Carta IV El discernimiento[39]

 

 

¡A los queridísimos hermanos en Cristo, un alegre saludo![40]

 

 

Saben que les escribo como a hijos muy queridos, como a hijos de la promesa[41] e hijos del Reino. Por eso me acuerdo de ustedes noche y día, para que Dios los guarde de todo mal y tengan siempre la solicitud por obtener de Dios que les otorgue el discernimiento[42] y la visión de lo alto[43]; a fin de aprender a discernir en todas las cosas la diferencia entre el bien y el mal. Porque está escrito: El alimento sólido es para los perfectos, para aquellos cuyas facultades están ejercitadas por el hábito de discernir el bien y el mal (Hb 5,14). Estos han llegado a ser hijos del Reino y son contados en el rango de los hijos[44], de aquellos a quienes Dios les ha dado la visión de lo alto en todas sus obras, para que nadie los engañe, ni hombre ni demonio[45]. Puesto que el fiel es cautivado por la imagen del bien, y así muchos son engañados, pues todavía no han recibido esa visión de lo alto. Por eso el bienaventurado Pablo, sabiendo que esta es la gran riqueza de los fieles, dijo: Doblo las rodillas noche y día ante el Señor Jesucristo por ustedes, para que les otorgue una revelación con su conocimiento,[46] que Él ilumine los ojos de sus corazones, para que sepan cuál es la anchura y largura, la altura y profundidad,[47] a fin de conocer la caridad de Cristo que supera todo conocimiento, etc. (Efe 3,14-19). Como el bienaventurado Pablo los amaba de todo corazón, él quería que toda la gran riqueza que conocía, es decir la visión de lo alto en Cristo, fuera dada a sus hijos queridos. Sabía, en efecto, que si se les daba, ya no se fatigarían más en ninguna cosa y no temerían nada, sino que la alegría de Dios estaría en ellos noche y día, que la obra de Dios les resultaría dulce en todo, más que la miel y que el panal de miel (Sal 18,11); y que Dios estaría siempre con ellos para darles revelaciones y enseñarles grandes misterios, de los que no puedo hablar con la lengua.

Ahora, por tanto, mis amadísimos, puesto que ustedes me han sido dados como hijos, pido noche y día, con fe y l grimas, que reciban el carisma de clarividencia[48], que todavía no han obtenido después que entraron en la vida ascética. Y yo, el humilde, pido también por ustedes, a fin de que lleguen a ese progreso y a esa estatura, que no han alcanzado muchos monjes, sino sólo algunas almas amigas de Dios aquí y allá[49]. Si desean alcanzar esa perfección no tomen la costumbre de recibir a un monje que lo es solamente de nombre[50] y que se cuenta entre los negligentes, sino aléjenlo de ustedes[51]. De lo contrario, no les permitir progresar en Dios y extinguir su fervor. Porque los corazones negligentes no tienen fervor, sino que siguen sus propias voluntades; y si vienen a ustedes, les hablan de las cosas de este mundo y por medio de esa conversación apagan su fervor y no les permiten progresar. Por eso está escrito: No apaguen el Espíritu (1 Ts 5,19); ya que se apaga por las palabras vanas y las distracciones. Cuando vean tales monjes, háganles el bien, pero escapen de ellos y no se relacionen con ellos, ya que son los que no les permiten a los hombres marchará en la vía de la perfección en estos tiempos presentes.

 

Compórtense bien en el Señor, mis queridísimos, en el Espíritu de bondad.

 

 

 

NOTAS

 

 

[39] Nro. 4 en sirio y georgiano, nro. 3 en el griego y nro. 11 en el árabe.

[40] En el sirio falta este saludo.

[41] Cf. G 4,28.

[42] Cf. el Apotegma, de la serie alfabética, Pastor 52; PG 65,333.

[43] El sirio trae: "Y la iluminación de los ojos".

[44] Sirio: "Hijos de adopción"; cf. Rm 8,15.

[45] "Ni hombre ni demonio", no se lee en el georgiano y tampoco en el griego.

[46] Griego: "Para conocerlo".

[47] Sirio: "Para que conozcan las riquezas de la herencia de los santos".

[48] Sirio: "Que esta discreción se instale definitivamente en ustedes".

[49] Griego: "Poco numerosas bendecidas por Dios".

[50] Griego: "De mencionar entre ustedes el nombre de un monje...".

[51] Sirio: "De la comunidad".