y de la Iglesia. Por esto, por tener en sí mismo y ofrecer a los fieles la garantía de que transmite el Evangelio en su integridad, el sacerdote ha de cultivar una sensibilidad, un amor y una disponibilidad particulares hacia la Tradición viva de la Iglesia y de su Magisterio, que no son extraños a la Palabra, sino que sirven para su recta interpretación y para custodiar su sentido auténtico" (Pastores dabo vobis, 26).

 

Estos tres textos presentan el objetivo de esta obra. Se trata de una ayuda a los sacerdotes para la preparación de las homilías de los domingos y solemnidades.

Pretende ser un instrumento útil para el anuncio de la fe y la llamada a la vida evangélica que se realiza en la homilía, lugar propio de la liturgia. Un auxilio que quiere ser garantía de un recto ejercicio del ministerio de la Palabra, ya que ofrece el Catecismo de la Iglesia Católica que "es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico" (FD, 4).

 

Por su parte, el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española Para que el mundo crea (l994-l997) insiste en la necesidad de que la catequesis y la predicación sean considerados como dos de los sectores más importantes de la pastoral de evangelización propuesta por el Episcopado español para este trienio.

 

A la vez se subraya en dicho Plan que tanto en la catequesis como en la predicación se "asuma cada vez más hondamente el Catecismo de la Iglesia Católica, tanto en sus contenidos como en sus criterios inspiradores, en todos los procesos de formación cristiana" (Para que el mundo crea, pág. 32).

 

Ciertamente asumir el Catecismo de la Iglesia Católica posibilita y garantiza que la acción catequética y la predicación sean verdaderamente evangelizadoras y busquen "por encima de todo la verdadera conversión de las personas a Dios, a Jesucristo, a la vida cristiana en todas sus exigencias de seguimiento, vida espiritual, testimonio y responsabilidades apostólicas y sociales" (Ibidem, pág. 32).

 

Con esta convicción ofrecemos este servicio pastoral. Creemos que es un buen instrumento para renovar y potenciar la predicación homilética, e "impulsar una predicación más adecuada a las exigencias actuales del servicio a la fe de nuestro pueblo y de una verdadera evangelización" (Ibidem, pág. 32).

 

1. Homilía y Catequesis

 

La Exhortación Apostólica del Papa Juan Pablo II Catechesi Tradendae (n. 48) trata de la homilía como una realidad estrechamente vinculada a la catequesis y casi como una continuación de la misma en el sentido amplio del término:

 

* "La homilía vuelve a recorrer el itinerario de fe propuesto por la catequesis y la conduce a su perfeccionamiento natural"

 

* La catequesis se realiza en una comunidad cristiana en lugares y ámbitos distintos, y utiliza diversos métodos, pero siempre tiende a la celebración litúrgica. La homilía interviene fortaleciendo y potenciando el itinerario de fe que se viene recorriendo y también permite vincular la acción catequética con la liturgia que se celebra, porque señala la fuente y la plenitud del que hacer catequético, que es la Eucaristía. Y así podemos decir que la homilía postula la catequesis en sí misma y ésta, a su vez, se orienta objetivamente a la homilía, que es "el lugar privilegiado" del ministerio de la Palabra (cf DV, 24).

 

* "La homilía impulsa a los discípulos del Señor a emprender cada día su itinerario espiritual en la verdad, en la adoración y en la acción de gracias. En este sentido, se puede decir que la pedagogía catequética encuentra, a su vez, su fuente y su plenitud en la Eucaristía dentro del horizonte completo del año litúrgico"

 

Ahora bien, la homilía no es sólo un nexo para que la acción evangelizadora de la catequesis culmine en la liturgia, sino que lo es también para que la liturgia celebrada sea fuente de la vida cristiana.

 

* "La predicación centrada en los textos bíblicos debe facilitar entonces, a su manera, que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana"

 

La homilía es una forma de catequesis sistemática, en la medida en que sigue el año litúrgico y se desarrolla a partir de la Palabra de Dios proclamada en la celebración. Es una forma peculiar _litúrgica_ de educar en la fe. Su nota más sobresaliente es "que hace de ella un acto sacramental que pertenece por entero a la misma dinámica de la presencia de la Palabra de Dios en la liturgia. La homilía no cumple únicamente la función de anunciar a Cristo, explicar las Escrituras o instruir al pueblo, sino que hace todo esto en el ámbito propio del culto litúrgico y de los signos sacramentales" (Comisión Episcopal de Liturgia, Partir el pan de la palabra, no 10).

 

Esta descripción de la función que tiene la homilía en la educación de la fe del pueblo cristiano queda iluminada por la experiencia histórica del Catecumenado.

 

El Catecumenado para la iniciación cristiana fue en los primeros siglos de la Iglesia un tiempo de catequesis enmarcado en el año litúrgico. Ciertamente los hitos y las celebraciones litúrgicas incidían en el programa catequético, sin embargo no lo suplían, y la catequesis culminaba en celebración y así desde los primeros momentos de la Iglesia entre catequesis y liturgía se estableció una profunda y esencial relación. No podía ser de otra manera tratándose de la tarea de iniciar a la fe y a la vida cristiana como misión propia y básica de la Iglesia.

 

De los cuatro caminos que componen el catecumenado: la catequesis o enseñanza, el ejercicio en la práctica de la vida cristiana, la liturgia y el aprendizaje en el apostolado, señala el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos en sus observaciones previas: "Por una catequesis apropiada, dirigida por sacerdotes, diáconos o catequistas y otros seglares, dispuesta por grados, pero presentada íntegramente, acomodada al año litúrgico y basada en las celebraciones de la palabra, se va conduciendo a los catecúmenos no sólo el connveniente conocimiento de losdogmas y de los preceptos sino también del misterio de la salvación, cuya aplicación desean" (R.I.C.A., Observaciones previas, 19, 1).

 

Esta obra, preparada por la Subcomisión Episcopal de Catequesis parte de la convicción de que catequesis y liturgia han de estar íntimamente relacionadas en la misión pastoral de la Iglesia, y que la homilía es la actividad principal del ministerio pastoral de los sacerdotes para establecer ese nexo.

 

2. Homilia y Catecismo

 

Como es sabido el Catecismo Romano del Concilio de Trento constituyó un instrumento privilegiado para la catequización del pueblo y m s concretamente para la formación

teológica de los parrocos en su misión de

instruir al pueblo. En este sentido puede entenderse la intencionalidad del

anexo a dicho Catecismo Romano que

lleva como titulo: Practica del Catecismo, o sea, el Catecismo

distribuido entre todas las dominicas del año,

algunas ferias y fiestas del Señor, y acomodado a los evangelios.

 

Hoy al encontrarnos con el Catecismo de la Iglesia Católica nos hemos de

preguntar si es un catecismo destinado

exclusivamente a los pastores o es necesario hacerle llegar tambien al

pueblo cristiano. Es decir existe hoy la

necesidad de hacer llegar a todos los católicos el Catecismo de la Iglesia

Católica para que se eduquen en la fe?.

Creemos que sí y son muchas las razones que lo avalan. El texto ya citado

de la Constitución Fidei Depositum

pone el Catecismo en manos de los pastores para que lo utilicen

constantemente cuando realizan su misión de

anunciar la fe y llamar a la vida evangelica, no sólo para su

formación teológico-pastoral, ni sólo para elaborar

otros catecismos menores. El anuncio de la fe y de la vocación cristiana

debe llegar a todas las personas y en

concreto a todos los bautizados. He aquí el objeto propio e irrenunciable

del empeño evangelizador. En el marco

de la liturgía, la homilía es una acción evangelizadora

privilegiada. Habráemos de tener en cuenta que hoy estamos

obligados, tal vez m s que en otros momentos, a cuidar este servicio de la

homilia en favor de nuestro pueblo

cristiano, una homilía que en España es escuchada semanalmente por casi

un tercio de la población católica.

 

2.1. La Tradición viva en la Iglesia

 

Las Constituciones del Concilio Vaticano II Dei Verbum y Sacrosantum

Concilium nos sugieren el modo como

podemos incorporar el Catecismo de la Iglesia Católica a la predicación

homilética.

 

Nos acercamos, pues, a las enseñanzas del Concilio Vaticano II. En la

Constitución Sacrosantum Concilium se

dice que la predicación homiletica ha de hacerse a partir de los textos

sagrados (cf SC, 52), y conforme al

Espíritu que inspiró los textos. A su vez en la Constitución Dei

Verbum el Concilio señala tres criterios para una

interpretación de la Sagrada Escritura conforme al Espíritu que la

inspiró (cf DV, 12c). Así los recoge el

Catecismo de la Iglesia Católica:

 

* Prestar una gran atención al contenido y a la unidad de toda la

Escritura. En efecto, por muy diferentes que

sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad

del designio de Dios, del que Cristo

Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua (112).

 

* Leer la Escritura en la Tradición viva de toda la Iglesia. Según

un adagio de los Padres..., la Sagrada Escritura

est  m s en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los

libros escritos. En efecto, la Iglesia encierra en

su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo

le da la interpretación espiritual de la

Escritura (113).

 

* Estar atento a la analogía de la fe. Por analogía de la fe

entendemos la cohesión de las verdades de la fe

entre sí y en el proyecto total de la Revelación (114).

 

Muchos son los motivos por los que se ha considerado el Catecismo de la

Iglesia Católica como un gran regalo

para los sacerdotes; no es el menor el de servir para enraízar la

homilía en la Tradición viva de la Iglesia y poder

descubrir esta riqueza al Pueblo de Dios con el humilde servicio de la

predicación. El Catecismo de la Iglesia

Católica presenta fiel y organicamente la enseñanza de la Sagrada

Escritura, de la Tradición viva en la Iglesia y

del Magisterio entero, así como la herencia espiritual de los Padres, de

los santos y santas de la Iglesia, para

permitir conocer mejor el misterio cristiano y reavivar la fe del Pueblo de

Dios...(Tiene en cuenta) las

explicitaciones de la doctrina que el Espíritu Santo ha sugerido a la

Iglesia a lo largo de los siglos... e iluminar

con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en el pasado

aun no se habían planteado (FD, 3).

 

En los esquemas homileticos que se proponen en esta obra, se ofrecen

citas literales y referencias del Catecismo

bajo el epígrafe: La fe de la Iglesia. Todo ello quiere ser una

ayuda para comprender los textos sagrados

recogidos en el Leccionario, en el Espíritu que los inspiró, y según

los criterios señalados por la Constitución Dei

Verbum del Concilio Vaticano II. Una orientación y guía (como

dice su título) para hallar las sugerencias

catequeticas propias de la homilía.

 

2.2. La confesión de la fe en lo sustancial

 

Las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe y para la Catequesis

han señalado en un documento

reciente Algunos aspectos de la Catequesis hoy, relacionados con el tema

de la revelación cristiana y su

transmisión, las claves fundamentales de la catequesis que tambien

pueden afirmarse de la predicación

homiletica.

 

Insistir en la catequesis como transmisión de la Sagrada Escritura y

de los principales documentos de la

Tradición y del Magisterio; insistir, asimismo... como memoria _en

conexión vital con la anamnesis eucarística_

o en la fe como inserción y participación en la corriente viva de la

Tradición y de su lenguaje; o insistir en la

necesidad de unas expresiones inalterables que salvaguarden la unidad,

homología (confesión) de la fe en lo

sustancial, se compadece mal con una de las tendencias de la modernidad: la

emancipación respecto de toda

instancia ajena a la razón autónoma, de toda tradición, de todo lo

dado... A partir de esta exigencia de

reinventar la autentica fe y la comunidad cristiana, pues

parece que no se est‚ seguro de que la larga

tradición de la Iglesia no la haya corrompido, no es extraño, por un

lado que el discurso catequetico se haya

fragmentado y parcializado en bastantes casos, y por otro lado, haya perdido

sustantividad, referencia a la

realidad, y regla de la fe, y se haya convertido en instrumento para

suscitar experiencias, actitudes y

compromisos pretendidamente cristianos (cf 14-15). La preocupación,

pues, por la unidad y la confesión de la fe

en lo sustancial, que es una constante en la vida de la Iglesia a lo largo de

todos los siglos es, si cabe, hoy m s

necesaria.

 

Los esquemas homileticos que ofrecemos expresan tambien esta

preocupación. Para responder a ella se presentan

algunos textos del Catecismo con objeto de que, de alguna manera, se formulen

en la homilía con un lenguaje

común al que se utiliza en otras actividades del ministerio de la Palabra.

 

2.3. Exposición organica

 

Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica, en cuanto exposición

de la fe de la Iglesia de un modo organico

constituye por lo mismo una valiosísima ayuda para superar la tendencia a

la fragmentación. Este Catecismo esta

concebido como una exposición organica de toda la fe católica. Es

preciso, por tanto, leerlo como una unidad.

Numerosas referencias en el interior del texto y el índice analítico al

final del volumen permiten ver en cada tema

su vinculación con el conjunto de la fe (18).

 

Por su parte, la homilía, debe exhortar a celebrar, orar y vivir lo que

la fe proclama, y debe relacionar

armónicamente el primer anuncio (kerigma), la exposición sistematica

(la catequesis), la exhortación a la

perseverancia en la vida cristiana (parenesis), y la comunicación con

el misterio de la presencia del Señor

(mystagogia). La homilía est  destinada preferentemente a aquellos

que y an han sido llamados a la conversión y

a la fe, que la suponen al mismo tiempo que la alimentan, la robustecen y la

expresan por medio de palabras y

obras (Comisión Episcopal de Liturgia, DC, 10). Si esta es la

función de la homilía, habráíamos de saludar la

oportunidad y aún la necesidad de un instrumento que relacione

organicamente la fe profesada con la liturgia, la

vida cristiana y la oración. Este instrumento, y ciertamente de toda

garantía, es el Catecismo de la Iglesia

Católica.

 

En los esquemas homiléticos, se ofrece esta relación orgánica

mediante citas literales y referencias del Catecismo.

En el epígrafe: La fe, con referencias sobre todo a la primera y

segunda parte del Catecismo; y en los epígrafes

La respuesta y El testimonio cristiano con referencias también

a la tercera y cuarta parte del mismo

Catecismo, a fin de que se pueda establecer esa relación orgánica entre

lo que creemos, celebramos, vivimos y

oramos. En cada año litúrgico se contiene la sustancia viva del

Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. En el

conjunto de los tres años litúrgicos se habrá  recorrido

extensivamente todo el Catecismo.

 

2.4. Adaptación necesaria

 

Finalmente, no se debe olvidar que por su misma naturaleza este

Catecismo no se propone dar una respuesta

adaptada, tanto en el contenido como en el m‚todo, a las exigencias que

dimanan de las diferentes culturas, de

edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de

aquellos a quienes se dirige la catequesis.

Estas indispensables adaptaciones corresponden a Catecismos propios de cada

lugar, y, m s aún, a aquellos que

toman a su cargo instruir a los fieles (24).

 

El Catecismo de la Iglesia Católica exige leerlo adaptado a los fieles

por parte de los encargados en educarles en

la fe. Esta exigencia es mayor cuando se utiliza en la predicación

homilética.

 

La predicación homilética que en las circunstancias actuales

resulta no raras veces dificilísima, para que mejor

mueva a las almas de los oyentes no debe exponer la Palabra de Dios sólo

de modo general y abstracto, sino

aplicar a las circunstancias concretas de la vida la verdad perenne del

Evangelio (C. Vaticano II, Presbyterorum

Ordinis, 4).

 

La Palabra de Dios, leída y comentada en la Tradición viva de la

Iglesia ha de realizar en el hoy-aquí-para

nosotros lo que se proclama. Esta acción es obra del Espíritu Santo.

El que predica colabora con El en cuanto

traduce y aplica a la situación y vida concreta del oyente la Palabra de

Dios proclamada.

 

La Palabra de Dios proclamada y concretada por la Iglesia es la Luz que

ilumina la vida personal y la comunidad

humana social donde el creyente, en comunión con la Iglesia, peregrina

hacia el encuentro con Dios.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica, convenientemente adaptado, es un

buen instrumento para que los pastores

puedan ofrecer a los fieles la mayor de las cualidades de una predicación:

la sustancia viva de la fe de la Iglesia.

 

 

El esfuerzo de adaptación a los oyentes concretos nadie puede suplirlo.

Cada ministro de la predicación ha de

preparar gozosa y concienzudamente la homilía. En estos esquemas se

ofrecen algunas sugerencias, dentro de este

estudio de la homilía, que hacen referencia a las situaciones

humanas y a las posibles conexiones entre estas,

los textos bíblicos y el Catecismo.

 

La mejor preparación homilética, la m s concreta y adaptada a las

circunstancias sociales y a los destinatarios es

aquella que se gesta conducida por el Espíritu de Dios, tacitamente

o a grandes gritos, pero siempre con fuerza,

se nos pregunta ¨cre‚is verdaderamente en lo que anunciáis?

¨Vivís lo que cre‚is? ¨Predic is verdaderamente lo

que vivís? Hoy m s que nunca el testimonio de vida se ha convertido en

una condición esencial con vistas a una

eficacia real de la predicación (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 76).

 

EL DOMINGO (inicio)

 

El Domingo sólo, sin m s adjetivos ni adiciones, es la celebración

cristiana por excelencia. La fiesta primera en la

historia del cristianismo y la primera también en la valoración que la

fe y la teología hacen de las celebraciones

cristianas. Por esto, debiera renovar y desarrollar constantemente nuestra

vida en Cristo. Y tiene fuerza de gracia

para ello. Por esto, el Domingo se ha de hacer presente en la homilía.

 

Qué es el Domingo y Qué aporta a la homilía?

 

El Domingo es el condensado de la creación y de la redención en el

tiempo humano.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica desarrolla con profundidad esta

verdad de la fe y la teología. En el Domingo

se recogen, como los rayos del sol en una lente, las riquezas infinitas de la

comunicación de Dios a la humanidad.

 

Por un lado, el Sabbat [es] la culminación de la obra de los seis

días (345), expresión literaria de la creación. Y

Dios descansó en ese día, en versión humana, se sintió

feliz, y lo santificó y bendijo, lo hizo su Día y lo llenó

de sus dones, hasta de sí mismo, por esto, lo bendijo. Así se comprende

que todo en la creación est  hecho con

miras al Sabbat y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios (347),

en definitiva al descanso y a la felicidad, a

la contemplación del culto y a la adoración.

 

Pero... ha surgido un nuevo día: el día de la resurrección de

Cristo. El septimo día acaba la primera creación. Y

el octavo día comienza la nueva creación. Así la obra de la

creación culmina en otra todavía m s grande: la

Redención. La primera creación encuentra su sentido y cumbre en la

nueva creación en Cristo, cuyo esplendor

sobrepasa a la primera (cf MR, Vigilia pascual 24, oración despues de

la primera lectura) (349).

 

Cómo prescindir del Domingo al explicar y aplicar la Palabra que hizo

la creación y la nueva creación? El

Domingo da a la homilía los acentos vivos y profundos en los que resuena

toda la obra de Dios por nosotros.

Cada perícopa evangélica est  situada en el gran marco de la obra de

Dios. Las verdades de la fe dejan de ser

meras afirmaciones dogm ticas y los imperativos evangélicos meras

exigencias, para convertirse en momentos de la

inmensa armonía de la creación y de la nueva creación, cuyo

primog‚nito es nuestro Señor Jesucristo, muerto por

nosotros y resucitado para nosotros, inicio de la nueva creación.

 

En dos páginas no se puede agotar el Domingo. Pero lo expuesto es la

base que sustenta todo desarrollo de la fe

y la teología del Día del Señor. Así, por ejemplo, la asamblea de

la Iglesia reunida por todo el mundo (1167.

1343s. 2177ss) para la celebración de la Eucaristía dominical se

explica desde el primer Domingo, el de la

Resurrección, el Día Primero de la nueva creación, que se prolonga

en los sucesivos Domingos, hasta que Cristo

vuelva visiblemente.

 

Condiciones para celebrar el Domingo

 

Para que el Domingo cale en celebrantes y fieles, como para que cale en el

pueblo cristiano la vida sacramental

de la Iglesia, son imprescidibles: un elemental sentido de oración y un

también elemental sentido simbólico.

 

Quien no ora no puede entrar en el Domingo, lo soportar  como una

obligación. Cuando algunos fieles dicen que

les aburre la Misa, y se les pregunta por el tiempo que dedican a orar en su

vida, la respuesta bastante negativa

explica que no entren, que no les diga nada, un acto que es oración.

 

Quien no cae en la cuenta de los valores humanos decisivos de los

símbolos, que son los sacramentos, podrá  orar

en Misa pero no orar  la Misa. Los símbolos sacramentales son la

aproximación a nosotros de los grandes valores

de la vida, que superan lo cotidiano, y aun los momentos m s densos que se

agotan en este mundo. Los símbolos

sacramentales, y entre ellos el Domingo, nos acercan las realidades que ni

el ojo vió ni el oído oyó ni humano

entendimiento puede comprender lo que Dios ha preparado a los que le aman

(1Co 2,9).

 

Para una profundización de la fe y la teología sobre el Domingo,

veanse Conferencia Episcopal Española, El

domingo, fiesta primordial de los cristianos (1981) y Domingo y Sociedad

(1995).

 

ESQUEMA GENERAL DEL AÑO A (inicio)

 

Tiempo litúrgico

 

Enfoque

 

Objetivo

 

1. ADVIENTO

 

La esperanza se apoya en la fe.

 

Preparar los caminos del Señor porque es fiel a sus promesas.

 

2. NAVIDAD

 

Un Niño nos ha nacido (Navidad); un Hijo se nos ha dado (Maternidad de

María); Dios se nos ha manifestado

(Epifanía).

 

El asombro ante el Misterio de la Palabra hecha carne no descarta la ternura

ante un Niño.

 

3. CUARESMA

 

Catecumenado para renovar nuestro Bautismo y sus exigencias.

 

La Cruz ilumina el camino hacia la Pascua.

 

4. SANTO TRIDUO PASCUAL

 

La entrega de Cristo en el amor, el Pan y la Cruz.

 

Contemplar el Misterio de la Cruz y dejarse invadir por el Crucificado

y el Resucitado.

 

5. TIEMPO PASCUAL

 

El Resucitado, fundamento de nuestra Resurrección.

 

Predicar a Jesús, vencedor de la Muerte para proclamar la vida de su

Iglesia.

 

6. TIEMPO ORDINARIO

 

El Reino de Dios y sus compromisos.

 

Presentar el Reino de Dios:

* En su dimensión salvadora.

* Como raíz de la ‚tica cristiana.

* Como espeanza de plenitud.

 

INTRODUCCION AL ADVIENTO (inicio)

 

Para ser del todo fieles al propósito de este trabajo, hemos de mirar al

Adviento desde una doble perspectiva: la

de la liturgia y la del pensamiento de la Iglesia expresado en el Catecismo.

El contenido de los cuatro domingos

previos a la Navidad es suficientemente explícito para que de ellos

saquemos la conclusión de que la Iglesia nos

invita a una espera y a una esperanza. A una espera porque se anuncia la

venida al fin de los tiempos, algo así

como una tensión permanente entre el ya y el todavía no.

Eso se llama dar sentido verdaderamente

escatológico a la vida cristiana. El ya nos convence de que Jesús

ha venido ya, que est  entre nosotros, que la

Redención objetiva est  ya realizada, pero que todavía no se

ha consumado. Y por eso estamos a la espera.

 

Pero este ya nos invita a algo m s. A que la presencia de Jesús

en medio del mundo, muchas de cuyas

estructuras aún est n alejadas del Evangelio, sea m s notoria por

medio de sus testigos. Si el creyente est 

convencido de que el Reino de Dios ha venido, y que est  en medio de

nosotros, que la Iglesia es la verdadera

portadora de los signos que lo anuncian y lo hacen presente, entonces est 

en tensión para descubrir los signos

de los tiempos.

 

Es precisamente en este punto donde se tocan la venida histórica de

Cristo hace 20 siglos y el saber aguardar su

presencia de salvación, hoy como ayer y como siempre. La primera no la

repetimos, porque ya ha venido; la de

hoy la actualizamos en una liturgia que nos invita a despertar de nuestro

sueño, a estar en vela, a levantar

la cabeza porque se acerca nuestra liberación.

 

Y es que el anuncio de Cristo de que el Reino de Dios est  cerca

podráíamos entenderlo como que nos esta

dando siempre alcance. Porque lo que así sucede ha llegado, pero no del

todo.

 

Anticipar la Parusía de Cristo (Domingo XXXIII y I Adviento) es

descubrir entre nosotros las señales de

salvación. Es sentir sobre nosotros el Juicio salvador, pero que nos hace

mirar a lo íntimo de nuestras vidas, para

descubrir en ellas los espacios aún vacíos de Dios, las esferas de

nuestra existencia aún no inundadas por la

conversión cristiana.

 

La perenne actualidad de la salvación traida por Cristo nos es

presentada precisamente así por la liturgia: Hoy

sabr‚is que viene el Señor y mañana ver‚is su gloria (Vigilia

de Navidad).

 

Y todo teniendo por delante unas semanas inmediatamente previas a la

Navidad. Es de temer que haya sido esto

precisamente lo que en nuestro tiempo haya restado importancia al Adviento.

La inminente Navidad y lo que

lleva consigo tienen la suficiente fuerza como para oscurecer este tiempo.

Sobre todo en España, donde no

contamos con signos externos propios, como sucede, por ejemplo, en Alemania

(el Adventskranz) con la Corona

y las velas que son una forma muy pl stica de crear clima de

espectación ante lo que se aproxima.

 

La esperanza a la que se nos convoca tiene un horizonte m s amplio.

Abarca realmente toda nuestra existencia;

pero se hace m s patente en estas fechas.

 

La esperanza, apoyada en la fe, afirma que el mismo Cristo, cuya venida en

carne conmemoramos ahora, vendra a

en Majestad al fin de los tiempos. Es como una invitación a mirar el

presente desde el futuro de Dios. Es afirmar

rotunda e incuestionablemente que el futuro es de El y no del hombre. Que es

El el dueño de la historia. Pero

que nos la ha entregado en nuestras manos para que nos salvemos desde ella

pero no en ella. Porque la salvación

plena no es ni est  en este mundo. La salvación meramente intramundana,

tan apreciada desde los filósofos de la

sospecha, es, desde la óptica cristiana, una pretensión vana. Pero,

lejos de nosotros cualquier desentendimiento de

la realidad creada o cualquier genero de alienación, estamos llamados a

trabajar, a esforzarnos, a hacer presente

la gratuidad del Dios que nos envía a su Hijo en nuestra condición

humana para participar de nuestra peripecia

humana, pero para hacerla salvadora solamente por El y desde El.

 

El creyente cristiano, la Iglesia entera, se esfuerza, evangeliza, promueve

al hombre nuevo, desde la esperanza y

por ella. Desde ella porque sabe que es misión encomendada y que Dios

dar  el incremento; por ella porque

sólo ella puede impulsar y ayudar a superar las dificultades de un mundo

para el que la venida de Cristo no es

en gran medida noticia. Sentir hambre de Dios y advertir los vacíos que

hay en la vida y que sólo Dios puede

llenar, es precisamente la misión de quien vive de la esperanza.

 

Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (524) que al celebrar

anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia

actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación

de la primera venida del Salvador, los fieles

renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida. Concisa y exacta manera

de resumir cuanto venimos diciendo.

 

Hay una serie de personajes, aludidos constantemente por la liturgia de

estas semanas, y cuya cooperación a la

venida del Salvador queda verdaderamente resaltada: Isaías, Juan Bautista

y la Santísima Virgen. Cada uno con

un papel distinto y todos llamados a preparar los caminos del Señor,

m s de lejos o m s de cerca. Desde el

anuncio, cuyo asombroso contenido habráía dejado verdaderamente atónito

al Profeta de haber penetrado hasta su

hondísima significación: La Virgen est  en encinta y da a luz un

hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que

significa Dios-con-nosotros), hasta la invitación del Precursor, a que

se allanen los senderos, se eleven los valles

y desciendan los montes y colinas para que toda carne vea la

salvación de Dios, todo nos habla de un futuro

interpretado y leído sólo desde Dios, autor de toda esperanza de

salvación.

 

Y la figura de María, recogiendo en sí misma toda la esperanza del

pueblo de la Antigua Alianza, como parte del

resto de Israel y del nuevo Pueblo de Dios, pronosticando la novedad en

el canto del Magníficat. La

solemnidad de la Inmaculada, actualización de la preparación por parte

de Dios de la digna morada de su

Hijo, y, sobre todo, los días de las antífonas O (desde el 17 de

Diciembre), días marianos por excelencia en

toda la liturgia anual, nos traen a la memoria el papel primordial de quien

fue fiel a la Palabra y pronunció el

fiat que abrió las puertas de nuestro mundo al Salvador de todos los

pueblos. Como se dice en la Constitución

Gaudium et Spes, 55: María sobresale entre los humildes y los pobres

del Señor, que esperan de ‚l con

confianza la salvación y la acogen. Finalmente con ella, excelsa hija de

Sión, despues de la larga espera de la

promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación

(489).

 

ESQUEMA DE ADVIENTO (inicio)

 

Domingos y

Solemnidades

 

Lecturas

 

Catecismo de la Iglesia

Católica

 

I

Esperar al Señor y preparar sus caminos

 

Is 2,1-5: El Señor reúne a todos los pueblos...

Rm 13,11-14: Nuestra salvación est  cerca

Mt 24,33-44: Estad en vela para estar preparados

 

Esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva: 1042. 1044. 1045

Vigilancia ante el Reino: 1001. 2612

 

II

El Señor nos llama a la conversión

 

Is 11,1-10: Con equidad dar  sentencia al pobre

Rm 15,4-9: Cristo salvó a todos los hombres

Mt 3,1-2: Se acerca el Reino de Dios

 

Cada cristiano ejerce unas funciones: 1884. 1885

Preparativos de la venida de Cristo: 522. 523

 

III

Nuestro futuro es de Dios

 

Is 35,1-6.10: Dios vendra  y nos salvar 

St 5,7-10: Manteneos firmes

Mt 11,2-11: ¨Eres tú el que ha de venir...?

 

La Transformación del mundo: 1047. 1048

Dios tiene casa entre nosotros: 1044

 

IV

Las grandes maravillas de la salvación sólo pueden venir de Dios

 

Is 7,10-14: La Virgen concebir 

Rm 1,1-7: Jesucristo, de la estirpe de David...

Mt 1,18-24: Jesús nacer  de la casa de David

 

Estamos llamados a la santidad: 2012. 2013

María, siempre Virgen: 499. 450

 

INMACULADA CONCEPCIóN

!Salve! Llena de gracia, el Señor est  contigo

 

Gn 3,9-15.20: Establezco hostilidades entre ti y la mujer

Ef 1,3-6.11-12: Dios nos eligió en la persona de Cristo

Lc 1,26-38: Al‚grate, llena de gracia

 

La Inmaculada Concepción: 590-593

Anunciación: 494

Lucha contra el pecado: 40

 

DOMINGO I DE ADVIENTO (inicio)

 

Esperar al que viene a hacer nuevas todas las cosas es empezar a sentirse

renovado

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Is 2,1-15: El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna del

Reino de Dios

 

* Sal 121,1-2.3-4a(4b-5.6-7).8-9: Vamos a la casa del Señor

 

* Rm 13,11-14: Nuestra salvación est  cerca

 

* Mt 24,37-44: Estad en vela para estar preparados

 

II. APUNTE BIBLICO-LITÚRGICO

 

* Isaías contempla desde Sión la ciudad santa abriendo una nueva

esperanza por la próxima intervención

salvadora de Yav‚.

 

* Dios ser  el centro de atención de todos los pueblos, centro de

instrucción sobre la Ley.

 

* Yav‚ inaugura una nueva etapa de salvación.

 

* Lo viejo est  pasado; lo nuevo se nos echa encima. La vigilancia

cristiana _actitud tan destacada en la lectura

evangélica_ no es mirar en todas direcciones adivinando dónde pueda

estar el enemigo, sino mantenerse alerta

para descubrir los signos del Reino de Dios en el mundo.

 

III. SITUACION HUMANA

 

* Lo cristiano no es esperar a que nos den hecha la historia. Cuando el

creyente se compromete con ella est 

haciendo presente la salvación de Dios, no la que ‚l fabrique. Lo

alienante es quedarse quieto; lo evangélico es

trabajar por el Reino de Dios. Cuando alguien sabe que el Reino de Dios viene

de l, no est  afirmando lo

obvio: est  dando muestras de no inventarse el Reino de Dios. No nos

faltan ocasiones para tomar el pulso a la

realidad circundante. Pero el reto cristiano es que ahí precisamente se

hace la salvación por Dios y su Reino.

 

IV. LA FE DE LA IGLESIA

 

* La fe

 

_La esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva:

Al fin de los tiempos el Reino de Dios llegar  a su plenitud.

Despues del juicio final, los justos reinar n para

siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo

ser  renovado (1042).

En este ``universo nuevo'' (Ap 21,5), la Jerusal‚n celestial, Dios

tendra  su morada entre los hombres. ``Y

enjugar  toda l grima de su ojos, y no habrá  ya muerte ni habrá 

llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo

ha pasado'' (Ap 21,4) (1044; cf 1045).

_ El juicio suceder  cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre

conoce el día y la hora en que tendra  lugar,

sólo l decidir  su advenimiento. Entonces, l pronunciar  por

medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva

sobre toda la historia (1040; cf 1038. 1039. 1040).

 

* La respuesta

 

_ La vigilancia ante el Reino de Dios:

Mirado positivamente, el combate contra el yo posesivo y dominador

consiste en la vigilancia. Cuando Jesús

insiste en la vigilancia, es siempre en relación a l, a su Venida, al

último día y al ``hoy''. El esposo viene en

mitad de la noche; la luz que no debe apagarse es la de la fe: ``Dice de ti

mi corazón: busca su rostro'' (Sal

27,8) (2730; cf 1001).

 

* El testimonio cristiano

 

_ La espera de una tierra nueva no debe amortiguar sino m s bien

avivar la preocupación de perfeccionar esta

tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de

alguna manera anticipar un vislumbre

del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso

temporal y crecimiento del Reino

de Cristo, sin embargo, el primero en cuanto puede contribuir a ordenar mejor

la sociedad humana, interesa en

gran medida al Reino de Dios (GS 39) (1049).

 

Vivir el Adviento es vivir de y para la esperanza. De ella en cuanto apoyo;

para ella en cuanto preparación de los

caminos del Señor.

 

DOMINGO II DE ADVIENTO (inicio)

 

El que viene a cambiar todo, nos llama a convertirnos a El

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Is 11,1-10: Con equidad dar  sentencia al pobre

 

* Sal 71,2.7-8.12-13.17: Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente

 

* Rm 15,4-9: Cristo salvó a todos los hombres

 

* Mt 3,1-12: Haced penitencia, porque se acerca el Reino de Dios

 

II. APUNTE BIBLICO-LITÚRGICO

 

* La situación del pueblo de Israel no condiciona para nada los proyectos

de salvación de Dios. Por encima de

todo brotar  un renuevo del tronco de Jes‚, un v stago

florecer  de su raíz.

 

* Las im genes pastoriles son la prueba de que hasta del realismo m s

contundente Dios hace nacer la utopía.

 

* ¨Y que son todas esas promesas comparadas con la fidelidad de Dios en

Cristo que se hizo servidor de los

judíos precisamente para probarla?

 

* Dos reproches de Juan a los fariseos: que son inaccesibles al juicio de

Dios y que viven de la seguridad que les

proporciona el ser hijos de Abraham. El juicio va a llegar ya, y lo que

desde ahora cuenta es la actitud de

conversión ante el Reino que nos est  dando alcance.

 

III. SITUACIÓN HUMANA

 

* La decepción ante lo que tenía que cambiar y sigue igual es propia de

quienes hacen poco por la novedad. La

novedad en sí misma no es nada. La novedad es siempre obra de

hombres nuevos. El Hombre-Nuevo por

excelencia, Jesucristo, es el primer renovador.

 

* Los que sueñen con un mundo renovado con la sola fuerza de la propia

inmanencia del hombre, tienen aquí

una gran oportunidad de reconocer su error.

 

IV. LA FE DE LA IGLESIA

 

* La fe

 

_ Dios entrega a cada cristiano las funciones que es capaz de ejercer:

Dios no ha querido retener para ‚l solo el ejercicio de todos los

poderes. Entrega a cada criatura las funciones

que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza.

Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social (1884; cf 1885.

1888).

_ El sacramento de la Penitencia como anticipo del Juicio Final: 1470.

_ Preparativos de la venida de Cristo al mundo:

Al celebrar anualmente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza esta

espera del Mesías: participando en la

larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan

el ardiente deseo de su segunda venida.

Celebrando la natividad y el martirio del Precursor, la Iglesia se une al

deseo de ‚ste: ``Es preciso que l crezca

y que yo disminuya'' (Jn 3,30) (524; cf 522. 523).

 

* La respuesta

 

_ El Reino de Dios est  cerca; convertíos:

Jesús llama a la conversión. Esta llamada es una parte esencial del

anuncio del Reino:

``El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est  cerca; convertíos y

creed en la Buena Nueva'' (Mc 1,15)

(1427; cf 1428).

 

* El testimonio cristiano

 

_ La Iglesia ... sólo llegar  a su perfección en la gloria del

cielo ... cuando llegue el tiempo de la restauración

universal y cuando, con la humanidad, también el universo entero, que

est  íntimamente unido al hombre y que

alcanza su meta a trav‚s del hombre, quede perfectamente renovado en

Cristo (LG 48) (1042).

_ No hay cosa a Dios m s contraria que el corazón que bien se

parece porque no tiene vaso en que Dios eche

las riquezas de su misericordia, y Quédase en su propia bajeza y sequedad

por no quererse abajar, para que

corran en ‚l las aguas de la gracia de Dios (San Juan de µvila,

Epist. 85).

 

La conversión cristiana tiene como punto de partida al Señor que viene

y como punto de llegada al Señor que

resucitar .

 

 

DOMINGO III DE ADVIENTO (inicio)

 

Los que han puesto en Cristo su esperanza no conocen el miedo porque Cristo es la garantia de nuestro presente y de nuestro mañana

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Is 35,1-6a.10: Dios vendra  y nos salvará 

 

* Sal 145,6-10: Ven, Señor, a salvarnos

 

* St 5,7-10: Manteneos firmes porque la venida del Señor est 

cerca

 

* Mt 11,2-11: ¨Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a

otro?

 

II. APUNTE BIBLICO-LITÚRGICO

 

* Las calamidades y el dolor habían sumido a Israel en la pesadumbre y el

des nimo. El Profeta anuncia que el

poder de Yav‚ traer  un nuevo estado de cosas. Mucho de lo que

Isaías anuncia lo realizó Jesús. Pero lo que

importaba entonces es que el ansia de un futuro nuevo mantuviera la

ilusión del mañana.

 

* Santiago ha afirmado: No sab‚is Qué ser  vuestra vida mañana

y va a fiar al si Dios quiere el futuro de los

cristianos (única vez en toda la Biblia que se usa la fórmula tan

popular entre nosotros, si Dios quiere). Y con

el anuncio de que el Señor est  cerca invitar  a la esperanza y a la

fortaleza a los que sufren.

 

* Al elogiar a Juan, Jesús quiere dirigir su mirada m s lejos: a pesar

de todo, el Bautista est  en la antesala

del Reino; los que creemos en Jesucristo estamos dentro del todo. Y por eso

somos m s importantes.

 

III. SITUACIÓN HUMANA

 

* Nuestra sociedad puede ser calificada de lo inmediato, es decir, de

lo que se tiene a mano, porque del futuro

nadie se fía.

 

* Vivir el día a día se opone a la mirada hacia el mañana, porque se

le teme. No se sabe muy bien por Qué;

pero se tiene miedo al futuro. Este miedo conoce muchas formas de ser

combatido. Una de ellas es la creciente

afición por el esoterismo y las ciencias ocultas. La vieja tentación

del G‚nesis sigue en pie.

 

IV. LA FE DE LA IGLESIA

* La fe

 

_ El destino del mundo es ser transformado:

Así pues, el universo visible también est  destinado a ser

transformado, a fin de que el mundo mismo restaurado

a su primitivo estado, ya sin ningún obst culo est‚ al servicio de

los justos, participando en su glorificación en

Jesucristo resucitado (1047; cf 1048. 1050).

_ En este universo nuevo, Dios tendra  su casa entre los hombres: 1044.

1045.

 

* La respuesta

 

_ Dios da a los suyos el tiempo de salvación para que se

conviertan:

El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a

los hombres todavía ``el tiempo favorable, el

tiempo de salvación'' (2 Co 6,2). Inspira el santo temor de Dios.

Compromete para la justicia del Reino de Dios.

Anuncia la ``bienaventurada esperanza'' (Tt 2,13) de la vuelta del Señor

que ``vendra  para ser glorificado en sus

santos y admirado en todos los que hayan creido'' (2 Ts 1,10) (1041; cf

2854).

_ Conversión de la sociedad a la jerarquía de valores: 1886. 1887.

1888. 1889.

 

* El testimonio cristiano

 

_ Juan era en todo parecido a Cristo. La voz o la palabra es la

representación de la idea. Juan representaba en

todo a Cristo. Le anunciaron los  ngeles, nació de una mujer est‚ril

.... Así deben ser los predicadores cristianos.

Libres de toda preocupación, han de predicar no sólo con su palabra,

sino con su vida, luz del mundo y sal de la

tierra (San Roberto Belarmino, Sermón sobre el Bautista).

_ Líbranos de todos los males, Señor, y conc‚denos la paz en

nuestros días, para que, ayudados por tu

misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda

perturbación, mientras esperamos la gloriosa

venida de nuestro Salvador Jesucristo (Misal Romano, Embolismo) (2854).

 

Cuando el hombre se cree dueño del futuro, este se vuelve contra ‚l;

cuando la fe le convence de que es Dios, se

convierte en salvación.

 

DOMINGO IV DE ADVIENTO (inicio)

 

"La maternidad virginal de María y la salvación sólo pueden venir de

Dios"

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Is 7,10-14: "La Virgen concebirá"

 

* Sal 23,1-6: "Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la Gloria"

 

* Rm 1,1-7: "Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios"

 

* Mt 1,18-24: "Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo

de David"

 

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

 

* La permanencia del pueblo de Dios está apoyada en la promesa de venida

del Dios del pueblo. Una cosa es

que Dios se haga historia con el hombre y otra que el hombre deshaga o

destruya la historia de Dios con Él.

 

* La virginal gravidez de la Virgen será signo de salvación porque de

ella nacerá el "Dios-con-nosotros". Como si

hasta María, Dios fuera "simplemente" Dios, y desde María,

"Dios-con-nosotros".

 

* San José es el ejemplo de quienes saben que hay situaciones vitales que

exigen una decisión fundamental desde

una "lectura" de fe; que no pueden ser tomadas desde la desnuda voluntad

humana, sino desde la que se decide

desde Dios.

 

III. SITUACIÓN HUMANA

 

* Las muestras de prepotencia de las que hace gala el hombre de hoy se ven

muchas veces frenadas por la

frustración. La sensación de fracaso no suele ser para muchos

ocasión de buscar soluciones por otro camino,

incluído el de la trascendencia, sino para insistir una y otra vez en la

oferta de soluciones para la historia

creyéndose salvadores de todo.

 

* A veces ocurre que los grandes pensamientos o proyectos humanos son

sometidos a prueba por el Evangelio,

cuando es leído desde la fe; sin embargo ha de animarnos la convicción

de que la fe, lejos de destruir la iniciativa

del hombre, le ayuda a descubrir caminos nuevos e insospechados.

 

IV. LA FE DE LA IGLESIA

 

* La fe

 

_ Cristo, concebido por obra del Espíritu Santo:

"Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una

obra divina que sobrepasa toda comprensión y

toda posibilidad humanas: ``Lo concebido en ella viene del Espíritu

Santo'', dice el ángel a José a propósito de

María, su desposada (Mt 1,20)" (497; cf 496).

_ María, siempre Virgen: 499. 500. 501. 503.

 

* La respuesta

 

_ La oración en comunión con la Santa Madre de Dios:

"A partir de esta cooperación singular de María a la acción del

Espíritu Santo, las Iglesias han desarrollado la

oración a la santa Madre de Dios, centrándola sobre la persona de

Cristo manifestada en sus misterios. En los

innumerables himnos y antífonas que expresan esta oración, se alternan

habitualmente dos movimientos: uno

``engrandece'' al Señor por las ``maravillas'' que ha hecho en su humilde

esclava, y por medio de ella, en todos

los seres humanos; el segundo confía a la Madre de Jesús las

súplicas y alabanzas de los hijos de Dios ya que ella

conoce ahora la humanidad que en ella ha sido desposada por el Hijo de

Dios" (2675; cf 2673. 2674).

_ Todos los fieles estamos llamados a la santidad: 2012. 2013.

 

* El testimonio cristiano

 

_ "Merced a este vínculo especial que une a Cristo con la Iglesia, se

aclara mejor el misterio de aquella mujer

que, desde los primeros capítulos del libro del Génesis hasta el

Apocalipsis, acompaña la revelación del designio

salvífico de Dios respecto a la humanidad. Pues María, presente en la

Iglesia como Madre del Redentor, participa

maternalmente en aquella dura batalla contra el poder de las tinieblas que se

desarrolla a lo largo de toda la

historia humana" (Juan Pablo II, RM, 47).

 

El creyente no puede "acostumbrarse" nunca a las maravillas de Dios. El

asombro forma parte de la fe porque

certifica que la salvación y sus manifestaciones sólo pueden tener a

Dios por autor.

 

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (inicio)

(8 de Diciembre)

 

"Salve, llena de gracia, el Señor está contigo"

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Gn 3,9-15.20: "Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre su

estirpe y la tuya"

 

* Sal 97,1.2-3ab.3c-4: "Cantad al Señor una cántico nuevo, porque ha

hecho maravillas"

 

* Ef 1,3-6.11-12: "Dios nos eligió en la persona de Cristo antes de

crear el mundo"

 

* Lc 1,26-38: "Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está

contigo"

 

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

 

* El relato de la Anunciación a María pertenece al género

"midráshico", ya que S. Lucas confronta los textos

antiguos con la propia venida de Cristo.

Y vemos cómo la Virgen es la nueva Hija de Sión a la que Yavé

renueva con su amor, según Sofonías; es la llena

de gracia (Isaías); el resto que regresa de la cautividad y sobre el que

ha brillado la luz divina (Isaías); el templo

que rebosa de la gloria de Dios, según Ageo.....

 

* Sin dejar de pensar en el Adviento, marco en el que se celebra esta gran

festividad, hacemos notar que en

María tiene lugar el gran encuentro de Dios con la humanidad.

 

* Aunque la humanidad cometa el primer pecado, Dios no se olvida de su

misericordia. Pero ya se plantea

entonces una batalla contra el mal, en la que a María le tocan las

primicias de la victoria. Por eso, el misterio de

la Inmaculada nos anuncia que hay un plan de regeneración total, que ha

comenzado en María.

 

III. SITUACIÓN HUMANA

 

* El hombre sabe de su propia grandeza. Pero, siendo consciente de lo que

vale, no lo es tanto de sus

limitaciones y le cuesta mucho reconocerlas. Y aunque sepa que es el autor de

sus propios éxitos, no es tan

consciente de sus fracasos. Y suele buscar un culpable. Y casi siempre acaba

echando las culpas a quien le ha

hecho grande.

 

IV. LA FE DE LA IGLESIA

 

* La fe

 

_ La Iglesia confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción:

"...La Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha

del pecado original en el primer

instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios

omnipotente, en atención a los méritos de

Jesucristo, Salvador del género humano (Pío IX)" (491; cf 490. 492.

493).

_ La Anunciación: "Hágase en mí....": 494.

 

* La respuesta

 

_ Ella es nuestra Madre en el orden de la gracia:

"Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de

su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo,

la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por

eso es ``miembro muy eminente y del

todo singular de la Iglesia'', incluso constituye la figura (``typus'') de la

Iglesia (LG 63)" (967; cf 968. 969. 970).

_ El culto a la Santísima Virgen: 971.

_ Lucha contra el pecado...un duro combate: 40.

 

* El testimonio cristiano

 

_ "Ella, en efecto, como dice san Ireneo, ``por su obediencia fue causa

de la salvación propia y la del todo

género humano''. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación,

coincidieron con él en afirmar ``el nudo

de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que

ató la virgen Eva por su falta de fe lo

desató la Virgen María por su fe''. Comparándola con Eva, llaman a

María ``Madre de los vivientes'' y afirman

con mayor frecuencia: ``la muerte vino por Eva, la vida por María'' (LG

56)" (494).

 

La Iglesia contempla y celebra gozosa a la Virgen Inmaculada porque ve en

ella la imagen que Jesucristo quiere

de ella misma: limpia, pura, sin mancha ni arruga, preparada para el Esposo

que llega.

 

INTRODUCCIÓN A LA NAVIDAD (inicio)

 

El paso del Adviento a la Navidad es, desde el punto de vista litúrgico,

tan extraordinariamente rápido, que

apenas da tiempo a tomar conciencia de la situación totalmente distinta

que se crea a la luz de los textos y del

clima de las celebraciones. Acaso haya que decir que nos damos cuenta

demasiado pronto. Se ha sobrepuesto el

clima exterior de tal manera a la liturgia, que difícilmente podemos

soslayarlo.

 

No obstante, hemos de fijar perfectamente la frontera entre unas

celebraciones y otras.

 

Toda la liturgia de estos días gira en torno a la gran noticia: "La

Palabra se ha hecho carne y ha puesto su

tienda entre nosotros". La misma noticia, pero más sobria y menos

solemnemente enunciada es la del comienzo

de la Carta a los Hebreos: "En estos días nos ha hablado por su Hijo".

 

Este primer núcleo encierra a su vez otros aspectos que las distintas

fechas se encargan de subrayar: Hijo de Dios

e Hijo del Hombre, Encarnado en el seno de María Virgen y manifestado al

mundo.

 

La condición humana, hermanada con la de Dios a través de Cristo, es

la consecuencia que las Misas de la

Navidad destacan, especialmente las de "Aurora" y del día de Navidad.

Junto a eso, y como encadenado con lo

anterior, la luz que ha irrumpido en el mundo rompiendo la tiniebla es otra

noticia que invita a la alegría

navideña (Ambas ideas se enlazan perfectamente en el Prefacio I de la

Navidad).

 

En el prólogo del IV Evangelio, San Juan usa el siguiente método:

resalta la condición divina del Verbo, "por

quien han sido hechas todas las cosas" y desciende luego haciéndole

presente como Palabra que ha puesto su

casa entre nosotros.

 

La liturgia de Navidad procede de modo parecido. El gran Dios nacido en

Belén es el Hijo del Hombre venido a

través de María, Madre de Dios, mostrándonos a sí el amor del

Padre enviando al Hijo "pereciéndose a nosotros

en todo, menos en el pecado".

 

Que la Virgen Santísima aparezca venerada como Madre de Dios, y mediante

la cual ha hecho su entrada en el

mundo, es lo que provoca en el creyente otra sensación de

estupefacción. Y conste que la liturgia, así vivida,

nunca deja de surtir sus efectos, porque jamás aburre, por muy repetida

que la hallemos.

 

El misterio de la profunda vinculación entre la Madre y el Hijo y el

profundo amor del Padre, que para salvar a

la humanidad ha elegido a una Mujer de entre nosotros para traer la

salvación por Jesucristo, hace de la

Solemnidad de la Madre de Dios, la fiesta de la Encarnación en cuanto tal,

es decir, el misterio de la Palabra

hecha carne por medio de María.

 

Si en la Navidad se celebraba fundamentalmente el nacimiento, el día 1

de Enero se actualiza la donación. No

estaría mal recuperar, ahora en lengua vernácula para que sean

entendidas por el pueblo, las palabras que en

otro tiempo acompañaban a la adoración del Niño en nuestros templos

tras las misas navideñas. En Navidad,

"Christus natus est nobis, Venite adoremus"; y el día de la

Maternidad, "Christus datus est nobis".

 

El tercero de los momentos señalados se encuentra en la Epifanía. Es

la manifestación ostensible y pública,

universal de Cristo a todas las naciones. España es uno de los pocos

lugares que concede caracter festivo a este

día, pero no por eso se destaca la condición que señalamos. Es este

un día en que la predicación va por

derroteros muy distintos de los que la gente vive. Es el día de los

regalos y resulta difícil la celebración por falta

de sintonía. Tal vez sea el final del ciclo, la fiesta del Bautismo del

Señor, la ocasión de subrayar lo que no se

haya podido en Epifanía.

 

Queda, sin embargo, un dato de gran relevancia en estos días y de cuya

trascendencia es preciso hacernos eco en

nuestra predicación: El Nombre de Jesús y el Emmanuel

"el-Dios-con-nosotros". El Catecismo de la Iglesia

Católica, entre los números 430 y 435, expone la doctrina acerca del

mismo. Desde la apelación a la "salvación"

como contenido fundamental de tal denominación, hasta la constante

invocación en la oración de la Iglesia, el

Catecismo va desgranando la gran riqueza de contenido de este

"Nombre-sobre-todo-nombre", ya que "no hay

bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos

salvarnos".

 

Tradicionalmente se ha celebrado el primero de Enero la fiesta del

Emmanuel. Y, sin salirse para nada de la

gran solemnidad de la Maternidad divina, es bueno poner de relieve este

acercamiento de Dios hacia nosotros.

Presentando la Navidad como la culminación de las promesas de Dios,

mediante las que se iba haciendo presente

en medio del pueblo elegido y prometía a la vez una presencia mayor y

definitiva que sólo con la venida de

Cristo el mundo ha entendido del todo, puede hacerse alusión a esta venida

y esta presencia que deja

verdaderamente pálidas las promesas, porque jamás podía mente humana

imaginar semejante muestra de vecindad

de Dios para con su pueblo: "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a

su Hijo Unigénito".

 

ESQUEMA DE NAVIDAD NAVIDAD (inicio)

 

Solemnidades

y domingos

 

Lecturas

 

Catecismo de la Iglesia Católica

 

NAVIDAD. (Vigilia)

"Veréis la gloria del Señor"

 

Is 62,1-5: "El Señor te prefiere a ti"

Hch 3,16-17.22-25: "Pablo da testimonio de Cristo"

Mt 1,1-25: "Genealogía de Jesucristo, hijo de David"

 

Consecuencias del pecado en el hombre: 402-406

Dios no abandona: 410. 441

 

NAVIDAD. (Misa de medianoche)

"Hemos visto la Luz del Señor"

 

Is 9,2-7: "Un Hijo se nos ha dado"

Tit 2,11-14: "Ha aparecido la gracia de Dios"

Lc 2,1-14: "Hoy os ha nacido un Salvador"

 

El Misterio de la Navidad: 525. 526

Los cristianos hijos de la luz: 736

 

NAVIDAD. (Misa del día)

La Palabra se ha hecho carne

 

Is 52,7-10: "La tierra verá la victoria de Dios"

"Hb 1,1-6: "Dios ha hablado por su Hijo"

Jn 1,1-18: "La

Palabra se ha hecho carne"

Para qué se ha hecho carne el Verbo: 456-460

Hijos de Dios por la gracia: 1996

  

SAGRADA FAMILIA

"La familia, obra de Dios"

 

Eclo 3,3-7.14-17a: "El que teme al Señor honra a sus padres"

Col 3,12-21: "La vida de familia vivida en el Señor"

Mt 2,13-15.19-23: "Toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto"

 

La Familia en el plan de Dios: 2201-2203

La familia, célula original de la vida social: 2207

Familia y sociedad: 2209-2211

 

Solemnidades y domingos

 

Lecturas

 

Catecismo de la Iglesia Católica

 

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

!Salve, tú que diste a luz al Rey!

 

Num 6,22-27: "Invocarán mi nombre... y los bendeciré"

Gal 4,4-7: "Dios envió a su Hijo nacido de una Mujer"

Lc 2,16-21: "... le pusieron por nombre Jesús"

 

María, escogida para Madre de Dios: 488

Jesús, "Dios salva": 430

 

DOMINGO II DE NAVIDAD

Dios nos habla y nos salva por Jesucristo

 

Eclo 24,1-4.12-16: "La sabiduría habita en el pueblo"

Ef 1,3-6.15-18: "Nos predestinó a ser hijos de Dios"

Jn 1,1-18: "La Palabra se ha hecho carne..."

 

Jesucristo, Dios y Hombre: 464. 465

Jesucristo, manifestación de la verdad de Dios: 2466

  

EPIFANÍA DEL SEÑOR

"Los pueblos caminan a la luz del Señor"

 

Is 60,1-6: "La gloria del Señor amanece sobre tí"

Ef 3,2a.5-6: "Los gentiles son también herederos"

Mt 2,1-12: "Venimos de Oriente a adorar al Rey"

 

Epifanía: 528

La salvación viene de Cristo por la Iglesia: 846

 

BAUTISMO DEL SEÑOR

"Éste es mi Hijo muy amado. Escuchadlo"

 

Is 42,1-4.6-7: "Mirad a mi Siervo a quien prefiero"

Hech 10,34-48: "Dios ungió a Jesús mediante el Espíritu"

Mt 3,13-17: "Apenas se bautizó Jesús, descendió el Espíritu"

 

El Bautismo de Jesús: 535

La vida de Cristo, ofrenda al Padre: 606

El Bautismo, incorporación a la Iglesia: 1267

  

NATIVIDAD DEL SEÑOR (inicio)

(Misa de la Vigilia)

 

"Mañana veréis la gloria del Señor"

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Is 62,1-5: "El Señor te prefiere a ti"

 

* Sal 88,4-5.16-17.27.29: "Cantaré eternamente las misericordias del

Señor"

 

* Hch 13,16-17.22-25: "Pablo da testimonio de Cristo, Hijo de David"

 

* Mt 1,1-25: "Genealogía de Jesucristo, Hijo de David"

 

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

 

* Consciente el Profeta de que únicamente Dios puede ser quien imponga el

nombre nuevo a Jerusalén, le deja a

Él la iniciativa para los calificativos con que será conocida en

adelante. Porque solamente será Él quien podráá

renovar su Alianza y llamarla otra vez su Esposa.

 

* Quiere San Mateo dejar bien sentado el linaje de Jesús desde David.

Pero también de Abraham; y cambia el

orden cronológico. Pero la atenta lectura de las genealogías nos hace

ver la identificación de Cristo con lo más

auténtico de la humanidad. En sus orígenes humanos, la mezcla de la luz

y las tinieblas, el pecado y la fidelidad,

le hacen ser como nosotros. Pero la palabra definitiva será suya:

"Dios-con-nosotros" será lo que note y

experimente la humanidad como intervención divina.

 

III. SITUACIÓN HUMANA

 

* Cuando el hombre mira a su alrededor y ve el resultado del pecado en medio

de la humanidad, siente de un

lado la vergüenza y de otro la incapacidad del remedio. La mirada de Dios

es distinta y la única que devuelve a

la esperanza. Lejos de apartar sus ojos de la miseria humana, la asume para

vencerla desde Jesucristo. Los que

sueñen con el remedio medicinal de sólo origen humano, alguna vez se

sentirán desengañados. ¿Acabarán por

aceptar la acción divina como la exclusivamente salvadora, cuando el

hombre es capaz de secundar la iniciativa de

Dios?

 

IV. LA FE DE LA IGLESIA

* La fe

 

_ Jesús, "Hijo de David":

"Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su

esperanza reconocieron en Jesús los rasgos

fundamentales del mesiánico ``hijo de David'' prometido por Dios a Israel.

Jesús aceptó el título de Mesías al

cual tenía derecho, pero no sin reservas porque una parte de sus

contemporáneos lo comprendían según una

concepción demasiado humana, esencialmente política" (539; cf 457.

458. 469).

 

* La respuesta

 

_ Cristiano, reconoce tu dignidad:

"Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la

naturaleza divina, no degeneres volviendo a la

bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué Cabeza perteneces y de qué

Cuerpo eres miembro. Acuérdate de que

has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz

del Reino de Dios" (1691).

 

* El testimonio cristiano

 

_ "Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al

consentimiento, las castas entrañas al Creador. Mira

que el deseado de todas las gentes está llamando a la puerta. Si te

demoras en abrirle, pasará adelante, y

después volverá con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate,

corre, abre. Levántate por la fe, corre por la

devoción, abre por el consentimiento.

Aquí está _dice la Virgen_ la esclava del Señor; hágase en mi

según tu palabra". (San Bernardo, Homilía 4

sobre la Virgen).

_ "Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, el Hijo

de Dios, Hijo del hombre: para que el

hombre, al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la

filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios (S.

Ireneo, Haer, 3,19)" (460).

 

!Admirable grandeza la de un Dios que, al acercarse al hombre ha atravesado

las sombras! Pero para destruirlas

llenándolas de su luz. Y cuanto más cerca, más luz. Por eso brilla

más la viginidad de María.

 

NATIVIDAD DEL SEÑOR (Misa de Medianoche) (inicio)

 

"El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande"

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Is 9,2-7: "Un hijo se nos ha dado"

 

* Sal 95,1-3.11-13: "Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el

Señor"

 

* Tt 2,11-14: "Ha aparecido la gracia de Dios para los hombres"

 

* Lc 2,1-14: "Hoy os ha nacido un Salvador"

 

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

 

* El profeta pasa de la descripción de una ruina total del pueblo a la de

la una ocasión de esperanza y

restauración. Probablemente Isaías aprovecha una pieza de la liturgia

de entronización real, no para decirnos

nada de un rey histórico, sino para realzar la entrada del rey ideal,

mesiánico. De otro modo, no se hubiera

atrevido a usar la expresión "Dios guerrero" (Dios fuerte)

atribuyéndosela al Rey que viene.

 

* Como intentando separar el sentido del poder humano, y otorgar a Cristo el

título de "Señor" puesto en boca

de los ángeles, San Lucas comienza su relato llevando al lector al

"mundo entero" primero; luego a Siria, después

a Judea y Belén. El poder humano, tan amplio, tan extenso, ahora

contrastado en el Mesías en el pesebre.

 

* Todo el que recibe la luz de Cristo, se siente hijo de Dios y portador de

esta luz. Y no solamente puede llenar

de luz los caminos de los hombres, sino decirles dónde está la luz

verdadera. La Iglesia es hoy la luz que alumbra

a todo hombre, porque es el sacramento de Cristo ante el mundo.

 

III. SITUACIÓN HUMANA

 

* El hombre ha intentado conquistar siempre cotas de mayor bienestar. La

historia está repleta de ejemplos de

quienes han intentado _siempre con buena voluntad_ ganar en dignidad, en

capacidad de convivencia, en afán

de paz, en búsqueda de la justicia. Otra cosa es que hayan acertado en el

método.

 

IV. LA FE DE LA IGLESIA

* La fe

 

_ El Misterio de la Navidad:

"Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre;

unos sencillos pastores son los primeros testigos

del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo. La

Iglesia no se cansa de cantar la gloria de

esta noche" (525; cf 526).

_ Se encarnó para hacernos partícipes de su naturaleza divina:

"Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de

Dios, Hijo del hombre: Para que el

hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la

filiación divina, se conviertiera en hijo de Dios.

Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios" (460).

 

* La respuesta

 

_ "``Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el

cual, siendo de condición divina, no retuvo

ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo

tomando condición de siervo, haciéndose

semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se

humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la

muerte y muerte de cruz'' (Flp 2,5-8)" (461).

 

* El testimonio cristiano

 

_ "O admirabile commercium! El Creador del género humano, tomando

cuerpo y alma, nace de una Virgen, y

hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad (Liturgia

de las Horas, antífona de la octava

de Navidad)" (526).

¦m "Hoy los pastores le conocieron por medio de un ángel, y a los que

presiden la grey del Señor se les enseñó

la manera de anunciar la Buena Nueva, para que nosotros también digamos

con el ejército de la milicia celeste:

``Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena

voluntad''" (San León Magno, Sermón

22, 2.o de Navidad)

 

Los llamados a ser portadores de la luz son los que más de cerca la

reciben. El cristiano es luz porque lleva la de

Cristo.

 

NATIVIDAD DEL SEÑOR (Misa del día) (inicio)

 

"La Palabra se ha hecho carne, y ha puesto su casa entre nosotros"

 

I. LA PALABRA DE DIOS

 

* Is 52,7-10: "Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro

Dios"

 

* Sal 97,1.2-6: "Los confines de la tierra han contemplado la victoria de

nuestro Dios"

 

* Hb 1,1-6: "Dios nos ha hablado por su Hijo"

 

* Jn 1,1-18: "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros"

 

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

 

* La alegría que se anunciaba al pueblo cuando era proclamado un nuevo rey

en Sión, la usa ahora el Profeta

para anunciar la inauguración de un nuevo reinado de Dios. La inminencia

del retorno de los exiliados, y el

anuncio de paz subsiguiente, serán los signos perceptibles de la acción

divina.

 

* La Palabra de Dios, que había hecho surgir el mundo y el hombre, acampa

en el mundo y se hace hombre

para dar a los hombres el poder ser y llamarse "hijos de Dios". Percibida

"en otro tiempo" (2.a Lect.) como una

revelación del proyecto de Dios sobre el mundo y el hombre, acontece ahora

entre nosotros como salvación.

 

* La Palabra se ha hecho carne precisamente en este mundo. Que este mundo sea

aceptado como es y no

desdeñado como morada del Hijo, es un modo de convencer al hombre de que

Dios, a pesar de todo, le sigue

amando.

 

III. SITUACIÓN HUMANA

 

* La celebración meramente costumbrista de la Navidad la reduce.

Cristianos y no cristianos, los que celebran de

corazón y "los que se apuntan", todos necesitamos abandonar cualquier

vestigio de frivolidad en estos días.