Las Canonizaciones de Juan Pablo II – 29 de octubre de 2003
Prof. Julian Porteous, Sydney (Australia)
Contando las nueve beatificaciones programadas para el 9 de noviembre de 2003, Juan Pablo II habrá proclamado 1320 beatos y 473 santos; la gran mayoría son mártires. Esta cifra representa más canonizaciones y beatificaciones que las proclamadas por todos los papas anteriores juntos. Las personas a las que ha beatificado y canonizado representan a una gran variedad de vocaciones y estilos de vidas del pueblo de dios: casados, solteros, viudos, sacerdotes, religiosos, intelectuales, trabajadores, estudiantes, esclavos, etc. ¿Cómo podemos interpretar este impulso dado en los 25 años de pontificado de Juan Pablo II?
Juan Pablo II nos da la calve hermenéutica en su Carta Apostólica, Novo Millennio Ineunte. En el artículo 7 indica que la santidad, que abarca a todos los estados vocacionales de la Iglesia, en todos las épocas y lugares, ‘se ha manifestado más que nunca como la dimensión que expresa mejor el misterio de la Iglesia. Mensaje elocuente que no necesita palabras, la santidad representa al vivo el rostro de Cristo.’ Podemos oír aquí el eco del Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi cuando escribió en 1975 que "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan - decíamos recientemente a un grupo de seglares -, o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio."
En el artículo 30 de Novo Millennio Ineunte Juan Pablo II sitúa esta dimensión eclesial, y por tanto misionera, de la santidad y el testimonio en el gran programa pastoral del Concilio Vaticano II. El Capítulo 5 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, declaraba la ‘llamada universal a la santidad’ como un aspecto intrínseco de la Iglesia. Este aspecto está enraizado en el bautismo del pueblo de Dios. Juan Pablo presenta el desafío pastoral de vivir las consecuencias del bautismo ya que ‘si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial’. Y sigue diciendo que el Concilio explicó que la santidad está malentendida si se la toma como una manera de vivir una existencia extraordinaria, ‘sólo posible para unos pocos y "poco comunes héroes" de la santidad.’
Posteriormente llega dar incluso la razón de la abundancia de beatificaciones y canonizaciones durante su pontificado: ‘Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos años a tantos cristianos y, entre ellos a muchos laicos que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este "alto grado " de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección’.
El Papa Juan Pablo II ha presentado sistemáticamente durante los años de su pontificado, ante los ojos del mundos, el alto grado de la vida cristiana corriente, con su testimonio de amor y unidad, en las 141 ceremonias de beatificación y en las 50 de canonización. Es esta una invitación a todos los bautizados a renunciar a la mediocridad y a vivir una vida ordinaria en la plenitud de Jesucristo; para los no bautizados estos hombres y mujeres corrientes y santos pueden seguir siendo sal, levadura e iluminación para la humanidad con la esperanza que han encontrado en Jesucristo, porque sólo en él esa humanidad se revela a sí misma totalmente.