CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
AÑO C
COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS SUBCOMISIÓN EPISCOPAL PARA LA CATEQUESIS
INDICE
Adviento
Navidad
Cuaresma
Santo Triduo Pascual
El Tiempo Pascual
Tiempo Ordinario
Solemnidades
Ofrecemos con humilde esperanza este instrumento principalmente orientado a quienes tienen la responsabilidad de preparar la homilía dominical y festiva; y también útil como guía para una lectura del propio "Catecismo de la Iglesia Católica" encuadrada en el marco del tiempo litúrgico y de las perícopas bíblicas que se asignan al Año C del ciclo trienal celebrativo.
Se inicia con este libro la consecución de una acción que nos fue encomendada para el trienio 1993-1996 en orden a la recepción del Catecismo en España: "Elaboración de ayudas para la predicación dominical y festiva aportando, en relación con sus textos bíblicos, las referencias del Catecismo de la Iglesia Católica que tienen relación con dichos textos". Este objetivo nos fue recomendado expresamente por la LX Asamblea Plenaria de los Obispos, cuando nos alentaba a prestar servicios para "la promoción de una catequesis profundamente eclesial que parte de la comunión y memoria de la Iglesia y tiende a ella".
En qué consiste el presente instrumento se explica con claridad y amplitud en su introducción. Ha sido elaborado por un equipo presidido por un Obispo, del que han formado parte Mons.
José M.a Eguaras, liturgista y durante tantos años Vicesecretario del Episcopado Español; D. Francisco Ferrer Luján, catequeta y Vicario Episcopal del Arzobispo de Valencia; el P. José Antonio Goenaga S.J., liturgista y Profesor de la Facultad de Teología de Deusto; y D. Manuel del Campo Guilarte, Profesor ordinario del Centro de Estudios Teológicos "San Dámaso" de Madrid y Director del Secretariado Nacional de Catequesis.
A todos ellos el agradecimiento más profundo de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.
15 de actubre de 1994
José Manuel Estepa Llaurens Arzobispo Presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis
(inicio)1. Homilía y Catequesis
2. Homilía y Catecismo
a) La Tradición viva en la Iglesia
b) La confesión de la fe en lo sustancial
c) Exposición orgánica
d) Adaptación necesaria
3. Esquema general del ciclo «C»
«Pido... a los pastores de la Iglesia y a los fieles, que reciban este Catecismo con un espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica» (Juan Pablo II, Const. Apost., Fidei Depositum, 4).
«En la homilía se exponen durante el ciclo del año litúrgico, a partir de los textos sagrados, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana» (Vaticano II, Sacrosantum Concilium, 52)
«El sacerdote debe ser el primero en tener una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios; no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con una conexión dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos, y engendre dentro de sí una mentalidad nueva: la mente de Cristo (l Co 2,16), de modo que sus palabras, sus opciones y sus actitudes sean, cada vez más una transparencia, un anuncio y un testimonio del Evangelio... El no es el dueño de esta Palabra: es su servidor. El no es el único poseedor de esta palabra: es deudor ante el Pueblo de Dios. El anuncia la Palabra en su cualidad de ministro, partícipe de la autoridad profética de Cristo y de la Iglesia. Por esto, por tener en sí mismo y ofrecer a los fieles la garantía de que transmite el Evangelio en su integridad, el sacerdote ha de cultivar una sensibilidad, un amor y una disponibilidad particulares hacia la Tradición viva de la Iglesia y de su Magisterio, que no son extraños a la Palabra, sino que sirven para su recta interpretación y para custodiar su sentido auténtico». (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 26).
Estos tres textos presentan el objetivo de esta obra.
Es una ayuda a los sacerdotes para la preparación de las homilías de los domingos y solemnidades. Un subsidio para el anuncio de la fe y la llamada a la vida evangélica que se realiza en la homilía, lugar propio de la liturgia.
Un auxilio que quiere ser garantía de un recto ejercicio del ministerio de la Palabra, ya que ofrece el Catecismo de la Iglesia Católica que «es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico» (FD, 4).
El Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española Para que el mundo crea (l994-l997) señala la catequesis y la predicación como dos de los sectores más importantes en los que se ha de buscar expresamente el servicio a los objetivos comunes de la pastoral de evangelización propuesta por el Episcopado español para este trienio.
En la catequesis y en la predicación es necesario «asumir cada vez más hondamente el Catecismo de la Iglesia Católica, tanto en sus contenidos como en sus criterios inspiradores, en todos los procesos de formación cristiana».
Asumir el Catecismo de la Iglesia Católica posibilita que la acción catequética y la predicación sean verdaderamente evangelizadoras y busquen «por encima de todo la verdadera conversión de las personas a Dios, a Jesucristo, a la vida cristiana en todos sus exigencias de seguimiento, vida espiritual, testimonio y responsabilidades apostólicas y sociales» (Para que mundo crea, pág. 32).
Con esta convicción ofrecemos este servicio pastoral. Creemos que es un buen instrumento para renovar la predicación homilética e «impulsar una predicación más adecuada a las exigencias actuales del servicio a la fe de nuestro pueblo y de una verdadera evangelización» (Para que el mundo crea, pág.32)
1. Homilía y Catequesis
La exhortación apostólica del Papa Juan Pablo II Catechesi Tradendae, 48, trata de la homilía como uno de los momentos para la catequesis en el sentido amplio del término:
«La homilía vuelve a recorrer el itinerario de fe propuesto por la catequesis y la conduce a su perfeccionamiento natural»
La catequesis se realiza en una comunidad cristiana en lugares y ámbitos distintos, y utiliza diversos métodos, pero tiende siempre a la celebración litúrgica. La homilía interviene como nexo entre el itinerario recorrido y la liturgia que se celebra.
«La homilía impulsa a los discípulos del Señor a emprender cada día su itinerario espiritual en la verdad, en la adoración y en la acción de gracias. En este sentido, se puede decir que la pedagogía catequética encuentra, a su vez, su fuente y su plenitud en la Eucaristía dentro del horizonte completo del año litúrgico»
La homilía no es solo un nexo para que la acción evangelizadora de la catequesis culmine en la liturgia, sino que lo es también para que la liturgia celebrada sea fuente de la vida cristiana.
«La predicación centrada en los textos bíblicos debe facilitar entonces, a su manera, el que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana»
La homilía es un forma de catequesis sistemática, siguiendo el año litúrgico, y a partir de la Palabra de Dios proclamada en la celebración. Es una forma peculiar litúrgica de educar en la fe. Su nota más sobresaliente es «lo que hace de ella un acto sacramental que pertenece por entero a la misma dinámica de la presencia de la Palabra de Dios en la liturgia. La homilía no cumple únicamente la función de anunciar a Cristo, explicar las Escrituras o instruir al pueblo, sino que hace todo esto en el ámbito propio del culto litúrgico y de los signos sacramentales» (Comisión Episcopal de Liturgia, Partir el pan de la palabra, n.o 10).
Esta descripción de la función que tiene la homilía en la educación de la fe del pueblo cristiano queda iluminada por la experiencia histórica del Catecumenado.
El Catecumenado en la iniciación cristiana de adultos fue en los primeros siglos de la Iglesia un tiempo de catequesis acomodado al año litúrgico. La celebración litúrgica incidía en el programa catequético pero no lo suplía, y la catequesis culminaba en celebración.
De los cuatro caminos que componen el catecumenado la catequesis o enseñanza, el ejercicio en la práctica de la vida cristiana, la liturgia, y el aprendizaje en el apostolado el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos en sus observaciones previas señala que «por una catequesis apropiada, dirigida por sacerdotes, diáconos o catequistas y otros seglares, dispuesta por grados, pero presentada íntegramente, acomodada al año litúrgico y basada en las celebraciones de la palabra, se va conduciendo a los catecúmenos no sólo al conveniente conocimiento de los dogmas y de los preceptos sino también al íntimo conocimiento del misterio de la salvación, cuya aplicación desean» (R.I.C.A., Observaciones previas, 19,1).
Esta obra, preparada por la Subcomisión Episcopal de Catequesis parte de la convicción de que Catequesis y Liturgia han de estar íntimamente relacionadas en la misión pastoral de la Iglesia, y que la homilía es la actividad principal del ministerio pastoral de los sacerdotes para establecer ese nexo.
2. Homilía y Catecismo
El más utilizado anexo al Catecismo Romano del Concilio de Trento tiene como título: «Práctica del Catecismo, o sea, el Catecismo distribuido entre todas las dominicas del año, algunas ferias y fiestas del Señor, y acomodado a los evangelios». Fue un texto auxiliar de la formación teológica de los párrocos en su misión de instruir al pueblo.
¿Nos encontramos hoy ante el Catecismo de la Iglesia Católica con la necesidad de que llegue al pueblo cristiano un catecismo destinado directamente a los pastores y, por ellos, al pueblo? ¿Existe hoy la necesidad de hacer llegar a todos los católicos el Catecismo de la Iglesia Católica para que se eduquen en la fe? Creemos que sí. El texto ya citado de la Constitución Fidei Depositum pone el Catecismo en manos de los pastores «para que lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica», no solo para su formación teológico-pastoral, ni solo para elaborar otros catecismos menores. Debe llegar a todos los sujetos del anuncio de la fe y de la vocación cristiana. La homilía es para ello una acción evangelizadora privilegiada en el marco de la liturgia cualitativa y cuantitativamente. La homilía es escuchada semanalmente por casi un tercio de la población católica en España.
2.1. Las Constituciones del Concilio Vaticano II Dei Verbum y Sacrosantum Concilium nos sugieren el modo de incorporar el Catecismo de la Iglesia Católica a la predicación homilética. Modo muy distinto al del citado anexo del Catecismo Romano.
La predicación homilética ha de hacerse a partir de los textos sagrados (cf SC, 52 citado arriba), y conforme al Espíritu que inspiró los textos. El Concilio Vaticano II (DV, 12, 3) señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró. Así los recoge el Catecismo de la Iglesia Católica.
«Prestar una gran atención» al contenido y a la unidad de toda la Escritura. En efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios, del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua` (112).
«Leer la Escritura en la Tradición viva de toda la Iglesia. Según un adagio de los Padres..., la Sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos. En efecto, la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la interpretación espiritual de la Escritura» (113).
«Estar atento a la analogía de la fe. Por analogía de la fe entendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación» (114).
El Catecismo de la Iglesia Católica ha sido un buen regalo para los sacerdotes por muchos motivos, pero no es el menor el que sirva para enraízar la homilía en la Tradición viva de la Iglesia y poder descubrir esta riqueza al Pueblo de Dios con el humilde servicio de lapredicación. El Catecismo de la Iglesia Católica presenta «fiel y orgánicamente la enseñanza de la Sagrada Escritura, de la Tradición viva en la Iglesia y del Magisterio entero, así como la herencia espiritual de los Padres, de los santos y santas de la Iglesia, para permitir conocer mejor el
misterio cristiano y reavivar la fe del Pueblo de Dios... (Tiene en cuenta) las explitaciones de la doctrina que el Espíritu Santo ha sugerido a la Iglesia a lo largo de los siglos... y ayuda a iluminar con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en el pasado aún no se habían planteado» (FD, 3).
En los esquemas homiléticos que se proponen, hay citas literales del Catecismo bajo los epígrafes: «La fe de la Iglesia» y «Testimonio cristiano»; y referencias al Catecismo «Sugerencias para el estudio de la homilía» junto con otras sugerencias. Todo ello quiere ser una ayuda para comprender los textos sagrados recogidos en el Leccionario, en el Espíritu que los inspiró, y según los criterios señalados por la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II.
2.2. Cuanto señala la nota publicada por la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y Subcomisión Episcopal de Catequesis «sobre algunos aspectos de la Catequesis hoy, relacionados con el tema de la revelación cristiana y su transmisión» puede decirse también de la predicación homilética.
«Insistir en la catequesis como transmisión de la Sagrada Escritura y de los principales documentos de la Tradición y del Magisterio; insistir, asimismo...como memoria en conexión vital con la anamnesis eucarística o en la fe como inserción y participación en la corriente viva de la
Tradición y de su lenguaje; o insistir en la necesidad de unas expresiones inalterables que salvaguarden la unidad, homologia (confesión), de la fe en lo sustancial, se compadece mal con una de las tendencias de la modernidad: la emancipación respecto de toda insistencia ajena a la razón autónoma, de toda tradición, de todo lo dado...A partir de esta exigencia de ``reinventar'' la ``auténtica'' fe y la comunidad cristiana, pues parece que no se esté seguro de que la larga tradición de la Iglesia no la haya corrompido, no es extraño, por un lado que el discurso catequético se haya fragmentado y parcializado en bastantes casos, y por otro lado, haya perdido sustantividad, referencia a la realidad, y ``regla'' de la fe, y se haya convertido en instrumento para suscitar experiencias, actitudes y compromisos pretendidamente cristianos» (Cf 14-15).
Los esquemas homiléticos que se proponen expresan también esta preocupación, y para responder a ello escogen algunos textos del Catecismo para que, de alguna manera, se formulen en la homilía con un lenguaje común al que se utiliza en otras actividades del ministerio de la Palabra. Son los textos citados en el epígrafe: «La Fe de la Iglesia». En los esquemas homiléticos de los otros dos ciclos se escogerán otros textos con la finalidad de colaborar desde la homilía a la necesaria homología (confesión) de la fe en lo sustancial.
2.3. Asimismo, el Catecismo de la Iglesia Católica, propicia exponer la fe de la Iglesia orgánicamente y ayuda a superar la tendencia a la fragmentación. «Este Catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Numerosas referencias en el interior del texto y el índice analítico al final del volumen permiten ver cada tema su vinculación con el conjunto de la fe» (18).
Además, la homilía «está destinada preferentemente a aquellos que ya han sido llamados a la conversión y a la fe, que la suponen al mismo tiempo que la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y obras» (Comisión Episcopal de Liturgia, DC, 10). La homilía, pues, debe exhortar a celebrar, orar y vivir lo que la fe proclama, y debe relacionar armónicamente el primer anuncio (kerigma), la exposición sistemática (la catequesis), la exhortación a la perseverancia en la vida cristiana (parénesis), y la comunicación con el misterio de la presencia del Señor (mystagogia). La homilía necesita, pues, de un instrumento que relacione orgánicamente la fe profesada, con la liturgia, la vida cristiana y la oración. Este instrumento, de toda garantía, es el Catecismo de la Iglesia Católica.
En los esquemas homiléticos, se ofrece esta relación orgánica mediante citas del Catecismo para el estudio de la homilía en dos epígrafes: «La fe», preferentemente con referencias a la primera y segunda parte del Catecismo y en «La respuesta» con referencias también a la tercera y cuarta parte del mismo Catecismo, a fin de que se pueda establecer esa relación orgánica entre lo que creemos, celebramos, vivimos y oramos. En cada año litúrgico se contiene la sustancia viva del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. En el conjunto de los tres años litúrgicos se habrá recorrido extensivamente todo el Catecismo.
2.4. Finalmente, no se debe olvidar que «por su misma naturaleza este catecismo no se propone dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido como en el método, a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a catecismos propios de cada lugar, y, más aún, a aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles» (24).
El Catecismo de la Iglesia Católica exige leerlo adaptado a los fieles por parte de los encargados de educarles en la fe. Esta exigencia es mayor cuando se utiliza en la predicación homilética.
«La predicación sacerdotal resulta bastantes veces muy difícil en la situación actual de nuestro mundo. Para mejor mover las almas de los oyentes, debe presentar la Palabra de Dios no sólo
de manera abstracta y general, sino aplicando la verdad perenne del Evangelio a las circunstancias concretas de la vida» (C. Vaticano II,
Presbyterorum Ordinis, 4).
La Palabra de Dios, leída y comentada en la Tradición viva de la Iglesia ha de realizar en el «hoy-aquí-para nosotros» lo que se proclama. Esta acción es obra del Espíritu Santo.
El que predica colabora con El en cuanto traduce y aplica a la situación y vida concreta del oyente la Palabra de Dios proclamada.
La Palabra de Dios proclamada y concretada por la Iglesia es la Luz que ilumina la vida personal y la comunidad humana social donde el creyente, en comunión con la Iglesia, peregrina hacia el encuentro con Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica, que es adaptable necesariamente, es evidente que no puede ser leído sin más en la homilía, pero es un buen instrumento para que los pastores puedan ofrecer a los fieles la mayor de las cualidades de una predicación: la sustancia viva de la fe de la Iglesia.
El esfuerzo, sin embargo, para su adaptación a los oyentes concretos no lo puede suplir nadie. En estos esquemas se ofrecen «Otras sugerencias» generales para el estudio de la homilía a partir de algunas situaciones y propone algunas posibles conexiones entre los textos bíblicos y el Catecismo. La preparación de la homilía ha de hacerla gozosamente cada ministro de la predicación.
La mejor preparación homilética, la más concreta y adaptada a las circunstancias sociales y a los destinatarios es aquella que se gesta conducida por el Espíritu de Dios, «tácitamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta ¿creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Vivís lo que creéis? ¿Predicáis verdaderamente los que vivís? Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación» (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 76).
AÑO C
(inicio)Tiempo litúrgico
Enfoque
Objetivo
1.ADVIENTO
Dimensión misionera: Desde la confesión de fe hacia la confesión de fe.
Itinerario del hombre para su encuentro con el Señor que vino, viene y vendrá.
2.NAVIDAD
Mystagogia: Profundizar en el Misterio y «gustar» su celebración.
El Misterio de la Encarnación como Epifanía o manifestación del Hijo de Dios a los pastores, paganos, pobres, y como Siervo.
3.CUARESMA
Dimensión catequética (Catecumenado: tiempo
de iluminación y purificación).
Camino hacia la cruz pascual a
través del ejercicio de la cuaresma y de la conversión.
4.SANTO TRIDUO PASCUAL
La celebración Pascual.
Celebrar y contemplar el Misterio.
5.TIEMPO PASCUAL
Dimensión catequética (Mystagogia).
Mystagogia del Misterio pascual:Cristo resucitado.La
Iglesia, Cuerpo visible de Cristo resucitado.
6.TIEMPO ORDINARIO
Dimensión parenética para el
testimonio y la misión.
Exhortación a la vocación
cristiana. Catequesis de la vida en Cristo y la oración.
Exhortación a la esperanza escatológica.
En cada tiempo litúrgico hay un esquema e introducción
explicativa del plan de homilía que se propone.
ADVIENTO
Adviento:
El Señor vino en la carne de nuestro Salvador.
El Señor viene en la Iglesia por medio del Espíritu Santo.
El Señor vendrá al final de los tiempos en el que Dios será todo
en todos.
La Iglesia anuncia abiertamente y con decisión al Dios vivo y a
Jesucristo enviado por El para salvar a todos los
hombres y cultiva en este tiempo las dimensiones morales de vigilancia y
acogida ante el encuentro con Jesucristo.
Los cuatro domingos de Adviento y la solemnidad que dentro de él se
celebra: la Inmaculada Concepción de
María, pueden ayudar al pueblo cristiano, utilizando el Catecismo, para
volver a realizar el primer anuncio
misionero y la llamada a la conversión. Los temas del Catecismo que se
seleccionan y su secuenciación subrayan
esta dimensión misionera:
1.er domingo: El hombre abierto a la esperanza en Jesucristo que vendrá
es llamado a la vigilancia.
2.o domingo: A este hombre, Dios le concede la virtud teologal de la
esperanza.
3.er domingo: Dios, que no le abandona al poder de la muerte, es, en
Jesucristo, la Buena Noticia, la plenitud de
la Revelación, y le libra del pecado con su gracia.
4.o domingo: Y Solemnidad de la Inmaculada Concepción: Jesucristo,
concebido por obra y gracia del Espíritu
Santo, y nacido de la Virgen María, en la plenitud de los tiempos, la
Alianza definitiva y definitivo encuentro de
Dios con los hombres.
ADVIENTO
Domingos y Solemnidades
Primera Lectura
Segunda
Lectura
Evangelio
Catecismo de la Iglesia Católica
ADVIENTO
Suscitaré a David un
vástago legítimo (Jr 33, 14-16)
...cuando Jesús
nuestro Señor, vuelva (1 Ts. 3,12-4,2)
Velad (Lc 21,
25-28.34-36)
Venida final de Jesucristo: 668-677
Vigilancia: 2612
2.o ADVIENTO
Dios ha mandado abajarse a todos los
montes elevados (Ba 5, 1-9)
...hasta el día de Cristo
Jesús (Flp l, 4-6.8-11)
Preparad el camino del Señor,
(Lc 3, 1-6)
La esperanza: 1817-1821
3.o ADVIENTO
Regocíjate Israel (So 3,
14-18a)
Estad siempre alegres ... El Señor está cerca
(Flp 4,4-7)
Viene el que puede más que yo (Lc 3, 10- 18)
Alegría y búsqueda de Dios: 30Acción de
Cristo glorioso: 1084-1085
4.o ADVIENTO
Hasta el tiempo en que la madre de a
luz (Mi 5, 2-5a)
Cuando entró en el mundo dijo: Aquí
estoy (Hb 10, 5-l0)
La Visitación (Lc 1, 39-45)
El Espíritu Santo vendrá sobre tí: 484-489
Magnificat: 2617-2619
INMACULADA CONCEPCIÓN
Protoevangelio (Gn. 3, 9-15.20)
Nos eligió en la persona de Cristo (Ef 1,3-6.11-12)
La Anunciación (Lc 1, 26-38)
La Concepción
Inmaculada: 508; 490-493.
(inicio)«A Tí levanto mi alma»
I. LA PALABRA DE DIOS
Jr 33, 14-16: «Suscitará a David un vástago legítimo».
Sal 24: «A Tí, Señor, levanto mi alma».
1 Ts 3, 12-4, 2: «Que el señor os fortalezca interiormente para cuando
Jesús vuelva».
Lc 21, 25-28. 34-36: «Se acerca vuestra liberación».
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos» (668s).
«Cristo es el Señor del Cosmos y de toda la Historia» (668).
«Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su
consumación. Estamos ya en la ``última hora''. El
final de la Historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo
está ya decidida de manera irrevocable...»
(670).
«El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo no está
todavía acabado. Este reino aún es objeto
de los ataques de poderes del mal, a pesar de que estos poderes hayan sido
vencidos en su raíz por la Pascua de
Cristo...» (671).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«La Luz luce en las tinieblas. Las tinieblas son el error y la muerte...
Abramos las puertas para que aquella Luz
nos ilumine con sus rayos y siempre gocemos de la benignidad de Nuestro
Señor Jesucristo». (S. Juan Crisóstomo,
PG, 59, 57 ss).
«Nuestro Redentor y Señor anuncia los males que han de seguir a este
mundo perecedero, a fin de que nos
hallemos preparados...Nosotros, que sabemos cuáles son los gozos de la
Patria Celestial, debemos ir cuanto antes
a Ella y por el camino más corto... No queráis, pues, hermanos, amar lo
que no ha de permanecer mucho» (S
Gregorio Magno, PL. 76, 1077 ss).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
El anuncio profético de Jeremías se cumple en Jesucristo «retoño
de David» (Ap 5,5), que ha dado al mundo
la «justicia», es decir, la salvación. Los males, el miedo, la
angustia, etc. afligen a los hombres a lo largo de su
historia contingente (Evangelio) y evidencian la necesidad que tienen de ser
liberados.
Con la plegaria del «pobre» y «pecador» nos dirigimos a Dios que
nos salva (Salmo responsorial). A Dios
pedimos, mientras cominamos hacia nuestra plena liberación, que nos
conceda «crecer y abundar en el amor...
portándonos de modo que agrademos a Dios» (Segunda lectura).
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
Venida final de Jesucristo: 668-677.
La respuesta:
La vigilancia: 2612; 2849.
C. Otras sugerencias
Toda la Creación gime (Rom 8). Los hombres gemimos en ella. Los
creyentes en Jesús nos sentimos
estimulados en el primer Domingo de Adviento a transmitir al increyente y al
alejado los caminos del Señor, que
son «misericordia y lealtad». Es un aspecto de la «Nueva
Evangelización», que tiene por núcleo la realidad de
que Dios se hizo Enmanuel para salvarnos (cf CEE, Para que el mundo crea)
Desde el primer Domingo de Adviento ha de contemplarse la triple venida de
Jesucristo Salvador: la histórica,
la futura y la actual.
Necesitamos vigilar, disipar las sombras, para que el anuncio que
transmitimos, se potencie con la luz y
testimonio de nuestra vida.
Ha de salir, además, de nuestro corazón la plegaria «muéstranos,
Señor, tu misericordia y danos tu salvación».
(inicio)
«El Señor vendrá...»
I. LA PALABRA DE DIOS
Ba 5, 1-9: «Dios mostrará su esplendor sobre tí»
Sal 125: «El Señor ha estado grande con nosotros»
Flp 1, 4-6.8-11: «Manteneos limpios e irreprochables para el día de
Cristo»
Lc 3, 1-6: «Todos verán la salvación de Dios»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los
cielos y a la vida eterna como
felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y
apoyándonos no en nuestras fuerzas
sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» (1817).
«La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por
Dios en el corazón de todo hombre;
asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las
purifica para ordenarlas al reino de los
cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el
corazón en la espera de la
bienaventuranza eterna» (1818).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«El Verbo de Dios ha habitado en el hombre y se ha hecho hijo del hombre
para acostumbrar al hombre a
comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según
la Voluntad del Padre» (S. Ireneo
de Lyón) (53).
Cada uno de nosotros estaba torcido. Por la venida de Cristo, ya realizada,
lo que estaba torcido en nuestra
alma se ha enderezado. ¿De qué te sirve a tí que Cristo haya venido
históricamente en la humanidad si no ha
venido también a tu alma? Roguemos pues para que cada día se realice en
nosotros su venida de manera que
podamos decir: Vivo, pero no yo; es Cristo quien vive en mí (Orígenes,
In. Lc. 22, 1-5).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
Las tres lecturas convergen en un mismo mensaje: Esperanza. «Todos
verán la salvación de Dios» (Evangelio).
«Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, contempla a tus hijos...
gozosos, porque Dios se acuerda de ellos». Son
bellísimas imágenes de la esperanza en Baruc.
«Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una
empresa buena la llevará adelante
hasta el día de Cristo Jesús». La salvación anunciada se
realizó y se realiza en Cristo (Seguna lectura).
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
Los preparativos para la venida del Salvador: 552-524.
La esperanza, virtud teologal: 1817-1821.
La respuesta:
La virtud de la esperanza: 2090-2092.
La oración «venga a nosotros tu Reino»: 2816-2821.
C. Otras sugerencias
La antífona de Entrada: «Pueblo de Sión: mira el Señor que viene
a salvar a los pueblos. El hará oir su voz
gloriosa en la alegría de vuestro corazón», son la respuesta al «a
Tí levanto mi alma...» del primer domingo.
Apoyados en el texto de Baruc (Primera lectura) contemplamos que «Dios se
acuerda de nosotros» «nos ama»
nos conduce por los caminos de la historia, por en medio de tribulaciones y
dificultades, como un Dios salvador y
liberador en Jesucristo.
La virtud de la esperanza se alimenta en la oración: «venga a nosotros
tu Reino».
(inicio)«Estad siempre alegres en el Señor»
I. LA PALABRA DE DIOS
So 3, 14-18a: «El Señor se alegrará en tí»
Is 12, 2-3; 4-6: «Gritad jubilosos...»
Fl 4, 4-7: «El Señor está cerca»
Lc 3, 10-18: «¿Qué hemos de hacer?»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Se alegre el corazón de los que buscan a Dios» (Sal 105, 3). Si el
hombre puede olvidar o rechazar a Dios,
Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la
dicha» (30).
«Sentado a la derecha del Padre y derramando el Espíritu Santo sobre
su Cuerpo que es la Iglesia, Cristo actúa
ahora por medio de los Sacramentos, instituídos por El para comunicar su
gracia. Los Sacramentos son signos
sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad actual.
Realizan eficazmente la gracia que
significan en virtud de la acción de Cristo y por el poder del Espíritu
Santo» (1084).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«La verdadera alegría se encuentra donde dijo S. Pablo: En el
Señor. Las demás cosas, a parte de ser
mudables, no nos proporcionan tanto gozo que puedan impedir la tristeza
ocasionada por otros avatares en
cambio, el temor de Dios la produce indeficiente porque quien teme a Dios
como se debe a la vez que teme
confía en El y adquiere la fuente del placer y el manantial de toda la
alegría» (S. Juan Crisóstomo, PG. 27, 179)
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
El tema de la Palabra es la alegría por la presencia y acción de
Jesucristo salvador en la historia humana:
«Estad siempre alegres en el Señor». (Segunda lectura).
«Regocíjate... grita de júbilo... alégrate y goza de todo
corazón» (Primera lectura).
La causa de la alegría es el Señor. Su presencia es el anuncio de la
Buena Noticia, gozosa noticia. «Yo os
bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo». «El os
bautizará en Espíritu Santo y fuego» (Evangelio).
Bautismo que purifica, salva, santifica. Bautismo, es decir, la vida
sacramental por la que Jesucristo está presente
y actua en la vida de los hombres.
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
Acción de Cristo glorioso en la liturgia: 1084-1085.
... y en la oración: 2656-2658.
La respuesta:
Alegría y búsqueda de Dios: 30.
C. Otras sugerencias
Ovidio escribe en el destierro: «Nada puede hacerse sino llorar» (De
tristitia). San Pablo, prisionero
recomienda: «Estad siempre alegres en el Señor; de nuevo os digo, estad
alegres». Dice también: «Sobreabundo
de gozo en nuestra tribulación» (2 Co 7,4). Este vive de Cristo. Ovidio,
no.
El discípulo de Jesucristo vive en comunión con El, que actua en el
misterio; cree y espera su venida final y
definitiva. Sabe que por la presencia y acción de Cristo, que nos
acompaña, nuestra vida cristiana está penetrada
de la vida nueva de Dios. Aquí está el secreto de la alegría del
creyente.
En un mundo que cada día se torna más triste, el creyente debe velar
para no esclavizarse por lo contingente,
esforzarse por el cumplimiento del deber, la austeridad de su vida y la
solidaridad con los hombres necesitados y
presentar a Dios sus peticiones y acciones de gracias.
(inicio)«Enviad cielos vuestro rocío»
I. LA PALABRA DE DIOS
Mi 5, 2-5a: «De tí saldrá el jefe de Israel».
Sal 79, 2 y 3. 15-16. 18-19. «Oh Dios, restáuranos».
Hb 10, 5-10: «Aquí estoy para hacer tu voluntad».
Lc 1, 39-45: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi
Señor?».
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Dios envió a su Hijo» pero para «formarle un cuerpo» quiso la
libre cooperación de una criatura. Para ésto
desde toda la eternidad, Dios escogió para ser la Madre de su Hijo a una
hija de Israel (488). A lo largo de toda
la antigua alianza, la misión de María fue preparada por la misión
de algunas santas mujeres (489).
«La misión del Espíritu Santo está siempre unida y ordenada a la
del Hijo. El Espíritu Santo fue enviado para
santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina»
(485).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«En verdad, Virgen Santísima, que tu alabanza supera toda alabanza,
por haberse encarnado Dios en Tí...» Por
Tí hoy llena de gracia, es conocida en la tierra la Trinidad beatísima
(S. Pedro Damiano. Sermón 44; PL. 144,
738 ss.)
Dichosa María que unió virginidad, fecundidad y humildad. «Venerad,
pues, los casados la integridad y pureza
de aquel cuerpo mortal; admirad vosotras vírgenes consagradas, la
fecundidad de la Virgen; imitad, hombres
todos, la humildad de la Madre de Dios; honrad ángeles santos a la Madre
de vuestro Rey...a cuya dignidad sea
dada toda gloria y honor». (S. Bernardo. Homilía I, sobre el «Missus
est»).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
En el texto del Profeta Miqueas se anuncia al Mesías «Jefe de
Israel» que «pastoreará con la fuerza del Señor»
y realizará la unión de todos los hombres.
María, después del anunio del Angel, se entregó a Dios:
«Hágase en mi según tu voluntad». Inmediatamente
después: «fue a prisa a la montaña». Y se entregó al servicio de
su prima.
El Hijo de Dios, encarnado ya en sus entrañas, dice al Padre: «Aquí
estoy para hacer tu voluntad» ... conforme
a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del Cuerpo de
Cristo (Segunda lectura). Se entregó al
Padre y se hizo servidor de todos los hombres.
El «fruto bendito» del vientre de María llenó de Espíritu
Santo a Isabel y a la criatura de su vientre, Juan. Lo
cual nos estimula a pedir a Dios, contemplando a toda la humanidad, «Oh
Dios, restáuranos que brille tu rostro y
nos salve» (Sal 79). Que se muestre hoy al hombre el fruto bendito de la
Virgen María.
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
«El Espíritu Santo vendrá sobre tí»: 484-489.
La respuesta:
La oración de la Virgen María: 2617-2619.
C. Otras sugerencias
La celebración del IV Domingo de Adviento nos invita a prepararnos a la
gran fiesta de Navidad unidos a
María y con el mismo espíritu de adoración y alabanza que
manifestó ella en el Magníficat.
Exige de nosotros, además, un compromiso para imitar el gesto de caridad
que Ella tuvo con su prima Santa
Isabel, en el día a día de nuestra existencia, haciéndonos
solidarios de nuestros hermanos más necesitados.
LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN
(inicio)«Alégrate, llena de gracia»
I. LA PALABRA DE DIOS
Gn 3, 9-15.20: «Establezco hostilidades entre tí y la mujer, entre tu
estirpe y la suya».
Sal 97, 1.2-4: «Cantad al Señor un cántico nuevo».
Ef 1, 3-6.11-12: «Dios nos elegió en la persona de Cristo».
Lc 1, 26-38: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo».
II. LA FE DE LA IGLESIA
«De la descendencia de Eva, Dios elegió a la Virgen María para ser
la Madre de su Hijo. Ella, ``llena de
gracia'', es ``el fruto excelente de la Redención''; desde el primer
instante de su concepción, fue totalmente
preservada de la mancha del pecado original y permaneció pura de todo
pecado personal a lo largo de toda su
vida» (508).
«Esta resplandeciente santidad del todo singular de la que Ella fue
``enriquecida desde el primer instante de su
concepción'', le viene toda entera de Cristo. Ella es ``redimida de la
manera más sublime en atención a los
méritos de su Hijo''. El Padre la ha ``bendecido con toda clase de
bendiciones espirituales en el cielo, en Cristo''
(492).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«Cuando leemos que el Mensajero dice a María ``llena de gracia'', el
contexto evangélico en el que confluyen
revelaciones y promesas antiguas, nos da a entender que se trata de una
benedición singular entre todas las
bendiciones espirituales en Cristo. En el misterio de Cristo María está
presente ya ``antes de la creación del
mundo'' como aquella que el Padre ``ha elegido'' como Madre de su Hijo en la
Encarnación y junto con el Padre
la ha elegido el Hijo confiándola eternamente al Espíritu de
Santidad». (Juan Pablo II, Redemptoris Mater, n.8).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
El texto del Génesis es el primer anuncio de la salvación. El pecado
originó la división y la lucha entre la
serpiente y la mujer, entre la descendencia de una y la descendencia de otra.
El triunfo será de la mujer y de su
descendencia. Se anuncia así la redención y liberación del pecado
por la victoria de Jesucristo «nacido de mujer».
La tradición eclesial ha visto, además, el anuncio de la victoria de
una Mujer. Aquella de la que nació el
Salvador: La Virgen María, Inmaculada en su Concepción.
«La llena de gracia» (Evangelio). En el ser de María no ha existido
jamás ni vacío ni sombra alguna, desde que
«es» Inmaculada.
La Virgen Inmaculada es el espejo que hemos de mirar en el empeño por
realizar el designio de Dios sobre
nosotros (Segunda lectura).
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
La Inmaculada Concepción: 490-493; 508.
María, icono escatológico de la Iglesia: 972.
La respuesta:
María tipo de la Iglesia Santa: 829.
Alégrate llena de gracia: 721-726.
C. Otras sugerencias
El Adviento es el tiempo de la Virgen María. En Ella se realizan las
tres venidas de Jesucristo (ver Domingo I
de Adviento).
Cielos, tierra, cosmos y toda criatura que Dios ha sometido al hombre para
su realización, se alegran porque la
concepción inmaculada de María es el anuncio de que la salvación ha
llegado a la tierra y ha comenzado en ella
la «nueva creación» «el cielo nuevo y la tierra nueva».
Dios la amó y la hizo inmaculada: «Con amor eterno te amé: por eso
te he mantenido mi favor» (Jr 31, 3-4).
En María no hay mancha alguna de pecado, es toda hermosa. Todo su ser es
puro, bello y santo. Dios muestra
en Ella su esplendor. «La llena de gracia».
NAVIDAD
El tiempo litúrgico de Navidad es una continua Epifanía, o
Revelación de Dios en Jesucristo:
El Hijo de Dios se manifiesta a los pastores en el Niño nacido en Belen
(Solemnidad de la Navidad, y 2.o
domingo); a sus padres (fiesta de la Sagrada Familia y solemnidad de Santa
María, Madre de Dios), a los Magos
y pueblos de gentiles (Solemnidad de la Epifanía), y a todo el pueblo como
Siervo de Javhé (Fiesta del Bautismo
del Señor).
Jesucristo, de niño a adulto, muestra quien es: Hijo de David,
Príncipe de la paz; hombre como nosotros; Mesias
y Salvador universal; Hijo de Dios, igual al Padre.
En Navidad, el pueblo cristiano queda inmerso en el misterio del Hijo de
Dios, hecho hombre.
La liturgia de este tiempo nos ayuda a «gustar» de este misterio y a
hacer memoria jubilosa del nacimiento de los
cristianos como hijos de Dios, gracias al «admirable intercambio» que la
misericordia divina quiso establecer en la
plenitud de los tiempos.
La propuesta que se hace de utilización del Catecismo de la Iglesia
Católica en este tiempo litúrgico es una
ayuda para profundizar en el misterio celebrado y enriquecer su
celebración.
No se puede olvidar que las fiestas navideñas han sufrido un gran
proceso de secularización. No se propone,
pues, una variedad temática, sino un detenido estudio del misterio de la
Encarnación del Hijo de Dios, que
pueda responder a la necesidad de dar contenido a estas fiestas.
NAVIDAD
Solemnidadesy Domingos
Primera Lectura
Segunda
Lectura
Evangelio
Catecismo de la Iglesia Católica
NAVIDAD. Vigilia
El Señor te prefiere a tí
(Is 62, 1-5)
Pablo da testimonio de Cristo (Hch 13,
16-17.22-25)
Genealogía (Mt 1, 1-25)
La
Virginidad de María: 496-511
NAVIDAD. Misade Medianoche
Un hijo se nos ha dado (Is
9,2-7)
Ha aparecido la gracia de Dios (Tt 2, 11-14)
Ha nacido el Salvador (Lc 2, 1-14)
Salvador, Mesías,
Señor: 430-452El misterio de Navidad: 525-526
NAVIDAD. Misa del día
La tierra nos da la victoria de
nuestro Dios (Is 52, 7- l0)
Dios nos ha hablado por su Hijo
(Hb 1, 1-6)
La Palabra se hizo carne (Jn 1, 1-18)
Cómo es hombre el Hijo de Dios: 470-483
SAGRADA FAMILIA
Honra a sus padres (Si 3-7.14-17a)
La vida de familia vivida en el Señor (Col 3,12-21)
Los padres de Jesús le encuentran en el templo (Lc 2, 41-52)
La familia cristiana: 2202-2206Vida de Jesús en
Nazaret: 531-534
SANTA MARIA MADRE DE DIOS
El Señor os bendiga (Nm 6,
22-27)
... Nacido de una mujer (Ga 4, 4-7)
María meditaba en su corazón (Lc 2, 16-21)
La
maternidad divina: 494-495
II DOMINGODE NAVIDAD
La sabiduría habita en medio del
pueblo (Si 24,1-4.12-16)
Hijos adoptivos en el Hijo (Ef
1, 3-6.15-18)
La palabra se hizo carne (Jn 1, 1-18)
Dos naturalezas y una persona: 463-483
EPIFANÍADEL SEÑOR
La gloria del Señor (Is 60,
1-6)
Se ha revelado a los gentiles (Ef 3, 2-6)
Adoración de los Magos (Mt. 2, 1-12)
La Epifania:
528Cristo Rey: 668-669
BAUTISMODEL SEÑOR
Mirad a mi Siervo (Is 42,
1-4.6-7)
Dios ungió a Jesús (Hch 10, 34-38)
El bautismo de Jesús (Lc 3, 15-16.21-22)
El Bautismo de
Jesús: 535-537El Bautismo cristiano: 1267-1269
NATIVIDAD DEL SEÑOR. MISA DE LA VIGILIA
(inicio)«Resultó que Ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo»
I. LA PALABRA DE DIOS
Is 62, 1-5: «El Señor te prefiere a Tí»
Sal 88, 4-5. 16-17. 27. 29.: «Cantaré eternamente...»
Hch 13, 16-17. 22-25: «Pablo da testimonio de Cristo, Hijo de David»
Mt 1, 1-25: Genealogía de Jesucristo, Hijo de David
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Desde las primeras formulaciones de la fe, la Iglesia ha confesado que
Jesús fue concebido en el seno de la
Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo» (496).
«Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una
obra divina que sobrepasa toda comprensión
y toda posibilidad humanas...» (497).
«María la siempre Virgen». La profundidad de la fe en la maternidad
virginal ha llevado a la Iglesia a confesar
la virginidad real y perpetua de María, incluso en el parto del Hijo de
Dios hecho hombre. En efecto, el
nacimiento de Cristo «lejos de disminuir, consagró la integridad
virginal de su Madre». La liturgia de la Iglesia
celebra a María como la «Aeiparthenos», la «siempre virgen»
(499).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«El Príncipe de este mundo ignoró la virginidad de María y su
parto, así como la muerte del Señor: tres
misterios resonantes que se realizaron en el silencio de Dios» (S. Ignacio
de Antioquía, Smyrn, Ef 19, 1; cf 1 Co
2,8).
María «fue Virgen al concebir a su Hijo, virgen durante el embarazo,
virgen en el parto, virgen después del
parto, virgen siempre» (S. Agustín, serm. 186, 1) (510).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
Celebración de la espera, la de hoy. De las dos esperas. Las dos
aparecen en los textos litúrgicos de la
celebración: «Hoy» y «Mañana». (Antífona de Entrada)
«Concédenos que así como ahora acogemos gozosos a tu
Hijo como Redentor, lo recibamos también confiados cuando venga como
Juez». (Colecta).
Con lenguaje esponsal anuncia Isaías la restauración de Israel, tipo
y anuncio de la salvación de Jesucristo. De
la de «Hoy» y de la de «Mañana». (Primera lectura).
A la primera venida se refieren la segunda lectura y, sobre todo, el texto
evangélico, que nos presenta a
Jesucristo ya en nuestra historia, engendrado según una línea
genealógica y concebido en las entrañas de la
Virgen por obra del Espíritu Santo.
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
La virginidad de María: 496-507.
La respuesta:
La promesa y la oración de la fe: 2570-2573.
C. Otras sugerencias
La maternidad virginal de María es el signo único de un Hijo
único, compendio de la trascendencia de la
salvación y prueba de que Jesús eligió lo débil de este mundo
para confundir a lo fuerte. Dios salva al mundo no
con la riqueza y el poder, sino con la pobreza y la debilidad.
Los creyentes en Jesús hemos de celebrar la Navidad unidos a todos los
hombres, con especial atención a los
que no han recibido todavía la alegre buena noticia. El camino del Hijo de
Dios, al encarnarse, fue el hombre, y
por ello, el camino de la Iglesia y del creyente ha de ser el hombre, todo
hombre, todos los hombres, de los que
Cristo se hizo hermano. (Cf Juan Pablo II, Redemptor Hominis).
NATIVIDAD DEL SEÑOR. MISA DE MEDIA NOCHE
(inicio)«Os ha nacido un Salvador»
I. LA PALABRA DE DIOS
Is 9, 2-7: «Un hijo se nos ha dado»
Sal 95, 1-2a.2b-3,11-12.13: «Ha aparecido la gracia de Dios para todos
los hombres»
Tt 2, 11-14: «Hoy nos ha nacido un Salvador, El Mesías, el Señor»
Lc 2, 1-14: «Hoy os ha nacido un Salvador»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«El nombre de Jesús, significa Dios salva. El niño nacido de la
Virgen María se llama Jesús porque El salvará a
su pueblo de sus pecados; no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres
por el que nosotros debamos
salvarnos» (452).
«Jesús es el Cristo porque Dios le ungió con el Espíritu Santo y
con poder. Era el que ha de venir, el objeto
de la esperanza de Israel» (453).
«El nombre de Señor significa la soberanía divina. Confesar o
invocar a Jesús como Señor es creer en su
divinidad. Nadie puede decir ``Jesús es Señor'' sino por influjo del
Espíritu Santo» (455).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«Volvemos a celebrar la Natividad de Nuestro Salvador Jesucristo.
Alegrémonos y gocémonos... Yacía en el
pesebre el que contiene al mundo y era Niño sin habla el que es la
Palabra. Aquel que no cabe en los cielos lo
llevó el seno de una mujer. Complete sus dones en nosotros el que no se
espantó de seguir nuestros primeros
pasos y hagános hijos de Dios el que por nosotros se hizo Hijo del
Hombre». (S. Agustín, PL 38).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
San Lucas nos descubre la grandeza del Niño: «Os ha nacido un
Salvador, el Mesías, el Señor». Da a la vez
como signo «un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
Es decir, oculta su grandeza revestido de
pequeñez y pobreza. (Texto evangélico).
En el Niño se realiza el anuncio de Isaías: es Luz, Alegría,
Liberación... «lleva al hombro el principado y es su
nombre: maravilla de consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de
la paz».
San Pablo en su carta a Tito lo presenta como el don: «la gracia de Dios
que trae la salvación para todos los
hombres y les enseña sus caminos para encontrarse con El en su
aparición gloriosa...» (Segunda lectura).
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
Jesús, Cristo, Hijo Unico de Dios y Señor: 430-452.
La respuesta:
El misterio de la Navidad: 525-526.
Jesús, modelo de hombre perfecto:520.
C. Otras sugerencias
Navidad es la fiesta de la Buena Noticia, de la «gran alegría». Sin
embargo, son pocos los que reciben el don y
la gracia que la Navidad contiene y comunica.
No debe secularizarse la fiesta, ni la noticia, ni la alegría.
Sintámonos impulsados a transmitirla al hombre de
hoy cooperando a la Nueva Evangelización «con nuevo ardor, con nuevos
métodos y nuevas expresiones» (Juan
Pablo II) y seamos defensores de los derechos del hombre. Empeñémonos
en que se reconozcan, se respeten y se
favorezcan esos derechos en todo el mundo.
Demos gracias a Dios, alegrémonos y felicitémonos mutuamente.
NATIVIDAD DEL SEÑOR. MISA DEL DÍA
(inicio)«La Palabra se hizo Hombre»
I. LA PALABRA DE DIOS
Is 52, 7-10: «Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro
Dios»
Sal 97, 1.2-3ab.3cd-4.5-6: «Los confines...»
Hb 1, 1-6: «Dios nos ha hablado por su Hijo»
Jn 1, 1-18: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«En el momento establecido por Dios, el Hijo único del Padre, la
Palabra eterna, es decir, el Verbo e Imagen
substancial del Padre, se hizo carne: sin perder la naturaleza divina
asumió la naturaleza humana» (479).
«Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su
Persona divina; por esta razón él es el
único Mediador entre Dios y los hombres» (480).
La Encarnación es pues el Misterio de la admirable unión de la
naturaleza divina y de la naturaleza humana en
la única Persona del Verbo (483).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«Nadie sube al cielo sino el que bajó del cielo» (Jn 3,13).
Recibiendo el cuerpo de Adán por medio de María...
!Ea, pues, hermanos! Dios quiso ser Hijo del Hombre y que los hombres
fueran hijos de Dios. Bajó para que
nosotros subiéramos...; pero si El es el único que sube, ¿qué
esperanza nos queda a los demás? Nuestra
esperanza se funda en que El bajó para que hechos unos con El subamos
todos con El y por El... (S. Agustín, PL
38) (Cf 1330-1331).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
La Palabra de Dios hoy proclamada nos invita a penetrar en la profundidad
del Misterio de la Navidad. Con
una sencilla y bella expresión, teológicamente densa, proclama San Juan
el Misterio de la Navidad: «la Palabra se
hizo carne y acampó entre nosotros».
El texto de la carta a los Hebreos coincide en el mismo mensaje: «En esta
etapa final Dios nos ha hablado por
su Hijo Jesucristo, ``reflejo de su gloria, impronta de su ser''» que
«sostiene el universo con su palabra poderosa».
El texto de Isaías es una invitación a alegrarnos por la «Buena
Noticia» y a comprometernos para transmitirla a
todo el mundo: «verán los confines de la tierra la victoria de nuestro
Dios».
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
Cómo es hombre el Hijo de Dios: 470-483.
La respuesta:
Nuestra comunión en los misterios de Jesús: 519-521.
C. Otras sugerencias
«El Niño que nos ha nacido y el Hijo que se nos ha dado» es la
expresión del amor de Dios. «En ésto se
manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su
Hijo Unico para que vivamos por medio
de El» (Jn 4, 9).
En Navidad debe fomentarse el espíritu de adoración y de
contemplación y acción de gracias en contraste con
la creciente secularización de las fiestas navideñas.
De él brotará el deseo y compromiso de ser evangelizadores de la
«Buena Noticia» y «gran alegría» y nuestro
acercamiento y solidaridad con los pobres.
Los que creen en Jesús se hacen «hijos de Dios», «nacidos de
Dios». Lo cual se ha hecho realidad en los
santos, de carne y hueso como todo hombre, que son nuestros modelos para el
seguimiento de Jesús y nuestra
entrega a El. Ellos nos estimulan a una conversión sincera, constante y
progresiva y a dejarnos evangelizar para
ser evangelizadores.
(inicio)«Los padres de Jesús lo encuentran en el templo»
I. LA PALABRA DE DIOS
Si 3, 3-7. 14-17a: «El que teme al Señor, honra a sus padres»
Sal 127, 1-2.3.4-5: «Dichoso el que teme al Señor»
Col 3, 12-21: «La vida de familia vivida en el Señor»
Lc 2, 41-52: «Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los
hombres»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los
esposos. El matrimonio y la familia
están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y
educación de los hijos» (2201).
«La familia cristiana constituye una revelación y una actuación
específicas de la comunión eclesial; por eso
puede y debe decirse Iglesia doméstica. Es una comunidad de fe, esperanza
y caridad» (2204).
La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la
comunión del Padre y del Hijo en el
Espíritu Santo... (2205).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«Para expresar la comunión entre generaciones el Divino Legislador no
encontró palabra más apropiada que
esta: ``Honra...'' (Ex 20,12). Estamos ante otro modo de expresar lo que es
la familia. La familia es una
comunidad de relaciones interpersonales particularmente intensas: entre
esposos, entre padres e hijos, entre
generaciones; es una comunidad que ha de ser especialmente garantizada. Y
Dios no encuentra garantía mejor
que ésta: ``Honra''. ``Honra'' quiere decir: reconoce, o sea, déjate
guiar por el reconocimiento conocido de la
persona, de la del padre y la de la madre ante todo y también de la de
todos los demás miembros de la familia»
(Juan Pablo II, Carta a las familias, 15).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
A la familia se refieren las tres lecturas proclamadas. La primera de ellas
a la familia en cuanto institución; las
otras dos, a la familia cristiana.
El autor del Eclesiástico se fija en la relación del hijo con los
padres. Se insinúa implícitamente la corriente de
vida que los padres transmiten a los hijos...
El Evangelio da varios datos que configuran la familia cristiana.
Comunión en el amor («Te buscábamos
angustiados»). Unidos en la prueba (desandan el camino para la búsqueda
del Niño). Cumplimiento del deber
religioso (el hecho de subir a celebrar la Pascua y las palabras de Cristo
«no sabíais que debo ocuparme en las
cosas de mi Padre») y escuela de realización personal («Jesús iba
creciendo en sabiduría y gracia ante Dios y ante
los hombres»).
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
Los misterios de la vida oculta de Jesús: 531-534.
La respuesta:
La familia cristiana: 2201-2206.
El cuarto mandamiento: 2251-2253.
C. Otras sugerencias
La actual cultura plantea grandes desafíos a la familia. El amor esponsal
se desnaturaliza por la enorme fuerza
del hedonismo y el amor libre. Se hace necesaria una eduación para un amor
paciente, abnegado, comprensivo.
El cristiano está llamado a defender y actualizar la familia cristiana
conforme a la Doctrina Social de la Iglesia.
Muchas familias existen hoy víctimas de pobreza y marginación que
tienen que emigrar de su país y no
encuentran protección en el país que las recibe. Como emigró a
Egipto la familia de Nazaret.
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
(inicio)«Envió Dios a su Hijo, nacido de una Mujer...»
I. LA PALABRA DE DIOS
Nm 6, 22-27: «Invocarán mi nombre los Israelitas y yo los
bendeciré»
Sal 66, 2-3.5.6.8: «El Señor tenga piedad y nos bendiga»
Ga 4, 4-7: «Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer»
Lc 2, 16-21: «Encontraron a María y a José y al Niño»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«María es verdaderamente ``Madre de Dios'' porque es la Madre del Hijo
Eterno de Dios hecho Hombre, que
es Dios mismo» (509).
«Llamada en los evangelios ``la Madre de Jesús'', María es
aclamada bajo el impulso del Espíritu como ``la
Madre de mi Señor'' desde antes del nacimiento de su Hijo. En efecto,
Aquel que Ella concibió como hombre
por obra del Espíritu Santo y que se ha hecho verdaderamente su hijo
según la carne, no es otro que el Hijo del
Eterno Padre, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad». La Iglesia
confiesa que María es verdaderamente
Madre de Dios (Theotokos) (495).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
Las palabras «He aquí la esclava del Señor» expresan el hecho que
desde el principio Ella acogió y entendió la
propia maternidad como donación total de sí, de su persona, al servicio
de los designios salvíficos del Altísimo...
(Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 36).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
Los pastores «encontraron a María y a José y al Niño acostado en
el pesebre». Ese Niño es el «Salvador, el
Mesías, el Señor». El Dios encarnado, el Enmanuel.
El texto de la segunda lectura se incluye en los fundamentos bíblicos de
la Maternidad Divina: «Dios envió a su
Hijo nacido de la mujer, nacido bajo la Ley».
La primera lectura ofrece una bendición sobria y bellísima en su
forma y de plena actualidad por su contenido
para comienzo de un Año Nuevo y para la Jornada de la Paz.
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
La maternidad divina de María: 494-495.
La respuesta:
El culto a la Santísima Virgen: 971.
En comunión con la Santa Madre de Dios: 2673-2679.
C. Otras sugerencias
Maternidad de María. Como los pastores, contemplamos nosotros por la fe a
María la Madre del Niño, recostado
en un pesebre que es el Salvador, el Mesías, el Señor. Como ellos
glorifiquemos a Dios nosotros.
El tema de la «paz» debe apoyarse en el texto de la primera lectura:
«El Señor vuelva su rostro hacia tí y te
conceda la paz». María es la Madre de Jesús, llamado «Príncipe
de la Paz» (Is 9,5) y «es nuestra paz» porque
creó en sí mismo de los dos pueblos un sólo hombre nuevo haciendo la
paz (Ef 2, 14 y ss.).
La bendición para el Año Nuevo, según el texto de la primera
lectura, ha de entenderse: como preservación del
mal físico y moral, sentido negativo. En sentido positivo, es súplica
del favor de Dios sobre todos y cada uno de
los hombres con sus dificultades, sus problemas, sus temores.
(inicio)«La Palabra acampó entre nosotros»
I. LA PALABRA DE DIOS
Si 24, 1-4.12-16: «La Sabiduría habita en medio del pueblo elegido»
Sal 147, 12-13. 14-15.19-20: «Glorifica al Señor Jerusalén»
Ef 1, 3-6.15-18: «Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos»
Jn 1, 1-18: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas
sino unidas en la única Persona del
Hijo de Dios» (481).
«La Iglesia... ha tenido que recordar en cada ocasión que la
naturaleza humana de Cristo pertenece
propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo
que es y hace en ella pertenece a
``uno de la Trinidad''. El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su
propio modo personal de existir en la
Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente
las costumbres divinas de la Trinidad»
(470).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«Canten mis labios las alabanzas del Señor, de ese Señor por el que
fueron hechas todas las cosas y por el que
fue hecho El en medio de las mismas; de ese Señor que es el manifestador
del Padre y el creador de su Madre;
Hijo del Padre Dios sin madre, hijo del hombre de madre sin padre; gran luz
de los Angeles, pequeña en la luz
de los hombres; Palabra de Dios antes de los tiempos; palabra humana en el
tiempo oportuno; creador del sol,
creado bajo el sol» (S. Agustín, Cuarto Sermón de Navidad, 1 PL 38,
1001).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
El mensaje de este domingo es la trascendencia y la imanencia de
Jesucristo. El texto del Eclesiástico presenta
a Israel como beneficiario de la inmanencia divina. En el prólogo de su
Evangelio, S. Juan se refiere a la Palabra
en su trascendencia y en su inmanencia.
La Palabra es anterior al mundo: «En el principio». «Es Dios».
«Sin Ella no se hizo nada». «Era la luz de los
hombres». «La luz brilla en la tiniebla...la Palabra era la luz que
ilumina a todo hombre...». «Vino a los suyos...».
«Se hizo carne y acampó entre nosotros...». Y nos dio a conocer a
Dios.
Ante tan sublime realidad, brota de nuestro corazón un himno de
acción de gracias a Dios por habernos
incorporado a su Hijo Unico (Segunda lectura).
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
El Verbo se hizo carne: 456-460.
La encarnación: 461-469.
La respuesta:
El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: 459;
2012-2016.
C. Otras sugerencias
No podemos olvidar nuestro compromiso evangelizador en la Navidad: «La
Iglesia desea servir a este único fin:
que todo hombre pueda encontrar a Cristo para que Cristo pueda recorrer con
cada uno el camino de la vida,
con la potencia de la verdad acerca del hombre y del mundo, contenida en el
misterio de la Encarnación y de la
Redención, con la potencia del amor que irradia ella». (Juan Pablo II, Redemptor hominis).
«La Iglesia conoce el ``sentido del hombre'' gracias a la Revelación
Divina». «Para conocer al hombre, al
hombre verdadero, al hombre integral, hay que conocer a Dios», decía
Pablo VI.
(inicio)«También los gentiles son coherederos»
I. LA PALABRA DE DIOS
Is 60, 1-6: «La gloria del Señor amanece sobre tí»
Sal 71, 2.7-8.10-13: «Se postrarán ante Tí, Señor, todos los
reyes de la tierra»
Ef 3, 2-3a.5-6: «Ahora ha sido revelado que también los gentiles son
coherederos».
Mt 2, 1-12: «Venimos de Oriente para adorar al Rey»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de
Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el
Bautismo de Jesús, en el Jordán y las Bodas de Caná, la Epifanía
celebra la adoración de Jesús por unos Magos
venidos de Oriente. En estos Magos, representantes de religiones paganas de
pueblos vecinos, el Evangelio ve las
primicias de las naciones que acogen con la Encarnación, la Buena Nueva
de la Salvación» (528).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«La docilidad de los Magos a esta Estrella nos indica el modo de nuestra
obediencia, para que en la medida de
nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los
hombres a Cristo. Animados por
este celo, debeis aplicaros, queridos mios, a ser útiles los unos a los
otros, a fin de que brilleis como hijos de la
luz en el Reino de Dios, al cual se llega gracias a la fe recta y a las
buenas obras...» (S. León Magno, Sermón 3).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
Los Magos representan las primicias de los gentiles llamados a ser
«coherederos, miembros del mismo cuerpo y
partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio» (Segunda
lectura). Es la universalidad de la salvación.
Universalidad que se anuncia en el profeta Isaías: «Caminarán los
pueblos a tu luz...» «Tus hijos llegan de
lejos...» «Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro y proclamando
las alabanzas del Señor».
El texto evangélico de S. Mateo señala unos datos importantes para
deducir de ellos que «el Niño, nacido en
Belén y recostado en un pesebre», se manifestó como el Señor del
señorío que tiene en su mano el Reino y la
Potestad y el Impero (Antífona de entrada y Salmo responsorial).
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
La Epifanía: 528.
Cristo Rey: 668-669.
La respuesta:
Participación en la misión real de Cristo: 908-913.
C. Otras sugerencias
Los Evangelistas, al referir los hechos del Nacimiento de Jesús
presentan siempre al Niño con María su Madre.
María es la que presenta a Jesucristo a los pastores y a los magos.
María es el tipo de la Iglesia. Como Ella, la
Iglesia presenta hoy a Jesús y Jesús es inseparable de su Iglesia.
La Epifanía puede considerarse como la fiesta de los «signos de los
tiempos» (GS n.11). A través de los
acontecimientos humanos el hombre de hoy puede ver el signo de un Dios
Salvador que llama. Los creyentes
estamos urgidos a esparcir el esplendor de la Luz y manifestar a Jesucristo
salvador mediante el ejmplo de
nuestra vida.
(inicio)«Tú eres mi Hijo, el Amado, el Predilecto»
I. LA PALABRA DE DIOS
Is 42, 1-4.6-7: «Mirad a mi Siervo, a quien prefiero»
Sal 28, 1-4.9-10: «El Señor bendice a su pueblo con la paz»
Hch 10, 34-38: «Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu
Santo»
Lc 3, 15-16.21-22: «Después del bautismo de Jesús, el cielo se
abrió»
II. LA FE DE LA IGLESIA
«El Espíritu Santo, en forma de Paloma, viene sobre Jesús y la voz
del cielo proclama que El es mi ``Hijo
amado''. Es la manifestación (Epifanía) de Jesús como Mesias de
Israel e Hijo de Dios» (535).
«El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la
inauguración de su misión de siervo doliente. Se deja
contar entre los pecadores; es ya el ``Cordero de Dios que quita el pecado
del mundo''; anticipa ya el bautismo
de su muerte sangrienta. Viene ya a ``cumplir toda justicia'', es decir, se
somete enteramente a la voluntad de su
Padre: por amor, acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros
pecados» (536).
III. TESTIMONIO CRISTIANO
«Bautizados en Cristo y revestidos de Cristo, habeis llegado a ser
conformes al Hijo de Dios. Dios, que nos ha
predestinado a la adopción, nos ha vuelto semejantes al Cuerpo Glorioso de
Cristo. Salidos del baño, habeis
recibido el crisma, símbolo y prenda de la unción con la que fue
ungido Cristo. Esta unción es el Espíritu Santo
del que el profeta Isaias, hablando en nombre del Señor dice ``El
Espíritu Santo está sobre Mí. Me ha enviado
para dar la buena noticia a los pobres...''». (S. Cirilo de Jerusalén,
Catequesis mistagógica).
IV. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DE LA HOMILÍA
A. Apunte bíblico-litúrgico
El texto de Isaías es el primer cántico del Siervo de Yahvé, un
anuncio profético del Mesías: «Mirad a mi
Siervo, a quien prefiero».
En el bautismo de Jesucristo, se hace realidad el anuncio: «Se abrió
el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre El en
forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo el amado, el
predilecto».
Los Hechos de los Apóstoles testifican que Jesús fue «el ungido por
Dios con la fuerza del Espíritu Santo».
B. Contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica
La fe:
El bautismo de Jesús: 535-537; 1223-1225.
La respuesta:
El bautismo cristiano: incorporados a la Iglesia, Cuerpo de Cristo:
1267-1269.
C. Otras sugerencias
Por el bautismo de penitencia recibido de Juan, Jesucristo, que no tenía
pecado, se hizo solidario con los
pecadores para quitar el pecado del mundo.
El bautismo de Jesucristo manifiesta además, la solidaridad de
Jesucristo con el Padre y con el Espíritu Santo.
Mediante El, entramos los hombres en solidaridad con la Trinidad.
Los bautizados somos llamados a la «Nueva Evangelización», que tiene
por núcleo la noticia de que «Dios te
ama, Cristo ha venido por tí». El es un Dios que se acerca a nosotros,
se nos comunica, se une a nosotros, el
verdadero Emmanuel ... Sólo llegamos a la verdadera evangelización
cristiana si se anuncia la Persona de Jesucristo.
Además, por bautizados somos «Hijos de Dios, santos, y amados», y,
en cuanto tales, en la «Nueva
Evangelización» hemos de empeñarnos en hacer un mundo nuevo,
fraterno, justo en el que sea posible el amor y
la paz.
(inicio)La Cuaresma es una subida larga y difícil que alcanza la cima en la
Pascua. La ascensión tiene tres tramos: el
penitencial, que se extiende por toda la Cuaresma; el bautismal, unido al
anterior que prepara al bautismo o a su
renovación en la noche pascual; y el de la pasión de Cristo, que sube a
Jerusalén y al monte «de la Calavera
(que en hebreo se dice Gólgota)». Este último tramo que comprende la
semana santa ha dado lugar a los
anteriores y culmina, sin solución de continuidad, en la mañana de
Pascua. Por esto, los tres tramos son
pascuales, los tres conducen a la Nueva Vida en Cristo.
En el año C predomina el camino penitencial, en el que ahora nos
detenemos.
Comprende el «ejercicio cuaresmal»: la austeridad de vida, también
el ayuno, la instrucción religiosa, la oración
más prolongada, la comunicación cristiana de bienes, etc., y, como
razón de ser y culminación de todo lo anterior,
la conversión del corazón y el sacramento del perdón y la
penitencia, que cura al hombre enfermo por el pecado.
El «ejercicio cuaresmal» cura y prepara, pone en forma para la
práctica del vivir cristiano de cada día.
El «ejercicio» pertenece al proceder moral del bautizado, pero no se
olvide que en la fe cristiana ninguna acción,
ningún mandato, ninguna práctica, quedan confinados al área de la
moralidad. Todo arraiga en la infinita riqueza
de la gracia del misterio de Cristo.
Nuestra aportación a las homilías dominicales de esta Cuaresma se
centra en las respectivas perícopas evangélicas,
que dan su nombre a los distintos domingos: Domingo del desierto, de la
transfiguración... del hijo pródigo... El
cuadro de la página siguiente orienta en el trazado del itinerario
cuaresmal de este año, sobre todo, en los dos
últimos apartados de cada Domingo.
CUARESMA
Domingos
Primera Lectura
Segunda Lectura
Evangelio
Catecismo de la Iglesia Católica
CUARESMA
Profesión de fe después de
la salida de Egipto (Dt 26, 4-10)
Profesión de fe en
Jesucristo (Rm 10, 8-13)
Tentación (Lc 4, 1-13)
Tentación y victoria (anticipo de la Pascua): 538-50
CUARESMA
Abraham: Alianza y bendición
(Gn 15, 15-12.17-18)
Cristo nos transformará (Fl 3,
17-4,1)
Transfiguración (Lc 9, 28-36)
Tranfiguración de Cristo y del cristiano (anticipo de la Pascua):
554-555
3.oCUARESMA
Moisés: Dios le revela su nombre
(Ex 3, 1-8.13-15)
Exhortación cristiana sobre el paso del
desierto (1 Co 10,1-6.10-12)
Llamamiento a la conversión
(Lc 13, 1-9)
Exhortación a la conversión por el juicio
de Dios en este mundo: 1427-1429; 312-314
4.oCUARESMA
Tierra Prometida: La Pascua (Jos
5,9-12)
Dios nos ha reconciliado en Cristo (2 Co 5,17-21)
El hijo pródigo (Lc 15, 1-3.11-32)
Exhortación a la conversión por la bondad de Dios: 545;
1468-1470
5.oCUARESMA
Isaias: Mirad, realizo algo nuevo
(Is 43, 16-21)
Todo lo estimo pérdida comparado con Cristo
(Fl 3,8-14)
La mujer adúltera (Jn 8, 1-11)
Exhortación a la conversión por la bondad de Dios: 589;
1468-1470
SEMANA SANTA: DOMINGO DE RAMOS
Tercer cántico del Siervo
de Yavhé (Is 50, 4-7)
Himno cristológico (Fl 2,6-11)
Pasión, muerte y sepultura de N.S. Jesucristo (Lc 22, 14-23,56)
La Pasión Pascual del Señor y nuestra
participación: 609-618
(inicio)La tentación y la victoria de Cristo
I. LA PALABRA DE DIOS
Dt 26, 4-10: Profesión de fe del pueblo escogido
Sal 90, 1-2.10-11.12-13.14-15: Acompáñame, Señor, en la
tribulación
Rm 10, 8-13: Profesión de fe del que cree en Jesucristo
Lc 4, 1-13: El Espíritu le iba llevando por el desierto, mientras era
tentado
II. LA FE DE LA IGLESIA
«La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de
Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto»
(540).
«... el mal no es una abstracción, sino que designa una persona,
Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a
Dios. El ``diablo''[``dia-bolos''] es aquel que se atraviesa en el
designio de Dios y su obra de salvación cumplida
en Cristo» (2851).
La lucha y la victoria contra el Tentador y las tentaciones «sólo son
posibles con la oración. Por medio de su
oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio... y en el
último combate de su agonía... Cristo nos
une a su combate y a su agonía. La vigilancia del corazón es recordada
con insistencia en comunión con la suya...
La vigilancia es ``guarda del corazó