INDE A PONTIFICATUS -

Sobre el Consejo pontificio para la cultura

25-3-1993

CARTA APOSTÓLICA

DEL SUMO PONTÍFICE

JUAN PABLO II

en forma de "Motu proprio"

mediante la cual unifica el Consejo pontificio para la cultura

y el Consejo pontificio para el diálogo con los no creyentes

Ya desde el comienzo de mi pontificado, recogiendo las ricas y estimulantes directrices del concilio Vaticano II, me he esforzado por desarrollar el diálogo de la Iglesia con el mundo contemporáneo. En especial, he tratado de promover el encuentro con los no creyentes en el terreno privilegiado de la cultura, dimensión fundamental del espíritu, puesto que pone a los hombres en una estrecha relación entre sí y los une en lo que tienen de más propio: su humanidad común.

Por esa razón, convencido de que "la síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe" creé en 1982 el Consejo pontificio para la cultura, con el fin de afianzar la presencia pastoral de la Iglesia en este campo vital y específico, donde se juega el destino del mundo en este ocaso del siglo XX, y, al mismo tiempo, a fin de promover "el diálogo con las religiones no cristianas y con individuos o grupos que no se inspiran en ninguna religión, para la búsqueda conjunta de una comunicación cultural con todos los hombres de buena voluntad" (Carta autógrafa al cardenal Agostino Casaroli, secretario de Estado, del 20 de mayo de 1982; cf. L 'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de junio de 1982, p. 19).

En estos últimos años, además, se ha tomado más conciencia de la relación estrecha que existe entre el trabajo de ese Consejo pontificio y la actividad que debe realizar la Comisión pontificia para la conservación del patrimonio artístico e histórico de la Iglesia, constituida por mí el 28 de junio de 1988, la cual, a pesar de que su período de actividad ha sido muy breve, ha demostrado lo necesaria que era su institución, pues la fe tiende por su propia naturaleza a expresarse en formas artísticas y en testimonios históricos que entrañan gran fuerza evangelizadora y valor cultural, a los cuales la Iglesia debe prestar la máxima atención.

También se ha visto la conveniencia de hacer mas notable la presencia cualificada de la Santa Sede en el campo de la cultura, mediante la renovación y conexión de las Academias pontificias.

A la luz de esas premisas, derogando las disposiciones establecidas en la constitución apostólica Pastor bonus, he decidido unificar el Consejo pontificio para la cultura y el Consejo pontificio para el diálogo con los no creyentes, fundiéndolos en un único organismo, que tendrá el nombre de Consejo pontificio para la cultura, y con el que, de ahora en adelante, la Comisión pontificia para la conservación del patrimonio artístico e histórico mantendrá contactos periódicos.

El nuevo organismo se regirá de acuerdo con las siguientes normas:

Art. 1: El Consejo promueve el encuentro entre el mensaje salvífico del Evangelio y las culturas de nuestro tiempo, a menudo marcadas por la no creencia y la indiferencia religiosa, a fin de que se abran cada vez más a la fe cristiana, creadora de cultura y de ciencias, y fuente inspiradora de literatura y arte.

Art. 2: El Consejo manifiesta la solicitud pastoral de la Iglesia ante los graves fenómenos de fractura entre el Evangelio y las culturas. Por consiguiente, promueve el estudio del problema de la no creencia y la indiferencia religiosa presente, de varias formas, en los diversos ambientes culturales, investiga sus causas y consecuencias por lo que atañe a la fe cristiana, con el fin de proporcionar ayudas adecuadas a la acción pastoral de la Iglesia para la evangelización de las culturas y la inculturación del Evangelio.

Art. 3: Con el fin de favorecer las relaciones de la Iglesia y de la Santa Sede con el mundo de la cultura, el Consejo toma iniciativas adecuadas con respecto al diálogo entre la fe y las culturas, y el diálogo intercultural; continua las que han sido tomadas por las diversas instituciones de la Iglesia y ofrece su colaboración a los respectivos organismos de las Conferencias episcopales.

Art. 4: El Consejo entabla también el diálogo con los que no creen en Dios o no profesan religión alguna, siempre que estén abiertos a una colaboración sincera. Organiza y participa, por medio de personas expertas, en congresos de estudio en este campo.

I. El Consejo pontificio para la cultura tendrá dos secciones:

1. Fe y cultura.

2. Diálogo con las culturas.

La sección Fe y cultura continuará la actividad que hasta hoy ha llevado a cabo el Consejo pontificio para la cultura.

La sección Diálogo con las culturas proseguirá la actividad desempeñada hasta ahora por el Consejo pontificio para el diálogo con los no creyentes.

Al frente del nuevo organismo se hallará un cardenal presidente, que contará con la ayuda de un secretario y un subsecretario. En caso de necesidad, podrán añadirse dos subsecretarios, uno para cada sección.

II. Quedando a salvo los peculiares estatutos de la Academia pontificia de las ciencias y la futura Academia de ciencias sociales, el Consejo pontificio para la cultura sigue y coordina la actividad de las Academias pontificias.

III. La Comisión pontificia para la conservación del patrimonio artístico e histórico de la Iglesia, de ahora en adelante, se denominará Comisión pontificia para los bienes culturales de la Iglesia. Esta Comisión, conservando la competencia establecida por los artículos 100, 101, 102 y 103 de mi constitución apostólica Pastor bonus, no dependerá ya de la Congregación para el clero, sino que será autónoma, con su propio presidente, que formará parte de los miembros del Consejo pontificio para la cultura, con el que mantendrá contactos periódicos, a fin de asegurar una sintonía de finalidades y una fecunda colaboración recíproca. Asimismo, se mantendrá en diálogo continuo con el Consejo pontificio para la cultura con respecto a las Academias que tienen actividades concernientes a los bienes culturales de la Iglesia.

Mando que todo lo que se establece en este Motu proprio tenga valor pleno y estable, sin que nada obste en contrario, aunque sea digno de especialísima mención.

Dado en Roma, junto a la basílica de San Pedro, el 25 de marzo de 1993, décimo quinto año de mi pontificado.

Joannes Paulus pp. II