Para Salvarte

Compendio de las verdades fundamentales de la religión Católica y normas para vivirlas.

Por Jorge Loring, S.J.

 

Vida Sobrenatural

Gracia Santificante
41,1 - 42,2

41.-En la Iglesia hay una vida sobrenatural, que se llama gracia.

41,1. La Iglesia fundada por Jesucristo no es solamente una familia visible. En ella hay una vida interior , invisible, sobrenatural, divina, que comunica el mismo Jesucristo.

Dios Nuestro Señor hizo al hombre a su imagen y semejanza, dándole un alma espiritual e inmortal, capaz de conocerlo y amarlo, y alcanzar una felicidad proporcionada a su naturaleza. Pero, en su amor infinito, Dios ha querido llamarnos a más altos destinos. Quiso darnos la altísima dignidad de hijos suyos, y hacernos participantes de su misma felicidad en la gloria. Para esto nos une a Él en la persona divina de su Hijo hecho hombre, Jesucristo , de cuyo Cuerpo Místico somos miembros vivos. Esta vida divina en nosotros es la gracia santificante. Por ella Cristo vive en nosotros y nosotros vivimos en Cristo.

Por eso llamamos a la Iglesia el Cuerpo Místico de Cristo. Cristo es la Cabeza. Todos nosotros somos sus miembros. O como Él mismo dijo con otra comparación: "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" (522).

Como los sarmientos reciben la savia de la vid -y gracias a ella producen las uvas- así nosotros recibimos de Jesucristo la gracia. Es la savia que nos hace vivir una vida sobrenatural, de la misma manera que nuestra alma vivifica nuestro cuerpo y le da vida natural.

41,2. La doctrina del Cuerpo Místico tiene enorme importancia en orden a la valoración de nuestros actos. El barrido de una calle realizado por un empleado de la Limpieza Pública que está en gracia de Dios, tienen incomparablemente más valor que la conferencia de más altura científica que sólo puede ser entendida por media docena de hombres en el mundo, pero pronunciada por un sabio que no está en gracia de Dios.

La razón es que las acciones de los hombres que no están en gracia de Dios, aunque tengan su valor, como enseña el Vaticano II (523), no rebasan los límites de lo humano. En cambio, cuando un hombre está en gracia de Dios es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, y entonces sus obras, por sencillas que sean, pertenecen a un plano sobrenatural, infinitamente superior a todo lo humano.

Si esto se conociera más, quién viviría en pecado mortal?.

Cada uno de nosotros es una célula del Cuerpo Místico de Cristo. Con nuestra virtud colaboramos a su vitalidad. Con nuestros pecados, además de convertirnos en células muertas, entorpecemos la vida de las otras células, nuestros hermanos. Somos células cancerosas.

42.- La gracia santificante es un don personal sobrenatural y gratuito , que nos hace verdaderos hijos de Dios y herederos del cielo .

42,1. La gracia santificante es una cualidad que hace subir de categoría al hombre dándole como una segunda naturaleza superior . Es como una semilla de Dios . La comparación es de San Juan (524).

Desarrollándose en el alma produce una vida en cierto modo divina , como si nos pusieran en las venas una inyección de sangre divina. La gracia santificante es la vida sobrenatural del alma (525). Se llama también gracia de Dios.

La gracia santificante nos transforma de modo parecido al hierro candente que sin dejar de ser hierro tiene las características del fuego .

La gracia de Dios es lo que más vale en este mundo . Nos hace participantes de la naturaleza divina (526). Esto es una maravilla incomprensible, pero verdadera. Es como un diamante oculto por el barro que lo cubre. El siglo pasado Van Wick construyó con guijarros una casita en su granja de Dutoitspan (Sudáfrica). Un día, después de una fuerte tormenta, descubrió que aquellos guijarros eran diamantes: el agua caída los había limpiado del barro. Así se descubrió lo que hoy es una gran mina de diamantes . La gracia es un diamante que no se ve a simple vista.

La gracia nos hace participantes de la naturaleza divina, pero no nos hace hombres-dioses como Cristo que era Dios, porque su naturaleza humana participaba de la personalidad divina, lo cual no ocurre en nosotros .

Dios al hacernos hijos suyos y participantes de su divinidad nos pone por encima de todas las demás criaturas que también son obra de Dios, pero no participan de su divinidad. La misma diferencia que hay entre la escultura que hace un escultor y su propio hijo, a quien comunica su naturaleza .

Cuando vivimos en gracia santificante somos templos vivos del Espíritu Santo (527). La gracia santificante es absolutamente necesaria a todos los hombres para conseguir la vida eterna. La gracia se pierde por el pecado grave.

En pecado mortal no se puede merecer. Es como una losa caída en el campo. Debajo de ella no crece la hierba. Para que crezca, primero hay que retirar la losa. Estando en pecado mortal no se puede merecer nada.

Quien ha perdido la gracia santificante no puede vivir tranquilo, pues está en un peligro inminente de condenarse. La gracia santificante se recobra con la confesión bien hecha, o con un acto de contrición perfecta, con propósito de confesarse. (Ver números 80-84).

El perder la gracia santificante es la mayor de las desgracias , aunque no se vea a simple vista.

Sin la gracia de Dios toda nuestra vida es inútil para el cielo (528).

Por fuera sigue igual, pero por dentro no funciona: como una bombilla sin corriente eléctrica. Dice San Agustín que como el ojo no puede ver sin el auxilio de la luz, el hombre no puede obrar sobrenaturalmente sin el auxilio de la gracia divina .

En el orden sobrenatural hay esencialmente más diferencia entre un hombre en pecado mortal y un hombre en gracia de Dios, que entre éste y uno que está en el cielo (529). La única diferencia en el cielo está en que la vida de la gracia -allí en toda su plenitud- produce una felicidad sobrehumana que en esta vida no podemos alcanzar.

Esta vida es el camino para la eternidad. Y la eternidad, para nosotros, será el cielo o el infierno.

Sigue el camino del cielo el que vive en gracia de Dios. Sigue el camino del infierno el que vive en pecado mortal.

Si queremos ir al cielo, debemos seguir el camino del cielo. Querer ir al cielo y seguir el camino del infierno, es una necedad. Sin embargo, en esta necedad incurren, desgraciadamente, muchas personas. Algún día caerán en la cuenta de su necedad, pero quizá sea ya demasiado tarde.

42,2. Además de la gracia santificante Dios concede otras gracias que llamamos gracias actuales , que son auxilios sobrenaturales transitorios, es decir, dados en cada caso, que nos son necesarios para conseguir algo en orden a la salvación. Pues por nosotros mismos nada podemos. No podemos tener una fe suficiente, ni un arrepentimiento que produzca nuestra conversión.

Las gracias actuales iluminan nuestro entendimiento y mueven nuestra voluntad para obrar el bien y evitar el mal. Sin esta gracia no podemos comenzar, ni continuar, ni concluir nada en orden a la vida eterna .

El hombre no puede cumplir todas sus obligaciones ni hacer obras buenas para alcanzar la gloria eterna sin la ayuda de la gracia de Dios. Merecer el cielo es una cosa superior a las fuerzas de la naturaleza humana.

Pero como Dios quiere la salvación de todos los hombres, a todos les da la gracia suficiente que necesitan para alcanzar la vida eterna.

Con la gracia suficiente el hombre podría obrar el bien, si quisiera.

La gracia suficiente se convierte en eficaz cuando el hombre colabora . Los adultos tienen que cooperar a esta gracia de Dios. Dijo San Agustín: "Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti".

Dios ha querido darnos el cielo como recompensa a nuestras buenas obras. Sin ellas es imposible, para el adulto, conseguir la salvación eterna. Nuestra salvación eterna es un asunto absolutamente personal e intransferible. Al que hace lo que puede, Dios no le niega su gracia.

Y sin la libre cooperación a la gracia es imposible la salvación del hombre adulto (530). Con sus inspiraciones, Dios predispone al hombre para que haga buenas obras, y según el hombre va cooperando, va Dios aumentando las gracias que le ayudan a practicar estas buenas obras con las cuales ha de alcanzar la gloria eterna.

"Tan grande es la bondad de Dios con nosotros que ha querido que sean méritos nuestros lo que es don suyo" (531).

Esta gracia, que nos eleva por encima de la naturaleza caída, la mereció el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz. La obtenemos mediante la oración y los Sacramentos.

Pecado Original

43,1 - 43,3

43.- Empezamos a vivir la vida de la gracia con el sacramento del bautismo.

43,1. Cuando nacemos a la vida natural, nacemos muertos a la vida de la gracia, porque nacemos con el pecado original . El pecado original se lava con el bautismo. El bautismo es como un segundo nacimiento: un nacimiento a la vida sobrenatural.

Dios creó a nuestros primeros padres en estado de gracia. Dios en señal de su soberanía les dio un mandato para que ellos cumpliéndolo mostraran su aceptación. Ellos cediendo a la tentación del demonio desobedecieron . "Puesto que el fin propio del precepto era probar la obediencia, no podemos medir la gravedad de la culpa por la acción exterior en que se manifiesta" (532). "El hombre creado por Dios en la justicia, sin embargo, por instigación del demonio, en el mismo comienzo de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios" (533).

Este pecado de desobediencia fue el pecado original, llamado así porque fue el primer pecado que se cometió en la Tierra, en los principios de la humanidad, y es origen de otros muchos. El pecado original es la raíz de los demás pecados de los hombres. La realidad del pecado original es dogma de fe (534).

Con este pecado de desobediencia nuestros primeros padres perdieron la gracia para ellos y para nosotros sus hijos. Lo mismo que lo pierden todo los hijos del que se arruina en el juego de la ruleta. Si un monarca concede a una familia un titulo nobiliario con la condición de que el cabeza de familia no se haga indigno de semejante gracia, quién puede protestar si después de una ingratitud de este cabeza de familia, el monarca retira el título a toda la familia? El Concilio de Trento el más trascendental de toda la Historia de la Iglesia define como de fe que el pecado original se transmite de generación, por herencia (535).

43,2. Nosotros no somos responsables del pecado original porque no es pecado personal nuestro ; pero lo heredamos al nacer.

Por eso el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga: es un pecado "contraído", no "cometido"; es un estado, no un acto .

En virtud de la ley de solidaridad de Adán con toda la humanidad, por ser su cabeza físico-jurídica , nos priva de los dones extraordinarios que Dios había concedido en un principio a Adán para que los comunicara a sus descendientes .

"Del mismo modo que entre Adán y sus descendientes hubiera existido solidaridad si hubiera sido fiel, del mismo modo existe también solidaridad en su rebeldía" (536). El gran desastre del pecado de Adán fue que arrastró consigo a toda la naturaleza humana . De igual manera que si Adán se hubiese suicidado antes de tener hijos, hubiera privado de la vida a todo el género humano, así con su pecado nos priva de la gracia. Fue un suicidio espiritual.

No debemos protestar por sufrir nosotros las consecuencias del pecado de Adán. Habríamos sabido nosotros conservar estos dones? No son nuestros pecados personales una prueba de que también nosotros habríamos prevaricado?

El pecado original fue un pecado de soberbia . El pecado de Adán y Eva es un pecado muy frecuente hoy día. Hombres y mujeres autosuficientes, independientes, rebeldes a toda norma, orden o mandato, aunque venga del Papa. Para ellos sólo vale lo que ellos opinan, y lo que ellos quieren. No se someten a nadie. Quieren ser como dioses. Ése fue el pecado de Adán y Eva.

43,3. Antes de pecar, el demonio dijo a nuestros primeros padres que si pecaban serían como dioses. Ellos pecaron y se dieron cuenta del engaño del demonio. Con esto el demonio logró lo que pretendía: derribar a Adán de su estado de privilegio. El demonio es el padre de la mentira . Eva fue seducida por él. El que peca se entrega al espíritu de la mentira.

En la medida que somos pecadores somos mentirosos , pues el pecado es el abandono de la verdad, que es Dios, por la mentira.

El demonio también nos engaña a nosotros en las tentaciones presentándonos el pecado muy atractivo, y luego siempre quedamos desilusionados, con el alma vacía y con ganas de más. Porque el pecado nunca sacia. Pero el demonio logra lo suyo: encadenarnos al infierno.

El demonio nos tienta induciéndonos al mal, porque nos tiene envidia , porque podemos alcanzar el cielo que él perdió por su culpa .

Todas las tentaciones del demonio se pueden vencer con la ayuda de Dios . El demonio es como un perro encadenado: puede ladrar, pero sólo puede morder al que se le acerca.

En el estado de pecado original el hombre carece de la gracia y amistad de Dios, y su libertad está debilitada e inclinada al mal; no podemos ser totalmente dueños de nosotros mismos y de nuestros actos .

Esta vida de la gracia que empieza con el bautismo necesita respirar para no ahogarse. Lo mismo que la vida del cuerpo que, si no se tiene aire para respirar, también se ahoga. Dice San Agustín que la respiración de la vida del alma es la oración.

 

Oración
44,1 - 44,7

44.- Orar es hablar con Dios, nuestro Padre celestial, para adorarle, alabarle, darle gracias y pedirle toda clase de bienes.

44,1. Orar es hablar con Dios para manifestarle nuestro amor, tributarle el honor que se merece, agradecerle sus beneficios, ofrecerle nuestros trabajos y sufrimientos, pedirle consejo, confiarle las personas que amamos, los asuntos que nos preocupan y desahogarnos con él.

Habla a Dios con sencillez y naturalidad.

Háblale con tus propias palabras.

Se puede orar con fórmulas ya hechas, o espontáneas.

Y también repitiendo siempre la misma frase.

Para hablar con Dios no es necesario pronunciar palabras materialmente. Se puede hablar también sólo con el corazón.

La oración no se aprende. Sale sola. Lo mismo que no se aprende a reír o a llorar.

La oración sale espontáneamente del corazón que ama a Dios.

La oración debe hacerse con atención, reverencia, humildad, confianza, fervor, perseverancia y resignación con lo que Dios quiera. Hacerla con fe muy firme de que si conviene, Dios concederá lo que pedimos; pero no podemos anteponer nuestra voluntad a la de Dios. Además de irreverente y absurdo, sería completamente inútil y estéril.

Es necesario orar, y orar a menudo, porque Dios así lo manda: "Pedid y recibiréis" (537) y "es necesario orar siempre y no desfallecer" (538) ; pero además porque ordinariamente Dios no concede las gracias espirituales y materiales si no se las pedimos.

Ojalá te acostumbraras a tener tus ratos de charla con Nuestro Señor en el sagrario!

Por lo menos, no dejes de rezar todos los días las oraciones que te pongo en los Apéndices.

Pero te advierto que la oración bien hecha no es la recitación de plegarias que se repiten distraídamente sólo con los labios. La verdadera oración pone siempre en movimiento el corazón.

Dice Santa Teresa que orar es un trato amoroso con Dios No pedimos para obligar a Dios que cambie sus planes, lo cual es imposible. Ni para informarle de lo que necesitamos, pues él ya lo sabe. Ni para convencerle para que nos ayude, pues lo desea más que nosotros mismos. Pedimos porque él quiere que lo hagamos para colaborar con él en lo que quiere concedernos.

"Dios ha determinado concedernos algunas cosas a condición de que se las pidamos bien, o sea, vinculándolas a nuestra oración.

Pero si no las pedimos, nos quedaremos sin ellas. No se trata de que Dios cambie su voluntad, sino de que nosotros cumplamos la condición que él ha señalado para concedernos tales gracias" (539).

La doctrina católica enseña:

a) que para salvarnos nos es necesario orar;

b) que sin orar no podemos permanecer mucho tiempo sin pecado;

c) que, aun para muchas cosas humanas, es muy necesario o conveniente la oración;

d) que si oramos frecuentemente pidiendo a Dios nuestra salvación, nos salvaremos seguro. Dice San Pablo que con la oración se pueden vencer todas las tentaciones (540).

Si pedimos bien una cosa necesaria para nuestra salvación, la eficacia es segura (541).

Si pedimos la salvación de otro, la eficacia depende de la libre voluntad del otro; pero nuestra oración le conseguirá gracias de Dios para facilitar que él se incline hacia el bien.

Pero no sólo pedir. También hay que alabar y adorar a Dios.

Más vale rezar poco y bien que mucho y mal.

Si por dedicarte a largos rezos vas a hacerlos de forma distraída y rutinaria, más vale que reces la mitad o la cuarta parte; pero concentrándote y pensando lo que haces.

Glorificas más a Dios y enriqueces más tu alma con un acto intenso de fervor que con mil remisos, superficiales y rutinarios .

Todos deberíamos dedicar algún momento del día a hacer actos internos de amor de Dios.

En estos breves instantes se puede merecer más que en el resto de la jornada diaria.

El momento más oportuno para hacerlos es después de comulgar, y al acostarse.

Hay que pedirle a Dios la gracia eficaz para hacer con mucho fervor estos actos de amor.

Por otra parte, el buen hijo nunca se avergüenza de su padre, y Dios es mi Padre y Creador. Ningún padre es tan padre como el que es Padre-Creador de sus hijos.

Es una ingratitud regatear a Dios las manifestaciones de amor y reverencia. Solía decir el emperador Carlos V : Nunca es el hombre más grande que cuando está de rodillas delante de Dios. Los animales nunca rezan.

44,2. Convendría que cada familia fijase un mínimo de rezo en común, el cual podría ser:

1) Leer un trozo del Evangelio, de cuando en cuando, y comentarlo entre todos.

2) Dar gracias a Dios antes de comer, por poderlo hacer, y pedirle que nunca nos falte lo necesario.

En los Apéndices tienes una oración para bendecir la mesa.

3) Rezar un misterio del rosario cada día. Al menos se podrían aprovechar los desplazamientos de fin de semana en rezar un rosario entero, o algún misterio suelto. Esta buena costumbre nos ayudaría, además, a alcanzar la protección de Dios en la carretera. En los Apéndices tienes el modo de rezar el rosario.

-En tus alegrías, da gracias a Dios.

- En tus penas, ofréceselas a Dios por amor a él.

- En tus trabajos, hazlo todo siempre con buena intención.

- En tus pecados, pide perdón.

- Y en tu trato con los demás, ten espíritu de servicio.

44,3. Durante el día deberíamos estar unidos a Dios como dos personas que se aman.

"En un matrimonio armónico saben hombre y mujer que viven el uno para el otro y para su familia.

Lo saben incluso, cuando en el jaleo del día piensan poco de hecho el uno en el otro.

La relación de amor existe de continuo y da color a todas las actividades de ambos cónyuges.

La orientación a la mujer amada ayuda al hombre a hacer día tras día su trabajo, con frecuencia aburrido. Sabe al fin y al cabo para quien trabaja.

La mujer lo sabe también y por ello saca fuerzas la mayor parte de las veces para atender con esmero al mantenimiento de la casa.

Ambos viven en la atmósfera de la unión, aunque los momentos en que conscientemente se ocupen uno de otro sean escasos.

Viven el uno para el otro, y este existir el-uno-para-el-otro forma la mayor parte del tiempo del trasfondo oculto ante el cual transcurre su vida.

En un matrimonio de este estilo tienen lugar de vez en cuando "celebraciones" espontáneas, en las que todo lo que está ahí, inadvertido pero real, se expresa de manera explícita y se eleva de ese trasfondo a una vivencia de primer plano...

La vivencia de lo que está en el trasfondo, y la vivencia de lo que está en primer plano no se oponen, sino que se superponen y se complementan" (542)

Esto se puede aplicar a nuestro amor a Dios.

44,4. El valor de la oración es muy grande. Con ella trabajamos más que nadie en favor del prójimo: convertimos más pecadores que los sacerdotes, curamos más enfermos que los médicos, defendemos a la Patria mejor que los mismos soldados; porque nuestras oraciones hacen que Dios ayude a los soldados, a los médicos y a los sacerdotes para que consigan lo que pretenden.

No hay que confundir la oración cristiana con el zen o el yoga . Hoy están de moda las prácticas de meditación oriental como el zen y el yoga ; pero estas prácticas implican riesgos para los católicos. Por eso el Vaticano ha publicado un documento alertando a los católicos, porque el zen y el yoga degradan las oraciones cristianas y pueden degenerar en un culto al cuerpo . También el Papa alerta a los que se abren a las religiones orientales en técnicas de meditación y ascesis (543).

44,5. Ten la costumbre de acudir a Dios en todas tus penas y alegrías.

En tus penas para encontrar consuelo y ayuda; en tus alegrías para dar gracias y pedir que se prolonguen.

De suyo, la oración se hace a Dios ; pero muchas veces tomamos a la Virgen o a los Santos como mediadores. Lo mismo que nos valemos de los secretarios de los grandes personajes. Dios escucha a la Virgen y a los Santos mejor que a nosotros, porque ellos lo merecen más.

Dios conoce nuestras necesidades y las remedia muchas veces sin que se lo pidamos.

Pero de ordinario quiere que acudamos a él, porque con la oración practicamos muchas virtudes: adoración, amor, confianza, humildad, agradecimiento, conformidad, etc.

"La eficacia de la oración y su necesidad no es por el influjo que ejerce en Dios, sino en el que ora.

Dios está siempre dispuesto a colmarnos de gracias: nosotros, en cambio, no siempre estamos dispuestos a recibirlas; la oración nos hace aptos para ello" (544).

Nunca debo cansarme de pedir a Dios lo que necesito.

No es que Dios desconozca mis necesidades. Pero quiere que acuda a él.

Si no me lo concede, será porque no se lo pido bien, porque no me lo merezco o porque no me conviene.

En ese caso, me dará otra cosa; pero la oración que sube al cielo nunca vuelve vacía.

Como una madre que cuando un niño le pide un cuchillo con el que se puede cortar, no se lo da; pero le da un juguete.

Y en caso de que en los planes de Dios esté dejarnos una cruz, nos dará fuerzas para llevarla. Dijo San Agustín : "Señor, dame fuerzas para lo que me pides, y pide lo que quieras" (545).

En nuestras peticiones se sobreentiende siempre la condición de si es bueno para la salvación eterna .

Hay una cosa que ciertamente Dios está deseando concedérnosla en cuanto se la pidamos. Es la fuerza interna necesaria para vencer las tentaciones del pecado. Sobre todo, si lo pedimos mucho y bien, Dios nos concederá la salvación eterna de nuestra alma.

Cuando se piden cosas absolutamente buenas para uno mismo, si se piden bien, la eficacia de la oración es infalible.

Aunque a veces Dios modifica la petición en cuanto a las circunstancias, tiempo, etc.

Si es para otro, puede ser que éste rechace la gracia: conversión de un pecador. Dios nos exige un mínimo de buena voluntad. Él lo pone casi todo ; pero hay un casi nada , que depende de nosotros.

Una bonita oración podría ser:

Señor dame:

-la decisión para cambiar aquellas cosas que yo puedo cambiar;

-la paciencia para aceptar las cosas que yo no puedo cambiar;

-y la inteligencia para distinguir una cosa de otra .

44,6. Pero la vida de la gracia, además de respirar, necesita -lo mismo que la vida natural- alimentarse .

Dios también nos ha dado un alimento para la vida sobrenatural de la gracia. Ese alimento es la Sagrada Comunión, el verdadero Cuerpo del mismo Jesucristo bajo la apariencia de pan, que se guarda en el sagrario y es la Sagrada Eucaristía.

Es el recuerdo que Jesucristo nos dejó antes de subir al cielo.

Él se iba, pero al mismo tiempo quiso quedarse con nosotros, hasta el fin de los siglos, en el sagrario.

Eucaristía

45,1 - 52,2

45.- JESUCRISTO ESTÁ AHORA GLORIOSO EN EL CIELO Y EN EL SAGRARIO.

45,1. Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas partes. Como Hombre está solamente en el cielo y en el sagrario, en el Sacramento de la Eucaristía.

El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta y con su llave. Allí está Jesucristo , y por eso, al lado hay encendida una lamparita. Siempre que pasemos por delante, debemos poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración, lo mismo si está reservado que si está expuesto .

45,2. Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo , vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo. Las imágenes no se adoran, se veneran. A Jesucristo , en el sagrario, sí lo adoramos. Adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría . Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.). A los santos se les tributa culto de dulía, que es de intercesión ante Dios.

La adoración sólo se tributa a Dios . El doblar la rodilla tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace: ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración, ante los reyes es reverencia. La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa . Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona.

La idolatría se dirige a la imagen misma.

Dice el Concilio II de Nicea: el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella .

El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible. No se le podía representar por imágenes. Las imágenes de aquel tiempo eran ídolos. Pero desde que Cristo se hizo la imagen visible del Dios invisible , como dice San Pablo , es lógico que lo representemos para darle culto .

Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes (546) son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían de caer en la idolatría como los pueblos vecinos. Ya no valen hoy día; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento, por ejemplo, la circuncisión , y la pena de muerte para los adúlteros.

El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo .

Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes.

Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes.

Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio Magno : Las imágenes son útiles para que los iletrados vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros.

Los Testigos de Jehová , hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría . Esto es absurdo.

45,3. Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está esperando. Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades, y a pedirle consuelo y ayuda.

Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente. Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:

Señor:

Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero.

Te amo sobre todas las cosas.

Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido.

Te pido por todo por todas mis intenciones.

Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén.

No has tardado ni un minuto.

Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento. Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor, darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda. Al final de la exposición, se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces, es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.

46.- JESUCRISTO ESTA REAL Y VERDADERAMENTE PRESENTE EN EL SAGRARIO, AUNQUE ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE PAN, EN LA HOSTIA CONSAGRADA.

47.- JESUCRISTO TAMBIÉN ESTÁ ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE VINO EN EL CÁLIZ CONSAGRADO.

47,1. En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo.

Substancia es aquello por lo cual algo es lo que es. Lo que hay de permanente en el ser, por lo cual subsiste. No lo que es transitorio y accidental, que no es esencial y constante, y que necesita una substancia donde residir: como son el color, el olor y el sabor .

47,2. La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo , con su Sangre, su Alma y su Divinidad. Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

47,3. En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo , con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad. Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

Jesucristo en razón de su única Persona está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero .

47,4. La palabra griega "soma" en la antropología hebrea significa cuerpo en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente la palabra "aima" (sangre) significa lo que es el hombre en su totalidad. Cristo repite la misma idea para confirmarla, para remacharla. Es un paralelismo llamado "climático" muy frecuente en el modo de hablar hebreo.

 

48.- EL PAN Y EL VINO SE CONVIERTEN EN EL CUERPO Y EN LA SANGRE DE JESUCRISTO EN LA SANTA MISA POR LAS PALABRAS QUE EL SACERDOTE DICE EN EL MOMENTO DE LA CONSAGRACION, PUNTO CENTRAL DE LA MISA

48,1. Por eso las normas litúrgicas dicen que durante la consagración los fieles deben ponerse de rodillas, si no hay motivo razonable que lo impida. Y así lo han recordado varios obispos.

En la elevación podrías decir en silencio: "Señor mío y Dios mío, que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que han de morir hoy. Amén".

49.- JESUCRISTO INSTITUYÓ LA EUCARISTÍA PARA PERPETUAR POR LOS SIGLOS, HASTA SU VUELTA, EL SACRIFICIO DE LA CRUZ, Y ALIMENTAR NUESTRAS ALMAS PARA LA VIDA ETERNA

49,1. En su Ultima Cena, Jesucristo , instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre.

Jesús ofreció aquel día en el cenáculo el mismo sacrificio que iba a ofrecer pocas horas más tarde en el calvario: con anticipación, se entregó por todos los hombres bajo las apariencias de pan y vino.

Con las palabras "haced esto en memoria mía" (547), Jesús dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder y el mandato de repetir aquello mismo que Él había hecho: convertir el pan y el vino, en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecer estos dones al Padre y darlos como manjar a los fieles.

49,2. Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas entero en cada una de ellas . Aunque sea muy pequeña. También un paisaje muy grande se puede encerrar en una fotografía muchísimo más pequeña. No es lo mismo; pero esta comparación puede ayudar a entenderlo.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es inextensa, es decir, todo en cada parte. Por eso al partir la Sagrada Forma, Jesucristo no se divide, sino que queda entero en cada parte, por pequeña que sea . Lo mismo que cuando uno habla y le escuchan dos, aunque vengan otros dos a escuchar, también oyen toda la voz. La voz se divide en doble número de oídos, pero sin perder nada. Esta comparación, que es de San Agustín , puede ayudar a entenderlo.

Todo esto es un gran misterio, pero así lo hizo Jesucristo que, por ser Dios, lo puede todo. Lo mismo que, con su sola palabra hizo milagros así, con su sola palabra, convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre cuando dijo: "Esto es mi Cuerpo..., éste es el cáliz de mi Sangre..." (548).

En otra ocasión dijo: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (549). Y los que oyeron estas palabras las entendieron en su auténtico sentido; por eso no pudieron contenerse y dijeron "dura es esta doctrina" (550). Los discípulos que las oyeran las entendieron de modo real, no simbólico. Por eso dice San Juan que cuando le oyeron esto a Jesús algunos, escandalizados, le abandonaron diciendo: esto es inaceptable . Les sonaba a antropofagia. Si lo hubieran entendido en plan simbólico no se hubieran escandalizado.

El mismo San Pablo también las entendió así. Por eso después de relatar la institución de la Eucaristía añade rotundamente: "de manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere este cáliz indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor" (551).

Por todo esto los católicos creemos firmemente que en la Eucaristía está el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo . Las interpretaciones simbólicas y alegóricas de los no católicos son inadmisibles.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es real y substancial .

El sentido de las palabras de Jesús no puede ser más claro. Si Jesucristo hablara simbólicamente, habría que decir que sus palabras son engañosas. Hay circunstancias en las que no es posible admitir un lenguaje simbólico. Qué dirías de un moribundo que te promete dejarte su casa en herencia y lo que luego te dejara fuera una fotografía de ella" Si no queremos decir que Jesucristo nos engañó, no tenemos más remedio que admitir que sus palabras sobre la Eucaristía significan realmente lo que expresan.

La Biblia de los Testigos de Jehová traduce falsamente en el relato de la Cena: "esto significa mi Cuerpo". Sin embargo, todos los manuscritos y versiones, sin excepción, traducen "esto es mi Cuerpo" (552). No es lo mismo el verbo "ser" que el verbo "significar".

La bandera significa la Patria, pero no es la Patria.

Es cierto que nosotros no podemos comprender cómo se convierten el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo ; pero tampoco comprendemos cómo es posible que la fruta, el pan, un huevo, un tomate o una patata se conviertan en nuestra carne y en nuestra sangre, y sin embargo esto ocurre todos los días en nosotros mismos. Claro que la transformación que sufren los alimentos en nuestro estómago es del orden natural, en cambio la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo es de orden sobrenatural y misterioso.

Este misterio se llama Santísimo Sacramento del Altar y, también, la Sagrada Eucaristía.

49,3. La presencia de Cristo en la Eucaristía está confirmada por varios milagros eucarísticos que, ante las dudas del sacerdote celebrante u otras circunstancias, las especies sacramentales se convirtieron en carne y sangre humana, como consta por los exámenes científicos realizados en los milagros de Lanciano, Casia y otros (553).

Puede ser interesante mi vídeo: "El Santo Grial de Valencia y milagros eucarísticos", donde presento las razones que nos permiten afirmar con fundamento que el Santo Cáliz de Valencia es el mismo que utilizó Jesucristo en la Ultima Cena, y relato los milagros eucarísticos de los Corporales de Daroca, La Sagrada Forma de El Escorial, El Milagro de los peces de Alboraya (Valencia) y la carne eucarística de Lanciano (Italia), analizada recientemente.por científicos.

50.- LA MISA ES EL ACTO MÁS IMPORTANTE DE NUESTRA SANTA RELIGIÓN, PORQUE ES LA RENOVACIÓN Y PERPETUACIÓN DEL SACRIFICIO DE CRISTO EN LA CRUZ

50,1. En la Misa se reactualiza el sacrificio que de su propia vida hizo Jesucristo a su Eterno Padre en el calvario, para que por sus méritos infinitos nos perdone a los hombres nuestros pecados, y así podamos entrar en el cielo. En la Misa se hace presente la redención del mundo. Por eso la Misa es el acto más grande, más sublime y más santo que se celebra cada día en la Tierra.

Decía San Bernardo : el que oye devotamente una Misa en gracia de Dios merece más que si diera de limosna todos sus bienes .

Oír una Misa en vida aprovecha más que las que digan por esa persona después de su muerte.

Con cada Misa que oigas aumentas tus grados de gloria en el cielo.

La única diferencia entre el sacrificio de la Misa y el de la cruz está en el modo de ofrecerse : en la cruz fue cruento (con derramamiento de sangre) y en la Misa es incruento (sin derramamiento de sangre), bajo las apariencias de pan y vino. "Los sacrificios de la Ultima Cena, el de la Cruz y el del altar, son idénticos" (554).

Todos los fieles que asisten al Sacrificio Eucarístico lo ofrecen también al Padre por medio del sacerdote, quien lo realiza en nombre de todos y para todos hace la Consagración .

A los hombres nos gusta celebrar los grandes acontecimientos:

bautizos, primeras comuniones, bodas, aniversarios, etc. Estas celebraciones suelen consistir en banquetes. La Eucaristía es un banquete para conmemorar la Ultima Cena. Los cristianos nos reunimos para participar, con las debidas disposiciones, en el banquete eucarístico.

50,2. Hay quienes dicen que no van a Misa porque no sienten nada.

Están en un error. Las personas no somos animales sentimentales, sino racionales . . El cristianismo no es cuestión de emociones, sino de valores. Los valores están por encima de las emociones y prescinden de ellas. Una madre prescinde de si tiene o no ganas de cuidar a su hijo, pues su hijo es para ella un valor. Quien sabe lo que vale una Misa, prescinde de si tiene ganas o no. Procura no perder ninguna, y va de buena voluntad.

Para que la Misa te sirva basta con que asistas voluntariamente, aunque a veces no tengas ganas de ir. La voluntad no coincide siempre con el tener ganas. Tú vas al dentista voluntariamente, porque comprendes que tienes que ir; pero puede que no tengas ningunas ganas de ir.

Algunos dicen que no van a Misa porque para ellos eso no tiene sentido. Cómo va a tener sentido si tienen una lamentable ignorancia religiosa" A nadie puede convencerle lo que no conoce. A quien carece de cultura, tampoco le dice nada un museo. Pero una joya no pierde valor porque haya personas que no saben apreciarla. Hay que saber descubrir el valor que tienen las cosas para poder apreciarlas.

Otros dicen que no van a Misa porque no les apetece, y para ir de mala gana, es preferible no ir. Si la Misa fuera una diversión, sería lógico ir sólo cuando apetece. Pero las cosas obligatorias hay que hacerlas con ganas y sin ganas. No todo el mundo va a clase o al trabajo porque le apetece. A veces hay que ir sin ganas, porque tenemos obligación de ir. Que uno fume o deje de fumar, según las ganas que tenga, pase.Pero el ir a trabajar no puede depender de tener o no ganas. Lo mismo pasa con la Misa. Ojalá vayas a Misa de buena gana, porque comprendes que es maravilloso poder mostrar a Dios que le queremos, y participar del acto más sublime de la humanidad como es el sacrificio de Cristo por el cual redime al mundo. Pero además, la asistencia a la Misa dominical es obligatoria, pues es el acto de culto público oficial que la Iglesia ofrece a Dios.

La Misa es un acto colectivo de culto Dios. Todos tenemos obligación de dar culto a Dios. Y no basta el culto individual que cada cual puede darle particularmente. Todos formamos parte de una comunidad, de una colectividad, del Pueblo de Dios, y tenemos obligación de participar en el culto colectivo a Dios. No basta el culto privado.

El acto oficial de la Iglesia para dar culto a Dios colectivamente, es la Santa Misa. El cumplimiento de las obligaciones no se limita a cuando se tienen ganas. Lo sensato es poner buena voluntad en hacer lo que se debe.

El cristianismo es una vida, no un mero culto externo. El culto a Dios es necesario, pero no basta para ser buen cristiano.

La asistencia a Misa es sobre todo un acto de amor de un hijo que va a visitar a su Padre: por eso el motivo de la asistencia a Misa debe ser el amor.

Muchos cristianos no caen en la cuenta del valor incomparable de la Santa Misa. Le oí decir a un sacerdote, que hablaba del valor de la Misa, que si a él le ofrecieran un millón de pesetas para que un día no celebrara la Santa Misa, él, sin dudarlo, dejaría el millón, no la Misa. Al oír esto pensé que yo también haría lo mismo. Unos días después al decir yo esto en unas conferencias que estaba dando en Écija, el millón me pareció poco, y dije: diez, cincuenta, cien, mil millones, ni por todo el oro del mundo dejaría yo de decir una sola misa. Repartiendo mil millones de pesetas yo podría hacer mucho bien:

pues ayudo más a la humanidad diciendo una Misa; pues los mil millones de pesetas tienen un valor finito, y la Santa Misa es de valor infinito. "Una sola Misa glorifica más a Dios que le glorifican en el cielo por toda la eternidad todos los ángeles y santos juntos,

incluyendo a la Santísima Virgen María, Madre de Dios" (555) . La razón es que la Virgen y los Santos son criaturas limitadas, en cambio la Misa, como es el Sacrificio de Cristo-Dios, es de valor infinito

50,3. Siendo la Santa Misa "reproducción incruenta del sacrificio del calvario, tiene los mismos fines y produce los mismos efectos que el sacrificio de la cruz" (556).

La Misa se celebra por cuatro fines :

1 Para adorar a Dios dignamente. Todos los hombres estamos obligados a adorar a Dios por ser criaturas suyas. La mejor manera de adorarle es asistir debidamente al Santo Sacrificio de la Misa.

2 Para satisfacer por los pecados nuestros y de todos los cristianos vivos y difuntos.

3 Para dar gracias a Dios por los beneficios que nos hace: conocidos y desconocidos por nosotros.

4 Para pedir nuevos favores del alma y del cuerpo, espirituales y materiales, personales y sociales.

Para alabar a Dios, para darle gracias por un beneficio, para pedirle un nuevo favor, para expiar nuestros pecados, para aliviar a las almas del purgatorio, etc., etc., lo mejor es oír Misa.

Por lo tanto, nuestras peticiones, unidas a la Santa Misa tienen mayor eficacia. Pero la aplicación del valor infinito de la Misa depende de nuestra disposición interior.

50,4. La Misa se ofrece siempre solamente a Dios , pues sólo a Él debemos adoración, pero a veces se dice Misa en honor de la Virgen o de algún santo, para pedir la intercesión de ellos ante Dios.

Una sola Misa, bien oída, nos aprovecha más que mil Misas que nos apliquen después de nuestra muerte.

Muchos cristianos tienen la costumbre de ofrecer Misas por sus difuntos . Es ésta muy buena costumbre, pues una Misa ayuda a un difunto mucho más que un ramo de flores sobre su tumba.

Cuando se encargan Misas se suele dar una limosna al sacerdote que la dice para ayudar a su sustento, según quería San Pablo (557). Pero de ninguna manera debe considerarse esta limosna como precio de la Misa, que por ser de valor infinito, no hay en el mundo oro suficiente para pagarla dignamente. Lo que se da al sacerdote no es el precio de lo que recibimos, sino que le damos un donativo para ayudar a su sustento con ocasión de la ayuda espiritual que él nos ofrece.

50,5. La Liturgia es la oración pública y oficial de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, ha recalcado la importancia de la Liturgia en la formación de los cristianos de hoy: "la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza" (558). Pero primero dice que "la Sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia" (559), y después que "la participación en la Sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual" (560). "Por eso, junto a la liturgia y con justa autonomía, han de fomentarse otras expresiones, culturales o no, como la evangelización, la catequesis, el apostolado, los ejercicios ascéticos, la acción caritativa y social, y la vida de testimonio en el mundo" (561).

La Liturgia en nada se opone, sino al contrario, exige vehementemente un intenso cultivo de la vida espiritual, aun fuera de las acciones litúrgicas, con todos los medios ascéticos acostumbrados y conocidos en la tradición cristiana .

Hay que tener cuidado de que el despliegue que van alcanzando las celebraciones litúrgicas comunitarias no se produzca a base de pisar y expropiar su terreno a la piedad y oración privadas.

Porque en tal caso el auge de las celebraciones litúrgicas ya no estaría de acuerdo ni con la letra ni con el espíritu de la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia. Hoy padecemos una hipertrofia del sentido comunitario. Se pretende a veces que lo común sobresalga de tal modo que ahogue lo individual. Pero todos los movimientos que en la pendular historia de las ideas han pasado por un máximo excesivo, han terminado por reducirse a sus justos términos .

"El hombre tiene un valor inalienable en sí mismo. Aunque él se salva en comunidad, se salva en virtud de su respuesta individual al llamamiento a participar en la vida de esta comunidad" (562).

 

51.-LA SAGRADA COMUNIÓN ES EL ACTO DE RECIBIR A JESUCRISTO, CON SU CUERPO, SU SANGRE, SU ALMA Y SU DIVINIDAD, BAJO LAS APARIENCIAS DE PAN Y VINO.

51,1. Hay obligación bajo pecado grave, de comulgar una vez al año, y en peligro de muerte.

Dice el Código de Derecho Canónico: En peligro de muerte, cualquiera que sea la causa de donde ésta proceda, obliga a los fieles el precepto de recibir la Sagrada comunión por Viático .

La obligación de comulgar, que antes era por Pascua Florida, el Nuevo Código de Derecho Canónico, lo expresa así en el canon 920:

Todo fiel, después de la Primera Comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año.

Este precepto debe cumplirse durante el Tiempo Pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año . Este Tiempo Pascual comienza en el Triduo Pascual, el Jueves Santo, y termina con el domingo de Pentecostés. En España desde 1526 el Cumplimiento Pascual puede cumplirse desde el Miércoles de Ceniza hasta el domingo de la Santísima Trinidad .

Para un cristiano, comulgar una vez al año es lo mínimo . La Iglesia desea que los cristianos comulguen más a menudo, como lo expresa en el nuevo canon 898: Tributen los fieles la máxima veneración a la Santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente.

La comunión frecuente puede ser mensual, semanal y mejor aún diaria.

La mejor devoción que podemos tener es la comunión diaria en la Santa Misa .

Comulgar es el acto más sublime que podemos hacer en la vida, pues es recibir a Dios en nuestro corazón. Jesucristo , que por ser Dios es infinitamente sabio y poderoso, no pudo dejarnos cosa mejor. Aunque no se puede ni comparar, podemos decir que con una comunión ganamos más que si nos toca la lotería. No es exageración. Es una realidad. Y si lo dudamos, es que no tenemos fe.

Si comulgáramos más, estaríamos acumulando un capitalazo para la eternidad. Sin embargo, una pereza increíble nos hace desaprovechar lo más grande y fácil que se nos puede presentar en la vida.

Pero sobre todo, comulgando damos gusto a Jesucristo . Para eso se ha quedado en la Eucaristía.

A Jesucristo no le bastó hacerse hombre y morir por los hombres. Quiso quedarse para siempre entre nosotros en la Eucaristía, y hacerse pan para unirse a nosotros en la Sagrada Comunión. Por amor a Él comulga lo más a menudo que puedas. Dice Cristo que quien comulga, vivirá eternamente .

Pero además, la comunión nos es necesaria porque es el alimento del alma que la robustece para la lucha de la vida. Quien no comulga tiene el alma débil, y fácilmente cae en el pecado. Quien comulga a menudo fortifica el alma y encuentra más fácil la victoria contra el pecado.

La comunión es el mejor medio de vencer las tentaciones porque debilita nuestras malas inclinaciones, aumenta la gracia santificante y nos preserva del pecado mortal .

Si alguna vez no puedes comulgar sacramentalmente, porque no estás en condiciones, haz al menos una comunión espiritual. La fórmula de la comunión espiritual la tienes en los Apéndices.

51,2. Antes de comulgar, debemos prepararnos con reverencia, pensando que el que viene a nosotros -pobres pecadores- es nada menos que Jesucristo , Dios, infinitamente poderoso, Creador del Universo; pero que nos ama tanto, que se ha querido quedar con nosotros en el sagrario para que podamos recibirle.

Al comulgar nos empapamos de Cristo como una esponja se empapa de agua . Es más, al comer el Cuerpo de Cristo, el alimento espiritual nos transforma a nosotros, y no nosotros al alimento: como cuando comemos comida material. La idea es de Santo Tomás (563).

Sería un error privarse de la comunión por un sentimiento exagerado de indignidad propia. Para comulgar fructíferamente basta estar en gracia de Dios. No es necesario ser santo, sino que comulgamos frecuentemente para poder serlo.

Lo mejor es comulgar en medio de la Misa, pero si no puedes oír Misa, al menos comulga.

Los sacerdotes tienen obligación de darla a cualquier hora a todos los fieles que la pidan razonablemente.

Cuando vayas a comulgar, acércate al comulgatorio con los brazos cruzados en actitud respetuosa.

Cuando el sacerdote vaya a darte la Sagrada Forma, te dirá: "El Cuerpo de Cristo". Tú le respondes: "Amén", y levantas la cabeza, la echas un poco hacia atrás, abres suficientemente la boca y sacas un poco la lengua por encima del labio inferior para que te deposite en ella a Nuestro Señor. Es dificilísimo dar la comunión a personas que tienen su cabeza inclinada hacia delante, la boca poco abierta y sin sacar la lengua. Hay peligro de que se caiga la Sagrada Forma.

Después, retírate a tu puesto. Para tragar con facilidad la Sagrada Forma, deja que se humedezca un poco con la saliva. Si se pega al paladar, despréndela con la lengua.

También puedes recibir la Sagrada Forma en la mano, poniendo la mano izquierda como bandeja y tomando la Sagrada Forma con la derecha.

Después de comulgar debemos darle gracias durante un ratito por beneficio tan grande, y pedirle por todas nuestras necesidades.

Háblale como a un amigo; pídele por tu familia, para que todos tengan salud y trabajo, y para que sean buenos y se salven; pídele por tus amigos, conocidos y compañeros de trabajo; por tu Patria, el Papa, la Iglesia y los grandes problemas de la Humanidad; y rézale las oraciones que para después de comulgar te pongo en el Apéndice.

Cuando se deshace la Sagrada Forma, Jesucristo ya no está corporalmente , pero queda en el alma la gracia santificante, que no se va hasta que se comete un pecado grave. El pecado grave destruye la gracia santificante.

52.- PARA COMULGAR ES NECESARIO ESTAR EN GRACIA DE DIOS Y HABER GUARDADO EL AYUNO EUCARISTICO.

52,1. El ayuno eucarístico , hoy día, se ha reducido a una hora para sólidos y líquidos (incluso bebidas alcohólicas). Este mismo margen hay que dejar para las comuniones de media noche (Misa de Nochebuena).

La hora se entiende aproximadamente. Si faltan cinco o diez minutos,

no importa.

El agua y las medicinas no rompen el ayuno. No importa haberlas tomado incluso un momento antes de comulgar.

El ayuno eucarístico queda suprimido para los enfermos, aunque no guarden cama, para los fieles de edad avanzada, y para las personas que cuidan enfermos y ancianos o familiares de éstos que desean recibir con ellos la Sagrada Eucaristía A los enfermos se les puede llevar la comunión a cualquier hora del día o de la noche . Y a juicio del Obispo, pueden recibir la comunión bajo la sola especie de vino, si les cuesta tragar.

Normalmente se suele recibir la comunión una vez al día. Pero se puede comulgar de nuevo, por segunda vez, cualquier día con tal de que sea oyendo misa entera . También pueden comulgar por segunda vez en el día los que acompañan al que recibe el viático .

Se puede comulgar sin haber guardado ayuno eucarístico, en peligro de muerte y para evitar una irreverencia al Santísimo Sacramento, por ejemplo, en un incendio, en una inundación, en una persecución religiosa, etc. En estos casos, si no hay sacerdote, podrá administrar la comunión, a otros y a sí mismo, cualquier seglar que esté en estado de gracia. Si uno no está en gracia, que haga un acto de contrición.

52,2. Además del ayuno, para comulgar hay que estar en gracia de Dios.

Cuando tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, ya no estamos en gracia de Dios; por lo tanto, así no podemos comulgar; y si comulgamos sabiendo que estamos en pecado grave, cometemos un pecado tremendo que se llama sacrilegio . Dice San Pablo que quien comulga indignamente "se traga su propia condenación" (564). Aunque con un acto de contrición perfecta -como luego diremos- se perdonan los pecados, con todo, quien tiene conciencia de estar en pecado grave no puede comulgar sin antes confesarse, a no ser por causa grave . Así lo manda la Santa Iglesia, en el Código de Derecho Canónico .

Causa grave es aquella necesidad moral que, si no se atiende, nos produce un grave perjuicio; como sería el que los demás adviertan que estamos en pecado mortal. Por eso, si después de acercarte a comulgar te das cuenta que estás en pecado grave, no es necesario que retrocedas: puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición, con propósito de confesarte después . Si tienes duda de estar en gracia, puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición . Como te explico en el n 84 , puedes hacer un acto de contrición en tres palabras: Dios mío, perdóname.

Juan Pablo II afirmó que la confesión es imprescindible para quien tiene conciencia de pecado grave y quiere acercarse a la comunión. El Papa dijo que la preparación penitencial del comienzo de la Santa Misa no es suficiente para que pueda comulgar el que tenga conciencia de pecado grave.

No es necesario confesarse cada vez que uno comulga, a no ser que se tenga sobre la conciencia algún pecado grave. Dijo Juan Pablo II el 30 de enero de 1981: "está y estará vigente siempre en la Iglesia la norma, establecida por San Pablo y por el mismo Concilio de Trento, por la cual a la digna recepción de la Eucaristía se debe anteponer la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado grave" (565).Los que creen estar en gracia de Dios, pueden acercarse a comulgar sin confesarse previamente. Sin embargo, es muy recomendable hacer siempre un acto de contrición perfecta antes de acercarse a comulgar. Sobre el acto de contrición te hablo en los núms. 80-84.

Notas

522. - Evangelio de San Juan, 15:5 [Regresar]

523. - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 34 [Regresar]

524. - Primera Carta de San Juan, 3:9 [Regresar]

525. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Somos Hijos de Dios, 1º, Hijos de Dios, 1º, III, 4. Ed. BAC. Madrid, 1977 [Regresar]

526. - Segunda Carta de San Pedro, 1:4 [Regresar]

527. - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 6:19 [Regresar]

528. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Somos hijos de Dios, 1ª, III, 6. Ed. BAC. Madrid, 1977 [Regresar]

529. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Somos hijos de Dios, 1ª, III, 7, Ed. BAC. Madrid, 1977 [Regresar]

530. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la Salvación 1ª, II, nº26. Ed. B.A.C. Madrid [Regresar]

531. - SAN AGUSTÍN, Epístola 144, V. 19. MIGNE: Patrología Latina. 33. 880 [Regresar]

532. - BIRNGRUBER: Teología Dogmática para Seglares, nº 16. Ed. Litúrgica Española. Barcelona [Regresar]

533. - Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº13 [Regresar]

534. - DENZINGER: Magisterio para la Iglesia, nº 787-792. Ed. Herder. Barcelona [Regresar]

535. - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 790, y DS, 1512s. Ed. Herder. Barcelona. [Regresar]

536. - EDWARD LEEN, C.S.Sp: ¿Por qué la cruz? 1ª, VIII. Ed. Rialp. Madrid [Regresar]

537. - Evangelio de San Mateo, 7:7 [Regresar]

538. - Evangelio de San Lucas, 18:1 [Regresar]

539. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: La Virgen María, 4º, V, 4, nº 401. Ed. BAC. Madrid [Regresar]

540. - SAN PABLO: Primera carta a los Corintios, 10:13. [Regresar]

541. - ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.:Teología de la salvación, nº 101. Ed. BAC. Madrid [Regresar]

542. - HEGGEN: La penitencia, acontecimiento de salvación, 1ª, III, 4. Ed. Sígueme. Salamanca [Regresar]

543. - JUAN PABLO II: Cruzando el umbral de la esperanza, XIV. Ed. Plaza y Janés. Barcelona. [Regresar]

544. - ESTANISLAO LYONNET, S.I.: Libertad y ley nueva, I, 2. Ed. Sígueme. Salamanca [Regresar]

545. - SAN AGUSTÍN: Confesiones, 10, XXIV [Regresar]

546. - Éxodo, 20:4 [Regresar]

547. - Evangelio de San Lucas, 22:19 [Regresar]

548. - Evangelio de San Mateo, 26:26ss [Regresar]

549. - Evangelio de San Juan, 6:56 [Regresar]

550. - Evangelio de San Juan, 6:61 [Regresar]

551. - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 11:27ss [Regresar]

552. - G. HERBERT, S.I.: Los Testigos de Jehová, su historia y su doctrina, III, 3. a. Ed. PPC. Madrid, 1973. Éste es uno de los mejores libros para refutar con profundidad los errores de los Testigos de Jehová. [Regresar]

553. - BOB-PENNY LORD: Milagros de la Eucaristía, I, V, XV. Librería Niño Jesús. San Jorge 357, Santurce. Puerto Rico [Regresar]

554. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para Seglares, 2º, 2ª, III, 98. Ed. BAC. Madrid [Regresar]

555. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la Perfección Cristiana nº 235. Ed. BAC. Madrid [Regresar]

556. - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para Seglares,2º, 2ª, III,nº100.Ed.BAC. Madrid [Regresar]

557. - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 9:13s [Regresar]

558. - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 10 [Regresar]

559. - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 9 [Regresar]

560. - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 12 [Regresar]

561. - Documento de la Comisión Episcopal de Liturgia del 1-XI-1987 [Regresar]

562. - Pastoral Colectiva de los Obispos de los EE.UU.: Revista ECCLESIA nº 1376(3-II-68) [Regresar]

563. - SANTO TOMÁS in 4 Sent. Dist. 12 q. 2, a, 1 [Regresar]

564. - SAN PABLO: 1ª Carta a los Corintios, 11:27ss [Regresar]

565. - Revista ECCLESIA, 2018 (14-II-81)8. [Regresar]