La moral en los medios de comunicación social
Presentación de S.E. Mons. Foley,
Presidente del Pontificio Consejo para las comunicaciones sociales

En la discusión sobre los modernos medios de comunicación social, se ha vuelto natural concentrar la atención en sus aspectos tecnológicos, en su multiplicidad y sus posibilidades. En cambio, suele descuidarse la dimensión ética o moral de los medios de comunicación. En los últimos trece años, el Pontificio Consejo para las comunicaciones sociales ha publicado numerosos documentos orientados a la reflexión sobre las cuestiones éticas que conciernen al ámbito de las comunicaciones. El primero de ellos, fruto de la voluntad de muchos de nuestros miembros, fue "Pornografía y violencia en los medios de comunicación: una respuesta pastoral".

El segundo documento, solicitado no sólo por nuestros miembros y consultores sino también por los mismos representantes de la industria de la publicidad, fue el que se intitula "Ética en la publicidad". Después de su publicación, se nos ha pedido una declaración general sobre la ética de los medios de comunicación social; de ahí que, en ocasión del Gran Jubileo del Año 2000, nuestro Pontificio Consejo publicara "Ética en las comunicaciones sociales". Por último, ante el crecimiento del fenómeno internet, surgió la exigencia de que elaboráramos un documento sobre la ética en este determinado sector. Sin embargo, nuestros miembros ambicionaban destacar también la posibilidad de un uso pastoral de internet por parte de la Iglesia. Por eso, hace apenas una hora hemos presentado, en la Sala de Prensa, los documentos "Ética en internet" y "La Iglesia e internet". ¿Cuáles son los principios que nos guían en estos documentos? Naturalmente, en primer lugar, está la verdad. Toda comunicación debe basarse en la verdad. Si la comunicación no se basa en la verdad, se quiebra la relación de confianza y no pueden existir ni verdad ni comunicación merecedora de confianza. El segundo principio es la dignidad de la persona humana. Toda persona es un hijo de Dios, un ser inteligente llamado a la vida por Dios mismo. Hoy en día, la comunicación debe ser digna de la dignidad de la persona humana y, por ello, tenemos que abstenernos volutariamente de toda comunicación que pudiera dañar el bien espiritual del individuo. El tercer principio es el bien común. Son preferibles las comunicaciones que contribuyan al bienestar y el progreso de la sociedad, es decir, que contribuyan al bien común.

Dicho respeto hacia el bien común implica también la organización de los medios de comunicación social.

Tenemos que evitar la gran división entre los "info-ricos" y los "info-pobres", entre los que tienen acceso a la tecnología de las comunicaciones y los que están excluidos. Uno de los mayores problemas actuales de los medios de comunicación social es que pueden promover fácilmente el materialismo, difundiendo la convicción de que lo que poseemos es más importante que lo que somos.

Los criterios materiales no son la única regla por la que deben ser juzgados los medios de comunicación.

Es necesario reconocer la naturaleza espiritual de la persona humana y utilizar las comunicaciones sociales como medios de servicio. Para lograra una administración verdaderamente ética de los medios, habría que anteponer siempre el respeto por la verdad, la dignidad de la persona humana y el bien común.