CONCLUSIÓN

del Excmo. Cardenal

DARÍO CASTRILLÓN HOYOS

Prefecto de la Congregación para el Clero

 

"No es verdad que el hombre, como se oye decir tantas veces, no pueda organizar la tierra sin Dios. Es verdad que sin Dios, sólo puede organizarla en resumidas cuentas contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano" (P. Henri de Lubac, Le drame de l’humanisme athée, Spes, 1944, p. 12 ). A seis decenios de distancia, cada uno puede completar esta reflexión premonitoria del Padre de Lubac que se refiere a los trágicos acontecimientos de nuestra historia reciente.

En las ponencias que se han sucedido, hemos aprendido hasta qué punto la New Age y las sectas representan un momento decisivo de la transición cultural y religiosa del humanismo ateo, profesado por el materialismo marxista, al nuevo humanismo espiritualista, celebrado por una religiosidad esotérica de estilo panteísta.

Los teólogos que han descrito también la triste trayectoria del pensamiento actual que pasa del falso gnosticismo al falso humanismo que niega, entre otras cosas, todo el contenido de la doctrina de la creación y de la redención, la responsabilidad de actuar personalmente ante Dios y los hombres, la existencia del pecado original y del personal, y la necesidad de los sacramentos. "Pensar, sentir a Dios como al "Otro" inmenso y omnipresente – escribía Romano Guardini – es en pirmer lugar un error de la inteligencia y una deformación del sentimiento" ("Le monde e la personne", Seuil, Paris 1959, p. 43).

Pero sabemos también que "no es fácil entender las cosas fáciles – lo decimos con la bella expresión del gran filósofo cristiano, Padre Cornelio Fabro -. La verdad existencial no es efecto de la comprensión sino del riesgo y la libertad" ("Libro dell’esistenza e della libertà vagabonda", Ed. Piemme, Casale Monferrato, 2000, nn. 29, 62).

En un mundo que se ha quedado espiritualmente vacío, se espera que el cristiano de testimonio de la fuerza de la novedad del Evangelio: podemos repetir con Santo Tomás de Aquino: "Christus initiavit nobis viam novam" (Prima secundae, q. 106, art 4, ad primum). Se espera que los laicos bien formados en particular sean la levadura de la sociedad para la salvaguarda de los valores tanto humanos como cristianos, sobre los cuales se juega el futuro de la sociedad: el respeto de la vida en contraposición con la cultura de la muerte, la integridad de la familia disgregada por el individualismo hedonista, el empeño social a través de la solidaridad apartándose de la búsqueda del mero provecho económico y cuidando la dignidad de la persona humana.

Con esta óptica adquiere todo su significado el tema del próxima videoconferencia teológica internacional, cuyo tema será: "Los fieles laicos". Más allá de la relevancia y la imposibilidad de sustitución del ministerio ordenado, que es fundamental para la vida y crecimiento de la Iglesia, debemos ser conscientes de que el desafío de una evangelización eficaz no se puede afrontar sin tener en cuenta también el trabajo profético, sacerdotal y real propio de todos los bautizados. Es hora que los fieles laicos vivan profundamente su vocación a la santidad "tratando las cosas temporales y ordenándolas según Dios" (Lumen gentium, número 31). No, el hombre no es una pasión inútil, como sostenía trágicamente Jean Paul Sartre. Sabemos por el contrario que "el misterio del hombre solo se aclara verdaderamente en el misterio del Verbo encarnado" (Gaudium et spes, número 22,1).

La próxima sesión ha sido fijada para el 27 de febrero, a las 12 horas de Roma.

Agradezco nuevamente a todos los eminentes prelados, teólogos y profesores que han participado.

Vaticano, 27 de febrero de 2004