Prof. Silvio Cajiao, Bogotà

LA CERCANIA DE DIOS A QUIENES LE BUSCAN CON SINCERIDAD

Si bien mi punto de referencia se encuentra en la Lumen gentium en el No. 16 "Ni el mismo Dios está lejos de otros que buscan en sombras e imágenes al Dios desconocido, puesto que todos reciben de El la vida, la inspiración y todas las cosas (cf. Act 17,25-28), y el Salvador quiere que todos los hombres se salven (cf. I Tim 2,4) sin embargo dicha referencia no puede prescindir del marco más amplio del Vaticano II y por tanto de dos declaraciones como son Nostra aetate y Dignitatis humanae, especialmente en el No. 3 en donde se expone la capacidad que tiene el hombre de obtener la verdad en el campo religioso, siempre y cuando sea sincero en esta búsqueda ya que Dios mismo se hace presente a ella cuando el hombre descubre el ordenamiento que el Creador ha colocado en la misma creación, pero procediendo en dicha búsqueda como corresponde a la dignidad humana, es decir en un verdadero ejercicio de su libertad y sin coerción alguna.

De manera certera la declaración Nostra aetate indica cómo los hombres a lo largo de la historia han buscado en las diversas religiones las respuestas a los grandes enigmas de su existencia, puesto que tienen la intuición o lo hacen de manera razonable, que en ellas encuentran precisamente por su referente a lo divino y sobrenatural, respuesta a los grandes enigmas y de la existencia humana y en especial a la pregunta formulada en dicho documento en el No. 1 "¿Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos?"

El Santo Padre Juan Pablo II en su discurso de clausura del encuentro interreligioso tenido en el Vaticano y en Asís en octubre de 1999 convencido de esta actuación del Espíritu de Dios en los corazones de todos los humanos afirmaba: "La enseñanza y el ejemplo de Jesucristo han dado a los cristianos un claro sentido de la fraternidad universal de todos los pueblos. La convicción que el Espíritu de Dios actúa donde quiere (cf. Jn 3,8) nos impide hacer juicios apresurados y peligrosos porque suscita aprecio de lo que está escondido en los demás" (Cf. Ossv. No. 45, 5/XI/99, p. 6). Me atrevería a afirmar si no es esta precisamente una velada alusión a lo que los documentos del Vaticano II afirmaban sobre esa presencia del Dios desconocido al interior del corazón, en sentido bíblico el centro de la persona misma, su conciencia.

Jesucristo ha llevado a plenitud al ser humano, o mejor en el se ha revelado el ser humano en plenitud. Esta verdad de la teología paulina nos hace sacar las consecuencia y aplicarla a todo hombre que de buena voluntad y obrando según su recta conciencia busca profundizar auténticamente en el sentido pleno su humanidad, este estará, por tanto, viviendo desde su práctica religiosa sincera la presencia de Cristo en él. No se quiere decir con esto que la Iglesia ha de renunciar a su evangelización sino que como dice el No. 17 de la Lumen gentium: "Con su trabajo consigue que todo lo bueno que se encuentra sembrado en el corazón y en la mente de los hombres y en los ritos y culturas de estos pueblos, no sólo no desaparezca, sino que se purifique, se eleve y perfeccione para la gloria de Dios, confusión del demonio y felicidad del hombre"