La preparación al matrimonio
(Prof. José Vidamor B. Yu, Manila)
Revaluando el matrimonio
La preparación al matrimonio refleja el modo en que la Iglesia lo valora y
lo aprecia. La Iglesia da valor al sacramento porque el matrimonio es entendido
como un mysterion o sacramentum. En cuanto sacramento, requiere
una preparación seria, porque la utilidad de los sacramentos se extiende más
allá de la dimensión legal, cultural y social. El matrimonio es constituido por
la voluntad de Dios y la voluntad del hombre. Pío XI aclara que, por una parte,
el sacramento es instituido por Dios, mientras que por la otra, es el regalo de
si para el bien del esposo o de la esposa, que es participación al plan de Dios
(cf Castos Connubii 9). Por tanto, la importancia del sacramento del
matrimonio en la vida de la Iglesia convalida la autoridad de esta última sobre
el sacramento.
La santidad de vida
El derecho canónico considera la preparación al matrimonio como un
medio para realizar la santidad de vida. La comunidad eclesial ofrece
asistencia para asegurar que el estado matrimonial sea mantenido en un espíritu
cristiano y que sea garantizado el progreso hacia la perfección (cf. CIC 1063).
Esta asistencia puede ser provista bajo forma de predicación y catequesis para
hacer de modo tal que los novios sean instruidos con respecto al sentido del
matrimonio cristiano, y a sus deberes como esposos y padres hacia los niños y
la familia.
La santidad de vida puede ser realizada mediante una comprensión
clara del matrimonio como vocación. Como sacramento y como vocación, es
importante que los esposos comprendan bien el empeño que se han asumido. La
preparación inmediata al matrimonio incluye no sólo la compilación de los
módulos requeridos para la ceremonia sino también una comprensión del empeño,
de la catequesis y del sentido del pacto matrimonial. Los novios deberían
recibir una dirección y una preparación adecuadas en relación a su decisión de
casarse. Utilizando los talentos de sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos,
especialmente de los que obran como consultores, será posible asegurar que la
pareja sea conducida y adquiera una suficiente madurez para afrontar los
desafíos de esta nueva fase de su propia vida.
Un viaje de fe
La preparación al matrimonio cristiano es un viaje de fe de la pareja. Juan
Pablo II subraya que para los novios constituye una oportunidad especial de
redescubrir y profundizar su fe cristiana. El seminario Pre-Caná hará del
matrimonio un sacramento aceptado libremente y lo considerará una vocación para
seguir a Cristo y servir el Reino de Dios, (cf. FC 51). Además, el
matrimonio será comprendido como un sacramento que comporta obligaciones y
responsabilidades tanto en la familia como en la comunidad cristiana. El
matrimonio hace presente la realidad de la unión entre Cristo y la Iglesia. "Sacramentum
hoc magnum este, ego autem digo, en Christo et en ecclesia."
Con una preparación profunda y significativa al matrimonio, la pareja
comienza el propio viaje cotidiano hacia la realización progresiva de los valores
y los deberes del matrimonio mismo (FC 65). El matrimonio es un viaje
espiritual con Dios. San Juan Crisóstomo comenta que "éste es un
matrimonio según Cristo, un matrimonio espiritual y una procreación espiritual,
no en la propia sangre y en el dolor del parto". Los programas
Pre-Cana también deberían concentrarse en los varios problemas que hoy amenazan
el sacramento del matrimonio, al igual que sobre los varios desafíos a la
familia, para ir más allá de la sola y cruda unión física.