GLOBALIZACIÓN E
IDENTIDAD
Gran desafió para la Iglesia y para el Mundo
en el campo de la Comunicación
Juan Luis Ysern.
Muchas gracias por el honor que se me concede al pedirme realizar una
exposición en el marco de la apertura de este Encuentro Continental de la
RIIAL.
Pretendo llevar a cabo mi tarea presentando en un primer momento una
mirada muy general a la misión de la Iglesia y su proyección en el campo de las
comunicaciones sociales. En segundo lugar una mirada sumamente general a la
realidad del mundo en que vivimos y que es en el que tenemos que realizar
nuestra misión de Iglesia e igualmente una mirada a la realidad de la Iglesia
en el campo de la comunicación social.. Finalmente, nuestra mirada se dirigirá
a los campos y desafíos que se presentan a la RIIAL dentro de los referentes
señalados.
I.- MISIÓN DE LA IGLESIA Y COMUNICACIÓN SOCIAL
El Concilio Vaticano II nos
dice: “… Una sola cosa pretende la Iglesia: continuar, bajo la guía del
Espíritu, la obra misma de Cristo ……. Para cumplir esta misión es deber
permanente escrutar a fondo los signos de cada época e interpretarlos a la luz
del Evangelio……” (G.S. n. 3 y 4)
Del mismo modo, el Papa,
Juan Pablo II, al comenzar el nuevo milenio nos hace un llamado muy especial
para que entremos en la realidad concreta en cada lugar que es distinta en cada
Diócesis. Nos dice así el Santo Padre: “Es
especialmente en la realidad concreta de cada Iglesia donde el misterio del
único Pueblo de Dios asume aquella especial configuración que lo hace adecuado
a todos los contextos y culturas. Este
encarnarse de la Iglesia en el tiempo y en el espacio refleja, en definitiva, el movimiento mismo de la Encarnación.
…. para que la Iglesia brille cada vez
más en la variedad de sus dones y en la unidad de su camino” (NMI, n. 3):
Aquí tenemos una tarea para
toda la Iglesia: “continuar, bajo la guía
del Espíritu, la obra misma de Cristo” dentro de “la realidad concreta” que
es una realidad distinta en cada lugar. Es la tarea con la que el “único Pueblo de Dios asume aquella especial
configuración que lo hace adecuado a todos los contextos y culturas”. Se
trata de mantenerse fieles en “el movimiento mismo de la Encarnación”.
Esta es la forma de vivir y
realizar la misión propia de la Iglesia. Vivir y anunciar el Reino. Es
Evangelizar.
Podemos fijarnos ahora en la
orientación que señalan los Obispote América Latina y el Caribe para el
ejercicio de esta misión. Vamos a tener presente lo dicho en la IV
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Santo
Domingo en octubre de 1992.
Dice así el documento de
Santo Domingo: “La Evangelización, anuncio del Reino, es
comunicación, para que vivamos en comunión (cf. DP 1063): "Lo que hemos visto y oído, os lo
anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre
y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn 1,3)”. (SD. 279).
Ya los Obispos habían dicho en Puebla: “La Evangelización, anuncio del Reino, es
comunicación” (DP: 1063). En Santo
Domingo lo repiten y añaden “para que
vivamos en comunión”. No es un añadido insignificante. Es un añadido que
está planteando la comunicación como camino para la comunión.
Entender la comunicación como camino para la
comunión va mucho más allá de la mera transmisión de información. La entrega de
información que se realiza dentro de todas las normas de la ética y con la
mayor objetividad posible es necesaria, pero no es suficiente para la
realización de la persona. Se requiere llegar a la comunión que vive la
auténtica comunidad.
Por eso los Obispo, después de haber hecho la
afirmación señalada. Añaden el testimonio de un Evangelizador que grita: "Lo que hemos visto y oído, os lo
anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre
y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn 1,3). Y podríamos continuar con el
mensaje de S. Juan al decir poco después: “Y
les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa” (1 Jn. 1, 4).
Les decimos esto para que todos nos realicemos en plenitud y seamos felices.
Los Obispos advierten, además, que esto no puede ser
de otra forma. Dicen: “La razón es que el
hombre ha sido hecho a la imagen de Dios Uno y Trino, y en el corazón de la
Revelación encontramos su misterio trinitario como la comunicación eternamente
interpersonal, cuya Palabra se hace diálogo, entra en la historia por obra del
Espíritu e inaugura así un mundo de nuevos encuentros, intercambios, comunicación
y comunión” (SD. 279).
Si el hombre ha sido hecho a imagen de Dios,
solamente puede llegar a su realización plena en la comunión. Jamás en la
soledad, que es la consecuencia del egoísmo.
Es lógico por lo tanto el proceso que plantean los
Obispos al hablar de “identidad”, “alteridad” y “comunidad”. Dicen: “Cada persona y cada grupo humano desarrolla
su identidad en el encuentro con otros (alteridad). Esta comunicación es camino necesario para llegar a la comunión
(comunidad)” (SD. 279).
Y la comunión a la que
estamos llamados es entre nosotros mismos y con Dios. Se trata de entrar a
vivir en esa comunión que S. Juan llama comunión con nosotros, teniendo en cuenta que nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
El encuentro con la alteridad del otro, o con los
otros, no es sólo el encuentro con la
alteridad de quienes son criaturas, imagen de Dios, sino también el encuentro
con la alteridad del totalmente Otro, la alteridad del Creador. En Cristo, “Dios, el totalmente Otro, sale al encuentro
nuestro y espera nuestra respuesta libre.
Este encuentro de comunión con El es siempre crecimiento. Es el camino
de la santidad”. (SD. 279)
El totalmente Otro, siempre
estará por encima de nuestra limitación de criaturas, pero Él sale a nuestro
camino, llamándonos a estar con Él. Quien libremente sepa responder entrará en
un dinamismo de permanente crecimiento. Y se ha de tener en cuenta que ese Dios
está reflejado en los hermanos con los que nos encontramos recorriendo la misma
historia dentro de nuestro lugar y nuestro tiempo concreto.
En Cristo, el Hijo de Dios
Vivo, tenemos la clave para el encuentro. Ahora nos corresponde a nosotros,
Iglesia, seguir la misión de Cristo. Este encarnarse de la Iglesia en el tiempo y
en el espacio refleja, en definitiva, el
movimiento mismo de la Encarnación (NMI, n. 3).
Además debemos recordar lo
que también nos ha dicho el Papa: “Hacer de la Iglesia la casa y la
escuela de comunión: este es el gran desafío que tenemos ante nosotros en
el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder
también a las profundas esperanzas del mundo” (NMI. 43).
Pero la comunión requiere que
cada persona actúe y crezca como persona única e irrepetible en permanente interrelación y armonía con su
prójimo y con su medio ambiente. Cada persona tiene como tarea su propia
realización, esto es, hacer realidad
el proyecto de Dios, ser respuesta al plan de Dios. Cada persona ha de ser una
respuesta única. Y dentro de esa respuesta única está el entregarse a los demás
y acoger a todos, construyendo la comunión.
Esta fidelidad al plan de Dios supone el
ejercicio libre de las cualidades y dones que Dios ha dado a cada persona. Por
tanto, la fidelidad al plan de Dios lleva consigo la creatividad de cada
persona, poniendo en ejercicio esas cualidades en bien de todos. Realizar esta
entrega es la forma de actuar a imagen de Dios y crecer como persona. Siempre
será un dinamismo que dará origen al nacimiento de algo nuevo, en cuanto acto
libre, personal, en el tiempo y en el espacio. Algo que será respuesta a los “designios de Dios” y también a la “gran esperanza del género humano”.
Las necesidades más profundas de la persona humana están impresas en
sus entrañas por el Creador. Sabemos que Dios ha broquelado las entrañas de la
persona humana haciéndola a su imagen y semejanza. Y sabemos cómo es Dios
porque Él mismo se nos ha hecho visible, se nos ha hecho Imagen en Jesucristo. “Él es Imagen de Dios invisible” (Col. 1, 15). Y sabemos que el plan de Dios, su designio, es reconciliar consigo
todas las cosas en Cristo (cf. Col 1, 15 – 20).
La persona humana para dar respuesta
a las necesidades que lleva impresas en sus entrañas ha de actuar libremente.
Tiene esa posibilidad y con ello tiene posibilidad para dar sentido a lo que
hace. Puede optar para actuar según su propio plan, de acuerdo a su egoísmo y
capricho, o para actuar a imagen y semejanza de Dios, que es Amor.
Si actúa de acuerdo a su egoísmo experimentará soledad y dispersión. El
egoísmo deja a cada uno lejos del otro. Más pronto o más tarde experimentará la
frustración. Es la realidad del que está hecho para amar y ser amado, y al
seguir su camino llega a experimentar que no sabe amar y que, por no saber
entregarse, tampoco es acogido. Si no cambia de rumbo, en vez de esperanza
vivirá frustración y desesperanza.
Por el contrario, quien actúa mirando al otro, sabiendo entregarse a
los demás y acoger a cada uno, estará construyendo comunión. Su buena
disposición para actuar según el querer de Dios en las diversas situaciones
estará haciendo visible no sólo la gran esperanza del género humano, sino
también por donde está impulsando Dios lo nuevo que brota.
El clamor de la humanidad es fuerte, como nos dice San Pablo, “Pues sabemos que la creación entera gime
hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros,
que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro
interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo” (Rom. 8, 19 – 24).
El Concilio Vaticano II
nos dijo: “El pueblo de Dios, movido
por la fe, en virtud de la cual cree ser conducido por el Espíritu del Señor,
que llena el universo, intenta discernir en los acontecimientos, en las
exigencias y en las aspiraciones de las que participan junto con los demás
hombres de nuestra época, cuáles son los verdaderos signos de la presencia y
del plan de Dios. La fe, en efecto, ilumina todas las cosas con una luz nueva” (GS. 11).
Y también: “Es deber de todo el pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de
los teólogos, escuchar atentamente, comprender e interpretar con ayuda del Espíritu
Santo los diversos lenguajes de nuestro tiempo y saber juzgarlos a la luz de la
palabra de Dios, para que la verdad revelada pueda ser entendida cada vez con
mayor profundidad, mejor comprendida y presentada de forma más adecuada”
(GS. 44)
Por otro lado, no
podemos olvidar que, al construir con los otros la convivencia con las
orientaciones del Reino, se nos hace imprescindible el cumplir con el encargo
del Padre de cuidar y administrar la naturaleza y todo lo que en ella existe,
para que esta tierra sea una digna morada de los hijos de Dios: (Gen. 1,
28-30).
“La creación es obra de la Palabra del Señor y la presencia del
Espíritu, que desde el comienzo aleteaba sobre todo lo que fue creado (cf. Gen
1-2). Esta fue la primera alianza de Dios con nosotros. Cuando el ser humano,
llamado a entrar en esta alianza de amor, se niega, el pecado del hombre afecta
su relación con Dios y también con toda la creación” (SD.
169)
En resumen,
según lo dicho hasta aquí, tenemos que decir:
¿Qué
pretende la Iglesia?: “Una sola
cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo” (GS.
3). Vivir y anunciar el Reino, Evangelizar
¿Por
qué?: Porque
“queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas
esperanzas del mundo” (NMI. 43)
¿Para
qué?: Para que haciendo de la Iglesia “la casa y la escuela de
comunión” (NMI.
43) comencemos a vivir la comunión entre nosotros dentro de la
comunión con Dios y caminemos hacia
nuestra realización plena (ver 1 Jn. 1, 3-4).
¿Cómo?:
cumpliendo
con el “deber permanente escrutar a fondo
los signos de cada época e interpretarlos a la luz del Evangelio” (G.S. 4)
¿Dónde?:
En
la realidad concreta, según el tiempo y el espacio en el que nos
encontremos, reflejando el movimiento
mismo de la Encarnación (ver NMI, 3).
II.- LA REALIDAD
Ya lo hemos dicho. Para
cumplir nuestra misión como Pueblo de Dios, no podemos evadir nuestra mirada
atenta a la realidad. Solamente podemos hacer aquí una mirada a algunos rasgos
muy generales.
A) En el mundo
Necesitamos ahora entrar en
nuestra realidad. Si nos referimos al espacio, hablamos de realidad de
globalización. Y si nos referimos al tiempo, hablamos de cambio de época.
¿Cómo actuar dentro de la
historia concreta con una realidad que nos parece cada día más desconcertante?
Son muchos los que presentan la realidad presente como camino hacia el caos. No
se ve el sentido hacia donde vamos. Se habla de muchos sentidos pero
desarticulados unos de otros, con planteamientos totalmente distintos y con una
mirada preponderante de lo inmediato, del éxito rápido, sin preocupación por
metas a largo plazo.
Este mismo hecho
de los desconciertos en los que vivimos ya es una realidad que nos impone un
mandato: observar y de discernir. Es muy positivo constatar cómo ante esta
realidad de desconcierto se van multiplicando los observatorios y veedurías. Se
trata de algo muy urgente y necesario. No podemos hablar acertadamente si no
escuchamos primero y reflexionamos.
Es necesario
observar y discernir, pero no basta con eso. Es necesario actuar después. Es también una realidad el crecimiento del
número de personas y organizaciones que así lo entienden y que además
consideran la labor como una labor que se ha de llevar a cabo en unión con los
demás, en redes y alianzas que puedan sumar los esfuerzos e iniciativas de
todos. Todo esto son hechos muy positivos.
Después de lo dicho que hace
una referencia a las actitudes frente a la falta de sentido en general, vamos
fijarnos en otros aspectos, teniendo presente que son aspectos de la misma
realidad en la que nos encontramos.
La realidad la vivimos en un
tiempo concreto. Al fijarnos en la realidad con referencia al momento que nos
corresponde vivir, decimos que es un momento reconocido como cambio de época,
momento de cambio de paradigmas culturales. Esto es un aspecto de la confusión
a la que ya nos hemos referido antes. Pero es un aspecto que requiere una
atención muy especial.
Cuando la
realidad la señalamos haciendo relación al espacio, decimos que estamos dentro
de un mundo que llamamos globalizado. Globalizado sobre la base de la economía.
Situación que constatamos como impulsora de fuertes individualismos egoístas y
del enorme crecimiento de poderosos monopolios que abren abismales brechas
frente a los que sufren diversos tipos de marginación.
Conectado con todo lo dicho, constatamos la presencia creciente de una
cultura de violencia en todos los ámbitos, familiar, ciudadano, nacional,
internacional. Con gran poder de las diversas formas de terrorismo, del
narcotráfico y de otros grupos paramilitares, integristas, neonacis, etc. Con
amenaza incluso con el gran poder de un
armamentismo sofisticado
Todo con mucha difusión y complicidad de los MCS. Si además tenemos en
cuenta que la mayoría de los ciudadanos recibe los mensajes de los medios sin
mayor sentido crítico, podemos comprender la gran influencia que este ambiente
ejerce en los comportamientos. De modo muy especial en los niños.
Otro hecho es la gran concentración de la propiedad tanto de los medios
de comunicación como en la producción
de contenidos en muy pocas personas. Es una realidad creciente al servicio de
los intereses de los poderosos. Ante esto desde hace tiempo se viene planteando
la gran pregunta: ¿Ayudan los medios de comunicación social a ver la realidad o
a esconderla?. Pregunta que se plantea como denuncia.
El Premio Nóbel de la Paz,
Adolfo Pérez Esquivel, después de
hacer notar que el ataque a las torres
gemelas de Nueva Cork coincidió con la entrega de un comunicado de la FAO,
señalando que ese día murieron en el mundo más de 35 mil niños de hambre,
comenta así: “Nadie dijo nada. Esto es
una muestra muy clara de como se dirige la información. ¿Hacia dónde? Y ¿cuáles
son los intereses de la manipulación informativa?” (Pedro Sánchez: “Cultura
de Violencia VS Cultura de Paz: Premio Nobel de la Paz Adolfo
Pérez Esquivel” (Entrevista Exclusiva a www.oclacc.org)
Como expresa Pérez Esquivel, los medios de comunicación se diferencian
en dos grandes bloques. “Los grandes monopolios informativos que cada vez
concentran más la información y que responden a los sistemas de dominación, …
Son monopolios informativos que desinforman o informan lo que quieren,
responden a determinados intereses. Los otros son los medios alternativos que
son los que permiten más o menos articular desde lo social cierta estructura
socializada informativa”. (l.c.)
Está dentro de la realidad el crecimiento de estos medios alternativos
que se presentan como insignificantes dentro de los grandes monopolios para la
comunicación, pero que son una semilla muy promisoria.
Sabemos también que la información necesaria para la toma de decisiones
en el campo del poder, tiene una dinámica totalmente distinta a la de la
publicidad. Así como para la publicidad se ha de invertir más cuanto más
difusión se garantiza, sucede totalmente lo contrario con la información
necesaria para tomar las decisiones de gran importancia, de modo que cuanto
mayor secreto se garantiza es mayor lo que se ha de invertir. Estas inversiones
pueden ser de montos siderales, sólo accesibles para los muy poderosos.
Como
plantea Pérez Esquivel, en el lugar ya citado, estamos ante dos caminos, entre los que debemos optar.
El pensamiento único que es el neoliberalismo, un proyecto de muerte y por otro
lado, el pensamiento propio. “El pensamiento propio es beber en las propias
culturas, en las identidades en los valores y para eso tenemos que liberar el
pensamiento, liberando la palabra. …... Con una palabra puedes amar, con una
palabra puedes destruir”.
Hay palabras que significan
opresión y que nosotros terminamos usándolas como globalización o democracia.
Estas democracias que son formales pero no son reales. Palabras que asumimos
gratuitamente sin tener un análisis más claro del problema. “El caso de la
globalización. ¿Qué se ha globalizado? La deuda externa, la dominación, el
armamentismo mundial. Y la gente cree que está globalizada porque tiene una
computadora y que puede mandar correos electrónicos. Yo creo que eso es falso”.
Al encontrarnos con esta
realidad, fácilmente podemos sentirnos deprimidos, con la misma confusión de la
Torre de Babel. Pero si sabemos mirar todo con la mirada que nos corresponde
como Iglesia, sentiremos que nuestra misión es fascinante. Es en esta realidad,
tal como es, en la que se encuentra Dios llamándonos a construir Pentecostés,
hablando y entendiendo todas las lenguas.
B) En la Iglesia
Estamos llamados a ser casa
y escuela de comunión. “Hacer de la Iglesia la casa y la
escuela de comunión: este es el gran desafío que tenemos ante nosotros en
el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder
también a las profundas esperanzas del mundo” (NMI. 43). Es tarea que tenemos que realizar
teniendo también muy presente la realidad de la Iglesia misma..
Al examinar nuestra realidad
dentro de la Iglesia en lo referente a la Pastoral de la Comunicación
constatamos que también dentro de la Iglesia existen diversos modos de entender
la comunicación. Esto condiciona la forma de organizar la Pastoral de la
Comunicación.
B) – 1: Formas de organizar
la Pastoral de la Comunicación, según
se entienda ésta
Comunicación
entendida como “uso de medios de
comunicación social”
Hay quienes entienden la
Pastoral de la Comunicación como el simple
uso de los medios de C. S. Se entrega información sobre diversas actividades de
la Iglesia y se aprovechan todos
aquellos elementos de otras partes que se consideren buenos. Cuando esta
selección esta bien hecha, ya realizan un servicio que, a veces, es muy
valioso.
Comunicación
entendida como “información”
Quienes entienden la comunicación como información, la
pastoral de la comunicación la centran en una buena oficina de prensa y,
posiblemente, también como un buen centro de enseñanza, entendiendo ésta como
entrega de contenidos, cuyo objetivo es que los alumnos, o quienes capten el
contenido, entiendan lo que enseña el profesor. Para actuar correctamente se procura hacer llegar los mensajes
según la verdad y con la debida claridad,
y se procura que el contenido de esos mensajes tenga referencia
pastoral, de alguna forma. Esto es para
ellos la pastoral de la comunicación.
Se ha de reconocer que este es un servicio muy bueno y totalmente
necesario, cuando se realiza como corresponde. . El contenido, en muchos casos, es el Evangelio mismo.
Comunicación
entendida como “camino para la comunión”.
Pero quienes conciben la comunicación, como camino para el
encuentro-comunión de personas procuran ir más allá. Se ven muchas iniciativas
en este intento. Recuerdan continuamente lo que señala Aetatis novae al
decir que “los medios de comunicación no pueden reemplazar el contacto
personal inmediato, ni tampoco las relaciones entre los miembros de una familia
o entre amigos” (Aet. n. 7). Por
ello tratan de promover continuos procesos de diálogo y encuentro en todos los
ámbitos y niveles de la convivencia, especialmente dentro de la familia y de la
Iglesia, impulsando, al mismo tiempo el diálogo con el mundo.
Creo que esta última modalidad asume a la Comunicación como
constructora de procesos de comunión, de acercamiento, de integración de
construcción de comunidad eclesial y social. Implica la comunicación
intrapersonal, el diálogo permanente consigo mismo y con nuestro Creador, la
comunicación interpersonal o diálogo con el otro, la comunicación grupal y la
llamada comunicación masiva. Cada una de estas variantes de la comunicación
tiene su propia dinámica y sus propios medios. Hay que saber utilizarlos todos,
de acuerdo a las necesidades
B) – 2: Algunos campos de la
labor de la Pastoral de la Comunicación
Social
Vamos a mirar muy rápidamente algunos ámbitos de la labor sobre
comunicación social de la Iglesia. Más bien por señalar campos que son
importantes, sin pretender hacer propiamente una exposición de la realidad de
tales campos.
a) Reconocimiento
de la comunicación como derecho humano fundamental
b) Comunicación hacia el interior y hacia el
exterior de la Iglesia.
c) Comunicación:
1) El contenido, 2)
el medio, 3) la actitud
d) Formación para
la Comunicación
e) Investigación y
Elaboración de políticas
a) La
comunicación como derecho humano fundamental
Cada día va creciendo en muchos
grupos y fieles el reconocimiento de la comunicación, como don gratuito de Dios
y uno de los bienes más preciados, ya que nos permiten interactuar, dialogar,
intercambiar ideas, conocimientos, construir sentidos y comunión. Y gracias al
uso del gesto, del símbolo y de la palabra, como dicen los antropólogos, los
seres humanos tomamos distancia de los otros animales.
Los fieles que toman conciencia
de ello se esfuerzan y buscan alianzas con otros grupos y personas de buena
voluntad para que se asuma la responsabilidad de eliminar abusos y luchar por
recuperar la palabra para todos, de revalorar su función en la construcción de
comunidades de hermanos, entendiendo que la comunicación no es solo hablar y
transmitir, sino también escuchar y facilitar la expresión del otro.
Quienes así actúan, ponen su
empeño para que tomando la comunicación como don de Dios, se coloquen todos los
oficios de la comunicación y todos sus instrumentos técnicos que la facilitan
de modo que cumplan con el deber de estar al servicio de todos y que sintamos
nuestro deber de trabajar para que todos puedan expresar su palabra, hacerse oír
su voz, transmitir sus imágenes, difundir sus valores y culturas.
Tratan de conseguir, según lo
que es justo, que la Iglesia tenga sus propios medios y que estos estén al
servicio del pueblo de Dios. Al mismo tiempo hacen ver que todos los grupos
sociales también tienen ese mismo derecho y que los propietarios de los medios
y de las tecnologías de la información nunca deben olvidar que administran un
bien de servicio público.
b) Comunicación
hacia el interior y hacia el exterior de la Iglesia
1) La comunicación al interior de la Iglesia
Existe conciencia clara sobre el compromiso que nos viene por el hecho
de ser la comunión con Dios y con los hermanos el origen, vida y fin del
dinamismo de la Iglesia. La
Iglesia debe aparecer siempre como modelo de comunicación. Sacramento, "signo e instrumento de la
unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (L.G.. 2)
Pero debemos detenernos en dos grandes campos. Uno referente a los miembros en plena
comunión con el Papa y otro el que corresponde a la dimensión ecuménica.
1º La comunicación con quienes están en plena
comunión.
Entre los miembros que viven la plena comunión de la Iglesia Católica
existe una real preocupación, en la muchos casos, por mantener verdadera
comunicación entre Pastores y fieles así como también entre los
fieles y entre sus diversas entidades y
organizaciones de pastoral, pero todo como tarea que trata de superar diversas
dificultades y son muchos los fieles que se manifiestan católicos pero que no
tienen interés por mantener comunicación con sus pastores..
Los boletines, revistas, emisoras etc. de la Iglesia cumplen en parte
un valioso servicio, pero no siempre son bien aprovechados.
Se plantea la queja de falta de opinión pública al interior de la
Iglesia. La realidad no aparece coherente con la enseñanza del Magisterio.
Aparece como tarea pendiente que debe ponerse en práctica según los cauces
adecuados.
Se realizan esfuerzos en orden a procurar que, dentro del territorio
parroquial, o dentro del territorio diocesano, haya una real y efectiva
comunicación, facilitando la labor de la pastoral orgánica. Hay lugares en los
muy acertadamente las Comunicaciones forman parte integrante de los planes de
pastoral, como señala Aetatis novae
(A.n. 17).
La integración de la Comunicación Social en los planes
pastorales, normalmente tiene su concreción especial en tres campos. En primer
lugar en el campo de la liturgia. No me refiero a la transmisión por radio o
T.V. de las celebraciones litúrgicas.
Me refiero a la liturgia como celebración de comunión. El lenguaje, los símbolos, los cantos, etc.,
son muy bien preparados en diversos lugares, principalmente para la celebración de la Eucaristía. Son ejemplares
esos lugares en los que se hace vivir el encuentro con los hermanos formando un
solo Cuerpo con Cristo. La comunicación
se hace palpable
Otro campo en el que se suele tener muy presente la
dimensión comunicacional es el de la labor catequística haciendo la
experiencia de Dios que nos hace hijos suyos y hermanos de los demás.
Igualmente en el campo educacional. Cada vez son mas los educadores que se empeñan en hacer que cada uno
descubra las cualidades y dones que Dios le ha dado para ponerlo todo al
servicio del encuentro con los demás en una convivencia incompatible con la
soledad del individualismo egoísta
También es muy significativa la preocupación, en muchos
lugares, por una buena labor
comunicacional dentro de la pastoral juvenil e infantil ayudando a caminar juntos con un desarrollo
de la libertad fundamentada sobre la relación digna y respetuosa con los demás
y no sobre el “yo” según la impetuosa corriente dominante.
2º La comunicación con sentido ecuménico
Son importantes los esfuerzos que se realizan en el campo de las
Comunicaciones siguiendo las orientaciones del Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales publicó en 1989: "Criterios de colaboración ecuménica e
interreligiosa en las Comunicaciones
Sociales". Son
varias las labores e iniciativas que van apareciendo, pero todavía es un campo
en el que hay mucos obstáculos que superar.
2) La Comunicación hacia
afuera. - Diálogo con la sociedad.
Es verdad que se ven actitudes en las que aparece la
Iglesia mirándose a sí misma. Pero se constata también que por todas partes
existe un vivo interés por entablar diálogo con las diversas culturas y
mentalidades procurando descubrir las “Semillas del Verbo” existentes en cada
una de ellas y en cada persona.
Es imposible presentar un elenco de la gran cantidad de
iniciativas que se dan en la Iglesia, en todos los niveles, para llevar
adelante el diálogo de la Iglesia con el mundo.
La labor de Evangelización explícita está en este campo. Igualmente
toda la labor de Evangelización implícita. La labor de acompañamiento, buscando
con toda persona de buena voluntad la construcción de un mundo más humano y
fraterno. La gran cantidad de labores con los pobres, con los enfermos, etc.
Todo ello se enmarca dentro de este diálogo con el mundo.
Pero al mismo tiempo, aparecemos como preocupados por la labor al
interior de la Iglesia. Con miedo del mundo, como desinteresados por la
realidad de las personas y grupos humanos en su realidad concreta.
Sin duda se dan todas estas realidades. Algunos plantean que hemos
olvidado perspectiva Iglesia – Mundo planteada con fuerza por el Concilio
Vaticano II.
c) Comunicación: 1) El contenido, 2) El medio, 3) La actitud
Considero conveniente que veamos la realidad de nuestra Comunicación
fijándonos en tres aspectos: 1) el
contenido, 2) el medio, 3) la actitud
1) El primer aspecto señalado
es el referente al mensaje, su contenido. Lamentablemente, nuestro
mensaje, muchas veces, está expresado de modo que no es entendido por los
destinatarios o por muchos sectores. Es verdad que se hacen esfuerzos valiosos
por dar solución a este problema. Tratan de traducir el mensaje al nivel de los
sencillos, e incluso de los niños, que fácilmente quedan olvidados al margen.
Muchos documentos del Magisterio se quedan sin llegar a todos porque no se hace
esta labor.
Con relación al anuncio del Evangelio se dan
experiencias muy positivas que si se consolidan y se extienden pueden ser muy
esperanzadoras. Se trata de experiencias que presentan la labor de los laicos
que viven su compromiso de fe en el mundo y que, de este modo realizan el
anuncio implícito del Evangelio que, por otra parte, queda explicitado por los
Agentes de Pastoral correspondientes en cada caso. De este modo aparece la
Iglesia no sólo dando mensajes de palabra, sino viviéndolos en la realidad, dando
testimonio. Realizando cada uno lo que le corresponde y viviendo la comunión
entre todos, aparece claramente la Evangelización como obra de toda la Iglesia.
2) El segundo aspecto es el de la realidad referente a la transmisión
misma del mensaje dentro de las características propias de cada medio. Muy
fácilmente pensamos que los mensajes y programas pastorales están dispensado de
este aspecto. Normalmente no se realiza la necesaria capacitación en los
centros de formación para la expresión a través de cada uno de los medios de
comunicación. Mucho menos se da una capacitación orientada a conseguir que la
transmisión que se hace a través de alguno de estos medios masivos, estimule el
diálogo grupal o familiar, cara a cara.
Son muchos los laicos que se sienten comprometidos con su fe y entregan
su mensaje y su testimonio a través de medios no confesionales. Esto es muy
positivo pero con mucha frecuencia estos laicos no se sienten acompañados por
la comunidad creyente, de modo que su mensaje aparece como mensaje personal.
Existe conciencia bastante generalizada de que el mensaje debe aparecer
no sólo a través de los medios confesionales, sino también a través de los
demás medios. Pero, normalmente, no existe la articulación adecuada con los
responsables de los mensajes.
3) El tercer aspecto al que
quiero referirme es el relativo a la actitud, dado que al considerar la
comunicación como camino para la comunión es fundamental tener presente la
dimensión relacional de la comunicación.
Hay personas y organizaciones que con el
mensaje expresan, de algún modo, el deseo de servir al otro, de ayudarle, de
encontrarse con él, así como de promover diversos procesos de diálogo invitando
a construir juntos la convivencia. Pero a pesar de que la dimensión relacional
es el aspecto clave de la comunicación no se suele poner mayor atención a tal
dimensión, dejando todo reducido al contenido solamente..
Hay catequistas y otros agentes de pastoral
que toman muy en cuenta esta actitud relacional que la viven como compromiso de
fe. Ello da mucha fuerza a su labor que es vista como manifestación del amor
salvador de Dios, haciéndole visible, al actuar a su semejanza, invitando así
al otro a ponerse en la misma actitud de buena voluntad, estimulándole a ser
comunicador con su acogida.
Se constata también la actitud de personas que siendo
miembros vivos de la Iglesia, no pertenecen a ninguna organización especial,
pero que tratan de conocer las prioridades, políticas, orientaciones y planes
pastorales de la Iglesia y actuar en coherencia. Esta forma de proceder la mantienen no sólo en lo que es
seguimiento de esas orientaciones sino también entregando su aporte para la
búsqueda de nuevas políticas o reorientaciones según vaya requiriendo la
realidad. Lamentablemente no es muy frecuente este modo de proceder, pero es
necesario tenerlo presente.
d) Formación para la
Comunicación
Al plantear la comunicación como camino para
la comunión tendríamos que partir con la mirada en el proceso de la vida de las
personas desde los primeros momentos de su vida. Si queremos entender la
realidad sobre la formación para la comunicación, esto viene a ser un aspecto
clave. Pero no pretendemos aquí tal cosa, aunque sería muy pertinente. Vamos a
fijarnos, solamente, en la formación para la comunicación en referencia a los
medios de comunicación social.
Comenzamos colocando la mirada en el
perceptor. Nos interesa fijarnos
en la formación para la actitud crítica y para la consecuente postura activa,
1º El perceptor. Actitud crítica y actitud
activa.
1) Hay esfuerzos muy valiosos para la formación de los perceptores
en conformidad a lo que plantea Aetatis novae al decir: que la "Iglesia...
considera un deber proponer una formación ...al público para que miren los
medios de comunicación social con un "sentido crítico animado por la
pasión por la verdad"(A.n.. 13).
Pero a pesar de las
buenas experiencias que se vienen desarrollando por diversos lugares,
tenemos que decir que todavía es una labor muy pequeña con relación a la gran
necesidad existente y a pesar de la urgencia que cada día aparece mayor.
Lamentablemente la gran mayoría de los colegios y de las organizaciones
juveniles no han asumido esta labor. En cuanto a las familias son muy pocas las
que realizan algún tipo de foro con relación a los mensajes de los medios.
2) Pero además, Aetatis novae,
después de hablar de la percepción crítica expresa que la Iglesia “juzga
también que es un deber suyo realizar una "labor de defensa de la
libertad, del respeto a la dignidad personal, de la elevación de la auténtica
cultura de los pueblos, mediante el rechazo firme y valiente de toda forma de
monopolización y manipulación".
(A.n.. 13) y es positivo constatar que por diversos lugares son los
perceptores quienes asumen con fuerza esta labor.
Quienes así actúan piensan que la actitud crítica no pueden dejarla
sólo para el campo de la percepción de los mensajes y evaluación de los mismos
medios, según las categorías éticas, sino que sienten el deber de impulsar la
actuación que corresponda, incluso utilizando los mismos medios. Es muy positivo ver que hay centros que
promueven la educación para la comunicación, mirando estos aspectos. Pero,
tenemos que repetir lo dicho anteriormente: lo que se hace es muy poco con
relación a lo que se necesita.
Existe una opinión generalizada en el sentido de considerar que todos
debemos tener la formación necesaria para una percepción crítica y activa. Sin
duda esto es esperanzador. Se ha llegado a plantear la urgencia de dar esta
formación por todas partes, en cada parroquia, y en cada colegio, etc., orientada de modo especial a los padres de
familia, a los jóvenes, a los niños, de modo
que sepan promover el diálogo familiar o grupal
con el fin de juzgar sobre los valores
y asumir los compromisos operativos que
se consideren oportunos.
2° Formación de Comunicadores para la pastoral.
Puebla dice que "la Universidad católica, vanguardia del
mensaje cristiano en el mundo universitario, está llamada a un servicio
destacado a la Iglesia y a la sociedad" (P. 1058) y respecto a la Comunicación Social, Santo Domingo
señala que "es necesario alentar a las Universidades católicas para que
ofrezcan formación del mejor nivel humano, académico y profesional en Comunicación Social". (S.D. 285)
Son muchos los documentos en los que la Iglesia insiste en la necesidad
de dar buena formación a los comunicadores tanto en lo referente a la dimensión
de compromiso de fe para los creyentes como en lo referente a la dimensión
ética y profesional para todos. Interesa mucho que esa formación sea la mejor
posible.
Pero en este lugar, cuando hablamos de formación para los
comunicadores, nos referimos a la formación cristiana, para su vida de fe, y a
la formación pastoral para sumar su labor de comunicador a la labor humanizadora
y evangelizadora de la Iglesia, dando por entendido el serio interés que se ha
de colocar en la formación profesional.
Aparecen algunos esfuerzos interesantes hacia una formación integral
como profesionales de fe pero en la mayoría de los casos no tiene mucha fuerza
motivadora. Incluso no se alcanza a conseguir el compromiso claro para
reaccionar frente al sistema dominante.
Al examinar la realidad, dado que las Universidades forman personas que
puedan servir al mundo tal como está organizado y que, según el sistema
dominante, se mantiene con mucha fuerza el planteamiento comunicacional que
considera la comunicación como transmisión de mensajes, se ve que las
Universidades entregan una formación para ser profesionales competentes, según
las normas de evaluación comunes del sistema, pero que se encuentran confusos
si se plantea la comunicación como camino para la comunión.
Es cierto que se da una formación ética, pero en la
mayoría de los casos no aparece con la fuerza suficiente para no dejarse
atrapar por los lazos manipuladores de los interese de los poderosos. Es
funcional al sistema dominante mantener la comunicación sólo como información.
La información da poder, y el poderoso tiene posibilidad de filtrar o manipular
la información según sus intereses.
3° Formación
de Pastores para la comunicación
"La educación y la formación para las
comunicaciones sociales deben formar parte integrante de la formación de los
agentes de pastoral y de los sacerdotes", nos dice Aetatis novae (n.18). Debe recordarse además que la Congregación
para la Educación Católica publicó en 1986, las "Orientaciones sobre la
formación de los futuros sacerdotes para el uso de los instrumentos
de Comunicación Social".
Santo Domingo dice: "En los Seminarios y Casas de formación
religiosa se enseñarán los lenguajes y técnicas correspondientes de
comunicación, que garanticen una preparación sistemática suficiente" (S.D.
285).
En algunas casas de formación para la vida sacerdotal o religiosa
aparecen varios esfuerzos en este sentido. Sin duda en algunos casos aparece
asumido con mucho interés, pero lamentablemente estamos muy lejos todavía de
tomar esta labor en serio.
e) Investigación y
Elaboración de políticas
Son dos los aspectos en los que considero necesario fijar especialmente
la atención si queremos actuar dentro del mundo tal como es. Me refiero a la
realidad de la Iglesia en el campo 1)
de la Investigación - Reflexión, y 2) en el de la Elaboración de Políticas
1° Investigación – Reflexión
Ante el hecho de la vertiginosa velocidad de los cambios en campo
cultural – social – comunicacional que nos presenta el cambio de época, todos
constatamos dificultades en nuestra comunicación con diversos sectores de la
sociedad. No terminamos de entender los nuevos comportamientos ni hacia donde
van.
Es cierto que en las Universidades se van realizando investigaciones y
reflexionando sobre diversos aspectos. Esto es muy bueno. También es muy
positivo constatar cómo van apareciendo observatorios y veedurías por diversos
lugares, cada uno referido a algún tema concreto.
Pero como Iglesia, en América Latina estamos un poco atrás en este
campo de los observatorios. El CELAM ya tomó el acuerdo de organizar su
observatorio
La OCLACC tiene un interesante proyecto de observatorio en alianza con
diversos centros universitario y de comunicación que además pretende estudiar
las formas de actuar en la sociedad, en el campo comunicacional, como Iglesia
2° Elaboración de Políticas
En el campo de elaboración de políticas en el
campo de las comunicaciones, se hace alguna valiosa labor en lo referente a la
defensa y presentación de la imagen de la Iglesia y de sus mensajes. No es
mucho, pero es algo. Pero donde hay muy poca labor es en la elaboración de
políticas para actuar con todas las personas y entidades de buena voluntad
empeñadas por construir una convivencia humana dentro del nuevo mundo que está
naciendo. Hay católicos muy valiosos que tratan de influir todo lo que pueden
tanto en las decisiones de las autoridades y en otros campos. Todo lo referente
a las políticas comunicacionales, sea en el campo legislativo, o en relación
las orientaciones frente a los nuevos planteamientos y problemas que se están
presentando, es una labor de
extraordinaria importancia de la que, lamentablemente, no se ha tomado
suficiente conciencia.
Aetatis novae nos advierte sobre la existencia de "políticas y
estructuras" negativas que
producen serios problemas y nos dice que ello "es contrario a los
objetivos fundamentales y a la misma naturaleza de los medios de
comunicación" y señala después el sentido de estos medios al decir que
su "papel social específico y necesario es contribuir a garantizar el
derecho del hombre a la información, promover la justicia en la búsqueda del
bien común y ayudar a las personas, grupos y pueblos en su búsqueda de la
verdad. Los medios de comunicación ejercen esas funciones entre todas las
clases y sectores de la sociedad y cuando ofrecen a todas las opiniones
responsables la oportunidad de hacerse oír". (A.n. 14). Es necesario
tratar de obtener que los medios sean de verdad instrumentos que sirvan para la
construcción de una convivencia humana, armónica y fraterna.
Por su parte Santo Domingo nos propone como línea pastoral "Ayudar
a discernir y orientar las políticas y estrategias de la comunicación, que
deben encaminarse a crear condiciones para el encuentro entre personas, para la
vigencia de una auténtica y responsable libertad de expresión, para fomentar
los valores culturales y buscar la integración latinoamericana" (S.D.
282).
La verdad es que en la Iglesia, en estos momentos, nos encontramos con
las orientaciones que nos da la tan repetidamente citada Instrucción Aetatis
novae que nos invita a actuar dentro de una planificación a todo nivel, nacional,
diocesano, etc. de la pastoral de la comunicación. Esto lleva consigo la concreción de políticas precisas, pero, en
la práctica, hay todavía un gran vacío en este campo y es muy urgente llenarlo.
La Iglesia tiene mucho que decir en todo
aquello que afecta al hombre, y de modo especial en lo que afecta al sentido de
la vida. La reflexión y la acción
pertinente en este campo es de una urgencia inaplazable.
III.-
DESAFÍOS PARA LA RIIAL
Construir la paz. Construir
fraternidad, Construir convivencia armónica y solidaria es misión de la
Iglesia, ya lo hemos visto A la RIIAL le corresponde entregar su aporte en el
campo de la comunicación y, más concretamente, con el servicio de la
informática.
Al entrar en el terreno
operacional es necesario organizar algún ordenamiento de las diversas labores y
esto se puede realizar según diversos criterios. Me parece oportuno recordar
aquí lo que planteé ya en otra oportunidad (La
RIIAL hacia el tercer milenio. Mayo 1999)
Al plantear a la RIIAL como un
Servicio para el gran Campo de las
Comunicaciones, ya se
nos plantea una doble área de
servicio: a) el área de los
contenidos y b) el área de las relaciones.
Siguiendo este criterio
podemos entrar después en otros ordenamientos según diversos aspectos. Técnicos,
administrativos, etc. que no pueden quedar en el olvido. Algunos de los cuales
pueden tener la categoría de “condiciones previas” que deben ser resueltas en
primer lugar, de lo contrario no se puede hacer nada. Pero ahora solamente nos referiremos a las dos áreas señaladas
dentro del campo de la comunicación.
Área de los contenidos.
Como servicio dentro del área
de los contenidos puede hacerse una infinidad de subdivisiones, según los
criterios teóricos o prácticos que se quieran utilizar.
En principio, a la RIIAL no le
corresponde entrar en el estudio de la realidad a la que se refiera cada uno
del infinito número de materias, o contenidos, en cuyo servicio puede prestar
su aporte. Eso es propio de los respectivos
especialistas. Correspondería a la RIIAL ver el servicio que puede prestar para
que se relacionen entre sí los centros y personas especialitas en los diversos
temas de modo que todo se realice al provecho de la vida y misión de la
Iglesia. E igualmente ver cómo los requerimientos de los que tengan que hacer
uso de tales contenidos pueden ser atendidos con perfección y con prontitud,
así como con las mayores garantías de reserva, en unos casos, o de difusión, en
otros.
Interesa ver cómo la RIIAL puede apoyar lo que ya
existe y cómo puede estimular la creación de lo que se necesita y todavía no
existe. Se trata, en este caso, de la creación de centros según especialidades.
¿Qué centros se necesitan?. ¿Qué necesitan estos centros en el campo de la
informática?. ¿Qué servicios se necesita que entreguen?. ¿Cómo se puede
optimizar tal servicio? ...
Cuando digo que la RIIAL puede apoyar los centros que existan o
estimular la creación de los que se necesiten, estoy pensando en una labor de
todos, es decir, de la RED. La red es algo muy distinto a una cadena. En la red
de informática cada uno se relaciona directamente con el otro sin eslabones
intermedios, independientemente de las mediaciones tecnológicas. Esto tiene consecuencias muy significativas.
Para el caso concreto de los “centros” a los que nos
estamos refiriendo, no se ha de esperar a que el Pontificio Consejo de las
Comunicaciones Sociales o el CELAM creen y organicen tales centros o los
apoyen, sino que debe ser la RED quien se responsabilice de procurar todo eso.
Independientemente, claro está, de aquellos centros que el Pontificio Consejo o
el CELAM considere oportuno establecer.
Sin duda esto tiene ciertas ventajas y también ciertos inconvenientes o
más bien tiene repercusiones muy serias para nuestros comportamientos. Esto nos
obliga a asumir cada uno una actitud de responsabilidad para aportar con
seriedad lo que cada uno pueda aportar (puede ser la organización de un
centro), y también para adquirir una profunda actitud crítica que permita el
necesario discernimiento frente a lo que se le esté ofreciendo.
Qué centros son más urgentes y qué aspectos deben resolverse en cada
uno de esos centros para que puedan prestar el servicio que deben prestar, es
algo que los interesados en cada uno de
los temas tienen más o menos claro. Pero también es algo que puede ser
discutido y decidido por la RED. Es evidente que los encuentros del la RED
pueden ser “virtuales” o “reales”. Y como siempre serán más costosos y
difíciles los encuentros reales aprovecharlos
muy bien cuando exista posibilidad de realizarlos.
Quiero hacer también aquí una
mención muy especial a todo lo relacionado con la labor de “investigación”. Es
una labor de suma urgencia ante el desconcierto que constatamos, ya lo hemos
dicho.
Cada vez se habla más de la
necesidad de establecer alianzas con las Universidades y con quienes estén
haciendo investigación en los campos de la connivencia y de la comunicación con
el fin de poder organizar un OBSERVATORIO de la realidad organizando una Red.
Se requiere creatividad, se trata de abrir caminos. No sé cómo evolucionará
esto, pero lo que tengo muy claro es que se trata de algo muy urgente.
Sin duda es muy importante
estimular la creatividad, pero es necesario que cada uno sea consciente de los
riesgos que se pueden presentar en cada caso y saber actuar con el adecuado
sentido crítico.
Área de las relaciones.
Pero decíamos que
otra gran área de servicio en el campo de la Comunicación es la que se refiere
al área de las relaciones.
Se podría decir que la
“informática” es precisamente entrega de información, es decir, entrega de
contenidos. Servicio, por lo demás, de
mucha importancia y que tiene sus normas.
Todo ello es cierto, pero la
RIIAL amplía su servicio en forma extraordinaria colocándose al servicio de la
comunicación y la comunicación no es, solamente, transmisión de contenidos, es,
junto con ello, encuentro, es relación entre personas.
Podríamos fijarnos en las
situaciones de algunas personas o grupos de personas que, quizás, podrían
recibir un servicio significativo por parte de la Red.:
a) los agentes de pastoral
b) los laicos con compromiso de
fe
c) los pobres
Dentro de cada uno de ellos pueden hacerse
nuevas clasificaciones. Sólo haremos
alguna insinuación.
Es evidente que para este
servicio los usuarios necesitarán en muchas ocasiones contar con cierta
seguridad, en mayor o menor grado, según los casos, sobre la reserva o
inviolabilidad de sus mensajes.
El servicio que puede prestar
la RIIAL es el de posibilitar las
condiciones y el de motivar y estimular a las personas que formen estas redes
en orden a promover la comunión que como Iglesia están llamados a vivir.
Quizá se necesite crear una
organización de personas para impulsar este servicio en los diversos
ámbitos. Pero quizá sea mejor
establecer esta área dentro de las Organizaciones de Comunicación con las que
ya cuenta la Iglesia.
b) Situación de los laicos
Hay multitud de fieles, la
gran mayoría, que quieren ser fieles a su fe y que se ven impedidos de
participar en las organizaciones o grupos que establece la Iglesia. Muchos de ellos asisten a Misa los Domingos
y nada más. De este modo “sienten” que su vida no está integrada a la vida y
misión de la Iglesia.
Por otra parte, el Magisterio
de la Iglesia, de modo especial el Concilio Vaticano II, así como la
Exhortación Apostólica “Christifideles Laici”, plantea las cosas de otra forma.
El Magisterio de la Iglesia señala como clave la labor de estos laicos para la
transformación del mundo según el plan de Dios. Ellos actúan desde dentro de la realidad del mundo y su acción es
acción de Iglesia.
Son personas que se encuentran
en todos los lugares, estructuras y niveles de la realidad social. Puede ser el mismo Presidente de la
República, Senadores, Ministros, Dirigentes o Militantes de los Partidos
Políticos, Empresarios, Trabajadores, Médicos, etc., que no tienen posibilidad
real para asistir a las reuniones o encuentros que organizan sus Parroquias.
Es un buen desafío el
conseguir que estos laicos se sientan acompañados por los demás miembros de la
Iglesia. Considero posible como un buen servicio de la RIIAL impulsar la
creación de Redes de organizaciones para esta labor de “acompañamiento”.
Sin duda, el Presidente de la
República, el Ministro, el Senador, etc. pueden estar sobrecargados de tareas,
pero bien pueden tener uno o varios “compañeros de camino” que, como labor “en
Iglesia”, y que con los criterios de la Enseñanza de la Iglesia, ven los
diversos discursos, labor etc., y reciben tanto las consultas frente a diversos
temas, como la exposición de nuevos problemas que presenta la realidad. Todo
con el fin de acompañar y de ofrecer la ayuda necesaria en el momento oportuno.
Es verdad que esto que acabo
de decir podría considerarse como entrega de contenidos. Pero quien hace esto,
junto con esa entrega de contenidos, está acompañando. Esta compañía será muy
importante en los momentos en los que tales personas puedan sentir rechazo y
sufrir por ser fieles a los planteamientos de valores, sin dejarse tentar por
ofertas de corrupción u otros planteamientos reñidos con la ética y el bien
común.
Ámbito de los pobres.
No es este el lugar para hacer
consideraciones sobre la presencia del Señor en los pobres y sobre lo que
significan en el Evangelio y para la vida de la Iglesia. No obstante, sí
tenemos que plantearnos lo que puede significar de crecimiento de la brecha
entre ricos y pobres al quedar excluidos de la participación en el mundo de las
nuevas tecnologías de la comunicación.
Sin duda este es un tema del
que se va a hablar mucho. Tampoco es este el momento de teorizar. Solamente
quiero expresar que, según mi parecer, la RIIAL puede estimular la organización
de Redes de centros de encuentro y de verdadera comunicación entre los pobres y
a su vez con los demás centros de la sociedad. Es posible que en algún caso se
necesiten mediaciones.
Todos tenemos que ver cómo
escuchar y entender a los pobres y cómo, desde donde estemos y con lo que
tenemos, sabemos poner los servicios de la Red para acompañarlos en verdadera
actitud de solidaridad, fortaleciendo su protagonismo. Es necesario construir
la sociedad desde su justo y profundo clamor.
Será un signo humanizador y
evangelizador muy grande si nosotros sabemos hacer que el clamor de los pobres,
por una parte, sea visto en las facultades de economía, sociología, psicología,
etc. y sea escuchado por las autoridades y, por otra parte, sea vivido
solidariamente por la comunidad creyente con auténtica actitud evangélica.
Es el momento en el que se
está gestando algo nuevo. Ojalá que, desde este momento, sepamos integrar a los
pobres, dándoles posibilidades de participación. Esto es factible. Las nuevas
tecnologías dan muchas posibilidades para la verdadera participación. Si lo
hacemos, un día podremos escuchar, como miembros de la RIIAL, aquello del
Señor: “Venid, benditos de mi Padre,
porque tuve hambre y me disteis de comer....”
El seguimiento del camino
iniciado.
La RIIAL ya lleva un camino
recorrido. Se trata de seguir. Este seguimiento, dentro de la realidad que nos
corresponde vivir, es camino que requiere continua creatividad. Es un camino
cargado continuamente de novedad. La realidad presenta desafíos para la labor
de la Iglesia en los que la RIIAL puede entregar un valioso aporte. ¿Cómo
seguimos?. ¿Qué hacemos?. El momento que aparece lleno de confusiones nos da pie
para una labor fascinante.
Pienso que la RIIAL, puede
ayudarnos a mantener la actitud de dinamismo que se necesita en estos momentos,
sin tener miedo a los cambios acelerados que pueda traernos la revolución
tecnológica. Necesitamos saber mirar siempre a lo definitivo, expresado en
Cristo y su Reino, y reorientar siempre nuestro camino desde esa realidad
cambiante. La RIIAL podrá hacernos un
gran aporte para la construcción de la convivencia en nuestra “Aldea Global”
como la casa de los Hijos de Dios.