DISCÍPULOS Y MISIONEROS EN

LA ERA DIGITAL

 

Las palabras "Informática" o "Internet" evocan casi de inmediato unos instrumentos técnicos más o menos familiares, más o menos conocidos. Pero, para nosotros en la Iglesia, estas máquinas sólo adquieren su dimensión precisa cuando se ponen al servicio de un espíritu de comunión y una metodología del trabajo en red. Esta es la propuesta que queremos hacer a los discípulos y misioneros de hoy.

La Iglesia ha logrado suscitar una cultura informática que ya nació en clave solidaria, de compartir hallazgos y herramientas. Esta "cultura cristiana" incluye la capacidad de seleccionar la tecnología más adecuada a las circunstancias, sustrayéndose a la fascinación por lo más novedoso.

La Iglesia incursionó en el mundo de la informática antes de que Internet fuera un fenómeno social, y encontró soluciones técnicas para lugares con escasa infraestructura y con medios técnicos elementales.

Proponer este mundo informático a los discípulos y misioneros de hoy en día conlleva tener en cuenta que esto es un instrumento de comunicación interna de la Iglesia; sirve para la creación de archivos documentales para su difusión a todo tipo de público (evangelización "en línea"), y ha de hacer accesibles los contenidos evangelizadores a los usuarios eclesiales más alejados o carentes (tecnología "fuera de línea").

No cabe duda entonces que hemos de ser discípulos y misioneros también en esta era digital.

 

INTRODUCCIÓN

Puede entenderse la palabra "era" como el momento histórico en que el ser humano introduce un cambio profundo, permanente y extensivo a su modo de estar en el mundo y dominarlo. Los grandes cambios se añaden al curso de la historia al irrumpir una modificación de su curso en forma irreversible, y empujan a lo que la Calidad Total llama hoy en día un "cambio de paradigma".

Algunos autores llaman a nuestros días la "era digital", por el surgimiento, desarrollo y expansión de las tecnologías que utilizan el lenguaje binario -de dos dígitos- para la transferencia, procesamiento, soporte y almacenamiento de los contenidos de la comunicación.

Como la revolución del fuego, de la piedra o del metal, estas nuevas tecnologías se hacen presentes en la vida humana no como un elemento más que se suma a muchos otros que la historia y el desarrollo van incorporando, sino de una manera que exige una nueva síntesis y forma de interpretar y vivir la vida humana.

Hay otra nota que caracteriza a estos elementos que portan cambios de era. Y es que permanecen en el tiempo con su aporte. La historia y el progreso los desarrolla, los perfecciona, les pone arte, pero su esencia no sólo permanece original, sino que no pasa con el tiempo, quedando obsoletos y fuera de uso: el fuego sigue calentando el agua y cociendo los alimentos, pero hoy permite también enviar satélites al espacio.

No es trivial, en este contexto, citar la importancia del libro como realidad que ha marcado profundamente la historia, ha cambiado su curso, se ha ido perfeccionando cada día más, permanece vigente y, en su esencia, no puede ser reemplazado - aunque sí completado - en la era sucesiva: la digital. El libro no admite ser cambiado por un monitor.

Estas tecnologías: "¿son buenas o malas?

Podría ser simplista reducir el impacto de estas tecnologías a la pregunta: "¿son buenas o malas?". Nos movemos en un contexto cada vez más complejo, y el profundo carácter de estas realidades las convierte en un desafío porque quedan bajo el gobierno del hombre y de los innumerables matices con que usa su propia libertad. Es evidente que todo dependerá del uso que se haga de ellas.

Y es este contexto el que presenta otro desafío: la dependencia que el hombre va teniendo de estos instrumentos. Por una parte es normal que un cambio de esta naturaleza, que realiza una nueva síntesis de la historia y la vida del hombre, ligue a éste en forma notable. Pero por otra parte, la grandeza del ser humano puede trascender cualquier dependencia instrumental.  Por eso no debe sorprender que las sociedades de hoy tengan un cierto grado de dependencia de la energía eléctrica, el teléfono, el agua corriente, la computadora, porque son elementos con los que desarrolla sus tareas cotidianas. Lo que no puede admitirse es que los aspectos esenciales de ser persona humana - el amor, el pensamiento, las relaciones humanas, la relación con lo trascendente- queden aprisionadas por estas nuevas tecnologías. En este sentido éstas no dan ni quitan felicidad al hombre, ya que no pertenecen al núcleo central de su vida, sino que colaboran en su desarrollo, partiendo de la plataforma personal.

La particularidad de la era digital.

Son bien conocidas sus extraordinarias capacidades para la comunicación; como también la capacidad de combinar los elementos fílmicos, fotográficos, auditivos, textuales; con esta tecnología la representación de la realidad puede ser procesada en formas que pueden ir de lo artístico a lo engañoso.

También en los instrumentos digitales el ser humano ha desarrollado de una manera extraordinaria su pensamiento, por tanto encuentra en ellos un atrayente reflejo de sí mismo, en la faceta de su propia inteligencia. Están hechos a su imagen y semejanza en el sentido de que son capaces de procesar datos, sólo que lo hacen en grandes cantidades, relacionando toda la información que les fue suministrada y a velocidades antes impensables.

Entre muchas otras cosas esto nos permite comprender en parte la fascinación por los juegos electrónicos. Podría parecer que en ellos la imaginación ha perdido terreno, pero sería según el estilo de los juegos tradicionales y "caseros"; en este nuevo campo la inteligencia especulativa, lógica, matemática y sobre todo investigativa, adquieren un protagonismo que se abre a un nuevo tipo de imaginación diverso al anterior, pero no menor.

Pero quizá la más importante consecuencia de la "era digital" es que articula de una forma nueva diversos inventos que estaban inconexos entre sí: teléfono, satélites, computadoras, videocámaras, robots, encuentran un lenguaje común e interactúan de tal modo con el ciudadano de a pie, que forman un "todo" más complejo, el soporte de la "aldea global".

¿Hacia dónde vamos?

Aquí está el meollo de lo que la mayoría de nosotros se pregunta.

-    Primero, porque los efectos enriquecedores y empobrecedores de estos procesos es exponencial. Como se ha dicho hasta el cansancio, quien esté fuera de esta dinámica, quedará excluido del gran patrimonio de la cultura - y seguramente de la economía- en el tercer milenio.

-    Segundo, porque el mero avance tecnológico no sabe a dónde va. Miles de personas investigan para "mejorar" los programas y las máquinas, pero... ¿qué se entiende por mejorar? ¿Cuál es su horizonte? Sin una correcta antropología, y sin la luz del Evangelio, el desarrollo tecnológico desemboca en el absurdo.

Por otra parte se habla ya de una hipertrofia informativa. El ciudadano medio recibe cantidades inmensas de información que en sí misma no acrecienta el conocimiento. El bombardeo es tal, que la superposición de datos se vuelve cada vez menos significativa. Tenemos que tener cuidado que la sobreabundancia de información pueda degenerar en la supresión de la libertad.

EL ESTADO DE LA CUESTIÓN

Según algunos estudios, dentro de 10 a 15 años, el 30 por ciento de las parejas que se casen, se habrán conocido a través de Internet. Este dato nos ayuda a conocer ya una de las grandes características de la cultura de la era digital: los seres humanos conocen mejor a sus compañeros de chat que a sus vecinos de barrio. Pero al mismo tiempo nos dice que Internet, lejos de ser un simple instrumento de información, se ha convertido en un ámbito donde tienen lugar profundas relaciones humanas. Y por ello, los dicípulos y misioneros no puede estar ausente de él.

UN NUEVO CONCEPTO DE FAMILIA

Quiero compartir un caso con ustedes, para que nos ayude a dimensionar la importancia del tema que nos ocupa.

Un reciente estudio realizado por agencias de medios que analizan cómo viven las familias los valores tradicionales en la era digital, arrojó como resultado que en los últimos años, las familias han desplazado sus anteriores actividades comunitarias por espacios virtuales, donde parece preferible, usar la mensajería instantánea que sentarse a la mesa a conversar con los hijos.

En la encuesta realizada a más de cuatro mil adultos en 16 países diferentes, el 70% de los entrevistados considera que la tecnología les ha permitido estar en contacto con sus familiares, mientras que más de un tercio de los padres encuestados manifestaron que no sólo usan los teléfonos celulares para vigilar a sus hijos durante el día, sino que la cuarta parte aseguró que la mensajería instantánea mejoró la relación padre-hijo.

El estudio parece revelar un nuevo panorama para las familias: los padres no se reúnen necesariamente con sus hijos y no se comparte un espacio común en la casa. Cada uno se encarga de realizar sus responsabilidades y es preferible comunicarse virtualmente que trasladarse entre los cuartos; a esto se suma que al llegar a casa cada quien tiene que hacer múltiples actividades. Mientras se usa Internet, la gente está haciendo también dos o tres cosas más, normalmente viendo la televisión o hablando por teléfono.

El protagonismo de la tecnología en la familia, se confirma con otros estudios, que revelan que millones de viviendas familiares tienen por lo menos, un miembro del hogar entre los 16 y 74 años con acceso a Internet.

Las familias pasan un promedio de 3.6 horas al día navegando por Internet, 2.5 horas viendo televisión y una hora conversando en mensajería instantánea.

Los jóvenes son quienes mayor influencia y uso hacen de estos medios. Más del 55% de los encuestados con edades entre los 18 y 34 años, afirmaron que ellos no podrían estar en contacto con sus seres queridos si no fuera por la tecnología, otro porcentaje (34%) aseguró que sólo con la tecnología pudieron mejorar su vida social y vencer la timidez, el miedo y sus temores.

Estas cifras nos ponen de cara a un panorama cuestionante para las familias que, llamadas a ser cenáculos de amor viviendo el modelo de la Familia de Nazareth, pueden ver hoy con dificultad, la forma para relacionarse con hijos absortos por los correos electrónicos, juegos y demás actividades que pueden hacer desde el computador.

Si bien la encuestas que se hacen respecto del uso de la tecnología en las familias parecen presentar un futuro triste, la respuesta está en los padres que, como responsables de la educación de sus hijos deben aprender a manejar los tiempos y a darle el peso respectivo a cada actividad que se hace en pro de mejorar la comunicación y la vida familiar en el hogar.

La tecnología debe ser puesta al servicio del hombre y por tanto, haciendo un uso adecuado de ella se podrán tener muchas ventajas para todos, como la participación de los hijos en las decisiones familiares al buscar rutas y lugares para ir a pasear, buscar artículos para la casa por Internet o ayudar a los hermanos menores a hacer la tarea

RELIGIÓN EN LA RED

Internet es, para el mundo de hoy y para la Iglesia que camina en este mundo, un reflejo de la sociedad y la cultura actual, una especie de radiografía que nos muestra lo más profundo de nuestro entorno, de nuestros pensamientos, de nuestras convicciones, de nuestra vida. Si la Iglesia quiere evangelizar esta nueva civilización con la que se encuentra, debe presentarse sin complejos, debe enviar discípulos y misioneros, en los ámbitos donde esta civilización se forma e informa, y un medio privilegiado es Internet.

Dios y Jesucristo no están ausentes de Internet. Las religiones, la Santa Sede, los movimientos eclesiales, los grupos sociales, los partidos políticos, todos aparecen en la Red ofreciendo su propuesta, muchas veces sin preocuparse por la verdad o el bien de su "producto", sino movidos por el proselitismo o por el simple beneficio económico.

Se ofrece felicidad o el bienestar inmediato que sirva para magnetizar el interés de los "clientes" potenciales, las mayores panaceas y las más grandes utopías sociales, todas juntas y de forma llamativa. Este mercado de reciente irrupción está generando unos nuevos rasgos culturales, incluso está formando un nuevo tipo de religiosidad de la que se pueden adelantar ciertas características desafiantes a la Iglesia y a la sociedad.

Navegando un poco en la Red nos hace ver que Internet tiene un poco de todo, o mejor dicho, mucho de todo. La continua apertura de sitios religiosos que se constata también en la Red, y nos lleva a una nueva reflexión, instalada en esta nueva cultura, sobre la relación que el hombre puede establecer con Dios.

Los discípulos y misioneros han de saber que la red está plagada de reclamos religiosos. Por eso hay que avanzar con cuidado. ¿Nos encontramos ante verdaderas propuestas religiosas o ante propuestas de consumo hechas a la medida del hombre de hoy? ¿Es esta una nueva forma de secularismo? ¿Cómo se presenta la Iglesia Católica en la red?

Entrar en la red es entrar en un mercado donde lo que hoy genéricamente se denomina espiritualidad. Y esa espiritualidad se sustenta en un acercamiento puramente psicológico, hoy muy en boga, para convertirse en un recurso casi terapéutico que solamente busca confortar al ser humano.

El secularismo se presenta no ya como ausencia de elementos sagrados, sino como ofrecimiento, comercial, de religiones sin nada sagrado o con un concepto irreal de lo sagrado, hecho a la medida del ser humano.

La oferta de la red busca satisfacer las necesidades de las personas, y entre ellas se encuentra el deseo de transcendencia. Hemos de estar atentos, y que la mercancía que ofrece son religiones proclamadas por el hombre, no por Dios, no reveladas, o sentimentalismo y esoterismo. Estos credos comerciales se sitúan suavemente junto a la religión revelada. Incluso dentro del cristianismo.

La secularización asume en la red ahora una forma pseudo-religiosa mimetizándose con coloraciones emotivas, configurando valores de un nuevo sacro comercializado y domesticado por el hombre para su propio entretenimiento que sea capaz de llamar la atención al navegante individualista, que navega o naufraga por la Red. Se llega así incluso a presentar un nuevo dios hecho a la medida del hombre y de sus necesidades.

TAREA DE DISCÍPULOS Y MISIONEROS

La Evangelización de la era digital, que creemos es la tarea que han de llevar a cabo los discípulos y misioneros, debe ir dirigida a todo el hombre, sin prescindir de la Evangelización de la inteligencia, pero sin quedarse solamente en ella. Los discípulos y misioneros han de llegar al hombre y la mujer que viven en y de Internet, y hay que llegar a ellos también a través de la Red, proponiéndoles desde la verdadera salvación, la única salvación de Cristo.

-   Los discípulos y misioneros han de proclamar la Palabra, insistir a tiempo y a destiempo, reprender, amenazar, exhortar con toda paciencia y doctrina

-   Estas palabras del Apóstol Pablo nos siguen recordando que el deber de dar testimonio de la muerte y la resurrección de Jesús y de su presencia salvífica en nuestras vidas, es tan real y apremiante como el de los primeros discípulos.

-   Los discípulos y misioneros, hemos de comunicar la buena noticia a todos aquéllos que quieran escuchar. Es indispensable la proclamación personal y directa, en la que una persona comparte con otra su fe en el Resucitado. Igualmente lo son otras formas tradicionales de sembrar la Palabra de Dios.

Si los discípulos y misioneros tienen conciencia de lo que el Señor quiere que sea, surge de ellos una singular plenitud y una necesidad de efusión, con la clara advertencia de una misión que les trasciende y de un anuncio que deben difundir. Es el deber de los discípulos y misioneros. Es el mandato misionero. Es el ministerio apostólico. Tendremos que guardar el tesoro de la verdad y de gracia legado a nosotros en herencia por la tradición cristiana; más aún, tendremos que defenderlo: "Guarda el depósito", amonesta San Pablo. Pero ni la custodia, ni la defensa encierran todo el quehacer de la Iglesia respecto a los dones que posee.

Los discípulos y misioneros han de saber que el deber congénito al patrimonio recibido de Cristo es la difusión, es el ofrecimiento, es el anuncio: "Id, pues, y enseñad a todas las gentes", es el supremo mandato de Cristo a sus Apóstoles. Estos, con el nombre mismo de Apóstoles, definen su propia e indeclinable misión.

Todo católico, desde su testimonio personal, desde su vida, es también responsable de esta misión de la Iglesia. También cuando se asoma al mundo cibernético debe sentirse comprometido a dar lo que ha recibido, a ir y enseñar a todas las gentes. Así, la red, se convierte para él en un areópago desde el cual proclamar el nombre de Cristo.

-    Evangelizar es abrir las riquezas de la Revelación a los hombres, es anunciar la inescrutable riqueza de Cristo, y esclarecer cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios.

-    Evangelizar es colmar el corazón del ser humano que busca a Dios hasta encontrar en Él su plenitud de vida y de felicidad.

Con la Evangelización, la Iglesia sale a colmar la más profunda necesidad del ser humano, a entregarle lo que más ansía. Por eso, hoy es un imperativo comúnmente aceptado el ponerle corazón a nuestra fe, el hacer que las convicciones de la fe bajen de la cabeza al corazón y llenen todas las facetas del ser humano.

La Iglesia, a través de Internet, debe presentarse ante los nuevos modelos culturales como la gran alternativa para el futuro del hombre y el punto de referencia para una renovación fundamental de la sociedad. Sólo ella está en condiciones de responder a los enigmas recónditos de la condición humana que, ayer como hoy, conmueven íntimamente su corazón. ¿Ni la ciencia , ni la exaltación de los sentimientos, pueden dar solución a los grandes interrogantes que envuelven la vida de los seres humanos.

La red puede ofrecer magníficas oportunidades para la Evangelización si se usa con competencia y con una clara conciencia de sus fuerzas y sus debilidades. Sobre todo, al proporcionar información y suscitar interés, hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo. Por esta razón, es importante que las comunidades cristianas piensen en medios muy prácticos de ayudar a los que se ponen en contacto por primera vez a través de Internet, para pasar del mundo virtual del ciberespacio al mundo real de la comunidad cristiana.

El primer paso de la Evangelización es llevar al conocimiento de Cristo.

No podemos dejar pasar por alto el riesgo de que horas y horas delante de una pantalla, separen a la persona humana de las relaciones humanas. El uso excesivo de los medios de comunicación, fuera de orden u horario puede llevar a este extremo.

Cuando se plantea la Evangelización desde la red, no hay que perder de vista que la fe católica y la pertenencia a la Iglesia es algo más que una cultura o que una historia; es una relación con el Salvador, el único Salvador del hombre. El primer paso de la Evangelización es llevar al conocimiento de Cristo.

La fe es creer en algo, pero es sobre todo creer en Alguien, y creer por la autoridad de Dios que no puede engañarse ni engañarnos. El Evangelizador, por tanto, es un testigo fiel, un transmisor de Alguien en quien cree profundamente, de Alguien a quien ama con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente.

La Iglesia está muy presente en la red

La Iglesia está muy presente en la red. En la diversidad de regiones que nos propone la Red, hay muchos portales católicos ricos de información y doctrina católica. Es muy difícil llevar a Internet algunos aspectos de la vida de la Iglesia, pero aunque la realidad virtual del ciberespacio no puede sustituir a la comunidad real e interpersonal o a la realidad encarnada de los sacramentos y la liturgia, o la proclamación inmediata y directa del Evangelio, puede complementarlas, atraer a la gente hacia una experiencia más plena de la vida de fe y enriquecer la vida religiosa de los usuarios, a la vez que les brinda sus experiencias religiosas

Realidades que los discípulos y misioneros han de tener en cuenta en lo que respecta a su misión en la red son:

-   La realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía, ni la realidad sacramental de los otros sacramentos, ni tampoco el culto compartido en una comunidad humana de carne y hueso.

-   No existen los sacramentos en Internet; e incluso las experiencias religiosas posibles ahí por la gracia de Dios son insuficientes si están separadas de la interacción del mundo real con otras personas de fe.

-   La programación pastoral debería considerar cómo llevar a las personas desde el ciberespacio hasta una auténtica comunidad y cómo podría luego usarse Internet, mediante la enseñanza y la catequesis, para apoyarlos y enriquecerlos en su compromiso cristiano.

Jesucristo ha querido actuar a través de mediaciones humanas, discípulos y misioneros, ha querido llegar a todos los hombres de todos los continentes y de todos los tiempos, a través de su Iglesia. El comportamiento de los Apóstoles y de la primitiva Iglesia nos confirma esta realidad.

Si nos hacemos la pregunta sobre qué imagen de la Iglesia es la que se ha de mostrar en la red, las respuestas son múltiples:

-    La Iglesia tiene su origen en la Encarnación del Verbo que, asumiendo nuestra naturaleza, quiso salvarnos con ella y enseñarnos desde ella.

-    La Iglesia continúa esa Encarnación de Cristo en el tiempo y en el espacio, es su Cuerpo Místico. La Iglesia es una institución y esa institución significa que la Iglesia es una creación de Cristo, instituida por Él.

-    La Iglesia es a la vez un don y una estructura o, mejor dicho, un don que posee una estructura.

-    La Iglesia es el lugar donde los hombres, encontrando a Jesús, pueden descubrir el amor del Padre.

-    La Iglesia es la que recibe al hijo pródigo.

-    Cristo vive en la Iglesia.

-    Cada uno de los hijos que vive en la Iglesia, vive en la fe del Hijo de Dios que le amó y se entregó a sí mismo por él.

-    La Iglesia tiene que abrir sus puertas y mostrar el amor del Padre que vive en ella. Y eso lo puede hacer, lo debe hacer, también a través de Internet.

NO HAY QUE TENERLE MIEDO AL INTERNET

El Siervo de Dios, Juan Pablo II, el 24 de enero del 2002, emanó un documento que me sirve de inspiración para comentar porqué no hay que tenerle miedo al internet.

La Iglesia prosigue en todas las épocas la tarea comenzada el día de Pentecostés. A lo largo de los siglos sucesivos, esta misión evangelizadora se extendió a todos los rincones de la tierra, a medida que el cristianismo arraigaba en muchos lugares y aprendía a hablar las diferentes lenguas del mundo, obedeciendo siempre al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todas las naciones.

Pero la historia de la evangelización no es sólo una cuestión de expansión geográfica. La era de los grandes descubrimientos, el Renacimiento y la invención de la imprenta, la Revolución industrial y el nacimiento del mundo moderno: estos fueron también momentos críticos, que exigieron nuevas formas de evangelización. Ahora, con la revolución de las comunicaciones y la información en plena transformación, la Iglesia se encuentra indudablemente ante otro camino decisivo.

Nos dice Juan Pablo II que el Internet es ciertamente un nuevo «foro», entendido en el antiguo sentido romano de lugar público donde se trataba de política y negocios, se cumplían los deberes religiosos, se desarrollaba gran parte de la vida social de la ciudad, y se manifestaba lo mejor y lo peor de la naturaleza humana.

Esto mismo sucede con el ciberespacio, que es, por decirlo así, una nueva frontera que se abre a los discípulos y misioneros de hoy en día. Para la Iglesia, el nuevo mundo del ciberespacio es una llamada a la gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje evangélico.

La Iglesia afronta este nuevo medio con realismo y confianza. Como otros medios de comunicación, se trata de un medio, no de un fin en sí mismo. Internet puede ofrecer información y suscitar interés, hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo.

La vida cristiana requiere una instrucción y una catequesis continuas, y esta es tal vez el área en que Internet puede brindar una excelente ayuda. Ya existen en la red innumerables fuentes de información, documentación y educación sobre la Iglesia, su historia y su tradición, su doctrina y su compromiso en todos los campos en todas las partes del mundo. Por tanto, es evidente que aunque Internet no puede suplir nunca la profunda experiencia de Dios, tal como lo hemos afirmado antes, ya que esto sólo lo puede brindar la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, sí puede proporcionar un suplemento y un apoyo únicos para preparar el encuentro con Cristo en la comunidad y sostener a los nuevos creyentes en el camino de fe que comienza entonces.

Internet ofrece amplios conocimientos, pero no enseña valores; y cuando se descuidan los valores, se degrada nuestra misma humanidad, y el hombre con facilidad pierde de vista su dignidad trascendente. A pesar de su enorme potencial benéfico, ya resultan evidentes para todos algunos modos degradantes y perjudiciales de usar Internet. La lástima es que hasta ahora, las autoridades públicas no han asumido la responsabilidad de garantizar que este maravilloso instrumento contribuya al bien común y no se convierta en una fuente de daño.

El hecho de que a través de Internet la gente multiplique sus contactos de modos hasta ahora impensables abre maravillosas posibilidades de difundir el Evangelio. Pero también es verdad que las relaciones establecidas mediante la electrónica jamás pueden tomar el lugar de los contactos humanos directos, necesarios para una auténtica evangelización, pues la evangelización depende siempre del testimonio personal del que ha sido enviado a evangelizar.

¿Cómo podemos garantizar que este magnífico instrumento, concebido primero en el ámbito de operaciones militares, contribuya ahora a la causa de la paz? ¿Puede fomentar la cultura del diálogo, de la participación, de la solidaridad y de la reconciliación, sin la cual la paz no puede florecer? La Riial cree que sí; y para lograr que esto suceda, ha decidido entrar en este foro, armada con el Evangelio de Cristo, el Príncipe de la paz.

Internet produce un número incalculable de imágenes que aparecen en millones de pantallas en todo el planeta. En esta galaxia de imágenes y sonidos, ¿aparecerá el rostro de Cristo y se oirá su voz? Porque sólo cuando se vea su rostro y se oiga su voz el mundo conocerá la buena nueva de nuestra redención. Esta es la finalidad de la evangelización. Y esto es lo que convertirá Internet en un espacio auténticamente humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre. Por tanto, hemos de exhortar a toda la Iglesia a cruzar intrépidamente este nuevo umbral, para entrar en lo más profundo de la red, de modo que ahora, como en el pasado, el gran compromiso del Evangelio y la cultura muestre al mundo la gloria de Dios que está en la faz de Cristo.

 

RECOMENDACIONES

Ya en el año 2002, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales emanó una serie de recomendaciones, que es preciso recordar brevemente, a los discípulos y misioneros que la Iglesia desea enviar en la era digital.

A los dirigentes de la Iglesia.

Los responsables de los diversos ámbitos de la Iglesia necesitamos conocer las características de los medios de comunicación social de cara a un uso adecuado de los mismos en la elaboración de planes pastorales en general y referentes al sector mismo de la comunicación. En muchos se hace necesaria una formación específica para ello; de hecho, sería un gran bien para la Iglesia que un mayor número de personas que tienen cargos y cumplen funciones en su nombre se formaran en el uso de los medios de comunicación social. Esto se aplica tanto a Internet como a los medios de comunicación tradicionales.

Los dirigentes de la Iglesia podemos emplear esta notable tecnología en muchos y diferentes aspectos de nuestra misión en la Iglesia.

A los agentes pastorales.

Sacerdotes, diáconos, religiosos y agentes pastorales laicos deberían procurar formarse en los medios de comunicación para saber hacen buen uso de las posibilidades de las comunicaciones sociales sobre las personas y la sociedad, de modo que les ayude a adquirir un estilo de comunicación que hable a las sensibilidades y a los intereses de la gente que vive inmersa en una cultura mediática. Hoy esto les exige claramente el Internet, incluyendo cómo usarlo en su trabajo. También pueden beneficiarse de los sitios en la red que posibilitan una actualización teológica y pastoral.

Al personal de la Iglesia implicado en los medios de comunicación

Con respecto al personal de la Iglesia implicado directamente en los medios de comunicación, no es necesario decir que debe contar con formación profesional. Pero también precisa formación doctrinal y espiritual, puesto que para testimoniar a Cristo es necesario encontrarse personalmente con él y cultivar esa relación a través de la doctrina cristiana y sirviendo a los demás.

A los educadores y a los catequistas.

Todos somos conscientes de la obligación urgente que tienen las escuelas católicas de formar a comunicadores y receptores de las comunicaciones sociales en los principios cristianos pertinentes. Este mismo mensaje ha sido repetido muchas veces. En la era de Internet, con su enorme alcance e impacto, esta necesidad es más urgente que nunca.

Las universidades, los colegios y las escuelas católicos, así como los programas educativos en todos los niveles, deberían ofrecer cursos para seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas o animadores laicos, profesores, padres y estudiantes, así como una formación más esmerada en cuestiones de tecnología, administración, ética y política de las comunicaciones destinada a las personas que se preparan para trabajar profesionalmente en los medios de comunicación o para desempeñar funciones directivas.

A los padres.

Por el bien de sus hijos, en lo que a Internet se refiere, a menudo los niños y los jóvenes están más familiarizados con él que sus padres, pero éstos tienen la grave obligación de guiar y supervisar a sus hijos en su uso. Si esto implica aprender más sobre Internet de lo que han aprendido hasta ahora, será algo muy positivo. La supervisión de los padres debería incluir el uso de un filtro tecnológico en las computadoras accesibles a los niños, para protegerlos lo más posible de la pornografía, de los depredadores sexuales y de otras amenazas. El deber fundamental de los padres consiste en ayudar a sus hijos a llegar a ser usuarios con criterio y responsables de Internet, y no adictos a ello.

A los niños y a los jóvenes.

Internet es una puerta abierta a un mundo atractivo y fascinante, con una fuerte influencia formativa; pero no todo lo que está al otro lado de la puerta es saludable, sano y verdadero. Los jóvenes tienen consigo mismos, con sus padres, familias y amigos, con sus pastores y maestros y, por último, con Dios, la responsabilidad de usar la red correctamente.

Internet pone al alcance de los jóvenes en una edad inusualmente temprana una inmensa capacidad de hacer el bien o el mal, a sí mismos y a los demás. También puede arrastrarlos al consumismo, a la pornografía, a fantasías violentas y a un aislamiento patológico.

Los jóvenes son el presente de la sociedad y de la Iglesia. Un uso correcto de Internet puede ayudar a prepararlos para sus responsabilidades. Pero esto no sucederá automáticamente. Internet es un instrumento para realizar un trabajo útil, y los jóvenes deben aprender a verlo y usarlo así.

El Documento de Aparecida nos dice que “se ha desarrollado la pastoral de la comunicación social, y la Iglesia cuenta con más medios que nunca para la evangelización de la cultura, contrarrestando en parte a grupos que ganan constantemente adeptos usando con agudeza la Radio y la Televisión.  Tenemos radios, televisión, cine, prensa, internet, páginas web y la RIIAL que nos llenan de esperanza” (99,f).

En el capítulo 10 desarrolla siete números sobre la Pastoral de la Comunicación Social que vale la pena puedan ser profundizados al aplicar el documento.

 

CONCLUSIÓN

LOS CAMINOS QUE PROPONE EL DISCÍPULO

Los discípulos y misioneros han de incursionar en este mundo informático y cibernético. Hemos de hacer propuestas concretas y precisas. No se puede improvisar en el internet, ya que una tecla mal puesta puede dar la vuelta al mundo en segundos y puede hacer mucho daño. Los caminos y derroteros, los parámetros que, creemos se ha de tener en cuenta son:

-    RESPECTO DE LA PERSONA HUMANA: Que se haga a medida de la persona, de toda la persona y de todas las personas.

-    RESPECTO DE LA LIBERTAD: Que salvaguarde y potencie la libertad de los individuos.

-    RESPECTO DE LA FINALIDAD: Que, más allá de la mera búsqueda del lucro, se ponga al servicio de la comunión y el progreso de los pueblos.

-    RESPECTO DEL SENTIDO SOCIAL: Que favorezca dinámicas de inclusión y no de exclusión, contribuyendo a recomponer el tejido social.

-    RESPECTO DE LAS RELACIONES INTERPERSONALES: Que los nuevos vínculos interpersonales favorecidos por esta tecnología integren toda la densidad que implica toda relación humana en sí misma.

-    RESPECTO DEL RITMO DE CRECIMIENTO DE LAS TECNOLOGÍAS: Que las innovaciones técnicas se introduzcan respetando el ritmo de asimilación humana sin angustias.

Discípulos y misioneros han de ejercer el protagonismo necesario y adecuado en los medios. Nos lo dijo Monseñor Cristián Precht Bañados, Vicario para la Zona Sur de la Arquidiócesis de Santiago el 1 de Octubre del 2004.

Hemos constatado que en todas partes los Mass Media tradicionales, y el periodismo organizado, desean pasar del cuarto al primero de los poderes. Y, en este mundo postmoderno y secularizado (aunque con mucha hambre de espiritualidad) la Iglesia no suele quedar bien parada… y no sólo a causa de los escándalos al interno de la Iglesia. Hay algo en la cultura actual que rechaza las instituciones, los sistemas, y esa mentalidad asistémica, por cierto, se siente asfixiada por la Iglesia. Con o sin razón, con argumento y sin ello, lo eclesiástico exaspera la piel y el hígado de buena parte de la sociedad.

Nuestro desafío eclesial y de la RIIAL es hacernos protagonistas en este debate, adelantarnos a las críticas con propuestas sugerentes, entrar a conversar y discutir con un lenguaje novedoso, poner el Evangelio – producto más original imposible – en el corazón del debate. Es cierto que los medios tradicionales mezquinan sus espacios a la Iglesia. ¿pero no tenemos esta semana un potencial enorme para asegurar un protagonismo eclesial?

Discípulos y misioneros: el Evangelio de Jesús viene a liberarnos de toda esclavitud: también de la esclavitud de la opinión pública y la de los medios. Creo que debemos pasar a un protagonismo propositivo y evangelizador, en vez de perder el tiempo quejándonos de nuestra desventura. Sí… pero eso sólo se puede hacer si tomamos en serio el trabajo de la RED y ponemos en común la enorme riqueza que representamos. Esa será una forma de hacernos relevantes y de transformarnos en una fuente que los comunicadores necesiten.

Todo ello podrá hacerlo quien viva la era digital no como quien usara un instrumento sin entenderlo y por eso nunca llegara a servirse de él adecuadamente, sino como quien hace nacer un instrumento - con la realidad que le está en torno- y por ello puede desarrollar con él aquello que le es propio.

En este sentido, la "era digital", que es por naturaleza "síntesis y comunicación", se convierte en instrumento adecuado para crear lazos antes insospechados entre personas, grupos y entidades; la cultura tiene por primera vez múltiples creadores, basta sólo con que deseen respetarse mutuamente. Por ello, esta era digital es una enorme, sorprendente oportunidad para la comunión.

Para terminar: cabe recordar que la RIIAL nació con la mirada puesta en los pobres. Nuestra red ha de ayudar a que los marginados se incorporen activamente al mundo de las comunicaciones y que lo que ahorramos en papel lo podemos invertir en la RED para llegar más lejos y con menos recursos. Tamaño desafío en un mundo en que, por estadística sabemos, que el 60% de sus habitantes jamás han recibido un llamado telefónico… ¿Cómo incorporarlos a este mundo del futuro superando las injusticias que genera el actual sistema económico, por lo menos, a una parte de ese 60% que vive en nuestro Continente?

Muchas gracias.

 

 

              OSCAR ANDRES CARDENAL RODRIGUEZ M, S.D.B.

                                          Arzobispo de Tegucigalpa.

 

 

 

Valle de Angeles, Septiembre 17, 2007