LOS SACRAMENTOS Y LA ESCATOLOGÍA Prof. Miralles - Roma
Los sacramentos pertenecen al tiempo presente de la Iglesia peregrina, pero tiene una tensión escatológica. Como dice el catecismo de la Iglesia "prefiguran y anticipan la gloria del cielo" (CCC 1152). Anuncian la gloria definitiva, prefigurándola y la representan porque la anticipan, si bien, parcialmente, como primicia (Cf. Rm 8, 23). Por lo tanto, no debe verse el valor escatológico de los sacramentos, como si se tratase sólo de un artificio pedagógico para llamar la atención en las mentes de los fieles sobre la gloria del cielo, valiéndose de la fuerza evocativa del lenguaje fuertemente simbólico de los sacramentos. Hay mucho más. A través de estos sacramentos se tiene el ya, pero no el todavía: no plenamente, aunque ya como verdadera primicia. Esta importancia escatológica de los sacramentos está determinada por la inclusión de los fieles, por sus medios, en el misterio pascual de Cristo, muerto y resucitado y ascendido a los cielos. Cristo ya ha entrado, con su humanidad en la gloria divina y en Él se tiene ya el estado final, cuya participación constituye nuestra salvación. La inclusión de los fieles en el misterio pascual se realiza desde antes, a través del bautismo (cf. Col, 2, 12; 3, 1 - 4); luego alcanza una creciente perfección por medio de los otros sacramentos, de manera elevada a través de la Eucaristía. De esta manera entramos en comunión con Cristo resucitado, porque el Padre nos hace el don de su Hijo. Y Jesucristo, donado a nosotros, nos da del Padre el Espíritu Santo. Y bien, según las Escrituras, el don del Espíritu Santo es la anticipación de la eterna herencia (Cf. Ef 1, 13 - 14), hace vivir la nueva vida en el Espíritu; y es promesa cierta de la resurrección final de nuestros cuerpos (Cf. Rm 8, 11). La importancia escatológica de los sacramentos también se manifiesta en el hecho que, en algunos de éstos, los elementos materiales son, mediante su bendición, constituidos de materia sacramental, a través de la cual el Espíritu Santo opera la santificación del hombre. Se tiene en cualquier caso una primicia de la renovación escatológica del creado material al cual se refiere San Pablo en la Carta a los Romanos (Cf. Rm 8, 19 - 23). En el caso de la Eucaristía este refuerzo del creado material, se realiza en un nivel más profundo porque el pan y el vino se convierten sustancialmente en el cuerpo y en la sangre de Jesucristo resucitado gloriosamente.