Debate sobre la Teología Trinitaria

Congregación para el Clero

29 de enero del 2002

P. Catalino G. Arévalo, s.j. - Manila, Filipinas

Cuando Papa Juan Pablo II promulgó la Exhortación Apostólica "Ecclesia in Asia" en Nueva Delhi (India) hacia finales de 1999, expresó la esperanza que el tercer milenio fuese "el milenio asiático". Por esto, la Iglesia en Asia tiene como tarea fundamental la anunciación de Jesucristo a los casi cuatro mil millones de asiáticos que todavía no lo han encontrado en ninguna forma efectiva, porque no han escuchado ni el mensaje del Padre de toda la humanidad, ni el del Espíritu Santo que el Padre y el Hijo han enviado para llevar a todos los pueblos a su patria eterna. Por lo tanto, la preocupación principal de los teólogos asiáticos con respecto a la doctrina y a la teología trinitaria debe ser la proclamación de este misterio central de nuestra fe en el contexto asiático, tan profundamente caracterizado por las grandes tradiciones religiosas orientales: Budismo, Islamismo e Hinduismo.

-I-

Podemos comenzar reflexionando sobre el hecho de que cada religión auténtica es búsqueda de Dios, la búsqueda sincera y honesta de Dios que debe ser verdaderamente guiada por Dios mismo en su Providencia, por Dios que creemos sea Uno y Trino. Ad Gentes n. 3 (Concilio Vaticano II) enseña que las iniciativas religiosas promovidas por cuantos buscan seriamente Dios son "aproximaciones pedagógicamente válidas" hacia el Dios auténtico que es el Dios trinitario. Estas aproximaciones deben contener elementos, como vestigios Trinitatis o "señales del Dios en tres personas", que de alguna manera "proceden hacia" la más plena revelación que en el propio tiempo. Dios desea ofrecer de si mismo, de su propia naturaleza y de su proyecto para la salvación de la humanidad. En especial, después del Concilio Vaticano II, la teología católica ha buscado con interés siempre más profundo, aquellos elementos de otras tradiciones religiosas que en el diseño de Dios, concurren a la plena revelación de Dios Uno y Trino que nosotros conocemos a través de Jesucristo. La noción de "preparación" ha sido bastante utilizada por el Magisterio después del Concilio Vaticano II, para indicar a los sembradores de Verbos, plantados por el Espíritu en los ritos, en los pensamientos y en las culturas que tratan (como ha sostenido el Magisterio) de madurar en Cristo (Redemptoris missio, n. 29).

En el pasado, se era extremadamente solícitos en reconocer en las otras tradiciones religiosas (es decir, en las religiones no cristianas) la existencia de "errores y falsedades". Ahora el discernimiento teológico, busca con respeto, atención y un espíritu más crítico de descubrir aquellas cosas que "el Espíritu planta en las religiones no cristianas", es decir, semillas plantadas por el Espíritu Santo que según la afirmación de Papa Juan Pablo II asume "la función de preparatio evangélica" (ibídem).

Muchos teólogos localizan un buen número de estos elementos en las religiones de la India. Estudios recientes sobre pensadores religiosos como Brahmabandhab Unadhyay (a comienzos del siglo XIX), Henri Le Saux (conocido como Swami Abishiktananda), Bede Griffiths y Raimundo Pannikar (contemporáneos) describen con favor sus diversas aproximaciones a la Trinidad, que casi siempre pasan a través de la experiencia profunda del Advaita.

En relación al Budismo, muchos estudiosos cristianos identifican en sus enseñanzas "señales de la Trinidad". Por ejemplo la fórmula trivatna, es decir la enseñanza sobre los "tres cuerpos" de Buda, la teoría de las "tres épocas" de la salvación en el Budismo Mahayana y algunas tríades psicológicas budistas (tres principios) en esta espiritualidad. Estos estudiosos se preguntan si tales elementos deban considerarse auténticas "señales", auténtica preparación para la revelación de la Trinidad en el pensamiento budista. En esta sede es suficiente afirmar que, mediante un diálogo sostenido, profundo y perseverante entre cristianos y budistas, se podría descubrir y elaborar nuevas categorías de pensamiento y de expresión capaces de transmitir válidamente el auténtico misterio que nos es revelado en la doctrina y en el pensamiento cristiano.

En el Islam nos tropezamos en un "sí" del todo incondicional al solo y único Dios que es Alá y en un absoluto y militante "no" a la Trinidad Cristiana. Nos preguntamos si este rígido monoteísmo islámico pueda abrirse a un diálogo auténtico con la doctrina trinitaria. Quienes se han ocupado de tal diálogo retienen que esto sea posible, por gracia de Dios, en especial modo si los cristianos y los musulmanes, siguiendo cuanto afirma el Santo Padre en la Redemptoris missio n. 57, se comprometen en un sincero "diálogo de vida", o sea si los seguidores de las diferentes religiones que viven uno al lado de otro, testimoniarán en sus relaciones cotidianas los valores espirituales de sus respectiva fe y si se esforzarán por edificar una sociedad en la cual reinen mayor justicia y solidaridad fraterna.

-II-

En el tiempo que se nos ha concedido no podemos hacer una lista de todos los tentativos más evidentes para una "reconceptualización" contemporánea de la Trinidad por parte de las Iglesias cristianas. Por tanto, a grosso modo, la clasificación de la aproximación que nos ofrece el teólogo dominico Padre William Hill en su libro "The Three-Personed God". Ya que tenemos la tarea de delinear aquellas aproximaciones teológicas que son consideradas "erróneas", describiré las posiciones que, al menos a nuestro parecer, no están en sintonía con la doctrina católica ortodoxa.

  1. El Dios del liberalismo: la trinidad del simbolismo religioso. Muchos protestantes liberales, siguiendo a Paolo Tilich, sostienen que la Trinidad como doctrina es una mera construcción mental que expresa simbólicamente el movimiento auto-trascendente de la consciencia religiosa en su encuentro con Cristo. Por lo tanto, la Trinidad es un símbolo cristiano útil, pero no indispensable a la fe.
  2. El trinitarismo neo-modal: el Dios Unipersonal de Tres Modos Eternos de Ser. Teólogos como John Macquarrie utilizando el lenguaje heideggeriano de la ontología existencial, sostienen que Dios sea, al mismo tiempo, Ser primordial (Padre), Ser expresivo (Hijo) y Ser Unitivo (Espíritu). Estos tres modos no son temporales, sino simultáneos y permanentes. La fórmula trinitaria busca explicar que en Dios la estabilidad del ser se identifica con el dinamismo del devenir. Dios es concebido como la energía o el proceso puro que misteriosamente motiva la existencia histórica de seres finitos y su aparición en el horizonte de la consciencia. Este ser divino en su condición absoluta es, al mismo tiempo, primordial, expresivo y unitivo: éstas son sus dimensiones eternas o modos eternos. Hill habla de "modalismo bajo forma de teología existencial" Esto no permite distinciones reales entre las personas y Dios.
  3. Trinitarismo neo-económico: el Dios Eterno de la Historia. Es en esta área, en la que se han hecho la mayor parte de los tentativos que los teólogos cristianos contemporáneos han combatido contra la "reconceptualización" del pensamiento trinitario. Nos dicen que la Trinidad, no es tanto parte de una doctrina basada en eventos históricos atribuibles a Dios, sino que es, en si misma, la estructura base de la Historia. Dios no es eterno en el sentido de no tener tiempo, sino intrínsecamente histórico en su misma divinidad. La estructura de tal historicidad manifiesta una cierta "triplicidad", radicada desde el punto de vista filosófico en el lenguaje triádico de la dialéctica hegeliana y desde el punto de vista religioso, en el lenguaje trinitario de los creyentes. Si la Trinidad expresa una diferenciación en Dio, ésta no es plenamente inteligible en si, aparte de la diferenciación que se verifica históricamente. Algunos teólogos -por ejemplo Gordon Kaufmann- tienen una posición como ésta.
  4. La Trinidad en cuanto doctrina, es una creación meramente humana, una "triplicidad" de nuestro conocimiento del Dios de la Revelación, que es trascendente e histórica. Sin embargo, Dios no es Trinitario en su trascendencia o en su divinidad, sino sólo en su ser "ligado" al mundo. La trascendencia de Dios es histórica y, por lo tanto, no podemos decir nada de ella. Su inmanencia es alcanzada y realizada de una manera totalmente histórica. Dios emerge de su inefable trascendencia, con su presencia duradera de un modo triple en el ámbito de la historia. Dios, relacionándose históricamente con nuestra historia humana, se "economiza" de manera que se puede expresar en la doctrina humana de la Trinidad. La trinidad no es una estructura del ser eterno de Dios, sino en su ser-en-la-revelación. Es en el ámbito de este "trinitarismo neo-económico" que debe clasificarse la doctrina trinitaria de los teólogos protestantes como Jürgen Moltmann y Eberhard Jungel (como sostienen algunos de sus críticos).

    Algunos teólogos católicos se han movido en esta dirección, entre estos Piet Schoonenberg. En efecto, en las tesis de Schoonenberg sobre la Trinidad hay una afirmación clara de la Trinidad inmanente. Dios es sí una Trinidad en si, pero deviene también una Trinidad. Esto ocurre fuera de su implicación en la historia. Debe existir alguna estructura eterna en la divinidad que funge de condición previa a aquello que ocurrirà, pero solamente en la historia, mediada por los hombres en cuanto seres históricos, ésta estructura triádica y eterna asume una forma personal.

  5. Por último, hay el Dios del devenir creativo, el Dios del Panenteísmo. Se trata de una escuela teológica reciente y bien diferenciada del Teismo del Proceso, que tiene su origen en el filósofo Alfred North Whitehead y acogida con favor por los círculos académicos norteamericanos. La Teología del Proceso prevé un Dios dipolar: Dios tiene una naturaleza primordial y una naturaleza consecuente. Dios está fuera del orden temporal en una dimensión de su ser y contemporáneamente depende de esto para alcanzar la realidad en otra dimensión. Este Dios bipolar es, por lo tanto, "a-trinitario". Se afirma que la doctrina de la Trinidad ha sido una forma primitiva y, más bien inédita para simbolizar en la Biblia y en los primeros Credos, la estructura diádica de Dios que es, al mismo tiempo, absoluta y relativa. El pensamiento procesal considera la doctrina de la Trinidad más una fuente de confusión para la teología que una ayuda, una mistificación más que un esclarecimiento del credo cristiano (John B. Cobb).
  6. El jesuita alemán Karl Rahner ha sido acusado de neo-modalismo ("La Trinidad tomista después de Kant") y de "trinitarianismo neo-económico. Rahner escribe los siguientes enunciados: "No se puede hacer una distinción adecuada entre la Trinidad y la doctrina de la economía de la salvación"; y otra como, "la Trinidad económica es la Trinidad inmanente y la Trinidad inmanente es la Trinidad económica" (en su presentación de la teología de la Trinidad en el Mysterium salutis). Quien ha estudiado atentamente el pensamiento de Rahner y lo ha incluido en su proyecto teológico general, lo considera en definitiva más bien ortodoxo y "una recuperación impresionante del valor salvífico de la doctrina trinitaria".
  7. Quizás en este terreno, la teología trinitaria más interesante de todas sea la de Jürgen Moltmann, quien considera que la Trinidad un "evento de la Cruz". "Debemos considerar la Trinidad como un evento, el evento de la Cruz, y luego pensarlo como historia abierta a lo escatológico". Dios hace de Jesús su Hijo divino al enviarlo a la muerte, acto por el cual Dios hace de la muerte un fenómeno al interior de si, escogiéndola libremente como modo de su ser. Contemporáneamente, en este evento, Dios consigue su propia identidad precisamente como el Padre (en el sentido trinitario). El "espíritu" de este sacrificio brota del Padre y del Hijo y determina el futuro escatológico. El "espíritu" ya que es, al mismo tiempo, divino y distinto del Padre y del Hijo, constituye la identidad de Dios como Espíritu Santo. La teología de Moltmann niega la noción de un Dios inmutable. En efecto, Dios desea concretamente entrar en el corazón de la propia creación y someterse al sufrimiento, un sufrimiento que es el precio del amor.

Si el amante no se abre al amado para ser "golpeado pasivamente" por este último, no hay amor auténtico. Por lo tanto, el sufrimiento golpea al Padre, que la asume en la naturaleza divina. La influencia de Moltmann en toda la teología cristiana de nuestro tiempo ha sido grande, mientras su impacto ha sido considerable también entre los teólogos y los predicadores católicos que pueden no compartir muchos de sus presupuestos hegelianos.