Videoconferencia de septiembre de 2003
Obispo Gerhard Ludwig Müller, Ratisbona
La justicia social – el ejemplo del Obispo Ketteler (Maguncia)
El Obispo de Magonza, Wilhelm Emmanuel von Ketteler, nacido en Münster en 1811, fue el precursor de la doctrina social católica en Alemania. Durante su sacerdocio observó con atención el nuevo mundo del trabajo industrial y recononció la necesidad de la Iglesia de afrontar los duros problemas producidos por la industrialización. La sociedad y el estado no estaban a la altura de aquel reto. Los trabajadores de las fábricas eran los verdaderos pobres de la sociedad. El obispo pasó a la historia como "el obispo de los trabajadores" de Maguncia por su trabajo ilimitado en favor de una retribución justa, condiciones de trabajo humanas y la responsabilidad social de los industriales.
Para el obispo Ketteler, la cuestión de la justicia social era un problema concreto y no una teoría sociológica. El sustento de los trabajadores, su pan de cada día eran el centro de sus intereses. La subsistencia del trabajador y la posibilidad de garantizar a su propia familia un sustento suficiente eran algo socialmente justo. Por este motivo no bastaba solo con la "férrea ley del salario" de inspiración lasaliana. Era necesario encontrar medios nuevos e innovadores para superar los problemas que se perfilaban en el horizonte. El trabajador debía ser copropietario de la sociedad de producción. De esta manera crecería su disponibilidad a un trabajo ilimitado para la fábrica, que de tal forma habría ganado más y producido más.
Frente a más de 10.000 trabajadores el obispo pronunció unas palabras claras dirigiéndose a los responsables del estado y de la industria. Reivindicó junto con los trabajadores: 1) el aumento de los salarios, 2) la reducción del horario laboral, 3) la garantía de determinados períodos de descanso, 4) la abolición del trabajo infantil, y, finalmente, 5) la abolición del trabajo de las madres y los jóvenes en las fábricas. Lo suyo no era una pura teoría, sino más bien un intento concreto de crear una reciprocidad equitativa entre los trabajadores y los empresarios.
Por este motivo, Ketteler había evitado criticar el sistema económico en su totalidad y negarle el ser un fundamento en el mundo moderno. El obispo Ketteler consiguió que fuesen útiles para todos las condiciones sociales y sus cambios: salarios equitativos en lugar de explotación, seguridad en lugar de incertidumbre y los primeros acuerdos contractuales.
El obispo Ketteler tenía como motivo la fe en Jesucristo. La organización política y una vida regida según los derechos humanos eran practicables y posibles sólo a partir de la sumisión del hombre a su Creador. Así escribió Ketteler en su influyente obra intitulada La cuestión obrera y el Cristianismo: "Sólo Jesucristo podrá ayudar en el futuro a los obreros. Si la fe en Él y en Su Espíritu permanece en el mundo, se resolverá la cuestión obrera" (p. 461).
En aquel medioevo de la industrialización, en el empeño del obispo Ketteler por los obreros, la justicia social derivaba de la fe en la fuerza creadora de Dios, que creó al hombre a su imagen y semejanza. Su trabajo emanado de la fe condujo a una nueva valoración del trabajo humano y al mismo tiempo provocó un trabajo más intenso por la cuestión social en el seno de la Iglesia, que se expresó doctrinalmente con la Encíclica social "Rerum novarum" del Papa León XIII.